Todos estamos en peligro – Pier Paolo Pasolini

 

José Daniel Figuera

Esta entrevista tuvo lugar el sábado 1 de noviembre, entre las 4 y las 6 de la tarde, pocas horas antes que Pasolini fuera asesinado. Quiero precisar que el título de la entrevista es suyo, no mío. De hecho, al término de la conversación que a menudo, como en otras ocasiones, nos ha sorprendido con convicciones y puntos de vista diferentes, le pregunté si quería dar un título a su entrevista. Se lo pensó un poco, dijo que no tenía importancia, cambió de tema, luego algo nos devolvió al argumento de fondo que aparece continuamente en las respuestas que siguen. «He aquí la semilla, el sentido de todo – dijo – Tú no sabes quién está pensando en matarte ahora. Pon este título, si quieres: “Porque estamos todos en peligro”».

Pasolini, en tus artículos y en tus escritos has dado muchas versiones de lo que detestas. Has abierto una lucha, solo, contra muchas cosas, instituciones, convicciones, personas, poderes.


Para que sea menos complicado el discurso yo diré «la situación», y tú sabrás que quiero hablar de la escena en contra de la que, en general, te bates. Ahora te hago esta objeción. La «situación», con todos los males que tú dices, contiene todo lo que te permite ser Pasolini. Quieto decir: tuyo es el mérito y el talento. ¿Pero los instrumentos? Los instrumentos son de la «situación». Editorial, cine, organización, hasta los objetos. Pongamos que el tuyo sea un pensamiento mágico. Haces un gesto y todo desaparece. Todo eso que detestas.

¿Y tú? ¿Tú no te quedarías solo y sin medios? Quiero decir medios expresivos, quiero…


Sí, he entendido. Pero ese pensamiento mágico yo no sólo lo intento, sino que me lo creo. No en el sentido mediático. Sino porque sé que golpeando siempre sobre el mismo clavo puede hasta derribarse una casa. En pequeño, un buen ejemplo nos lo dan los radicales, cuatro gatos que consiguen remover la conciencia de un país (y tú sabes que no siempre estoy de acuerdo con ellos, pero precisamente ahora estoy a punto de salir para ir a su congreso). En grande, el ejemplo nos lo da la historia. El rechazo ha sido siempre un gesto esencial. Los santos, los ermitaños, pero también los intelectuales. Los pocos que han hecho la historia son aquellos que han dicho no, en absoluto los cortesanos y los ayudantes de los cardenales.

El rechazo, para funcionar, debe ser grande, no pequeño, total, no sobre este o aquel punto, «absurdo», no de sentido común. Eichmann, amigo mío, tenía mucho sentido común. ¿Qué le faltó? Le faltó decir no, antes, al principio, cuando lo que hacía era sólo administración rutinaria, burocracia. A lo mejor incluso habrá dicho a los amigos: a mí ese Himmler no me gusta mucho. Habrá murmurado, como se murmura en los editoriales, en los periódicos, en el amiguismo y en la televisión. O también se habrá rebelado porque este o aquel tren se paraba una vez al día para las necesidades y el pan y el agua de los deportados, cuando hubieran sido más funcionales o más económicas dos paradas. Pero nunca ha bloqueado la maquinaria. Entonces los problemas son tres. Cuál es, como dices tú, «la situación», y por qué se debería pararla o destruirla. Y cómo.

Eso es, describe “la situación”. Sabes perfectamente que tus intervenciones y tu lenguaje tienen un poco el efecto del sol que atraviesa el polvo. Es una imagen bella, pero se entiende poco.


