«Momento Shimonoseki»: ¿cómo Venezuela pasó a ser un protectorado de Estados Unidos? Entrevista a Malfred Gerig

 Donald Trump encontró en Venezuela un eslabón débil para lograr una victoria resonante en el marco de su corolario de la Doctrina Monroe. Tras la acción militar y el secuestro de Maduro, oficialistas y opositores compiten por ver quién puede gestionar mejor el nuevo orden neocolonial en el país.


Federico Fuentes

NUEVA SOCIEDAD 321 Ene - Feb 2026


La presidenta Delcy Rodríguez sostiene una copia de la nueva ley petrolera.

El ataque militar del gobierno estadounidense contra Venezuela el pasado 3 de enero, junto con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, ha suscitado intensos debates sobre cómo pudo ocurrir, qué representa el nuevo gobierno de Delcy Rodríguez y qué significa todo esto para la soberanía venezolana.

En esta entrevista, Malfred Gerig, sociólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela y autor del libro La larga depresión venezolana. Economía política del auge y caída del siglo petrolero, aborda la decadencia -política, económica, moral y militar- del régimen madurista, que transformó a Venezuela en un eslabón tan débil que la acción de Donald Trump terminó resultando sumamente fácil. También reflexiona sobre las características del nuevo protectorado y sobre las posibilidades de encontrar energías para recuperar la autonomía nacional y un futuro democrático. Y, no menos importante, aborda de manera crítica la posición de la izquierda internacional frente a la crisis venezolana.

¿Cómo interpreta las acciones militares de Estados Unidos que, luego de desplegar buques de guerra en el Caribe durante varios meses, culminaron con un asalto militar y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa y diputada Cilia Flores? ¿La motivación era simplemente obtener el control del petróleo venezolano?

Obviamente la intervención militar tiene que ver con el petróleo, porque todo lo que atañe a Venezuela siempre tiene que ver con el petróleo. Pero es un poco más complejo, porque se unieron dos cosas aquí: la crisis venezolana y la política exterior de Trump. La larga depresión venezolana y la crisis política se sumaron al traslado del conflicto a la arena internacional. El debilitamiento, a lo largo de tantos años, de las fuentes del poder nacional -económicas, políticas, institucionales, militares y culturales- acabó desembocando en el episodio más humillante de la historia republicana de Venezuela. 

Este debilitamiento nacional hizo que para Trump se volviera apetecible intervenir en Venezuela. Primero, porque estaba actuando frente a un gobierno sin base social y sin legitimidad racional-legal. Estados Unidos sabía que el pueblo venezolano no saldría a defender a Maduro y eso pesó mucho en la ecuación que llevó a la acción militar. Intervinieron contra un jefe de Estado impopular y sin legitimidad democrática. Segundo, porque la institucionalidad política del país era absolutamente ilegítima y estaba absolutamente debilitada en cuanto a la capacidad de poder puro y duro -como se vio en la (no) reacción frente a la operación militar-. Y, tercero, porque el gobierno de Maduro, por ser un gobierno débil que había socavado las capacidades estatales durante tantos años para quedarse en el poder por el poder mismo, era una pieza fácil para que Estados Unidos empezara a reordenar toda su política exterior hacia América Latina. 

A eso podemos añadir que la clase política venezolana más bien dobló la apuesta por la externalización de ese conflicto, creyendo que Trump arbitraría de buena fe a favor de una de las partes, sin exigir posteriormente un tributo. En el caso de la oposición, esto es muy claro, buscaba el apoyo de Trump para derrocar al régimen y llegar al poder. Pero la elite madurista buscó, al mismo tiempo, un acuerdo con Trump que legitimara el fraude electoral y la represión; una normalización que pasara por la bendición de Washington. Algo que he llamado, tomando el caso de Turquía, la «erdoganización» fallida de Maduro, una transición fallida al «autoritarismo competitivo».


Aquí vemos la catadura tanto moral y ética, pero sobre todo estratégica, de las distintas fracciones de la clase política venezolana. Si hay que otorgar una responsabilidad en el desenlace catastrófico de la crisis orgánica, es precisamente de las elites políticas, tanto maduristas como opositoras.

El debilitamiento del país fue aprovechado por el «centinela extranjero», que ahora busca sacar rédito económico y político. Va a buscar una forma de que Venezuela tribute -porque la palabra que vale acá es tributar- y pague con creces la insensatez de su clase política. 

El petróleo es crucial para los planes de Estados Unidos de sacar provecho de su intervención a través del pago de un tributo imperial. El pueblo venezolano, por desgracia, pagará caro, ante el territorialismo y el neomercantilismo trumpiano, nuestra incapacidad de resolver la crisis general del Estado por nuestros propios medios. Pagaremos con petróleo, pero también con dependencia y con la pérdida de la soberanía nacional y popular sobre nuestro futuro inmediato.

Pero Trump estaba negociando con el gobierno de Maduro, como vimos con la visita de su enviado especial Richard Grenell a Caracas. ¿Por qué no aceptar simplemente la oferta de Maduro de entregarle los recursos de Venezuela en cambio de mantenerse en el poder?

Es claro que hay un momento en que Trump cambió de parecer y Maduro dejó de ser alguien creíble con quien negociar. Ese momento fue cuando Grenell fue retirado de las negociaciones. Trump se da cuenta de que Maduro no es de fiar. Y al ofrecer todo a Estados Unidos, Maduro dejó de ser confiable también para Rusia y China. El secretario de Estado Marco Rubio dice incluso en una entrevista que Maduro «ha incumplido todos los acuerdos que ha firmado». 

Cuando Trump retira a Grenell, muchos consideramos que Estados Unidos iba a actuar militarmente en Venezuela. En términos militares, todo era muy parecido a lo que pasó con Rusia y Ucrania: esa acumulación militar no se hace para, como decían algunos analistas, forzar un quiebre interno. Era claro que Estados Unidos se preparaba para algún tipo de intervención. Lo que estaba en discusión era la forma en que iba a actuar y cómo iba a ser el día después. 

En términos simples, Maduro carecía de la credibilidad nacional e internacional para ser el hombre del realineamiento geopolítico. La credibilidad tiene un gran valor en política internacional, y la de Maduro, al igual que su legitimidad racional-legal, era nula.


Usted señaló que Venezuela fue vista como una pieza fácil para Estados Unidos y su voluntad de reconfigurar su política hacia América Latina. ¿Qué papel juega Venezuela en la política exterior del segundo gobierno de Trump?

El objetivo dejó de ser solo Venezuela. Se implementaron políticas irracionales, por ejemplo hacia un presidente popular y legítimamente electo como Gustavo Petro en Colombia, al incluirlo en la Lista Clinton [de personas sancionadas por supuesto involucramiento en actividades de narcotráfico y lavado de dinero]. Empezaron las constantes amenazas de intervenciones militares «terrestres» en México y las intervenciones electorales abiertas en apoyo a candidatos afines a lo que podríamos llamar la Internacional MAGA, particularmente en Honduras y Argentina. La reciente visita de Petro a la Casa Blanca, festejada por ambos mandatarios, que incluyó la afirmación del presidente estadounidense señalando que Petro es «terrific» [genial], muestra las inconsistencias de las acusaciones de Trump. Y, además, la cuestión venezolana se anudó claramente a la cuestión cubana, configurando una cadena de debilidades.

