FENOMENOLOGÍA DE MIKE BONGIORNO, por Umberto Eco

 FENOMENOLOGÍA DE MIKE BONGIORNO, por Umberto Eco

Mike Bongiorno

El hombre rodeado de los medios de comunicación es, en esencia, el más respetado entre sus iguales: nunca se le pide nada más que convertirse en lo que ya es. En otras palabras, se le provocan deseos según el patrón de sus tendencias. Sin embargo, dado que una de las compensaciones narcóticas a las que tiene derecho es la evasión a través de los sueños, se le suelen presentar ideales, entre los cuales y él mismo puede establecerse cierta tensión. Para eximir a este último de toda responsabilidad, se toman medidas para que tales ideales sean, de hecho, inalcanzables, de modo que la tensión se resuelva en una proyección y no en una serie de operaciones efectivas destinadas a modificar el estado de cosas dado. En resumen, se le pide al individuo que se transforme en un hombre con un refrigerador y un televisor de veintiún pulgadas, lo que significa que se le pide que continúe siendo como es, añadiendo un refrigerador y un televisor a los objetos que posee; en compensación, se le proponen a Kirk Douglas o Superman como ideales. El ideal del consumidor de medios de comunicación masivos es un superhombre en el que nunca aspirará a convertirse, pero que disfruta encarnando de forma fantástica, de la misma manera que podría pasar unos minutos probándose la ropa de otra persona frente a un espejo, sin pensar jamás en tenerla algún día.

La nueva situación que surge con respecto a la televisión es la siguiente: la televisión no ofrece, como ideal para el egocentrismo del individuo, al superhombre, sino al hombre común. La televisión representa como ideal al hombre absolutamente promedio. En el teatro, Juliette Greco aparece en escena y, de repente, crea un mito y funda un culto;



Josephine Baker desató rituales idólatras y dio nombre a toda una era. En televisión, el rostro mágico de Juliette Greco aparece repetidamente, pero el ritual no nace de la misma manera; el ídolo no es ella, sino la locutora, y entre los presentadores más queridos y famosos estará precisamente quien mejor represente la media de los personajes comunes: belleza modesta, atractivo sexual limitado, gusto cuestionable, cierta inexpresividad doméstica.

                    Foto de Josephine Baker06.








Ahora bien, en el ámbito de los fenómenos cuantitativos, el promedio representa una media y, para quienes aún no han alcanzado la uniformidad, también representa una meta. Si, según el conocido chiste, la estadística es la ciencia según la cual, si un hombre come dos pollos al día y otro ninguno, entonces ambos comen un pollo cada uno; para el hombre que no come ninguno, la meta de un pollo al día es algo positivo a lo que puede aspirar. Por el contrario, en el ámbito de los fenómenos cualitativos, la nivelación por el promedio corresponde a la nivelación por cero. Un hombre que posee “todas” las virtudes morales e intelectuales en un “grado promedio” se encuentra inmediatamente en un nivel mínimo de evolución. La “media” aristotélica es el equilibrio en el ejercicio de las propias pasiones, guiado por la virtud del discernimiento de la “prudencia”. Mientras que, por otro lado, alimentar un grado promedio de pasiones y tener una prudencia promedio significa ser un mal ejemplo de humanidad.

El ejemplo más impactante de la reducción de Superman a la categoría de hombre común se encuentra en Italia en la figura de Mike Bongiorno y la historia de su destino. Idolatrado por millones, este hombre debe su éxito a que, en cada acto y palabra del personaje que interpreta en televisión, se transparenta una absoluta mediocridad (siendo esta la única virtud que posee en exceso), unida a una fascinación inmediata y espontánea, explicable por la ausencia de escenografía o ficción: casi parece como si quisiera ser nada más que lo que es, de tal manera que no coloca a ningún espectador en una posición de inferioridad, ni siquiera al más desposeído. El espectador ve, glorificado y oficialmente condecorado con autoridad nacional, el retrato de sus propias limitaciones.

Para entender este extraordinario poder de Mike Bongiorno, podríamos considerar analizar su comportamiento, una verdadera "fenomenología de Mike Bongiorno", y, para ser claros, este nombre no se refiere al hombre, sino a la persona.