Gracias por la imagen del sol, pero pretendo mucho menos. Pretendo que mires a tu alrededor y te des cuenta de la tragedia. ¿Cuál es la tragedia? La tragedia es que ya no somos seres humanos, somos extrañas locomotoras que chocan unas contra otras. Y nosotros, los intelectuales, cogemos el horario de los trenes del año pasado, o de hace diez años, y decimos: qué extraño, esos dos trenes no pasan por ahí, ¿cómo es que se han destrozado de esa manera? O el maquinista se ha vuelto loco o es un criminal aislado o se trata de un complot. El complot, sobre todo, nos hace delirar. Nos libera de todo el peso de enfrentarnos solos a la verdad. Qué bien si mientras nosotros estamos aquí charlando alguno en una taberna está haciendo planes para deshacerse de nosotros. Es fácil, es sencillo, es la resistencia. Perderemos algunos camaradas y después nos organizaremos y quitaremos de en medio a los otros, ¿no te parece?

Yo sé que cuando dan en televisión ¿Arde París? todos están ante el televisor, con lágrimas en los ojos y unas ganas locas de que la historia se repita, bella, limpia (un efecto del tiempo es que “lava” las cosas, como las fachadas de las casas). Sencillo; yo aquí, tú allí. No hagamos bromas con la sangre, el dolor, la fatiga que la gente pagó entonces por “elegir”. Cuando estás con la cara aplastada contra aquel momento, aquel minuto de la historia, elegir es siempre una tragedia. Pero, admitámoslo, era más sencillo. El fascista de Salò, el nazi de las SS, el hombre normal, con la ayuda del valor y de la conciencia, consigue rechazarlo, incluso de su vida interior (que es donde empieza siempre la revolución). Pero ahora no. Uno se te viene encima vestido de amigo, es gentil, cortés, y “colabora” (pongamos que en la televisión), por ir tirando o porque no es un delito. El otro –o los otros, los grupos- te sale al encuentro o se te echa encima –con sus chantajes ideológicos, con sus sermones, sus prédicas, sus anatemas, y tú sientes que también son amenazas. Desfilan con banderas y consignas, pero ¿qué los separa del poder?

¿Qué es el poder, según tú, dónde está, dónde se encuentra, como lo sacas de su madriguera?


El poder es un sistema de educación que nos divide en subyugados y subyugadores. Pero cuidado. Un mismo sistema educativo que nos forma a todos, desde las llamadas clases dirigentes hasta los pobres. Por eso todos quieren las mismas cosas y se portan de la misma manera. Si tengo en las manos un consejo de administración o una operación bursátil, los utilizo. Si no, una barra de hierro. Y cuando utilizo una barra de hierro hago uso de mi violencia para obtener lo que quiero. ¿Por qué lo quiero? Porque me han dicho que es una virtud quererlo. Yo ejerzo mi derecho-virtud. Soy asesino y soy bueno.

Te han acusado de no distinguir política e ideológicamente, de haber perdido el sentido de la diferencia profunda que tiene que haber entre fascistas y no fascistas, por ejemplo entre los jóvenes.


Por eso te hablaba del horario ferroviario del año pasado. ¿Nunca has visto esas marionetas que hacen reír tanto a los niños porque tienen el cuerpo vuelto de una parte y la cabeza de la otra? Me parece que Totò hacía un truco parecido. Así veo yo la inmensa tropa de intelectuales, sociólogos, expertos y periodistas de las intenciones más nobles, las cosas suceden aquí y la cabeza mira hacia allá. No digo que no exista el fascismo. Digo: dejad de hablarme del mar mientras estamos en la montaña. Este es un paisaje distinto. Aquí existe el deseo de matar. Y este deseo nos ata como hermanos siniestros de un fracaso siniestro de todo un sistema social. También a mi me gustaría que todo se resolviese con aislar a la oveja negra. Yo también veo las ovejas negras. Veo muchas. Las veo todas. Este es el problema, ya se lo he dicho a Moravia: por la vida que llevo pago un precio… Es como uno que baja al infierno. Pero cuando vuelvo – si vuelvo – he visto otras cosas, más cosas. No digo que tengáis que creerme. Digo que tenéis que cambiar continuamente de discurso para no enfrentaros a la verdad.

¿Y cuál es la verdad?