Venezuela se convirtió en la palanca de una política mucho más maximalista hacia América Latina. Ese giro se vio plasmado en la Estrategia de Seguridad Nacional y la reactivación de la Doctrina Monroe, con su «corolario Trump». Detrás de esto, hay toda una escuela de geoestrategas, de Nicholas Spykman a Robert J. Art, que conciben el territorialismo en América Latina como una cuestión esencial en un momento de conflicto global o hegemónico. Según esa visión, Norteamérica y Sudamérica poseen los recursos que Estados Unidos necesita para sobrevivir a una gran confrontación global, lo que inevitablemente desestabilizaría el mercado mundial. El «corolario Trump» representa precisamente un regreso al territorialismo, en el que Estados Unidos, al controlar el hemisferio occidental, puede permitirse un conflicto global de grandes proporciones sin quedar aislado ni caer en una depresión general debido a la interrupción de las cadenas de suministro.


Por eso hemos pasado del «giro hacia Asia» del gobierno de Barack Obama al «giro hacia América Latina» de Trump. América Latina va a pagar el precio del declive del imperio y de su retirada de Europa y, sobre todo, de Asia. Venezuela le ofreció al gobierno de Trump un oponente debilitado, con poca capacidad militar y desacreditado internacionalmente, sobre el cual reorganizar su política en América Latina según la visión MAGA; la posibilidad de una victoria a muy bajo costo.

Ideológicamente, esto supone la derrota del socialismo, aunque el régimen de Maduro fuera socialista solo de nombre. Militarmente, es una demostración de potencia de fuego y poder de persuasión. Geopolíticamente, representa un movimiento de poder en la mesa de las grandes potencias, algo que Washington ansiaba. Económicamente, promete una sustancial bonanza petrolera para Estados Unidos y las corporaciones que financiaron las campañas de Trump, aunque estas se muestren algo escépticas dadas las megainversiones necesarias para reactivar la industria en un contexto aún incierto.

Se habló mucho de «cambio de régimen», pero al final el poder sigue en manos de quienes gobernaban con Maduro. ¿Cómo entender esta situación? 

Con respecto al cambio de régimen, escribí un artículo sobre eso hace poco. También en La larga depresión venezolana sostuve que las sanciones implementadas durante el primer gobierno de Trump habían fracasado a la hora de lograr un cambio de régimen por arriba, pero habían sido absolutamente exitosas a la hora de lograr un cambio de régimen por abajo; es decir, habían logrado el cambio de régimen en la economía política del país, dirigiéndolo hacia lo que llamé un «neoliberalismo con características patrimonialistas» y un modelo muy sui generis venezolano de capitalismo de compinches.

Ese cambio de régimen por abajo se encadenó ahora a lo que podríamos catalogar como un cambio de régimen hacia afuera, o un realineamiento geopolítico. Un gran ejemplo de este tipo de dinámica es el Egipto de Anwar el-Sadat. Estados Unidos logró un realineamiento absoluto -contra la Unión Soviética- del Egipto posterior a la muerte de Nasser en 1970. Eso es lo que, con las diferencias del caso, está haciendo hoy Estados Unidos en Venezuela. 

Pero era muy difícil que se pudiera lograr esto con Maduro, ya que su capacidad de cambiar el clima político del país era nula. Maduro lo intentó: podemos ver su última entrevista con el periodista Ignacio Ramonet, el 30 de diciembre pasado, donde dice claramente todo lo que estaba dispuesto a entregar, a saber, todas las riquezas naturales del país que como buen patrimonialista creía suyas. Esa propuesta fracasó en primera instancia, pero se hizo realidad con el madurismo sin Maduro. Entonces continúa el realineamiento o cambio de régimen hacia afuera, que se puede ver día a día. 

¿Cree que tendrá éxito en este realineamiento?

Hace algunos días, cuando le preguntaron por qué hacer las cosas de esta forma, Trump dijo: «Si alguna vez recuerdan un lugar llamado Iraq, echaron a todo el mundo, policía, generales, todos fueron removidos y terminaron pasándose al ISIS». Trump puede tener razón en eso. Está intentando otra forma de encarar el día después del cambio de régimen. Pero eso no significa que vaya a tener éxito. 

Venezuela se enfrenta a una suerte de «momento Shimonoseki», en alusión a la Primera Guerra Sino-Japonesa de 1894-1895. Esa guerra y, sobre todo, los tributos que vinieron luego de la firma del Tratado de Shimonoseki impuesto por Japón inauguraron la llamada «era de humillación» de China. Luego, esto fue copiado en los Acuerdos de Versalles al finalizar la Primera Guerra Mundial -y sabemos a lo que condujeron-. Eso es exactamente lo que hoy está haciendo Estados Unidos: aprovechándose del colapso del Estado, quiere imponer una política colonial bajo la forma de un protectorado y hacer irreversible a mediano plazo el modelo colonial petrolero. 


Un modelo en el cual Estados Unidos -como pedían los CEO de las grandes petroleras estadounidenses- garantice durante un lapso considerable (20 o 30 años) que las cosas no cambien y que se pague un tributo constante. Lo que se propone el gobierno de Trump es una contrarrevolución contra el nacionalismo petrolero venezolano, que fue la columna vertebral de la construcción del Estado venezolano durante el siglo XX. Y voy más allá: para imponer este protectorado, cuenta con la anuencia de las dos grandes fracciones de la clase política. 


¿Cuál fue la condición de posibilidad de todo esto? El debilitamiento al extremo de las bases de la nación venezolana, tanto como para que los venezolanos hayan preferido una intervención militar frente a la imposibilidad de resolver las cosas por sí mismos. Ese debilitamiento nacional fue responsabilidad no solo de la oposición, sino también del régimen que durante tantos años hizo caso omiso a las consecuencias de su estrategias para conservar el poder y saquear los recursos públicos.

Ahora la clase política venezolana no tiene ningún tipo de agencia sustantiva, ni la oposición ni la elite gobernante. Lo único que puede hacer es acatar los dictados de Washington y competir por ver quién es el mejor conserje. 

¿Cómo queda parada la oposición de derecha, que sigue encontrándose fuera del poder?

Con respecto a la oposición, hay muchas cosas por decir. Lo primero es resaltar la idiosincrasia, la cosmovisión, de un sector de la sociedad venezolana que desconoce a Venezuela y es absolutamente entreguista. Esto hizo que la única estrategia de un gran sector de la oposición fuera la externalización del conflicto, poner todos los huevos en la canasta del centinela extranjero. Si vemos los discursos de María Corina Machado, sobre todo después de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, nos damos cuenta de que más que hablarle a los venezolanos en Venezuela apostó a la explotación sentimental de la diáspora venezolana. Esto expresaba un debilitamiento total de su fuerza política interna, una incapacidad para manejar y sacar rédito del fraude electoral.

