Julio Cortázar reflexiona sobre la misión del maestro, la educación y la cultura.
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| Julio Cortázar reflexiona sobre la labor docente. |
¡¿Cómo están, lectores?! 😀Seguramente todos recordamos a esos maestros que dejaron una huella imborrable en nuestra infancia, que nos acercaron a la literatura o que, casi sin darse cuenta, nos enseñaron a amar los libros. Algunos profesores se quedan en nuestra memoria no tanto por aquello que figuraba en el programa del curso, sino por la manera en que nos ayudaron a mirar el mundo.
Precisamente sobre esa profunda vocación docente reflexionó Julio Cortázar en un texto dedicado a quienes se preparaban para convertirse en maestros. En estas páginas, el escritor argentino se pregunta qué significa realmente educar y por qué enseñar debería ir mucho más allá de transmitir conocimientos.
Hoy en Mar de fondo compartimos la primera parte de este memorable texto de Cortázar sobre la esencia y misión del maestro, acompañado de algunas claves para comprender su origen, su contexto y la vigencia de sus ideas. ¡Leamos!
¿Qué dijo Julio Cortázar sobre los maestros?
Cuando leí este texto quedé cautivado porque, en cierto modo, también soy maestro. Sin embargo, más allá de una reprimenda o de una lista de recomendaciones, lo que encontramos en estas páginas es un llamado a reflexionar profundamente sobre la vocación del maestro.
Para Cortázar, enseñar no consiste únicamente en cumplir un programa académico, mantener el orden en el aula o transmitir información. Existe una dimensión más profunda: ayudar al estudiante a desarrollar su inteligencia, su sensibilidad y su comprensión del mundo.
Esta idea adquiere todavía más significado cuando recordamos que Julio Cortázar fue profesor antes de convertirse en uno de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX.
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Julio Cortázar también fue maestro
Cortázar conoció directamente el trabajo docente. Antes de dedicarse plenamente a la literatura y a la traducción, trabajó como profesor en distintas instituciones educativas de Argentina y también enseñó en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza.
Por eso, cuando escribe sobre la educación, no habla únicamente como escritor o intelectual. Sus reflexiones parten también de alguien que conoció el aula, las responsabilidades del profesor y la relación cotidiana entre maestros y estudiantes.
De hecho, Cortázar nos tiene acostumbrados a ofrecernos interesantes reflexiones sobre aquello que lo apasionaba: la literatura, la escritura y la creación. En otro artículo de Mar de fondo puedes conocer 10 valiosos consejos de Julio Cortázar para escritores, entre ellos su recordada idea de que en los cuentos no existen buenos o malos temas, sino buenos o malos tratamientos.
¿Dónde aparece el texto de Cortázar sobre los maestros?
El texto que leerás a continuación forma parte de Papeles inesperados, una recopilación póstuma de escritos de Julio Cortázar publicada en 2009.
Papeles inesperados, el libro póstumo de Julio Cortázar
Esta obra reúne numerosos textos inéditos o dispersos del escritor argentino y permite acercarnos a diferentes facetas de su pensamiento y de su creación literaria.
En sus páginas encontramos ensayos, poemas, textos humorísticos, cartas, discursos, reflexiones y fragmentos narrativos que ofrecen una mirada particularmente amplia del universo cortazariano.
Papeles inesperados resulta especialmente interesante porque permite descubrir a un Cortázar que va más allá del autor de Rayuela, Bestiario o Final del juego. Allí aparece también el intelectual, el maestro, el lector y el hombre interesado en cuestiones culturales, educativas y sociales.
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CLAIMA20150911_0178 En el aula. Cortázar fue profesor de letras en la Universidad de Cuyo en 1944 y 1945. (Cortázar en Mendoza, de Alfaguara) |
¿Quién fue Julio Cortázar?
Julio Florencio Cortázar nació en 1914 en Bruselas, Bélgica, y fue un escritor, traductor e intelectual argentino considerado una de las figuras fundamentales de la literatura en lengua española del siglo XX y uno de los grandes referentes del llamado Boom latinoamericano.
Es mundialmente conocido por su capacidad para incorporar elementos fantásticos dentro de escenarios aparentemente cotidianos y por una narrativa caracterizada por la experimentación, el juego, la ruptura de las estructuras tradicionales y una constante búsqueda de nuevas posibilidades para la literatura.
Cortázar estudió en Argentina y trabajó como profesor y traductor. En 1951 se instaló en París, ciudad en la que permaneció durante gran parte de su vida. Falleció allí el 12 de febrero de 1984.