Siento haber utilizado esta palabra. Quería decir «evidencia». Deja que ponga otra vez las cosas en orden. Primera tragedia: una educación común, obligatoria y equivocada que nos empuja todos a la competición por tenerlo todo a toda costa. A esta arena nos empuja como una extraña y oscura armada en la que unos tienen los cañones y otros tienen las barras de hierro. Entonces, una primera división, clásica, es «estar con los débiles». Pero yo digo que, en un cierto sentido, todos son los débiles, porque todos son víctimas. Y todos son los culpables, porque todos están listos para el juego de la masacre. Con tal de tener. La educación recibida ha sido: tener, poseer, destruir.

Entonces deja que vuelva a la pregunta inicial. Tú, mágicamente anulas todo. Pero vives de los libros, y necesitas inteligencias que lean. Es decir, consumidores educados del producto intelectual. Tú haces cine y necesitas no sólo de grandes plateas disponibles (de hecho por lo general tienes mucho éxito popular, o sea eres «consumido» ávidamente por tu público) sino también de una gran maquinaria técnica, organizativa, industrial, que está en medio. ¿Si quitas todo eso, con una especie de mágico monaquismo de tipo paleo-católico y neo-chino, qué te queda?


A mí me queda todo, o sea yo mismo, ser vivo, estar al mundo, ver, trabajar, comprender. Hay cientos de maneras de contar las historias, de escuchar las lenguas, de reproducir los dialectos, de hacer el teatro de los títeres. A los otros les queda mucho más. Pueden hacerme frente, cultos como yo o ignorantes como yo. El mundo se hace grande, todo pasa a ser nuestro y no tenemos que utilizar ni la Bolsa, ni el consejo de administración, ni la barra de hierro para depredarnos. Ves, en el mundo que muchos de nosotros soñábamos (repito: leer el horario de trenes del año anterior, pero en este caso podemos decir de muchos años antes) había el patrón infame con el sombrero de copa y los dólares que se le colaban de los bolsillos y la viuda demacrada que pedía justicia con sus niños. El buen mundo de Brecht, en suma.

Es como decir que tienes nostalgia de aquel mundo.


¡No! Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que peleaba para derribar a aquel patrón sin convertirse en aquel patrón. Como estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado. Yo tengo miedo de estos negros en revuelta, iguales al patrón, otros saqueadores que quieren todo a toda costa. Esta oscura obstinación en la violencia total no deja ver ya «de qué signo eres». A cualquiera que lleven al hospital al final de su vida, aunque sea llevado moribundo al hospital, le interesa más -si tiene todavía un soplo de vida – qué le dirán los médicos sobre sus posibilidades de vivir que qué le dirán los policías sobre la mecánica del delito. Date cuenta de que yo no hago ni un proceso de intenciones ni me interesa ya la cadena causa efecto, primero ellos, o primero él, o quién es el jefe-culpable.

Me parece que hemos definido lo que tú llamas la «situación». Es como cuando en una ciudad llueve y se han atorado las alcantarillas. El agua sube, es un agua inocente, agua de lluvia, no tiene ni la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un río. Mas, por la razón que sea no baja, sino que sube. Es la misma agua de lluvia de muchos poemitas infantiles y de las musiquillas del «cantando bajo la lluvia». Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a este punto yo digo: no perdamos todo el tiempo en poner una etiqueta aquí y otra allá. Veamos cómo se desatasca esta maldita bañera, antes de que nos ahoguemos todos.

Y tú, por eso, quisieras que todos fuesen pastorcillos sin enseñanza obligatoria, ignorantes y felices.


Dicho así sería una estupidez. Pero la llamada enseñanza obligatoria fabrica a la fuerza gladiadores desesperados. La masa se hace más grande, como la desesperación, como la rabia. Admitamos que yo haya tenido una salida de tono (aunque no lo creo). Decidme vosotros otra cosa. Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida que tiene el único objetivo de hacerse libre y dueña de sí misma. Se entiende que me imagino que pueda todavía llegar un momento así en la historia italiana y en la del mundo. Lo mejor de lo que pienso podrá hasta inspirarme uno de mis próximos poemas. Pero no lo que sé y lo que veo.

