¿Dos legitimidades, un mismo poder?

 


La recuperación y establecimiento de una economía que sea funcional no sólo acompaña la aspiración a conquistar una legitimidad de facto: en la mayoría de las transiciones exitosas eso es, prácticamente, lo que la habilita,

MIBELIS ACEVEDO DONÍS      26/09/2026 


Deber ser o ser. He allí el dilema que ha escoltado una y otra vez las decisiones de actores políticos y sociedades sometidos a interregnos, vacíos de autoridad y crisis orgánicas. Hay que decir que toda transición política arrastra una tensión que la literatura clásica rara vez resuelve con elegancia y sin “ascos” morales: el poder que emerge de una ruptura -negociada, impuesta o sobrevenida- casi nunca nace con el título de propiedad completo. Carece de lo que Weber llamaría el fundamento legal-racional o carismático de la obediencia: un mandato claro, verificable, aceptado por todos los actores relevantes. Siguiendo una distinción más operativa que la weberiana, a esa carencia solemos designarla como legitimidad de origen, la obtenida por vías procedimentales: una elección limpia, una sucesión constitucional indiscutida, un pacto reconocido por todas las partes.

Junto a ella aflora una segunda fuente de autoridad, menos vistosa y más acumulativa, que, pensando en la Unión Europea, Fritz Scharpf bautizó como legitimidad output: la que se gana gracias al “buen gobierno”, resolviendo problemas concretos, exhibiendo resultados verificables, garantizando rendición de cuentas; una que se despliega junto a la capacidad de adaptabilidad a los cambios. En ese sentido, la realidad no admite canjes sin beneficios. Un poder con origen dudoso puede entonces, con el tiempo, “comprar” aceptación mediante desempeño. Y un poder con origen incuestionable puede erosionarse hasta la irrelevancia si no entrega nada que lo reivindique.

Un marco pragmático nos invita a analizar el problema de marras no tanto desde un punto de vista normativo, lo que "debería ser" y ocurrir en una transición; sino, más bien, descriptivo y prescriptivo de lo que “es”. Dado que origen y desempeño rara vez coinciden en el arranque de una transición a la democracia, ¿cómo administrar ese desfase para que el segundo termine construyendo lo que vendrá, en lugar de sustituir al primero? De cara al opositor o el reformista atrapados en una vorágine que no siempre controlan, ¿cómo gestionar el conflicto inevitable entre quienes reclaman el origen y quienes exhiben y controlan el desempeño, sin que la política se convierta en forzosa guerra por otros medios?

Recordemos que la transitología clásica -volvemos a la obra ya harto citada de O'Donnell y Schmitter- describe las transiciones como procesos de incertidumbre deliberadamente organizada: los actores aceptan reglas cuyos efectos no regulan, porque prefieren esa incertidumbre acotada a la certeza de un conflicto sin reglas. La fórmula de transformación desde arriba y reemplazo desde abajo o "transplacement" negociado, determina a su vez cuánta legitimidad de origen sobrevive al tránsito (si sobrevive), y cuánta queda por construirse después, sobre la marcha. Linz y Stepan suman acá la pieza que más pesa de cara al conflicto: una democracia se consolida cuando se vuelve "the only game in town”, el único juego posible. Esto es, cuando ningún actor relevante, ni siquiera el que pierde, contempla seriamente salirse del tablero. Un juego que se autoimpone con el tiempo, según anticipa Przeworski, quien afirma que la democracia se sostiene no porque nadie pueda perder, sino porque a todos les conviene más aceptar la derrota de hoy que arriesgarse a un sistema sin reglas ni garantías en el que mañana puedan perder todo.

Ninguno de estos autores, sin embargo, trabajó explícitamente el par conceptual origen/desempeño, pero la lógica combinada permite una tesis: la legitimidad de desempeño no es un sustituto cosmético de la de origen. Podría ser, bien administrada, el insumo con el que se costea la reforma institucional que a la larga repararía ese origen disputado. El desempeño, pues, compra tiempo. La pregunta del millón -y la que cruza transversalmente los cansones ciclos en el caso venezolano- es en qué se invierte ese tiempo y cómo puede ser aprovechado para la construcción de una “República perdurable”, según propone Marco Rubio.

