"Quería probar que los seres humanos son capaces de algo más grande que la guerra, los prejuicios y el odio": Abraham Maslow, el hombre que revolucionó la psicología

 


  • Autor,Margarita Rodríguez
  • Título del autor,BBC News Mundo

Abraham Maslow tuvo una visión cuando conducía su automóvil.

Vio a unas personas, sentadas alrededor de una mesa, que hablaban sobre “la naturaleza humana y el odio, la guerra y la paz, y la hermandad”.

Sucedió después del ataque a Pearl Harbor, en 1941, cuando Japón bombardeó la base naval estadounidense en Hawái.

“Yo era demasiado mayor para entrar en el ejército. Fue en ese momento que me di cuenta de que el resto de mi vida debía dedicarse a descubrir una psicología para la mesa de la paz. Ese momento cambió toda mi vida”.

De repente, el psicólogo estadounidense sintió que “debía intentar salvar al mundo y evitar las guerras horribles”.

“Quería demostrar que los humanos son capaces de algo más grande que la guerra, los prejuicios y el odio”.

Esa visión se la contó, en 1968, a Mary Harrington Hall de la revista Psychology Today.

Dos años después, a los 62 años, Maslow moriría tras sufrir un ataque cardiaco.

Su legado, aseguran los estudiosos de su obra, no solo ha perdurado, sino que en tiempos convulsos es una fuente de esperanza.

El innovador

Maslow nació en 1908 en Nueva York. Sus padres, judíos, tuvieron que huir de Rusia y emigraron a Estados Unidos.

“Con la infancia que tuve, es un milagro que no sea un psicótico. Era el pequeño niño judío en un vecindario no judío”, contó en la entrevista con Psychology Today.

Numerosas personas en Wall Street, Nueva York

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Maslow vivió la Gran Depresión, la crisis económica que desató el desplome de la bolsa de Nueva York, el 29 de octubre de 1929.

Decía que había crecido sin amigos, en bibliotecas, entre libros, y encontró en la psicología su pasión.

Desarrolló su carrera en ese campo, le intrigaba entender cómo alguien capaz de ser un ángel, podía ser un asesino.

Para Edward Hoffman, autor de “Abraham Maslow: Vida y enseñanzas del creador de la psicología humanista”, Maslow estuvo adelantado a su época.

“En muchos sentidos, sigue adelantado a nuestro tiempo”, le indica a BBC Mundo el profesor de psicología de la Universidad Yeshiva.

Y es que sus ideas fueron novedosas.

Aunque es más conocido por su teoría sobre la jerarquía de las necesidades, de la cual surgió la famosa pirámide de Maslow, hay aspectos de su trabajo que “realmente fueron revolucionarios”, le dice a BBC Mundo Margie Lachman, profesora de la Universidad Brandeis, en Massachusetts.

Allí, precisamente, Maslow fundó el departamento de Psicología.

Otro camino

Maslow siguió una dirección diferente a las corrientes que existían en psicología, principalmente la psicoanalítica (de Sigmund Freud) y la conductual.

Freud tenía “una visión muy pesimista de la naturaleza humana”, dice Hoffman.

El enfoque freudiano nos habla del peso de los impulsos inconscientes, incontrolables, en nuestras vidas, mientras que desde la tradición conductual se refuerza la idea de que respondemos a factores externos.

Recordemos que muchos de los estudios de los conductistas se hicieron con animales en laboratorios.

B.F. Skinner en un laboratorio con una paloma

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Pie de foto,El psicólogo estadounidense Burrhus Frederic Skinner fue uno de los representantes del conductismo, corriente conductual o psicología del comportamiento.

“La psicología en el tiempo de Maslow era muy determinista”, le indica a BBC Mundo David Baker, director emérito del Centro Cummings para la historia de la psicología y profesor emérito de psicología de la Universidad de Akron, en Estados Unidos.

“Te comportas como resultado de todas las fuerzas que te afectan y no hay mucho que puedas hacer al respecto”.

Pero “la originalidad” de Maslow fue ver “cosas que no estaban ahí”.

“Y eso fue algo bastante increíble en la psicología estadounidense del siglo XX”.

“Maslow vivió dos guerras mundiales, tiempos de migración masiva, opresión terrible, pobreza aplastante, pero logró trascender eso y ver algo más”.

Y lo que vio fue el potencial humano.

“Ante el conflicto, el odio, la violencia, hizo una evaluación realista y dijo: ‘Hay algo más. Hay cosas que todos están pasando por alto, tanto la psicología como la sociedad, y es que podemos ser mejores personas’”.

“Fue un punto de vista optimista, una nueva dirección”.

Maslow apostó por un enfoque humanista, que, señala Lachman, hizo énfasis en la capacidad de las personas para “hacer cosas buenas en el mundo”.

"Creía que los seres humanos son, por naturaleza, buenos y bien intencionados".

Toda la vida

A diferencia de las otras corrientes, Maslow afirmó que las personas actuaban en función de sus necesidades y motivaciones y que tenían el potencial de crecer y desarrollarse a lo largo de toda la vida.

“Y es que teóricos anteriores, especialmente Freud y algunos de sus contemporáneos, pensaban que el desarrollo (de la personalidad) básicamente terminaba cuando se llegaba a la adolescencia”, dice Lachman.

