miércoles, 26 de septiembre de 2018

Luciano Canfora "Quiero descubrir la naturaleza del poder"

El mundo moderno se entiende a sí mismo a través de un puñado de mitos fundadores y tal vez uno de los más poderosos, el que sirve de basamento a nuestro ideal político, lo constituya la Atenas clásica del siglo V a.C. Pero aquel pueblo increíble que inventó la democracia distaba de ser un modelo, como explica el prestigioso intelectual italiano Luciano Canfora en El mundo de Atenas (Anagrama). En sus páginas, la polis no pierde su esplendor pero descubrimos también sus demonios y cómo se aprovechó su modelo.


ÁLVARO CORTINA | 21/03/2014 |  


Luciano Canfora
En los cuatro primeros capítulos de Una profesión peligrosa. La vida cotidiana de los filósofos griegos ya trasladaba el célebre filólogo clásico de la Universidad de Bari, Luciano Canfora (Bari, 1942), la imagen de una Atenas inquietante, de complejas relaciones entre la aristocracia y el pueblo, el peso del teatro y las comedias en la generación de opinión pública, la deriva de la ciudad-estado desde la posguerra del Peloponeso en adelante... El siguente libro que Anagrama ha editado del profesor Canfora, doce años después, es El mundo de Atenas,mucho más ambicioso. En este caso, parte de la visión del cronista Tucídides y la figura del líder Pericles, emblema de la democracia y del imperio marítimo ateniense posterior a la victoria de las Guerras Médicas: estamos en el corazón del siglo V a.C. A partir de ese centro, el autor apuntala un denso relato lleno de esquinas, ecos, erudición, y múltiples personajes de muy diversos ámbitos. Entre asambleas y guerras. Se trata de un título sofisticado enmarcado en un proyecto de genealogía de la democracia occidental. Este profesor del mundo antiguo y señalado intelectual de la izquierda italiana es un ensayista de amplias miras. Aporta en El mundo de Atenas un estudio profundo y multirreferencial de la compleja democracia fundacional del “siglo de Pericles”, del drama de la guerra y derrota frente a Esparta, y de los convulsos años posteriores. 

-Este libro parece un desarrollo de ideas ya formuladas en libros suyos anteriores. ¿Es así?

-Podría decir que desde hace mucho tiempo intento seguir un hilo conductor en aquello que escribo. Este hilo pasa de un libro a otro y el concepto que reunifica el todo podría ser: “descubrir la naturaleza del poder”. Un tema de este tipo estaba en la base de la biografía de Julio César de la que me ocupé a finales de los 90; vuelve en mi Crítica de la retórica democrática y en Historia de la democracia, cuyo punto de inicio era exactamente la verdadera naturaleza de la democracia ateniense y de la Grecia antigua. Este tema está en la base de El mundo de Atenas, en las siete partes que lo componen. Por eso Tucídides tiene un rol central: por el hecho de que en toda su obra la pregunta constante, a la que el propio Tucídides da respuestas diferentes, es la relación de la masa y la élite dirigente dentro del sistema democrático. El caso emblemático será la capacidad de Pericles de guiar la democracia en lugar de ser arrastrado por ella. 

Atenas fue una realidad contradictoria que acompaña al desarrollo del pensamiento político"
-En El mundo de Atenas la recepción histórica del “caso Atenas” tiene un peso importante. Por un lado, la idealización como brillante democracia, por otro la visión de Atenas como “camarilla que se reparte el botín” (Max Weber). Usted refiere desde los historiadores e intelectuales romanos a la visión de la Ilustración, así como los grandes filólogos e historiadores alemanes de segunda mitad del XIX y principios del XX...
-Podría salir al paso con la fórmula tan famosa de Benedetto Croce: “toda la historia es historia contemporánea”. Este punto de vista procura comprender el pasado a través de la categoría ineludible de la analogía y permite al estudioso recorrer largos arcos temporales en busca de fenómenos de continuidad. La investigación histórica nace de necesidades actuales, a diferencia de la investigación erudita, y se nutre no sólo de erudición, sino, sobre todo, de preguntas que nacen en el presente. 

-¿Por qué Atenas ha confundido a la historiografía? 

-No se trata de que la realidad ateniense, tan exaltada desde el clasicismo, haya sido un bluff. Al contrario, significa que fue una realidad contradictoria que ha acompañado al desarrollo del pensamiento político y de la historiografía europea entre los siglos XIX y XX. Yo no hablo de confusión, sino de riqueza. 

Una Atenas sin imperio

-Es sorprendente que un libro con tantos matices, tantas cuestiones (del teatro ateniense a los detalles bélicos, pasando por la política en sentido escricto) no tenga un apartado de conclusiones. ¿Por qué?
-La conclusión está sólo insinuada, y se ha desarrollado en un segundo volumen titulado La guerra civil ateniense, y es la siguiente: Atenas, sin imperio, o cae en una guerra civil (y esto sucedió al fin de la guerra del Peloponeso) o cae en la órbita de una gran potencia (lo que sucede después del fin de la segunda liga marítima, generalmente definida como “segundo imperio”). Después de la afirmación definitiva de la hegemonía macedonia en la península, la historia de Atenas consiste en un hábil juego entre la influencia macedonia y la monarquía tolemática. La historia de la Atenas helenística (muy interesante, pero muy diferente de la historia de la gran Atenas de Pericles) ha sido contada más veces (Ferguson y Abicht) pero merecería un relato más profundo, capaz de dar cuenta de la gran política mediterránea y de la decadencia también en el plano cultural de Atenas respecto a Alejandría, capital mundial de la ciencia. 

