Pedro García Cuartango «La razón juega un papel muy pequeño en nuestras elecciones»

 


Pablo Blázquez    Carmen Gómez-Cotta

Pedro García Cuartango (Miranda de Ebro, Burgos) lo ha hecho todo en el periodismo. A sus 71 años, se ha convertido en un analista imprescindible para entender el mundo y la España de hoy. Atesora una cultura incalculable y unos conocimientos enciclopédicos, que comparte con sus lectores a través de sus artículos en el diario ABC. En el ruido de las tertulias televisivas y radiofónicas, Cuartango aporta la sensatez y la reflexión sosegada que tanto añoramos algunos. En su último ensayo  –El enigma de Dios  (Ediciones B, 2025)– se adentra en uno de las temas que más le han desvelado: la existencia de Dios. De su lectura, puede deducirse que es un agnóstico que anhela caerse del caballo. Pero sigue al galope, como si Damasco cada vez estuviese más lejos. 

Qué son los 'therian', el fenómeno que arrasa en TikTok: ¿adolescentes que se sienten animales?



¿Qué son los 'therian'?

Pragmatismo chavista bajo condiciones de asedio y guerra multifactorial

 Pragmatismo chavista bajo condiciones de asedio y guerra multifactorial

Pragmatismo absoluto o neoliberal

El pragmatismo absoluto o neoliberal constituye el planteamiento del pragmatismo como motor de la despolitización y la desideologización, uno de los fenómenos sociopolíticos globales más relevantes de las últimas décadas.

EL MARXISMO-POP Y LA GENTE DERROTADA



Manuel Vázquez Montalbán era un ejemplar raro de comunista, que no quería privarse del humor ni del placer. Nunca dejó de reconocerse en los suyos cuando le llegó el éxito.
Manuel Vicent

"En 1945, en el corazón de la más dura posguerra, un hombre que había sido policía durante la República, afiliado al PSUC, detenido y condenado, volvía a casa después de haber cumplido varios años de prisión. Vivía en la calle Botella, en el Raval de Barcelona. El hombre subía muy abatido esa mañana con una maleta de cartón a su piso donde le esperaba su mujer, una humilde modista, y en mitad de la escalera se cruzó con un niño gordito de cinco años. Los dos se miraron muy sorprendidos al verse por primera vez. Así cuenta Manuel Vázquez Montalbán el momento y el lugar en que conoció a su padre.
En el Raval se agitaba un hormiguero de gente derrotada cuyo único afán era sobrevivir. En medio del hedor escalfado de la alcantarilla y de los gritos de buhoneros y menestrales la radio sacaba a la calle coplas y pasodobles desde los colmados, bares y prostíbulos. El niño creció entre las historias de amor, los lances de pasiones y celos, los sueños imposibles que expandían los dulces boleros por los patios de luces, terrazas y balcones llenos de ropa tendida. Ese fue el primer alimento que nutrió su inconsciente. Concha Piquer cantaba Tatuaje y aquel niño no tenía que forzar la imaginación, puesto que eran de verdad los marineros rubios como la cerveza, llegados en un barco, que él veía entrar y salir de los antros de lenocinio. Todos los días se encontraba con mujeres apoyadas en el quicio de la mancebía, con machacas, chulos, pícaros y tipos anónimos silenciosos y humillados que, no obstante, manifestaban en la mirada una rebeldía soterrada ante una libertad reprimida. Leía los tebeos de El hombre enmascarado, de Fantomas y Juan Centellas; coleccionaba cromos de futbolistas del Barcelona, Calvet, Seguer, Basora, César y Gonzalbo. El horizonte del chaval pudo ser el taller de mecánico, pero su padre, con buen tino, lo matriculó en una academia privada para que estudiara el bachiller y de esta forma el destino se puso a su favor y el chaval pudo llegar a licenciarse en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona.
Manuel Vázquez Montalbán heredó de su padre la conciencia política de izquierdas. La rebeldía universitaria le llevó a afiliarse al PSUC en 1961, a formar parte incluso del comité central, a cumplir con todos los ritos usuales de la clandestinidad, panfletos, células, consignas, contraseñas, nombres de guerra. Sobrevino la consiguiente redada y dio con sus huesos en la cárcel de Lérida. Muchos escritores burgueses deben sus principales lecturas al año en que los mantuvo en la cama una tuberculosis de adolescencia. Vázquez Montalbán aprovechó sus tres años en el talego para amueblar su cerebro de marxismo y de todo lo demás.
Al salir en libertad era un joven con vocación de poeta y literato todoterreno, llevaba la pluma cargada con la idea fija de disparar contra la injusticia social, pero este designio tan noble trató de conjugarlo con la necesidad y esperanza de llegar un día a comer y vivir de este oficio, aunque fuera trabajando en la mina de sal del periodismo como un forzado. Parece que en un momento determinado se gritó a sí mismo: “A Carlos Marx pongo por testigo que nunca más volveré al Raval”. Logró este empeño, pero el hecho de que no se desclasara y nunca dejara de reconocerse en los suyos cuando le llegó el éxito, fue una de sus conquistas.
El horizonte del chaval pudo ser el taller de mecánico, pero su padre, con buen tino, lo matriculó en una academia privada para que estudiara el bachiller.