Ese debilitamiento de la capacidad de resistencia interna de la oposición fue utilizada por Estados Unidos. Toda el discurso de Machado -que incluso justificó la deportación de inmigrantes venezolanos de Estados Unidos- fue absolutamente irresponsable y, me atrevo a decir, criminal. Machado y la elite política opositora le dieron elementos a Trump para apalancar su política antivenezolana, la cual considera a los inmigrantes venezolanos prácticamente hostis humani generis [enemigos del género humano], para dar impulso no solamente a su política exterior, sino también a su política migratoria interna sobre la base de la criminalización de todo un grupo nacional. Este crimen se termina de concretar cuando reclaman la intervención militar y se manchan las manos con sangre de venezolanos asesinados por una fuerza militar extranjera el 3 de enero. 

Ahora lo que tenemos es una fracción muy importante de la clase política rivalizando sobre quién garantiza mejor el nuevo protectorado estadounidense en el país. Así es el tamaño de nuestra tragedia.

¿Lo sorprendió de alguna manera la rapidez con que las relaciones entre el nuevo gobierno de Delcy Rodríguez y el de Trump se volvieron tan amistosas, solo horas después del secuestro de Maduro? 

No me sorprendió porque era harto conocido que el madurismo venía propiciando un realineamiento, en el que estaban dispuestos a otorgar todo con tal mantener en sus manos el «poder político», como les gusta decir. Tampoco sorprendió que los tan cacareados lemas sobre la «guerra de mil años», sobre un «segundo Vietnam» o una «resistencia permanente», repetidos por el gobierno frente a la posibilidad de una acción militar estadounidense, se desvanecieran y en solo dos horas Estados Unidos capturara a Maduro en una operación extremadamente humillante para las Fuerzas Armadas venezolanas. Todo esto fue muy consistente con el madurismo: incompetencia absoluta en términos militares -como en términos más amplios en la gestión del Estado-, sin que nadie asuma la responsabilidad por la hecatombe militar.

Hace mucho tiempo que el madurismo arrió sus banderas programáticas, ideológicas, éticas. Lo que sí sorprende es que salga Delcy Rodríguez en la Asamblea Nacional llamando «fondos soberanos» «destinados a garantizar la protección social del pueblo venezolano y a impulsar el desarrollo económico y social del país» a los fondos que manejará la administración colonial de Trump. Este es otro episodio más de la distorsión absoluta del lenguaje y de la realidad a la que estamos acostumbrados en Venezuela: el reino de la neolengua.

La situación ahora es tan patética como preocupante. Trump dicta órdenes que incluirán el control absoluto de la comercialización del petróleo venezolano y el manejo con total discrecionalidad de los ingresos de esas transacciones, transfiriendo al gobierno venezolano lo que crea conveniente, además de decidir qué podrá importar o no Venezuela y de dónde. Trump dicta y ellos cumplen. «Soberano es quien decide», escribió Carl Schmitt, y quienes están decidiendo en Venezuela en este momento están en Washington, no en Caracas. 

En este contexto neocolonial, le tocará al pueblo venezolano, a la nación venezolana, a los reservorios morales, éticos y de dignidad que todavía existen en el país, decidir hasta cuándo se mantendrá esta situación. La respuesta no va a venir de la clase política madurista ni opositora. Si hay alguien que se puede convertir en agente en contra de toda esta humillación nacional es precisamente el pueblo venezolano, no quienes son los causantes de esta situación.

El gobierno de Delcy Rodríguez está tomando medidas para enmendar la ley de hidrocarburos de Chávez ¿Qué está ocurriendo en términos de la soberanía estatal sobre el petróleo?

Lo que se está haciendo es desmantelar -con la celebración de mucha gente en el país que siempre quiso esto- las bases del nacionalismo petrolero venezolano, que está lejos de ser patrimonio del chavismo. Este fue uno de los grandes pilares de la construcción del Estado y la nación venezolana a lo largo del siglo XX. La Revolución Bolivariana, que tenía como uno de sus pilares precisamente la reivindicación de la soberanía petrolera, se está convirtiendo en el episodio más antinacional de nuestra historia petrolera. Peor incluso que el modelo del gomecismo, con sus concesiones petroleras que enriquecieron a la elite del poder1. Hoy lo que tenemos es un «comodato» impuesto por la fuerza, en el sentido de que se le otorga la producción petrolera a empresas privadas estadounidenses. 

Esta reforma de la Ley de Hidrocarburos es la claudicación de Venezuela como país productor de petróleo y un retroceso hacia la primera mitad del siglo XX como país propietario del recurso. Concretamente, es una radicalización de lo que ya venía ocurriendo, una formalización. El precedente fue la Ley Antibloqueo y el llamado «modelo Chevron», tan celebrado por Maduro, con sus contratos de participación productiva (CPP), por los cuales los socios de PDVSA [la estatal Petróleos de Venezuela] manejan todo en el marco de una delegación operativa absoluta. El modelo Chevron ahora se profundizará: lo veremos con esteroides, ya que se le añade el monopolio de empresas privadas estadounidenses sobre la comercialización, el manejo discrecional de los ingresos y el monopolio sobre las importaciones. 

Algunos argumentan: «pero ellos pagan impuestos, pagan regalías». Ni siquiera eso es claro; es absolutamente opaco cómo funciona. Aún no es claro cuál es el tamaño del desfalco a la propiedad de la nación.


Obviamente, todo esto va en contra de lo plasmado en la Constitución y en la Ley de Hidrocarburos vigente. Por eso es necesario adecuar la norma en consonancia con la nueva realidad, algo que estaban pidiendo algunas empresas petroleras en la reunión que tuvieron con Trump. Con esto van a entrar empresas petroleras con mucha más pericia y capacidad, y van a salir todas esas empresas de maletines, desconocidas y muy raras, como la de los capitales del amigo de Trump, Harry Sargeant, las cuales ahora deben competir con las megacorporaciones del big oil. Estas empresas habían entrado al negocio petrolero sin ningún tipo de veedurías ni de claridad, de forma absolutamente opaca, bajo el gobierno de Maduro. Los CPP fueron la condición de posibilidad para la llegada del capitalismo de compinches al negocio petrolero, por la vía de estas empresas petroleras fantasmas que sirvieron a los intereses de la camarilla política y que se crearon precisamente para expoliar el petróleo venezolano.


Juan Pablo Pérez Alfonzo, abogado venezolano y ex-ministro de Minas e Hidrocarburos entre 1959 y 1963, entendió muy bien que la consecuencia lógica del Estado propietario del petróleo era el Estado productor de petróleo, ya que siendo productor era la única forma de llevar al máximo la reivindicación rentística. Un Estado que no produce petróleo no tiene forma de reivindicar el ingreso sobre su propiedad. Dicho de otra forma, la propiedad sobre el petróleo es letra muerta si no eres capaz de extraer el recurso. 


Por otra parte, el modelo que se instala avizora un país petrolero dependiente de la importación de petróleo liviano y diluyentes para poder comercializar su petróleo pesado. Es probable que la renta caiga en picada, incluso si crece la producción -hoy en mínimos históricos-. Todo ello, consecuencia de haber minado, durante 60 años, la capacidad de PDVSA para integrarse verticalmente.  


¿Ve posibilidades de que haya resistencia contra los planes de recolonización de Trump? 