-Trasíbulo, Frínico, Antifonte, Critias, Alcibíades, Eurípides y otros tienen un rol específico aquí, pero son Pericles y Tucídides quienes ocupan la mayor parte del libro, como una suerte de espíritu...
-El modelo de Pericles como ideal político al que llega Tucídides después de una reflexión politológica de 30 años representa la superación del sistema democrático hacia un poder personal. En realidad, cada uno de ellos, a su modo, también Alcibíades, Antifonte y Critias intentaron promover esa superación. Pero ninguno triunfó en el intento. 

España, Portugal, Grecia o Italia son 'naciones de soberanía limitada' para las grandes potencias"
-¿Su punto de vista no se acerca más al de Max Weber, crítico y nada idealizador de la democracia ateniense, que al de, por ejemplo, el erudito filólogo Wilamowitz-Moellendorf? 
-Es cierto, la intuición de Max Weber sobre la estructura social de la Atenas clásica es mi punto de referencia permanente. Weber supo encuadrar este diagnóstico en un amplio estudio de la estructura de la sociedad antigua, con un gran espíritu de independencia con respecto a la monumental filología clásica de su tiempo (es famosa su polémica historiográfica con Eduard Meyer). En todo caso me gusta recordar siempre que un pensador original, estudioso sobre todo de la sociedad medieval y moderna, como Alexis Tocqueville, había madurado ya a mediados del XIX una visión de las estructuras político-sociales de la Atenas clásica similar y en cierto sentido anticipadora respecto de la de Weber. A su vez, Tocqueville retomaba la crítica de los termidorianos con respecto al ingenuo culto jacobino de las “repúblicas antiguas”. Es decir, estamos hablando de una discusión historiográfica que fue también, al mismo tiempo, un acalorado debate político. Los termidorianos reaccionaron al uso político del mundo antiguo practicado por los ideólogos de la revolución francesa.

-¿Cómo ve el actual panorama de los estudios del mundo antiguo?

-A mi modo de ver, la vitalidad de los estudios de hoy en día sobre el mundo antiguo sufre la interferencia de los conflictos ideales y políticos de nuestro tiempo. Si se prescinde de la penetrante politización del mundo antiguo, se pierde entonces la razón de ser de estos estudios. Liberarse de la perspectiva clasicista, puramente admirativa, es la regla número uno para frecuentar con aprovechamiento ese mundo y transmitir conocimiento. 

-Usted es un caso peculiar. Además de historiador y filólogo clásico escribe en La Stampa y en el Corriere della Sera... ¿Cómo se conjugan en su trabajo la antigüedad y el empeño político? 

-No soy un caso tan raro, en realidad. En la historia, no sólo italiana, muchos han comenzado sus estudios ocupándose del mundo antiguo y han llegado a entender rápidamente que ese estudio es un preliminar importante para practicar la “labor ciudadana”. Puedo citar por ejemplo a Antonio Gramsci. También un refinado liberal como el conde de Tocqueville o el conservador alemán Max Weber han recorrido un camino de este tipo. 

No existirá más el llamado 'socialismo real' tras la caída del Muro. Urge un esfuerzo nuevo"

-¿Cómo encuentra a su país?

-Como España, como Portugal, como Grecia, Italia lo está pasando muy mal. Es la concecuencia del hecho de que estos cuatro países han sido clasificados como “naciones de soberanía limitada” por las grandes potencias continentales (en particular Alemania, que ejerce una verdadera hegemonía sobre la UE). La falta de soberanía deja a los partidos políticos impotentes. La paradoja italiana consiste en esto: las fuerzas políticas que piden cortar las cadenas comunitarias y discutir el pacto fundacional son las más desacreditadas (como Liga Norte, Forza Italia, etc). Aquello que queda de la izquierda se ha encargado de constreñir al país para cumplir a toda costa con las órdenes perentorias que vienen del extranjero. Temo que esta situación no pueda durar mucho tiempo. 

-
¿Cree usted que se puede encontrar un nuevo tipo de discurso en la izquierda europea de la actualidad?

-En el decenio 1975-1985 tuvo mucho auge el término “eurocomunismo” (Carrillo, Marchais, Berlinguer, Alvaro Cunhal). Pero hoy la situación es totalmente distinta.No existirá más el llamado “socialismo real” tras la caída del Muro. El golpe ha sido duro, pero saludable. Muchos análisis de Marx son aún muy útiles, otros ya no. Urge un esfuerzo nuevo, de tipo analítico, capaz de describir y explicar lo que sucede actualmente: la explotación no sólo en detrimento del trabajo asalariado, sino también del trabajo esclavo. Frente a un problema tan grande y difícil, la Europa de los banqueros es inútil. 

https://www.elcultural.com/revista/letras/Luciano-Canfora/34328

Transformismo: los intelectuales y sus conversiones cronométricas Luciano Canfora



