Tus recuerdos del pasado han sido manipulados


Un estudio muestra cómo reescribimos el pasado insertando eventos actuales en memorias antiguas para que encajen mejor en nuestro mundo presente
Nuestras memorias están manipuladas y es probable que hasta los momentos más emotivos, como el encuentro con un gran amor o el nacimiento de un hijo, no sucedieran como los recordamos. Y no es que exista un dictador totalitario que ha logrado acceso a nuestro cerebro para modificarlo a su antojo; somos nosotros mismos quienes reescribimos nuestro pasado. Según un estudio de la Universidad del Noroeste (EEUU), la memoria toma fragmentos del momento actual y los inserta en el pasado para que encaje mejor en nuestro mundo presente. Este trabajo, que se publica en la revista Journal of Neuroscience, es una prueba más de que el funcionamiento de nuestra memoria se parece poco al de una cámara de vídeo y que nuestros recuerdos no son demasiado fiables.

“Cuando piensas en el momento en que conociste a tu actual pareja, es posible que recuerdes un sentimiento de amor y euforia”, afirma en un comunicado de la Universidad del Noroeste Donna Jo Bridge, autora principal del estudio. “Sin embargo, es posible que estés proyectando tus sentimientos actuales sobre el momento del encuentro original con esta persona”, añade. De alguna manera, las memorias se adaptarían a un entorno cambiante para ayudarnos a enfrentarnos a lo que es importante para la supervivencia en el presente.
Investigadores como Elisabeth Loftus, de la Universidad de California en Irvine, han probado en diversos experimentos que es posible insertar memorias falsas en una persona. En una ocasión, logró convencer a un buen número de personas de que habían sorprendido a sus padres teniendo sexo e incluso sugestionó a un 16% de una muestra hasta que creyeron haber presenciado posesiones demoníacas. Para ir más allá e introducir memorias que, casi con total seguridad, no correspondiesen a nada sucedido en la realidad, Loftus convenció al 16% de los participantes en otro ensayo de que se habían encontrado con Bugs Bunny, un personaje de la Warner, en Disneyland. En una última vuelta de tuerca, realizó un experimento en el que consiguió hacer que un 30% de los participantes recordase haberse encontrado en Disneyland con un Bugs Bunny drogado que además les chupó las orejas.
Un investigador convenció al 30% de los participantes en otro ensayo de haberse encontrado en Disneyland con un Bugs Bunny drogado que les chupó las orejas
La novedad del estudio de Bridge es que trata de mostrar el momento en que el recuerdo falso se implanta dentro de la memoria existente. Además, los autores del trabajo descubrieron que la sala de montaje en la que se editan los recuerdos como si de una película se tratase es el hipocampo.
Para realizar su experimento, se mostró a 17 individuos 168 objetos localizados en distintos lugares de la pantalla de un ordenador sobre distintos fondos, desde el fondo del océano hasta un paisaje rural, y se les pidió que recordasen su situación. A continuación, los investigadores pidieron a los participantes que localizasen los objetos en el mismo lugar que en el caso inicial, pero sobre un fondo distinto. En todos los casos, fallaron. En una tercera fase del estudio, se mostró a los voluntarios los objetos en tres lugares en la pantalla original y se les pidió que los colocasen en el lugar correcto. Las opciones que se les ofrecían eran la localización original del objeto, el lugar en el que ellos lo habían colocado en la segunda parte del experimento o una localización nueva.
“Los participantes elegían siempre la localización que habían escogido en la segunda parte”, explica Bridge. “Esto muestra que su memoria original de la localización había cambiado para reflejar la localización que recordaban sobre el nuevo fondo. Su memoria actualizó la información insertando la nueva información en el viejo recuerdo”, concluye.
Por último, cuando los investigadores cambiaron de nuevo el experimento y pidieron a los participantes que colocasen el objeto en una nueva localización distinta de la original, el pequeño cambio hizo que recordasen el lugar en el que estaba situado en la fase inicial de la prueba. Mientras realizaban estas pruebas, los participantes se sometieron a un sistema de imagen por resonancia magnética para observar su actividad cerebral y localizar el lugar y el momento en el que se estaban produciendo las modificaciones de la memoria.

Abusos sexuales inexistentes

Aunque  este tipo de experimentos para tratar de entender cuándo y por qué mecanismos cambiamos nuestras memorias aún están en una fase inicial, avanzar en este campo tendría aplicaciones prácticas muy interesantes. Estudios sobre la memoria como los de Loftus han puesto en duda el valor de los recuerdos de los testigos de crímenes en los juicios. En algunos procesos por abusos sexuales a menores, la investigadora estadounidense mostró, por ejemplo, cómo algunas técnicas de psicoterapia empleadas para recuperar las memorias que sirvieron como base para la acusación habían puesto el sustrato ideal para insertar recuerdos falsos.
Entre las técnicas para recuperar las memorias suprimidas por el trauma, se incluían síntomas tan comunes como la baja autoestima o el sentimiento de culpa como indicios de que el abuso había sucedido. Los terapeutas podían preguntar por posibles casos de incesto a personas que acudían a ellos por problemas psicológicos, e invitaban a los pacientes a buscar las memorias ocultas imaginando posibles situaciones de abuso. Este tipo de consejos suponían una base propicia sobre la que colocar memorias irreales.
Las preguntas de jueces o policías pueden insertar recuerdos falsos en los testigos
Trabajos como los de Bridge podrían ayudar a determinar los mecanismos que favorecen la inserción de recuerdos falsos y tratar de valorar mejor, por ejemplo, la fiabilidad de la declaración de un testigo. Por ahora, los estudiosos de la memoria tratan de llamar la atención sobre las limitaciones de este tipo de pruebas en los juicios. Como sucede en el estudio de los investigadores de la Universidad del Noroeste, otros trabajos han mostrado que las preguntas de los policías o los jueces pueden inclinar a los testigos a recordar eventos que no son reales. Parece claro que la memoria se parece poco a un fiable sistema de grabación digital, pero es posible que conocer el funcionamiento de esa máquina imperfecta puede ayudar a utilizarla de un modo más apropiado.
http://esmateria.com/2014/02/05/tus-recuerdos-del-pasado-han-sido-manipulados/