Quieto decir con toda franqueza: yo bajo al infierno y sé cosas que no molestan la paz de otros. Pero prestad atención. El infierno está subiendo también entre vosotros. Es verdad que sueña con su uniforme y su justificación (a veces). Pero es también verdad que sus ganas, su necesidad de golpear con la barra de hierro, de agredir, de matar, es fuerte y es general. No será por mucho tiempo la experiencia privada y peligrosa de quien, cómo decirlo, ha tocado «la vida violenta». No os hagáis ilusiones.

Y vosotros, con la escuela, la televisión, lo pacato de vuestros periódicos, vosotros sois los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir. Dichosos vosotros que os quedáis tan felices cuando podéis poner sobre un crimen su buena etiqueta. A mi esta me parece otra de las muchas operaciones de la cultura de masa. Como no podemos impedir que pasen ciertas cosas, nos tranquilizamos encasillándolas.

Pero abolir tiene que decir a la fuerza crear, si no tú también eres un destructor. Los libros por ejemplo, ¿qué será de ellos? No quiero hacer el papel de quien se angustia más por la cultura que por la gente. Pero esta gente salvada, en tu visión de un mundo diferente, ya no puede ser primitiva (esta es una acusación frecuente que te hacen) y si no queremos utilizar la represión «más avanzada»…


Que me da escalofríos.

Si no queremos utilizar frases hechas, una indicación tiene sin embargo que existir. Por ejemplo, en la ciencia-ficción, como en el nazismo, se queman siempre los libros como gesto inicial de exterminio. Cerradas las escuelas, clausurada la televisión, ¿cómo animas tu belén?


Creo haberme ya explicado con Moravia. Cerrar, en mi lenguaje, quiere decir cambiar. Cambiar pero de modo tan drástico y desesperado como drástica y desesperada es la situación. Lo que impide un verdadero debate con Moravia, pero sobre todo con Firpo, por ejemplo, es que parecemos personas que no ven la misma escena, que no conocen la misma gente, que no escuchan las mismas voces. Para vosotros una cosa ocurre cuando es una crónica, hecha, maquetada, editada y titulada. ¿Pero qué hay debajo? Aquí falta el cirujano que tiene el coraje de examinar el tejido y de decir: señores, esto es cáncer, no una cosita benigna. ¿Qué es el cáncer? Es una cosa que cambia todas las células, que las hace crecer todas de forma enloquecida, fuera de cualquier lógica precedente. ¿Es un nostálgico el enfermo que sueña con la salud que tenía antes, aunque antes fuera un estúpido y un desgraciado? Antes del cáncer, digo.

Es decir, antes de todo será necesario hacer no sólo un esfuerzo para tener la misma imagen. Yo oigo a los políticos con sus formulismos, todos los políticos, y me vuelvo loco. No saben de qué país están hablando, están tan lejos como la luna. Y los literatos. Y los sociólogos. Y los expertos de todo tipo.

¿Por qué piensas que para ti ciertas cosas están más claras?


No quisiera hablar más de mí, quizás he hablado dicho incluso demasiado. Todos saben que yo mis experiencias las pago personalmente. Pero están también mis libros y mis películas. Quizás soy yo quien se equivoca. Pero sigo diciendo que estamos todos en peligro.

Pasolini, si ves la vida así – no sé si aceptarás esta pregunta- ¿cómo piensas evitar el peligro y el riesgo?


Se ha hecho tarde, Pasolini no ha encendido la luz y se hace difícil tomar apuntes. Miramos juntos los míos. Luego me pide que le deje las preguntas.
Hay puntos que me parecen demasiado absolutos. Deja que lo piense, que los relea. Y dame tiempo para encontrar una conclusión. Tengo una cosa en mente para responder a tu pregunta. Para mi es más fácil escribir que hablar. Te dejo las notas que añada mañana por la mañana.

Al día siguiente, domingo, el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini estaba en el tanatorio de la policía de Roma.