«La crónica de estos últimos años y meses –escribía Carlo Ferdinando Russo a comienzos de 1946— no ha dejado de ofrecer, una tras otra, muchas de esas conversiones injuriosas, y no siempre por parte de hombres de baja estofa y de todo punto viles. Es mérito de Séneca haber dado expresión artística, o mejor dicho aún, literaria, a ese estado de ánimo». El alumno de Giorgio Pasquali, que por entonces contaba 24 años, escribía en el torbellino de las desapoderadas y repentinas conversiones al antifascismo de la Italia de 1945 y recurría al felicísimo término de "conversión injuriosa" para indicar esa mezcla de oportunismo, de resentimiento contra sí propio y contra el "tirano", y también de genuina reflexión, que dominó las consciencias de hombres no siempre "de baja estofa y viles", es decir, in primis, del estrato intelectual. Un estrato que reúne todas las condiciones necesarias para comprender más fríamente que otros y que lleva, ciertamente entre nosotros más que en otros países, un "guicciardinismo" //1// en el ADN, el cual, conjugado con la rápida inteligencia de los cambios, puede dar pie a resultados desconcertantes.
El texto de Russo era un comentario a la sátira contra el emperador Claudio recién fallecido atribuida a Séneca y conocida también con el sibilino título de Apocolocintosis, parodia de "apotheosis", en donde, en lugar del término indiciario "dios", se pone "calabaza" //2//, sinónimo de estúpido. Gran actualidad tenía en la Italia de 1945 aquella feroz burla de Séneca contra el difunto "tirano". Burla dimanante de las circunstancias en que la Apocolocintosis había sido escrita y de la carrera de quien la había escrito. El Séneca "filósofo" era hijo del Séneca "rétor" (pero también podría decirse "historiador"). El padre había escrito una historia de las guerras civiles romanas, una historia un tanto "republicanizante": pero había preferido no publicarla. La publicó el hijo, que se había formado en aquellos sentimientos "de oposición" y se había acaso aprovechado de uno de esos paréntesis de tolerancia que de vez en cuando brillan también en el curso de un régimen autoritario. Calígula (37-41d.C.), al inicio de su reinado, había incluso consentido la circulación de las Historias de Cremucio Cordo, prohibidas bajo Tiberio por demasiado republicanas.
Pero pronto cambió todo, y con Claudio (41-54 d.C.) los espacios de tolerancia filosenatorial se restringieron rápidamente. En ciertos aspectos, como escribió Arnaldo Momigliano en su libro juvenil Opera dell' imperatore Claudio (1931), Claudio reinstauraba el estilo de Augusto: "Aparente equilibrio entre las antiguas clases dominantes y el emperador". En suma, la "libertad" (del Senado) volvió rápidamente a ser peligrosa, y a Séneca, habitual de la corte pero tal vez demasiado libre en su conducta, le tocó el destierro, en Córcega, con el siempre oportuno pretexto del adulterio. Para hacerse perdonar, se humilló hasta exaltar a un liberto de nombre Polibio, muy protegido de Claudio. Es la malfamada Consolatio ad Polybium.
No sin la oportuna espera, Séneca fue "perdonado". (¿Cómo no acordarse de las súplicas al Duce desde el destierro?). Séneca regresó a la corte, protegido por Agripina, como preceptor de Nerón, el heredero designado por Claudio. Se adaptó. Claudio muere, probablemente envenenado, en el 54. Nerón, nuevo príncipe diecisieteañero, habla ante los soldados y ante el Senado y en los funerales solemnes de Claudio, que incluían también la apoteosis del mismo (como era ya habitual), y habla pronunciando tres discursos escritos todos por Séneca. Incluida la laudatio funebre, que resultó a tal punto exagerada, que suscitó vivas reacciones contrarias entre los circunstantes. Pero, por esos mismos días, Séneca –si la sátira es obra suya— pone en circulación la Apocolocintosis, en donde la apoteosis resulta hollada. En ella, la llegada de Claudio entre los dioses se resuelve en un desastre, y el neodiós acaba arrojado al Hades [el infierno], tras una dura filípica de Augusto en contra suya en el Senado celestial. Y en el Hades es condenado a repetir infinitas veces un gesto idiota.
No es, pues, por casualidad, que en 1944-48 se sucedieran una serie de ediciones y traducciones de la sátira, la más importante de las cuales, la de Russo. (Ahora acaba de ser retraducida al italiano, para la Editorial Salerno, por Luciano Paolicchi sobre la base de la edición Teubneriana de Renata Roncali.) "El espíritu antitiránico que alienta en toda la obrilla le aseguró un amplio interés en Italia tras la caída del fascismo", ha escrito Scevola Mariotti. Yo diría mucho más que "amplio interés". Fue como el espejo de una etapa humillante y atroz. Casi podría seguirse la historia de los intelectuales italianos en la primera mitad del siglo XX a través de las reacciones frente a este escrito y al conjunto de las vicisitudes de Séneca con Claudio.
En 1920, antes, pues, del "diluvio", Concetto Marchesi, en su memorable ensayo sobre Séneca, excluye que la inaudita laudatio funebre de Claudio pudiese haberla escrito Séneca, precisamente en paralelo a su composición de la "burla despiadada". La larga noche del fascismo, el juramento forzado de lealtad al régimen, el íntimo arrepentimiento de haberlo tenido que hacer y, tras el 25 de julio, la obligación de "lavar" aquella mancha aún estaban por venir. En 1931, en el momento en que el fascismo está en su punto culminante, próximo a su "decenio", Momigliano lee la Consolatio ad Polybium (la "súplica" de Séneca desde el destierro) como un sutil sarcasmo contra el tirano. En 1945-46, Russo escribe, no sin razón: "Resulta conmovedor el intento de la crítica moderna de justificar como sea la Consolatio ad Polybium". Palabras deudoras de la experiencia –escribe el jovencísimo crítico— "de estos últimos años y meses", que habían visto a buena parte de la casta de los doctos y los "inteligentes" reinventarse a sí mismos y a sus propios actos, cuando no ocultarlos. Genuino arrepentimiento, tal vez, oportunismo, las más veces.
El tema de las "conversiones injuriosas" es inagotable, y retorna con cada cambio de régimen. Tras la definitiva caída de Bonaparte (y tras 25 años de revoluciones y restauraciones) pudieron prepararse en Francia Diccionarios de veletas y Diccionarios de los proteos modernos que se han convertido en clásicos. Cuando el fascismo triunfó, torrentes de intelectuales se apresuraron a afirmar que habían sido fascistas desde el comienzo, con la misma levitas con que, no bien cayó, afirmaron haber sido siempre cripto-antifascistas y haber cargado la adulación con sarcasmo.
No habría, empero, que olvidar que, cuando resultan cómodos, los arrepentidos que se pretenden opositores con valor retroactivo son mirados favorablemente. ¿Cuántos post-soviéticos que habían estado más que encumbrados en el período soviético –comenzando por Yeltsin— no se han convertido en enfants gâtés de los nuevos tiempos? ¿Y cuántos también de entre nosotros –y entre el aplauso general—no se las han prometido muy felices en lo venidero después de proclamar con candidez digna de mejor causa "no haber sido nunca comunistas"? Retocando unos pocos años después su introducción, Russo escribió jocosamente, tomando cierta distancia de sí mismo, que quería olvidarse de "los historiadores llorones". En cierto sentido, no le faltaba razón, pero el nuevo estado de ánimo era también el efecto del enfriamiento de las pasiones. Mas lo que en este asunto inagotable y destinado al cíclico retorno no se pierde de vista es la diferencia entre el intelectual adulto y calculador, pronto a la conversión cronométrica, y el joven que nace y madura cuando el régimen ya existe y al que resultará harto más difícil la salida, mientras el otro hace sabias piruetas.
NOTAS DE LA TRADUCTORA: //1// De Francisco Guicciardini (1483-1540), el gran escritor y político florentino, contemporáneo de Maquiavelo y proverbial por la naturaleza tornadiza de su vocación política. Sus importantes Memorias fueron excelentemente vertidas al castellano por Felipe González Vicén (Recuerdos de la vida política y civil, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1948). //2// Theos significa "dios" en griego, y kolokinthýs, "calabaza"; de manera que si "apotheosis" significa "divinización" (del emperador fallecido), "apocolocintosis" vendría a ser su "calabazización".
Luciano Canfora, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es un historiador marxista italiano y el más importante clasicista europeo vivo.
Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57172











