Sergio C. Fanjul «La nostalgia tiene que ver con el placer morboso de saber que has estado vivo»

 


Mariana Toro Nader


Cronofobia. Proveniente del griego ‘cronos’, que significa tiempo, y ‘fobos‘, que significa miedo. Es decir, miedo al paso del tiempo. O, como dice en el libro con ese mismo título el periodista Sergio C. Fanjul, «miedo al tiempo, porque el tiempo lo único que hace es pasar». Nos agobia la certeza del ‘tempus fugit’. Nuestra sociedad asimila mal la fugacidad del tiempo (y de la vida). De allí la nostalgia, la ansiedad, el ajetreo. O quizás tan solo el miedo a que la vida se acabe. A nuestra finitud.

En tiempos de expectativas imposibles, de insatisfacción y constante comparación con las vidas de otros, reina el pánico al envejecimiento y a la muerte. Si nuestra sociedad es, por naturaleza, cronófoba, ¿el miedo al paso del tiempo es en el fondo un miedo a nuestra propia finitud?

Lo que se esconde detrás de la cronofobia es una necrofobia. A mí me da miedo el paso del tiempo en sí mismo, porque me parece que todo va muy rápido. Pero, en el fondo, está el miedo a la muerte. En cambio, el miedo al envejecimiento no creo que tenga que estar tan relacionado. Yo conozco personas que dicen «yo no tengo mucho miedo a morirme, pero sí tengo miedo a envejecer, y sobre todo a envejecer mal». El miedo al envejecimiento puede tener más que ver con el miedo a no cumplir ciertas condiciones que la sociedad impone, desde el aspecto físico fundamentalmente. Y, hoy que la vida está tan laboralizada, cuando dejas de trabajar, mucha gente en vez de tomarlo como una oportunidad para dedicarse al descanso o a la lectura o a sí mismos, lo toman como haber sido expulsados a patadas del mundo productivo y pasar a ser un estorbo.

Los hogares de una sola persona ya casi son mayoría en España: ¿estamos preparados para lo que supone?

 En 13 años, uno de cada tres hogares tendrá un solo habitante. Detrás de este dato hay una sociedad cada vez más envejecida y longeva donde confluyen dos crisis paralelas: la de la vivienda y la de los cuidados. 

  • "El problema es que cada vez vivimos más, pero no vivimos mejor", sostiene Pau Miret, investigador del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Bernie Sanders No reinventó su discurso en la escena nacional; lo venía desarrollando desde que gobernaba una ciudad pequeña

 

Historia Incomprendida


🔥 En plena Guerra Fría, un alcalde de una ciudad de apenas 40,000 habitantes envió en 1981 una carta oficial al gobierno de China pidiendo desarme militar. No era un senador ni un gobernador: era Bernie Sanders, recién electo alcalde de Burlington, Vermont. Desde una posición municipal intentó influir en debates globales sobre militarismo y política internacional, algo casi inédito para un cargo local.
⚖️ Su llegada al poder fue igual de impactante: ganó la alcaldía por solo 10 votos en 1981, derrotando a un demócrata establecido. Ese margen microscópico cambió su vida y, años después, la política nacional. Gobernó durante 8 años (1981–1989) y convirtió la ciudad en un laboratorio.
🏙️ En lo local enfrentó problemas muy concretos: gestión de basura, desarrollo urbano y acceso público al lago Champlain. Impulsó la creación de una ciclovía frente al lago, defendió espacios públicos frente a intereses privados y promovió vivienda accesible. También ayudó a asegurar un equipo de béisbol de ligas menores para dinamizar la economía local.
🎭 Su mandato también tuvo un giro cultural inesperado: el poeta Allen Ginsberg escribió un poema dedicado a Burlington durante su gestión. Sanders promovió festivales y fortaleció la identidad artística de la ciudad, mezclando política municipal con vida cultural.
🤝 Las imágenes de la época muestran a un alcalde cercano: abrazando vecinos, caminando sin grandes dispositivos de seguridad, celebrando victorias en pequeños actos comunitarios. Construyó una reputación de político “de base” mucho antes de sus campañas presidenciales.
📜 Lo más revelador es que muchos de los temas que lo definirían décadas después — desigualdad económica, crítica al militarismo, justicia social — ya estaban presentes en documentos oficiales de los años 80. No reinventó su discurso en la escena nacional; lo venía desarrollando desde que gobernaba una ciudad pequeña con ambiciones sorprendentemente grandes.

