Boves, el urogallo Francisco Herrera Luque

 


Boves, el urogallo es una de las novelas históricas más importantes de la literatura venezolana, escrita por el psiquiatra y escritor Francisco Herrera Luque y publicada originalmente en 1975.

El perfil psicológico: Herrera Luque utiliza su perspectiva como psiquiatra para analizar la mente de Boves. Lo retrata no solo como un monstruo despiadado, sino como un resentido social guiado por el trauma, el rechazo de la aristocracia mantuana y una sed insaciable de venganza.El apodo ("El Urogallo"): El urogallo es un ave heráldica de Asturias (tierra natal de Boves) conocida por su agresividad, soberbia y por el hecho de que, al entrar en su época de celo y canto, se vuelve sorda y ciega ante el peligro, una analogía perfecta para la furia destructiva del caudillo.La "rebelión popular": La novela muestra cómo Boves logró aglutinar a las masas olvidadas (llaneros, pardos, esclavos e indígenas) no por una causa política o de lealtad real a la Corona española, sino bajo la promesa de destruir a los mantuanos blancos que los oprimían, desatando una brutal guerra de castas.


La obra retrata la vida de José Tomás Boves, un militar asturiano que se convirtió en uno de los caudillos más temidos, crueles y determinantes de la Guerra de Independencia de Venezuela.


Alrededor de la psiquis deambula el personaje de Boves, el urogallo, cuyo protagonismo lo producen las circunstancias.  


Boves, el urogallo

Boves, el urogallo
 
   
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José Tomás Boves, el guerrero asturiano, el paladín de la anti república, el destructor entusiasta del orden colonial, cobra vida en las páginas de esta novela para despertar pasiones entre ávidos lectores. Francisco Herrera Luque nos presenta uno de los perfiles psicológicos de la cultura venezolana e hispanoamericana más controversiales: Boves el temido, Boves el amado, se encuentran aquí para desentrañar la importancia del mito del antihéroe dentro de la historia nacional.

"Esta es la historia verídica, fabulada y verosímil de José Tomás Boves, aquel fabuloso guerrero asturiano, que entre 1813 y 1814 fue el paladín de la antirrepública, el destructor afiebrado del orden colonial y el primer caudillo de la democracia en Venezuela."

Des(hu)manización: la pérdida del mundo y el olvido de las manos

 Las manos operan como umbral y como puente, constituyen nuestra principal vía de inserción en el mundo. Contactamos con lo real, lo palpamos y lo sopesamos mediante los dedos, que encarnan de manera inequívoca nuestra finitud.


Carlos Javier González Serrano      @aspirar_al_uno

Aristóteles escribió en De anima (Libro III, Cap. 8) que, en cierto modo, «el alma es todas las cosas», en tanto que puede concebir cualquier realidad: el alma se convierte en aquello que comprende o intenta comprender. Esta afirmación cobra pleno sentido cuando, análogamente, reparamos en nuestras manos: igual que el alma (ψυχή), la mano es una materialidad capaz de amoldarse a todas las materialidades, un órgano plásticamente abierto a la totalidad del ser. Podría decirse que las manos son la encarnación de nuestras almas.

En este sentido, deberíamos preguntarnos con urgencia de qué estamos llenando nuestras manos y, en paralelo, de qué estamos atiborrando nuestras almas. Las manos operan como umbral y como puente, constituyen nuestra principal vía de inserción en el mundo. Con-tactamos con lo real, lo palpamos y lo sopesamos mediante los dedos, que encarnan de manera inequívoca nuestra finitud y la inconmensurable belleza de lo caduco: entrelazamos nuestras manos con la persona amada, compartimos el alimento en la mesa, abrazamos al amigo y lo apretamos con nuestro pecho mediante las manos o saludamos con unas manos que envejecen, se deterioran y quedan marcadas por los surcos que se van horadando con el paso del tiempo.

Amordazados por la hegemonía de lo liso y lo pulido y de superficies que eluden el desgaste, y atenazados por el comercial instinto de poseerlo todo, nuestras manos persisten en recordarnos el incuestionable encanto de lo perecedero: la mano es alegoría del amparo recíproco, de la responsabilidad en el mutuo cuidado y, en la despedida, de la sabiduría del saber desprenderse, de la desposesión –que renuncia a la frenética apropiación–. La única inmortalidad que nos es dada es la del gesto que no olvida al otro: la mirada, un rostro que nos atiende. Las manos guardan el recuerdo (re-cordis, hacer pasar de nuevo por el corazón) de la atención por el otro.