Texto de la entrevista de Furio Colombo a Pier Paolo Pasolini publicada en el suplemento “Tuttolibri” del periódico La Stampa del 8 de noviembre de 1975. Traducción de Andrea Perciaccante.

https://bloghemia.com/2026/09/todos-estamos-en-peligro-pasolini.html



Nguyễn Văn Trỗi . Es ampliamente recordado como un mártir y héroe nacional en Vietnam por su resistencia frente a las fuerzas estadounidenses durante la guerra de Vietnam.




 Nguyen Van Troi fue apresado por las fuerzas sudvietnamitas cuando minaba un puente en Công Lý, cerca de Saigón (actual Ciudad Ho Chi Min) ,

en la ruta por donde iba a pasar el entonces Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert McNamara y el embajador Henry Cabot Lodge, en plena guerra de agresión estadounidense contra Viet Nam.

Filosofía y física cuántica: un diálogo para entender el universo – Carlo Rovelli

 


El físico teórico y autor de grandes éxitos editoriales encuentra inspiración en la política y la filosofía para repensar el espacio y el tiempo.

Sentado frente a una iglesia católica en la Riviera francesa, Carlo Rovelli movía la cabeza hacia delante y hacia atrás, imitando a una paloma que caminaba cerca. Las palomas mueven la cabeza, me explicó, no solo para estabilizar su visión, sino también para calcular las distancias a los objetos, compensando así las limitaciones de su visión binocular.

—Todo depende de la perspectiva —dijo.

Rovelli, físico teórico vinculado a la Universidad de Aix-Marsella, estudia cómo percibimos la realidad desde nuestro limitado punto de vista. Su investigación abarca desde la información cuántica hasta los agujeros negros y con frecuencia se adentra en la historia y la filosofía de la ciencia.

A finales de la década de 1980 contribuyó al desarrollo de una teoría denominada gravedad cuántica de bucles, que intenta describir los fundamentos cuánticos del espacio y del tiempo. Una década después propuso una nueva interpretación «relacional» de la mecánica cuántica, que llega a sugerir que no existe una realidad objetiva como tal, sino únicamente perspectivas sobre la realidad, ya sean las de un físico o las de una paloma.

"Es increíble que pueda decir las cosas más estúpidas y me aplaudáis": Trump menosprecia a sus votantes y se lleva una ovación

 

Donald Trump durante su mitin en Tennesse.Redes sociales

Un momento presente eterno y resplandeciente. Kerouac y los Beats, desde el lado equivocado de la carretera.

 Un momento presente eterno y resplandeciente. Kerouac y los Beats, desde el lado equivocado de la carretera.


Jack estaba sentado con cara de póquer, con balas respaldadas por zorras.

Neal se encorvó al volante, provocando las risas de todos.

(Tom Waits, Jack y Neal )

La palabra «beat» tiene un origen incierto. Según una de las muchas leyendas que circulan sobre su procedencia, Burroughs la escuchó por primera vez de boca de un tal Huncke. A Burroughs le gustó la palabra por su sonoridad y por el concepto de un lado oscuro que transmitía. Pero fue Jack Kerouac quien primero extendió su significado a un sentido más amplio: primero al pequeño círculo de amigos escritores y marginados, luego a toda una generación, la de los bendecidos y derrotados , los perdedores, la conciencia culpable, la otra cara del mito americano. Si la Generación Perdida , escribe Kerouac, «ya no creía en nada», la nueva generación beat está, en cambio, «convencida de que habrá una justificación para todos los horrores de la vida». No solo cambia nuestra forma de ver el mundo, sino también nuestra forma de escucharlo. Del swing pasamos al bebop, y con el bebop el ritmo se rompe, se acelera, se vuelve más irregular e impredecible. Charlie Parker y Dizzy Gillespie convirtieron la música en una experiencia de libertad e invención constante. Es este ritmo el que Kerouac intentó incorporar a su escritura, transformando el fraseo del jazz en una nueva idea de prosa.

Resistencia en América (USA)

 

Publicamos una versión actualizada de un artículo publicado originalmente en la revista digital Primo Piano.