Sigmund Freud

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Pie de foto,Sigmund Freud fue el fundador del psicoanális.

La académica aclara que, aunque algunos psicoanalistas como Carl Jung o Erik Erikson también creían en el desarrollo en el transcurso de la vida, Maslow realmente enfatizó “la importancia de pensar en el potencial para crecer a lo largo de la vida”.

Además, señala la experta, mientras algunos de los primeros teóricos se centraron más en individuos con, por ejemplo, neurosis o problemas psicológicos, lo cual fue muy importante, Maslow se interesó en “las personas a las que les iba bien”.

Y que al irles mejor, al darse cuenta de su creatividad, de su potencial, promovían no solo su propio crecimiento, sino que eso les permitía “hacer bien en el mundo”.

Centrarse en personas saludables como una manera de entender el comportamiento y optimizar el bienestar, fue un cambio muy significativo en la disciplina.

“Maslow defendió el valor de enfocarse en lo que está bien en la persona en lugar de concentrarse en lo que está mal”, escribió la profesora en un artículo de la Universidad Brandeis.

La motivación

En 1954, Maslow publicó el libro “Motivación y personalidad”, en el que planteó su teoría de la jerarquía de las necesidades, que ya había explorado, en 1943, en el ensayo "Una teoría para la motivación humana".

El psicólogo explicó que cuando nuestras necesidades más básicas -fisiológicas y de seguridad- están satisfechas, desarrollamos otras necesidades y deseos que, al estar motivados, buscamos cubrir, como el aprecio y el reconocimiento.

En su trabajo original sobre la jerarquía de las necesidades, Maslow no incluyó pirámides ni triángulos. Sin embargo, otros investigadores llevaron a que su teoría se ilustrara en forma de pirámide.

Pirámide de las necesidades humanas de Maslow

En la cúspide está la autorrealización, algo que él sabía era muy difícil de lograr.

“Todos tenemos la capacidad de conseguirla, pero tenemos que ser capaces de trascender nuestra situación y esforzarnos por alcanzar nuestro potencial”, indica Baker.

Para Maslow se trataba de un proceso continuo, que dura toda la vida, en el que era importante generar situaciones que fuesen meaningful, significativas para nosotros.

“En su visión optimista, si alcanzamos la autorrealización, seremos más felices y, por ende, haremos más cosas buenas en el mundo”.

Pero a Maslow realmente no le preocupaba el tema de la felicidad, su interés estaba enfocado en el crecimiento personal y en su conexión con nuestra capacidad para hacer buenas cosas.

Hoffman nos habla de la eupsiquia, un término que Maslow acuñó para describir “la mejor sociedad posible”, una orientada en potenciar el crecimiento de sus miembros.

“Maslow era realista, sabía que ningún ser humano puede ser perfecto, que todos tenemos defectos”, sin embargo vio la posibilidad de esa sociedad ideal, la eupsiquia.

“Es un concepto muy importante porque creo que los jóvenes, en parte por la obsesión con las redes sociales, con internet, están atrapados en el momento. Pero Maslow era el pensador del largo plazo, de lo que los seres humanos son capaces de lograr a largo plazo”.

El legado

Maslow siempre estuvo abierto a la investigación científica, sin embargo hay quienes cuestionan que no ofreció evidencia empírica para sustentar su teoría.

De hecho, hubo científicos que criticaron que en sus últimos años se convirtió más en un filósofo.

Madre e hija conversando

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Pie de foto,La psicología positiva, que busca ayudar a las personas a llevar una vida plena, es una de las disciplinas que más ha crecido en las últimas décadas.

Pero lo cierto es que dejó un importante legado en su disciplina.

“Muchos de los esfuerzos más recientes en psicología se han basado en el trabajo de Maslow: él sentó las bases de lo que llamamos la psicología positiva”, señala Lachman.

Ese movimiento se centra en cómo las personas pueden vivir una vida positiva y encontrar un propósito.

“Y, al usar su propia creatividad y sabiduría, pueden ayudar a otras personas y marcar una diferencia en el mundo”.

El mensaje

En ese proceso continuo de crecimiento que Maslow planteaba hay un punto de partida:

“Mirar dentro de nosotros y descubrir qué nos da una sensación de alegría, incluso en momentos pequeños. ¿Qué comidas nos gustan? ¿De qué temas nos gusta hablar? ¿Qué música nos hace sentir con más energía o felices? El punto de partida debe venir de comprendernos y conocernos a nosotros mismos”, indica Hoffman.

Para Baker, gran parte del legado de Maslow es “ver lo que está ahí y también lo que no está”.

“Todavía hay bondad, decencia, gente que se esfuerza por hacer lo correcto y eso es fácil de olvidar, como también es fácil sentirse abrumado por las noticias negativas, de odio, de violencia”.

“Pero era lo mismo en el tiempo de Maslow, la gente sentía el mismo nivel de miedo, desesperanza, ansiedad, depresión, pero ahí está su legado: ver más allá de eso y decir que hay algo mejor”.

“Siempre he sentido que es un mensaje de esperanza”.

"Brain Rot" (Podredumbre mental)

El uso del término aumentó en un 230% entre 2023 y 2024

"Brain Rot" (Podredumbre mental), elegido término del año 2024 por la Universidad de Oxford 

El término inglés 'Brain Rot' (algo así como 'podredumbre mental'), que alude al deterioro intelectual ocasionado por el consumo excesivo de contenido en línea de baja calidad, sobre todo en redes sociales, ha sido elegido término del año 2024 por la Universidad británica de Oxford.

