“Los muertos” (The Dead) es el último de los quince relatos que componen la colección Dublineses, publicada por James Joyce en 1914. El cuento construye un retrato costumbrista de la sociedad burguesa del Dublín de principios de siglo.
Los muertos de James Joyce. Una de las grandes joyas de la narrativa corta de todos los tiempos.
“Los muertos” (The Dead) es el último de los quince relatos que componen la colección Dublineses, publicada por James Joyce en 1914. El cuento construye un retrato costumbrista de la sociedad burguesa del Dublín de principios de siglo.
«El libro rojo»: Carl Jung; libro y análisis Libro gratis
El Libro Rojo (o Liber Novus) de Carl Gustav Jung es el registro detallado, íntimo y visionario de su confrontación personal con el inconsciente, ocurrida entre 1914 y 1930. Es una obra que combina textos y pinturas para explorar arquetipos, símbolos y visiones, fundamentales para el desarrollo de la psicología analítica, el proceso de individuación y la técnica de la imaginación activa.
- Contenido: Contiene un diario de visiones y diálogos con figuras internas como Filemón (un guía espiritual) y Salomé.
- Temas centrales: El viaje del alma, la búsqueda de sentido, la integración de la sombra y la confrontación con el "espíritu de la época" y el "espíritu de la profundidad".
- Influencia: Es la base de toda la obra posterior de Jung; él lo consideraba el material más importante de su vida.
ESCULPIR EN EL TIEMPO uno de los mejores libros sobre cine y arte en general que jamás se hayan escrito.
Esculpir en el tiempo, por Andrei Tarkovski.
Una persona verdaderamente libre no puede ser libre en un sentido egoísta. La libertad del individuo tampoco puede ser el resultado de un esfuerzo social. Nuestro futuro depende de nosotros mismos y de nadie más. Y nos hemos acostumbrado a compensar todo con el esfuerzo y el sufrimiento ajenos, ignorando el sencillo hecho de que en este mundo todo está relacionado y que no existe la casualidad, aunque sólo sea porque tenemos una voluntad libre y el derecho a decidirnos entre el bien y el mal.
Por supuesto que las posibilidades de la propia libertad se ven limitadas por la libertad de los demás. Pero me parece importante indicar que la falta de libertad siempre es consecuencia de la cobardía y la pasividad interiores, el resultado de la falta de decisión en pro de la expresión de la propia voluntad, acorde con la voz de la conciencia.
En Rusia es usual citar al escritor Korolenko, según el cual, «el hombre ha nacido para la felicidad como el pájaro para volar». En mi opinión, no puede haber nada más lejano a la naturaleza de la vida humana que esta frase. En realidad, no tengo idea alguna de lo que puede significar el concepto de felicidad. ¿Contento? ¿Armonía? ¡Pero si el hombre siempre está descontento y no tiende a solucionar cosas concretas, factibles, sino hacia el infinito…!
Y ni siquiera la Iglesia consigue calmar esas ansias de absoluto, porque desgraciadamente no parece sino una fachada hueca, una caricatura de las instituciones sociales, que se dedican a organizar la vida práctica. La Iglesia de hoy ha resultado ser incapaz de compensar el sobrepeso materialista y técnico con una llamada a la vida del espíritu. En el contexto de esta situación, la función del arte reside -para mí- en expresar la idea de la libertad absoluta de las posibilidades interiores y espirituales del hombre.En mi opinión, el arte siempre ha sido un arma en la lucha del hombre contra la materia, que amenaza con devorar su espíritu. No es casualidad que el arte, en los milenios de historia del cristianismo, siempre se haya desarrollado en las cercanías de las ideas y los principios de la religión. Ya por su mera existencia está promoviendo dentro del hombre, un ser disarmónico, la idea de armonía. El arte ha dado figura a lo ideal y ha aportado así un ejemplo del equilibrio entre lo ético y lo material. Ha demostrado que ese equilibrio no es ni mito ni ideología, sino que puede ser una realidad también en nuestras dimensiones.