ALMA HUMANA Y EVOLUCION CONVERSACIÓN CON SIR JOHN C. ECCLES, PREMIO NOBEL DE MEDICINA

Alma humana y evolución


CONVERSACIÓN DE MARIANO ARTIGAS 
CON SIR JOHN C. ECCLES, PREMIO NOBEL DE MEDICINA

Sir John Eccles es Premio Nobel de Medicina por sus trabajos acerca del cerebro. En su obra The Wonder of Being Human (New York, The Fee Press, 1984) expone los avances científicos que permiten localizar qué partes del cerebro están implicadas en los movimientos voluntarios, los cuales son irreductibles a explicaciones causales fisiológicas. Mariano Artigas es doctor en Ciencias y Filosofía, profesor de Filosofía de la naturaleza en la Universidad de Navarra; autor de muy numerosos trabajos publicados sobre cuestiones científico filosóficas. Dos de sus libros se refieren a materias relacionadas con nuestro asunto: Las Fronteras del evolucionismo (con prólogo de John Eccles) y Ciencia, razón y fe (ambos editados por Ed. Palabra, Madrid 1985). Ofrecemos a continuación un diálogo entre Sir John Eccles y el profesor Artigas acerca del alma humana, la ciencia y la religión.

LO QUE EXPLICA EL «EMERGENTISMO»

M.A.—El 11 de abril de 1980, usted dio una conferencia sobre Lenguaje, pensamiento y cerebro, en el Simposio de la «Académie Internationale de Philosophie des Sciences» de Bruselas. En el coloquio, yo le pregunté sobre un tema que ya habíamos comentado en privado: el emergentismo, o sea, la teoría según la cual, en el curso de la evolución, los aspectos propios del hombre tales como los que solemos llamar espirituales, habrían surgido por emergencia a partir de la organización de lo material. A pesar de que esta doctrina ha alcanzado cierta difusión yo no la comparto, y me parece que usted tampoco.

J.E.—Efectivamente, el «emergentismo» no explica nada. No es más que un nombre sin contenido real, una etiqueta. Además, si lo que se pretende es decir que las características específicamente humanas surgen de la materia por «emergencia», se trata de un materialismo reduccionista pseudocientifico e inaceptable: la ciencia no proporciona ninguna base para esa doctrina.

M.A.—El 1 de marzo de 1984, usted estuvo en Barcelona y dio, en el Paraninfo de la Facultad de Medicina, la primera lección Cajal, en memoria de los importantes trabajos que Ramón y Cajal realizó durante su estancia en Barcelona. Cajal recibió el Premio Nobel por sus estudios sobre el sistema nervioso en 1906. Usted lo recibió en 1963 por trabajos en la misma línea, dedicados al cerebro. En este siglo se han realizado avances muy importantes en ese campo fundamental para comprender la estructura de la persona humana. Algunos interpretan esos progresos en favor de posturas materialistas, y usted ha escrito bastante sobre este tema. ¿Podría sintetizar cómo ve la cuestión?

EL MATERIALISMO ES UNA SUPERSTICION

J.E.—El materialismo carece de base científica, y los científicos que lo defienden están, en realidad, creyendo en una superstición. Lleva a negar la libertad y los valores morales, pues la conducta sería el resultado de los estímulos materiales. Niega el amor, que acaba siendo reducido a instinto sexual: por eso, Popper ha dicho que Freud ha sido uno de los personajes que más daño han hecho a la humanidad en el último siglo y tuvo ocasión de comprobar que el método de Freud no es científico, pues trabajó hace muchos años en Viena en una clínica donde se aplicaba ese método. El materialismo, si se lleva a sus consecuencias, niega las experiencias más importantes de la vida humana: «nuestro mundo» personal seria imposible".

M.A.—Siguiendo con esta cuestión, hay quien dice que podemos estudiar científicamente el cerebro, pero, en cambio, no tenemos conocimientos fiables acerca del alma. ¿Qué podemos conocer del alma?.

J.E.—Los sentimientos, las emociones, la percepción de la belleza, la creatividad, el amor, la amistad, los valores morales, los pensamientos, las intenciones... Todo «nuestro mundo», en definitiva. Y todo ello se relaciona con la voluntad; es aquí donde cae por su base el materialismo, pues no explica el hecho de que yo quiera hacer algo y lo haga.

M.A.—Sin embargo, cabría pensar que, en el fondo, el funcionamiento de la persona está determinado por procesos materiales enormemente complejos que poco a poco vamos conociendo. Si en el cerebro hay unos cien mil millones de neuronas, y el número de sinapsis que establecen contactos podría ser del orden de 100 billones, siempre cabe remitirse a complejidades todavía mal conocidas que condicionarían un comportamiento determinista. Usted acaba de hablar de la voluntad. ¿Podría poner algún ejemplo sencillo de comportamiento no determinista?

J.E.—La actividad cerebral nos permite realizar acciones de modo automático. Pero podemos añadir un nivel de conciencia. Por ejemplo, cuando camino, «quiero» ir más deprisa o más despacio. Incluso podemos envolver casi todo en la conciencia: «quiero» andar con aire de Charlot, pensando cada paso y cada movimiento...