El prestigioso centro académico hizo este lunes el anuncio tras llevar a cabo una votación pública en la que más de 37.000 personas expresaron su parecer.

Los expertos de la universidad crearon una lista de finalistas con seis expresiones para reflejar los estados de ánimo y conversaciones que han modelado el último año, entre los que se encontraban 'demure' (recatado), 'lore' (información de contexto), precios dinámicos, 'romantasy' (fantasía romántica) y 'slop' (contenido generado por IA de mala calidad).

Al explicar por qué se han decantado por 'brain rot' como término elegido del año, la universidad recuerda que su definición es "el supuesto deterioro del estado mental o intelectual de una persona, especialmente como resultado de un consumo excesivo de material (ahora particularmente de material en línea), considerado trivial".

Según los expertos de la universidad, 'brain rot' ganó popularidad este año como término acuñado a fin de capturar las inquietudes sobre el impacto del consumo de cantidades excesivas de contenido online de baja calidad, especialmente en redes sociales. El uso del término aumentó en un 230% entre 2023 y 2024, según la institución británica.

La primera vez que se registró su uso fue en 1854 en el libro Walden, de Henry David Thoreau, que registraba su experiencia de vivir un estilo de vida sencillo en el mundo natural y criticaba la tendencia de la sociedad de devaluar las ideas complejas en favor de las sencillas, lo que interpretaba como un declive en el esfuerzo mental o intelectual.

En la era digital, 'brain rot' ha adoptado una nuevo significado al ganar popularidad en redes como TikTok entre las comunidades de las llamadas generación Z y la Alfa y ahora tiene un uso más generalizado, como en periodismo, acerca de las inquietudes de la sociedad sobre el impacto negativo de un consumo excesivo de contenido online.

Según la universidad, en 2024 se emplea para describir tanto la causa como el efecto de ello en alusión a la baja calidad del contenido hallado en redes sociales e internet así como el impacto negativo que un consumo de este tipo tiene en el individuo y la sociedad.

También se vincula su significado a una conversación más seria sobre el potencial efecto negativo que un excesivo consumo de este contenido podría tener en la salud mental, sobre todo en niños y jóvenes.

El presidente de Lenguajes de Oxford, Casper Grathwohol, indicó que le parece "fascinante" que el término 'brain rot' haya sido adoptado por la Generación Z y la Generación Alfa, "comunidades en gran parte responsables por el uso y creación del contenido digital al que se refiere el término".

"Esas comunidades han amplificado la expresión mediante canales de redes sociales, el lugar que se dice que ocasiona la 'podredumbre mental'. Demuestra una conciencia traviesa en las generaciones más jóvenes sobre el impacto dañino de las redes sociales que han heredado", agrega. 


https://www.pagina12.com.ar/787215-brain-rot-podredumbre-mental-elegido-termino-del-ano-2024-po


Israel: "Un Estado etno-religioso en el siglo XXI es una aberración, un anacronismo"

 Enzo Traverso                                             01/12/2024 

Celebrado por sus trabajos sobre el Holocausto y el totalitarismo, Traverso publicó ahora un ensayo que interviene en el debate político y mediático en torno a Gaza. En diálogo con Agustín Cano, de Brecha, sostiene que la narración con la que Israel justifica su genocidio allí es un retorno a prejuicios colonialistas del siglo XIX y «un insulto a las víctimas del Holocausto», al tiempo que critica el paradigma de los «dos Estados».

Traverso es en la actualidad el más célebre de los historiadores de las ideas del siglo XX. Doctor por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, ocupa actualmente la cátedra Susan y Barton Winokur de Humanidades en la Universidad Cornell de Nueva York. Su trabajo de los últimos 30 años ha abordado las guerras mundiales, el fascismo, los genocidios, las revoluciones y la memoria colectiva. Algunos de sus trabajos más celebrados son La historia desgarrada: ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales, La violencia nazi: una genealogía europea, Los judíos y Alemania: ensayos sobre la «simbiosis judío-alemana», A sangre y fuego: de la guerra civil europea (1914-1945), El final de la modernidad judía: historia de un giro conservador, La historia como campo de batalla: interpretar las violencias del siglo XX, entre otros. Este año publicó Gaza ante la historia (Akal, 2024), un ensayo en el que se propone «escudriñar con ojo crítico el debate político e intelectual que ha suscitado la crisis de Gaza», «observar los usos públicos del pasado que la acompañan», así como «reflexionar sobre las instrumentalizaciones a menudo cuestionables y a veces despreciables de que este es objeto».

—Primo Levi, en un pasaje de Si esto es un hombre, a propósito del horror y la deshumanización experimentados en su confinamiento en Auschwitz, escribió: «Si desde el interior del campo algún mensaje hubiese podido dirigirse a los hombres libres, habría sido este: no hagáis nunca lo que nos están haciendo aquí». ¿Cómo fue posible que, algunas décadas después, el Estado de Israel se afirme sobre una política de apartheid y supremacismo?