Julio Cortázar como profesor antes de convertirse en escritor
Su experiencia como docente resulta especialmente importante para comprender el texto que leeremos a continuación. Cortázar conocía desde dentro la responsabilidad que supone enseñar y la facilidad con la que la educación puede convertirse en una actividad mecánica si pierde su dimensión humana.
Precisamente por eso, su reflexión sobre el maestro no se limita a cuestiones pedagógicas. Cortázar habla de cultura, sensibilidad, ética, belleza, conocimiento y formación humana.
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Esencia y misión del maestro, texto de Julio Cortázar
A continuación reproducimos íntegramente la primera parte del texto de Julio Cortázar sobre la esencia y misión del maestro, posteriormente recogido en Papeles inesperados.
Escribo para quienes van a ser maestros en un futuro que es ya casi presente. Para quienes van a encontrarse repentinamente aislados de una vida que no tenía otros problemas que los inherentes a la condición de estudiante; y que, por lo tanto, era esencialmente distinta de la vida propia del hombre maduro. Se me ocurre que resulta necesario, en la Argentina, enfrentar al maestro con algunos aspectos de la realidad que sus cuatro años de escuela normal no siempre le han permitido conocer, por razones que acaso se desprendan de lo que sigue, y que la lectura de estas líneas - que no tienen la menor intención de consejo - podrá tal vez mostrarles uno o varios ángulos insospechados de su misión a cumplir y de su conducta a mantener.
Ser maestro significa estar en posesión de los medios conducentes a la transmisión de una civilización y una cultura; significa construir, en el espíritu y la inteligencia del niño, el panorama cultural necesario para capacitar su ser en el nivel social contemporáneo y, a la vez, estimular todo lo que en el alma infantil haya de bello, de bueno, de aspiración a la total realización. Doble tarea, pues: la de instruir, educar, y la de dar alas a los anhelos que existen, embrionarios, en toda conciencia naciente.
El maestro se tiende hacia la inteligencia, hacia el espíritu y, finalmente, hacia la esencia moral que reposa en el ser humano. Enseña aquello que es exterior al niño; pero debe cumplir asimismo el hondo viaje hacia el interior de ese espíritu, y regresar de él trayendo, para maravilla de los ojos de su educando, la noción de bondad y la noción de belleza: ética y estética, elementos esenciales de la condición humana.
Nada de esto es fácil. Lo hipócrita debe ser desterrado, he aquí el primer duro combate; porque los elementos negativos forman también parte de nuestro ser. Enseñar el bien, supone la previa noción del mal; permitir que el niño intuya belleza no excluye la necesidad de hacerle saber lo no bello. Es entonces que la capacidad del que enseña -yo diría mejor: del que construye descubriendo- se pone a prueba. Es entonces que un número desoladoramente grande de maestros fracasa. Fracasa calladamente, sin que el mecanismo de nuestra enseñanza primaria se entere de su derrota; fracasa sin saberlo él mismo, porque no había tenido jamás el concepto de misión. Fracasa tornándose rutinario, abandonándose a lo cotidiano, enseñando lo que los programas exigen y nada más, rindiendo rigurosa cuenta de la conducta y la disciplina de sus alumnos. Fracasa convirtiéndose en lo que se suele denominar "un maestro correcto". Un mecanismo de relojería, limpio y brillante, pero sometido a la servil condición de toda máquina.
Algún maestro así habremos tenido todos nosotros. Pero ojalá que quienes leen estas líneas hayan encontrado también, alguna vez, un verdadero maestro. Un maestro que sentía su misión; que la vivía. Un maestro como deberían ser todos los maestros en la Argentina.
Lo pasado es pasado. Yo escribo para quienes van a ser educadores, y la pregunta surge, entonces, imperativa ¿Por qué fracasa un número tan elevado de maestros? De la respuesta, aquilatada en su justo valor por la nueva generación, puede depender el destino de las infancias futuras, que es como decir el destino del ser humano en cuanto sociedad y en cuanto tendencia progreso.
¿Puede contestarse la pregunta? ¿Es que acaso tiene respuesta?
