Dante, Kafka, Solzhenitsin. Carmen Navas in memoriam Carlos Raul Hernandez

 El gobierno tiene planteado formular un plan económico-social, integral, armónico para ingresar en la carrera del desarrollo, la modernización, superar la pobreza y elevar la calidad de vida de la sociedad


CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

El término consenso se usa en la política con una comprensible imprecisión, incluso por un pensador riguroso, Antonio Gramsci, muerto a los 46 años. El erradica el primitivo golpismo leninista y la dictadura del proletariado, una dictadura peor que todas, y funda la primera teoría marxista del poder. Nace el “revisionismo” en sus Cuadernos de la Cárcel, un punto de partida de la gradualidad reformista en la izquierda. Para Lenin la revolución era “la patada a la mesa” de una minoría, la avantgarde, mientras que para el otro, obra del consenso. La imprecisión viene porque en la ekklesia griega en ocasiones se discutía hasta que, sin votar, reconocían la mayoría evidente, amplia pero supuesta. Su etimología, viene de “sentir juntos” que sonaría erótico pero implica una cruda paliza sobrentendida y amplia contra los extremos.
Mayoría tan evidente que un político sensato que la adverse no quiere contar los votos para no exhibir su ridículo. Según Rousseau el consenso era la voluntad general, una metafísica peligrosa y absoluta, superior incluso a la unanimidad. Platón lo hace surgir del diálogo y lo concibe como el método para llegar a la aletheia, develación de la verdad. En la modernidad política se expresa en el trilateralismo o tripartismo entre el Estado, los trabajadores y los empresarios, que surge con la OIT en importantes países democráticos desde la post primera guerra. El Aparte Xlll del Tratado de Versalles, en busca de integración y paz global, establece el diálogo como principio de gobernanza. En la modernidad madura, el tripartismo o diálogo social, sustituye el intervencionismo invasivo del Estado con esta fórmula eficaz y plural de tramitar asuntos esenciales.

Sería un paso de siete leguas Institucionalizar en altos niveles el diálogo social y que los proyectos del país en adelante fueran producto de la sinergia, el consenso, entre los factores mencionados, para defender sus legítimos intereses en beneficio de la cohesión social y la estabilidad. Es el espacio de encuentro entre trabajadores, gremios, empresarios, parlamentarios, alcaldes, consejeros regionales y municipales. Eso dará una calidad política superior a los proyectos de transformación institucionales, sociales y económicos para enderezar la marcha del país con el concurso activo de sus partes. Están planteadas reformas estructurales urgentes, profundas, y varias al parecer comienzan a atenderse, entre ellas la reforma del sistema penal, judicial, penitenciario. Ejemplo es haber creado la Alta Comisión presidida por el fiscal general e integrada por investiduras de gran relieve.

Con la Fiscalía, participan la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Supremo, la Defensoría de Presos, el Ministerio de la Mujer, la comisión parlamentaria para la Ley de Amnistía. Solo un comando de esa magnitud puede enfrentar exitosamente la multiforme aberración sobre las víctimas inermes, los presos y sus familiares, cuyo sufrimiento dantesco hace parecer El Proceso de Kafka una novelita rosa. Hoy esa tarea cobra dramática, inusitada importancia, efecto de las sombras luctuosas que nos cubren por la tragedia de la señora Carmen Navas y su hijo, Víctor Hugo Quero. La única respuesta pertinente al caso, además de investigar y castigar, para la credibilidad de la transición, es que ese equipo, con todos los poderes que cuenta, emprenda urgentemente la cirugía del sistema judicial. Eso sale al paso a algunos cuya moralidad no evolucionó, estancada desde los homínidos inferiores.

Es el caso que quienes publican un repulsivo álbum fotográfico en el que con cinismo asombroso, presentan al Fiscal y la Defensora, con treinta días electos, responsables de un crimen de hace un año. Son pornógrafos políticos que anuncian el tipo de país que pretenden crear. Como se sabe, durante las transiciones en los sistemas represivos y judiciales, afloran las mafias que escapan al control de las autoridades y deben fumigarse. La norma que consagre las reformas que desterrarán el horror del sistema penitenciario, debería llamarse Ley Carmen Teresa Navas. Las historias que circulan sobre tales mafias, compiten con narraciones de Solzhenitsyn. Presos porque piropearon a la mujer de alguien, otros o que están ahí por un error policial, olvidados, sin razón ni delito; unos que permanecen largos años sin juicio, o que ya cumplieron su condena y no salen porque algún carcelero perdería su negocio.

La oposición habla constantemente de amnistía sin exhibir ninguna preocupación por esos detenidos kafkianos, simplemente porque no son políticos. Es corriente ver alguien que cometió delito en Zulia encarcelado en Tucupita donde no tiene a nadie y debe pagar hasta por la comida. O que quienes estén sometidos a régimen de presentación en Falcón tengan su familia en Carúpano, y estén obligados a largos viajes que no pueden costear. La magnitud de la empresa que este submundo plantea a la sociedad y al Estado en la transición, requiere de un ataque nuclear, combinado, de inteligencia, infantería, marina, aviación y comunicaciones, para producir resultados inmediatos y hay síntomas de que el gobierno se dispone a dar los pasos. Se requiere un Tribunal Supremo con jueces de currículum honorable e independencia partidista en la medida de los posible.

Esto eleva el grado de dificultad en la constitución de cualquier instancia, pero estamos obligados. Tenemos el grotesco recuerdo de un expresidente al que muchos respetaban, dedicado a “cuadrar” una fatídica Corte Suprema para destituir al presidente constitucional. Y de una presidente del organismo judicial que violó polimorfamente la constitución para varios fines oscuros y aún tiene la cara de hierro para “proponer salidas” al país, siempre en la línea del radicalismo, la irracionalidad y las intenciones dobles. Ella aparece como la autora de aquel decreto lleno de imbecilidades que hizo para Pedro Carmona y lo hizo caer en cuarenta y ocho horas. Ningún país puede despertar confianza en el orden global, ni menos a los inversionistas, con un sistema judicial parecido al noveno círculo del infierno y que caer en él sea una pesadilla infernal.

El gobierno tiene planteado formular un plan económico-social, integral, armónico para ingresar en la carrera del desarrollo, la modernización, superar la pobreza y elevar la calidad de vida de la sociedad. En varias ocasiones nos hemos referido a las acciones macroeconómicas que debería contener el plan, pero en esta ocasión lo haremos con medidas específicas que contribuirán al bienestar muy a corto plazo y volveremos sobre eso. Para vivir decentemente, la reforma judicial debe comenzar y triunfar.

@CarlosRaulHer

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