—Esa observación la hizo el propio Primo Levi en 1982, pocos años antes de su muerte, en el momento de la guerra de Líbano, en una entrevista que hizo mucho ruido en la que describió al primer ministro Menájem Beguín como fascista. Es decir que el fenómeno no es nuevo, pero por supuesto ahora está pasando límites extremos. Con ello, la memoria del Holocausto ha cambiado profundamente. Durante décadas, además de recordar a las víctimas del nazismo, el recuerdo del Holocausto se conformó como una memoria colectiva cuyo sentido fue el «nunca más»: hay que recordar para que nada parecido pueda ocurrir otra vez en el mundo. En ese sentido, la memoria del Holocausto jugó un papel de modelo para construir otras memorias de violencias y de genocidios, por ejemplo, en Latinoamérica y el caso de las víctimas de las dictaduras del Cono Sur. Pero, después de algunas décadas, la memoria del Holocausto ha tenido una metamorfosis y se volvió una especie de legitimación a priori, incondicional, de la política israelí, que es una política de colonización, de despojo y de opresión de los palestinos. La memoria del Holocausto fue instrumentalizada –en Estados Unidos se dice weaponized 1– para transformarse en una especie de inocencia ontológica de Israel, que entonces puede hacer lo que quiere, porque siempre lo hace con la legitimidad que surge de su pretensión de representar a las víctimas del Holocausto, con una legitimidad que proviene de la fundación de Israel como respuesta al Holocausto. Hay que contestar esta narración, que es una mentira y que se puede decir que es un insulto a las víctimas del Holocausto, porque la paradoja realmente innoble es que la memoria de un genocidio es reivindicada para justificar otro genocidio. Esa es una paradoja vergonzosa que puede tener consecuencias muy graves. Porque si ahora rechazar el genocidio en Gaza significa ser antisemita, la conclusión que se podría sacar es que el antisemitismo no es tan malo. Si la memoria del Holocausto sirve para legitimar el genocidio de los palestinos, entonces no sería tan buena memoria. Muchos incluso empezarán a pensar que el Holocausto no existió, que es un mito creado por Israel con el objetivo de defender su política. Entonces, la paradoja es que esa instrumentalización política de la memoria del Holocausto y del antisemitismo puede tener como consecuencia última la legitimación del antisemitismo o el negacionismo.

—Históricamente, las ultraderechas occidentales fueron profundamente antisemitas, no solo en Europa, también en América Latina. Hoy esa misma ultraderecha hace de la estrella de David su emblema y de Benjamin Netanyahu un referente, mientras, como decías, acusa de antisemitismo a toda expresión de solidaridad con Palestina. ¿Cómo puede entenderse este viraje y qué consecuencias tiene?

—Precisamente, la transformación de la memoria del Holocausto es el espejo de otra metamorfosis tanto o más importante. Otra paradoja: las extremas derechas son hoy muy filosionistas, muy vigorosas en su apoyo incondicional al Estado de Israel y su política. Es el caso de mi país, donde la jefa de gobierno, Giorgia Meloni, heredera orgullosa del fascismo en Italia, una tradición política que instaló las leyes antisemitas de 1938 y fue cómplice del Holocausto, hoy se apropia de la memoria del Holocausto y la reivindica para legitimar su fuerza política. Es un fenómeno generalizado. Las extremas derechas han logrado una respetabilidad que no tenían antes. La reivindicación de la memoria del Holocausto y el apoyo incondicional a Israel son también los medios para legitimar sus propias políticas xenófobas e islamófobas. Este es un fenómeno perverso que se dibujó en las últimas dos décadas, y produce el riesgo de debilitar la conciencia histórica común, la conciencia política, la definición misma de qué son los derechos humanos, qué significa luchar en contra de la opresión, la exclusión y el racismo, en un paisaje que se hace confuso, borroso, donde se invierten los términos de las cosas.

—Tu ensayo desarma el relato que presenta a Israel como una isla de civilización y democracia en una región oscurantista y fundamentalista. Ubicás al sionismo dentro de la genealogía intelectual del pensamiento antiilustrado y señalás que asistimos a una suerte de retorno al siglo XIX, cuando Occidente llevaba a cabo genocidios en nombre de la «civilización» contra la «barbarie». Ahora Netanyahu está llevando la guerra a toda la región. ¿Cómo ocurrió este proceso histórico de incorporación de Israel a Occidente y su conformación –tomando tu expresión– como «Estado teológico-colonialista»?