La crisis de la ONU y el desorden del mundo

 Nueva Sociedad 321 / Enero - Febrero 2026

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) cumplió 80 años –y se apresta a elegir una nueva Secretaría General– en medio de una crisis del multilateralismo profundizada por el segundo gobierno de Donald Trump. Con una reducción presupuestaria producto de un recorte de las contribuciones de Washington y de otras potencias occidentales, muchos buscan que la ONU vuelva a tener una función restringida, como ocurría al momento de su creación.


Giancarlo Summa

El 24 de octubre de 2025 se cumplió el 80°aniversario de la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas, cuyos 111 artículos establecen los principios fundamentales y las principales normas de funcionamiento de la Organización de las Naciones Unidas (onu): algo así como la Constitución de una nación. Esta fecha se considera tradicionalmente la del nacimiento de la organización y, en un sentido más amplio, el del sistema multilateral contemporáneo. Se trata de un hito notable, al que casi ninguna otra organización internacional ha logrado llegar; la antecesora directa de la onu, la Sociedad de Naciones, por ejemplo, duró en la práctica menos de 20 años (de 1920 a 1939, aunque no se disolvió oficialmente hasta 1946). Pero, a diferencia de los aniversarios anteriores de 50, 60 y 70 años, esta vez el ambiente no fue festivo ni de celebración. El secretario general de la onu, el portugués António Guterres, grabó un mensaje de tono sombrío. «Llevamos 80 años trabajando para forjar la paz, combatir la pobreza y el hambre, promover los derechos humanos y construir un mundo más sostenible», dijo antes de añadir: «De cara al futuro, nos enfrentamos a desafíos de magnitud asombrosa: conflictos crecientes, caos climático, tecnologías desbocadas y amenazas al tejido mismo de nuestra institución»

Una semana antes, Guterres había sido aún más explícito. Hablando ante la Quinta Comisión de la Asamblea General de la onu, que se ocupa de la administración de la organización, había advertido que esta se encontraba en una «carrera hacia la quiebra»2. Se refería a una quiebra financiera. A lo largo de todo 2025, el congelamiento de las contribuciones de Estados Unidos, determinado tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, y el retraso en los pagos por parte de otros grandes países, como China y Rusia, crearon una falta de fondos dramática y sin precedentes en todo el llamado Sistema de las Naciones Unidas, el conjunto de cerca de 50 agencias, fondos, programas y oficinas especializadas que a lo largo de las décadas han surgido en torno de la Secretaría (la estructura central, con sede en Nueva York, que abriga al secretario general, a la Asamblea General y sus organismos, al Consejo de Seguridad y a los varios departamentos encargados de asuntos políticos y económicos, misiones de paz, comunicación, etc.). Sin embargo, la crisis más grave de la onu es sobre todo política, y en este caso la quiebra parece ser la de su legitimidad, hoy abiertamente cuestionada por eeuu, la superpotencia mundial que hace 80 años impulsó con más fuerza su creación. 