viernes, 21 de septiembre de 2018

Democracia cadáver Luciano Canfora La riqueza es más fuerte que el gobierno.

El filólogo clásico y ensayista italiano Luciano Canfora. 

Babelia » 26.04.2014

Canfora publica 'El mundo de Atenas', un libro sobre el mito idealista de la Atenas democrática

El filólogo italiano lamenta el fracaso de Europa frente al poder económico mundial

Especialista en el mundo griego, Canfora sostiene que el pasado ayuda entender la realidad Pinterest

A sus 71 años, Luciano Canfora, filólogo clásico, historiador y ensayista italiano, sigue haciendo cada día el trayecto entre la antigüedad y el presente sin perder el aliento. Es más, si uno queda con él después de una de sus clases en la Universidad de Bari o en la de Bolonia, tiene que tener en cuenta que sus alumnos siempre intentan que haga un bis como si se tratase de un cantante de moda. Debe buena parte de su fama internacional a sus investigaciones sobre el mundo griego, pero sus publicaciones —más de setenta— demuestran que su mirada crítica también se detiene en Julio César, Gramsci o la política italiana actual y su relación —de dependencia— con el verdadero poder.
PREGUNTA. Usted es uno de los más importantes historiadores del mundo griego, pero a la vez un observador constante, y muy crítico, de la situación política actual. ¿Cómo hace para ir y venir de un mundo a otro?
RESPUESTA. Nunca he sentido que fuese una contradicción. Es más, podría responderle con las palabras de un gran filósofo italiano que se llamaba Benedetto Croce que decía que “toda la historia es contemporánea, porque vive dentro de nosotros. Nos ocupamos del pasado porque tiene que ver con lo que ocurre hoy”. Pero la respuesta correcta es que yo comencé mi vida pensante partiendo de un ambiente familiar que era muy político y me he dado cuenta de que la antigüedad que me gusta tanto no es un cementerio, ni un museo de cera, es un campo de batalla, donde el enfrentamiento continúa. Me parece obvio. El pasado es el inicio de tantas cosas. Si, por ejemplo, yo pretendiese entender la democracia de un punto en adelante no entendería nada. Así que no es un capricho, sino una necesidad.
P. Una necesidad de investigar y una necesidad de contar. Usted empezó a publicar en 1968 —con 26 años— y sus escritos son ya más de setenta…
R. Al principio se escribe por búsqueda erudita. Me di cuenta de que había versiones contrapuestas del mismo hecho. Me gusta ver las variantes entre textos, tratar de confrontarlos y acercarme a lo que se llama la verdad. La verdad, que es una palabra gruesa, pero que tiene que estar en alguna parte, no puede no estar. Es como un hilo conductor único a través del cual yo he de afrontar una búsqueda. Y ese hilo es exactamente el de la política antigua, la relación entre los hechos y la narración de los hechos.
P. En El mundo de Atenas, uno de los últimos libros suyos —junto a La historia falsa— que se han publicado recientemente en España, usted sostiene que en el tiempo del imperio ateniense no existía ese mito, que esa idealización de Atenas viene después.
R. En su tiempo, Atenas no solo no era amada, sino que era odiada. El mito de Atenas comienza tarde, comienza ahora. Atenas al principio se convierte en una especie de universidad, un lugar donde hay muchos libros antiguos, las escuelas filosóficas todavía funcionan, es el tiempo de Cicerón. Es mucho después, podríamos decir que con la Revolución Francesa, con la Ilustración, cuando Atenas se vuelve a convertir en un modelo político. Es considerada una ciudad rica, dedicada al comercio, simpática. Montesquieu la amaba muchísimo. Atenas se convierte en interesante para la Ilustración digamos no jacobina. Durante la revolución se hacen un lío enorme porque hablan de repúblicas antiguas sobre el mismo plano, sin entender las diferencias. La reacción contra el modelo ateniense viene cuando comienza la Restauración, y se empieza a decir: “Nos habéis puesto como modelo una sociedad horrenda”. Por tanto, hay dos vías: una, la de los liberales radicales ingleses que pretenden que sea el precedente de whigs [el antiguo nombre del Partido Liberal Británico], y la otra, la de los conservadores alemanes, que decían que Atenas era peor que la Tercera República Francesa. Y ya se combate sobre tesis opuestas.
P. ¿Quién tiene más razón?
R. Seguramente los conservadores alemanes, que ven el aspecto negativo de una sociedad fundada por una parte sobre el privilegio, la esclavitud escondida pero enorme, y por otra, sobre un poder popular controlado. Esta es la situación al final del siglo XIX. Y se hace más dramática con la revolución rusa. Un gran personaje, alumno de Maier, de los conservadores, que se llamaba Rosenberg (como el teólogo), dice: “Atenas no es una sociedad comunista, es un Estado social en el que no se confisca la riqueza, sino que los ricos tienen que pagar para hacer funcionar la ciudad”. Atenas nos interesa por esto, porque es el primer experimento popular que no expropia, sino que utiliza, la riqueza para devolverla a fines sociales. Por otro lado, el pensamiento conservador o reaccionario dice: “Atenas es el precedente de Lenin donde el poder de todos es el sóviet, y por tanto es un modelo horrible”. La línea que idealiza Atenas es, por tanto, minoritaria.
P. Cuando habla de democracia, ¿se refiere al mismo concepto que entendemos ahora?