El arte ha expresado el ansia de armonía de la persona y su disposición a luchar consigo mismo, para establecer en el interior de su persona el ansiado equilibrio entre lo material y lo espiritual. Si el arte expresa lo ideal y el ansia de lo infinito, no puede servir a fines pragmáticos sin arriesgarse a perder su autonomía. Lo ideal lo actualizan objetos que no existen en la realidad cotidiana, pero que a la vez son imprescindibles para la esfera de lo espiritual.
Una obra de arte manifiesta ese ideal que en el futuro será propio de toda la humanidad, pero que de momento es accesible para unos pocos, sobre todo para los genios que se toman la libertad de contrastar lo normal con aquella conciencia ideal que toma forma en su arte. De esta manera, el arte es por esencia aristocrático y establece —a causa de su mera existencia— la diferencia entre dos potenciales, que aseguran el movimiento ascendente de la energía interior, desde lo más bajo hacia lo más alto, con el fin de conseguir un perfeccionamiento interior, espiritual, de la personalidad.
Al hablar aquí del carácter aristocrático del arte, me estoy refiriendo —claro está— al ansia del alma humana de buscar la justificación moral, el sentido de su existencia, que de este modo consigue una mayor perfección. En este sentido, todos, en último término, estamos en la misma situación y tenemos las mismas posibilidades de adherirnos a una elite aristocrática. Pero el núcleo del problema reside precisamente en el hecho de que no todos hacen uso de esa posibilidad. Ahora bien, el arte va haciendo ofertas siempre nuevas a la persona para que ésta se examine a sí misma en el marco del ideal que el arte le ofrece.
Elogio a la estupidez, por Erasmo de Rotterdam. TEXTO
Primera parte
I
Sé muy bien lo que opina de mí la gente, ya que no desconozco la mala fama que tengo, aun entre los más tontos. Pero yo soy la única, sí, la única, que, cuando quiero, hago reír a los dioses y a los hombres. Y una muestra evidente de esto es que tan pronto como he empezado a hablar ante esta numerosa audiencia sus rostros se han iluminado con nueva y desacostumbrada alegría. Han relajado el ceño, acompañando su aplauso con una risa franca y amable. Me ha parecido al verlos que, como los dioses homéricos, están borrachos de néctar mezclado con nepenta, mientras que antes parecían tristes y vencidos en sus asientos, como recién salidos de la cueva de Trofonio.
"No recuerdo en la historia de la humanidad un líder estratégico más incompetente"
Sumando sus dos mandatos, Donald Trump lleva ya cinco años como presidente de EEUU y, sin embargo, no ha perdido su capacidad de volarnos la cabeza con cada nuevo esperpento que protagoniza. Guerras, secuestros de otros líderes, bravatas... Un despropósito continuo para el mundo y para su propio país.
Trump habla de la guerra de Irán junto a un conejo gigante y ya podemos decir que hemos visto de todo: "'Black Mirror' se queda corto"
Tremending 07/04/2026
Con Donald Trump es complicado elegir la declaración o el momento más grotesco del día por la cantidad de opciones que ofrece. Las últimas horas son un ejemplo: ha dicho que está bombardeando Irán para salvar a los gays, que los iraníes piden por favor que les sigan bombardeando, que podría destruir un país en una noche, que se va a presentar a la presidencia de Venezuela o que se lleva muy bien con Kim Jong Un y que este solía llamar a Biden retrasado mental.