M.A.—Prosigamos todavía con este tema. El progreso futuro de la ciencia es difícil de prever. Algunos se preguntan si nuestras experiencias personales no son más que un aspecto subjetivo de los fenómenos físicos; ésta es la tesis de la teoría de la identidad psico-física, que en nuestra época sigue contando con defensores (por ejemplo, Herbert Feigl la ha expuesto de manera bastante sofisticada). Usted ha criticado esta teoría como una de las variantes del materialismo, la más extendida, llegando a decir que se trata de «una creencia religiosa sostenida por materialistas dogmáticos que a menudo confunden su religión con su ciencia», y que «tiene todos los rasgos de una profecía mesiánica».

J.E.—Hasta hace poco, nada sabíamos de ondas electromagnéticas y de áreas cerebrales, y hay gente que no lo sabe tampoco ahora. Pero todos, y desde antiguo, sabemos de «nuestra vida». Para expresarla en palabras o acciones necesitamos el cerebro, como también, muchas veces, necesitamos de la laringe o de los músculos de la mano; pero ni la laringe, ni la mano, ni siquiera el cerebro son «nuestra vida». Desde luego, es fundamental investigar sobre la físico-química cerebral, pero nuestro «yo» sabe de «nuestra vida», no del cerebro.

M.A.—¿Cómo se explica entonces que no pocas veces el ambiente científico parezca favorable a diversos tipos de materialismo?

J.E.—Existe actualmente un «establishment» materialista que pretende apoyarse en la ciencia y parece coparlo todo. Entonces, yo soy un «hereje». Pero, en realidad, son muchos los científicos no materialistas y creyentes, también gente importante en los países del este de Europa. Una vez, en un debate televisivo, Monod me llamó «animista»; yo me limité a llamarle a él «supersticioso», porque presentaba su materialismo como si fuera cientifico, lo cual no es cierto: es una creencia, y de tipo supersticioso.

M.A.—Evidentemente, su postura implica que existe en el hombre un alma espiritual que, siendo irreductible a lo material, debe ser creada para cada hombre por Dios. Usted lo ha escrito en sus obras. No deja de ser paradójico que, en una época en que algunos pensadores espiritualistas encuentran dificultades para hablar del alma, no las encuentre un Premio Nobel de neurofisiología que, al ocuparse del cerebro, estudia científicamente los aspectos del cuerpo más relacionados con el pensamiento y la voluntad.

J.E.—Los fenómenos del mundo material son causas necesarias pero no suficientes para las experiencias conscientes y para mi «yo» en cuanto sujeto de experiencias conscientes. Hay argumentos serios que conducen al concepto religioso del alma y su creación especial por Dios. Creo que en mi existencia hay un misterio fundamental que trasciende toda explicación biológica del desarrollo de mi cuerpo (incluyendo el cerebro) con su herencia genética y su origen evolutivo; y que si es así, lo mismo he de creer de cada uno de los otros y de todos los seres humanos.
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PROFUNDOS INTERROGANTES

M.A.—Estoy de acuerdo, desde luego, con sus argumentos. Sin embargo, en sus obras expone hipótesis sobre la interacción entre espíritu y materia que me recuerdan planteamientos cartesiano poco satisfactorios. Convendrá en que la persona humana es una unidad en la que la realidad espiritual y la material no pueden concebirse como agentes separados; aunque esta tesis tenga su inevitable aire de misterio, pienso que es la única que hace justicia a los datos completos de nuestra experiencia.

J.E.—La ciencia explica muchos fenómenos mediante las teorías de la gravedad; sin embargo, no sabemos decir qué es la gravedad en sí misma. El evolucionismo explica un cierto nivel de hechos, pero hay profundos interrogantes difíciles de explicar. No puede sorprender que, admitiendo con motivos bien fundados que en el hombre hay espíritu y materia, sea muy difícil e incluso misterioso comprender su relación. Yo he propuesto algunas hipótesis al respecto, pero está claro que se trata de un tema muy difícil. Sin embargo, esas dificultades no debilitan los argumentos que llevan a admitir el alma y su origen sobrenatural.

M.A.—Me parece obvio que, en contra de lo que algunos siguen sosteniendo, las relaciones entre ciencia y fe son, bajo distintos aspectos, de cooperación, y que no hay conflictos reales entre ellas. Me gustaría que expresara su punto de vista al respecto, como científico y como creyente que admite muchas tesis evolucionistas.

J.E.—He tenido ocasión de estar varias veces con el Papa Juan Pablo II, en una reunión con Premios Nobel y en otro encuentro con científicos. Tiene razón cuando dice que la ciencia y la religión no pueden contradecirse. Además, ¿no es una labor profundamente cristiana investigar la naturaleza creada por Dios? En el caso de Galileo, todos reconocen que hubo errores por ambas partes, que nadie desea repetir. Respecto al evolucionismo, ya Pío XII declaró que la Iglesia no se opone al estudio del origen del cuerpo humano; lo que sostiene es que Dios crea individualmente el alma de cada hombre, y a esto la ciencia no se puede oponer. Y esa es la base de la maravilla de ser hombre.

M.A.—Como sucede con no pocos científicos de primera fila, usted se muestra siempre muy interesado por el impacto social de la ciencia. Ha escrito mucho al respecto, y parece preocupado por el impacto negativo de algunas interpretaciones que se presentan como científicas, que llevan en último término a una crisis de valores.

J.E.—Sí. Me parece que el hombre ha perdido un poco el sentido de su condición humana, como si la ciencia dijera que es sólo un insignificante ser material en la inmensidad cósmica. Pero el hombre es mucho más de lo que dice el materialismo. Y necesita un nuevo aliento para volver a encontrar la esperanza y el sentido de su vida.


