“Las circunstancias de la muerte de Marilyn Monroe fueron deliberadamente encubiertas”: las incógnitas que rodean el fallecimiento de la icónica actriz 60 años después

 Beatriz Díez - @bbc_diez  BBC News Mundo

Marilyn Monroe en el rodaje de The Misfits ("Vidas rebeldes").

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Marilyn Monroe apareció muerta en la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962.

"¿Cómo se escribe una historia de vida? La verdad rara vez sale a la luz, normalmente circulan las falsedades. Pero es difícil saber por dónde empezar si no empiezas con la verdad".

Así se expresaba Marilyn Monroe en la última entrevista que concedió antes de su muerte, de la que este 5 de agosto se cumplen 60 años.

Norma Jean Baker (su verdadero nombre) tenía 36 años y dejaba atrás una vida llena de contrastes: estrella adorada por millones de personas alrededor del mundolidió con innumerables problemas psicológicos y emocionales que ella misma atribuía a su infancia y, en menor medida, al peso de la fama.

Su solitaria muerte de madrugada, clasificada oficialmente como "probable suicidio", desató múltiples rumores y teorías conspirativas que perduran hasta hoy.

Contienen los ingredientes perfectos para una película de Hollywood: sexo, política, agentes secretos e incluso la presunta implicación de la mafia o de una poderosa familia como los Kennedy.

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La fama es caprichosa. Tiene sus compensaciones, pero también sus inconvenientes. Y la conozco. Te tuve, fama, ¡hasta luego!"
Marilyn Monroe
Actriz

El periodista y escritor británico Anthony Summers se sumergió en los años 80 en una exhaustiva investigación, ahora actualizada, para intentar desentrañar el misterio.

¿Qué fue lo que halló?

Una meticulosa labor

El objetivo inicial del viaje del periodista a Hollywood era cubrir la reapertura de la investigación sobre la muerte de la actriz anunciada por el fiscal de distrito de Los Ángeles.

Era 1982 y se cumplían 20 años del suceso.

"Marilyn no había sido una de mis actrices favoritas, me gustaban más Natalie Wood y otras artistas de esa época", le dice Summers a BBC Mundo.

Anthony Summers, periodista e investigador, autor de Goddess

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Summers llegó a Los Ángeles con la idea de hacer un reportaje en dos o tres semanas, pero se quedó en la ciudad californiana más de dos años para completar su trabajo.

"Fui a Los Ángeles y empecé a mirar qué hacía el fiscal de distrito. Muy pronto me di cuenta de que la historia era mucho más amplia y complicada de lo que pensaba.

"También me di cuenta de que su vida entera había sido mal cubierta por la prensa, excepto en dos o tres biografías. Había mucho que aprender", recuerda.

Se compró un auto y empezó a tocar puertas y hacer llamadas. Las evasivas o directamente negativas de la gente a hablar le demostraron que, a pesar del paso del tiempo, el asunto todavía despertaba temores y suspicacias.

Pero Summers insistió.

Finalmente consiguió entrevistar a más de 700 personas, algunas de ellas con un conocimiento muy estrecho de los últimos días y horas de vida de la actriz. como su ama de llaves, Eunice Murray, o la familia del doctor Ralph Greenson, su último psiquiatra.

Fruto de ese trabajo, Summers publicó en 1985 Goddess: The Secret Lives of Marilyn Monroe ("Diosa: las vidas secretas de Marilyn Monroe").

El libro ha sido actualizado y reeditado en varias ocasiones y sirve de base para el reciente documental de Netflix The Mystery of Marilyn Monroe: the Unheard Tapes ("El misterio de Marilyn Monroe: las cintas inéditas") en el que podemos oír grabaciones hasta ahora desconocidas de personas muy cercanas a Monroe.

Marilyn Monroe sonriente

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Marilyn Monroe fue una de las mujeres más fotografiadas de la historia.

"No encontré nada que me convenciera de que fue asesinada, pero sí hallé pruebas de que las circunstancias de su muerte fueron deliberadamente encubiertas", sostiene Summers.

"Y diría que la evidencia sugiere que fue así por la conexión de la actriz con los hermanos Kennedy".

¿A qué se refiere?