Una de dos: O revolución de las conciencias o derrota de las revoluciones populares
Homar Garcés abril 6, 2026
Las desventajas de los pueblos del mundo frente a la preponderancia del sistema global capitalista -comandado por Estados Unidos- no impiden que éstos puedan (y deban) elaborar y poner en marcha una propuesta contrahegemónica que frene sus propósitos geopolíticos, ideológico-culturales y económicos, expresados en contra de la autodeterminación de los pueblos, de los derechos humanos y de la democracia. Esta es una idea que ha recorrido el planeta entero desde hace algo más de dos siglos, manteniendo su plenitud y exigiendo de parte de aquellos que se oponen ideológicamente al sistema-mundo imperante una revolución de las conciencias como paso inicial e imprescindible para acometer la construcción histórica de un mundo nuevo, ya no solo posible sino necesario. Bien lo indica Fernando Buen Abad, en su artículo «Joseph Goebbels y sus retoños mass media»: «Necesitamos combatir organizadamente a las máquinas del ilusionismo manipulador, cada día más impúdicas e impunes. Necesitamos unidad y organización contra los estereotipos propagandísticos que anhelan controlarnos, como si se tratase de un logro novedoso, para dirigir a las masas, milimétricamente, en lo objetivo y en lo subjetivo. Necesitamos combatir a esa especie de talento mediático financiado para acarrear al rebaño por el camino de la subordinación placentera y rentable». ¿Pero qué supone todo eso? Supone la puesta en escena de un conjunto de tareas permanentes que hagan de la conciencia del pueblo la primera y la principal barrera contra la que choque todo lo ejecutado, o por ejecutar, por los grupos hegemónicos.
La estrategia de la derecha reaccionaria, autoritaria, extremista, fascistoide o como quiera llamársele, es muy simple (quizá demasiado simple), pero efectiva: atacar e insultar la inteligencia de quienes se oponen a sus designios o de aquellos que responsabilizan (sin base racional) de los males de la sociedad en que viven y que buscan preservar sin cambio alguno; negarse a admitir sus propias responsabilidades en los hechos que perturben la paz y la justicia social que benefician a los sectores populares excluidos y más vulnerables; y actuar con descaro en contra de las libertades ciudadanas, aprovechándose de las garantías que ellas mismas le brindan. Una estrategia nada novedosa, por cierto, ya que tiene sus precedentes en la historia europea de principios del siglo XX, pero que en la actualidad adquiere aspectos más terribles de lo que ésta fuera en su tiempo en vista que no requiere de tropas de asalto que acallen a golpes las voces disidentes ni tienen que fusilar a revolucionarios, o sospechosos de serlo, aunque muchos de sus seguidores no dejan de anunciar tan macabra aspiración a través de internet.
Esta orientación hacia el futuro genera una aspiración hacia adelante, que también puede devenir en aceleración.Byung-Chul Han Libros
Tiempo sin Aroma, por Byung-Chul Han
El mundo mítico está lleno de significado. Los dioses no son otra cosa que portadores eternos de significado. Hacen que el mundo sea significativo, que tenga significación y sentido. Narran la relación entre las cosas y los acontecimientos. La relación que se narra genera sentido. La narración crea mundo de la nada. Si está lleno de dioses, está lleno de sentido, de narración. El mundo se puede leer como una imagen. Solo es necesario dejar vagar la vista aquí y allá, para descubrir el sentido, el orden razonable que surge de esta. Todo ocupa su lugar, es decir, tiene su significado en un orden (cosmos) que encaja perfectamente. Si una cosa se aparta de su lugar, es devuelta a su sitio. El tiempo la guía. Es orden. Es justicia. Si alguien mueve las cosas de manera arbitraria, muere. El tiempo expiará su muerte. De este modo se vuelve a restituir el orden eterno. Es justo (dikké). Los acontecimientos mantienen una estrecha relación, un encadenamiento lleno de sentido. Ningún acontecimiento debe salirse de este. Cada acontecimiento refleja la sustancia del mundo, eterna e inmutable. No hay movimiento alguno que pueda llevar a la variación del orden existente. En este mundo del eterno retorno, la aceleración no tendría ningún sentido. Aquí, lo único que tiene sentido es la eterna repetición de lo mismo, la reproducción de lo ya sido, de la verdad imperecedera. Así es como vive el hombre prehistórico en un presente duradero.