El error más común por parte de un poder cuya legitimidad de origen está severamente cuestionada es malgastar esa oportunidad de desempeño en perpetuarse a sí mismo, en lugar de construir instituciones que sobrevivan a su propio mandato. Aparte de casos paradigmáticos como los de España (1975-82), Polonia (1989-91) o Ghana (1992-93), vale citar otros menos trajinados para ilustrar como pudo domeñarse esa nociva tentación. En la Indonesia de 1998, por ejemplo, B.J. Habibie llegó a la presidencia sin haber sido electo para el cargo, como vicepresidente de un dictador de 32 años derrocado por protestas estudiantiles. El déficit de origen no podía ser mayor. Gobernó apenas diecisiete meses, y su propio partido lo consideraba un títere transicional. En ese lapso levantó las restricciones a la prensa, liberó presos políticos, redujo la representación militar reservada en el parlamento, fijó límites a la reelección presidencial y, en un giro que sorprendió a su propio gabinete, convocó el referendo de autodeterminación de Timor Oriental bajo supervisión de ONU. Habibie nombró un comité para redactar leyes menos restrictivas, permitió la prensa libre, organizó elecciones competitivas y aceptó límites a la reelección presidencial. No pudo sostenerse en el poder (se retiró de la contienda de 1999 ante el desgaste de su gestión) pero dejó una armazón institucional que sus sucesores no pudieron desmontar. Su desempeño no lo salvó a él; salvó a la reforma.

En Benín (1990), por otro lado, y ante la asfixia económica, el general Mathieu Kérékou, marxista-leninista con dieciocho años en el poder, acordó convocar una Conferencia Nacional de "fuerzas vivas" que él mismo no controlaba. La Conferencia se autoproclamó soberana y le retiró de facto el gobierno en favor de un primer ministro opositor, Nicéphore Soglo. Kérékou aceptó permanecer en funciones durante ese curso, pero tras derogarse la Constitución de 1977, se instaló un gobierno de transición dirigido por Soglo. Aunque pidió no ser obligado a dimitir, Kérékou pidió perdón al pueblo y anunció que las decisiones de la Conferencia se aplicarían al pie de la letra. Perdió las elecciones de 1991 y entregó el poder sin resistencia, disculpándose públicamente por los abusos de su gobierno. Lo significativo es lo que vino después: en 1996 volvió a presentarse, ganó limpiamente y gobernó dos períodos respetando el límite constitucional que él mismo había ayudado a fundar. Benín inauguró así el modelo de "conferencia nacional soberana" que luego se replicó en buena parte del África francófona: fórmula para convertir una crisis de origen en un proceso constituyente que ni siquiera el actor saliente pudo capturar para sí.

Una controversia condiciona estos procesos: ¿cómo administrar el conflicto sin sofocar la política; como evitar que este derive en enemistad absoluta? Pensando en el antagonismo schmittiano y en el antídoto conceptual de Mouffe, el agonismo, cabe observar que ese tránsito hacia la rivalidad tolerable rara vez ocurre por alguna suerte de conversión milagrosa. Ocurre porque actores con incidencia resuelven, en algún punto, moderar deliberadamente la intensidad del conflicto, aun teniendo argumentos y “razón moral” -incluso votos- para no hacerlo. Otro caso, el de Bolivia en 1985 (una legitimidad de desempeño atada a la estabilización dolorosa pero efectiva que impulsó Paz Estenssoro, quien llega al poder con respaldo de Hugo Banzer, dueño de la primera mayoría relativa) nos habla de un cálculo interesado, no un acto de altruismo, lo cual es precisamente lo que lo hace replicable. El agonismo funciona si se ata a la calibración racional, no cuando depende exclusivamente de la deseable pero frágil virtud. Una gestión realista del conflicto, más que la búsqueda de una fórmula sin costo alguno, implica entonces la elección consciente de aquellas pérdidas que se está dispuesto a absorber para no clausurar la política.

