LA IRONÍA DE LA GANADORA DEL NOBEL DE LA PAZ CONTRA TRUMP



La jueza sudafricana Navanethem “Navi” Pillay fue galardonada este viernes con el Premio Nobel de la Paz de 2026 “por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional”, según informó este viernes el Comité Nobel noruego.
La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, compartió el momento en el que Pillay se enteró que había recibido el premio y bromeó sobre los reclamos del presidente de Estados Unidos.
“Si aplauden un poco más fuerte, quizás comparta el premio con Trump”

Lo que la casa deja fuera. Sobre "Lynchian: El hechizo de David Lynch" por John Higgs

  


Por Maurizio Amendola

Una mujer desnuda cruza una calle en Boise. Sangra por la boca, camina con dificultad y parece no ver a los niños que la observan. Uno de ellos es David Lynch. Su hermano llora. David quiere ayudarla. En el recuerdo, su piel es blanca como la leche. Entonces el recuerdo se detiene. Sin nombre, sin explicación, sin noticias de su destino. John Higgs sitúa esta aparición en las primeras páginas de Lynchiano. L'enchantmento di David Lynch , publicado por nottetempo en traducción de Stefano Piri: un retrato que abarca la vida del director y se pregunta cómo sus imágenes nos llegan y permanecen con nosotros. El recuerdo de Boise abre un camino a esta pregunta. Algo ha pasado por el barrio y, con ello, la idea de seguridad que lo hacía habitable.


El tabú separa lo que una comunidad reconoce de lo que debe mantener a raya. Lo inquietante surge cuando la separación deja de funcionar. Esta dinámica conduce al descubrimiento de un mundo familiar que ya contiene aquello que creía haber excluido. El retrato de Higgs sugiere que el encantamiento lynchiano altera el sentido de pertenencia. Restituye la presencia a aquello que nuestra mirada ha relegado, sin garantizar que podamos acogerlo. El tabú, si bien no es una categoría declarada por Higgs, nos permite seguir en su narrativa el límite cambiante entre lo que reconocemos como nuestro y lo que mantenemos a distancia.

Los pueblos de Idaho son como luces humanas dispersas en una extensión de bosque. Las casas de la posguerra prometen prosperidad y protección. El padre de Lynch, sin embargo, estudia las enfermedades de los árboles, y el niño aprende que el crecimiento y la decadencia habitan la misma materia. Cuando el libro yuxtapone esta enseñanza con el comienzo de Terciopelo azul , donde la cámara desciende bajo el césped bien cuidado y encuentra insectos, la relación entre superficie y profundidad adquiere una precisión física. El césped florece por encima del enjambre que su imagen oculta. La mirada revela que el mundo ordenado del jardín y el de los insectos pertenecen a la misma realidad.

Incluso la mujer encontrada en la calle hace visible lo que el vecindario, aparentemente seguro, mantenía oculto. Higgs sigue sus reapariciones: Dorothy, desnuda y herida en Terciopelo azul ; Ronette Pulaski cruzando el puente del ferrocarril en el episodio piloto de Twin Peaks . Yucta un recuerdo con imágenes cinematográficas, permitiendo que cada una haga más legible a la otra. Esta yuxtaposición preserva la brecha original: esa mujer sigue siendo desconocida. Pero cuando el autor la describe como una visitante de la oscuridad exterior, también introduce un riesgo. La violencia que sufrió puede parecer provenir de un lugar metafísico, cuando en realidad podría haberse perpetrado dentro de una casa similar a las que protegen a los niños.

Fire Walk With Me hace que esta tensión sea insoportable. Higgs recuerda que algunos espectadores asociaban Twin Peaks con el café, el pastel de cereza o la amabilidad de Cooper. La precuela, en cambio, pone de relieve la historia de un padre que viola y asesina a su hija. El regreso al pasado de la serie desvía nuestra atención de la curiosidad por el misterio de la muerte de Laura a su experiencia diaria de miedo y violencia. La recepción negativa inicial de la película puede interpretarse, al menos en parte, como una resistencia a este cambio. El incesto destruye los límites en el mismo lugar que debería protegerlos. La familia se convierte en aquello de lo que deberíamos estar protegidos.

Dentro de la casa de los Palmer, la frontera pasa por el rostro del padre. Leland, quien abusa de Laura, está poseído por Bob, una entidad maligna: el rostro familiar y el del monstruo habitan la misma persona. Higgs observa cómo esta presencia sobrenatural hace más incierta la atribución de culpa, pero también recuerda las cartas que Lynch recibió de mujeres abusadas por sus padres, quienes reconocieron su propia experiencia en Fire Walk with Me . Por lo tanto, podemos interpretar a Bob como una forma visible de la desorientación de Laura: quien debería protegerla se convierte en alguien de quien debe huir, sin dejar de llevar el rostro de su padre. El extraño ya está dentro de la familia. La historia le proporciona una imagen, dejando abierta la cuestión de cómo reconocer, tras esa imagen, al hombre y su responsabilidad.