—Hay una visión que fue, y quizá aún es, bastante común en la cultura de izquierda, que es la de Israel como un Estado que fue creado por el imperialismo para defender sus proyectos geopolíticos en el mundo árabe. En realidad, Israel nació en circunstancias históricas bastante extraordinarias después de la Segunda Guerra Mundial, en virtud de un acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y otro con Reino Unido, en un momento de consenso del bloque aliado. El último momento de unidad de la coalición antinazi. Cuando Israel fue creado en virtud de este voto en las Naciones Unidas, ya la Guerra Fría había empezado y esta coalición había sido desmantelada, pero Israel nació también con el soporte de la Unión Soviética. Israel combatió la primera guerra árabe-israelí con armas que llegaban de la República de Checoslovaquia. Se volvió más tarde un puesto de avanzada de los intereses geopolíticos de Estados Unidos en la región. Yo diría que ese papel se hace claro a partir de 1967, con la guerra de los Seis Días. A partir de aquel momento se difunde una narración que es la que hoy repiten la gran mayoría de los jefes de gobierno del mundo occidental, que describe a Israel como una isla democrática rodeada de un oscurantismo islamista. Este discurso, que no es nuevo, después del 7 de octubre de 2023 se volvió muy fuerte a través del bombardeo mediático. Lo que yo observo es una especie de renacimiento y revitalización espantosa de un viejo prejuicio orientalista. Es decir, una visión dicotómica del mundo en la que está, por un lado, Occidente como la encarnación de la racionalidad, del progreso y de los derechos humanos, y, por otro lado, el mundo árabe y el islam como la encarnación de la barbarie, del fanatismo y del oscurantismo. Es el discurso que Netanyahu hizo en las Naciones Unidas hace pocas semanas y es una especie de cliché. Lo que me sorprende es que este discurso, que nació en el siglo XIX con el objetivo de legitimar la idea del colonialismo como misión civilizadora, vuelva a proponerse hoy, en el mundo global del siglo XXI. Pudiera parecer ridículo si no fuese trágico, porque es el discurso de la campaña mediática que justifica un genocidio en curso.

—Planteás que la consigna «Desde el río hasta el mar, Palestina será libre», lejos de ser una expresión antisemita, es una consigna que tiene un pasado ligado a un proyecto de una federación o Estado laico binacional, que defendían por igual la Organización para la Liberación de Palestina [OLP], corrientes de la izquierda israelí antisionista y numerosos intelectuales judíos y palestinos de diferentes épocas. ¿Cuál es el alcance de esa consigna en la coyuntura actual?

—Es el eslogan de las manifestaciones contra el genocidio en Gaza, y es una vieja consigna del movimiento de liberación nacional palestino. Tiene algunas variantes, como: «From the river to the sea everyone must be free» («desde el río hasta el mar, todo el mundo debe ser libre»). Decir que este eslogan es antisemita es, primero que nada, demagógico, desde el momento en el que, en los hechos, desde el río hasta el mar,el Ejército israelí tiene control sobre todo el territorio. Yo creo que los palestinos tienen toda la legitimidad para reivindicar su liberación y su libertad entre el río y el mar. Decir que es una consigna antisemita significa asumir que la libertad puede ser definida solamente en términos excluyentes. Una concepción en la que mi libertad implica la negación de tu libertad y viceversa.

Hay una realidad muy clara. Hay una tierra que se llama Palestina, que es ocupada por un Estado (Israel), en la que hay dos pueblos que están compenetrados, que no están geográficamente separados y que tienen el mismo tamaño (7 millones de judíos y 7 millones de árabes de distintas religiones, en su gran mayoría musulmanes). Entonces, ¿qué se puede hacer? El proyecto de los dos Estados, que siempre se repite como una especie de fetiche, desde mi punto de vista, es hoy imposible de aplicar. O solo podría lograrse a través de un proceso paralelo y cruzado de limpiezas étnicas, para crear dos territorios étnicamente homogéneos. Pero eso sería una tragedia, una enorme regresión histórica. La solución de los dos Estados es la consecuencia de la transposición a Oriente Medio de un modelo europeo de Estado nación. En Europa este modelo hizo estragos enormes si pensás en Europa central, que era un mosaico de culturas, idiomas, religiones, naciones y grupos étnicos que convivían ocupando el mismo territorio, enriqueciéndose recíprocamente por esta coexistencia. Pensá en el pluralismo lingüístico de las capas intelectuales de Europa central, que podían pasar de un idioma a otro porque eran los idiomas del espacio en el cual vivían. Toda esa diversidad y pluralismo, toda esa riqueza, fue destruida creando Estados nación homogéneos, que nacieron por expulsiones, deportaciones y limpiezas étnicas. Eso ocurrió en Europa central entre las dos guerras, después de la Segunda Guerra Mundial y en la década de 1990 en la ex-Yugoslavia. No es mi papel decir lo que tienen que hacer los palestinos y los israelíes, pero me parece que la idea de un Estado binacional, que puede ser una federación u otra forma, es un proyecto mejor.

—El proyecto que defendía Edward Said.

—Es un proyecto que Edward Said recuperó y reivindicó en la década de l990, pero al principio era el proyecto de la OLP, también de corrientes de la izquierda israelí como el Mazpen, así como de muchos intelectuales judíos, árabes y palestinos. También de ciertas corrientes «sionistas culturales» en la primera mitad del siglo XX, que reivindicaban la creación de un hogar nacional judío en Palestina, no de un Estado judío. La idea es crear un Estado cuya forma institucional deberá inventarse, pero que pueda garantizar una total igualdad de derechos democráticos, religiosos, lingüísticos y de todo tipo para todos sus ciudadanos, sean cuales sean sus orígenes y sus pertenencias. En este caso, es bastante obvio que sería un Estado por lo menos con dos idiomas oficiales, así como hay muchos Estados que tienen dos o tres idiomas oficiales o más, y son Estados que viven muy armoniosamente. O que tienen sus problemas, pero en donde, en cualquier caso, la idea de un genocidio es absolutamente inconcebible.