Marilyn y los Kennedy

En el centro de todo el misterio que rodea la muerte de Marilyn Monroe está, efectivamente, la supuesta relación de la actriz con los hermanos John y Robert "Bobby" Kennedy, en aquella época presidente y fiscal general de EE.UU. respectivamente.

Corrían los años 1961 y 1962, y a la actriz no le quedaría mucho tiempo de vida.

Robert y John Kennedy con Marilyn Monroe en el centro

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Esta es la única fotografía en la que aparecen los hermanos Kennedy junto a la estrella de cine.

Summers consiguió que fuentes directas corroboraran que Monroe y los Kennedy coincidieron con cierta frecuencia en la mansión de Peter Lawford, cuñado de los políticos y conocido de la actriz, en la playa de Malibú.

Otros entrevistados fueron más allá y hablaron de una presunta relación sentimental de Monroe con ambos, primero con John y luego con Bobby, que nunca ha sido reconocida por la familia Kennedy.

Entre las grabaciones de Summers llaman especial atención los testimonios de detectives privados, informantes y exagentes del FBI que reconocen abiertamente ante el micrófono que tanto Marilyn Monroe como los Kennedy estaban siendo espiados.

Investigadores directamente involucrados en el caso como Fred Otash o John Danoff le explicaron al periodista que la casa de la actriz y la de Lawford tenían micrófonos instalados por las fuerzas del orden y por grupos mafiosos a los que les interesaba tener un posible escándalo con el que presionar al fiscal general.

Además, Summers tuvo acceso a expedientes oficiales que demuestran que el FBI investigaba a la actriz por su presunta ideología izquierdista y que la agencia consideraba "motivo de preocupación por cuestiones de seguridad" los encuentros de Monroe con el presidente y con el fiscal general.

Documento del FBI

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El periodista británico obtuvo acceso a archivos del FBI sobre Marilyn Monroe.

Según la investigación de Summers, esto llevó a que los Kennedy rompieran toda relación con la actriz.

Reed Wilson, un agente que era experto en escuchas y trabajaba tanto para el FBI como para la CIA, le confió a Summers que, en la última conversación de Monroe con Peter Lawford el mismo día de su muerte, la actriz exigió que la dejaran en paz.

"Me siento usada. Me siento como un pedazo de carne. Siento que me han pasado de uno a otro", reprochó Monroe citada por Wilson.

"No es que tuviera el corazón roto, no creo que fuera eso", apuntó Wilson. "Era más bien que sentía que se habían aprovechado de ella, que le habían mentido",

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No me considero huérfana, fui una niña abandonada. Nunca estuve acostumbrada a ser feliz, así que no era algo con lo que contara"
Marilyn Monroe
Actriz

¿Un complot para asesinarla?

La idea de que Monroe pudiera haberse convertido en una figura molesta o incluso peligrosa para los Kennedy hizo que la teoría del asesinato cobrara fuerza.

Sin embargo, para Anthony Summers no hay evidencia que la sustente.

"La insinuación de que fue asesinada no tiene una base fundamentada en hechos", le explica el autor a BBC Mundo. "Para sugerir que alguien ha sido asesinado tienes que tener alguna prueba y no la hay".

Marilyn Monroe canta en el Madison Square Garden de Nueva York

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Marilyn Monroe le dedicó el "Cumpleaños feliz" al presidente Kennedy en junio de 1962.

"La evidencia de la noche que murió sí indica que se fabricó una historia, que no se contó la verdad sobre cómo se desarrollaron los hechos", afirma.

"Según la versión que se dio en su momento, el ama de llaves Eunice Murray vio una luz [en la habitación de la actriz] a las 3 de la madrugada del domingo 5 de agosto y llamó a Ralph Greenson, el psiquiatra de Monroe, quien al llegar miró por la ventana y la vio tendida en la cama, aparentemente muerta. Entonces Greenson rompió el vidrio y, al cabo de un rato, él y Murray llamaron a la policía", explica.

Sin embargo, Summers recogió testimonios de otras personas con una versión diferente, como Nathalie Jacobs, viuda del representante de prensa de Monroe, que recordó que alguien avisó a su esposo de que había una emergencia con la actriz a las 10 o las 11 de la noche del sábado 4.

