| Portada de la ‘La vacuna contra la insensatez’ (Ariel, 2026) |
La vacuna contra la insensatez
«Que personas poco inteligentes hagan cosas poco inteligentes es fácilmente comprensible. Lo que resulta difícil de entender es que personas muy inteligentes hagan estupideces», señala José Antonio Marina.
José Antonio Marina
Tengo la soberbia del humilde, del que ha sido gato escaldado y cocinero antes que fraile, de quien sabe que no es oro todo lo que reluce y que muchas veces el rey va desnudo. He visto a demasiados pontificar sobre certezas que no tenían y tengo que tentarme la ropa antes de decir que tengo alguna. Pero las tengo, y se las voy a contar, advirtiéndole previamente que me ha costado mucho trabajo conseguirlas. No soy un iluminado, sino un currante intelectual. Pongo muchas citas porque eso es como fichar en el trabajo: un testimonio de las horas empleadas. Vamos a hacer un viaje desde lo visible a lo invisible, del caso a la teoría, para intentar resolver un enigma. Eso me obligará a algunas repeticiones, pero espero que cada vez a un nivel superior.
Que personas poco inteligentes hagan cosas poco inteligentes es fácilmente comprensible. Lo que resulta difícil de entender es que personas muy inteligentes hagan estupideces. En los estudios estadounidenses sobre el tema aparece como ejemplo el lío del presidente Clinton con una becaria, que estuvo a punto de hacerle perder la Presidencia de Estados Unidos. O el caso del presidente Johnson, cuyo gran objetivo era promover la Gran sociedad en que todos podrían vivir dignamente, pero se empantanó en la Guerra de Vietnam, que acabó haciéndole perder la presidencia y la salud. Un caso especial es el del presidente George W. Bush, cuya dificultad para atender a razonamientos complejos y su falta de curiosidad era reconocida incluso por sus colaboradores, aunque en el test de inteligencia daba una puntuación alta, lo que le permite a Stanovich ponerle como ejemplo para distinguir entre inteligencia y racionalidad. Bush tenía, a su juicio, una inteligencia alta, pero una racionalidad baja.