DESENMASCARAR LA PSEUDO-CIENCIA

M.A.—Está claro que importa mucho desenmascarar la pseudo-ciencia en sus diversas manifestaciones, para evitar que el prestigio de la ciencia se utilice abusivamente en favor de ideologías que nada tienen que ver con ella. Hemos hablado ya de algunas de ellas. Sin embargo cabe preguntarse si la ciencia puede realizar tareas positivas en el ámbito de la existencia humana. Es evidente que lo hace en cuanto sirve de base a la técnica, pero el uso de la técnica es ambivalente, se puede utilizar para bien y para mal. ¿Se puede decir algo semejante acerca de la ciencia?

J.E.—He escrito que, de hecho, la ciencia está impregnada de valores: de carácter ético, en nuestro esfuerzo por llegar a la verdad, y de carácter estético. Si conseguimos dar a la humanidad un concepto de la ciencia como un esfuerzo humano para comprender la naturaleza y ofrecer con toda humildad nuestros afanes para conseguirlo, la ciencia merecerá ser considerada como una obra grande y noble; en otro caso, corre el peligro de convertirse en un enorme monstruo, temido y venerado por el hombre y que lleva en sí la amenaza de destruirlo.

M.A.— Vivimos una época de profundas transformaciones culturales, condicionadas en buena parte por el influyo de la ciencia. En este contexto, ¿qué podría decir respecto a los valores cristianos, tan relacionados con nuestra cultura?

J.E.—Que los valores cristianos tienen una importancia grande para conseguir que la admirable empresa humana que es la ciencia esté verdaderamente al servicio del hombre. La ciencia moderna nació en unas circunstancias favorables debidas, en buena parte, al cristianismo, que lleva a ver al mundo como obra racional de un Creador infinitamente sabio, y al hombre como criatura hecha a imagen de Dios, con una inteligencia capaz de penetrar en el orden impreso por Dios en el mundo. Esa ciencia se desarrolló gracias al trabajo y a las convicciones de científicos profundamente cristianos. La ciencia y la fe son aliadas, no enemigas. Y la fe cristiana proporciona ayudas muy valiosas para que se evite un materialismo que nada tiene que ver con la ciencia, y para que la ciencia pueda contribuir a la solución de los graves problemas que tiene planteados hoy día la humanidad.

Mariano ARTIGAS - 
2003-11-18 - www.arvo.net

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CARLOS OROZA: IN MEMORIAM un anarquista, un beatnik, un rapsoda bárbaro,

HOY FIRMA: JOSÉ LUIS ZERÓN. "CARLOS OROZA: IN MEMORIAM".


CARLOS OROZA: IN MEMORIAM



El pasado 21 de noviembre falleció en Vigo, a los 92 años de edad, el poeta gallego Carlos Oroza, un icono de la poesía recitada y underground (fue fundador de la revista contracultural Tropos), que creía en la escritura, aunque llegó a publicar sus versos en unos pocos libros difíciles de hallar. Oroza era un poeta insólito de aliento chamánico, un artista de la voz y de la palabra que vivía un exilio voluntario en Galicia, muy lejos del mundanal ruido de los cenáculos literarios, para poder ubicarse en la memoria y reinventar la realidad lejos de la realidad convencional. Vivía el acto poético como una aventura incierta y su palabra discurría por los cauces de una semántica mística o visionaria. Carlos Oroza era considerado un anarquista, un beatnik, un rapsoda bárbaro, un repentista con una voz y un sentido musical privilegiados, pero sin duda, es también un considerable poeta literario, cuya singularidad, marginalidad y escasa estima a las letras y la filología  le alejó de los poetas que publican con frecuencia, ganan premios o de cuando en cuando salen en los medios de comunicación, si bien siempre fue respetado y, como todo autor de culto, hasta gozó de un grupo fiel de incondicionales. El poeta y periodista Antonio Lucas lo retrató acertadamente de esta manera en una entrevista: “Este hombre pertenece irremediablemente a un mundo que no existe. Y si existe es porque él lo ha habitado. Carlos Oroza es un poeta Universal del malditismo. Algo así como el druida de una civilización donde el rey es de sí mismo. Un gallego de Viveiro (Lugo), parido en casa en 1923. Un poeta huidizo y deslumbrante con perfil de bereber, ‘esqueletura’ de astilla y ese fulgor metálico en el mirar de quien ha probado el hambre y la sed, de quien ha visto demasiada noche (…), de quien se ha abrigado con todo el frío y a quien nunca le falta el adjetivo preciso para cada idiota que le sale al paso”. (1)


            Pero a veces el proceso de emancipación de un poeta va más allá de la rebeldía, de la propuesta revolucionaria o de la simple distinción. Hay poetas que se dedican a existir en la más completa soledad, que no crean escuela, que no son reconocidos como innovadores. Ellos mismos eluden hábilmente los reconocimientos, viven la ceremonia poética como una cosmovisión mágica acercándose a un estado primigenio, pues, como diría Julio Cortázar, “no trascienden de lo espiritual a lo fáctico”. Carlos Oroza era uno de esos poetas independientes -cada vez más escasos- que dedican su existencia a la poesía y se enorgullecen de su voz bárdica;  ”Bien, yo  no me quejo de mis penurias y no voy a pedir nada al estado. Si mi poesía se convierte en una pesadilla, no voy a buscar a un médico que me cure. Lo que no puede hacerse es subvencionar poemas. El poeta no debe recibir nada, que se joda, que sea poeta”.(2)

            Sin embargo, aunque se considerara “un salvaje contemplativo” y fuera un hombre pesimista, mordaz y hasta maledicente (conservo algunas cartas suyas en la que hace uso de una afiladísima ironía cuando se refiere al mundillo poético oficial), Oroza siguió manteniendo hasta el final de sus días contacto con el público, siguió dando recitales y atendiendo a sus admiradores, a decir del poeta, gente sencilla, de la calle; los no triunfadores, sobre todo jóvenes, pues a él siempre le horrorizó crear escuela o convertirse en el portavoz de unos gustos.


