Intocable, de Olivier Nakache y Éric Toledano


24 julio, 2012 

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El cine europeo, eclipsado en la mayoría de ocasiones por el estadounidense, nos ofrece grandes éxitos cada cierto tiempo. Uno de ellos, el más reciente, proviene de Francia y tiene el título de Intocable (Intouchables, 2011), cuyo título no inspira la comedia con tintes dramáticos ante la que estamos, basado en una historia real, la amistad entre Philippe Pozzo di Borgo, tetrapléjico millonario, y Abdel Yasmin Sellou, su asistente a domicilio. El argumento fue descubierto por sus directores en un documental del año 2004 y la película se ha convertido en todo un éxito, permaneciendo diez semanas consecutivas en el primer puesto de la taquilla francesa, siendo una de las películas más taquilleras de la historia de Francia. Superó a El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001) como el film de habla no inglesa más taquillero de la historia del cine, con más de 312 millones de dólares.
Portada de la película
Rodado con una sencillez que nos envuelve durante todas las escenas, nos situaremos en la piel de Driss, un inmigrante de color que, recién salido de la cárcel, obtendrá un trabajo inesperado como asistente de un aristócrata tetrapléjico. Y desde la marginalidad de su barrio a una mansión que se convertirá en su casa, aunque todo pueda parecer un sueño. Aunque inesperado, el encuentro entre estos dos mundos tan contrarios dará un fruto valioso: la amistad por encima de las diferencias, fusionando la música clásica con la música disco, la elegancia con la moda más urbana. La experiencia de Driss y su falta de tacto con la situación de su jefe nos llevarán a situaciones donde no faltarán carcajadas desde una situación que, a priori, es dramática. Huye, de esta forma, de la lágrima fácil, consiguiendo envolvernos de la risa más sincera.


Olivier Nakache y Éric Toledano, directores del film

La complicidad de los dos actores protagonistas, cuyo trabajo es formidable, consiguen crear una atmósfera perfecta. La versatilidad de Omar Sy como Driss, mostrando todo su carisma en lo que es un personaje que gana presencia según avanza el film, llenándose de encanto con cada sonrisa, contagiando así un mundo estricto y serio en el que se había convertido la vida de Philippe. François Cluzet, desde la silla de ruedas, nos demuestra un gran talento, transmitiendo toda clase de emociones sólo con su rostro y los escasos movimientos de cabeza que le permiten este personaje. Con excelentes diálogos y aderezado con una banda sonora magnífica, la película nos hará descubrir la sensibilidad humana, esa solidaridad social que se basa en tratar a cualquier persona como una más, porque todos somos humanos pese a nuestras diferencias. La tragedia de un accidente de parapente, con la situación amarga de la viudez, serán los elementos dramáticos que se puedan ver en la vida de un aristócrata que quiere seguir viviendo pese a cualquier discapacidad. Y el encargado de ser sus manos y sus pies será un asistente que ni siquiera sabe serlo.

La película comienza con un flashfoward que, con la presentación de los créditos, tendrá su explicación a mitad de la película, siendo un comienzo in media res que nos llevará a un flashback que compone el film entero, hasta llegar al punto exacto del principio, del que partirá hasta el final. Es justo ese el momento elegido para decir que estamos ante una historia basada en hechos reales, quizás un factor innecesario, aunque a muchos espectadores les puede devolver la ilusión en la humanidad gracias a estos dos personajes.








No obstante, al centrarse en la relación de sus dos protagonistas, deja de lado algunas tramas que hacen su pequeña aparición, pero que no alcanzan la relevancia que podría tener, como la relación con sus parientes, quienes ven con malos ojos -tal y como la realidad de Pozzo di Borgo- a su ayudante. Pero este hecho no empaña para nada una obra apasionante que nos mostrará lo mejor del ser humano.




