CARACAS en retrospectiva II



A pesar de que el convulsionado 1993 era testigo de como la Corte Suprema de Justicia aprobó un antejuicio de mérito contra el presidente Carlos Andrés Pérez y unos psicópatas jugaban a las explosiones en la corte Suprema de Justicia, Embajada de Colombia, Universidad Central de Venezuela y en el Centro Comercial Tamanaco, la Caracas nocturna parecía ajena a todo este batiburrillo de política con intereses económicos miserables y seguía rumbeando alegremente.


Las Mercedes era el centro del bonche cacheroso y más popular de los aspirantes a sifrinos, guaperós y demás tribus urbanas. Malibú Café era el sitio Top pero si el portero te rebotaba había que probar suerte en Tequila, Zebra, Búnker o quizá en Coco`s.
Una alcoholizada noche sabatina del año 93 el bululú era de magnitudes enormes, un gentío colmaba la avenida Río de Janeiro en una cantidad aún más descomunal de carros que paseaban en una cola infame que llenaba la avenida Veracruz la cual competía en desorden con las avenidas Tamanaco, la Orinoco y con la Madrid, para ver quien tenía más atasco vehicular, aunque obviamente el trofeo se lo llevaba la avenida principal de Las Mercedes que era un estacionamiento gigantesco de carros prendidos y una ensalada auditiva donde se mezclaban el hip hop con merengue house de Sandy y Papo, más la estridente changa de moda y 987 cornetas de carros que inundaban el beberly hill caraqueño y apenas eran las 8 de la noche.
Ya eran las 11 postmeridien y el grupo que me acompañaba a bordo del flamante Fairlane 500 pilotado por el inefable Jorge estaba bastante agotado y aún faltaban 3 cuadras para llegar a un famoso club de moda, nuestro conductor designado se percata de que viene llegando una ambulancia con las luces encendidas pero sin sirena y los carros cumplen con el protocolo de cederle el paso, casualmente al pasar a nuestro lado la Unidad de traslado médico enciende a todo volumen el aviso acústico de emergencia y a Jorge se le incorpora el espíritu de Meteoro con el de Johnny Cecotto y se paga detrás de la ambulancia pisando el acelerador.
En el frente de la discoteca, la ambulancia para en seco y abren sus puertas traseras de donde salen 3 mujeres jóvenes emperifolladas con unos llamativos pantalones color dorado y dos chamos de unos 25 años, que como si nada, se alisan la ropa y ante la mirada atónita del grupo que hacía cola para entrar a la sala de baile, entran al local con actitud de estrellas de cine.
Cerca de las 5 de la madrugada nuestro grupo ya extenuado de la fiesta, decide comerse una bala fría en un popular puesto de perros calientes de Las Mercedes, y allí vemos a las chicas de los pantalones dorados atragantándose con sus respectivos perros sin cebolla. Yo me les acerqué y les comenté en tono cómplice: “Cuidado se atoran con las papitas, que las pueden volver a sacar de emergencia en una ambulancia”, la chica se desbarata de la risa y me señala con la boca el lugar donde estaba estacionada la camioneta de emergencia y donde pernoctaban los dos chamos con las puertas abiertas, una cava roja y unos vasos de presuntas bebidas alcohólicas y dice ella entre carcajadas: “Y ahorita nos vamos a dejar unos sobres bombas en la playita”.


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