El laberinto de la soledad Octavio Paz

 


El laberinto de la soledad es una de las obras cumbres del escritor mexicano Octavio Paz, publicada originalmente en 1950. Se trata de un extenso ensayo que analiza la identidad, la historia y la psicología del mexicano, explorando los traumas históricos que dan forma a su cultura y a su constante sentimiento de aislamiento.

Ideas principales

La soledad como condición: Paz plantea que la soledad es el fondo último de la condición humana, pero en el mexicano se manifiesta como una herida histórica y un aislamiento consciente.

José Pablo Feinmann popularizó la filosofía en Argentina LIBROS


 

José Pablo Feinmann (1943–2021) fue un célebre filósofo, escritor, ensayista y conductor de televisión argentino. Es ampliamente reconocido por haber sido el gran divulgador que popularizó la filosofía en Argentina, especialmente a través de su masivo y aclamado programa de televisión "Filosofía aquí y ahora" transmitido por Canal Encuentro

Menos reacción, más proposición

 Frente a un Estado que ha abdicado de sus funciones, a la sociedad civil le toca seguir tejiendo redes de apoyo, desde iniciativas de salud comunitaria hasta programas de educación alternativa



MIBELIS ACEVEDO DONÍS          19/09/2026

El más reciente informe de IDEA Internacional, The Global State of Democracy 2026: Democracy in an Age of Conflict, arroja luces adicionales sobre las limitaciones de los enfoques tradicionales frente a la autocratización. El documento confirma un estancamiento democrático y un declive preocupante en la libertad de expresión, la efectividad legislativa y el acceso a la justicia a nivel global.

Para Venezuela y América Latina hay allí advertencias ineludibles. Por un lado, destaca la paradoja del conflicto: países que mantienen ciertos estándares y procedimientos democráticos -fachadas institucionales- pero que carecen de competencia  política real y derechos exigibles, tienen un riesgo significativamente mayor de incubar condiciones que provoquen conflictos violentos. La relación entre democracia y paz tiene la forma de una "U invertida", con regímenes híbridos o autoritarismos competitivos que se presentan como los más inestables. Asimismo, se confirma que la democracia en la región sigue bajo asedio, sometida a tensiones extremas debido a la polarización, los ataques a las instituciones electorales y la desinformación. En torno a ese preocupante panorama, no faltan las recomendaciones. La rendición de cuentas generada por una sociedad civil activa es un factor clave para mitigar conflictos. Lo ideal es invertir a largo plazo en la cohesión social y el compromiso cívico como cimientos de una paz positiva.

Tales señalamientos hacen más pertinente la añeja observación de que la sola denuncia opositora no basta para promover cambios. Pese a que en un sistema autoritario esta opera casi como la única herramienta disponible, también toca admitir que el escenario venezolano sigue experimentando cambios, de modo que el mismo repertorio que antes funcionó como recurso para mantener la relevancia hoy corre el riesgo de convertirse en una forma de inercia: la comodidad de señalar lo que está mal sin disputar, todavía, quién construye lo que vendrá.

Partiendo del informe de marras, reiteramos que la verdadera contención del conflicto y la reconstrucción democrática pasan por fortalecer el tejido social desde adentro. De allí la sospecha de que el tránsito desde una postura puramente reactiva a una agencia política proactiva sigue siendo, quizás, el desafío más complejo y urgente para la oposición y la sociedad civil venezolana. En tal sentido, y aun cuando la reflexión de teóricos como Pierre Rosanvallon (quien afirma que la legitimidad democrática ya no se reduce al voto mayoritario) aplica a las dinámicas de las democracias contemporáneas, podría decirse que durante años nuestro disfuncional ecosistema  político también se ha anclado a eso que el francés asocia a la política del rechazo: una dinámica fundada en la desconfianza organizada y la denuncia sistemática, no pocas veces compulsiva. A merced de esa limitación, la capacidad de los ciudadanos para proponer proyectos positivos comunes se debilita. Si bien la denuncia es un imperativo ético frente al autoritarismo, como estrategia política se vuelve estéril si no va acompañada de la construcción de alternativas tangibles y de resolución de los problemas cotidianos de la ciudadanía. Ante una práctica que se reproduce, ahora bajo tutelaje, ¿cómo dar el salto sustantivo desde la queja a la proposición; cómo replantear los marcos de la acción política aun en las condiciones limitadas que el contexto despliega?