Mike Bongiorno no es particularmente guapo, atlético, valiente ni inteligente. Biológicamente hablando, representa un modesto grado de adaptación a su entorno. El amor histérico que las adolescentes le demuestran se debe en parte al complejo maternal que es capaz de despertar en una joven, y en parte a la perspectiva futura que sugiere de un amante ideal: sumiso y frágil, gentil y cortés.

Mike Bongiorno no se avergüenza de su ignorancia y no muestra necesidad de aprender. Se adentra en los vertiginosos reinos del conocimiento y emerge ileso, apaciguando la tendencia natural a la apatía y la pereza mental de los demás. Se cuida mucho de no impresionar al espectador, no solo mostrándose ajeno a los acontecimientos que lo rodean, sino también manifestándose firmemente resuelto a no aprender nada en absoluto.

En contraste, Mike Bongiorno demuestra una sincera y primitiva admiración por quienes saben. Sin embargo, lo que destaca en ellos es su aplicación práctica, su memoria, su metodología obvia y elemental: una persona se vuelve culta leyendo muchos libros y memorizando lo que dicen. No sospecha siquiera la mínima función crítica o creativa de la cultura. Tiene un criterio meramente cuantitativo para ella. Así pues (dado que para ser culto se necesita haber leído libros durante muchos años), es natural que el hombre no predestinado renuncie a todo esfuerzo cultural.

Mike Bongiorno profesa un aprecio y una confianza ilimitados en el experto; un profesor es un sabio; representa la cultura autoritaria. Es el técnico en la materia. Es a él a quien debemos preguntar, dada su competencia.

La admiración por la cultura, sin embargo, se acentúa cuando, con base en ella, se puede ganar dinero. Es entonces cuando se descubre que la cultura sirve para algo. El hombre mediocre se niega a aprender, pero propone enviar a su hijo a estudiar.

Mike Bongiorno tiene una noción pequeño burguesa del dinero y de su valor ("Imagínese, ya ha ganado cien mil liras: ¡es una buena suma de dinero!").

Mike Bongiorno anticipa así, respecto al competidor, las despiadadas reflexiones que el espectador se verá obligado a formular. "¡Caramba, qué satisfecho debe estar con todo ese dinero, él que siempre ha vivido con un salario tan modesto! ¿Alguna vez ha tenido tanto dinero en sus manos?"

Mike Bongiorno acepta todos los mitos de la sociedad en sus categorías y los trata con una deferencia cómica (el niño dice: "Disculpe, señor guardia..."), pero siempre utilizando, sin embargo, la calificación vulgar y común, a menudo despectiva: "Sr. Barrendero, Sr. Granjero".

Mike Bongiorno acepta todos los mitos de la sociedad en la que vive: besa la mano de la señora Balbiano d'Aramengo y dice que lo hace porque es una condesa (sic).

Más allá de los mitos, también acepta las convenciones sociales. Es paternalista y condescendiente con los humildes y respetuoso con las personas socialmente cualificadas.

Al entregar el dinero, parece instintivamente llevado a pensar, sin expresarlo claramente, más en términos de limosna que de ganancia. Muestra su convicción de que, en la dialéctica de clases, el único medio de ascenso es el que representa la providencia (que ocasionalmente puede tomar la forma de la televisión).

Mike Bongiorno habla italiano básico. Su discurso alcanza la máxima simplicidad. Elimina conjunciones y oraciones subordinadas, haciendo casi invisible la dimensión sintáctica. Evita los pronombres, repitiendo siempre el sujeto completo, y emplea una gran cantidad de puntos. Nunca se aventura en interjecciones ni paréntesis, no usa expresiones elitistas, no hace alusiones y solo emplea metáforas ya plenamente integradas en el léxico común. Su lenguaje es rigurosamente referencial y deleitaría a un neopositivista. No se necesita ningún esfuerzo para comprenderlo. Cualquier observador puede ver que, si así fuera, podrían ser mucho más elocuentes que él.

No acepta la idea de que una pregunta pueda tener más de una respuesta. Ve las variaciones con recelo. Nabuco y Nabucodonosor no son lo mismo; reacciona frontalmente a los datos como un cerebro electrónico, porque está firmemente convencido de que A es igual a A y de que el tertium non datur. Aristotélica por naturaleza, su pedagogía es, en consecuencia, conservadora, paternalista e inmovilista.