Yo poseo mi respuesta, relativa y acaso errada. Que juzgue quien me lee. Yo encuentro que el fracaso de tantos maestros argentinos obedece a la carencia de una verdadera cultura, de una cultura que no se apoye en el mero acopio de elementos intelectuales, sino que afiance sus raíces en el recto conocimiento de la esencia humana, de aquellos valores del espíritu que nos elevan por sobre lo animal. El vocablo “cultura” ha sufrido, como tantos otros, un largo malentendido. Culto era quien había cumplido una carrera, el que había leído mucho; culto era el hombre que sabía idiomas y citaba a Tácito; culto era el profesor que desarrollaba el programa con abundante bibliografía auxiliar. Ser culto era – y es , para muchos – llevar en suma un prolijo archivo y recordar muchos nombres…
Pero la cultura es eso y mucho más. El hombre – tendencias filosóficas actuales, novísimas, lo afirman a través del genio de Martin Heidegger –no es solamente un intelecto. El hombre es inteligencia, pero también sentimiento, y anhelo metafísico, y sentido religioso. El hombre es un compuesto; de la armonía de sus posibilidades surge la perfección. Por eso, ser culto significa atender al mismo tiempo a todos los valores y no meramente a los intelectuales. Ser culto es saber el sánscrito, si se quiere, pero también maravillarse ante un crepúsculo; ser culto es llenar fichas acerca de una disciplina que se cultiva con preferencia, pero también emocionarse con una música o un cuadro, o descubrir el íntimo secreto de un verso o un niño. Y aún no he logrado precisar qué debe entenderse por cultura; los ejemplos resultan inútiles. Quizá se comprendiera mejor mi pensamiento decantado en este concepto de la cultura: la actitud integralmente humana, sin mutilaciones, que resulta de un largo estudio y de una amplia visión de la realidad.
Así tiene que ser el maestro.
Julio Cortazar
Cortázar; J; Papeles inesperados. 2009. Buenos Aires, Alfaguara
¿Qué significa para Cortázar ser un verdadero maestro?
Uno de los aspectos más poderosos del texto es la diferencia que Cortázar establece entre cumplir la función de profesor y asumir verdaderamente la misión de educar.
Un maestro puede conocer perfectamente su materia, cumplir el programa, evaluar correctamente a sus estudiantes y mantener el orden del aula. Sin embargo, para Cortázar todo eso puede resultar insuficiente si la enseñanza se convierte únicamente en rutina.
La educación verdadera aparece cuando el profesor consigue vincular el conocimiento con la experiencia humana del estudiante. Para Cortázar, enseñar también significa estimular aquello que todavía se encuentra en formación dentro del niño: sus aspiraciones, su sensibilidad, sus valores y su deseo de descubrir el mundo.
Educar es mucho más que transmitir conocimientos
La frase central podría resumirse en una idea: el maestro instruye, pero también debe “dar alas”.
Ese segundo componente transforma completamente la tarea educativa. El profesor deja de ser únicamente una fuente de información y se convierte en alguien capaz de acompañar el desarrollo intelectual y humano del estudiante.
Esta concepción resulta especialmente vigente en una época en la que acceder a información es cada vez más sencillo. Hoy un estudiante puede encontrar datos, fechas, conceptos, videos y explicaciones prácticamente de inmediato. Sin embargo, disponer de información no significa necesariamente comprenderla, interpretarla o convertirla en conocimiento.
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El “maestro correcto” frente al verdadero maestro
Cortázar utiliza una expresión particularmente dura: “un maestro correcto”.
No se refiere al profesor irresponsable, sino justamente a alguien que cumple perfectamente sus obligaciones formales pero ha convertido la enseñanza en una rutina. Para Cortázar, allí aparece uno de los grandes peligros de la educación: hacer todo correctamente y, aun así, perder el verdadero sentido de enseñar.
El escritor compara a ese docente con un mecanismo de relojería: funciona, cumple su función y aparentemente no tiene defectos, pero carece de aquello que convierte la educación en una experiencia profundamente humana.
La vocación docente según Julio Cortázar
La vocación docente según Julio Cortázar no parece depender únicamente de dominar una disciplina. Implica comprender que cada estudiante es una persona en formación y que el conocimiento puede transformar su manera de interpretar la realidad.
Por eso, el maestro aparece en el texto como alguien que debe realizar una doble tarea. Por una parte, tiene que transmitir los conocimientos necesarios para que el estudiante pueda desenvolverse dentro de la sociedad. Pero, simultáneamente, debe contribuir al desarrollo de su sensibilidad, su criterio y su dimensión ética.
Podríamos resumir esa visión mediante una secuencia sencilla:
- Instruir: transmitir conocimientos.
- Educar: enseñar a comprenderlos.
- Formar: contribuir al desarrollo integral del estudiante.
- Inspirar: despertar curiosidad, sensibilidad y deseo de aprender.
Allí reside probablemente una de las principales ideas de esta carta de Julio Cortázar a los maestros: la educación no termina cuando el alumno aprende una lección.
¿Qué entiende Julio Cortázar por cultura?
Otro elemento fundamental del texto es su reflexión sobre la cultura. Cortázar cuestiona la idea de que una persona culta sea simplemente aquella que acumula una enorme cantidad de información.
Saber idiomas, leer numerosos libros, poseer títulos académicos o recordar datos puede formar parte de la cultura, pero no basta.