En esta línea, el forense que hizo la autopsia, Thomas Noguchi, determinó como hora probable de la muerte las 11 o las 12 de la noche, lo que colocaría la fecha del fallecimiento en el 4 de agosto y no el día 5.

¿Qué pasó en esas horas de diferencia entre las 11 de la noche y las 3 de la madrugada de la versión oficial?

Cinta cassette

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Anthony Summers guardó todas las cintas de su investigación de los años 80.

"Me llevó mucho tiempo ver qué piezas del rompecabezas podía encontrar y si encajaban", cuenta Summers.

"Con el descubrimiento de que mandaron una ambulancia a casa de Monroe, dato que provino de una fuente muy confiable -el jefe de la empresa de ambulancias Schaefer- y fue corroborado por otras siete personas, pude hacer un análisis más real de los tiempos.

"Quedé convencido, y ahora lo estoy aún más, de que hubo un engaño sobre lo que pasó, pero no que la hubieran matado. No se veían daños físicos según la autopsia, tampoco señales de inyecciones", insiste.

"Antes de saltar a esa conclusión, tienes que preguntarte qué otra cosa pudo haber pasado. Se encontraron pastillas para dormir, un frasco vacío de Nembutal, que es un barbitúrico.

"Me pareció completamente posible que hubiera muerto por sobredosis accidental. O que se hubiera matado deliberadamente, algo que había intentado antes.

"Si me preguntas qué pienso yo de las dos, creo que es más probable que fuera un terrible accidente. Si hubiera querido suicidarse yo esperaría que se lo hubiera dicho a alguien o que hubiera dejado una nota informando que se estaba matando. No parece que lo hiciera.

"Nunca lo sabremos, creo, pero me decanto por el lado de la muerte accidental", subraya.

Marilyn Monroe con gafas de sol

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Para Anthony Summers, no hay pruebas que sostengan la tesis de que a Marilyn Monroe la mataran.

En una de las actualizaciones de su libro, el periodista pudo añadir algunas de las piezas que le faltaban de su particular rompecabezas.

Una de esas piezas era Sydney Guilaroff, peluquero de Monroe en varias de sus películas y confidente de la actriz.

"Cuando estuve en Los Ángeles en los 80 una y otra vez, me encontré con él y hablamos", recuerda Summers.

"Siempre era muy amable y cooperativo sobre cosas que ocurrieron antes de la muerte de Marilyn, pero se comportaba de forma muy extraña cuando le preguntaba sobre los eventos de esa noche.

"Años después, Guilaroff describió en su biografía cómo a las 9:30 de la noche en que murió, Marilyn lo llamó. Sonaba aletargada y disgustada.

"Le contó desesperada que estaba 'rodeada de peligros, de traiciones de hombres en altos cargos' y que Robert estuvo en la casa ese mismo día y la había amenazado y gritado", expone Summers.

Marilyn Monroe en un auto

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El ama de llaves también le dijo a Summers que Kennedy visitó a la actriz esa tarde, y que hubo una acalorada discusión.

"Mi interpretación, con base en todas las personas con las que hablé, es que Bobby fue a verla ese día, que discutieron y que él tenía que dejar la ciudad, por eso necesitaban ganar tiempo", opina Summers.

"Hubiera sido comprometedor que se supiera que había estado en la casa horas antes de su muerte. Parte del retraso era para asegurarse de que Bobby estaba fuera de la ciudad".

El periodista consiguió acceder a los registros de vuelo de un helicóptero que esa misma noche despegó de la casa de Peter Lawford.

Sin embargo, Robert Kennedy nunca reconoció que estuviera en Los Ángeles el día en que murió la actriz.

Una fascinación que perdura

"La felicidad… ¿se llega a conocer? Intentar ser feliz es casi tan difícil como intentar ser buena actriz".

La vida de Marilyn Monroe estuvo repleta de momentos estelares y de tremendos dolores y decepciones.

Gladys Baker y su hija Norma Jean Baker (posteriormente Marilyn Monroe) en la playa

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A lo largo de su vida, Marilyn Monroe habló una y otra vez de las dificultades que atravesó en su infancia, con un padre desconocido y una madre recluida en una institución mental.