Mike Bongiorno carece de sentido del humor. Se ríe porque está contento con la realidad, no porque sea capaz de distorsionarla. La naturaleza de la paradoja se le escapa; cuando se le presenta una, la repite con aire divertido y niega con la cabeza, insinuando que el interlocutor es compasivamente anormal; se niega a sospechar que la verdad pueda estar detrás de la paradoja, precisamente porque no la considera un vehículo autorizado para opinar.

Evita la controversia, incluso con argumentos legítimos. No dejes de informarte sobre lo extraño de lo que podrías descubrir (un nuevo movimiento pictórico, una disciplina abstrusa… "Dime algo, hoy en día se habla mucho de futurismo. ¿Pero qué es exactamente el futurismo?"). Tras recibir una explicación, no intentes profundizar en el tema, sino que deja que tu desacuerdo, educado, se manifieste, como alguien que piensa como debe. De esta manera, respeta la opinión de los demás, no por motivos ideológicos, sino por desinterés.

De todas las preguntas posibles sobre un tema determinado, elija la que primero le venga a la mente a cualquiera y que la mitad de los espectadores descartaría rápidamente por banal: "¿Qué pretende representar el cuadro?", "¿Cómo llegó a elegir una afición tan distinta de su trabajo?"; "¿Cómo se le ocurrió dedicarse a la filosofía?".
Lleve los clichés hasta sus últimas consecuencias. Una chica educada por monjas es virtuosa, una chica con medias de colores y cola de caballo está "quemada". Pregúntele a la primera, que es una chica como debe ser, si le gustaría ser como la otra; si la comparación en tales términos le resulta ofensiva, consuele a la segunda destacando su superioridad física y humillando a la chica educada por monjas. En este vertiginoso juego de meteduras de pata, ni siquiera intenta emplear la perífrasis: la perífrasis ya es una ocurrencia, y las ocurrencias pertenecen a un círculo intelectual al que Bongiorno es ajeno. Para él, como ya se ha dicho, todo tiene un nombre propio y único; el artificio retórico es una sofisticación. En última instancia, una metedura de pata siempre surge de un acto de sinceridad desenmascarada; cuando la sinceridad es voluntaria, no hay metedura de pata, sino desafío y provocación; la metedura de pata (en la que Bongiorno destaca, según la crítica y el público) surge precisamente cuando uno es sincero por error o por descuido. Cuanto más mediocre se es, más torpe se vuelve la mediocridad. Mike Bongiorno consuela a la mediocridad, elevando la metedura de pata a la dignidad de figura retórica, dentro del marco de una etiqueta aprobada por la entidad emisora ​​y la nación auditora.

Mike Bongiorno se alegra sinceramente con el ganador porque honra el éxito. Cortésmente desinteresado con el perdedor, se conmueve si este se encuentra en una situación difícil y se convierte en promotor de un concurso benéfico, tras lo cual se muestra satisfecho y convence al público de que todo va bien; luego, se dedica a otras cosas, animado por su creencia de que este es el mejor de los mundos posibles. Ignora la dimensión trágica de la vida.

Mike Bongiorno, por tanto, convence al público, como ejemplo vivo y triunfal, del valor de la mediocridad. No provoca complejos de inferioridad, aunque se presenta como un ídolo, y el público lo recompensa con gratitud y lo ama. Representa un ideal que nadie debería esforzarse por alcanzar, pues quienquiera que sea, desde el principio, ya está a su mismo nivel. Ninguna religión ha sido tan indulgente con sus fieles. En Mike Bongiorno, se anula toda tensión entre el ser y el deber ser. Y dice a sus fieles: «Tú eres Dios, quédate quieto».

De "El diario minimalista" de Umberto Eco
Difel, 1985

MIKE BONGIORNO, convirtiéndose en una categoría analítica, un concepto. Creo que hay muchísimos más Mike Bongiornos a nuestro alrededor que políticos y presentadores de televisión. El arrivismo y la adulación fabrican Mike Bongiornos en masa. Nos asfixian. Y tengamos cuidado de no convertirnos en uno de ellos.

A continuación se muestra una cita de un artículo en Estadão, donde un analista, Mike Bongiorno, utiliza la categoría para analizar a Berlusconi.

