viernes, 4 de mayo de 2018

Vida y destino - Vasili Grossman

Editorial Lumen, 2008.
Escritor ruso (1905-1964).

Vida y destino narra toda una saga familiar, enmarcada en la Segunda Guerra Mundial. Es interesante la historia que rodea a esta novela, porque su publicación estuvo prohibida y el autor nunca pudo verla impresa.

La narración se va entretejiendo hábilmente; el lenguaje poético tantas veces utilizado es brillante, así como profundas sus meditaciones. En sus páginas llenas de adversidad, se hace una feroz crítica a los regímenes totalitarios de la época:

"El fascismo y el hombre no pueden coexistir. Cuando el fascismo vence, el hombre deja de existir, quedan sólo criaturas antropoides que han sufrido una transformación interna. Pero cuando es el hombre, el hombre dotado de libertad, razón y bondad, el que vence, es el fascismo el que muere y aquellos que se habían sometido a él vuelven a ser hombres."

 
A través de Vida y destino se conoce a fondo a la familia Sháposhnikov, cuyos miembros exhiben sus miedos, sufrimientos, defectos y virtudes. Se presentan innumerables situaciones terribles, como el dolor de una madre que ha perdido a su hijo en la guerra, la angustiosa búsqueda de los documentos necesarios para legalizar una estancia o conseguir la ansiada cartilla de racionamiento. Es difícil olvidar la cuenta interminable de cadáveres, tan desquiciante y conmovedora, o la cruda historia acerca de la batalla por tener un espacio digno para vivir. En este sentido me impresionó, por ejemplo, el relato del hombre que viviendo en un húmedo sótano con su mujer encinta e hijos tuberculosos, decidió colgarse en un impulso desesperado.

 
Muchas otras anécdotas se van entremezclando, enriqueciendo la trama; todo se concentra en una espantosa realidad y sus múltiples facetas. En una época tan difícil, en la que cada quien tiene que procurarse su propia seguridad y medios para sobrevivir se comprende, en parte, cierto grado de indiferencia ante la adversidad ajena: el ser humano termina por evadirse de situaciones que, en otro escenario, le pesarían sobremanera.

Una de las partes más sensibles de la obra es la del “trayecto hacia la cámara de gas”. La doctora Sofía Ósipovna es arrestada, y aquí se hace una magnífica reflexión acerca de la individualidad perdida (ante las pavorosas circunstancias):

"¿Quién soy en realidad? ¿Quién es la auténtica Sofía?"
"Ahora creía haber comprendido la diferencia entre vida y existencia. Su vida se había acabado, interrumpido, pero la existencia seguía, se prolongaba. Y aunque aquella existencia era miserable, el pensamiento de una muerte cercana le colmaba el corazón de terror."
El camino hacia el sitio aterrador, al lado del pequeño David, manifiesta la valentía de esta mujer que no duda en quedarse al lado del desprotegido niño, en lugar de decir que es médico militar para acceder a la oportunidad de salvarse. De acuerdo con este suceso, es un hecho la conclusión a la que llegaban algunos:

"Comprendía vagamente que, bajo el fascismo, al hombre que desea seguir siendo hombre se le presenta una opción más fácil que la de conservar la vida: la muerte."
Por otra parte, se muestra una sumisión sin precedentes en el caso de las interminables filas hacia la muerte, tan perturbadora que resulta difícil de asimilar.

"Se dieron casos en que algunas madres previsoras, sabiendo que había que hacer cola desde la mañana hasta bien entrada la noche en espera de la ejecución, que tendrían un día largo y caluroso por delante, se llevaban botellas de agua y pan para sus hijos".
El conformismo llegó a extremos inusitados; el estado totalitario aparece como una vorágine capaz de consumir hasta el último instinto que nos hace humanos; incluso pensadores e intelectuales judíos llegaron a estar de acuerdo con el exterminio. Sin embargo, las palabras finales de esta parte del libro no dejan de otorgar cierta dosis de sosiego al lector: 

"..., todo ello demostró que el instinto de libertad en el hombre es invencible. Había sido reprimido, pero existía. El hombre condenado a la esclavitud se convierte en esclavo por destino, pero no por naturaleza."
Algunos capítulos llegan a ser un tanto espesos -aunque no por eso menos interesantes-, pero otros, tan profundamente humanos, hacen que las páginas se recorran con avidez para llegar nuevamente a ellos. No está de más aclarar que no es tan sencillo lidiar con una gran cantidad de personajes (y sus correspondientes diminutivos). 

Por otra parte, se muestra también la vida tan compleja de los militares rusos y alemanes; los diálogos entre francotiradores, comandantes y subalternos, además de otras circunstancias cotidianas e íntimas, tan personales que se logra la plena identificación con unos personajes perfectamente trazados. Cada uno de los capítulos es fundamental en esta obra tan polifacética como apasionante.