El futuro, incluso en el corto plazo, es muy difícil de prever, porque todos estos acuerdos son muy inestables. Es verdad que la clase política madurista es la línea de menor resistencia -para decirlo de alguna forma- para instalar la política exterior de Trump en Venezuela. No es casualidad que los informes de la CIA [Central de Inteligencia de Estados Unidos] en los que se basó Trump hayan elegido al madurismo para liderar la transición al protectorado. Y como vemos, por el momento lo está logrando sin mayores problemas.

Pero también hay algunas potenciales líneas de resistencia: por ejemplo, los conflictos dentro del madurismo podrían provocar que esta nueva normalidad se altere en algún momento. No por cuestiones de dignidad, éticas o programáticas, sino por consideraciones de poder propias de cada facción, además de los intentos de hacer pagar los platos rotos a las rivales. No parece que la base social del madurismo -lo que queda de ella- le vaya a recriminar al madurismo sin Maduro que esté traicionando el legado de Hugo Chávez o de la Revolución Bolivariana. Mucha agua pasó debajo del puente desde hace demasiado tiempo. El madurismo es un movimiento absolutamente desideologizado, que solo aboga por la supervivencia económica de sus cuadros. Su única patria es el poder, sus privilegios ligados al manejo del Estado.Pero yo sí creo -y por eso te hablaba del momento Shimonoseki- que las naciones tienen reservorios morales y éticos para perseverar en su ser, el conatus de la patria. ¿Qué vino después del momento Shimonoseki en China? Vino el levantamiento de los bóxers. La nación venezolana, de alguna manera, tendrá que mostrar un reservorio de dignidad para reivindicar el derecho que tenemos a autogobernarnos.

Iniciamos quizás la encrucijada más importante en nuestra historia republicana, en la que veremos de qué manera la nación se recompone y empieza a exigir sus derechos, principalmente su derecho a decidir su destino. No faltarán los reaccionarios que aboguen porque Venezuela pierda la soberanía sobre sí misma como penitencia por el desenlace catastrófico del conflicto político, pero tampoco faltarán los republicanos y los bolivarianos para abogar por la libertad, la soberanía, la igualdad, la virtud y el interés general y nacional-popular como un valor supremo que podemos darnos y nos merecemos. 


¿Cree posible un retorno a la gobernanza democrática en el corto o mediano plazo?


La transición a la democracia -incluidas elecciones libres- no está prevista en el corto plazo por Estados Unidos. ¿Por qué? Porque Trump decide bien, en términos de sus propios intereses, cuando se da cuenta de que el madurismo sin Maduro podría garantizar mucha más gobernabilidad que un gobierno de María Corina Machado o Edmundo González [candidato opositor en 2024], que tendría que enfrentar demandas democráticas, económicas, populares que el madurismo tiene hoy contenidas. Creo que hay que prestarle mucha atención a eso, para ver lo que sucede en el futuro. Para Trump -y Marco Rubio-, primero el tributo; lo de la democracia ya se verá. 


Yo no veo, en el corto o mediano plazo, que para Estados Unidos lo más importante sea una transición a la democracia. Lo principal es hacer el protectorado irreversible o «hacer mucho dinero», en palabras del propio Trump. En esto parece coincidir con el gobierno, que cree que se debe mantener secuestrado políticamente al pueblo venezolano para que no vote por la extrema derecha. Creo que otros actores internacionales -no Estados Unidos- van a empezar a presionar a medida que pasen los meses por un gobierno con legitimidad electoral de origen, y creo que esto no será una cuestión menor. 

Pero es importante pensar en cómo reconstruir la estatalidad. Una nación que colapsa militarmente, como colapsó Venezuela el 3 de enero, no es viable. Pero tampoco es viable un país con su sistema de salud destruido, con su sistema educacional estallado, con sus instituciones políticas sin ningún tipo de legitimidad. Para Trump, los venezolanos solo podrán votar cuando sean capaces de no hacerlo contra los intereses de Estados Unidos; es decir, cuando el protectorado sea irreversible. Pero para el pueblo venezolano la politización y expresión electoral en función de sus intereses debería ser un clamor vital. 

¿Qué podría hacer la izquierda internacional para apoyar, en este momento crítico, al pueblo venezolano?

Lo primero que debería entender la izquierda es que su solidaridad tiene que ser con el pueblo de Venezuela, no con el gobierno de Maduro, como venía ocurriendo. Lo que pedimos desde Venezuela es una ética política que se ponga del lado de quienes verdaderamente han soportado esta crisis y la seguirán soportando durante mucho tiempo. 

Este régimen hace mucho tiempo dejó de ser representante de los intereses más hondos y profundos del pueblo venezolano -y ahora tampoco representa los intereses básicos de la nación-. El hijo de Nicolás Maduro, «Nicolasito», no tuvo ningún prurito en decir que Venezuela debía establecer relaciones con Israel, mientras que lo que hacía Maduro con la izquierda global se parece mucho a lo que hacía Machado con las diásporas venezolanas: explotación sentimental y nada más.

El gobierno de Maduro significó una debacle moral y estratégica para la izquierda, no solamente en América Latina, sino en el mundo entero. Cuando digo estratégica me refiero a que Maduro fue un organizador de derrotas que debilitó a la nación, pero también aniquiló la fortaleza ético-política del movimiento que le entregaron. Lo hizo polvo. Y cuando tuvo que hundir a ese movimiento en una crisis sin retorno para defender su propio poder, no dudó en hacerlo. 

Este ataque del imperialismo estadounidense no viene a comprobar que Maduro tenía razón. Más bien viene a comprobar que Maduro fue absolutamente incompetente para defender a la nación venezolana contra ese mismo imperialismo. Lo que hizo fue precisamente coadyuvar a lo que Estados Unidos quería hacer contra Venezuela: debilitarla militar, económica y culturalmente, ámbitos en los que descansaban las posibilidades de una transformación social. Lo que tenemos que preguntarnos es: ¿por qué un ataque como este, contra el derecho internacional, produjo esperanza en la mayoría del pueblo venezolano, tanto dentro como fuera del país? 


Para gran parte de la izquierda, los venezolanos somos incapaces incluso de sostener una «tiranía doméstica», para usar una expresión de Bolívar. Esta izquierda niega al gobierno de Maduro toda agencia, hasta agencia para implementar un régimen despótico; así, el único sujeto en toda esta historia es el imperialismo. El problema con gran parte de la izquierda mundial es que no consideran a los venezolanos, ni a la elite ni a su pueblo, sujetos en esta historia, su propia historia. Porque para ellos nosotros solamente somos objetos de una historia determinada por el imperialismo. Las acciones del imperialismo contra Venezuela son muy útiles para alimentar el discurso «antiimperialista» en sus respectivos países. Las complejidades de la realidad poco les importan. 


Ahora bien, cuando parece que no tenemos capacidad de decidir sobre nuestro propio destino, estoy seguro de que la nación venezolana va a renacer de alguna forma, más temprano que tarde, y vamos a tomar las riendas de nuestro porvenir y nuestro destino.


Nota: esta entrevista se publicó también, en inglés, en Links. International Journal of Socialist Renewal y está disponible aquí. 

https://nuso.org/articulo/Venezuela-protectorado-Trump/

¿Por qué Nicolás Maduro lanzó una «guerra contra las mafias»? abril 2023


La operación «Caiga quien caiga» provocó la salida del poderoso ministro de Petróleo pero revela, al mismo tiempo, las formas de la corrupción y la necesidad del gobierno de poner cierto orden en el país, por razones políticas y económicas.