TRANSICIÓN CONTRA HECATÓNQUIROS CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

 Las sentencias de la “derecha” y la “izquierda” (sic) contra Betancourt, cubren la década de los 60 de violencia. Para la primera, heredera del gomecismo, Betancourt es comunista (el término AD-CO viene de ahí)


22/02/2026

Producto de una persistente campaña de descrédito, se piensa que el Pacto de Puntofijo fue un mero arreglo burocrático entre Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (COPEI) para repartirse el poder a partir de 1959. Pero la coalición es apenas el tronco de una complejísima arboladura de acuerdos políticos sociales y económicos de gobernabilidad que permite a Betancourt superar un ciclo de máxima convulsión. Se crea lo que Arendt Lijphart (Patterns of Democracy: 1989) llama democracia consociacional, distinta de las democracias mayoritarias anglosajonas, que basa el nuevo proyecto de país en consensos estratégicos.

El quinquenio de Betancourt (59-64) transcurre en medio de una polimorfa crisis política que él derrota. A los golpes militares comentados más adelante, se añaden dos terremotos en AD: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria se separa en 1960 y se levanta en armas (aliado con el PCV). Y URD, controlado por la izquierda, se retira de la coalición y la pone en jaque. Luego vendrá la segunda fractura de AD, llamada ARS (o AD-Oposición). Una de las consignas contra Betancourt era “…este gobiernito”, en anuncio de su “debilidad” frente a tales turbulencias.

Las sentencias de la “derecha” y la “izquierda” (sic) contra Betancourt, cubren la década de los 60 de violencia. Para la primera, heredera del gomecismo, Betancourt es comunista (el término AD-CO viene de ahí). Ciertamente AD, URD, y en menor grado Copei, estaban influidos hasta la médula por el radicalismo revolucionario, pero Betancourt producía el antígeno gradualista. La “izquierda”, en contrario, asume esto como una traición “a la revolución”, y lo denuncian como “agente de la CIA” por antisoviético. Desde muy joven, en el Plan de Barranquilla, es socialdemócrata, y cuestiona la URSS, el stalinismo y los “procesos de Moscú”. Se esfuerza por acuerdos, porque conoce la precariedad militar del “experimento democrático”.

Los jóvenes de AD (Moleiro, Martín, Pérez Marcano) se habían forjado en la lucha clandestina con sus compañeros comunistas, socialcristianos y urredistas en la Junta Patriótica. El PCV y el MIR en 1960 apuntan a “acelerar” la tensión entre perezjimenistas, izquierda y demócratas en las FF. AA, con una estrategia basculante entre putchismo y foquismo guerrillero. Durante el quinquenio de Betancourt izquierda y derecha encabezaron dos decenas de conatos o golpes militares. El general José María Castro León, nieto de Cipriano Castro, había sido jefe de la conspiración del 23 de enero y no Larrazábal, quien lo expulsa en 1958 por intentar derrocarlo, y comienzan los golpes militares. En 1961 Argimiro Gabaldón propone crear también frentes guerrilleros.

En abril de 1960, Castro León emprende una invasión por Cúcuta y apoyado en el dictador dominicano “Chapita” Trujillo, toma San Cristóbal por un día, al comienzo de “la década de la violencia”. El 24 de junio de 1960 es el atentado contra el presidente Betancourt en Los Próceres, también promovido por “Chapita”, donde muere el jefe de la Casa Militar. El presidente queda herido, con pérdida parcial de la vista y el oído, pero de inmediato en televisión ratifica que estaba al mando. En junio de 1961, El Barcelonazo, encabezado por los oficiales L.A. Vivas Ramírez, Massó Perdomo y T. Murillo, arrastra 30 muertes, 50 heridos y 100 detenciones.

El 28 de enero de 1962, la secuela viene con El Guairazo, un levantamiento de mandos medios, cuyas entretelas, según Agustín Blanco Muñoz, dirigen los oficiales Manuel Ponte Rodríguez y Pedro Medina Silva. En mayo de 1962 es El Carupanazo, insurrección comandada por los oficiales R. T. Molina Villegas, Vegas Castejón, Héctor Fleming y líderes de PCV y el MIR, con 50 muertes, 400 heridos y 400 detenidos. En junio 2 es El Porteñazo, encabezado por los mencionados Ponte, Medina, Víctor Hugo Morales y que costó 380 vidas en Carabobo. Según Ramón J. Velásquez, la autoridad de Betancourt era tan contundente que cuando había rumores de golpe, “convocaba” al Alto Mando a Miraflores alrededor de un mesón de comidas y bebidas.