            Oroza era un poeta oral que escribió su poesía para ser escuchada y memorizada  y cuyas lecturas públicas solían ir acompañadas de una adecuada escenografía. Eran espectáculos corales en los que habitaban mágicamente la poesía, la pintura, la música y la danza. No estoy muy de acuerdo con las afirmaciones de algunos críticos empeñados en destacar de su poesía solamente la astucia del bohemio y la capacidad improvisadora del rapsoda. (3) Mucho se ha escrito acerca de su vida bohemia, y resulta difícil separar la leyenda de la verdad. Tras su muerte hemos leído en las numerosas necrológicas aparecidas en los medios de comunicación una profusión de anécdotas -algunas reales, otras cuestionables-,  acerca de la vida nómada de Oroza por el Madrid de los años 60 y 70, pero se ha hablado muy poco de su poesía Y es que la fama de del poeta gallego, no ha estado exenta de una topiquería exótica y chusca que ha dejado en un segundo plano su poesía, muy relacionada con el canto primitivo y con los versos que oralmente recitaron los bardos y trovadores de Occidente, que también bebe de numerosas fuentes de la poesía escrita, como veremos más adelante. No hay que olvidar, por otra parte, la popularidad de sus versos. Poemas de Oroza fueron musicados por conjuntos de rock, y su libro Cabalum (4) ha inspirado a compositores de música clásica contemporánea. Incluso el propio poeta llegó a grabar un disco. (5)

            Precisamente Carlos Oroza dejó un recuerdo imborrable en Orihuela. Fue en abril de 1986; invitado por la revista Empireuma, y con la colaboración del Ayuntamiento de la ciudad, el poeta gallego pasó una semana con nosotros. Se presentó de improviso con días de antelación, respecto a la fecha acordada, por lo que hubo de ser hospedado con urgencia en casa de mis padres los primeros días hasta que le buscamos un mejor acomodo en la vivienda del poeta Jorge Cuña, amigo común, quien nos facilitó el contacto preliminar con nuestro invitado. Se presentó de noche con sus rasgos de bereber y su figura de carrizo, portando una vieja maleta, y nos habló como si nos conociera de toda la vida. Traía un imponente catarro que apenas le dejó dormir durante un par de noches.

De aquellos días recordamos las tertulias improvisadas en cualquier lugar -al poeta le acompañábamos componentes del grupo Empireuma, algunos de nuestros familiares, y poetas y artistas vinculados a la revista-, los peregrinajes por la ciudad, con escalas en los principales bares y mesones. Las comidas en mi casa y Carlos alabando las dotes culinarias de mi madre. Para entonces la ciudad estaba llena de carteles que anunciaban el recital que llevaría a cabo el poeta gallego. Los fuimos colocando una noche por las calles de Orihuela, en compañía del propio Carlos. El inolvidable espectáculo se llevó a cabo en el abarrotado salón de actos del Instituto de Bachillerato Gabriel Miró. El acto fue presentado por el actor y director de teatro oriolano Trino Trives (amigo del poeta) y contó con la importantísima colaboración de los pintores José Aledo y Anselmo Mateo. El ritmo frenético de sus poemas embriagó al público.  Al finalizar el acto Oroza recitó un fragmento de su poema  Eléncar. En éste último surgió la sorpresa: las luces del escenario quedaron en penumbra, Pepe y Anselmo entraron en el escenario -invisibles bajo un sencillo efecto- y realizaron sobre un plástico unas pinturas con material reflectante: los trazos parecían surgir del aire, los colores, las formas y la música configuraban un clima mágico difícil de olvidar. Al finalizar el acto todos creíamos haber vivido una experiencia onírica.  
            Y si recuerdo aquel primer encuentro no es por un sentimiento puramente nostálgico, sino porque creo que es un obligado punto de referencia, ya que resultó decisivo para los responsables de la revista Empireuma, pues reafirmó nuestra vocación  de poetas y abrió nuevos caminos en nuestras respectivas e incipientes poéticas. Si bien no recogimos influencias directas, pues la poesía de Carlos Oroza no admite imitadores.

            Durante su visita a Orihuela estuvo sumamente cordial y agradecido. Ya no “era el césar Vallejo del café Gijón, una hilacha de surrealismo malvado y genial”, que retrató Francisco Umbral en uno de sus artículos.(6) A todos nos impresionó su “delgadez esencial”, como él mismo se refería a su enjuta figura cuando hablaba con nosotros, su forma intensa de vivir la vida, como un lujo , como una aventura, y también su pasión por la poesía, que le convertía en un crítico implacable cuando se refería a los poeta de moda. Afirmaba con rotundidad que no se leía poesía por culpa de los propios poetas y arremetía contra los académicos y letrados, si bien no se encontraba cómodo con la fama legendaria de poeta maldito que le acompañaba, e incluso renegaba de muchas de sus acciones de juventud. El Oroza maldito de los años sesenta y setenta, el bohemio por excelencia que vivió durante un tiempo en Estados y Unidos y Japón, el poeta urbano adicto al Café Gijón que escandalizaba a los burgueses fue serenándose con el paso del tiempo y se convirtió en un poeta contemplativo. Abandonó sus andanzas extravagantes y se aisló en Galicia. “Me fui de Madrid cuando empecé a sentir la decadencia de la ciudad, a ahogarme, a resentirme espiritualmente”. Y su poesía salió ganando. Oroza dio la espalda a la lírica mediterránea y se instaló en el Norte, en el bosque. Codiciaba lo lejano y le obsesionaba la luz de la imaginación, vivía la erótica del bosque, percibía su aroma pagano. En sus versos destaca una personalización de la naturaleza y una animación de los objetos.