Ricardo Sucre Heredia


EDICIÓN DIGITAL febrero 2026


El lunes 20 de marzo pasado, Venezuela amaneció con la noticia de varios golpes del gobierno contra la corrupción en el marco de la operación bautizada «Caiga quien caiga». El caso más importante es el relacionado con Petróleos de Venezuela (PDVSA), aunque hay dos más en el campo judicial: uno involucra a jueces vinculados con grupos narcos y otro, a un alcalde del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) –en Aragua, en el centro-norte del país– relacionado con grupos delincuenciales. A estos casos siguió la corrupción en la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), Sidor y la fábrica de cartón Smurfit –expropiada en 2009, durante el gobierno de Hugo Chávez–, en la que cayó Hugo Cabezas, ex-gobernador de Trujillo entre 2008 y 2012. El fiscal general, Tarek William Saab, informó que el total de detenidos por casos de corrupción es de 58 personas «y faltan 18 por apresar». 

Javier Gomá «La dignidad es aquello que compensa el peso de vivir»



Con el suculento título ‘Fuera de carta. Degustaciones filosóficas’ (Galaxia Gutenberg), el filósofo Javier Gomá (Bilbao, 1965) propone treinta y tres reflexiones vivificantes, nutritivas, capaces de abrir el apetito intelectual y sentimental al comensal más abúlico. Con su estilo característico (pulcro, ágil, con su pizca de humor) estas lecturas invitan a madurar ciertas cuestiones cotidianas de enorme trascendencia, cuya adecuada digestión mejorará nuestra lucidez

Esther Peñas

 El asunto que le traigo para abrir la conversación aparece hacia el final del libro. Usted asegura que el mundo se divide entre quienes tienen humor y los que no. Y dentro del humor, especifica, el humor absurdo. ¿Está por encima de otros, como el surrealista, el irónico, el negro, el sarcástico, el naíf…?

Todas las formas del humor me gustan. Por eso que digo que el humor es una forma de tomarse vacaciones de la realidad. La realidad es demasiado seria, puesto que aspira a un destino fúnebre y, si uno se lo tomara demasiado en serio, nuestra existencia estaría probablemente abrumada por esa seriedad. Por eso necesitamos tomarnos vacaciones. El humor en general sirve para tomarse vacaciones de la realidad, incluyendo las vacaciones de uno mismo, porque uno tiende a ser enfático, a ser solemne con su propia vida, como es natural, es la única que tiene, pero eso mismo a veces la hace difícil de sobrellevar, es un peso demasiado duro.

El trumpismo acelera la erosión de los grandes medios de comunicación como pilares del control del poder

 Entre su primera presidencia y la segunda, Trump creó todo un nuevo circuito de 'podcasters' e 'influencers' que fueron ganando terreno como vía de información alternativa a los medios tradicionales.


Antònia Crespí Ferrer

Washington-14/02/2026

Las réplicas del despido masivo en The Washington Post, con 300 periodistas en la calle, han sacado a la superficie la crisis multifactorial que sufren los medios estadounidenses. A los problemas económicos de base, el cambio del modelo de negocio, la pérdida de confianza de los lectores y la aparición de las imágenes creadas por la IA, se les suma una capa más: la erosión de su papel como cuarto poder. Donald Trump ha sido clave para minar la tarea de fiscalización de los periodistas; no solo por acorralarlos en esta administración, sino por eliminar la rendición de cuentas que era propia de una manera de hacer política que desapareció con Trump.

La maquinaria ultra para 'fabricar' racismo con IA: "Pasaron del bulo artesanal a la ingeniería del odio"

 

Capturas de vídeos generados por IA
Capturas de vídeos generados por IA.

Laura Anido

Madrid-14/02/2026

Una mujer de origen árabe afirma en una entrevista en la calle que si Vox gana las elecciones tendrá que volver a su país porque ella no trabaja y "se acabarán las ayudas". El vídeo dura apenas unos segundos pero son miles las reacciones, comentarios y compartidos sobre él en X y TikTok. Solo hay un matiz: la escena nunca ocurrió porque la mujer no existe. El vídeo ha sido creado con inteligencia artificial.

FENOMENOLOGÍA DE MIKE BONGIORNO, por Umberto Eco

 FENOMENOLOGÍA DE MIKE BONGIORNO, por Umberto Eco

Mike Bongiorno

El hombre rodeado de los medios de comunicación es, en esencia, el más respetado entre sus iguales: nunca se le pide nada más que convertirse en lo que ya es. En otras palabras, se le provocan deseos según el patrón de sus tendencias. Sin embargo, dado que una de las compensaciones narcóticas a las que tiene derecho es la evasión a través de los sueños, se le suelen presentar ideales, entre los cuales y él mismo puede establecerse cierta tensión. Para eximir a este último de toda responsabilidad, se toman medidas para que tales ideales sean, de hecho, inalcanzables, de modo que la tensión se resuelva en una proyección y no en una serie de operaciones efectivas destinadas a modificar el estado de cosas dado. En resumen, se le pide al individuo que se transforme en un hombre con un refrigerador y un televisor de veintiún pulgadas, lo que significa que se le pide que continúe siendo como es, añadiendo un refrigerador y un televisor a los objetos que posee; en compensación, se le proponen a Kirk Douglas o Superman como ideales. El ideal del consumidor de medios de comunicación masivos es un superhombre en el que nunca aspirará a convertirse, pero que disfruta encarnando de forma fantástica, de la misma manera que podría pasar unos minutos probándose la ropa de otra persona frente a un espejo, sin pensar jamás en tenerla algún día.

La nueva situación que surge con respecto a la televisión es la siguiente: la televisión no ofrece, como ideal para el egocentrismo del individuo, al superhombre, sino al hombre común. La televisión representa como ideal al hombre absolutamente promedio. En el teatro, Juliette Greco aparece en escena y, de repente, crea un mito y funda un culto;



Josephine Baker desató rituales idólatras y dio nombre a toda una era. En televisión, el rostro mágico de Juliette Greco aparece repetidamente, pero el ritual no nace de la misma manera; el ídolo no es ella, sino la locutora, y entre los presentadores más queridos y famosos estará precisamente quien mejor represente la media de los personajes comunes: belleza modesta, atractivo sexual limitado, gusto cuestionable, cierta inexpresividad doméstica.

                    Foto de Josephine Baker06.








Ahora bien, en el ámbito de los fenómenos cuantitativos, el promedio representa una media y, para quienes aún no han alcanzado la uniformidad, también representa una meta. Si, según el conocido chiste, la estadística es la ciencia según la cual, si un hombre come dos pollos al día y otro ninguno, entonces ambos comen un pollo cada uno; para el hombre que no come ninguno, la meta de un pollo al día es algo positivo a lo que puede aspirar. Por el contrario, en el ámbito de los fenómenos cualitativos, la nivelación por el promedio corresponde a la nivelación por cero. Un hombre que posee “todas” las virtudes morales e intelectuales en un “grado promedio” se encuentra inmediatamente en un nivel mínimo de evolución. La “media” aristotélica es el equilibrio en el ejercicio de las propias pasiones, guiado por la virtud del discernimiento de la “prudencia”. Mientras que, por otro lado, alimentar un grado promedio de pasiones y tener una prudencia promedio significa ser un mal ejemplo de humanidad.