Escrito por Luis J. del Castillo

http://bauldelcastillo.blogspot.com/2012/07/intocable-de-olivier-nakache-y-eric.html

La gran Alemania, un sueño esotérico



Entrevista a Giorgio Galli sobre las raíces ocultistas del nazismo, de las que derivó también la idea según la cual el “espacio vital” del Tercer Reich tenía que llegar hasta los Urales. Un aspecto poco estudiado por los historiadores, pero del que se ha vuelto a hablar tras la caída del muro de Berlín


por Paolo Mattei

Arriba, un manifiesto de las SS (Schutz-Staffeln, “Escuadras de protección”) con la estilización rúnica de la sigla. Los símbolos rúnicos fueron estudiados por Guido von List, un esoterista interpelado por Adolf Hitler (debajo) en los años de su formación intelectual

Arriba, un manifiesto de las SS (Schutz-Staffeln, “Escuadras de protección”) con la estilización rúnica de la sigla. Los símbolos rúnicos fueron estudiados por Guido von List, un esoterista interpelado por Adolf Hitler (debajo) en los años de su formación intelectual
El profesor Giorgio Galli no cree estar en condiciones de valorar el esoterismo “desde dentro”. Sin embargo, es uno de los estudiosos más considerados del esoterismo. Su posición es, según sus palabras, «la de un historiador y un politólogo que considera que la cultura esotérica se entrelaza con las disciplinas que practica en mayor medida de lo que hasta el presente ha considerado la historiografía y la ciencia política».
Con este planteamiento ha estudiado también la historia del Tercer Reich, publicando el resultado de este trabajo en el 89 en un libro muy conocido: Hitler e il nazismo magico. Le componenti esoteriche del Reich millenario (Rizzoli, Milán). En este año, 1989, Galli observa coincidencias significativas: el centenario del nacimiento de Hitler y el bicentenario de la Revolución francesa. «Aquel 1989, explica en el prefacio de la segunda edición del texto, «entraría en la historia por la revolución del Este: exactamente un siglo después del nacimiento del Führer caía el muro de Berlín, premisa de una Alemania de nuevo unida, potencia hegemónica en Europa».
A quince años de distancia de aquel año, tras tantos hechos ocurridos, tras la tragedia del 11 de septiembre de 2001, que originó una guerra que aún dura, la historia de violencia y de muerte protagonizada por Hitler y el nazismo sigue suscitando preguntas inquietantes y erigiéndose en parámetro para medir la violencia y la muerte que cada día azotan los lugares del mundo en conflicto. El posible sustrato ocultista, mágico, esotérico de aquel fenómeno despierta el interés de muchos. La televisión se ha ocupado de ello a menudo, y en el último año por lo menos dos libros han tenido en Italia cierta difusión (Marco Dolcetta, Nazionalsocialismo esoterico, Cooper Castelvecchi, Roma 2003; Mel Gordon, Il mago di Hitler. Eric Jan Hanussen: un ebreo alla corte del Führer, Mondadori, Milán 2004).
Giorgio Galli es autor de muchos ensayos, algunos de los cuales tratan de esoterismo y política, como La politica e i maghi, Rizzoli, Milán 1995; Politica ed esoterismo alle soglie del 2000, Rizzoli, Milán 1992; Appunti sulla new age, Milán 2003, en donde analiza este movimiento cultural partiendo incluso de documentos pontificios. Le hemos planteado algunas preguntas.
En su ensayo sobre Nazismo magico halla usted un “puente esoterico” entre Inglaterra y Alemania, entre teorías y sociedades esotéricas y ocultistas presentes en ambas naciones entre los siglos XIX y XX. Un puente que alcanza también a los fundadores del nazismo. ¿De qué se trata?