60 años después de su muerte, su figura sigue despertando un gran interés. Este mismo año, un cuadro de Andy Warhol con su imagen se subastó por una cifra millonaria récord.

Kim Kardashian acudió a la MET Gala con el mismo vestido que llevaba la actriz la noche que le cantó "Cumpleaños feliz" al presidente Kennedy en Nueva York en junio de 1962.

Y en septiembre, también Netflix estrenará la película Blonde, en la que Ana de Armas interpreta a la actriz.

"No estoy seguro de lo que es, pero sí sé que desde Connecticut hasta el Congo aparece en tazas de café, bolsos, lo que se te ocurra", sostiene Summers.

"En Malasia, por ejemplo, hay un restaurante con su nombre y un banco con una figura de cartón de Marilyn Monroe para que te puedas sentar a su lado y sacarte una foto con ella".

Primer plano de Marilyn Monroe

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Las últimas horas de vida de Marilyn Monroe siguen rodeadas de misterio.

"Me pregunto qué piensan de ella los jóvenes de ahora. ¿La ven como una persona real con sentimientos? Espero que sí, porque fue una mujer real con inteligencia real.

"Hay numerosas razones para sentir empatía hacia ella. Es mucho más que una figura de cartón. Y será más que eso. Creo que las cosas se han salido de control. Nadie tiene una noción de quién era la verdadera Marilyn Monroe", expresa.

"Marilyn Monroe era una mujer brillante y una muy buena actriz. Leía mucho, sabía sobre política. Era una mujer inteligente sometida a una presión casi intolerable y al final se puede decir que esa presión la mató".

Las últimas palabras que le dijo la actriz a Richard Meryman, el periodista que la entrevistó para Life, reflejan también ese deseo de ser tomada en serio.

"Por favor, no me hagas quedar como un chiste".

Tratado de Ateología | Por Darío Sztajnszrajber

Dario Sztajnszrajber; Michel Onfray por Luis Diego Fernández - Demasiado...

Hay que leer «El Estado mágico» de Fernando Coronil Ímber

 Con esta obra imprescindible de 1997 iniciamos una serie de relecturas de libros que explican cómo Venezuela llegó a donde está


Fernando Coronil Imber publicó su trabajo primero en inglés en EEUU, y ha sido reeditado varias veces en español desde entonces

Foto: Composición de Sofía Jaimes Barreto

Esta es la primera nota de una serie que dedicaremos a libros que se han considerado importantes para comprender el despeñadero por el que poco a poco se ha precipitado Venezuela.

Elegimos comenzar con El Estado mágico, de Fernando Coronil Ímber, por varios motivos. El principal es que este libro, publicado por primera vez en 1997, subraya una continuidad en la construcción y funcionamiento del Estado venezolano que se extiende desde Juan Vicente Gómez hasta hoy, centrada en un hecho natural (que el territorio de Venezuela estuviera asentado sobre inmensos yacimientos petroleros), al cual se ha sumado un hecho jurídico (que el subsuelo fuese propiedad del Estado). Estas dos realidades han marcado nuestra historia política en el siglo pasado y en lo que va del presente, tanto como nuestras prácticas culturales y mentalidad. Pero hoy el mundo en el cual el petróleo era la principal fuente de energía comienza a desaparecer, así que es esencial comprender los mecanismos viciados de administración de lo público constituidos en ese período, si queremos desembarazarnos de ellos.

Las ediciones

The Magical State: Nature, Money, and Modernity in Venezuela

1997 The University of Chicago Press / Chicago & London

El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela

2002 Editorial Nueva Sociedad

2013 Editorial Alfa

2016 Alfa Digital

El autor

Fernando Coronil Ímber nació en Caracas en 1944 y murió en Nueva York en 2011. Si se buscan sus datos en Wikipedia, se descubre que hay mucha más información en inglés que en español. Aunque Coronil, antropólogo e historiador, era venezolano, dedicó la mayor parte de sus escritos al país y fue hijo de dos médicos que dejaron su huella en la medicina moderna en el país: Lya Ímber y Fernando Rubén Coronil. 

A finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta, cuando estudiaba en el Liceo Andrés Bello, Coronil tuvo una participación destacada en el movimiento estudiantil que despertó el interés de los cuerpos de seguridad. Por ello sus padres decidieron que siguiera estudiando en el exterior. Culminó entonces una licenciatura en Artes Liberales en Stanford University y luego cursó un doctorado en Antropología en la University of Chicago.

Como trabajo de campo para su doctorado, junto con Julie Skurski, su compañera de estudios y esposa, se propuso hacer una investigación en Cuba, pero no obtuvo el permiso del gobierno cubano. Cuando regresó a Estados Unidos lo detuvo el Servicio de Inmigración y Naturalización y fue expulsado «como agente subversivo». Coronil regresó entonces a Venezuela y dio clases en la Universidad Católica Andrés Bello. En ese momento decidió centrar su investigación en el Estado venezolano. Pocos años después, el Servicio de Inmigración y Naturalización levantó los cargos contra Coronil y este regresó a Estados Unidos. 

En 1987 obtuvo el doctorado en la Universidad de Chicago. Luego dio clases en la universidad de Michigan y en la City University of New York. El 16 de agosto de 2011 murió de cáncer de pulmón en el Sloan Kettering Memorial Hospital de Nueva York. Tenía 66 años.

Los aportes 

Cuenta la antropóloga Nydia Ruiz que llegaba a buscar a su amigo Fernando, de visita en Caracas, y se cruzó con Teodoro Petkoff (hasta hacía poco ministro de Estado de Rafael Caldera) saliendo de la casa familiar de los Coronil, al lado de la entrada de la ruta a Sabas Nieves. Luego, conversando con este y con su esposa Julie, se enteró de que Petkoff había leído la edición en inglés de El Estado mágico, pues el antropólogo se la había hecho llegar, y le interesó tanto que le pidió reunirse cuando supo que estaba de paso por la ciudad. 

Cuando apareció la edición en español en Nueva Sociedad, en 2002, se agotó en menos de un año. Luego, tras la muerte de Coronil, Margarita López Maya le propuso la publicación a Ulises Milla, editor de Alfa, y este no dudó ni un momento, aunque pidió las evaluaciones correspondientes que fueron todas positivas. Hasta el momento, El Estado mágico ha salido en Alfa en papel y en digital, y aunque no sea un bestseller —dice el editor— ningún año deja de venderse.

El primer aporte de El Estado mágico, es resaltar continuidades en el funcionamiento del Estado y mostrar analogías no siempre obvias entre los gobiernos de Gómez, Pérez Jiménez y el primero de Carlos Andrés Pérez, receptores los tres de inesperados ingresos petroleros.

En el prólogo a la última edición del libro —una pieza de análisis valiosa por sí misma— Edgardo Lander señala que dichas analogías vuelven a presentarse en los gobiernos de Hugo Chávez Frías y de Nicolás Maduro, con lo cual estos, más que una ruptura, parecen una suerte de coda del Estado mágico. ¿Pero hasta dónde no es otra repetición el propio interinato?, cabría preguntarse.

El segundo aporte del libro es su perspectiva crítica ante el imaginario ligado a esa continuidad: el del progreso y el desarrollo, que da lugar a consignas como la Gran Venezuela (CAP) y se repiten en este siglo con otras como la Venezuela Potencia (Maduro), todas sin fundamento en la precaria realidad estructural del país.

Estas consignas revelan una aspiración a una modernidad que sigue criterios del mundo desarrollado y eluden la reflexión sobre temas como el impacto ambiental de la industria petrolera o del crecimiento y del consumo sin límites.

El tercero, es el rico análisis de las prácticas sociales y culturales ligadas a esa forma de Estado, en especial en el caso de las élites económicas beneficiarias de los gobiernos administradores de la renta petrolera. El Estado mágico revela una estructura que favorece a unos y perjudica a otros, que divide y que dificulta la autonomía y la independencia de la agencia privada de las empresas y también de toda la sociedad.

El cuarto es que El Estado mágico desborda el canon académico de la antropología, la sociología y las ciencias políticas, al incorporar en su análisis fuentes como la literatura, la música, el arte y la cultura popular. De hecho, el nombre del libro proviene de un texto de José Ignacio Cabrujas que es citado y comentado por extenso en el prólogo y la imagen de la carátula en todas las ediciones, a petición del autor, es un óleo de Jacobo Borges (Reunión con un círculo rojo o círculo de lunáticos, 1973, Museo de Monterrey, México) que también es comentado. Se incorporan a los análisis además obras de Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier, entre otros.