En el caso venezolano -problematizado, además, por la tutela estadounidense- toca prever consideraciones y amenazas singulares, eso sí. La recuperación y establecimiento de una economía que sea funcional no sólo acompaña la aspiración a conquistar una legitimidad de facto: en la mayoría de las transiciones exitosas eso es, prácticamente, lo que la habilita. Pero hay un riesgo que Terry Karl desmenuza en The Paradox of Plenty (1997). Cuando esa recuperación depende de una renta extractiva capturada desde arriba, suele financiar lealtades, no instituciones; compra paz social a corto plazo, aunque sin construir capacidad estatal. Un desempeño "barato", una legitimidad rápida de agenciar pero que no deja infraestructura institucional presta a contener asimetrías si el precio de los commodities cae o el control de la renta cambia de manos, incorpora un matiz que debe alertarnos especialmente. ¿Logrará el gobierno encargado, contra todo sombrío pronóstico, superar esa sentencia previa y poner foco en las reformas de fondo, en subsanar los daños, en garantizar la estabilidad democrática? ¿Desafiará con hechos la presión de esas voces que lo arrastran a la regresión permanente? That is the question.

¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? – Adela Cortina

 

a inteligencia artificial (IA) nació en el pasado siglo, cargada de amenazas y también de promesas. Tanto los temerosos frente a las amenazas como los entusiastas de las promesas reclamaron dotar a la IA de una ética.

El monstruo de Frankenstein inspiraba esa frankenfobia que exigió una ética para las máquinas, capaz de defender a los seres humanos frente a sus posibles perjuicios, pero sobre todo capaz también de extraer los grandes beneficios que pueden aportar los sistemas inteligentes cuando se toman como instrumentos al servicio de los seres humanos y de una sostenibilidad justa de la naturaleza.

En el extremo contrario, los entusiastas de la revolución 4.0 aseguraron que la IA ayudaría a resolver los problemas de la vida cotidiana, introduciendo la magia de los algoritmos para tomar decisiones en todos los ámbitos de la vida social, incluso dejando esas decisiones en sus manos, sustituyendo los débiles cerebros humanos por la fuerza de la computación o la conectividad.

Y, yendo aún más allá, un buen número de tecnocientíficos aseguraron que acabaremos con la enfermedad, la vejez y la muerte. Que, incorporando valores morales a las máquinas, como el amor, la compasión y la solidaridad, crearemos una nueva especie superior a la humana conocida. Un mundo de paz y felicidad, que pondrá fin al reinado del Homo sapiens, a la época del Antropoceno, marcada por las guerras y la depredación de la naturaleza.

¿Esta segunda opción merece el nombre de «ética» o el de «ideología»? ¿No se está calificando como ciencia lo que no lo es para atraer suculentas inversiones, conformar las mentalidades e incluso ganar en la competencia por el poder mundial?  El primer deber de una ética de la ciencia es no engañar. 

Por desgracia, desde ese afán de veracidad nos encontramos con un obstáculo difícilmente salvable, planteado por la estructura misma de las plataformas, las redes y los algoritmos que nacen de esta nueva revolución. La gran pregunta ética es siempre ¿hacia dónde queremos ir?, ¿cuál es la brújula que debe orientar la construcción de mapas de carreteras que habrán de ir cambiando con el tiempo necesariamente?

Somos los seres humanos quienes tenemos capacidad de dialogar y decidir hoy por hoy, pero tomar decisiones conjuntas implica hacerlo desde un «nosotros» sin exclusiones, que, valiéndose de los sistemas inteligentes, busque las respuestas adecuadas. Sin embargo, el aumento de la conectividad, gracias a las redes, que debería llevarnos a poder decidir conjuntamente, deliberando, qué queremos hacer de nuestro futuro, no mejora la comunicación veraz. Por el contrario, triunfa una vez más la razón estratégica, que pasa a ocupar todo el espacio público, y se produce el eclipse de la razón comunicativa. Es esta una pésima noticia si queremos fortalecer la democracia, que es una tarea urgente, porque está en peligro en el ámbito mundial. Y,  por supuesto, en España, Europa y América Latina.