“Si un hombre de negocios, que en otro país occidental con cierta tradición liberal-democrática se limitaría a construir mansiones en Milán, asume el control absoluto de los medios y domina la escena política durante más de 20 años, llegando al puesto de primer ministro tres veces, como sucedió con Berlusconi en Italia, lo menos que podemos hacer es analizar el fenómeno y extraer tantas lecciones como sea posible de él”. Esta es la propuesta de Pierfranco Pellizzetti, autor de la recientemente publicada *Fenomenologia di Berlusconi* (Manifestolibri), un examen de la mutación cultural de la sociedad italiana desde la última década, cuando la “mediocridad banal” representada por el ídolo televisivo Mike Bongiorno perdió su hegemonía ante la “mediocridad del hombre lobo” representada por Berlusconi y empujó a Italia hacia “un precipicio humano, político y civil”.

Pellizzetti trabaja con las mismas herramientas analíticas que Eco en su *Fenomenología de Mike Bongiorno*, escrita en 1961 e incluida en la colección *Diario Minimalista*. Bongiorno, un campeón de audiencia en la televisión italiana durante casi medio siglo, un ingenuo y alegre que vivía plagiando programas de variedades estadounidenses y fue enterrado como héroe nacional en septiembre de este año, encarnaba, según Eco, la absoluta mediocridad del italiano medio, quien se identificaba plenamente con el presentador y su alegría desenfrenada, sobre todo porque Bongiorno, que presumía tanto de su ignorancia, lo hacía sentir, en comparación, más culto, más inteligente. *

O Estado de S. Paulo*, domingo 29 de noviembre de 2009

Conceptos extraídos de los textos a continuación, cuyo título y contenido original se mantienen al hacer clic en los enlaces.

1. DELINCUENCIA ACADÉMICA, de Maurício Tragtemberg

2. BAGRINHOS, del texto de Alfredo Marques

3. HOMBRE-DISPOSITIVO, del texto de Francisco Foot Hardman

4. FIN DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA, del texto de Marilena Chauí

5. GANG ETHOS, del texto de Luiz Felipe Pondé

6. MIKE BONGIORNO, del ensayo de Umberto Eco


Umberto Eco, una figura del Renacimiento Libro gratis

  

Umberto Eco, escritor, filósofo y semiólogo.

Umberto Eco, una figura del Renacimiento

Ana Alejandre

Por la reciente muerte de Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932 - Milán, 2016), acaecida el pasado día 19 de febrero, el mundo de la cultura no sólo italiano, sino mundial, ha perdido una de las figuras más importantes del pensamiento occidental en su calidad de filósofo, semiólogo, escritor con una extensa obra de ensayo de estética medieval, linguística, filosófica y narrativa. Experto conocedor del mundo de la comunicación y profesor universitario, representa una figura imprescindible de la cultura del siglo XX que contribuyó de forma notoria a modernizar la cultura italiana contemporánea con sus ricas aportaciones en los diversos campos en los que fue una figura destacada.

Umberto Eco nació en Alessandría, en 1932, en la región de Piamonte. Se doctoró en Filosofía en 1954, en Turín, capital piamontesa, con una tesis que versaba sobre la estética de Santo Tomás de Aquino, figura que le interesó desde que conoció su obra, la que le hizo adentrarse en el estudio de la filosofía tomista y cultura medieval, labor que ha continuado a lo largo de su vida.

Es de destacar su obra ensayística, la más numerosa en su producción literaria, en la que se pueden encontrar títulos como "Opero aperta" (1962), que es un análisis de textos literarios teniendo como punto de partida el "Ulises" de Joyce. Esta obra tuvo una gran resonancia y, a su vez, se erige en uno de los manifiestos de la neovanguardia que surgirá al año siguiente con el llamado Grupo 63. A esta obra le sigue "Diario mínimo" (1963) que comprende varios ensayos entre los que destaca "Fenomenología de Mike Bongiorno".Su obra de novelística cuenta con títulos de tanto éxito como son "El nombre de la rosa" (1980), novela con trasfondo histórico y encuadrada en el género policiaco,.en cuanto que narra la investigación de unos crímenes, ocurridos en una abadía medieval italiana, por parte de un monje inglés llamada Guillermo de Baskerville que termina por descubrir al autor de los asesinatos. Hay en esta novela cierta influencia de Jorge Luís Borges que inspira a Umberto Eco el personaje del bibliotecario ciego. Esta es una obra en la que aparecen reflejados sus profundos conocimientos de la cultura medieval. Novela que ha sido traducida a más de cien idiomas y de la que se ha vendido más de cuarenta millones de ejemplares. A esta novela le siguió "El péndulo de Foucault" (1988). En esta obra Umberto Eco recrea la tradición hermética, ocultista y masónica y con ello crea una metáfora de la irracionalidad humana que sigue manifestándose en nuestros días en los grupos terroristas y, de igual manera, en las diversas mafias económicas de todo tipo. Esta obra fue traducida y vendida en todo el mundo; pero, a pesar de su enorme difusión, no llegó a tener igual acogida por parte de la crítica y el público, lo que también le sucedió a sus obras siguientes como fue el título La isla del día antes (1994) y novelas sucesivas que no obtuvieron el mismo éxito de la célebre "El nombre de la rosa".