Nunca levantamos muchas salas de teatro en este país. ¿Para qué? La estructura principista del poder fue siempre nuestro mejor escenario… ¿De dónde sacamos nuestras instituciones públicas? ¿De dónde sacamos nuestra noción de «Estado»? De un sombrero. De un rutinario truco de prestidigitación… La aparición del petróleo como industria creó en Venezuela una especie de cosmogonía. El Estado adquirió rápidamente un matiz «providencial». Pasó de un desarrollo lento, tan lento como todo lo que tiene que ver con la agricultura, a un desarrollo «milagroso» y espectacular… Un candidato que no nos prometa el paraíso es un suicida. ¿Por qué? Porque el Estado no tiene nada que ver con nuestra realidad. El Estado es un brujo magnánimo… El petróleo es fantástico y por lo tanto induce a lo «fantasioso». El anuncio de que éramos un país petrolero creó en Venezuela la ilusión de un milagro. Creó en la práctica la «cultura del milagro»… La riqueza petrolera tuvo la fuerza de un mito… Betancourt, Leoni y Caldera no fueron demasiado lejos en ese «sueño venezolano, porque la realidad presupuestaria lo impedía. Seguíamos siendo ricos, pero no tan ricos. Pero vino el otro Pérez, Carlos Andrés Pérez, y allí sí encontramos la frase que nos definía. Estábamos construyendo La Gran Venezuela. Pérez no era un presidente. Era un mago. Un mago capaz de dispararnos hacia una alucinación que dejaba pequeñas las fanfarronadas del perezjimenismo… Pérez Jiménez decretó el sueño del Progreso. El país no progresó, desde luego. El país engordó… (El gobierno de) Pérez Jiménez fue un debut: (el de) Carlos Andrés Pérez, una reprise” 

José Ignacio Cabrujas, epígrafe de la Introducción de El Estado mágico tomado de “El Estado del disimulo”, 1987


Las críticas

Puede que debido al advenimiento del chavismo con su retórica progresista (a pesar de su gestión retrógrada), el libro de Fernando Coronil haya sido visto con muchas reservas en los circuitos académicos venezolanos (aunque fue escrito y publicado antes de 1998 y su idea central surge de la imagen del Estado como mago, tomada de Cabrujas). En esencia, esto se debe a que sus desarrollos se basan en la obra de pensadores posmarxistas y autores ligados a corrientes de pensamiento crítico poscolonial. El concepto de subalternidad, por ejemplo, se toma de Antonio Gramsci y los conceptos de occidentalismo y globalcentrismo se basan en Orientalismo, el clásico de Edward Said. 

Tampoco gustó que el libro subraye las continuidades en el funcionamiento del Estado venezolano a lo largo del siglo XX (cuestionando la dicotomía: democracia – dictadura) y en la relación de este con élites clientelares, que con demasiada frecuencia dieron lugar al traspaso de recursos públicos a bolsillos privados (los números que presenta el último capítulo son francamente indignantes). Así, El Estado mágico cuestiona una idealización del período democrático que proclama parte de la oposición, pero además cuestiona la ruptura que el chavismo prometió encarnar. Aunque, por otro lado, también es cierto que no considera demasiado los esfuerzos de partidos y figuras políticas progresistas por instaurar una socialdemocracia liberal y moderna entre 1959 y 1998.