Este texto es un fragmento del libro ‘¿Ética o ideología de la inteligencia artificial?’ (Paidós, 2024), de Adela Cortina.

Ética mínima

Ética mínima
 
   
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Nuestro tiempo es tiempo de modestia: época light. La reflexión huye de los grandes sistemas y la acción de las grandes empresas. ¿Quién ambiciona ya descubrir la verdad, alcanzar el bien, practicar la justicia? ¿Quién pretende poseer el secreto de la felicidad? Pequeñas verdades, minúsculos bienes, fragmentos de justicia, retazos de felicidad nos ayudan, si no a «vivir bien», en el hondo sentido de los clásicos, al menos a «pasarlo bien»: a pasarlo lo mejor posible. Y, sin embargo, las preguntas por la rectitud y la justicia, por la legitimidad del poder y la esperanza de salvación continúan pidiendo respuesta a una cultura que precisa contestarlas pata recobrar su sentido. Abordar tales cuestiones es el propósito de este libro. Para ello se interna en ese ámbito del saber llamado «práctico», desde las cuatro dimensiones que lo configuran: moral, política, derecho y religión. Desde ellas se alumbra hoy, si no una ética de máximos -una ética del ethos y la felicidad, como la que Aranguren, prologuista del libro, nos regaló hace tiempo-, una ética de mínimos; si no una magna moralia, una ética mínima. Pero una ética que se resiste a renunciar a lo mejor que hemos aprendido tras siglos de historia: el valor de la autonomía humana y la necesidad de un consenso -entendido como concordia, no como estrategia- para la organización de la vida jurídica y política.

Archipiélago GULAG Aleksandr Solzhenitsyn

 


Archipiélago Gulag es una obra del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn que denuncia el sistema de represión política en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El extenso texto, compuesto por piezas autónomas, fue redactado entre 1958 y 1968, partiendo de la propia experiencia del autor y la de más de dos centenares de testimonios orales de aquellos compañeros de campos de concentración, prisión, trabajo y «reeducación» (Gulag) que depositaron en él la historia de sus vidas.

La hija del optimista.-Eudora Welty. BAJAR LIBRO

 

La hija del optimista.-Eudora Welty.



Galardonada con el prestigioso Premio Pulitzer, La hija del optimista es, sin duda, la obra maestra de Eudora Welty. En la tradición de la más brillante novela sureña —de la que forman parte William Faulkner, Truman Capote, Robert Penn Warren y Carson McCullers—, narra la historia de Laurel McKelva, una mujer de mediana edad que viaja a Nueva Orleans para hacerse cargo de su padre, un juez retirado que ha de someterse a una operación quirúrgica. El juez no logra recuperarse, y muere lentamente. Será entonces cuando Laurel emprenda un largo viaje de regreso a su hogar familiar en Mount Salus, Mississippi, llevando consigo el cuerpo de su padre, y siempre vigilada por la segunda esposa de éste, Fay, una mujer orgullosa y más joven que Laurel. En la enorme casa, rodeada de sus antiguos conocidos y de las paredes que la vieron crecer, Laurel ha de enfrentarse a los fantasmas de su juventud y a las deudas del pasado.

Un hombre en la oscuridad.-Paul Auster LIBRO COMPLETO

 Un hombre en la oscuridad.-Paul Auster


August Brill ha sufrido un accidente de coche, y se está recuperando en casa de su hija, en Vermont. No puede dormir, e inventa historias en la oscuridad. En una de ellas, Owen Brick, un joven mago que ha adoptado el nombre artístico de «El Gran Zavello», despierta en el fondo de un foso de paredes muy lisas que no puede escalar. No sabe dónde está ni cómo ha llegado hasta allí, pero oye el ruido de una batalla. 