El detalle es que ordenaba no salir del recinto hasta que terminara el conato. La democracia ya está consolidada en los 80, pero el radicalismo se mantiene beligerante. Arturo Sosa SJ y otros intelectuales, descalifican el proceso como “falsa democracia”, un mero “acuerdo de élites”, con un sentido contrario al concepto original de Barrington Moore. A finales de los 80, los antipuntofijismos se reencuentran en la persistencia insurreccional de Uslar Pietri, Marcel Granier, M.H. Otero, Jorge Olavarría, Douglas Bravo, y operadores menores, Pablo Medina, Napoleón Bravo, telenovelistas etc. Estigmatizan la democracia como un simple “populismo clientelar” y “corrupto”.

Un sesgo ideológico-pasional, porque Venezuela es uno de los pocos casos regionales donde el populismo fue marginal hasta comienzo de los 2000, precisamente gracias a la impronta de Betancourt. Hemos examinado Puntofijo como pacto de gobernabilidad pero una segunda aproximación permite verlo como pacto constitucional, que constituye al Estado Democrático de Derecho y Representativo, de los escombros de la dictadura. Nace en 1961 con una constitución moderna, bien escrita, por consenso cuantitativo-cualitativo, de mayorías calificadas-unanimidad en todas las instituciones legislativas. Toma en eso el modelo de la constitución de los EE. UU (1787 y 1789).

Asesoran su elaboración personalidades jurídicas y literarias internacionales. En un tercer sentido, el pacto de Puntofijo crea, decíamos, una democracia consociacional o consensual. Los mecanismos para designar las instituciones decisorias, son pluralistas (elección proporcional), tripartitas y conformadas en confluencia entre el sistema político, empresarios y sindicatos, no como en las anglosajonas de decisión mayoritaria. En este esquema socialdemócrata, se firma el Pacto de Avenimiento Obrero-patronal (24 de abril), entre CTV y Fedecámaras, para enfrentar los problemas salariales y de empleo.

Esa raíz consociacional, explica la Declaración de la XIV Asamblea de Fedecámaras en Barquisimeto (1958), que en medio de la crisis, adhiere plenamente al sistema democrático. En una quinta aproximación, el Pacto de Puntofijo contiene el Programa Mínimo de Gobierno, la plataforma de medidas que Betancourt, Larrazábal y Caldera, desarrollarían, cualquiera que triunfara. Y por último el Pacto, traerá la estrategia económica: industrialización por sustitución de importaciones, reforma agraria, democratización educativa y progresiva apropiación del petróleo y el gas, que en apenas quince años transforma aquel país campesino en moderno y urbano.

@CarlosRaulHer


https://www.eluniversal.com/el-universal/226863/transicion-contra-hecatonquiros

La conjura de los necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. LIBRO GRATIS

 


Escribió una de las novelas más brillantes del siglo XX. Ninguna editorial quiso publicarla.
Se suicidó sin verla impresa.
Once años después ganó el Pulitzer.
John Kennedy Toole escribió La conjura de los necios en 1962, cuando tenía 24 años. Pasó los siguientes años enviando el manuscrito a todas las editoriales que pudo. Una tras otra, todas lo rechazaron. Sin explicaciones de peso. Sin reconocer lo que tenían en las manos.
A los 31 años, sin haber conseguido publicarlo, se suic*dó. Y ahí podría haber terminado todo. Un escritor más que el sistema trituró en silencio. Un manuscrito más en un cajón.
Pero entonces entró su madre.Thelma Toole tomó el manuscrito de su hijo y siguió pateando puertas durante años. Hasta que logró que la Universidad Estatal de Luisiana lo editara. La conjura de los necios provocó un sismo en la crítica, ganó el Premio Pulitzer en 1981 y se convirtió en libro de culto de muchas generaciones.
La madre de John Kennedy se hizo millonaria, aunque el dinero nunca pudo pagar su enorme pena.
Hay algo que esta historia revela sobre la industria editorial que nadie quiere decir en voz alta. Las editoriales no buscan los mejores libros. Buscan los libros más seguros. Los que encajan en lo que ya funcionó antes. Los que no incomodan demasiado. Los que tienen un autor con plataforma, con contactos, con cara conocida.
Al joven García Márquez, cuando envió su primer manuscrito a la Editorial Losada de Buenos Aires, el editor le respondió en carta que se dedicara a cualquier otro oficio diferente de la literatura.
Al mismo Rulfo, mientras escribía Pedro Páramo, sus propios compañeros de taller le decían que no tenía hilo conductor y que no iba a ninguna parte.
Los editores que rechazaron a Toole, a García Márquez y a Rulfo no eran malvados. Eran personas tomando decisiones de negocio con miedo a equivocarse.
El problema es que ese miedo tiene consecuencias reales. Un escritor de 31 años que no pudo aguantar más. Un cajón cerrado. Una madre que tuvo que pelear sola por la obra de su hijo muerto.
La próxima vez que una editorial rechace algo, recuerda que los editores ya rechazaron a Proust, a Joyce, a Kafka, a Rulfo y a Toole. Su criterio no es infalible. Nunca lo fue.