Por Luca Bufano

Un nuevo término de moda ha irrumpido en la actualidad política estadounidense: resistencia . Resistencia a la agenda política subversiva de Trump y sus aliados oligarcas, resistencia al despotismo y a la involución autoritaria del sistema democrático. Apareció en los reportajes sobre las cientos de protestas celebradas el sábado 5 de abril en todas las provincias de Estados Unidos, desde California hasta el estado de Nueva York y Florida, desde las grandes ciudades de la costa oeste, el Distrito de los Lagos y la costa este, hasta los pequeños pueblos del Medio Oeste y Nueva Inglaterra. Reapareció a diario en la prensa, aún libre, en comentarios sobre las múltiples formas de oposición que se manifiestan en la sociedad estadounidense a nivel local, estatal y federal. Se convirtió en un grito de guerra —« La resistencia es patriotismo» — con el último día de movilización, el Día Nacional de Acción , el sábado 19 de abril.

El lema principal de las manifestaciones del 5 de abril fue ¡Manos fuera !: manos fuera de los derechos civiles, la seguridad social, la independencia del poder judicial y del aparato estatal, los programas de ayuda internacional, la atención sanitaria para los ancianos, los principios de inclusión social resumidos bajo el acrónimo DEI ( Diversidad , Equidad , Inclusión ), las organizaciones no gubernamentales que ofrecen asistencia a los inmigrantes, los parques nacionales, las pequeñas empresas, el ius soli… en una palabra, manos fuera de nuestra democracia.

LA IRONÍA DE LA GANADORA DEL NOBEL DE LA PAZ CONTRA TRUMP



La jueza sudafricana Navanethem “Navi” Pillay fue galardonada este viernes con el Premio Nobel de la Paz de 2026 “por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional”, según informó este viernes el Comité Nobel noruego.
La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, compartió el momento en el que Pillay se enteró que había recibido el premio y bromeó sobre los reclamos del presidente de Estados Unidos.
“Si aplauden un poco más fuerte, quizás comparta el premio con Trump”

Lo que la casa deja fuera. Sobre "Lynchian: El hechizo de David Lynch" por John Higgs

  


Por Maurizio Amendola

Una mujer desnuda cruza una calle en Boise. Sangra por la boca, camina con dificultad y parece no ver a los niños que la observan. Uno de ellos es David Lynch. Su hermano llora. David quiere ayudarla. En el recuerdo, su piel es blanca como la leche. Entonces el recuerdo se detiene. Sin nombre, sin explicación, sin noticias de su destino. John Higgs sitúa esta aparición en las primeras páginas de Lynchiano. L'enchantmento di David Lynch , publicado por nottetempo en traducción de Stefano Piri: un retrato que abarca la vida del director y se pregunta cómo sus imágenes nos llegan y permanecen con nosotros. El recuerdo de Boise abre un camino a esta pregunta. Algo ha pasado por el barrio y, con ello, la idea de seguridad que lo hacía habitable.


El tabú separa lo que una comunidad reconoce de lo que debe mantener a raya. Lo inquietante surge cuando la separación deja de funcionar. Esta dinámica conduce al descubrimiento de un mundo familiar que ya contiene aquello que creía haber excluido. El retrato de Higgs sugiere que el encantamiento lynchiano altera el sentido de pertenencia. Restituye la presencia a aquello que nuestra mirada ha relegado, sin garantizar que podamos acogerlo. El tabú, si bien no es una categoría declarada por Higgs, nos permite seguir en su narrativa el límite cambiante entre lo que reconocemos como nuestro y lo que mantenemos a distancia.

Los pueblos de Idaho son como luces humanas dispersas en una extensión de bosque. Las casas de la posguerra prometen prosperidad y protección. El padre de Lynch, sin embargo, estudia las enfermedades de los árboles, y el niño aprende que el crecimiento y la decadencia habitan la misma materia. Cuando el libro yuxtapone esta enseñanza con el comienzo de Terciopelo azul , donde la cámara desciende bajo el césped bien cuidado y encuentra insectos, la relación entre superficie y profundidad adquiere una precisión física. El césped florece por encima del enjambre que su imagen oculta. La mirada revela que el mundo ordenado del jardín y el de los insectos pertenecen a la misma realidad.