Otro aspecto destacable es la mención de ciertos escritores, considerados como auténticos pensadores y poseedores de una influencia poderosa. Se hace referencia a Chéjov, por ejemplo, como el portavoz de "la verdadera, buena democracia rusa".

Y hay que leer las opiniones de los propios soviéticos ante su sistema:

"Nuestro humanismo ruso siempre ha sido cruel, intolerante, sectario. Desde Avvakum a Lenin, nuestra concepción de la humanidad y la libertad ha sido siempre partidista y fanática. Siempre ha sacrificado sin piedad al individuo en aras de una idea abstracta de humanidad."
Las soterradas críticas al sistema comunista comienzan a aflorar; Stalin no logra el equilibrio necesario para cubrir las necesidades estado-individuo y es duramente juzgado por ello, a través de la diversas voces. Por otra parte, las distintas ubicaciones de los militares reflejan una honda añoranza por sus familias y sus vidas anteriores: por el padre solitario o la esposa muerta; por el hijo que desde el vientre de su madre ha comenzado a sufrir la atmósfera opresiva de la guerra.

Hay originales meditaciones acerca del bien y el mal; de ese bien que no es igual para todos, que no es tan universal como podría parecer: el bien de los cristianos, de los musulmanes, de los judíos...

"¿En qué consiste el bien? ¿Bien para quién? ... ¿O tal vez mi bien es el mal para ti y el bien de mi pueblo es el mal para el tuyo?"
Otras páginas hablan del antisemitismo y el autor se revela como un hombre que medita las cosas en su justo valor:

"El antisemitismo es un espejo donde se reflejan los defectos de los individuos, de las estructuras sociales y de los sistemas estatales. Dime de qué acusas a un judío y te diré de qué eres culpable." "El antisemitismo es la medida de la mediocridad humana."
En este sentido, se menciona también lo irracional que resultaba pertenecer a un sistema de esas características, de "una falta de lógica bovina". Esta posición llega a hacerse presente, de una u otra manera, a través de los pensamientos de algunos militares alemanes: 
“Pero a una altura aterradora, por encima de aquellos líderes, por encima de la estratósfera, había un mundo oscuro, incomprensible, confuso, cuya falta de lógica era inquietante, y en aquel mundo superior imperaba el Führer.”
En cierto punto me encontré con unas páginas inimaginables que hablan acerca del hambre: el masticar cinturones, cordones; comer tierra, pegamentos (pensar en esos límites en que las patatas medio podridas constituirían un manjar). El autor no deja de lado ningún detalle para redondear esta historia de historias. 

Por otro lado, son magníficas las descripciones del cerco que otorgaría la victoria al Ejército Rojo. Stalin, de acuerdo al autor, era menos coherente de lo que pudiera pensarse: tenía inquietudes e inseguridades como el que más. Sin embargo, el triunfo de su ejército lo lleva a una tranquilidad ilimitada, ya que: "Sabía mejor que nadie en el mundo que a los vencedores no se les juzga".

Buena parte de la trama describe el entorno que rodea a los científicos, ejemplificada principalmente por la situación de Víktor Pávlovich Shtrum (físico reconocido). Desde su "caída" hasta la restitución de su puesto gracias a una llamada telefónica de Stalin, se hacen evidentes los oscuros hilos que movían a todas esas personas en las cuales, sin embargo, Shtrum logra atisbar el lado humano que tan oculto podía quedar en determinadas circunstancias. Pese a todo, al resultar beneficiado por el todopoderoso, él mismo sucumbe ante el sometimiento por el que tanto había despreciado a otros.
Y es que todos se encontraban bajo la mira política. Otro personaje, Krímov, se defiende desesperadamente ante una acusación incoherente; no puede ser que tanto sacrificio por servir a su patria se diluya por un comentario hecho al azar, en un mundo en el que impera la desconfianza y en el que todos se han convertido en espías.

El amor es un tópico que destaca también en esta obra, aunque se presenta de manera dolorosa, incursionando en los más recónditos sentimientos de algunos personajes. 

Al final, la paz no causa el sosiego esperado. Tras tanta miseria, padecimientos y demás dificultades, la gente se encuentra sin fuerzas para seguir adelante. El deterioro ha sido implacable.
El último capítulo -que habla de la nieve, el deshielo y la tristeza unida al renacer de la naturaleza y de la vida misma- es bellísimo. 
"La nieve no se había derretido y había adquirido una tonalidad azulada. Entre sus cristales grandes y ásperos nacía y se derramaba el azul del agua del lago. En la ladera soleada de la colina la nieve se había empezado a derretir, el agua gorjeaba por la zanja que bordeaba el camino. El brillo de la nieve, del agua, de los charcos, todavía atrapados en el hielo, cegaba la vista. […] En la gélida penumbras, bajo la nieve, dormía la vida pasada."

Un gran cierre para una obra extraordinaria.

http://www.letrasentinta.com/search/label/Vasili%20Grossman

No hay comentarios:

Publicar un comentario