Cuatro lectores, cuatro comentarios

“Leí por primera vez El Estado Mágico cuando era estudiante de pregrado en la Universidad Central, en 1998, y ayudé a la profesora Gabrielle Guerón a traducir del inglés algunos capítulos para sus cursos. La portada era llamativa: Reunión con un círculo rojo de Borges, y era un libro singular, con alusiones literarias y filosóficas distintas incluso a las de nuestros mejores historiadores. Pero debo admitir que encontré la narración problemática. Casi todo el mundo que leía al profesor Coronil estaba impresionado, y siento que era así en parte por el origen de la publicación. Nos veían, desde adentro pero también desde fuera. Era un análisis ‘sustituto’, y no podía evitar sentir que era un país Unheimliche, que reconocía y no reconocía: el argumento según el cual no había solución de continuidad entre el Estado gomecista y la democracia era ya normal entre nuestros estudiosos (pienso en Maingon, Kornblith, Plaza, Sosa y Urbaneja, pero también en las críticas de izquierda y derecha a la corrupción de la Gran Venezuela). Pero el énfasis era más agresivo. Me generó entonces —era 1998, después de todo, y lo sentí parte del Zeitgeist abrumador— una gran reactancia. El profesor Coronil nos decía —o decía a la academia posmarxista y postcolonial del Norte Global— que éramos un fracaso autoritario y desigual. 

Es un libro poderoso, pero no cuenta toda la historia. No diferencia con justicia los intentos de reformar la democracia, de expandir los derechos en la sociedad, más allá de las odiosas distinciones decimonónicas. De la genuina ruptura que los demócratas tuvieron ante el gomecismo, y del paso audaz de esa transición. Asume que los estadistas de la república de partidos eran peones de fuerzas estructurales, pero se afinca en microhistorias de casos muy particulares, de un momento que considero distorsionado en nuestra memoria. Lo seguiré recomendando en clase, sin duda, pero no como única lectura”.

“Me encontré con El Estado Mágico en mi segundo año de pregrado de ciencias políticas, en Canadá por 2002 o 2003. Para mí, fue un parteaguas, me ayudó a ver Venezuela a partir de dos claves fundamentales: la contradicción entre capital, naturaleza y trabajo (y no solo capital-trabajo como la economía política clásica fue leída más tarde desde el marxismo); y una perspectiva histórica, desde la fundación del Estado moderno. Además, el trabajo de Coronil fue un abreboca para comprender perspectivas críticas y subalternas a la modernidad. Una limitación importante de El Estado Mágico tiene que ver con la presunción de que estudiar el petróleo es igual a estudiar la renta, su distribución, el gasto y sus efectos. Fallamos si pensamos que el petróleo se reduce a lo que hacemos con el ingreso proveniente de la renta internacional del suelo. De ahí emerge el reto de explicar las instituciones que regulan la industria petrolera y, en última instancia, las instituciones del Estado que regulan la captura y distribución de la renta. Descubrimos de forma diáfana años más tarde lo importante que era comprender la compleja relación entre el Estado, la empresa estatal de petróleo y la industria petrolera más ampliamente. Vimos en 2002 como un conflicto intra-Estado (gobierno-Pdvsa) estaba en el corazón de las disputas por la nación más elementales (y sabemos que Coronil puso el ojo en ello, así lo demuestran sus escritos posteriores). En 2007 fuimos testigos de una campaña de “renacionalización” sui generis o “híbrida” –como la he llamado en otros contextos— en la que la inversión extranjera seguía siendo protagonista, incluso cuando el Estado ganaba terreno en la captura de renta y la administración de activos. 

La importancia hoy de este libro reside en su perspectiva histórica, pero también en su visión multidisciplinaria. Coronil, como pocos, fue capaz de plasmar conversaciones más amplias sobre la política, el arte y la cultura venezolana. Un espacio productivo para pensar a Venezuela a través de una mirada multidisciplinaria sobre lo mágico en la política y construcción de Estado en Venezuela, pensar en el significado de las puestas en escena (lo que está presente, “frente a las cámaras” y lo que no) del Estado bolivariano para el devenir nacional. Debemos rescatar además una mirada histórica que vaya más allá de la fácil receta que algunos sectores de la izquierda en el norte global parecen abrazar: que Chávez (y Maduro) fracasó en la diversificación económica o en un proyecto de desarrollo endógeno por una suerte de camisa de fuerza estructural que llaman Estado Mágico. Debemos rescatar la agencia de quienes han tomado decisiones con escaso contrapeso (y los errores de quienes lo permitieron) y lidiar con las consecuencias que ello significa”.