Aquí quiero retomar lo de la definición de Israel como Estado teológico. Israel se define oficialmente después de 2018 como un Estado judío, es decir, reservado a los judíos, para los judíos. Hay ciudadanos israelíes (unos 2 millones o más) que no son judíos, y que inevitablemente son ciudadanos de segunda clase y son escindidos de un conjunto de derechos. El ser judío se puede definir solamente en términos de su origen religioso, a pesar de que hay ciudadanos israelíes que son ateos, anticlericales o que pueden tener las identidades más diversas. Esa es la fundación teológico-política de Israel, a pesar de las formas secularizadas que el Estado pudo tomar, y esta es la contradicción espantosa que caracteriza a todos los defensores del Estado de Israel. Porque, por ejemplo, en Estados Unidos, nadie se animaría a decir que su país tiene que ser un Estado reservado a los blancos de origen anglosajón y religión protestante. Una idea así sería rechazada y aparecería como algo absurdo para el 99 por ciento de los ciudadanos de un país donde Asian American,Italian American, Jewish American, African American oNative American son identidades normales que conviven. Los mismos que piensan que esa pluralidad es la esencia de Estados Unidos te dicen que es antisemitismo contestar la concepción del Estado de Israel como Estado judío. Un Estado etnorreligioso en el siglo XXI es una aberración, es un anacronismo. Decir esto me parece banal por lo obvio, pero necesario ante la campaña de criminalización contra el antisionismo.

—El Estado laico binacional es un horizonte que también se ve muy lejano en la actualidad. ¿Cuáles serían sus condiciones históricas y políticas?

—Lo que yo planteo es una perspectiva histórica. En largo plazo no veo una alternativa mejor, más interesante o más viable. En el contexto actual, esa opción por supuesto es imposible por la oposición tanto de los israelíes como de los palestinos, porque hay un genocidio en Gaza, una radicalización de la colonización en Cisjordania, la anexión de Jerusalén Este y la extensión del conflicto a Líbano. Hay dos pueblos traumatizados. Israel porque por primera vez después de su creación fue golpeado en su propio territorio, en el territorio que se suponía iba a proteger al interior de las fronteras del Estado, y porque el 7 de octubre fue una masacre de civiles. Eso traumatizó a los israelíes. El resultado es que hoy nadie en Israel, salvo algunas voces y pequeños movimientos, está en contra de la guerra. Y por el lado de los palestinos, hay una desconfianza total en la posibilidad de un acuerdo con Israel porque el 7 de octubre nació del fracaso de los Acuerdos de Oslo y del sabotaje permanente por Israel de toda posibilidad de abrir un camino hacia los dos Estados. En este contexto, es muy probable que la solución de un Estado binacional solo pueda ser lograda pasando a través de varias etapas, unas de las cuales serían dos entidades estatales.

En este marco, no tengo duda de que el reconocimiento de un Estado palestino por los Estados de América Latina y de la Unión Europea sería un paso adelante muy significativo. Eso es cierto. Pero hay que ser consciente de cuál es el horizonte, porque de otra manera la perspectiva que propone hoy Estados Unidos (y Netanyahu quiere sabotear incluso eso) es una de «dos Estados» que en los hechos sería Israel, más dos simulacros de territorios autónomos: un par de bantustanes palestinos. Esa es hoy la perspectiva, con la complicidad de la Unión Europea. Lo digo con decepción y casi con vergüenza porque soy europeo.

—¿Qué efectos puede tener el triunfo de Donald Trump en la situación actual?

—Es muy difícil contestar esta pregunta porque Trump no tiene una agenda y su manera de funcionar es a veces impredecible. Hay algunas señales y también un precedente: en su primera presidencia, Estados Unidos trasladó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, legitimando así la anexión de Jerusalén Este. Ahora Trump designó como embajador a un fundamentalista evangélico que es defensor a ultranza de la colonización de Cisjordania, y que incluso participó en la financiación de esa colonización. Hay personalidades que aportaron a la campaña de Trump que han participado abiertamente en la campaña por la colonización judía de Gaza. Entonces, por una parte, están todas las premisas para una catástrofe: su promesa de acabar rápido la guerra podría ser «vamos a cumplir la etapa final, que es la expulsión de los palestinos y la recolonización de por lo menos una mitad de Gaza». Esa es una posibilidad. Pero, por otra parte, no creo que Trump esté dispuesto, como lo estuvo el gobierno de Biden, a seguir enviando armas y dinero sin límites.

También hay otros elementos geopolíticos que juegan su papel. No puedo analizarlos todos, pero sabemos cuál es la relación del gobierno de Trump con el capitalismo neoliberal, y el capitalismo no puede permitirse ahora una crisis mayor debido a la caída del precio del petróleo por causa de un conflicto abierto con Irán. Trump es muy cuidadoso de eso y tiene una estrategia de fortalecimiento de las relaciones con el mundo árabe. Y el mundo árabe, que no rompió sus relaciones con Israel frente al genocidio, tampoco va a poder aceptar pasivamente la recolonización de Gaza. Entonces, creo que la política de Trump será el resultado de esa correlación de elementos. Israel hoy está en una especie de espiral de radicalización, de hýbris ciega. Está haciendo guerras por todos lados, está listo para bombardear los sitios nucleares en Irán, etcétera. Pero no tiene la capacidad de seguir por sí solo así por un año o dos. Ya está viviendo una crisis económica espantosa, y solo podría seguir así con un soporte exterior permanente. Por lo tanto, hay un conjunto de incógnitas a resolver.