El mundo histórico se basa en otros supuestos muy distintos. No se presenta al espectador como una imagen acabada, que revela una sustancia eterna, un orden inmutable. Los acontecimientos ya no se ordenan sobre una superficie estática, sino en una línea ininterrumpida. El tiempo, que al encadenar los acontecimientos los dota de sentido, transcurre linealmente. No es la eterna repetición de lo mismo lo que dota de sentido al tiempo, sino la posibilidad del cambio. Todo es un proceso, que implica un progreso o una decadencia. El tiempo histórico genera una significación cuando está orientado (gerichtet). La línea temporal tiene una dirección marcada, una sintaxis. El tiempo histórico no conoce un presente duradero. Las cosas no persisten en un orden inamovible. El tiempo ya no remite hacia atrás, sino que lleva hacia adelante, ya no repite, sino que atrapa. El pasado y el futuro quedan descompensados. Su diferencia, y no su semejanza, es lo que hace que el tiempo, entendido como cambio, proceso, desarrollo, sea significativo. El presente no tiene ninguna sustancia en sí. Solo es un punto de transición. Nada es. Todo será. Todo se transforma. La repetición de lo mismo deja lugar al acontecimiento. El movimiento y el cambio no generan desorden, sino un orden nuevo. La significación temporal proviene del futuro. Esta orientación hacia el futuro genera una aspiración hacia adelante, que también puede devenir en aceleración.
En el’800 bastaba con entender que lavarse las manos salvaría vidas. Esa idea también fue excluida.
DE Silvia Granziero 10 decembrie 2025
Según los datos más recientes, en Italia entre 2011 y 2021 murieron 776 mujeres en el período comprendido entre la concepción y un año después del nacimiento, principalmente durante suicidio, enfermedades cardiovasculares y hemorragias. En todo el mundo, entre 2000 y 2020 se produjo una mortalidad materna anual reducido en un 34,3%: la tendencia es alentadora, pero las muertes, por pocas que sean, siguen siendo demasiadas – no, el enfoque de la Ministra de Igualdad de Oportunidades y Familia, Eugenia Roccella, sobre la violencia de género no se aplica según cual cada mujer que no muere es un éxito – también porque el 42% las muertes de nuevas madres se clasifican como evitables. Por ello, la OMS, para continuar por este camino, recomienda que los países se comprometan a combatir las desigualdades en el acceso y la calidad de la atención, garantizando la cobertura universal de salud sexual, reproductiva, materna y neonatal; fortalecer los sistemas de salud y asegurar su equidad. Y cuando estos elementos ya existen, no deben darse por sentados, sino reforzarse, mientras que, incluso en Italia, el sistema de salud no le está yendo bien, entre el exceso de trabajo del personal y las reformas universitarias realizadas con pocos criterios, sin mencionar la salud reproductiva, socavada por el’ausencia de educación sexualee. Mientras tanto, a lo largo de las décadas las principales causas de muerte han cambiado y, si las madres mueren cada vez menos, también se lo debemos a un médico húngaro Ignac Fuelop Semmelweis, quien, en la Viena del siglo XIX, comprendió que bastaba con lavarse las manos antes de ayudar a las mujeres a dar a luz para evitar su muerte. Pero en ciertas cuestiones parece difícil mirar más allá de la polvorienta cortina de la tradición, lo que pone en duda los sistemas establecidos: Semmelweis descubrió esto a sus expensas, terminando sus días en un asilo, y miles de mujeres tuvieron que morir antes de que se aceptara su intuición.