El ejemplo más impactante de la reducción de Superman a la categoría de hombre común se encuentra en Italia en la figura de Mike Bongiorno y la historia de su destino. Idolatrado por millones, este hombre debe su éxito a que, en cada acto y palabra del personaje que interpreta en televisión, se transparenta una absoluta mediocridad (siendo esta la única virtud que posee en exceso), unida a una fascinación inmediata y espontánea, explicable por la ausencia de escenografía o ficción: casi parece como si quisiera ser nada más que lo que es, de tal manera que no coloca a ningún espectador en una posición de inferioridad, ni siquiera al más desposeído. El espectador ve, glorificado y oficialmente condecorado con autoridad nacional, el retrato de sus propias limitaciones.

Para entender este extraordinario poder de Mike Bongiorno, podríamos considerar analizar su comportamiento, una verdadera "fenomenología de Mike Bongiorno", y, para ser claros, este nombre no se refiere al hombre, sino a la persona.

Mike Bongiorno no es particularmente guapo, atlético, valiente ni inteligente. Biológicamente hablando, representa un modesto grado de adaptación a su entorno. El amor histérico que las adolescentes le demuestran se debe en parte al complejo maternal que es capaz de despertar en una joven, y en parte a la perspectiva futura que sugiere de un amante ideal: sumiso y frágil, gentil y cortés.

Mike Bongiorno no se avergüenza de su ignorancia y no muestra necesidad de aprender. Se adentra en los vertiginosos reinos del conocimiento y emerge ileso, apaciguando la tendencia natural a la apatía y la pereza mental de los demás. Se cuida mucho de no impresionar al espectador, no solo mostrándose ajeno a los acontecimientos que lo rodean, sino también manifestándose firmemente resuelto a no aprender nada en absoluto.

En contraste, Mike Bongiorno demuestra una sincera y primitiva admiración por quienes saben. Sin embargo, lo que destaca en ellos es su aplicación práctica, su memoria, su metodología obvia y elemental: una persona se vuelve culta leyendo muchos libros y memorizando lo que dicen. No sospecha siquiera la mínima función crítica o creativa de la cultura. Tiene un criterio meramente cuantitativo para ella. Así pues (dado que para ser culto se necesita haber leído libros durante muchos años), es natural que el hombre no predestinado renuncie a todo esfuerzo cultural.

Mike Bongiorno profesa un aprecio y una confianza ilimitados en el experto; un profesor es un sabio; representa la cultura autoritaria. Es el técnico en la materia. Es a él a quien debemos preguntar, dada su competencia.

La admiración por la cultura, sin embargo, se acentúa cuando, con base en ella, se puede ganar dinero. Es entonces cuando se descubre que la cultura sirve para algo. El hombre mediocre se niega a aprender, pero propone enviar a su hijo a estudiar.

Mike Bongiorno tiene una noción pequeño burguesa del dinero y de su valor ("Imagínese, ya ha ganado cien mil liras: ¡es una buena suma de dinero!").

Mike Bongiorno anticipa así, respecto al competidor, las despiadadas reflexiones que el espectador se verá obligado a formular. "¡Caramba, qué satisfecho debe estar con todo ese dinero, él que siempre ha vivido con un salario tan modesto! ¿Alguna vez ha tenido tanto dinero en sus manos?"

Mike Bongiorno acepta todos los mitos de la sociedad en sus categorías y los trata con una deferencia cómica (el niño dice: "Disculpe, señor guardia..."), pero siempre utilizando, sin embargo, la calificación vulgar y común, a menudo despectiva: "Sr. Barrendero, Sr. Granjero".

Mike Bongiorno acepta todos los mitos de la sociedad en la que vive: besa la mano de la señora Balbiano d'Aramengo y dice que lo hace porque es una condesa (sic).

Más allá de los mitos, también acepta las convenciones sociales. Es paternalista y condescendiente con los humildes y respetuoso con las personas socialmente cualificadas.

Al entregar el dinero, parece instintivamente llevado a pensar, sin expresarlo claramente, más en términos de limosna que de ganancia. Muestra su convicción de que, en la dialéctica de clases, el único medio de ascenso es el que representa la providencia (que ocasionalmente puede tomar la forma de la televisión).

Mike Bongiorno habla italiano básico. Su discurso alcanza la máxima simplicidad. Elimina conjunciones y oraciones subordinadas, haciendo casi invisible la dimensión sintáctica. Evita los pronombres, repitiendo siempre el sujeto completo, y emplea una gran cantidad de puntos. Nunca se aventura en interjecciones ni paréntesis, no usa expresiones elitistas, no hace alusiones y solo emplea metáforas ya plenamente integradas en el léxico común. Su lenguaje es rigurosamente referencial y deleitaría a un neopositivista. No se necesita ningún esfuerzo para comprenderlo. Cualquier observador puede ver que, si así fuera, podrían ser mucho más elocuentes que él.

No acepta la idea de que una pregunta pueda tener más de una respuesta. Ve las variaciones con recelo. Nabuco y Nabucodonosor no son lo mismo; reacciona frontalmente a los datos como un cerebro electrónico, porque está firmemente convencido de que A es igual a A y de que el tertium non datur. Aristotélica por naturaleza, su pedagogía es, en consecuencia, conservadora, paternalista e inmovilista.

Mike Bongiorno carece de sentido del humor. Se ríe porque está contento con la realidad, no porque sea capaz de distorsionarla. La naturaleza de la paradoja se le escapa; cuando se le presenta una, la repite con aire divertido y niega con la cabeza, insinuando que el interlocutor es compasivamente anormal; se niega a sospechar que la verdad pueda estar detrás de la paradoja, precisamente porque no la considera un vehículo autorizado para opinar.

Evita la controversia, incluso con argumentos legítimos. No dejes de informarte sobre lo extraño de lo que podrías descubrir (un nuevo movimiento pictórico, una disciplina abstrusa… "Dime algo, hoy en día se habla mucho de futurismo. ¿Pero qué es exactamente el futurismo?"). Tras recibir una explicación, no intentes profundizar en el tema, sino que deja que tu desacuerdo, educado, se manifieste, como alguien que piensa como debe. De esta manera, respeta la opinión de los demás, no por motivos ideológicos, sino por desinterés.