La brecha entre lo familiar y lo perturbador reaparece en un episodio de la vida de Lynch. En Filadelfia, le muestra a su padre pájaros muertos, un ratón envuelto en plástico y fruta en diferentes estados de descomposición. Los ha dispuesto en el sótano a modo de experimentos y sonríe, feliz de compartir lo que considera bello. Su padre se queda atónito. La casa contiene objetos que normalmente se desechan; la incomodidad surge de la distancia entre sus miradas. Higgs retoma este episodio al describir las imágenes digitales de Inland Empire , consideradas feas y casi amateur, pero adoradas por el director. Lynch sigue encontrando belleza en lo que otros consideran desagradable, desde cuerpos en descomposición hasta las imágenes granuladas del cine digital.

Reducir esta distancia lleva tiempo. Higgs observa que, frente a un cuadro, el espectador puede darse la vuelta y seguir adelante. El cine nos atrapa con el niño de Eraserhead o con Merrick en El hombre elefante . En los capítulos finales, Higgs observa cómo los silencios, las cámaras lentas y los sonidos atmosféricos de Lynch centran nuestra atención en el presente. Una escena dura lo suficiente para que nuestra mirada, una vez disipada la sorpresa inicial, comience a percibir un gesto, una expresión facial o un sonido lejano. Lo que habríamos dejado al margen gana espacio, convirtiéndose en una presencia con la que hemos compartido tiempo. Higgs también recurre a las neuronas espejo y a los hemisferios cerebrales para proponer una explicación a esta forma diferente de prestar atención a las imágenes. El límite entre lo familiar y lo desconocido puede entonces cambiar casi sin que nos demos cuenta. Hemos mirado un poco más de tiempo y el mundo contiene algo más.

La escritura de Higgs también se caracteriza por retornos y yuxtaposiciones. Los veintitrés capítulos cortos siguen la vida del director, con digresiones sobre películas, testimonios y métodos de trabajo. La cronología nos guía, mientras que los episodios regresan y cambian de función: el sótano anticipa la tecnología digital, el santuario frente a Bob's Big Boy encuentra más tarde su origen en los batidos y los cafés diarios. Higgs también entra en la historia como espectador y organizador de un cineclub: después de una proyección de Eraserhead , observa con sorpresa la felicidad en los rostros del público.

En el retrato que hace Higgs de Lynch, lo que lo hace único es la forma en que involucra al espectador. Según el autor, sus películas crean un espacio donde cada persona puede descubrir sus propios sentimientos, sin que cada emoción esté condicionada por las reacciones de los personajes. La narrativa se expande entonces a las coincidencias y los trágicos destinos de sus colaboradores, yuxtaponiendo sus vidas con las atmósferas de las películas. Incluso fuera de la pantalla, algo familiar y a la vez inquietante parece emerger. El azar también entra en la obra de Lynch de maneras muy concretas: el diseñador de producción Frank Silva se convierte en Bob después de que el director lo descubre en el set, o una lámpara encontrada por Dean Stockwell se convierte en su micrófono en Terciopelo azul . Son encuentros inesperados a los que Lynch da cabida, reconociendo en un rostro o un objeto una posibilidad que no había visto antes.

Pero lo desconocido no siempre trae consigo el miedo. En la historia de Higgs, también puede manifestarse como una presencia benévola. El autor atribuye un papel a la meditación en la aparición de la Mujer en el Radiador y en el nuevo final de Eraserhead , que abre la posibilidad de la gracia. Distingue esta transformación de los orígenes del estilo, ya reconocibles antes de que Lynch comenzara a meditar. El libro nos invita así a considerar que la esperanza también puede sorprender y desorientar. El Ángel de Fuego Camina Conmigo y los petirrojos de Terciopelo Azul interrumpen mundos dominados por el miedo. Higgs interpreta estas apariciones como signos de salvación. Sin embargo, en las películas de Lynch podemos percibir un alivio que coexiste con el miedo: el espectador puede sentir que existe una posibilidad de salvación, mientras se pregunta qué sucederá y qué acaba de ver.

En el capítulo sobre raza, sexualidad y clase, Higgs observa que las películas de Lynch presentan muy pocos personajes negros y que los pobres suelen adquirir un aspecto amenazador. En Mulholland Drive , por ejemplo, la figura del indigente tras el contenedor de basura de Winkie's provoca tal terror que quien la ve se desploma. La frontera entre lo familiar y lo extraño también afecta a las personas: algunas habitan el mundo cotidiano de la historia, otras entran en él principalmente para asustar. Higgs compara estas observaciones con el cuidado del director: «Su forma de pensar intuitiva e individualista se veía atemperada por la notable bondad que mostraba hacia los demás». Así recuerda Higgs a Denise, la agente transgénero de Twin Peaks , defendida por Gordon Cole, interpretado por el propio Lynch, contra los prejuicios de sus compañeros. Estos dos aspectos coexisten en el retrato: Lynch sabe cómo retratar con afecto a una persona marginada por los demás, mientras que en otras imágenes encarna el miedo hacia quienes viven al margen de la sociedad. A través de esta tensión, Lynch nos remite a la pregunta inicial. Cuando alguien traspasa los límites de nuestro mundo familiar, ¿su presencia nos permite conocerlo, o simplemente le concedemos un lugar en nuestra pesadilla?

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Maurizio Amendola es escritor y guionista. Se graduó del máster en Escritura Creativa de la Universidad de las Artes ArtEZ. Publicó la novela Il laureando (66thand2nd) y colaboró ​​en el próximo volumen The Works of the Romanian Screenwriters (Bloomsbury).

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