El Estado Mágico es el resultado del interés de Fernando Coronil por hacer una antropología histórica del Estado, ambicioso proyecto que le llevó más de quince años entre Venezuela y Estados Unidos. Traza la curva de la construcción del Estado y las diferentes versiones que adoptó, según las circunstancias, lo que Cabrujas llamó “el mito del progreso”. Esta construcción comenzó su ascenso con la explotación petrolera durante Gómez, y continuó independientemente del descenso del país que se inició en los años ochenta ‘en medio de una crisis económica y moral sin precedentes que erosionó sus bases’. Coronil se centra en los gobiernos de Gómez, Pérez Jiménez y el primer mandato de Pérez. Ahí el Estado se habría constituido como ‘una fuerza unificadora, produciendo fantasías de integración colectiva en instituciones políticas centralizadas’. 

Las interpretaciones de Coronil siguen siendo retadoras en la medida en que, desde el ocaso de la economía petrolera, nos urge a redefinirnos no solamente como Estado sino también como sociedad. Es tal la complejidad del libro que, por mucho que se intente criticar tal o cual aspecto, o se considere superado un punto de vista sobre algún tema, siempre van a quedar en pie otros que justifican su lectura. Es lo que ocurre con las obras clásicas. 

Creo que Fernando encontró en su trabajo un panorama turbio para Venezuela, que se quedó expectante ante lo que pasaría con el cambio drástico que suponía la llegada de Chávez al gobierno. Lamentablemente, murió antes de poder averiguarlo. A Fernando le encantaba venir a Venezuela y disfrutaba mucho de sus estadías. Se conectaba con la gente, se colaba en reuniones y fiestas. Aceptaba todas las invitaciones para hablar sobre su trabajo. Una vez, recién llegado, en la Universidad Central de Venezuela me pidió que lo acompañara al cafetín y quedé impactada por el placer inmenso con que saboreaba su reencuentro con el jugo de parchita”.

“Un noble amigo, Efrén Rodríguez Toro, me recomendó el libro en 2017 cuando comencé el Máster Internacional en Estudios contemporáneos de América Latina en la Complutense y le dije que quería escribir mi tesis sobre Venezuela. Leyéndolo comprendí que aunque Venezuela sea un país exportador de naturaleza como los de la región, su estructura económica lo acerca más a los países petroleros que a los de América Latina. Hemos sido por eso una sociedad sin mercado e incapaz de crear valor, pero con un Estado muy capacitado para extraer riqueza del suelo, en forma de renta. 

Como sociedad, hemos sido muy independientes estructuralmente del capital y del trabajo, pero muy dependientes de la demanda y el capital y el trabajo extranjeros. Coronil muestra que, a pesar de los períodos de bonanza, el empleo industrial fue incapaz de crecer, un dato revelador de las limitaciones estructurales de nuestro sector de manufacturas. El libro explica cómo transitamos de una economía liberal a una centrada en el Estado. Cómo el petróleo desplazó al resto de productos de exportación y el Estado comenzó a participar directamente en la economía como actor capitalista para llegar a esa situación en que el Estado mantiene a la sociedad, en vez de ser la sociedad la que mantiene al Estado con impuestos. El autor sostiene que la importancia que dimos al Estado empobreció nuestra idea de democracia, que se redujo al derecho colectivo a beneficiarnos de la riqueza petrolera. La democracia se alejó de las ideas de respeto de las minorías, de la separación de poderes y del Estado de derecho. Asumimos al Estado como el administrador de la renta que nos sostenía como sociedad. 

El libro describe prácticas esenciales para comprender al país, como la captura del poder político por intereses económicos desde Gómez; la estrategia de disminuir el descontento suprimiendo libertades y gastando en una ilusión de progreso, que comenzó en el trienio adeco; la estrategia, especialmente de la dictadura del 48 al 58, de fomentar crecimiento económico limitado pero impidiendo el desarrollo de un sector que compitiera con el poder; o cubrir los incrementos de demanda aumentando las importaciones. 

No comparto la idea de Coronil de que el endeudamiento de finales de los noventa haya sido responsabilidad del “imperialismo multiforme del fluido capital financiero”. Creo más en la responsabilidad propia. Por lo demás, el libro describe bastante bien los errores que como sociedad cometimos a la hora de configurar el Estado. A la renta del petróleo había que darle una contrapartida institucional cuyo destino específico fuese esa estabilización y ese ahorro”.