Desde 1971 ejerció su cátedra de Semiotica en la Universidad de Bolonia, aunque había iniciado su labor docente en 1961 en varias universidades italianas de las ciudades de Turín, Milán y Florencia hasta llegar a Bolonia, en 1975, ya en su calidad de catedrático. También creó la Escuela Superior de Estudios Humanísticos.

Se pueden distinguir dos principios fundamentales en la rica obra de Umberto Eco que se podría, definir, el primero de ellos, como la aceptación de que todo concepto filosófico, expresión artística y cualquier manifestación cultural, sean del tipo que fueren, deben situarse y circunscribirse al momento histórico y al ámbito cultural en el que se producen; y el segundo, es la necesidad de crear un único método de análisis, basado en la teoría semiótica, método que sirva para interpretar cualquier manifestación cultural como un mero acto de comunicación, siempre regido por códigos, lo que significa que eso rechaza de plano cualquier tipo de interpretación idealista o metafísica.

Por todo ello, se comprende los múltiples aspectos que analiza Umberto Eco en su prolífica obra y que van desde la vanguardia artística como hace en "Obra abierta" (1962), ya mencionada, hasta el fenómeno de la cultura de masas que realiza en títulos como "Apocalípticos e integrados" (1964) o en "El superhombre de masas" (1976). También hay que destacar su interés por la relación intrínseca entre la cultura de masas y la dictadura que hizo en la obra "Cinco escritos morales" (1997).

Trató también de sistematizar la teoría semiótica lo que hizo especialmente en el "Tratado de semiótica general" (1975), obra que ofrece una teoría de los códigos y una tipología de las formas de producción de los elementos sígnicos (perteneciente o relativo al signo; así como objeto, fenómeno o acción material).

Eco, siempre atento a las manifestaciones culturales de nuestra época, en pleno auge del estructuralismo, escribió en abierta oposición a una concepción meramente ontológica de la estructura de los fenómenos naturales y culturales, sus obras "La estructura ausente" (1968) y "Lector en fábula" (1979), a modo de continuación de la primera, siendo esta última obra la afirmación de que la comprensión y análisis de un texto dependen más de la complicidad interpretativa entre el autor y el lector que de la creación determinante de unas estructuras subyacentes fijadas de antemano y valederas siempre.

No hay que pensar por ello que la coherencia y rigor en el pensamiento de Eco fuera rígida e inamovible; pues, como todo pensador, sometía a un continuo análisis sus conclusiones previas ya expuestas en algunas obras, las que, después, fueron modificadas en el tiempo por él mismo, en una serie de artículos escritos para la Enciclopedia Enaud y, más tarde, publicados en su obra "Semiótica y filosofía del lenguaje" (1984). Entre los conceptos modificados, fue uno de ellos, el signo, especialmente, sustituido por otro que le hizo pasar del modelo fijo y determinado a otro que ya no le considera una equivalencia fija, establecida por el código que existe entre expresión y contenido, sino que deviene de la inferencia (inferencia es una evaluación que realiza la mente entre proposiciones) de la dinámica de las simiosis (la simiosis es cualquier forma de actividad, conducta o proceso que involucre signos, incluyendo la creación de un significado).

Una característica de Eco, que manifestó constantemente en su obra, fue su insaciable curiosidad y su autoexigencia de rigor y precisión, lo que le hacía rechazar la improvisación. Ese interés general por entender la época y sociedad en los que le tocó vivir, le llevó a involucrarse en la vida cultural y política italiana en las últimas seis décadas. Esa actividad política le llevó a oponerse enérgicamente a Berlusconi de forma constante e irreductible.