eeuu empezó a planificar una nueva organización internacional ya a finales de 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial acababa de comenzar y el país aún estaba lejos de entrar en guerra. El presidente Franklin D. Roosevelt autorizó al entonces secretario de Estado, Cordell Hull, a comenzar estudios secretos dentro del Departamento de Estado, con el objetivo de diseñar un nuevo sistema de seguridad internacional una vez finalizada la guerra. Un periodista y economista nacido en el antiguo Imperio Ruso en una familia judía antizarista que emigró a eeuu a principios del siglo xx, Leo Pasvolsky, fue el principal animador del proyecto secreto y quien redactó el borrador de la Carta fundacional. El nacimiento de la onu, en 1945, fue un «acto de creación» deliberado por parte de un pequeño grupo de responsables políticos estadounidenses y aliados que aprendió del fracaso de la Sociedad de Naciones y diseñó una institución que equilibraba los privilegios de las potencias vencedoras con una participación más amplia y formalmente igualitaria del resto de los países3. La Carta de la Naciones Unidas, aprobada en la Conferencia de San Francisco (abril-junio de 1945), resultó así de una mezcla de idealismo («preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra», afirmar los «derechos humanos fundamentales» y reconocer la «autodeterminación de los pueblos», lo cual facilitaría el camino a los procesos de descolonización) y realismo duro (principalmente, a través del derecho de veto garantizado a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: eeuu, la Unión Soviética, el Reino Unido, Francia y China). 

La inteligencia artificial y el nuevo espíritu del capitalismo

 septiembre 2025

La inteligencia artificial suele ser presentada como sinónimo de progreso y como una tecnología neutral y sofisticada. Sin embargo, en The AI Con [La estafa de la IA], la lingüista Emily M. Bender y la socióloga Alex Hanna revelan que detrás de estos modelos operan decisiones políticas, intereses corporativos y un discurso construido para desactivar la crítica.

Luke Munn



«Inteligencia artificial» (IA) es tanto un término de marketing como un conjunto diferenciado de arquitecturas y técnicas de computación. La IA se ha convertido en una fórmula mágica para que los emprendedores atraigan capital inicial para proyectos dudosos, un conjuro empleado por algunos gerentes con el fin de alcanzar instantáneamente el estatus de líderes visionarios.

Evoca, en tan solo dos letras, una imagen de fábricas automatizadas y jefes supremos robóticos, una utopía de ocio o una distopía de servidumbre, según el punto de vista. No se trata solo de tecnología, sino de una poderosa visión acerca de cómo debería funcionar la sociedad y cómo debería ser nuestro futuro.

En ese sentido, la IA no necesita funcionar para funcionar. La precisión de un modelo extenso de lenguaje puede ser dudosa, la productividad de un asistente administrativo hecho con IA puede ser más fácil de afirmar que de demostrar, pero este conjunto de tecnologías, empresas y afirmaciones aún puede alterar los ámbitos del periodismo, la educación, la atención médica, el sector de servicios y nuestro más amplio horizonte sociocultural.

¡Explota la burbuja!

Para Emily M. Bender y Alex Hanna, es necesario pinchar la burbuja publicitaria de la IA.

Bender es profesora de Lingüística en la Universidad de Washington y se ha convertido en una destacada crítica de la tecnología. Hanna es socióloga, ex-empleada de Google y actual directora de investigación en el Instituto de Investigación de IA Distribuida (DAIR, por sus siglas en inglés). Después de haberse unido para mofarse de los adeptos a la IA en su popular podcast Mystery AI Hype Theater 3000, han condensado sus ideas en un libro escrito para el público general. Enfrentan la fuerza imparable de la ola publicitaria de la IA con un escepticismo inquebrantable.