Una bendición.-Toni Morrison

 

Una bendición.-Toni Morrison

El miedo y la pasión son sentimientos que nos hacen caminar al límite de nuestras fuerzas y nos empujan hacia delante, recorriendo caminos arriesgados. Florens, una joven de dieciséis años con manos de esclava y pies de princesa, recorre un largo trecho para buscar al hombre libre que llegó un día a la granja donde ella trabaja y fue capaz de curar la enfermedad del Dolor, una esclava, pero que al irse se llevó el amor de Florens.

Alfonsina Storni Esta noche al oído me has dicho dos palabras

 Alfonsina Storni

 

Imagen de Ana Briden

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras 
Que de viejas son nuevas.

La muerte de Iván Ilich León Tolstói Genial OBRA MAESTRA de la literatura.


La muerte de Iván Ilich es una de las obras maestras del escritor ruso León Tolstói, publicada originalmente en 1886. Esta novela corta destaca por ser una de las reflexiones filosóficas y psicológicas más profundas de la literatura universal acerca de la mortalidad, la hipocresía social y la búsqueda de redención en los últimos momentos de la existencia.

Jacobo Grinberg-Zylberbaum fue un destacado neurofisiólogo y psicólogo mexicano LIBROS

 


Jacobo Grinberg Zylberbaum (Ciudad de México, 12 de diciembre de 1946) es un neurofisiólogo y psicólogo mexicano, desaparecido desde diciembre de 1994. Con dedicación al estudio del chamanismo, la conciencia, la parapsicología, las disciplinas orientales, la meditación y la telepatía, ha escrito 54 libros,

La teoría sintérgica

La teoría sintérgica de Jacobo Grinberg propone que existe un continuo espacio de energía y que el ser humano común solo puede percibir una parte de este. El resultado de este proceso es lo que todo el mundo entiende como "realidad".[5] Esta teoría intenta responder a la pregunta de la creación de la experiencia.[4] El libro El cerebro consciente se tradujo a siete idiomas.


La teoría sintérgica nació de su trabajo con Bárbara Guerrero,[6]médium, curandera y sanadora mexicana conocida como Pachita, quien realizaba cirugía psíquica. Grinberg escribió un libro, Pachita, donde analizaba las bases científicas de sus experiencias con ella. También la incluye en su libro Chamanes de México. Grinberg estaba intrigado por la reputación de Pachita, por lo que siguió sus procedimientos durante alrededor de un año. Llegó a la conclusión de que la habilidad de Pachita para sanar era el resultado de dos diferentes realidades: por un lado, la presencia de un campo neuronal que rodea el cerebro como, por el otro, la presencia de una red espacio-temporal.


Jacobo Grinberg-Zylberbaum.El Cerebro Consciente, Psicofisiología de la Conciencia 2Editorial Trillas México, 1979Todos los derechos ...


Boves, el urogallo Francisco Herrera Luque

 


Boves, el urogallo es una de las novelas históricas más importantes de la literatura venezolana, escrita por el psiquiatra y escritor Francisco Herrera Luque y publicada originalmente en 1975.

El perfil psicológico: Herrera Luque utiliza su perspectiva como psiquiatra para analizar la mente de Boves. Lo retrata no solo como un monstruo despiadado, sino como un resentido social guiado por el trauma, el rechazo de la aristocracia mantuana y una sed insaciable de venganza.El apodo ("El Urogallo"): El urogallo es un ave heráldica de Asturias (tierra natal de Boves) conocida por su agresividad, soberbia y por el hecho de que, al entrar en su época de celo y canto, se vuelve sorda y ciega ante el peligro, una analogía perfecta para la furia destructiva del caudillo.La "rebelión popular": La novela muestra cómo Boves logró aglutinar a las masas olvidadas (llaneros, pardos, esclavos e indígenas) no por una causa política o de lealtad real a la Corona española, sino bajo la promesa de destruir a los mantuanos blancos que los oprimían, desatando una brutal guerra de castas.


La obra retrata la vida de José Tomás Boves, un militar asturiano que se convirtió en uno de los caudillos más temidos, crueles y determinantes de la Guerra de Independencia de Venezuela.


Alrededor de la psiquis deambula el personaje de Boves, el urogallo, cuyo protagonismo lo producen las circunstancias.  