De todas las preguntas posibles sobre un tema determinado, elija la que primero le venga a la mente a cualquiera y que la mitad de los espectadores descartaría rápidamente por banal: "¿Qué pretende representar el cuadro?", "¿Cómo llegó a elegir una afición tan distinta de su trabajo?"; "¿Cómo se le ocurrió dedicarse a la filosofía?".
Lleve los clichés hasta sus últimas consecuencias. Una chica educada por monjas es virtuosa, una chica con medias de colores y cola de caballo está "quemada". Pregúntele a la primera, que es una chica como debe ser, si le gustaría ser como la otra; si la comparación en tales términos le resulta ofensiva, consuele a la segunda destacando su superioridad física y humillando a la chica educada por monjas. En este vertiginoso juego de meteduras de pata, ni siquiera intenta emplear la perífrasis: la perífrasis ya es una ocurrencia, y las ocurrencias pertenecen a un círculo intelectual al que Bongiorno es ajeno. Para él, como ya se ha dicho, todo tiene un nombre propio y único; el artificio retórico es una sofisticación. En última instancia, una metedura de pata siempre surge de un acto de sinceridad desenmascarada; cuando la sinceridad es voluntaria, no hay metedura de pata, sino desafío y provocación; la metedura de pata (en la que Bongiorno destaca, según la crítica y el público) surge precisamente cuando uno es sincero por error o por descuido. Cuanto más mediocre se es, más torpe se vuelve la mediocridad. Mike Bongiorno consuela a la mediocridad, elevando la metedura de pata a la dignidad de figura retórica, dentro del marco de una etiqueta aprobada por la entidad emisora ​​y la nación auditora.

Mike Bongiorno se alegra sinceramente con el ganador porque honra el éxito. Cortésmente desinteresado con el perdedor, se conmueve si este se encuentra en una situación difícil y se convierte en promotor de un concurso benéfico, tras lo cual se muestra satisfecho y convence al público de que todo va bien; luego, se dedica a otras cosas, animado por su creencia de que este es el mejor de los mundos posibles. Ignora la dimensión trágica de la vida.

Mike Bongiorno, por tanto, convence al público, como ejemplo vivo y triunfal, del valor de la mediocridad. No provoca complejos de inferioridad, aunque se presenta como un ídolo, y el público lo recompensa con gratitud y lo ama. Representa un ideal que nadie debería esforzarse por alcanzar, pues quienquiera que sea, desde el principio, ya está a su mismo nivel. Ninguna religión ha sido tan indulgente con sus fieles. En Mike Bongiorno, se anula toda tensión entre el ser y el deber ser. Y dice a sus fieles: «Tú eres Dios, quédate quieto».

De "El diario minimalista" de Umberto Eco
Difel, 1985

MIKE BONGIORNO, convirtiéndose en una categoría analítica, un concepto. Creo que hay muchísimos más Mike Bongiornos a nuestro alrededor que políticos y presentadores de televisión. El arrivismo y la adulación fabrican Mike Bongiornos en masa. Nos asfixian. Y tengamos cuidado de no convertirnos en uno de ellos.

A continuación se muestra una cita de un artículo en Estadão, donde un analista, Mike Bongiorno, utiliza la categoría para analizar a Berlusconi.

“Si un hombre de negocios, que en otro país occidental con cierta tradición liberal-democrática se limitaría a construir mansiones en Milán, asume el control absoluto de los medios y domina la escena política durante más de 20 años, llegando al puesto de primer ministro tres veces, como sucedió con Berlusconi en Italia, lo menos que podemos hacer es analizar el fenómeno y extraer tantas lecciones como sea posible de él”. Esta es la propuesta de Pierfranco Pellizzetti, autor de la recientemente publicada *Fenomenologia di Berlusconi* (Manifestolibri), un examen de la mutación cultural de la sociedad italiana desde la última década, cuando la “mediocridad banal” representada por el ídolo televisivo Mike Bongiorno perdió su hegemonía ante la “mediocridad del hombre lobo” representada por Berlusconi y empujó a Italia hacia “un precipicio humano, político y civil”.

Pellizzetti trabaja con las mismas herramientas analíticas que Eco en su *Fenomenología de Mike Bongiorno*, escrita en 1961 e incluida en la colección *Diario Minimalista*. Bongiorno, un campeón de audiencia en la televisión italiana durante casi medio siglo, un ingenuo y alegre que vivía plagiando programas de variedades estadounidenses y fue enterrado como héroe nacional en septiembre de este año, encarnaba, según Eco, la absoluta mediocridad del italiano medio, quien se identificaba plenamente con el presentador y su alegría desenfrenada, sobre todo porque Bongiorno, que presumía tanto de su ignorancia, lo hacía sentir, en comparación, más culto, más inteligente. *

O Estado de S. Paulo*, domingo 29 de noviembre de 2009

Conceptos extraídos de los textos a continuación, cuyo título y contenido original se mantienen al hacer clic en los enlaces.

1. DELINCUENCIA ACADÉMICA, de Maurício Tragtemberg

2. BAGRINHOS, del texto de Alfredo Marques

3. HOMBRE-DISPOSITIVO, del texto de Francisco Foot Hardman

4. FIN DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA, del texto de Marilena Chauí

5. GANG ETHOS, del texto de Luiz Felipe Pondé

6. MIKE BONGIORNO, del ensayo de Umberto Eco


Umberto Eco, una figura del Renacimiento Libro gratis

  

Umberto Eco, escritor, filósofo y semiólogo.

Umberto Eco, una figura del Renacimiento

Ana Alejandre

Por la reciente muerte de Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932 - Milán, 2016), acaecida el pasado día 19 de febrero, el mundo de la cultura no sólo italiano, sino mundial, ha perdido una de las figuras más importantes del pensamiento occidental en su calidad de filósofo, semiólogo, escritor con una extensa obra de ensayo de estética medieval, linguística, filosófica y narrativa. Experto conocedor del mundo de la comunicación y profesor universitario, representa una figura imprescindible de la cultura del siglo XX que contribuyó de forma notoria a modernizar la cultura italiana contemporánea con sus ricas aportaciones en los diversos campos en los que fue una figura destacada.

Umberto Eco nació en Alessandría, en 1932, en la región de Piamonte. Se doctoró en Filosofía en 1954, en Turín, capital piamontesa, con una tesis que versaba sobre la estética de Santo Tomás de Aquino, figura que le interesó desde que conoció su obra, la que le hizo adentrarse en el estudio de la filosofía tomista y cultura medieval, labor que ha continuado a lo largo de su vida.

Es de destacar su obra ensayística, la más numerosa en su producción literaria, en la que se pueden encontrar títulos como "Opero aperta" (1962), que es un análisis de textos literarios teniendo como punto de partida el "Ulises" de Joyce. Esta obra tuvo una gran resonancia y, a su vez, se erige en uno de los manifiestos de la neovanguardia que surgirá al año siguiente con el llamado Grupo 63. A esta obra le sigue "Diario mínimo" (1963) que comprende varios ensayos entre los que destaca "Fenomenología de Mike Bongiorno".Su obra de novelística cuenta con títulos de tanto éxito como son "El nombre de la rosa" (1980), novela con trasfondo histórico y encuadrada en el género policiaco,.en cuanto que narra la investigación de unos crímenes, ocurridos en una abadía medieval italiana, por parte de un monje inglés llamada Guillermo de Baskerville que termina por descubrir al autor de los asesinatos. Hay en esta novela cierta influencia de Jorge Luís Borges que inspira a Umberto Eco el personaje del bibliotecario ciego. Esta es una obra en la que aparecen reflejados sus profundos conocimientos de la cultura medieval. Novela que ha sido traducida a más de cien idiomas y de la que se ha vendido más de cuarenta millones de ejemplares. A esta novela le siguió "El péndulo de Foucault" (1988). En esta obra Umberto Eco recrea la tradición hermética, ocultista y masónica y con ello crea una metáfora de la irracionalidad humana que sigue manifestándose en nuestros días en los grupos terroristas y, de igual manera, en las diversas mafias económicas de todo tipo. Esta obra fue traducida y vendida en todo el mundo; pero, a pesar de su enorme difusión, no llegó a tener igual acogida por parte de la crítica y el público, lo que también le sucedió a sus obras siguientes como fue el título La isla del día antes (1994) y novelas sucesivas que no obtuvieron el mismo éxito de la célebre "El nombre de la rosa".