Fuente: ARTE, HISTORIA, FILOSOFÍA, CINE, LITERATURA Y OTROS MENESTERES

La conjura de los necios

La conjura de los necios
 
   
Generos:    
 

La conjura de los necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia. Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistral Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria. El autor, John K. Toole, consigue una crítica clase media. Logra mantener el interés del lector (incluso mayor en una segunda lectura que en la primera) con un abanico de personajes a cuál más desagradable. No deja títere con cabeza y, a través de la tortuosa y enrevesada personalidad de Ignatius, da un repaso a la época que le tocó vivir en un tono de burla que contrasta con la triste visión de las vidas de los personajes retratados. No encontramos únicamente una loca y angustiosa historia de crítica social, sino que el argumento engancha desde el comienzo. Momento en el que, como dice su protagonista, Fortuna hace girar su rueda hacia abajo y nunca sabemos cual es la desagradable sorpresa que nos depara el destino. A partir de aquí, unas situaciones enganchan con otras, al igual que lo van haciendo los personajes, y se va formando una enorme bola de nieve que terminará estallando al final de la novela. Tras terminar La onjura de los necios, a sus 32 años, el autor intentó infructuosamente que la publicasen. Ello derivó en una profunda depresión que le condujo al suicidio. Gracias a la tenacidad e insistencia de su madre hoy podemos disfrutar de esta deliciosa obra galardonada con el Premio Pulitzer. También podemos encontrar publicada La Biblia De Neón, novela escrita cuando el autor tenía 16 años.

The Washington Post, post-mortem

 

Robert Kuttner 

08/02/2026 

El Washington Post, uno de los tres periódicos nacionales de los Estados Unidos, acaba de despedir a alrededor del 30 % de su plantilla, tras dos rondas anteriores de despidos y adquisiciones. El Post, ahora reducido, contará con menos de 600 empleados, frente a los 2.800 del New York Times. Los despidos se deben a una orden del propietario del Post, Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo.

El Post perdió unos 77 millones de dólares en 2023, otros 100 millones en 2024 y aún más el año pasado. Eso, para Bezos, es calderilla. Pero después de haber comprado en 2013 una de las joyas de la corona del periodismo norteamericano por 250 millones de dólares, Bezos ha decidido destrozarla en lugar de reforzarla, acabando con su página editorial independiente y recortando la redacción.

Hay varios artículos excelentes y extensos, en The New YorkerThe Atlantic, y en el Substack de nuestro amigo Matt Stoller, que explican en detalle por qué Bezos ha hecho lo que ha hecho. No es necesario repetir aquí los detalles. En resumen: The Post resultó ser más problemático de lo que valía, dados los demás intereses comerciales de Bezos con Trump.

Es un axioma que una prensa fuerte e independiente constituye un pilar de la democracia. La libertad de prensa requiere una prensa. Entonces, ¿cuál es la solución?

A lo largo de decenios, los tres grandes periódicos nacionales norteamericanos estuvieron protegidos por familias con un sentido ético del importante papel que desempeña el periodismo en una democracia. Los Graham valoraban la misión del Post; la familia Sulzberger mantuvo su fe en el Times. Hasta en The Wall Street Journal, la familia Bancroft mantuvo la integridad del departamento de noticias.

Luego, en 2007, los Bancroft vendieron el Journal a la News Corporation, de Rupert Murdoch. Mucho antes de que Murdoch lo comprara, la página editorial del Journal era ridículamente ultraderechista. Pero su cobertura de la corrupción del capitalismo era de primera categoría. Murdoch, consciente del valor de la franquicia, dejó la redacción prácticamente intacta.

Mientras tanto, la familia Graham llevaba al Post a nuevas cotas, defendiendo la investigación del caso Watergate frente a las burdas amenazas de la administración Nixon de destruir el periódico y ante una junta directiva del Post extremadamente medrosa.