Incluso la mujer encontrada en la calle hace visible lo que el vecindario, aparentemente seguro, mantenía oculto. Higgs sigue sus reapariciones: Dorothy, desnuda y herida en Terciopelo azul ; Ronette Pulaski cruzando el puente del ferrocarril en el episodio piloto de Twin Peaks . Yucta un recuerdo con imágenes cinematográficas, permitiendo que cada una haga más legible a la otra. Esta yuxtaposición preserva la brecha original: esa mujer sigue siendo desconocida. Pero cuando el autor la describe como una visitante de la oscuridad exterior, también introduce un riesgo. La violencia que sufrió puede parecer provenir de un lugar metafísico, cuando en realidad podría haberse perpetrado dentro de una casa similar a las que protegen a los niños.

Fire Walk With Me hace que esta tensión sea insoportable. Higgs recuerda que algunos espectadores asociaban Twin Peaks con el café, el pastel de cereza o la amabilidad de Cooper. La precuela, en cambio, pone de relieve la historia de un padre que viola y asesina a su hija. El regreso al pasado de la serie desvía nuestra atención de la curiosidad por el misterio de la muerte de Laura a su experiencia diaria de miedo y violencia. La recepción negativa inicial de la película puede interpretarse, al menos en parte, como una resistencia a este cambio. El incesto destruye los límites en el mismo lugar que debería protegerlos. La familia se convierte en aquello de lo que deberíamos estar protegidos.

Dentro de la casa de los Palmer, la frontera pasa por el rostro del padre. Leland, quien abusa de Laura, está poseído por Bob, una entidad maligna: el rostro familiar y el del monstruo habitan la misma persona. Higgs observa cómo esta presencia sobrenatural hace más incierta la atribución de culpa, pero también recuerda las cartas que Lynch recibió de mujeres abusadas por sus padres, quienes reconocieron su propia experiencia en Fire Walk with Me . Por lo tanto, podemos interpretar a Bob como una forma visible de la desorientación de Laura: quien debería protegerla se convierte en alguien de quien debe huir, sin dejar de llevar el rostro de su padre. El extraño ya está dentro de la familia. La historia le proporciona una imagen, dejando abierta la cuestión de cómo reconocer, tras esa imagen, al hombre y su responsabilidad.

La brecha entre lo familiar y lo perturbador reaparece en un episodio de la vida de Lynch. En Filadelfia, le muestra a su padre pájaros muertos, un ratón envuelto en plástico y fruta en diferentes estados de descomposición. Los ha dispuesto en el sótano a modo de experimentos y sonríe, feliz de compartir lo que considera bello. Su padre se queda atónito. La casa contiene objetos que normalmente se desechan; la incomodidad surge de la distancia entre sus miradas. Higgs retoma este episodio al describir las imágenes digitales de Inland Empire , consideradas feas y casi amateur, pero adoradas por el director. Lynch sigue encontrando belleza en lo que otros consideran desagradable, desde cuerpos en descomposición hasta las imágenes granuladas del cine digital.

Reducir esta distancia lleva tiempo. Higgs observa que, frente a un cuadro, el espectador puede darse la vuelta y seguir adelante. El cine nos atrapa con el niño de Eraserhead o con Merrick en El hombre elefante . En los capítulos finales, Higgs observa cómo los silencios, las cámaras lentas y los sonidos atmosféricos de Lynch centran nuestra atención en el presente. Una escena dura lo suficiente para que nuestra mirada, una vez disipada la sorpresa inicial, comience a percibir un gesto, una expresión facial o un sonido lejano. Lo que habríamos dejado al margen gana espacio, convirtiéndose en una presencia con la que hemos compartido tiempo. Higgs también recurre a las neuronas espejo y a los hemisferios cerebrales para proponer una explicación a esta forma diferente de prestar atención a las imágenes. El límite entre lo familiar y lo desconocido puede entonces cambiar casi sin que nos demos cuenta. Hemos mirado un poco más de tiempo y el mundo contiene algo más.