R. Me gustaría que fuese así, pero no. Yo me refiero a lo que decía el viejo Aristóteles. La democracia es el gobierno de los pobres, aunque no sean numéricamente la mayoría. El contenido de clase social cuenta para distinguir los sistemas políticos. Un sistema político en el que mandan, porque son la mayoría, los ricos no es una democracia, es una oligarquía. Hasta hace pocos años —ahora la crisis está cambiando las cosas—, en Italia las personas en buenas condiciones económicas constituían una mayoría numérica del país. Aristóteles habría dicho que “son la oligarquía” —esquemáticamente, porque lo puedes decir de una ciudad de 20.000 a 30.000 personas, no sobre un país de millones…—. Para mí la democracia no es el hecho de que gobierne la mayoría después de hacer el recuento de votos, es el Estado social, el hecho de que quienes no poseen la riqueza cuenten en la vida política y tengan el modo de hacerlo.
P. Teniendo esto en cuenta, ¿entonces ahora en qué sistema vivimos?
R. Ni en la historia ni en la historia política, nada permanece firme. Estamos asistiendo a un cambio importantísimo. El andamiaje es igual y sigue en pie —el Parlamento, las elecciones…— y aparentemente se sigue discutiendo sobre las leyes electorales, las coaliciones… Pero la realidad es que se ha desarrollado y consolidado un fortísimo poder supranacional, no electivo, de carácter tecnocrático y financiero que tiene en los organismos europeos los instrumentos para gobernar toda la comunidad, dando a un país más importante que los demás, Alemania, el papel de dictar las reglas. Uno podría decir, por tanto, que la democracia ha muerto, que solo permanece el cadáver que camina —se hacen elecciones, leyes…—, porque quien decide realmente lo hace sin contar con un parlamento.
P. ¿Quién decide entonces?
R. Una oligarquía fundada sobre los intereses de grandes grupos financieros, que son el verdadero poder. Comparada con ellos, la familia Agnelli, por poner un ejemplo, es una familia de mendigos, no pobres, pero cuentan poco y nada. Los grandes grupos financieros que tienen un poder mundial e ilimitado pueden decidir el destino de todos. El Parlamento Europeo que elegiremos en mayo es un seminario universitario, no tiene ningún poder real, solo aquel de crear una clase de parásitos muy bien pagados, preciosísimos para el sistema, porque sirven para hacer ver que existe un parlamento y que Europa no es completamente antidemocrática. Por eso les pagan tanto. Porque uno compra una persona si le da 10.000 euros al mes.
P. Pero si este retrato descarnado es cierto, ¿cuál es la salida?
R. Diré algo que igual parece anacrónico, pero en la situación actual de las cosas el único lugar en el que se puede explicar el mecanismo democrático es el Estado nacional. Porque tiene la medida en la que las clases contrapuestas pueden contar. Hoy el conflicto de tipo sindical de cualquier país es totalmente irrelevante, porque no tiene oídos que lo escuchen, solo dentro del Estado nacional. Así que o se cambia de raíz el pacto constituyente o cada uno se salvará a sí mismo saliendo antes o después. Creo que sería mejor la primera solución, que se haga con espíritu de justicia y se transforme en algo en el que todos se reconozcan, no solo los poderosos.
P. Y mirando el panorama de la política actual, ¿quién cree usted que puede acometer una obra de tal magnitud?
R. El momento es pésimo. Hace diez años yo estaba convencido de que los partidos socialistas tendrían un gran futuro. En Alemania estaba el Gobierno socialdemócrata; en España, también; en Italia, de vez en cuando aparecía algo así; también en Grecia… Parecía que, por una parte, Europa reconocía la necesidad de convertirse en una comunidad más grande y, por otra, una fuerza históricamente supranacional como el socialismo había alcanzado la dirección política adecuada. Pero no ha sido así. Y esto, ¿qué nos enseña? Nos enseña sobre todo que cuando llega una crisis terrible no somos capaces de dar una respuesta justa, que cada uno ha pensado en lo suyo y que no se ha conseguido contener a los poderes financieros. Un pensador liberal, Benjamin Constant, escribió que la libertad de los antiguos era opresiva, que prefería la libertad de los modernos. La riqueza es más fuerte que el gobierno. Y es verdad, él lo dice con entusiasmo, yo no, pero es cierto, los partidos socialistas no han sido capaces de plegar a la utilidad social el capital financiero. No era tampoco una empresa fácil. Pero no creo que haya alternativas al intento de volver a traer al movimiento socialista a los fines para los que nació.
P. Usted —no hay más que ver el entusiasmo que suscita entre sus alumnos— le ha dado un papel importante en su vida a la docencia. ¿Cómo está la enseñanza en Italia?
R. Una respuesta brevísima. El salario del profesor italiano es una quinta parte del salario del profesor alemán. De aquí viene todo, viene la desmotivación, la calidad escasa. Porque, ¿quién sale de la universidad para trabajar de maestro? Se puede decir que en la escuela terminan o los idealistas —y no son pocos y los admiro— o, sobre todo, una gran masa totalmente desmotivada y con una preparación pobre. En Italia más que en otros lugares las cuentas del Estado penalizan a la escuela. Ni en Francia ni en Alemania sucede esto. Y es grave que Italia haya hecho esta elección porque si la escuela va mal, en diez años todo irá mal.