Desde 1971 ejerció su cátedra de Semiotica en la Universidad de Bolonia, aunque había iniciado su labor docente en 1961 en varias universidades italianas de las ciudades de Turín, Milán y Florencia hasta llegar a Bolonia, en 1975, ya en su calidad de catedrático. También creó la Escuela Superior de Estudios Humanísticos.

Se pueden distinguir dos principios fundamentales en la rica obra de Umberto Eco que se podría, definir, el primero de ellos, como la aceptación de que todo concepto filosófico, expresión artística y cualquier manifestación cultural, sean del tipo que fueren, deben situarse y circunscribirse al momento histórico y al ámbito cultural en el que se producen; y el segundo, es la necesidad de crear un único método de análisis, basado en la teoría semiótica, método que sirva para interpretar cualquier manifestación cultural como un mero acto de comunicación, siempre regido por códigos, lo que significa que eso rechaza de plano cualquier tipo de interpretación idealista o metafísica.

Por todo ello, se comprende los múltiples aspectos que analiza Umberto Eco en su prolífica obra y que van desde la vanguardia artística como hace en "Obra abierta" (1962), ya mencionada, hasta el fenómeno de la cultura de masas que realiza en títulos como "Apocalípticos e integrados" (1964) o en "El superhombre de masas" (1976). También hay que destacar su interés por la relación intrínseca entre la cultura de masas y la dictadura que hizo en la obra "Cinco escritos morales" (1997).

Trató también de sistematizar la teoría semiótica lo que hizo especialmente en el "Tratado de semiótica general" (1975), obra que ofrece una teoría de los códigos y una tipología de las formas de producción de los elementos sígnicos (perteneciente o relativo al signo; así como objeto, fenómeno o acción material).

Eco, siempre atento a las manifestaciones culturales de nuestra época, en pleno auge del estructuralismo, escribió en abierta oposición a una concepción meramente ontológica de la estructura de los fenómenos naturales y culturales, sus obras "La estructura ausente" (1968) y "Lector en fábula" (1979), a modo de continuación de la primera, siendo esta última obra la afirmación de que la comprensión y análisis de un texto dependen más de la complicidad interpretativa entre el autor y el lector que de la creación determinante de unas estructuras subyacentes fijadas de antemano y valederas siempre.

No hay que pensar por ello que la coherencia y rigor en el pensamiento de Eco fuera rígida e inamovible; pues, como todo pensador, sometía a un continuo análisis sus conclusiones previas ya expuestas en algunas obras, las que, después, fueron modificadas en el tiempo por él mismo, en una serie de artículos escritos para la Enciclopedia Enaud y, más tarde, publicados en su obra "Semiótica y filosofía del lenguaje" (1984). Entre los conceptos modificados, fue uno de ellos, el signo, especialmente, sustituido por otro que le hizo pasar del modelo fijo y determinado a otro que ya no le considera una equivalencia fija, establecida por el código que existe entre expresión y contenido, sino que deviene de la inferencia (inferencia es una evaluación que realiza la mente entre proposiciones) de la dinámica de las simiosis (la simiosis es cualquier forma de actividad, conducta o proceso que involucre signos, incluyendo la creación de un significado).

Una característica de Eco, que manifestó constantemente en su obra, fue su insaciable curiosidad y su autoexigencia de rigor y precisión, lo que le hacía rechazar la improvisación. Ese interés general por entender la época y sociedad en los que le tocó vivir, le llevó a involucrarse en la vida cultural y política italiana en las últimas seis décadas. Esa actividad política le llevó a oponerse enérgicamente a Berlusconi de forma constante e irreductible.

Fue el primer escritor en Italia en escribir de la comunicación de masas, basándose para teorizar en una experiencia concreta. Ganó por oposición una plaza en la RAI, en 1954, y comenzó escribiendo textos en la secretaría artística. Esto fue el impulso inicial que le hizo interesarse por una gran variedad de campos del conocimiento, lo que hizo que el diario La República", en el que Eco colaboró asiduamente durante años, escribió el día de su muerte: «Muere Umberto Eco, el hombre que sabía todo».

A Umberto Eco se le considera el fundador de la semiología italiana. Fundó "Versus – Cuadernos de estudios semióticos", en 1971, una de las revistas más importantes de semiótica; y, en 1975, publicó "Tratado de semiótica general", en 1975, que es un texto considerado clásico en muchas de las más importantes universidades del mundo.

Su último libro, "Número cero" fue publicado en 2015, obra que narra la vida en la redacción imaginaria de un periódico del que se intenta publicar su número cero, y de ahí le viene el título. Sátira mordaz y lúcida del periodismo contemporáneo y sus muchos límites y servidumbres, especialmente en esta época informatizada y dominada por el mundo virtual de internet. Umberto Eco no permaneció indiferente a la llamada de las redes, por lo que escribió también sobre el fenómeno de internet, haciendo una afirmación que levantó una fuerte polémica cuando dijo que "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces era rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles" (entrevista al diario La Stampa).

Apasionado amante de la lectura, Eco leía toda clase de libros, lo que resumía al decir: "Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida. Quien lee habrá vivido 5000 años. La lectura es una inmortalidad de nuevo". Además de lector apasionado también era un bibliófilo que tenía en su poder ejemplares únicos y verdaderas joyas bibliográficas.

Entre sus numerosas distinciones hay que mencionar que fue nombrado Doctor honoris causa en numerosas universidades. Recibió numerosísimos premios tanto italianos como internacionales. Entre ellos destaca el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el 2000.

Sin duda alguna, Umberto Eco era el pensador que representaba con mayor nitidez el espíritu del intelectual universal y polifacético. Con él muere el hombre que, en los siglos XX y XXI, representó ser la última figura del Renacimiento.

El escritor Roberto Saviano publicó en Twitter un sencillo mensaje de despedida en el que citó las últimas palabras de  "En el nombre de la rosa""Nomina nuda tenemosAdiós profesor", escribió.
Por ello no hay mejor despedida a este gran humanista que hacerlo con frase la que concluye la novela "En el nombre de la rosa", citada por Roberto Saviano en parte, pues la frase completa dice: "stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus", expresión latina que expresa la idea de que, al final, sólo queda el nombre de las cosas.

El nombre de Umberto Eco quedará escrito con letras de oro en la historia de la literatura italiana con proyección universal.
Descanse en paz.


https://archivos.editanet.org/35/index.html



Segundo diario mínimo
 
   
Autor: 
Generos:    
 
Siguiendo la línea iniciada en 1963 con su Diario mínimo, Umberto Eco nos ofrece ahora una nueva selección de textos en los que mediante una ironía destructiva y a través de pastiches de diferentes géneros literarios, ataca, tanto al mundo académico, como a las necesidades de la vida cotidiana, entre las que se incluye el diseño de objetos y los intrincados laberintos de la burocracia.