Sergio C. Fanjul «La nostalgia tiene que ver con el placer morboso de saber que has estado vivo»

 


Mariana Toro Nader


Cronofobia. Proveniente del griego ‘cronos’, que significa tiempo, y ‘fobos‘, que significa miedo. Es decir, miedo al paso del tiempo. O, como dice en el libro con ese mismo título el periodista Sergio C. Fanjul, «miedo al tiempo, porque el tiempo lo único que hace es pasar». Nos agobia la certeza del ‘tempus fugit’. Nuestra sociedad asimila mal la fugacidad del tiempo (y de la vida). De allí la nostalgia, la ansiedad, el ajetreo. O quizás tan solo el miedo a que la vida se acabe. A nuestra finitud.

En tiempos de expectativas imposibles, de insatisfacción y constante comparación con las vidas de otros, reina el pánico al envejecimiento y a la muerte. Si nuestra sociedad es, por naturaleza, cronófoba, ¿el miedo al paso del tiempo es en el fondo un miedo a nuestra propia finitud?

Lo que se esconde detrás de la cronofobia es una necrofobia. A mí me da miedo el paso del tiempo en sí mismo, porque me parece que todo va muy rápido. Pero, en el fondo, está el miedo a la muerte. En cambio, el miedo al envejecimiento no creo que tenga que estar tan relacionado. Yo conozco personas que dicen «yo no tengo mucho miedo a morirme, pero sí tengo miedo a envejecer, y sobre todo a envejecer mal». El miedo al envejecimiento puede tener más que ver con el miedo a no cumplir ciertas condiciones que la sociedad impone, desde el aspecto físico fundamentalmente. Y, hoy que la vida está tan laboralizada, cuando dejas de trabajar, mucha gente en vez de tomarlo como una oportunidad para dedicarse al descanso o a la lectura o a sí mismos, lo toman como haber sido expulsados a patadas del mundo productivo y pasar a ser un estorbo.

Los hogares de una sola persona ya casi son mayoría en España: ¿estamos preparados para lo que supone?

 En 13 años, uno de cada tres hogares tendrá un solo habitante. Detrás de este dato hay una sociedad cada vez más envejecida y longeva donde confluyen dos crisis paralelas: la de la vivienda y la de los cuidados. 

  • "El problema es que cada vez vivimos más, pero no vivimos mejor", sostiene Pau Miret, investigador del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Bernie Sanders No reinventó su discurso en la escena nacional; lo venía desarrollando desde que gobernaba una ciudad pequeña

 

Historia Incomprendida


🔥 En plena Guerra Fría, un alcalde de una ciudad de apenas 40,000 habitantes envió en 1981 una carta oficial al gobierno de China pidiendo desarme militar. No era un senador ni un gobernador: era Bernie Sanders, recién electo alcalde de Burlington, Vermont. Desde una posición municipal intentó influir en debates globales sobre militarismo y política internacional, algo casi inédito para un cargo local.
⚖️ Su llegada al poder fue igual de impactante: ganó la alcaldía por solo 10 votos en 1981, derrotando a un demócrata establecido. Ese margen microscópico cambió su vida y, años después, la política nacional. Gobernó durante 8 años (1981–1989) y convirtió la ciudad en un laboratorio.
🏙️ En lo local enfrentó problemas muy concretos: gestión de basura, desarrollo urbano y acceso público al lago Champlain. Impulsó la creación de una ciclovía frente al lago, defendió espacios públicos frente a intereses privados y promovió vivienda accesible. También ayudó a asegurar un equipo de béisbol de ligas menores para dinamizar la economía local.
🎭 Su mandato también tuvo un giro cultural inesperado: el poeta Allen Ginsberg escribió un poema dedicado a Burlington durante su gestión. Sanders promovió festivales y fortaleció la identidad artística de la ciudad, mezclando política municipal con vida cultural.
🤝 Las imágenes de la época muestran a un alcalde cercano: abrazando vecinos, caminando sin grandes dispositivos de seguridad, celebrando victorias en pequeños actos comunitarios. Construyó una reputación de político “de base” mucho antes de sus campañas presidenciales.
📜 Lo más revelador es que muchos de los temas que lo definirían décadas después — desigualdad económica, crítica al militarismo, justicia social — ya estaban presentes en documentos oficiales de los años 80. No reinventó su discurso en la escena nacional; lo venía desarrollando desde que gobernaba una ciudad pequeña con ambiciones sorprendentemente grandes.