Maquiavelo y su «el fin justifica los medios» surgen con fuerza una vez más, ahora en versión trumpista. ¿Quién o quiénes pedirán cuentas al nuevo Príncipe, que se muestra a sí mismo tantas veces como defensor de la paz y el orden mundial? |
| Fotograma «Harry el sucio» |
Luis Ballesteros Andreu
El tráfico de drogas recorre el mundo en todas direcciones, pero mayormente desde el sur hacia el norte, desde países empobrecidos hacia los países más ricos. Los medios que usan los delincuentes son cada vez más sofisticados y suelen burlar, con más o menos eficacia, la vigilancia a la que les someten las distintas policías nacionales.
Pero Donald Trump ha querido hacerlo más fácil y ha puesto medios militares más sofisticados a combatir, no al comercio internacional de la droga sino solo al de Venezuela. De momento y por razones claramente políticas, se supone. Y algunas de las narcolanchas no llegan a puerto porque son atacadas en aguas internacionales y abatidas por las fuerzas militares estadounidenses que, para darle mayor repercusión, difunden en vídeo sus ataques. El resultado de las muertes de los narcotraficantes y la desaparición de la droga lo celebran muchos en silencio y la mayoría calla.
Analizando los hechos con sentido común, es fácil concluir que ciertamente no serán los grandes capos de la droga quienes mueren en esos ataques, sino unos pobres hombres que han sido contratados para un trabajo puntual. Hombres de los que no sabremos sus nombres, ni sus familias, ni siquiera sus nacionalidades. Son hombres sin historia, que pasan a ser pasto de los peces.
Hasta el día de hoy, ya son varias las narcolanchas abatidas y los muertos contabilizados, desaparecidos en aguas del Caribe. Parece que la ley del más fuerte se impone una vez más. Una medida más proporcionada y justa hubiera sido apresar y juzgar a los navegantes, transportistas de la droga, y tratar de llegar a su origen, a los capos. Pero no, se ha elegido algo más simple y efectista, pero alejado de toda justicia.
Con todo el horror que supone esa lacra del tráfico de drogas, produce mucho más estupor que se liquide a las personas, que se mate impunemente en medio del mar sin que se levante ninguna voz de protesta. No se justifica el narcotráfico, pero sin duda existen otros medios para combatirlo y quizá el principal debería ser controlar el consumo de droga de forma más eficaz.
Mientras existan consumidores capaces de saltarse todas las normas para conseguir su droga, mientras la sociedad frivolice con este problema, el consumo no hará sino aumentar cada vez más. Si se suprimen partidas de droga del triste y criminal mercado, lo que se consigue principalmente es aumentar el precio y, consiguientemente, hacer ese comercio todavía más lucrativo. Con tantísimo dinero a ganar, siempre habrá quien sustituya a los narcos abatidos.