Fue el primer escritor en Italia en escribir de la comunicación de masas, basándose para teorizar en una experiencia concreta. Ganó por oposición una plaza en la RAI, en 1954, y comenzó escribiendo textos en la secretaría artística. Esto fue el impulso inicial que le hizo interesarse por una gran variedad de campos del conocimiento, lo que hizo que el diario La República", en el que Eco colaboró asiduamente durante años, escribió el día de su muerte: «Muere Umberto Eco, el hombre que sabía todo».

A Umberto Eco se le considera el fundador de la semiología italiana. Fundó "Versus – Cuadernos de estudios semióticos", en 1971, una de las revistas más importantes de semiótica; y, en 1975, publicó "Tratado de semiótica general", en 1975, que es un texto considerado clásico en muchas de las más importantes universidades del mundo.

Su último libro, "Número cero" fue publicado en 2015, obra que narra la vida en la redacción imaginaria de un periódico del que se intenta publicar su número cero, y de ahí le viene el título. Sátira mordaz y lúcida del periodismo contemporáneo y sus muchos límites y servidumbres, especialmente en esta época informatizada y dominada por el mundo virtual de internet. Umberto Eco no permaneció indiferente a la llamada de las redes, por lo que escribió también sobre el fenómeno de internet, haciendo una afirmación que levantó una fuerte polémica cuando dijo que "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces era rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles" (entrevista al diario La Stampa).

Apasionado amante de la lectura, Eco leía toda clase de libros, lo que resumía al decir: "Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida. Quien lee habrá vivido 5000 años. La lectura es una inmortalidad de nuevo". Además de lector apasionado también era un bibliófilo que tenía en su poder ejemplares únicos y verdaderas joyas bibliográficas.

Entre sus numerosas distinciones hay que mencionar que fue nombrado Doctor honoris causa en numerosas universidades. Recibió numerosísimos premios tanto italianos como internacionales. Entre ellos destaca el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el 2000.

Sin duda alguna, Umberto Eco era el pensador que representaba con mayor nitidez el espíritu del intelectual universal y polifacético. Con él muere el hombre que, en los siglos XX y XXI, representó ser la última figura del Renacimiento.

El escritor Roberto Saviano publicó en Twitter un sencillo mensaje de despedida en el que citó las últimas palabras de  "En el nombre de la rosa""Nomina nuda tenemosAdiós profesor", escribió.
Por ello no hay mejor despedida a este gran humanista que hacerlo con frase la que concluye la novela "En el nombre de la rosa", citada por Roberto Saviano en parte, pues la frase completa dice: "stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus", expresión latina que expresa la idea de que, al final, sólo queda el nombre de las cosas.

El nombre de Umberto Eco quedará escrito con letras de oro en la historia de la literatura italiana con proyección universal.
Descanse en paz.


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Segundo diario mínimo
 
   
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Siguiendo la línea iniciada en 1963 con su Diario mínimo, Umberto Eco nos ofrece ahora una nueva selección de textos en los que mediante una ironía destructiva y a través de pastiches de diferentes géneros literarios, ataca, tanto al mundo académico, como a las necesidades de la vida cotidiana, entre las que se incluye el diseño de objetos y los intrincados laberintos de la burocracia.


 

Todos somos Mike Bongiorno: porque el ensayo de Umberto Eco sigue siendo terriblemente relevante

 


14 de febrero de 2026

Beatriz Dondi

Con la famosa Fenomenología, el gran semiólogo logró, como pocos, hablar de la mediocridad de la televisión contemporánea. De las Islas y de los Hermanos, de los paquetes a abrir y de las ruedas a girar. ¿quién prefiere a todos los hombres a los Superman. Y eso no requiere ningún esfuerzo para ser comprendido.

La fenomenología de Mike Bongiorno fue un destello de genio común y corriente. El ahora famoso escrito de Umberto Eco publicado por primera vez en ’61 con el Diario Mínimo, contaba la figura y el éxito del rey de los presentadores como ejemplo vivo y triunfante, de la mediocridad como valor. «No causa complejos de inferioridad al ofrecerse como un ídolo, y el público lo paga, agradecido, amando it». Y en un cambio de paradigma se transformó en un retrato inmaterial del espectador que bebía de lo que pasaba el convento frente al televisor.