La escritura de Higgs también se caracteriza por retornos y yuxtaposiciones. Los veintitrés capítulos cortos siguen la vida del director, con digresiones sobre películas, testimonios y métodos de trabajo. La cronología nos guía, mientras que los episodios regresan y cambian de función: el sótano anticipa la tecnología digital, el santuario frente a Bob's Big Boy encuentra más tarde su origen en los batidos y los cafés diarios. Higgs también entra en la historia como espectador y organizador de un cineclub: después de una proyección de Eraserhead , observa con sorpresa la felicidad en los rostros del público.

En el retrato que hace Higgs de Lynch, lo que lo hace único es la forma en que involucra al espectador. Según el autor, sus películas crean un espacio donde cada persona puede descubrir sus propios sentimientos, sin que cada emoción esté condicionada por las reacciones de los personajes. La narrativa se expande entonces a las coincidencias y los trágicos destinos de sus colaboradores, yuxtaponiendo sus vidas con las atmósferas de las películas. Incluso fuera de la pantalla, algo familiar y a la vez inquietante parece emerger. El azar también entra en la obra de Lynch de maneras muy concretas: el diseñador de producción Frank Silva se convierte en Bob después de que el director lo descubre en el set, o una lámpara encontrada por Dean Stockwell se convierte en su micrófono en Terciopelo azul . Son encuentros inesperados a los que Lynch da cabida, reconociendo en un rostro o un objeto una posibilidad que no había visto antes.

Pero lo desconocido no siempre trae consigo el miedo. En la historia de Higgs, también puede manifestarse como una presencia benévola. El autor atribuye un papel a la meditación en la aparición de la Mujer en el Radiador y en el nuevo final de Eraserhead , que abre la posibilidad de la gracia. Distingue esta transformación de los orígenes del estilo, ya reconocibles antes de que Lynch comenzara a meditar. El libro nos invita así a considerar que la esperanza también puede sorprender y desorientar. El Ángel de Fuego Camina Conmigo y los petirrojos de Terciopelo Azul interrumpen mundos dominados por el miedo. Higgs interpreta estas apariciones como signos de salvación. Sin embargo, en las películas de Lynch podemos percibir un alivio que coexiste con el miedo: el espectador puede sentir que existe una posibilidad de salvación, mientras se pregunta qué sucederá y qué acaba de ver.

En el capítulo sobre raza, sexualidad y clase, Higgs observa que las películas de Lynch presentan muy pocos personajes negros y que los pobres suelen adquirir un aspecto amenazador. En Mulholland Drive , por ejemplo, la figura del indigente tras el contenedor de basura de Winkie's provoca tal terror que quien la ve se desploma. La frontera entre lo familiar y lo extraño también afecta a las personas: algunas habitan el mundo cotidiano de la historia, otras entran en él principalmente para asustar. Higgs compara estas observaciones con el cuidado del director: «Su forma de pensar intuitiva e individualista se veía atemperada por la notable bondad que mostraba hacia los demás». Así recuerda Higgs a Denise, la agente transgénero de Twin Peaks , defendida por Gordon Cole, interpretado por el propio Lynch, contra los prejuicios de sus compañeros. Estos dos aspectos coexisten en el retrato: Lynch sabe cómo retratar con afecto a una persona marginada por los demás, mientras que en otras imágenes encarna el miedo hacia quienes viven al margen de la sociedad. A través de esta tensión, Lynch nos remite a la pregunta inicial. Cuando alguien traspasa los límites de nuestro mundo familiar, ¿su presencia nos permite conocerlo, o simplemente le concedemos un lugar en nuestra pesadilla?

***

Maurizio Amendola es escritor y guionista. Se graduó del máster en Escritura Creativa de la Universidad de las Artes ArtEZ. Publicó la novela Il laureando (66thand2nd) y colaboró ​​en el próximo volumen The Works of the Romanian Screenwriters (Bloomsbury).