A mediados de la década de 1970, publica su primer libro, Eléncar. (7) Hasta entonces solo había publicado en plaquetas, hojas volanderas y revistas contraculturales. Era conocido como poeta beatnik, considerado el “Allen Ginsberg español” (en esa época obtiene el Premio Beat de Poesía y el Premio Internacional de poesíaUnderground), y performer implicado radicalmente en la poesía fónica disidente; escribió algunos poemas míticos como “Se prohíbe el paso”, que un crítico bautizó como el mejor poema antifranquista y cuya última estrofa, ya legendaria, estaba en boca de estudiantes, poetas y artistas rebeldes:

Semáforo ¡cuidado!
 No saltes hermano de esta orilla a la otra orilla
 El cielo está al habla con la policía
 El cielo baja a los tejados para ametrallarte
No dejes que con tu limpia sangre con tu inmensa sangre roja limpien sus pálidos crepúsculos
Espera hermano espera
 El cielo está al habla con la policía
 El cielo baja a los tejados para ametrallarte (8)
E incluso llegó a hacer sus pinitos como actor al intervenir en una película de Manuel Summers. (9).

            Con su primer libro, Oroza deja de ser un rapsoda pintoresco y se convierte en un buen poeta. Le siguen el ya citado Cabalum –quizá su mejor poemario y el más conocido- y Alicia. (10) Aunque siguió ofreciendo charlas y recitales y de cuando en cuando entregaba a revistas literarias poemas inéditos, Carlos Oroza no volvió a publicar hasta pasados once años. Por entonces, sin Internet, muchos incondicionales de su poesía rastreábamos todo lo publicado sobre la misma, que no era mucho. Algunos críticos llegaron a lamentar públicamente el silencio del poeta gallego, pero como era de esperar la crítica oficial ignoraba a este “primitivo” al margen de toda preceptiva petrificante, enfrentado a cualquier sistema teórico, fascinado por los vislumbres de la inspiración y aspirante a una pureza ancestral que nada tuviera que ver con los amaneramientos de moda. En 1996 vio la luz en edición de autor Una porción de Tierra gris del Norte, uno de los poemas de Oroza más fascinantes, donde la relación  del poeta con la naturaleza es más profunda y su lenguaje adquiere un tono melancólico, evocador. Un extenso fragmento de este poema lo publicamos en el número 4 de la revista de creación Empireuma (Año II, abril de 1986). En 1998, también en edición de autor, aparecía en Lisboa  La llama prestada, en 2005 En el norte hay un mar que es más alto, una versión del corpus central de su obra, (11) y en 2013 la editorial Elvira recopiló toda la obra del autor. (12). A los muchos reconocimientos y homenajes que recibió Oroza en los últimos años de su vida  hay que destacar que un instituto de educación secundaria de Pontevedra lleve su nombre y la obtención en octubre del pasado año de la medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, máximo galardón que otorga esta institución, (13)


            En su primer libro de Oroza, Eléncar, ya está bien asentada la raíz de su escritura. Si bien su lenguaje es de filiación surrealista, ya se percibe el tono melancólico de sus libros posteriores y la naturaleza sigue siendo un referente. Se trata de una poesía insólita, muy sugestiva y de gran poderío musical. El lenguaje de Eléncar, como el de toda la poesía oroziana, es fundamentalmente canto. El verso es largo, libre, poderoso, y el verbo imaginativo. Como escribe acertadamente Ángel Gómez-Morán Santafé: “la poesía de Oroza es de verso libre y comúnmente sin rima, pese a que mientras se escucha parece (o da la sensación), de que estuviera perfectamente rimada. Ello, porque mientras la rapsodia va produciendo un ritmo a su poesía, nos obliga a ver en las síncopas y silencios que escuchamos, una consonancia sonora. Algo que es puro efecto del recitativo, siendo tanta la sensación acústica de rima, que al leer luego aquello que le hemos oído recitar, nos resulta de algún modo perfectamente sonante o consonante… Ya que fue de antemano unido por el poeta con el ritmo y la cadencia mística con la que recita”. (14)

El lenguaje le resulta a Carlos Oroza insuficiente para expresar lo inefable y necesita inventar vocablos de una gran musicalidad que nos transmiten el pálpito de lo lejano. Entre los numerosos neologismos que podemos encontrar en la producción oroziana abundan los sustantivos, verbos y adjetivos (fungí, onilios, omnima, ávea, Cabalum golosá, luctus, Marlaria, balamba, americar). También hay una vuelta de tuerca a la sintaxis y una extraña disposición gráfica del significante en la página en blanco: el concepto connota y denota lo que el poema celebra. Y sorprende en algunos poemas la escritura apaisada de los versos extensos y flexibles, escritos, sobre todo, para ser leídos. Asimismo la reiteración de vocablos sonoros y  recursos anafóricos, así como los numerosos obstinatos y ritornelos provocan una sostenida musicalidad ritual, una sonoridad arcaizante, un clamor persuasivo. Todo ello unido a la ausencia de signos de puntuación o a una disposición arbitraria de los mismos en función del ritmo. En ocasiones, se funden escritura, ecolalia y glosolalia. De esta manera Oroza se emparenta con otros autores que experimentaron con un lenguaje idiosincrásico como Jlébnicov, Apollinaire, Joyce, Huidobro, Artaud, Cirlot o Celan. Empleando palabras de Octavio Paz, “asistimos a una fusión entre el lenguaje y el ser”. (15) 
Veamos unos ejemplos tomados de Eléncar:

Oh Eva
évame malú
évame malú
Oh Eva
évame Eva
évame si me transito
(…)
Y corro corro corro por la playa hacia la casa abandonada
ómnima
ómnima
ómnima
(…)
demorando mis pasos por las sombras
una vez me escupiste ceniza en los ojos y yo te dije
sigue sigue sigue sigue
te me adelantaste
tengo miedo estás golpeando el mundo
Pero tú me das malú malú malú malú malú para llegar arriba