SOCIOLOGÍA DEL PUNTOFIJISMO Y EL HIPERPUNTOFIJISMO CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

 "...no tengo nada en común con quienes temen a las quemaduras". (Guillaume Apollinaire)

20/09/2026

El gobierno da pasos importantes, pero le falta presentar el proyecto estratégico de cambio social, un plan económico e institucional contundente. Tal vez por aún rendir culto a ídolos rotos no define un nuevo rumbo para las mayorías; y la imagen de la presidente es de eficiente tecnócrata stajanovista. Problemas gravísimos que enturbian nuestro futuro, no son de interés para EE. UU, ni en los cursos de plastilina II de la política local. Se trata de que, sin cambio social e institucional, el incremento de la renta petrolera no resolverá los desarreglos económicos sociales que el hiperpuntofijismo chavista exaspera. Entendemos puntofijismo (“clásico” u “ortodoxo”) como el ensamble de la democracia representativa constitucional con un Estado hipertrofiado, capitalismo de Estado o socialismo democrático.

Manuel Villegas López, un sabio del séptimo arte



El 11 de octubre de 1980, a la edad de 74 años, fallecía en Madrid Manuel Villegas López. La fecha nos da la excusa para rememorar aquí la figura de un intelectual que merece ser recordado por su trabajo como historiador, teórico y crítico cinematográfico.

Esta actividad le llevó a participar en tres de los grandes logros alcanzados por España en el siglo XX: fue miembro de la llamada Edad de Plata; formó parte de la aportación cultural que el exilio republicano español supuso para América; y, tras su regreso a Madrid en 1953, actuó de mediador entre los intelectuales rojos y azules, siendo precursor de la Transición.

Hoy su legado, más de 25 000 páginas de crítica cinematográfica, está siendo objeto de conservación y estudio. Pronto estará al alcance de todos los hispanohablantes a través de Internet gracias a la colaboración de entidades públicas y privadas, como la Universidad Camilo José Cela, Filmoteca Española y la empresa Código Media.

La crítica

En 1979, Iván Tubau, en su estudio sobre la crítica cinematográfica española en las revistas especializadas de aquel momento, resaltaba dos cosas que son de importancia para reseñar la figura de Manuel Villegas López.

En primer lugar, señalaba que en España se había estudiado muy poco el papel que había tenido la crítica cinematográfica, ya fuese en la configuración del gusto, el impacto de la recepción del filme, la política de autor, su relevancia mediática dentro de la prensa cultural, su expresión de las ideologías del momento, etc.

Argumentaba Tubau que ello se debía a una falta de tradición teórica entre los críticos españoles que no se daba en Francia, Italia o Gran Bretaña, por mencionar países próximos. Además, estos escritores cinematográficos ignoraban la crítica literaria y de arte, una tradición que en España estaba mucho más asentada y actualizada. Ambas circunstancias explicaban, por ejemplo, que la crítica cinematográfica española hubiese llegado tarde al estructuralismo, la semiótica o el psicoanálisis.

Estos son algunos de los pensadores más influyentes en la actualidad BAJAR SUS LIBROS GRATIS

 Estas nueve mentes han contribuido a perfilar muchas de las políticas sociales y económicas de las sociedades vigentes. Conceptos como justicia social, género, hiperconectividad o dataísmo que este destacado elenco ha pensado y reformulado ajustándolos a las circunstancias de hoy.

Carmen Gómez-Cotta

@GomezCotta

Poner coto a los pensadores más destacados de nuestro tiempo es ardua tarea. Pero si algo no se puede discutir es que estas nueve mentes han contribuido a perfilar muchas de las políticas sociales y económicas de las sociedades vigentes. Conceptos como justicia social, redistribución de las riquezas, lenguaje, género, hiperconectividad o dataísmo que este destacado elenco ha pensado y reformulado ajustándolos a las circunstancias de hoy.