https://capitanswing.com/prensa/democracia-cadaver/

Luciano Canfora es considerado uno de los mayores clasicistas europeos vivos, ha estudiado problemáticas de historia antigua, literatura griega y romana, historia de la tradición, estudios clásicos, política y cultura del siglo XX. Entre sus últimos trabajos publicados cabe destacar algunos títulos, como La biblioteca desaparecida (1998), Julio César, un dictador democrático (2000), Storia della letteratura greca (2000), El misterio Tucídides (2002) y Una profesión peligrosa: la vida cotidiana de los filósofos griegos (2002).


LUCIANO CANFORA: EL HISTORIADOR, EL JUEZ Y EL DETECTIVE

canfora
En los ensayos del  historiador y filólogo Luciano Canfora  el método de la investigación histórica está relacionada con la detective story. Tenemos el reciente caso de “La storia falsa” (Rizzoli), que analiza ciertos “non detti” acerca de una carta del líder comunista Ruggero Grieco que Antonio Gramsci recibió  en la cárcel y que agravó su posición judicial. El mismo método también se utiliza en muchos de sus libros anteriores.
[Recordemos el asunto. Marzo de 1928, carcel de  San Vittore. Antonio Gramsci y Umberto Terracini reciben dos extrañas cartas firmadas por  Ruggero Grieco. Estamos a pocas semanas del inicio del proceso contra los dirigentes del  Partito comunista italiano (Pcd’I ) y las misivas de Grieco vienen como anillo al dedo para agravar las pensas impuestas, pues son interceptadas y utilizadas por la policia política. Para Canfora las cartas fueron elabopradas por expertos de esa policia (la Ovra) con ayuda de  Stefano Viacava, dirigente del Pcd’I que se había pasado a la policía fascista. La storia falsa recopila ejemplos clamorosos de doble juego y trucos textuales para desviar el curso de la lucha política, un universo donde los lapsus o los errores de escritura se revelan como indicios preciosos para llegar a la verdad. El volumen, por lo demás, dedica casi una tercera parte de su contenido al caso de Gramsci, retomando el análisis que el propio Canfora hiciera en Togliatti e i dilemmi della politica (Laterza, 1989), volumen que ya dio mucho de que hablar en su momento. ]
Profesor Canfora, a este enfoque no es extraña quizá su formación filológica
Es verdad. Me gusta referirme para ello a Marc Bloch. El fundador de los Annales,  en su Apología de la historia,  hermoso y famoso libro escrito poco antes de que lo capturaran los  alemanes,  que luego lo fusilaron, escribe al comienzo que la tarea principal del historiador es distinguir lo verdadero de lo falso. Cada paso, cada documento, sitúan al historiador frente a esta cuestión. Y ¿cómo distinguir lo verdadero de lo falso, si no es a través de una indagación  indiciaria? El trabajo del historiador y del juez, o el del investigador, son similares. No es un descubrimiento  mío ni de Bloch. Tucídides, cuando habla de los indicios en la historia, usa  la palabra “tekmerion”, que significa “los indicios que ante un tribunal  pueden sugerir una respuesta u otra.” Por tanto, la identidad de la palabra en los dos maestros la sitúa en los orígenes de la historiografía. Carlo Ginzburg,  autor  entre otras cosas del librito El juez y el historiador, escribió un artículo titulado “Spie”, en el sentido de los indicios que conducen al investigador hacia la verdad. Ciertamente, la hipótesis es que existe la verdad. Algunos escépticos no lo creen, pero en mi opinión es la premisa de la que partir.
storia-falsa
¿Es un método aplicable a cualquier período de la historia, desde la Atenas clásica a Salò?
Hasta la actualidad. Aquella realidad tan alejada en cierto sentido me parece  más intangible. Sólo tenemos lo poco que queda, tal vez de primera calidad, pero siempre muy unilateral. Y creemos que con el tiempo presente la cosa  es mucho más fácil:  todas las fuentes están disponibles o pensamos que lo son. En cambio existe la ventaja de que tenemos más documentación, pero también la desventaja de un filtro mayor, hasta el punto de que la verdad queda enterrada. No sabemos quién mató a Kennedy ni cuándo lo sabremos.
Por un lado, existe una “falsificación involuntaria”, dada por el paso del tiempo y la corrupción de las  fuentes. En segundo lugar, la “falsificación voluntaria”, es decir, la deliberada manipulación de las fuentes.
O incluso la ocultación. ¿Por queéno se puede tener acceso completo a los archivos?   Incluso la legislación más abierta y liberal, como la de los  archivos de los estadounidenses,  nunca pwemite acceso completo, porque siempre hay una parte que no se permite ver.
Pero a veces en el curso de la historia también actúa la manipulación. Pienso en la novela “Vida y destino”. de Vassilij  Grossman,  que se quiso destruir, pero sobrevivió y ahora se puede leer.
Esto es extraordinario, pero es como  el mensaje en la botella.
La censura ha funcionado de algún modo. La novela no salió en su momento de la Unión Soviética,  sino décadas después  en Lausana. Y ahora está disponible la versión Adelphi.
Bueno, en Italia la novela fue publicada por Jaka Book.
No completa.
Es cierto, pero he hecho una cuidadosa comparación entre las dos versiones y he visto que son casi idénticas.
En un artículo en el Corriere, escribió sobre Arturo Pérez Reverte. ¿Cree que  entre la ficción histórica  y una investigación histórica como la suya hay una voluntad detectivesca similar?
Debo reconocer una deuda intelectual con Pérez-Reverte. En su segunda novela de éxito, “El Club Dumas”, cuenta la historia de un libro del que tan sólo quedan tres ejemplares. Y nos dice el porqué. Es una novela, por supuesto. En aquel momento yo estaba trabajando en “La biblioteca del patriarca”. Una historia (en este caso real, ndr), de libros censurados en el siglo XVII en Francia. y también en aquel caso quedaban intencionadamente tres copias   de una edición mutilada al principio deuna página completa  considerada herética. El libro de Pérez-Reverte me inspiró las propuestas de solución, que creo válida, sobre la razón por la que los tres ejemplares fueron preservados.
Al proponer nuevas hipótesis o nueva “verdad”, cuando se trata de una cuestión sobre la que  cree que sabe lo suficiente – pienso tambnién en las páginas de su libro sobre Gramsci – queda expuesto a la acusación   de querer reabrir temas ya conocidos a la búsqueda de una lectio difficilior a toda costa. ¿Cómo responder?
La verdad consolidada es  muy a menudo  el resultado de un compromiso. Por citar el caso de Gramsci del que hablo en “La storia falsa” es evidente que hay un problema dramático. ¿Por qué  esas cartas? ¿Por qué Gramsci no queda duramente impresionado? No hay escapatoria. O el autor de esas cartas quería hacerle daño  o Gramsci estaba loco. O hay una tercera vía: ¿fueron retocadas las cartas? La historiografía de la izquierda, los socialistas, los comunistas e  incluso  estudiosos próximos   no han considerado nunca la tercera opción,  que está abierta a muchos valiosos comentarios y se rechaza con argumentos opuestos. Los socialistas decían que Grieco era el “killer”.   Los comunistas sostenían que las cartas no tuvieron  grandes consecuencias. Y así dejaban en la sombra el asunto de un Gramsci que habría perdido el juicio. Se trata de un compromiso, un “vamos a salir del paso”. En lugar de ello, me parece que la tarea del historiador es ir más allá.
https://clionauta.wordpress.com/2009/01/19/luciano-canfora-el-historiador-el-juez-y-el-detective/