 

Porque Mike Bongiorno, que al principio no lo tomó muy bien y luego lo hizo de verdad gran orgullo por su brillante carrera, no era otra cosa que el motor capaz de activar el resorte para lanzar bofetadas con infernal claridad a quienes obstinadamente siguen creyendo que están representados por la televisión. A quienes lo miran y a quienes se reconocen en él. 

 

Ese público blanco y negro, del italiano del boom y el de una contemporaneidad dirigida a lo antiguo, de las Islas y de Hombres y mujeres, de lo Tal y Lo Tal y de los reality shows compulsivos, esos espectadores de ayer y de hoy, también listos para mañana, de un mundo cristalizado en el momento expresado por un simple mando a distancia, irreversiblemente atraído por la normalidad que da riquezas a los paquetes que se van a abrir y a las ruedas que se van a girar. 

 

«TV presenta al hombre absolutamente normal como ideal» eco escribió, inalcanzable profético en el primer bocado, y esa comida televisada en las próximas décadas continuó masticando la evolución de esa intuición imaginativa adaptable a cada horario.

 

Nadie ve un programa para sentirse menospreciado y por eso seguimos produciendo y premiando un televisor igual a él, que como Mike Bongiorno de Eco habla italiano básico, suprime los subjuntos, sobre todo no requiere ningún esfuerzo para ser comprendido. Entonces el espectador que huye de los Supermans está listo para arrojarse a los blandos brazos de the’todo hombre, tiene la misma huella que el entonces monocanal catódico, hoy multiplicado físicamente como los ojos de una mosca ruda.

 

Un irresistible ascenso, que alcanza su punto máximo con la llegada de los mil televisores Berlusconi que glorificaron la improvisación e indignaron al héroe durante un día. Pescando al azar en el tesoro de los Sachets por venir, lo que leemos sigue encontrando una correspondencia precisa con lo que todavía vemos todos los días, implacablemente, golpeados en los rostros de todos aquellos que creen que mantienen un trapo de espíritu crítico mientras se meten. sus cabezas en esa pantalla tan pequeña. Saltando entre horarios, abundan los ejemplos. 

 

“La Corrida”, y todos sus innumerables emuladores, se cuenta como la representación de la quintaesencia de la vida pública italiana, la apoteosis del amateurismo para las personas incompetentes que están felices de aparecer en la televisión precisamente para revelarse como tales«. Ese obstinado deseo de mostrarse tal como es, sin esos benditos filtros que a veces ayudarían mucho incluso a la autoestima individual y que siempre encuentra su origen en la identificación anterior, con una mediumnidad como si fuera un valor a toda costa, que se desmorona y sale del río de la comunicación, inundando campos cada vez más grandes. 

 

Pasa por la política, también un aficionado, que grita y despotrica y se ve reducido a declaraciones intrépidas a través de las redes sociales que la noticia recoge puntualmente, en un flujo de inconsciencia sin ninguna mediación. Y se trata de privacidad, tema candente proyectado para mañana, que como escribió nuestro «, ninguna persona común y corriente quiere». De lo contrario no explicaríamos el incontinente desfile de traicionados quejándose frente a las cámaras, las cartas del sábado por la noche donde los familiares se muestran serpientes, limpian la bajeza hasta el momento antes encerrados en el comedor marrón para ponerla en el Paolo Conte, porque lo que no estás dispuesto a ceder para aparecer en casa de todos. «El cornudo corre por televisión para discutir, si padece una terrible enfermedad desfila en público, utiliza compulsivamente su teléfono móvil y, posiblemente para que los transeúntes la escuchen para decirles a todos que tiene una amante a la que le dice “cicci”». 

 

Porque somos la televisión, que todavía hoy premiamos a la vieja figura del ayuda de cámara Juliette Greco, porque somos hombres (y mujeres) promedio que buscamos y apreciamos personajes promedio. Los hijos de frijoles en el frasco, respuestas por teléfono, manitas que de repente parecen saludar y decir “hola mam”, protagonistas por un momento, ingenuos y satisfechos.

