¿Sabíais que los koalas pueden dormir hasta 22 horas al día o que el ajolote puede regenerar sus extremidades? Estos son solo algunos ejemplos de las curiosidades que Mario Alonso Santamaría, más conocido como Mario de Wonder, nos cuenta en su canal de Youtube. En este espacio, más allá de datos fascinantes, el biólogo desgrana la complejidad del reino animal para hacerla fácil para el público general. Un universo fascinante por sí solo, pero que también puede ayudar a entendernos mejor a nosotros mismos y nuestra relación con la naturaleza. En esta entrevista exploramos, junto a Mario, todo lo que el medio ambiente nos ofrece y también nos enseña.
Tienes dos grandes pasiones: la actuación y la biología. Comenzaste estudiando Ingeniería de Materiales y, a un año de terminar, decidiste dejarlo para empezar Biología. ¿En qué momento supiste que tu verdadera pasión era la naturaleza?
Yo he dado muchos bandazos, pero siempre me han gustado los animales, siempre he estado en contacto con ellos. Mi abuelo y mi padre han tenido animales en casa toda la vida, incluso animales que no se debían criar y luego, cuando se cansaban de ellos, los soltaban donde no debían. O sea, cosas que se hacían hace años, y que eran en realidad tropelías a nivel medioambiental.
A la hora de elegir carrera, como los animales no daban dinero (o eso decían), elegí hacer el doble grado de Ingeniería de Materiales con Ingeniería de Energía. Pero, una vez dentro, me di cuenta de que no era para mí. En ese momento yo había hecho un taller de teatro para sumar créditos y me encantó. Por eso, a un año de acabar dije «a la mierda, lo importante es mi pasión», y decidí empezar la carrera de Biología, compaginándola con Arte Dramático.
El canal de YouTube nace de eso. Me encantaba salir a la calle, fijarme en los animales y contar curiosidades sobre ellos y pensé «seguro que hay gente a la que le gustaría escucharlas».
Como un apasionado de la naturaleza habrás visto en Internet fake news o medias verdades sobre el tema, como el supuesto ataque de una orca a su entrenadora Jessica Radcliffe, que resultó ser contenido generado por IA. ¿Cómo puede afectar la desinformación a la lucha por la conservación de la biodiversidad?
«Hay autores que afirman que ya estamos viviendo la sexta extinción»
Más que la irrupción de la IA y los contenidos de fake news, creo que un factor importante es que estamos sobreestimulados. Esto hace que, incluso cuando vemos algo verdadero, nos impacte durante tan solo unas horas –como mucho, unos días– y luego se nos olvide. Aunque el mensaje de conservación sea real y bueno, al final no acaba calando.
Si a esto le unimos el hecho de que a lo que vemos no le damos credibilidad total, los divulgadores acabamos cobrando, al menos de momento, más relevancia. Pero, como consumidores, tenemos la responsabilidad de tener pensamiento crítico y de aprender a distinguir entre los contenidos reales y los falsos.
En este sentido, tu canal cumple una labor fundamental. Por ejemplo: en 2025 se extinguieron varias especies animales y, en un directo, quisiste rendir homenaje a cinco en concreto (el zarapito fino, la gran mariposa de Mozambique, Mecodema punctellum, Conus lugubris y la musaraña de la Isla de Navidad). ¿En qué punto nos encontramos en cuanto a la extinción de especies?
Con el tema de las extinciones tenemos un problema bastante importante: hay autores que afirman que ya estamos viviendo la sexta extinción. Para hacernos una idea, la quinta fue la de los dinosaurios, donde desaparecieron alrededor del 75% de las especies del planeta. Yo no creo que estemos todavía en ese punto, pero sí nos encontramos ante un panorama complicado. Por ejemplo, cerca del 40% de los anfibios están amenazados y son muy pocas las especies que consiguen adaptarse bien a la actividad humana: la deforestación de sus hábitats, los vertidos de residuos, el plástico…
¿Cómo afecta la desaparición de una especie al ecosistema?
Al final, los ecosistemas funcionan como un engranaje: cada movimiento condiciona al siguiente y puede acabar generando una especie «efecto mariposa». Un ejemplo claro es el de los lobos de Yellowstone. Tenemos que remontarnos a 1914, en Montana. La población de la zona dependía en gran medida de la caza –de la carne, las pieles y las astas– y se dio cuenta de que los depredadores cazaban las mismas presas que ellos. Pensaron que, si eliminaban a los depredadores, podrían cazar más, obtener más carne y ganar más dinero. Por eso, pusieron en marcha políticas para perseguir y matar lobos, pumas y osos, hasta erradicar por completo a los primeros.