El consenso que conforma el paisaje y "Las puertas del poder


Diagonal » 19.09.2014

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«Con tanto donaire como verdad respondió un pirata apresado a Alejandro Magno. Preguntado este hombre por el mismo rey si le parecía bien tener el mar infestado con sus piraterías, el pirata le contestó con insolente contumacia: ‘Lo mismo que te parece a ti tener infestado el orbe; sólo que yo porque pirateo con un pequeño bajel, me llaman ladrón y a ti, que con una armada imponente pirateas, te aclaman emperador’». Así escribía San Agustín en La ciudad de Dios.
En otro libro que recientemente reseñaba, La historia falsa, Canfora apreciaba que no pocas veces, cuando pensamos en el poder, oscilamos sobre dos ideas contrapuestas, la idea de que se trata de algo remoto, intocable, fuera de alcance –diría yo que abstracto– y también la otra de que se encuentra encarnado en personas visibles y concretas que solemos llamar ‘poderosas’. La cuestión, bajo mi punto de vista, es que ambas intuiciones son correctas.
El poder es un mecanismo de organización resultado de la aceptación tácita de todos. El poder se construye sobre el consentimiento ¿consciente? de los oprimidos, lo que significa que la realidad –entendida ésta como el panorama más estable dentro del fluir del paisaje– se conforma según una consensuada interpretación de todas las partes. En el momento en que deja de compartirse esa interpretación de la realidad, recomienzan las asperezas, las tensiones, los choques y hasta las revoluciones que enfrentan las partes y agitan la historia –de ahí que diga que recomienzan–.
El consenso es la base de la convivencia. Existe un consenso en cada grupo, un consenso familiar, de amistad, social y hoy podríamos hablar que hasta planetario. Son los miembros de la familia quienes señalan la oveja negra, los amigos quienes dan la espalda al vecino, los médicos quienes deciden quién está enfermo, los jueces quién es culpable y el rey quién es el ladrón; pero también el ladrón, el culpable, el enfermo, el excluido y el desheredado participan del juego –esa disposición con que están unidas dos cosas– cuando actúan movidos por la lógica que dirige el juicio. Cuando no, asoma la tragedia. En la práctica, el consenso es cosa de números. Por cantidad de apoyo una idea se hace posible. De ahí que Alejandro Magno sea emperador y uno cualquiera, un vulgar ladrón.
La base de todo el enjuiciamiento raras veces es el conocimiento sino el miedo –excepcionalmente la fascinación–. Podríamos decir que es el miedo al caos lo que organiza nuestras vidas. Sin embargo, el caos no es en sí malo, sólo que exige de nosotros una intensidad en la conciencia del gesto cotidiano verdaderamente agotadora. El caos anula las categorías que hacen habitable el paisaje.
Cuando el elemento caótico más que asustarnos, nos fascina, resulta una excepción. Es difícil concretar qué hace que algo nos fascine pero es posible que en ello intervenga la promesa de alcanzar lo inalcanzable, o incluso una paradoja mayor, que creamos que aquel elemento será precisamente el que ahuyente el caos. Sin lugar a dudas es este efecto el que provocan en las masas los grandes líderes. Mussolini fue uno de ellos. Sin embargo, en detalle, no se diferencia tanto el elemento que denosta el juicio de aquel que ensalza o viceversa. Los extremos, como comúnmente se expresa, se tocan. Que ocurra una cosa u otra depende de la ocasión, esto es, en último término, de un componente de azar.
En un libro de reciente lectura, La mujer que disparó a Mussolini de Stonor Saunder editado por Capitan Swing, el retrato en paralelo de dos personalidades que la historia situó como antagónicas resulta ilustrativa. De una parte, Mussolini, un hombre que sale de las clases bajas y que logra ascender a la cumbre del poder para luego de ahí, caer en picado y ser literalmente apaleado por el pueblo y colgado por los tobillos para mayor visibilidad pública del escarnio. De otra, Violet Gibson, una mujer de aristocrática cuna, cuya familia da la espalda debido a sus creencias religiosas, creencias que, del mismo modo que las que conducen a Il Duce, le hacen pensar que está llamada a salvar el mundo.
Violet Gibson disparó a Mussolini el 7 de abril de 1926 en la Plaza del Campidoglio de Roma. Los disparos fallaron su presa. En los siguientes veinte años –veinte hasta la muerte de Il Duce, diez hasta la suya propia– Violet estuvo confinada en un manicomio por prescripción conjunta (consenso) de la justicia, la comunidad científica (psiquiátrica), las necesidades diplomáticas, la opinión pública y la aceptación familiar. Entretanto, Il Duce, amparado por ese mismo consenso daba rienda suelta a su locura aún cuando ésta interfería en el destino de millones.
