“De esta Trinidad de sombras, nacen el Caos, el Sinrazón y la Muerte Eterna”. John Milton (El Paraíso perdido)
Por lo que parece la democracia no es por aquí de gran interés casi para nadie, puesto que quienes piden comicios no lo hacen por las instituciones, sino para encumbrarse con el seso seco de su simpatía. Y no es una intuición; reaparecieron unos gatos de los más activos desestabilizadores de la democracia en su momento. Luego de destruirla, se posaron en el extremo abstencionista para despejar el camino a la revolución. Destemplados y ahora obsesivos de “elecciones ya”, hacen birlibirloque a las reformas constitucionales y legales sine qua non, que erradicarían los pilares autoritarios, como la reelección sin límites. El Oráculo repite: luego de la luna de miel, vendrá la pesadilla y seguirán su purgatorio y arrepentimiento.Sin eliminar la reelección presidencial indefinida, modificar la duración del periodo (además de otros cargos ejecutivos) ni cambiar el sistema electoral (CNE, Ley del Sufragio y Ley de Partidos) se perpetúa lo que existe, ahora con otras caras, las suyas y manipulan el deseo de cambio. Tuve la responsabilidad de asumir en el senado el debate sobre reforma electoral que duró semanas entre parálisis y fulgores porque los partidos daban la discusión con intensidad. Se trajeron eminentes expertos electorales en medio del clima de reformas: Dieter Nohlen, Daniel Zovato, Rafael Lopez-Pintor, Sonia Picado- Sotela y se analizaron las ideas de Raymond Fusilier, Gerard Conac,George Burdeau, Giuliano Amato y otros.
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