Para Cortázar, la cultura exige una formación mucho más amplia, en la que participen tanto la inteligencia como la sensibilidad.
Una persona verdaderamente culta puede poseer conocimientos especializados, pero también es capaz de emocionarse frente a una obra artística, comprender la belleza de un poema, observar un paisaje o descubrir la complejidad de otro ser humano.
En este punto, la reflexión de Cortázar se conecta directamente con su concepción del maestro. El profesor necesita conocimientos, naturalmente, pero también una comprensión profunda de aquello que significa ser humano.
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¿Por qué sigue vigente el mensaje de Cortázar a los maestros?
Aunque estas palabras fueron escritas hace varias décadas, resulta sorprendente comprobar la vigencia de muchas de sus preocupaciones.
La educación contemporánea dispone de herramientas que Cortázar difícilmente habría podido imaginar: plataformas virtuales, bibliotecas digitales, inteligencia artificial, clases remotas y acceso casi ilimitado a información.
Sin embargo, precisamente por esa abundancia de información, la función del maestro puede resultar todavía más importante.
El profesor ya no es necesariamente quien posee todos los datos. Su papel consiste cada vez más en ayudar al estudiante a seleccionar información, interpretarla, cuestionarla, relacionarla y convertirla en conocimiento significativo.
Desde esa perspectiva, la idea cortazariana del maestro adquiere una inesperada actualidad. La tecnología puede transmitir información, pero acompañar el desarrollo intelectual, ético y humano de una persona continúa siendo una tarea mucho más compleja.
5 enseñanzas de Julio Cortázar para los maestros
De esta primera parte del texto podemos extraer cinco importantes reflexiones sobre la enseñanza:
- Educar no significa únicamente transmitir información. La formación debe incluir dimensiones intelectuales, emocionales, éticas y estéticas.
- El maestro ayuda al estudiante a descubrir sus posibilidades. Enseñar también significa estimular aquello que todavía está desarrollándose en él.
- La rutina puede convertirse en enemiga de la educación. Cumplir correctamente un programa no garantiza que exista una verdadera experiencia formativa.
- La cultura no consiste solamente en acumular conocimientos. También supone sensibilidad, curiosidad y una comprensión amplia del ser humano.
- La educación tiene una dimensión social. Para Cortázar, aquello que ocurre en las aulas termina influyendo en el futuro de toda una sociedad.
Preguntas frecuentes sobre Julio Cortázar y los maestros
¿Julio Cortázar fue maestro?
Sí. Antes de consolidarse como escritor, Julio Cortázar trabajó como docente en Argentina. Ejerció la enseñanza en distintas instituciones y también fue profesor universitario. Esa experiencia permite comprender mejor muchas de las reflexiones que posteriormente realizó sobre la educación y la responsabilidad de los maestros.
¿Dónde enseñó Julio Cortázar?
Cortázar trabajó como profesor en distintas localidades argentinas y posteriormente enseñó en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza. Su experiencia docente precedió a su traslado definitivo a París en 1951.
¿En qué libro aparece el texto sobre los maestros?
El texto sobre la esencia y misión del maestro fue incluido en Papeles inesperados, una recopilación póstuma de escritos de Julio Cortázar publicada en 2009 por Alfaguara.
¿Qué pensaba Julio Cortázar sobre la educación?
Cortázar concebía la educación como una tarea que debía superar la simple transmisión de conocimientos. El maestro, según su reflexión, tiene la responsabilidad de contribuir a la formación intelectual, ética, estética y humana del estudiante.
¿Qué significa ser maestro para Julio Cortázar?
Para Cortázar, ser maestro supone instruir y, al mismo tiempo, despertar las posibilidades del estudiante. El verdadero docente no se limita a cumplir programas, sino que ayuda al alumno a desarrollar inteligencia, sensibilidad, valores y una visión más amplia de la realidad.
Julio Cortázar y la misión de enseñar
Así cerramos, queridos lectores, esta primera parte de la reflexión de Julio Cortázar sobre los maestros. Más que una serie de consejos pedagógicos, encontramos aquí una defensa apasionada de una educación capaz de formar seres humanos y no únicamente estudiantes que acumulan conocimientos.
Cortázar parece recordarnos que un maestro puede enseñar una materia durante unas horas, pero su verdadera influencia puede acompañar a un alumno durante toda la vida.
Quizá allí se encuentre la esencia de esta reflexión: detrás de cada programa, examen, libro y aula existe una relación humana que puede transformar la manera en que una persona comprende el mundo.
Si te gustó este artículo y quieres leer la segunda parte de la carta de Cortázar a los maestros, puedes hacérmelo saber en la casilla de comentarios.
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