Que una locura fuera más que otra, que el gesto de disparar a un sólo hombre más asesinato que el de ordenar la muerte de muchos, que creer que uno ha sido llamado por Dios para intervenir en la historia más herejía que el de creer que uno es llamado «por el Genio a construir el nuevo mundo» es algo que, a la luz de las líneas de Stonor Saunders, queda decidido entre todos.
Una amiga de juventud de Violet, la condesa Winterton, se dirigió en 1946 al director médico de la institución donde estaba confinada Violet con estas reveladoras palabras «Naturalmente, en el momento en el que [Violet] disparó a Mussolini, decir que estaba loca era la única manera de salir de una situación incómoda, pero ahora, no se la puede declarar loca por ello».
El flujo de la historia alumbrado por la autora a través de estas dos vidas, la de Mussolini y la de Violet, que quedan imbricadas no sólo por el instante en que cuerpo a cuerpo se enfrentan en la plaza pública del Campidoglio sino, en contraste y paralelismo uno con otro por cuanto el impulso de fanatismos opuestos los acerca y aleja, alcanza a través del libro un relieve perverso. Las categorías del bien y del mal se dibujan notablemente dependientes de la opinión generalizada que hace suyo el lenguaje; vivir entre otros, una tragedia constante.
Lo que La mujer que disparó a Mussolini nos deja claro es que nada, ni el estado de salud mental, ni la opción política, ni el régimen de vida, ni el lenguaje, ni las creencias religiosas, ni las reacciones anímicas, ni el espíritu vital, nada puede sustraerse a las reglas del juego, es decir, al juicio colectivo–y posterior consenso– que ordena el paisaje para, supuestamente, hacerlo habitable. Pero sumada a aquella, también queda esta otra impresión, la impresión de que si es habitable es por puro milagro.
https://capitanswing.com/prensa/el-consenso-que-conforma-el-paisaje/

"Las puertas del poder. 'El proceso' de Kafka y Welles como gestos de rebeldía"
 
         En nuestra depresiva cibersociedad tiranizada por el poder financiero, nos domina una implacable autoridad difusa que favorece la desigualdad, mientras su política del miedo nos considera culpables en potencia.
         Entre las expresiones literarias de los abusos del Poder, una de las más relevantes es la de Franz Kafka, visionario e incomprendido abogado judío checo, simpatizante con el anarquismo, que convirtió sus obsesiones  y fantasmas en sorprendentes relatos. Despreciado tras su muerte por “absurdo y decadente”, su premonitoria denuncia del totalitarismo lo convirtió luego en referencia popular a muchas de las angustias del siglo XX: burocracia, laberintos legales, indefensión del individuo…hasta denominar el término kafkiano a la siniestra perversión de la normalidad. Al estallar la I Guerra Mundial inició la redacción de su novela cumbre, El Proceso, enigmática aventura del Sr. K., perseguido por los agentes de una ley desconocida hasta ser ejecutado sin poder defenderse.
         Décadas después, en plena Guerra Fría con las superpotencias enfrentadas en las carreras espacial y armamentística, triunfando en Hollywood el cine de juicios, el genial director Orson Welles, exiliado de los EEUU por su actividad progresista, recibe el encargo de plasmar en celuloide esta famosa novela, con total libertad creativa. El resultado fue un mágico filme de densas belleza visual y carga crítica contra la injusticia legal de una estructura de poder avasalladora.
         Cuando se cumplen  100 años de escribirse la novela y 50 de su versión fílmica, ambas permanecen vigentes por su ácida visión sobre las conflictivas relaciones entre el ciudadano y los inalcanzables órganos del poder. En este libro se aborda tal problemática, que tanto nos afecta.
 
Demetrio E. Brisset, antropólogo, catedrático de comunicación audiovisual en la universidad de Málaga. Autor de La rebeldía festiva. Historias de fiestas ibéricas (2009), y de Ánálisis fílmico y audiovisual (2011).
Fecha y hora: 23 de Enero de 2014 a las 19:00
Lugar: Cine DORÉ (sala 1) Filmoteca Española
Dirección: c/ Santa Isabel 3
Localidad: Madrid
Provincia: Madrid
Organiza: Filmoteca Española
https://www.diagonalperiodico.net/agenda/evento/21446-puertas-del-poder-proceso-kafka-y-welles-como-gestos-rebeldia.html