También hay otras dinámicas que son muy peligrosas. Por ejemplo, por causa de la situación que hay en Israel de control de la opinión pública y de los medios de comunicación, el ciudadano israelí medio no tiene una idea muy clara de lo que está ocurriendo en Gaza (véase «La nueva Esparta», Brecha, 11-X-24). Los medios de comunicación hablan todos los días del 7 de octubre, de los fanáticos palestinos, del terrorismo, pero no de lo que está haciendo Israel en Gaza. En este contexto, lo que ocurre es que muchos israelíes que están en contra de la guerra, que rechazan a Netanyahu, que no pueden seguir aceptando lo que está pasando, ante la situación de union sacrée que impone una actitud de apoyo compacto al gobierno, se están yendo de Israel. Y al mismo tiempo hay una nueva ola de inmigración a Israel por parte de sionistas fanáticos, sobre todo de Francia, que van a combatir para defender la causa del «Gran Israel», de la colonización de «Judea y Samaria» [nombre colonial de inspiración religiosa que Israel da a la Cisjordania palestina, N. de E.]. La combinación de estos dos procesos es muy peligrosa.

—Señalás que la acción internacional es clave para sostener la política de Israel, pero también lo es para enfrentarla. ¿Cómo ves la situación actual de la solidaridad internacional con Palestina?

—Gaza es una causa palestina y del Sur Global en su conjunto. Pude verlo en América Latina, que no es una región particularmente islamizada, sino mucho más católica. También en los países que atravesaron procesos de descolonización en el siglo XX. Allí la identificación es casi natural. La declaración del jefe de gobierno de Sudáfrica fue el comienzo del proceso en Naciones Unidas para reconocer el genocidio. También en Irlanda, que es el único país europeo que ha conocido el colonialismo no como colonizador, sino como colonizado, que sabe qué significan el despojo, la privación de derechos, las humillaciones. Los movimientos que se han dado en las universidades, que son antenas de la sociedad civil. En el caso de Estados Unidos, las universidades tienen estudiantes que llegan de todo el mundo, y los estudiantes estadounidenses tienen ellos mismos orígenes diversos. Los afroamericanos se identifican con los palestinos porque los ven como víctimas de racismo. Hay además estudiantes provenientes de Asia, de África y de América Latina que ven en la causa palestina una causa antiimperialista o anticolonial. Hay judíos muy activos en el movimiento en contra de la guerra por su rechazo a la política sionista de Netanyahu. Ese es el impacto de Gaza y yo creo que las cosas no van a calmarse. Hay muchos frentes abiertos, es una guerra global. Las manifestaciones en Estados Unidos en contra de la guerra y en solidaridad con Palestina abren otro frente, y quienes se movilizan saben que si el movimiento se hace poderoso será capaz de bloquear el soporte militar y financiero a Israel, como pasó en la época de la guerra de Vietnam. 

Nota:

  1. De weapon, «arma», «convertida en arma» ↩

 

 
Doctor por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, ocupa actualmente la cátedra Susan y Barton Winokur de Humanidades en la Universidad Cornell de Nueva York. Su trabajo de los últimos 30 años ha abordado las guerras mundiales, el fascismo, los genocidios, las revoluciones y la memoria colectiva. Algunos de sus trabajos más celebrados son La historia desgarrada: ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales, La violencia nazi: una genealogía europea, Los judíos y Alemania: ensayos sobre la «simbiosis judío-alemana», A sangre y fuego: de la guerra civil europea (1914-1945), El final de la modernidad judía: historia de un giro conservador, La historia como campo de batalla: interpretar las violencias del siglo XX, entre otros. Este año publicó Gaza ante la historia (Akal, 2024).
Fuente:
Brecha, 28 de noviembre 2024

Ep. 423 I La Dictadura del Siglo XXI: Algoritmos y Control Digital con J...

¿Será un problema de alfabetización? Los intentos de censura a los libros en la Argentina de Milei

 - Ezra Alcázar - Sunday, 01 Dec 2024 

No es la primera vez y, sin duda, desafortunadamente tampoco será la última, que uno o más libros son objeto de descrédito, censura, persecusión e incluso que se busque su desaparición. Este artículo documenta tres casos que recientemente ocurrieron en Argentina. Y apunta: “De la maldad pura a la ignorancia organizada, los libros suelen ser blanco de los destructores de libertades y pensamiento crítico.”

 

Estamos a poco menos de un mes de que se cumpla el primer año de Javier Milei al frente del gobierno argentino, y aunque las noticias nacionales han opacado el panorama internacional, este nuevo gobierno no deja de llamar la atención en las batallas que ha emprendido contra la libertad. La libertad, que tanto enuncian Javier Milei y sus seguidores, es justamente lo que parece estar en riesgo cada vez que volteamos a ver al país de Jorge Luis Borges, Eva Perón y Diego Armando Maradona.¿Será un problema de alfabetización? Leer y pronunciar sin entender. Leer y denunciar, denostar, agraviar, injuriar y calumniar desde la absoluta ignorancia y mala leche. Sucede que un día del pasado octubre el Instagram de la escritora argentina Dolores Reyes explotó con cientos de mensajes directos de gente desconocida que la tachaba de “pedófila”, “pornográfica” o “enferma mental”, además de varias amenazas que bien valdrían una (o varias) denuncias frente a la policía cibernética. ¿Qué pasó? Que un grupo de seguidores milieistas se quejaban de la inclusión de Cometierra (primera novela de Reyes publicada por Sigilo en 2019) y otros títulos de autoras como Gabriela Cabezón Cámara (Presea Sor Juana 2024) y Aurora Venturini en la colección Identidades Bonaerenses de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, una colección que está destinada a las bibliotecas “de todo el Nivel Secundario, ámbitos educativos en contexto de encierro, Institutos Superiores de Formación Docente y Centros de Capacitación, Información e Investigación”.

