Vídeo Así es el uso ultra de la IA como arma política: rap al servicio del odio y discursos racistas

 En este vídeo analizamos la estrategia ultra de propagar discursos de odio a través del uso de inteligencia artificial, con la creación de personajes e influencers para difundir mensajes de extrema derecha.

Imagen del rapero ultra generado con IA como instrumento de The Node Project
Virginia Simón Vega

Madrid-

Resulta indiferente si dicen la verdad o mienten: ya no cabe la distinción entre verdad y mentira porque todo acaba siendo opinable.

 17 julio   2020

Russell Crowe en un cartel de promoción de la serie The Loudest Voice. || Telos.

Política espectáculo: la intoxicación de la realidad

Resulta indiferente si dicen la verdad o mienten: ya no cabe la distinción entre verdad y mentira porque todo acaba siendo opinable. El resultado no es solo la banalización de la realidad sino el regreso de la propaganda frente a la información de los hechos.


Mario García de Castro

Debemos a la televisión, como dijo Umberto Eco, la emisión de los hechos en tiempo real, y a Internet y las redes sociales, como diría Mark Zuckerberg, la máxima eficacia o la sobredimensión de esa difusión en directo. Esto ha acarreado un doble efecto social, por una parte, la mayor transparencia en detalles que antes permanecían opacos, como por ejemplo el video de la muerte por asfixia de un hombre negro por parte de un policía blanco en Estados Unidos, pero por otra la multiplicación de la propaganda y la intoxicación interesada de los hechos de la realidad, como por ejemplo la proliferación de la demagogia y el oportunismo político de líderes y formaciones populistas.

El viejo debate sobre la influencia de la televisión política en la opinión pública se ha reforzado con la multiplicación que ofrecen las redes sociales. La polémica hoy es confirmar si este nuevo sistema mediático, que permite un más fácil acceso a la realidad, también ha favorecido su mayor o mejor conocimiento. Sin embargo, parece que la extensión del rumor, el juicio de valor o las fake news stories ha sustituido hoy a la vieja hegemonía de los hechos factuales.

David Eagleman - El Cerebro. Nuestra Historia (2017) Texto completo

 


David Eagleman - El Cerebro. Nuestra Historia (2017)

Índice Portada Introducción 1. ¿Quién soy? 2. ¿Qué es la realidad? 3. ¿Quién está al mando? 4. ¿Cómo decido? 5. ¿Le necesito? 6. ¿Quiénes seremos? Agradecimientos Notas Glosario Créditos

