Sergio Rodríguez Lascano
Economista y activista mexicano
Debate principal: Tras el vendaval trumpista
Parecería que existe un consenso internacional sobre el carácter fascista del segundo régimen de Trump, sin embargo, toda analogía que busca confirmar una tesis busca aislar los elementos divergentes del fenómeno tal y como se está expresando, lo mismo que de los procesos de resistencia que se vivieron y que se viven. Por todo esto quisiera escribir algunas tesis que ubican los elementos de continuidad y de ruptura. Lo mismo que algunos aspectos que tienen que ver con la resistencia que se vive en el mundo, pero sobre todo en Estados Unidos, frente a este fenómeno.
1. Lo que estamos viviendo es un primer resultado del impresionante proceso de internacionalización de capital; tanto desde el punto de vista de la inversión, como de la deslocalización de los procesos productivos; como del surgimiento de un crecimiento desbordado del capital financiero (bancos de la sombra, Compañías Multinacionales de Inversión, crecimiento inusitado de las deudas de los diversos países, la llegada del capital del crimen organizado a los canales financieros internacionales, el creciente enriquecimiento de las empresas tecnológicas en comparación con las empresas industriales concebidas por el fordismo).
Esta internacionalización del capital no ha significado un aumento en los niveles de crecimiento de la economía (no se trata de que hayan desaparecidos los ciclos, pero una comparación entre los diversos ciclos largos de la economía nos permite ver que no hay equiparación entre los periodos de auge y sus altas tasas de crecimiento, con los periodos de auge del ciclo actual).
2. Esto permitió dos procesos que han marcado la conciencia social: un decrecimiento de la industrialización de los países, antes conocidos como desarrollados, y con ello una pérdida de referencia de clase en la sociedad como tal. La vieja idea que planteó Pier Paolo Pasolini de que el Partido Comunista Italiano era un país dentro de un país, se fue minando hasta desaparecer. La vieja organización de los trabajadores europeos y norteamericanos se fue fracturando, hasta llegar el punto de que, en los barrios obreros de Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, una parte importante de los trabajadores van a las urnas a votar por la extrema derecha (ya sea aquella que sin pudor se declara fascista o por la que hipócritamente se dice democrática, pero busca lo mismo que su hermana gemela). Pero esto va más allá de una cuestión electoral tiene como origen que su rabia, su ira, está siendo canalizada no contra el capital sino contra los migrantes, las mujeres, la población LGBTQIA+.