GIORGIO GALLI: Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX recobraron vigor las tradiciones esotéricas, tanto en Alemania como en Inglaterra. Existió ya precedentemente un “puente esotérico” entre los dos Estados, el de los rosacruces, que se remonta al siglo XVII, en el cuadro de una cultura ocultista no ajena a la Guerra de los Treinta años que devastó a Alemania. En los últimos decenios del siglo XIX las relaciones entre grupos esotéricos ingleses y alemanes vuelven a adquirir fuerza, y se establecen estrechos vínculos entre personas influyentes –según una concepción “mágica” de la realidad–, que se transmiten durante las dos generaciones siguientes. Hay también elementos inquietantes en esta restauración. Uno de ellos era la llamada “magia sexual”, es decir, la consecución de poderes “especiales” con las prácticas sexuales: en 1888, el año después de la fundación de la Hermetic Orden of the Golden Dawn, en Londres se dieron una serie de horrendos crímenes sexuales, los de Jack el Destripador. El misterio sobre su persona continúa aún hoy. Algunos personajes y algunas relaciones marcan significativamente este renacimiento de la cultura esotérica en Europa, como el encuentro en Londres entre el ocultista francés Eliphas Levi, pseudónimo bíblico de Alphonse-Louis Constant, un ex seminarista que luego se hizo revolucionario en París en 1848, y Edward Bulwer-Lytton, que tendrá un papel crucial en la evolución de la sociedad rosacruciana en la hermética Golden Dawn. Después de varias peripecias entre actividades políticas y ocultistas, Levi escribirá un libro, La razza ventura, en el que habla de la forma de energía, el “Vril”, que dará el nombre a una sociedad que, junto a la actividad del fundador del Instituto de geopolítica de Berlín, Karl Haushofer, ofrecerá una aportación fundamental a la elaboración de la ideología nazi por lo que respecta a la idea de raza aria y de “espacio vital”, el Lebensraum.
¿Cuáles son las bases culturales y las teorías comunes de estos grupos?
GALLI: Ante todo, una concepción según la cual la historia que conocemos es sólo una parte de la historia de la humanidad. Sólo algunas élites de iniciados conocen “toda” la historia. La historia antiquísima de civilizaciones puras e incorruptas. Este saber y estos conocimientos, a los que es posible acceder con prácticas y ritos ocultistas, transmiten un poder especial a los iniciados, que han de desarrollar incluso un papel político para administrar el futuro de una humanidad caída a la que hay que devolverle las dotes y las características que ha ido perdiendo con el tiempo. Los componentes de estas sociedades se consideran, pues, depositarios de una antigua sabiduría primordial que se manifiesta a menudo en ritos especiales. Un hecho interesante es que algunos adeptos de grupos esotéricos desarrollan labores incluso en los servicios secretos de sus países. Un personaje clave en este sentido es el alemán Theodor Reuss, de la sociedad ocultista Ordo Templi Orientis, maestro del inglés Aleister Crowley. Crowley, también él maestro de ocultismo y al mismo tiempo agente de los servicios secretos ingleses, a finales del siglo XIX se adhirió a la célebre Golden Dawn –una derivación, como se ha dicho, de la Sociedad rosacruciana– y luego funda una sección inglesa del Ordo Templi Orientis. La Golden Dawn está a su vez ligada a asociaciones alemanas relacionadas con la doctrina secreta de la rusa madame Elena Blavatski –fundadora en Nueva York de la Sociedad teosófica, en 1875– y con la antroposofía de Rudolph Steiner.
Pero los acontecimientos de Hitler y el nazismo tuvieron lugar posteriormente…
GALLI: Mi hipótesis es que este “puente”, que, como he explicado, unía la cultura esotérica, las órdenes herméticas y los servicios secretos ingleses y alemanes entre los siglos XIX y XX, continuó existiendo incluso en el período inmediatamente posterior, de modo que la formación intelectual de Hitler y de una parte del grupo dirigente nazi ocurrió en este tipo de cultura ocultista. He recogido datos que me permiten incluso decir que este grupo, una vez instaurado el Tercer Reich, discute sobre cómo llevar a cabo una estrategia derivada de aquella cultura, es decir, la reconquista de la “sabiduría aria”. Del mismo modo puedo afirmar que la decisión hitleriana de entrar en guerra convencido de que Inglaterra no iba a intervenir puede comprenderse según aquella cultura esotérica, de la que estaban informados personajes de la cúspide política inglesa. Toda la historia del nazismo, a mi parecer, ha de ser interpretada teniendo presente también este factor.