Según los quejosos, que en este caso es la Fundación Natalio Morelli (cercana a la vicepresidenta Victoria Villarruel), “es una degeneración que este tipo de libros estén en las bibliotecas escolares”. Y aunque la formación e información de dicha Colección especifica las edades y públicos a los que están dirigidos estos libros, la hipérbole (tan argentina) ha llegado a extremos de decir que las escenas sexuales que aparecen en dichas novelas, el hablar del aborto y algunas cuestiones más que son inherentes a la vida de los humanos, son intentos de pervertir a niños y niñas de las escuelas.

Todo parece digno de un chiste, de un meme, ese basado en Los Simpson que dice “¿alguien podría pensar en los niños?”. ¿Pero están pensando realmente en los niños? Lo que empezó como un ataque politiquero contra Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, empieza a rayar en la censura con la escalada que tomó cuando la vicepresidenta Victoria Villarruel habló de “degradación e inmoralidad” apuntando a Kicillof y al ministerio de Educación bonaerense, Alberto Sileoni. También la quejosa Fundación Morelli denunció penalmente ante la justicia de La Plata a Sileoni “por la presunta violación de varios artículos del Código Penal (arts. 125, 128 Y 248), entre ellos la difusión de material pornográfico a menores, y de la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes”.

Sobra decir que los libros de Dolores Reyes, Gabriela Cabezón Cámara y Aurora Venturini no son libros pornográficos, que contienen un alto registro literario que ha logrado conquistar a lectores de todo el mundo de habla hispana y de otras muchas lenguas. Y como diría ya saben quién, bibliotecas así de buenas y atractivas como las formadas con estos libros, “no las tiene ni Obama”.

Cometierra cuenta la historia de una joven, casi adolescente, huérfana y vidente, que ayuda a las familias desesperadas por la desaparición de otras jóvenes; Cometierra les ayuda a encontrarlas. La novela, narrada en primera persona, nos lleva a conocer el conturbano de Buenos Aires, ése que casi no sale en las series famosas de Netflix. Que nos recuerda que el feminicidio, la trata de personas y la doble marginación de mujeres pobres, es una herida abierta en pleno 2024. Una novela bella y dolorosa.

Las primas de Aurora Venturini cuenta, también en primera persona, la casi autobiografía de Yuna, una niña con capacidades diferentes (mentales y físicas) que vive en una casa femenina llena de minusvalías, y que a través del estudio y práctica de las Bellas Artes irá abriendo un camino en el ascenso social. Las mitologías barriales, los problemas de una familia disfuncional y la sexualidad (inherente a todo ser humano) consiguen crear una narración atractiva y poderosa que es difícil de dejar de leer.

Me arrepiento de no haber leído hasta ahora Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara, pero con tanto odio convocado por la ultraderecha argentina, se me antoja más.

Como sucedió en México cuando el exsecretario del Trabajo de Vicente Fox intentó censurar Aura de Carlos Fuentes y Doce cuentos peregrinos de Gabriel Garcia Márquez por “pornográficos”, las personas en Argentina han salido a las librerías y bibliotecas a buscar los excelentes libros que la Fundacion Morelli y la vicepresidenta Villarruel no quieren que se lean. Sobre Abascal y México en aquel oscuro 2001, Carlos Monsiváis dijo que el exsecretario del Trabajo era capaz de ““”descubrir el pecado en donde los escritores sólo ponen punto y aparte”, ¿les suena?

¿Por qué no quieren los militantes de Milei y el mismo gobierno que estos libros sean leídos? Pues porque un pueblo culto o leído no se gobierna fácilmente, como bien sabían los nazis en Checoslovaquia; como también sabían los españoles de la conquista que hay que destruir y cambiar la historia, maquillarla o apostar por la desmemoria. No dudo que la vicepresidenta Villarruel quiera que los argentinos pierdan la memoria, más de una vez se ha pronunciado en contra de las políticas que apostaban por hacer memoria de las grandes violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas armadas de ese país durante la última dictadura militar. Pero hay una razón más grave y por lo mismo repugnante, y es que el libro suele ser un doble del ser humano, por
lo que querer desaparecerlo (sea cual sea) equivale a desaparecer a los seres humanos, o al menos a aquellos que no son del agrado de quienes ahora gobiernan de Argentina.

De la maldad pura a la ignorancia organizada, los libros suelen ser blanco de los destructores de libertades y pensamiento crítico. Sin embargo el búmeran siempre vuelve cuando solamente señala y roza el blanco, y eso ha sucedido ahora. Toca defender la libertad leyendo, como miles de argentinos, aquellos libros que el gobierno de Milei quiere desaparecer.

 

https://semanal.jornada.com.mx/2024/12/01/sera-un-problema-de-alfabetizacion-los-intentos-de-censura-a-los-libros-en-la-argentina-de-milei-9250.html