La estrategia de Trump para Venezuela es: ¡Perfect!

 Las medidas económicas que impulsa hoy Trump en Venezuela buscan reactivar la producción minera y petrolera con participación de venezolanos para aumentar las exportaciones y estabilizar la macroeconomía


  • ALEJANDRO J. SUCRE

Hay una confusión que le está costando caro a Venezuela: pensar que Donald Trump tiene, o debería tener, la posibilidad cierta de resolver nuestros asuntos políticos. No la tiene, y exigírsela es ponerle una carga que no le corresponde.

Estados Unidos hoy actúa por un interés productivo que debemos entender que es primordial y no opcional para el presidente Trump: petróleo y minería. La economía americana necesita asegurar suministro y aliados de recursos en su propio hemisferio. Ese es el motor real de la relación. Todo lo demás —incluidos los temas políticos venezolanos— son asuntos nuestros, más que suyos. Hay además una razón práctica para que Trump no busque incidir en un cambio político: hacerlo pondría en riesgo la seguridad de los inversionistas extranjeros en territorio venezolano, debido a la pugnacidad  política que se generaría en el país. Y Trump no va a arriesgar a sus soldados.


Si insistimos en que Trump "no está cumpliendo" con un deber político que nunca fue ni es suyo, lo único que logramos es ser “malcriados” y desgastar la relación y, con ella, desaprovechar el impulso económico que sí está sobre la mesa.

Y ese impulso económico no es un premio de consolación. Es la llave. Una economía venezolana que vuelve a producir, a exportar, a atraer capital, es una sociedad que se fortalece desde adentro. La estabilidad política se construye más rápido con empleo, inversión y crecimiento que con presión diplomática hacia un tercero que tiene su propia agenda y sus propios votantes. Rusia es una advertencia sobre lo que ocurre cuando se invierte el orden de política primero y economía después: Yeltsin intentó implantar la democracia antes de consolidar los cambios económicos, y no logró que estos avanzaran con suficiente rapidez. El malestar social que siguió a la apertura democrática, con buena parte de la población añorando el pasado, fue precisamente lo que Putin supo capitalizar para instalarse en el poder a muy largo plazo.

Decir que Trump se alió con la corrupción o el narcotráfico porque no exige elecciones inmediatas en Venezuela es otro golpe bajo que solo puede prolongar la crisis económica del país. A través de OFAC, la administración Trump mantiene control sobre los flujos de fondos y la asignación de activos petroleros y mineros, lo cual actúa como freno frente a los patrones de desvíos que vivimos en el pasado. Y el Comando Sur actúa sobre el narcotráfico. En ese sentido, ambas instituciones funcionan como salvaguardas contra el riesgo de que Venezuela termine replicando el modelo de una Rusia de oligarcas.

Igualmente, los tecnócratas que hoy califican de ilegítima toda la deuda venezolana, para sabotear el trabajo de Trump en el país, deberían recordar que fueron ellos mismos quienes endeudaron al país con el FMI en los años noventa. Fue esa misma tecnocracia que hoy critica a Trump la que además de endeudar al país, devaluó la moneda también y para colmo usó la devaluación como ingreso fiscal adicional. Ese hecho disparó la liquidez monetaria, la inflación y las tasas de interés llegaron al 80%+. Y no se conformaron con esos ingresos fiscales inorgánicos (deuda y devaluación) sino que la voracidad fiscal les hizo, simultáneamente, subir impuestos y tarifas de servicios públicos —encareciendo la producción en el país. Mientras subían los costos de producir en el país los tecnócratas abrían las importaciones, lo que terminó de liquidar al sector privado venezolano.

Adicionalmente, las privatizaciones de esa época no fueron para aumentar el peso del sector privado nacional en el PIB. No. Ellas tuvieron un propósito fiscalista y por eso asignaron campos petroleros en grandes bloques a cambio de altos ingresos fiscales que solo podían pagar las grandes transnacionales, dejando al sector privado nacional relegado al rol de contratista. La resistencia que hubo en el país por las medidas tomadas por CAPII no fueron a la apertura, sino a la mala praxis de los tecnócratas que la ejecutaron.

Las medidas económicas que impulsa hoy Trump en Venezuela buscan reactivar la producción minera y petrolera con participación de venezolanos para aumentar las exportaciones y estabilizar la macroeconomía y no por la vía de deuda con el FMI. El proceso de apertura que hoy promueve la administración Trump sí permite a los medianos y pequeños empresarios venezolanos captar capital externo para participar directamente en la asignación de campos petroleros, democratizando el acceso a los activos del país. Ese proceso es más lento que endeudarnos, pero es sostenible. Lo que hace Trump hoy, en esencia, es lo que los propios tecnócratas venezolanos debieron hacer en los noventa —y no lo hicieron— y que quizás nos habría evitado la etapa oscura de las expropiaciones.

La oposición puede convocar una gran conferencia de reconstrucción y para escuchar nuevos modelos económicos para Venezuela, tomando en cuenta que los programas impulsados por tecnócratas del BID y del FMI hoy son muy primitivos. Sin perder de vista sus aspiraciones, la oposición y el gobierno interino deben apoyar a Trump 100 %, ya que es el único que puede acercar los mercados de capitales del mundo a los empresarios venezolanos.
X: @alejandrojsucre

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