            Veamos a continuación estos hermosos versos finales de Cabalum, donde las aliteraciones crean una musicalidad inconfundible:


Y Poe estaba americando. Y Poe llevaba un bicho por su boca.
Y era Poe, Poe, Poe.
Poe haciendo ruidos con el agua, Poe besando por el alma de la playa (…)

O estos otros del poema “El edificio del frío”:(16)
Te pusiste extendida frente a mí
me tocaste con las plantas de tus pies en las puntas de mis pies.
Me dispusiste
me dispuse
me puse alto
(…)
inclínate
Penetra. Abre la boca. Levántate. Regresa y siéntate.
Ahora te toca a ti.
Levántate y marcha hacia la izquierda
Inclínate
Penetra
Abre la boca y extiéndeme los ojos. Tú vienes voy ¡subo! ¡subo! (…)

La sed de infinitos es otra constante en la obra oroziana presente en ese poema continuo que es Cabalum:
Necesito algo que no sea humano
 algo verdaderamente humano
algo verdaderamente inocente e imposible
(…)
Una ventana abierta en un día cualquiera de singular impulso.
La oscilante llama y los labios de tierra espléndidos
una extensión del regreso en un tramo de borrosos espacios
una parada en el bochorno.

Y alcanza su máxima expresión en Una porción de tierra gris del Norte:

las distancias e imagino otros puertos. Un lugar que responde al sentido
y a la luz de una nueva estatura. Las brillantes praderas del sueño
y los valles de Onilios
(,,,)
Era en el mar su tarde el infinito y, en el tiempo, había dos lunas
un espacio amarillo y una escalera blanca (…)

            La oralidad de Oroza le emparenta con los antiguos bardos y los trovadores y juglares de la edad Media, con Hölderlin, Edgar Poe, Whitman, Mayakovski, Ezra Pound, Dylan Thomas y los poetas de la Beat Generations. No en vano el gallego expresó en numerosas ocasiones su admiración por la poesía de estos autores. Pero también declaró su afinidad con otros poetas como Rimbaud, Rilke, García Lorca y Eliot.

            En la obra que nos ocupa también hay una parte críptica calificada por algunos críticos como, “esotérica” y que a mí me parece  que entra en el ámbito de la metapoesía. En algunos tramos de su obra, el poeta gallego, que tantas veces manifestó que escribía al dictado sus poemas, asiste perplejo a su propio actividad creativa, siendo al mismo tiempo el que crea y el que asiste como espectador a la ceremonia de la creación en un proceso de desdoblamiento cercano a la experiencia mística . Esta es la panorámica más compleja y sombría la obra oroziana y quizá el territorio menos hollado por los críticos, desconcertados ante un poeta eminentemente intuitivo y contradictorio que creía en la inspiración pero no dejaba de reflexionar sobre el hecho creador, inmerso en una constante revisión y reescritura de su obra. Como escribe José María Osorio, “la poesía de Oroza trasciende a lo irracional pero valiéndose de la razón, que se refleja en la palabra”. (17)
            Si  la poesía de Oroza establece una relación entre sujeto y objeto, también canta la desposesión. La poesía misma es sentida por el autor como una atracción fatal. El fugaz relumbrón de lo absoluto pierde su maravillosa evidencia en el momento en que se fija y encorseta en el lenguaje. Los primeros versos de Cabalum significan una advertencia, un aviso al lector, a la vez que, con nobleza, el propio autor reconoce su fracaso:

Cabalum será un poema que se pierda
sin embargo,
contaré hasta los tres de los onilios .un luctus
y una recta del ojo al pasado

La estancia es blanca
y la luz un lugar marginal en la memoria,
una pupila ardiente y una luz que se cambia (…)
una expectante espera de innominadas formas y de aves por venir.

En Una Porción de tierra gris del Norte:

La figura se siente llamada
se levanta
y en multitud de veces se ve la misma persona (…)
El cuerpo se divide en dos
se ensimisma y da la vuelta
se desvía envuelve y se envía
se tiende y se vuelve a sí mismo.

En otro fragmento del citado Cabalum se relata la experiencia en el mismo momento de la creación, durante ese vertiginoso desdoblamiento en que el poeta se interna en las luces y sombras de la palabra:

Me encuentro abierto y me siento flotar por la sombra del sueño.
La fatiga es intensa
y el sonido evoca en los huecos el volumen de seda.

Pues elevo al parecer una oscura semblanza
de perspectivas de lugares y formas que se cambian
y como si estuviera en el proceso más profundo del poema
me adentro en su viaje (…)
Me despierto y veo una lengua enorme que viene a respirarme (…)
           
El poeta, perdido en el laberinto de su memoria. Si en Cabalum escribe: estoy perdido y voy como una rueda por el centro del tumulto/ en cada cosa y cada cosa se me va un grito que se me queda en la conciencia, en Alicia (un extenso poema menos radical, con referencias más próximas y un lenguaje más directo y elaborado) leemos: He venido a verme. Quiero salir y no puedo entrar./ Paso de lado, simplemente y no me llaman.

Oroza era un poeta andarín que escribía mentalmente mientras caminaba; reflexionaba sobre la marcha y pocas veces permanecía en estado de reposo o sosegado.  Esa dinámica se refleja en una poesía poderosa, frenéticamente activa. Oroza corre, sube, avanza, cambia de sentido, se inclina  siempre hacia lo inabarcable en busca de las malezas del tiempo y el tiempo de los naufragios, como escribe en Una Porción de tierra gris del Norte: Me pondría de parte de la inocencia/ y entre lo bello y lo animal/ un elemento activo y no un sujeto sería. En sus versos encontramos la relación terrible y a la vez gozosa del poeta con la escritura, paradójicamente reafirmada en la irresolución del conflicto El propio autor se manifiesta en contra de la poesía como cura y rechaza al poeta circunstancial, a la vez que reconoce el hecho literario como un acto de autoinmolación: “Cuando te dedicas a ella –se refiere a la poesía- te estás asesinando todos los días”. Vemos que la pasión y el fracaso constituyen los dos hemisferios del universo poético de Carlos Oroza.