Por eso, sus nombres siempre aparecen, de una forma u otra, en los debates sobre política, economía, sociología, tecnología —o, incluso, religión— que se tercien.

Noam Chomsky (Filadelfia, Estados Unidos, 1928)

Los humanos poseemos un sentido innato de la gramática lingüística que se antepone a cualquier aprendizaje social. Por este motivo, afirma uno de los más relevantes —y longevos— pensadores de nuestro tiempo, podemos aprender diferentes lenguas desde jóvenes, por muy complejas que sean.

Sin embargo, la fama de Noam Chomsky no se debe a su teoría de la gramática universal, sino a su implacable ataque al imperialismo estadounidense y la globalización. Desde su punto de vista, la dinámica globalista y el capitalismo neoliberal —incluidas las diversas intervenciones militares— impulsados por las distintas administraciones de su país son el origen de buena parte de los problemas del mundo, pues lo único que hacen es acrecentar cada vez más las diferencias sociales y erosionar los derechos democráticos de las personas. Para combatirlos, Chomsky siempre ha defendido democracias más directas y participativas que, ante todo, fomenten el pensamiento crítico de sus ciudadanos y frenen la exorbitante competitividad imperante.

Peter Singer (Melbourne, Australia, 1946)

Corría el año 1975 cuando Peter Singer publicó Liberación animal, un libro que cuestiona cómo las sociedades modernas tratan a los animales. Desde su punto de vista, estos no son meros objetos o herramientas de trabajo, sino «seres sintientes». Su tesis se basa en la defensa de la igualdad como principio moral: que un perro no tenga derecho al voto no quiere decir que pueda ser torturado. La capacidad de sentir dolor y sufrir, esgrime el filósofo australiano, es el límite por el cual debemos otorgar consideración moral a un ser. Esto lo llevó a ampliar la categoría de sujetos de derecho para incluirlos en ella y su obra pasó así a convertirse en una especie de biblia para los defensores de los derechos de los animales.

Heredero del principio utilitarista de John Stuart Mill y Jeremy Bentham —según el cual el objetivo de la ética debe ser reducir el sufrimiento global y maximizar el bienestar—, Singer da un paso más y desarrolla su «utilitarismo preferencial»: las acciones de los individuos deben considerarse moralmente en función de su capacidad para satisfacer los intereses de los seres a los que afectan. Hoy, en el campo de la bioética, defiende el aborto o la eutanasia, pues, desde su punto de vista, el criterio que debe prevalecer es el bienestar y la reducción del sufrimiento por encima de la vida en sí misma.

Martha Nussbaum (Nueva York, Estados Unidos, 1947)

¿Y si el concepto de «vivir bien» estuviera basado en el florecimiento del ser humano —entendido como una vida digna y plena—, en vez de solo en la riqueza y el placer? Partiendo de Aristóteles —para quien la vida buena no era solo vivir felizmente, sino de forma plena—, Martha Nussbaum se pregunta cómo conseguir que todas las personas (no solo las más pudientes) puedan crecer y florecer. Junto al pensador Amartya Sen, desarrolla su famoso «enfoque de las capacidades», un modelo que mide la capacidad de cada individuo para hacer y ser en base a la libertad de la que dispone. Es decir, qué oportunidades tiene cada persona a su alcance para desarrollar sus capacidades y hacer lo necesario para lograr lo que quiere ser.

Su teoría pone el acento en la justicia social y la calidad de vida, pues su objetivo es garantizar un mínimo bienestar social y económico que dote a las personas de un nivel de dignidad humana bajo el cual nadie pueda vivir. Defiende que cada individuo tiene derecho a vivir su propia vida sin interferencias del Estado y que la felicidad colectiva no puede alcanzarse arriesgando los derechos individuales de las minorías, pero reconoce que ese «no intervencionismo» no es suficiente para alcanzar sociedades más justas: el Estado tiene que garantizar una serie de mínimos para que los individuos puedan desarrollar sus propias capacidades. Su enfoque ha influenciado muchas de las políticas del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, así como diversos programas de justicia social y educación.