En el siglo XIX, el Allgemeines Krankenhaus –, entonces el mejor hospital de Viena, una ciudad a su vez líder en Europa en cuanto al nivel de investigación científica y médica –, tenía dos divisiones de obstetricia: en la primera, a la que asistían estudiantes, los porcentajes de muertes entre madres que habían dado a luz recientemente fueron en gran medida más del 10% – según algunos hallazgos incluso al 18% – mientras que en el segundo, dirigido por parteras, así fue aproximadamente l’1%ee. Las muertes se debieron en gran medida a las llamadas fiebres puerperali“, sepsis resultante de la contaminación por bacterias, incluidas Escherichia coli, estreptococos u otros gérmenes que infectaron el endometrio después de dar a luz. Se desperdiciaron explicaciones pseudocientíficas: desde el deterioro de la leche materna hasta las influencias cósmicas. A pesar de la excelencia de la estructura, paradójicamente, dar a luz en casa daba a las mujeres más posibilidades de sobrevivir. En febrero de 1846 Ignác Semmelweis, doctor en cirugía y obstetricia que había estudiado en Hungría y se graduó en Viena en 1844, comenzó a colaborar en la primera división de obstetricia del hospital, dirigida por el Dr. Johann Klein, estudiando los cadáveres de mujeres que morían a causa de enfermedades ginecológicas. Habiéndose convertido en asistente de Klein al año siguiente, comenzó a estudiar las posibles causas de la fiebre puerperal para intentar solucionar el problema. Consideró todas las opciones, empezando por las más acordes con la mentalidad de la época, incluida la modestia de las mujeres en presencia de médicos varones; sin embargo, las mujeres que daban a luz en casa eran a menudo atendidas por obstetras varones, sin que esto les provocara la muerte. Además, la dirección del departamento consideró que la fiebre puerperal se debía a causas que no podían ser controladas por el personal, por lo que no podía ser acusado.
Cuando un amigo suyo murió de una infección después de ser herido accidentalmente en un dedo por el bisturí de un estudiante que estaba haciendo una autopsia, Semmelweis, observando los órganos y tejidos de su amigo muerto, notó las mismas anomalías que las mujeres víctimas de fiebre puerperal: entendiendo, entonces que ésta y la enfermedad de su amigo eran lo mismo, y que por tanto la fiebre puerperal también debía haber resultado de partículas de cadáver “putrido”; entendió, esencialmente, que quienes causaron la infección fueron los estudiantes de medicina que una vez finalizados los ejercicios de anatomía de los cadáveres, regresaron a la sala de maternidad, donde visitaron a las mujeres que daban a luz sin consideraciones higiénicas particulares, extendiendo las manos se convirtieron en una fuente de transmisión del contagio.

Semmelweis obligó a los trabajadores sanitarios a lavarse las manos – una acción tan banal y ahora obvia en las condiciones higiénicas actuales, cuya importancia, sin embargo, nos ha sido dramáticamente recordada hace apenas unos años durante la pandemia de Covid-19 – desinfectándolos con cloruro líquido diluido y usando un cepillo de uñas antes de acercarse a una mujer en trabajo de parto. En tan sólo unas semanas la mortalidad paso del 18% al 2-3% y en un año volvió a caer, a poco más del ’1%, acercándose, por tanto, a las tarifas de la división del pabellón gestionada por parteras, que, a a diferencia de los estudiantes, no asistieron a la sala anatómica donde se ubicaban los cadáveresee. A pesar de los sorprendentes resultados, al director de la división del departamento no se le renovó el contrato y, retomando los métodos tradicionales, las muertes comenzaron a aumentar nuevamente. Al regresar a Hungría, Semmelweis continuó aplicando su nueva práctica en el hospital San Rocco de Pest, obteniendo allí también una drástica caída de la mortalidad por fiebre puerperal.