Boves, el urogallo

Boves, el urogallo
 
   
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José Tomás Boves, el guerrero asturiano, el paladín de la anti república, el destructor entusiasta del orden colonial, cobra vida en las páginas de esta novela para despertar pasiones entre ávidos lectores. Francisco Herrera Luque nos presenta uno de los perfiles psicológicos de la cultura venezolana e hispanoamericana más controversiales: Boves el temido, Boves el amado, se encuentran aquí para desentrañar la importancia del mito del antihéroe dentro de la historia nacional.

"Esta es la historia verídica, fabulada y verosímil de José Tomás Boves, aquel fabuloso guerrero asturiano, que entre 1813 y 1814 fue el paladín de la antirrepública, el destructor afiebrado del orden colonial y el primer caudillo de la democracia en Venezuela."

Des(hu)manización: la pérdida del mundo y el olvido de las manos

 Las manos operan como umbral y como puente, constituyen nuestra principal vía de inserción en el mundo. Contactamos con lo real, lo palpamos y lo sopesamos mediante los dedos, que encarnan de manera inequívoca nuestra finitud.


Carlos Javier González Serrano      @aspirar_al_uno

Aristóteles escribió en De anima (Libro III, Cap. 8) que, en cierto modo, «el alma es todas las cosas», en tanto que puede concebir cualquier realidad: el alma se convierte en aquello que comprende o intenta comprender. Esta afirmación cobra pleno sentido cuando, análogamente, reparamos en nuestras manos: igual que el alma (ψυχή), la mano es una materialidad capaz de amoldarse a todas las materialidades, un órgano plásticamente abierto a la totalidad del ser. Podría decirse que las manos son la encarnación de nuestras almas.

En este sentido, deberíamos preguntarnos con urgencia de qué estamos llenando nuestras manos y, en paralelo, de qué estamos atiborrando nuestras almas. Las manos operan como umbral y como puente, constituyen nuestra principal vía de inserción en el mundo. Con-tactamos con lo real, lo palpamos y lo sopesamos mediante los dedos, que encarnan de manera inequívoca nuestra finitud y la inconmensurable belleza de lo caduco: entrelazamos nuestras manos con la persona amada, compartimos el alimento en la mesa, abrazamos al amigo y lo apretamos con nuestro pecho mediante las manos o saludamos con unas manos que envejecen, se deterioran y quedan marcadas por los surcos que se van horadando con el paso del tiempo.

Amordazados por la hegemonía de lo liso y lo pulido y de superficies que eluden el desgaste, y atenazados por el comercial instinto de poseerlo todo, nuestras manos persisten en recordarnos el incuestionable encanto de lo perecedero: la mano es alegoría del amparo recíproco, de la responsabilidad en el mutuo cuidado y, en la despedida, de la sabiduría del saber desprenderse, de la desposesión –que renuncia a la frenética apropiación–. La única inmortalidad que nos es dada es la del gesto que no olvida al otro: la mirada, un rostro que nos atiende. Las manos guardan el recuerdo (re-cordis, hacer pasar de nuevo por el corazón) de la atención por el otro.

El laberinto de la soledad Octavio Paz

 


El laberinto de la soledad es una de las obras cumbres del escritor mexicano Octavio Paz, publicada originalmente en 1950. Se trata de un extenso ensayo que analiza la identidad, la historia y la psicología del mexicano, explorando los traumas históricos que dan forma a su cultura y a su constante sentimiento de aislamiento.

Ideas principales

La soledad como condición: Paz plantea que la soledad es el fondo último de la condición humana, pero en el mexicano se manifiesta como una herida histórica y un aislamiento consciente.

José Pablo Feinmann popularizó la filosofía en Argentina LIBROS


 

José Pablo Feinmann (1943–2021) fue un célebre filósofo, escritor, ensayista y conductor de televisión argentino. Es ampliamente reconocido por haber sido el gran divulgador que popularizó la filosofía en Argentina, especialmente a través de su masivo y aclamado programa de televisión "Filosofía aquí y ahora" transmitido por Canal Encuentro