            Sus detractores lo encuadran en un romanticismo trasnochado con tintes surrealistas y le reprochan un exceso verbal que raya en el delirio. También le acusan de ampararse en el hermetismo para encubrir carencias técnicas. Este poeta epidérmico, digámoslo claramente, despierta las simpatías de un sector de la crítica menos escrupuloso y más abierto y flexible, mientras que produce cierta aversión entre los académicos ambalsamadores, tasadores y demás fauna necrófila. De una manera o de otra siempre se le ha observado como un raro espécimen con el que no se sabe qué hacer y al que no se sabe cómo estudiar. Sin suda, él mismo se ganó a pulso la fama de inclasificable, pero también señaló un territorio para que sus lectores no se extravíen. Dichas claves demuestran, pese que Oroza siempre dijo que él no era un teórico (a mí particularmente me insistió en este hecho y me recordó la frase que escribiera Fernando Pessoa a través de su heterónimo A. Caeiro: “yo no tengo filosofía, tengo sentidos”), que era un poeta consciente de lo que escribía.  Y sí lo era. Era un rastreador que sabía lo que buscaba. Esta afirmación puede entrar en franca contradicción con esa sensación de fracaso que impregna su poética, pero es necesario repetir lo señalado antes: aquello que encuentra Oroza no es la totalidad de lo buscado, tan solo pequeños fragmentos que muchas veces se incendian al contacto con la realidad de la página en blanco, permaneciendo la ceniza de la pasión creadora, lo que obliga al poeta a volver a empezar su rastreo: recordemos el  paradójico “estoy libre y perdido” de Pessoa. (18)

Así pues, al hablar de Carlos Oroza convendría acabar de una vez por todas con la imagen de “buen salvaje”, de asceta iletrado pero inspirado en exceso; convendría revisar el mito del poeta romántico y bohemio si queremos rescatar a un buen poeta culto (destacaban sus conocimientos de pintura, arquitectura, cine y música) del limbo literario al que son arrojados los que no han sido bautizados en una de las muchas capillas donde surgen las tendencias dominantes. Sí es cierto que  hay en sus versos abigarramiento y desaliño formal, pero estos excesos también forman parte de los ingredientes dispuestos por el autor para lograr una obra poética inteligente y concebida principalmente para ser escuchada y que está en consonancia con lo que Valente pedía para la poesía: “la restauración de un lenguaje comunicativo deteriorado o corrupto, la posibilidad de dar un sentido más puro a las palabras de la tribu”(19)






(1)“Yo soy un salvaje contemplativo”. Entrevista con Carlos Oroza. Antonio Lucas,www.elmundo.es.
(2)   Las declaraciones de Oroza entrecomilladas se han extraído de la enjundiosa entrevista al poeta aparecida en el volumen Ocho poetas raros (conversaciones y poemas, Ediciones Ardora, Madrid, 1992.
(3)   Ver por ejemplo, Javier Figuero, “Los últimos bohemios”, en semanario El País, 30 de agosto de 1987, o Mariano Tudela, Rincones y figurones, en la revista LEER, nº 31, febrero, 1991.
(4)   Ediciós do castro, poesía, La Coruña, 1980.
(5)   Malú (Grupo Eclipse, Ariola. Madrid, 1975). En su momento llegó a ocupar los primeros puestos en los “40 principales”, lista de éxitos de la Cadena SER.  En noviembre de 2013, el colectivo Seara records y la editorial Elvira publicaron un vinilo grabado en los estudios Pastora de Vigo, que recoge en la cara A el tema grabado en 1975 entre el grupo Eclipse y Carlos Oroza. La cara B es una reinterpretación del poema “Évame” por parte de Jay y Carlos Oroza.
(6) Umbral Francisco, “Carlos Oroza” (´Los iluminados’ en ABC Cultural, nº 99 pág.28, 24 de septiembre de 1993.
(7)   Tres Catorce Diecisiete, Madrid, 1974.
(8)  El poema  se titula realmente “En el rostro del pueblo que se limpia con el gesto del tiempo” y está incluido en Évame.
(9)   ¿Por qué te engaña tu marido? Director: Manuel Summers, 1969.
 (10)Editorial Cuévano, 1988
 (11) Servicio de Publicaciones de la Diputación de Pontevedra, 2005, con prólogo de César Molina.
 (12) Évame, Editorial Elvira, Vigo, 2015
 (13) Recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid el 21 de octubre de 2014. Por este motivo apareció en el n 24 de la revista Minerva, que edita esta institución, una enjundiosa entrevista de Antón Patiño al poeta gallego.
 (14) Gómez-Morán Santafé Ángel, “Carlos Oroza; de ‘poeta maldito’ a ‘poeta oculto’ (I: Encuentro tras cuarenta y tres años”, en recuerdosyanoranzas.blogspot.com/2011
(15) Paz Octavio, “Decir sin decir (Vicente Huidobro), Convergencias, Seix Barral, Biblioteca Breve. Barcelona, 1991.
(16) Las citas están extraídas de la versión publicada en la revista de creación Empireuma, Año IV, nº 13,Orihuela, septiembre de 1988.
(17) Introducción al programa de mano de Un poema continuo, recital ofrecido por Carlos Oroza al público oriolano el 30 de abril de 1986.
(18) Pessoa Fernando, El libro del desasosiego (fragmento 127), traducción de Ángel Crespo, Seix Barral, Biblioteca Breve, 1984.
(19) Valente, José Ángel, Las palabras de la tribu, colección Marginales, Tusquest Editores, Barcelona, 1994.