 

Y es agradable imaginar a Eco sonriendo divertido mientras nos mira, espectadores de la habitual inutilidad, espiando desde los ojos de las llaves de los mil Mikes que la televisión sigue ofreciéndonos. «Un ideal que nadie debe esforzarse por alcanzar, porque cualquiera ya está en su nivel».


https://lespresso.it/c/televisione/2026/02/14/umberto-eco-fenomenologia-siamo-tutti-mike-bongiorno/59859?fbclid=IwY2xjawP9sXtleHRuA2FlbQIxMQBicmlkETJxRFlsYkhrODNkR1dVbnNIc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHlV9av6emyuJYdrMbg0NOCtmxiEtfo6vtbvsXd3D7PKUY2_rj1w5qqMWCFmC_aem_a1B5XWv743miZcq1hVaHWg


Enrico Fermi. fue una pieza técnica clave del Proyecto Manhattan.

 


A los 14 años (1915), se “fabricó” su propia universidad: en el mercado de Campo de’ Fiori (Roma) encontró un libro de física de 900 páginas, escrito en latín (Elementorum physicae mathematicae, 1840), y lo usó para aprender por su cuenta matemáticas avanzadas (incluido cálculo) y física clásica, como si fuera un manual moderno. De joven hacía proyectos prácticos (como giroscopios y mediciones de la gravedad) mientras se auto-entrenaba con libros cada vez más difíciles

🧠 Su velocidad era anormal: en 1918, con 17 años, entró a la Scuola Normale Superiore de Pisa y ganó el examen de admisión. En Pisa se volvió casi un fenómeno interno: sus profesores admitían que había poco que “enseñarle” y hasta le pedían que él explicara temas (como cuántica) en seminarios. En 1921 (tercer año) ya publicaba artículos científicos. Y cuando llegó el momento de su examen final/defensa alrededor de 1922 (tenía 20–21), sus sinodales quedaron marcados por lo fuera de escala que era su razonamiento: no era solo “listo”, era preciso y directo, como si ya pensara como investigador formado.
⚙️Su nombre Enrico Fermi. fue una pieza técnica clave del Proyecto Manhattan. En Los Álamos (1944–1945), Fermi fue nombrado director asociado y jefe de la División F, responsable de estudios de fisión, neutrones y reactores experimentales. Su papel era resolver problemas críticos “en tiempo real”: cálculos rápidos, estimaciones de riesgo y validación de diseños cuando no había margen de error.
📄 Durante la prueba Trinity (16 de julio de 1945), la primera explosión nuclear de la historia, Fermi realizó un experimento improvisado: dejó caer tiritas de papel durante la onda expansiva y, midiendo cuánto se desplazaban, calculó el rendimiento de la bomba en ~10 kilotones de TNT. El valor real fue ~18.6 kilotones, una precisión asombrosa sin instrumentos modernos.
🧨 Fermi apoyó el uso inicial de la bomba por razones estratégicas, pero después de la guerra cambió de postura. En 1949, tras la primera bomba soviética, se opuso firmemente al desarrollo de la bomba de hidrógeno, alegando razones morales y técnicas, y defendió a Oppenheimer durante su juicio de seguridad en 1954.
El salto gigante llega en Chicago: el 2 de diciembre de 1942, Fermi y su equipo lograron la primera reacción nuclear autosostenida de la historia en Chicago Pile-1, el primer reactor artificial.
⚖️ Su legado es incómodo y poderoso: sin Fermi, la bomba probablemente no habría llegado a tiempo. Pero él mismo advirtió que la humanidad aún no estaba madura para manejar la energía que acababa de liberar.

Lo único mas poderoso que Trump es… Bad Bunny: el orgullo latino desafía en la Super Bowl a la política del miedo

El artista puertorriqueño convierte el 'show' más visto de Estados Unidos en un símbolo de resistencia cultural y representación latina frente al discurso antiinmigrante de Trump.

Bad Bunny, orgullo latino en la Super Bowl.Kirby Lee-Imagn Images via REUTER

Henrique Mariño              Madrid-09/02/2026

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Bad Bunny, durante su actuación en la Super Bowl.

 Bad Bunny en la Super Bowl  

 Bad Bunny y la cultura latina  

Bad Bunny, durante su actuación en la Super Bowl.REUTERS/Mike Blake

 Donald Trump vs. Bad Bunny  

Henrique Mariño

Redactor de Culturas y Memoria en 'Público'. Antes pasó por 'El Correo Gallego', Cadena COPE, Agencia EFE, 'La Voz de Galicia', 'El Mundo', 'Spain Gourmetour' y 'ADN.es'. También ha colaborado, entre otras publicaciones, con las revistas 'MAN', 'Números Rojos', 'DT', 'Táboa Redonda' y 'Luzes'.

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