A pesar de algunos errores y tropiezos ocasionales, como pagar demasiado por The Boston Globe, la familia Sulzberger siguió defendiendo la integridad de la redacción del Times e invirtió con éxito en la conversión de un gran periódico tradicional en un producto multimedia para la era digital sin renunciar a la versión impresa. Pero el Post fracasó en esta transición. Los Graham no pudieron decidir si convertir el Post en un verdadero periódico nacional y cómo hacerlo, ni cómo maximizar su alcance tanto en su formato digital como impreso. A pesar de su virtuoso desempeño periodístico bajo la dirección del primer editor ejecutivo de Bezos, Marty Baron, el Post perdió dinero, mientras que el Times y el Journal obtuvieron beneficios.

Conclusión: no podemos confiar en las familias tradicionales y sus sucesores a la hora de mantener la independencia y la solidez financiera de los grandes periódicos. Necesitamos un modelo distinto.

Uno de ellos es el del británico The Guardian. Gracias a un accidente de la historia, The Guardian es propiedad y está controlado por un fideicomiso sin ánimo de lucro. Tras la muerte de su director, C.P. Scott, un espíritu radical, y de su hijo Ted en 1932, John, el hijo que les sobrevivió, creó el Scott Trust como propietario en 1936, exigiendo únicamente que el periódico mantuviera sus principios fundacionales.

Alan Rusbridger, director de The Guardian durante mucho tiempo, fue un modelo de valentía e integridad cuando se negó a entregar al gobierno británico los discos duros proporcionados por Edward Snowden en 2013. Si The Guardian hubiera estado controlado por magnates de la prensa con ánimo de lucro, como el resto de la prensa británica, quizás Rusbridger no hubiera sido nunca director.

Las fundaciones norteamericanas donan miles de millones de dólares cada año a diversas causas, algunas dignas y otras absurdas. No hay nada más digno que mantener una prensa independiente y sólida. Y también hay algunos multimillonarios con principios. ¿Qué tal crear un fideicomiso sin ánimo de lucro para comprar o crear un gran periódico diario en la capital del país? ¿Quizás podría ser la última acción de George Soros? Quizás la filántropa MacKenzie Scott podría eclipsar a su exmarido, el espantoso Bezos.

Cuando yo trabajaba para el Post, en la época del Watergate, la redacción contaba en su conjunto con unas 500 personas. Y eso fue suficiente para derrocar a un presidente corrupto y realizar reportajes especializados sobre Vietnam, incluidos los Papeles del Pentágono.

Baltimore nos ofrece un modelo. El Baltimore Banner lo creó en 2022 Stewart W. Bainum Jr., empresario y filántropo, después de que Alden Global Capital, que saqueó el otrora gran Baltimore Sun, rechazara una oferta de Bainum para comprar el Sun. Bainum creó entonces el Instituto Venetoulis para el Periodismo Local, una organización sin ánimo de lucro, con el fin de crear y ser propietario del Banner, que actualmente existe sólo existe en formato digital.

El Banner ganó un Pulitzer en 2025 por su cobertura de las sobredosis de drogas. Ya cuenta con unos 55.000 suscriptores de pago y una plantilla de 125 empleados, y acaba de anunciar una edición para el condado de Prince George (Maryland), mientras el Post se retira de la cobertura local.

El periodismo es demasiado vital para la democracia como para estar sujeto a los caprichos de propietarios multimillonarios y a los vaivenes de las familias tradicionales. Parafraseando al gran crítico de prensa A.J. Liebling: la libertad de prensa le pertenece a quienes poseen prensa.

 
cofundador y codirector de la revista The American Prospect, es profesor de la Heller School de la Universidad Brandeis. Columnista de The Huffington Post, The Boston Globe y la edición internacional del New York Times, su último libro es “Going Big: FDR's Legacy, Biden's New Deal, and the Struggle to Save Democracy” (New Press, 2022).
Fuente:
The American Prospect, 6 de febrero de 2026

La diplomacia familiar de Trump: cómo su amigo del golf y su yerno se han convertido en sus grandes negociadores

 El destino de Gaza, el programa nuclear iraní y la guerra de Ucrania son negociados principalmente por el magnate inmobiliario Steve Witkoff y el marido de Ivanka Trump, Jared Kushner.

El ministro de Asuntos Exteriores de Omán se reúne con el enviado especial de EEUU, Steve Witkoff, y el yerno del presidente estadounidense Donald Trump, Jared Kushner.REUTERS

Antònia Crespí Ferrer

Washington D.C.-18/02/2026