Semmelweis había presentado sus logros en la Sociedad Médica de Viena y, a pesar de que algunos colegas lo respaldaron, en la mayor parte de la Academia – incluidos algunos científicos distinguidos, incluido el propio Klein – consideró que sus descubrimientos eran demasiado banales, lo que de hecho criticaba los procedimientos médicos tradicionales seguidos hasta ese momento. También encontró la misma hostilidad en intentos posteriores de probar su teoría con documentos y conferencias, terminando estando cada vez más aislado de la comunidad científica, en gran medida opuesta, con efectos también en su salud mental. Habría sido menos que veinte años después de – en 1864, el año anterior a la muerte de Semmelweis – nada menos que Luis Pasteur, descubriendo las bacterias y su papel en las enfermedades, para confirmar de hecho la validez científica de la intuición de Semmelweis, cuyo trabajo se demostró así adelantado a su tiempo.

Pero hay varios factores que contribuyeron al ostracismo del médico húngaro, partiendo precisamente de esto: ser húngaro y simpatizar con la causa nacional. En la Viena de los Habsburgo, de hecho, las identidades minoritarias que formaban parte del mosaico étnico del Imperio no sólo no se consideraban a la par del componente austriaco, sino que los húngaros, en particular, como el componente más grande después del austriaco, eran visto con sospecha, si no con hostilidad, especialmente en un período caracterizado por crecientes sentimientos nacionales y tendencias independentistas que amenazaban la compacidad y centralidad del Estado lo cual entonces tendría, en 1867, acordó otorgar mayor autonomía a Hungría, convirtiéndose así en el Imperio Austro-Húngaro. También lo vemos hoy como, en los períodos históricos marcados por regurgitaciones nacionalistas, aumenta tus dedos apuntando al “extranjeros” – chivo expiatorio para todos los problemas – y la obsesión por las fronteras, su defensa y, a veces, dramáticamente su extensiónee.
Para ser honesto, incluso los descubrimientos de Pasteur – eso demostraron de una vez por todas la importancia de’higiene en medicina, desde la esterilización de los materiales utilizados en el quirófano hasta la limpieza de los propios profesionales sanitarios, para evitar la transmisión de patógenos – nos llevó un po’ establecerse, porque inicialmente fueron interpretados como una acusación contra los médicos, que provocarían la muerte. de sus pacientes. Y aquí llegamos a la otra gran razón que empujó a la comunidad científica a aislar a Semmelweis: la intocabilidad de las autoridades médicas, una élite como esa en ese momento es fuerte que también podamos decidir no aceptar la verdad científica a costa de la vida de miles de mujeres. En lugar de cuestionar la situación establecida por las direcciones de los hospitales en el momento del nombramiento imperial – y por tanto infalible por definición – se prefería poner en riesgo la vida de las personas. Además, por supuesto, de la carrera de Semmelweis que, ose quedó junto a sus colegas y aislado, luchando por afirmar sus ideas, no pudo soportarlo y terminó sus días en un hospital psiquiátrico en Viena, muriendo – por la macabra ironía, a veces sabe cómo correr el destino – para una infección por cadáveres, con tan solo 47 años.

A principios del siglo XX, cuando se demostró ampliamente la intuición del ginecólogo húngaro y se reconoció su importancia revolucionaria, la ciudad de Budapest le dedicó una tumba monumental y una estatua – hoy incluso en Italia – existe y la Clínica Universitaria de Obstetricia le puso su nombre. Luego, en 2013, la UNESCO decidió incluir documentos sobre su descubrimiento en el registro de Memoria del mundo, el programa dedicado al censo y la salvaguardia de patrimonio documental de la humanidad. Pese a ello, su historia ha sido olvidada por muchos, pero sigue siendo importante hoy en día recuerde que, incluso ante la posibilidad de salvar vidas, quienes cuestionan la autoridad y el orden establecido corren el riesgo de ser condenados al ostracismo. Quién sabe, tal vez le alegraría saber que también ha dado su nombre al fenómeno por el que tendemos a rechazar ideas innovadoras que contradicen creencias consolidadas, hoy llamadas precisamente “Semmelweis” reflejoee.
https://thevision.com/cultura/semmelweis-parto-igiene/
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