INTRODUCCIÓN

Debido al rápido avance de la ciencia del cerebro, rara vez se da un paso atrás para ver las cosas en perspectiva, para evaluar qué significan nuestros estudios en nuestras vidas, para discutir con palabras sencillas qué significa ser una criatura biológica. Éste es el propósito de este libro. La ciencia del cerebro es importante. La extraña materia computacional que hay dentro de nuestro cráneo es la maquinaria perceptiva mediante la que nos movemos por el mundo, la materia de la que surgen las decisiones, el material a partir del cual se forja la imaginación. Nuestros sueños y nuestra vida brotan de sus miles de millones de dinámicas células. Comprender mejor el cerebro supone arrojar luz sobre aquello que consideramos real en nuestras relaciones personales y sobre lo que consideramos necesario en nuestra política social: cómo luchamos, cómo amamos, qué aceptamos como cierto, cómo deberíamos educar, cómo podemos elaborar una mejor política social, y como diseñar nuestros cuerpos para los siglos venideros. En los circuitos microscópicamente pequeños del cerebro se graba la historia y el futuro de nuestra especie. Dado el papel central que ocupa el cerebro en nuestras vidas, en una época me preguntaba por qué nuestra sociedad habla tan poco de él y prefiere llenar las pantallas de televisión de chismorreos famosos y reality shows. Pero ahora considero que esta falta de atención al cerebro no hay que considerarla una deficiencia, sino una señal: estamos tan atrapados dentro de nuestra realidad que nos cuesta muchísimo comprender que estamos atrapados dentro de lo que sea. A primera vista, parece que quizá no hay nada de que hablar. Naturalmente que los colores existen en el mundo exterior. Naturalmente que la memoria es como una cámara de vídeo. Naturalmente que conozco las verdaderas razones que explican mis creencias. Las páginas de este libro harán que nos planteemos todos nuestros supuestos. Al escribirlo, he pretendido huir del modelo del libro de texto a fin de arrojar luz sobre un nivel de investigación más profundo: cómo decidimos, cómo percibimos la realidad, quiénes somos, qué gobierna nuestras vidas, por qué necesitamos a los demás y hacia dónde nos dirigimos como especie ahora que comenzamos a hacernos con las riendas de nuestro destino. Este trabajo pretende salvar el abismo existente entre la literatura académica y las vidas que llevamos en cuanto poseedores de un cerebro. Este enfoque diverge de los artículos que escribo para las publicaciones académicas, e incluso de mis otros libros sobre neurociencia. Este libro se dirige a un tipo distinto de público. No presupone ningún conocimiento especializado, sólo curiosidad y ganas de explorarse a uno mismo. Así que abróchense los cinturones para una visita relámpago a nuestro cosmos interior. En la maraña infinitamente densa de miles de millones de células cerebrales y sus miles de billones de conexiones, espero que sean capaces de vislumbrar y descubrir algo que a lo mejor no esperaban ver. A ustedes.

La búsqueda de sentido ha sido una de las cuestiones clave de la experiencia humana.

18 marzo  2026

 



Manuela Cantón

«Hay una apropiación selectiva de elementos de la religión tradicional en clave espiritual o ‘new age’»

Mariana Toro Nader

La búsqueda de sentido ha sido una de las cuestiones clave de la experiencia humana. Desde el inicio de sus tiempos, ávida de sentido, los seres humanos se han preguntado por qué estamos aquí, para qué y qué viene después. A lo largo de la historia, distintas corrientes religiosas han buscado ser una vía para dar respuesta a esas preguntas. La doctora en Antropología Social Manuela Cantón, profesora titular en el Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla y autora del libro La imaginación en llamas’ (Ariel, 2026), habla sobre el ‘boom’ de la estética religiosa en la cultura pop, el auge del catolicismo entre los jóvenes y las espiritualidades contemporáneas.


En los últimos meses, se ha dado un boom de la estética religiosa en las industrias culturales. Obviamente, con Rosalía como su mayor exponente, pero también con el éxito de la película Los domingos. ¿Por qué la religión se ha vuelto algo cool? ¿Es un fenómeno que va más allá de la mera iconografía?

No sé si la religión ha vuelto a ser cool en España porque me parece que nunca fue exactamente cool, pero lo cierto es que va dejando de ser algo inequívocamente rancio. La estética religiosa y la disposición abierta a la experiencia espiritual que parece abrirse paso apunta a una disolución inesperada del estigma asociado a las creencias y prácticas religiosas. Aún más inesperada porque viene protagonizada por sectores jóvenes de la población que parecen estar dando la espalda al agnosticismo, la indiferencia religiosa o un anticlericalismo atribuible al pesado papel jugado por el nacional-catolicismo en el siglo XX, durante la dictadura franquista. Esa desestigmatización de lo religioso, más que de lo espiritual, desestabiliza nuestras certezas en torno a los rumbos del proceso de secularización. Está vinculada al empuje de movimientos como Hakuna, fuertemente conservador y liderado por jóvenes acomodados que dominan el marketing, las redes y la música cristiana. Y está vinculado también a la recuperación joven de ciertos valores tradicionales asociados a una ideología de ultraderecha. Pero la religión no vuelve en su formato regulador y estructurante; son funciones que no parece que vaya a recuperar. Se trata más bien de una apropiación selectiva de ciertos elementos de la religión tradicional en clave espiritual o neoeriana (de Nueva Era o New Age) y en un contexto de imparable pluralismo religioso.

Justamente, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) presenta datos que, en pleno siglo XXI, podrían parecer sorprendentes: entre 2023 y 2025, los jóvenes españoles que se declaran católicos han pasado del 34% al 41%. Desde la perspectiva de la antropología social, ¿a qué responde esta subida? ¿Se debe, por ejemplo, a que vivimos en un mundo cada vez más incierto, de guerras e individualismo y con un futuro que parece abolido?

La antropología social exige desactivar en el investigador la irritación hacia aquello que no le cuadra o le disgusta, y aquí estaríamos ante fenómenos que resultan tan inesperados como, quizá, chocantes. Lo son porque estábamos convencidos de la extinción de las religiones, pero desde la antropología social nunca se asumió enteramente la teoría sociológica de la secularización como horizonte inevitable. Porque esa teoría estuvo pensada para Europa y los antropólogos tienen una larga tradición de trabajos etnográficos en contextos no occidentales. En cualquier caso, no me parece que atribuir este cambio reciente en las sensibilidades religiosas a las guerras, el individualismo o el futuro incierto contribuya a un mejor entendimiento del fenómeno. Las guerras, el individualismo y el futuro incierto bien podrían explicar justo las tendencias contrarias. Hay un componente de rebeldía amable y domesticada (un oxímoron) en la reivindicación de posturas morales, sexoafectivas y familiarmente retrógradas en rechazar los avances del progresismo de izquierdas, que no se entienden o no se han hecho entender, quizás porque se ha nacido ya dentro de sus logros, O en la desafección hacia el feminismo, al que muchas jóvenes consideran parte del establishment y muchos jóvenes simplemente una amenaza. Se va imponiendo una interpretación simplificadora de los avances en materia de derechos, pero la simplificación tiene la mecha corta y las redes a su entera disposición; la problematización reflexiva y crítica, en cambio, cansa. Más aún en plena era de la atención secuestrada.

«La estética religiosa y la disposición abierta a la experiencia espiritual apuntan a una disolución inesperada del estigma»

En Cuna de gato, Kurt Vonnegut crea una religión ficticia llamada bokononismo: los «libros de Bokonon» brillan por sus preceptos delirantes, «mentiras inofensivas» que aparentan profundidad y se quedan en lo absurdo. Usted dice que «el desdén racionalista hacia las religiones no debería llevarnos a descartar que sea, precisamente, la presunta sinrazón de la espiritualidad lo que la vuelve aún más atractiva». ¿Por qué atrae la sinrazón? ¿Qué se juega ahí

No hay más que mirar alrededor, leer un periódico o intentar tramitar algo en cualquier administración para comprobar que Kafka debería estudiarse en las escuelas. La obra de Vonnegut y el culto religioso delirante que ingenia es deudor del absurdo kafkiano: fabrica mentiras porque la verdad es invivible, etc. La sinrazón atrae porque en gran medida nos constituye, al punto de que tendemos a tachar de irracional todo lo que, simplemente, hace parte de una racionalidad diferente de aquella que hemos normalizado. Esta tendencia es otra sinrazón en sí misma. La cura chamánica, la plegaria a cualquier entidad afrobrasileña, los procesos de iniciación en cultos que nos resultan radicales y remotos, los fenómenos de mediumnidad espiritista o posesión satánica no son irracionales, solamente respiran por fuera del lenguaje de una ciencia que se ha apoderado del acceso único a una verdad objetiva y descartado todo lo que no se ajusta a sus procedimientos y estándares. Eso no solo es elitista y profundamente miope, sino que es aterrador, porque cancela la posibilidad de comprender a y empatizar con la mayor parte de la humanidad.

En el libro habla sobre el vudú haitiano, el espiritismo, la comunicación de médiums y la hauntología. ¿Por qué a unos cultos se les llama religión mientras a otros se les tilda de brujería o, en el mejor de los casos, de pensamiento mágico