Arriba, Hitler reconstituye el Partido Nacionalsocialista (ilegalizado tras el putsch de 1923), Múnich 1925; el primero por la izquierda es Alfred Rosenberg; el primero por la derecha es Heinrich Himmler, jefe de las SS desde 1929, ideador y organizador de los campos de exterminio; debajo, el ocultista Aleister Crowley, agente de los servicios secretos ingleses y miembro de la Golden Dawn

Arriba, Hitler reconstituye el Partido Nacionalsocialista (ilegalizado tras el putsch de 1923), Múnich 1925; el primero por la izquierda es Alfred Rosenberg; el primero por la derecha es Heinrich Himmler, jefe de las SS desde 1929, ideador y organizador de los campos de exterminio; debajo, el ocultista Aleister Crowley, agente de los servicios secretos ingleses y miembro de la Golden Dawn
¿Cómo entró Hitler en contacto con las experiencias esotéricas? ¿Quiénes fueron sus mentores?
GALLI: El punto de referencia inicial fue la revista Ostara, de la que Hitler fue asiduo lector durante sus años vieneses. La publicación –que toma su nombre de una antigua diosa germánica de la primavera y que, por consiguiente, denota su conexión con la tradición nórdica y con las viejas deidades paganas anteriores a la difusión del cristianismo en Alemania– fue fundada en 1905 por un ex fraile, Jörg Lanz von Liebenfels, quien, entre otras cosas, creó una sede en Werfenstein, el “Castillo del orden”, donde probablemente, con el apoyo económico de industriales, comenzó a patrocinar una organización fundada en la teoría de la superioridad de la raza aria. Otro punto de referencia para la formación esotérica del futuro Führer es Rudolf von Sebottendorff, estudioso de cábala, de textos alquímicos y rosacrucianos, de prácticas ocultistas de los derviches, y promotor, en 1918 en Múnich, de la Thule Gesellschaft, asociación derivada de la Germanorden, una sociedad nacida en los años diez fuertemente caracterizada por elementos de antisemitismo y racismo. En torno a la Thule gravitan Hitler, Rudolf Hess, Karl Haushofer y Hans Frank, el futuro gobernador general de Polonia. Es una asociación en la que dominan la cultura ocultista y las doctrinas secretas que maduraron en los decenios anteriores. La Thule –la mítica Atlántida, patria de los Hiperbóreos– fue, pues, la matriz del grupo de intelectuales que dieron origen al nazismo. Von Sebottendorff, entre otras cosas, publica en 1933 un libro, Prima che Hitler venisse, en el que, con el deseo de reavivar el debate en torno a los orígenes esotéricos del nazismo, cuenta que fue el maestro ocultista del Führer. Pero aquel grupo de intelectuales que entonces estaba en el poder, había decidido hacía tiempo que convenía mantener ocultos los elementos esotéricos y ocultistas y colocar en primer plano la organización política. Hitler, por lo demás, el año de la publicación del libro de Von Sebottendorff, es ya canciller del Reich. El libro, pues, fue retirado de las librerías.
¿Cuáles son las características fundamentales del grupo esotérico al que pertenecía Hitler?
GALLI: Hay que decir antes que una de las dificultades del trabajo en este campo consiste en que la historiografía oficial, la académica, se ocupa poco de estas cosas. El trabajo en el sector de la cultura esotérica a veces se deja a estudiosos minoritarios o incluso a personajes muy extravagantes, que a menudo hacen investigaciones marginales. El que la historiografía oficial no se comprometa en esta dirección hace más difícil encontrar documentos . Estoy convencido de que si se interesara más, algo se encontraría. Pero respondo a su pregunta. He aludido a la civilización y a patrimonios de saber antiquísimos –Atlántida es la referencia más importante–, es decir, al componente cultural basado en la historia-ficción, en la geografía-ficción, en la cosmogonía-ficción y en las leyes ocultas que las sustentan. Hitler considera que las razones que fundan su acción política están en aquel lejano pasado, en una sabiduría mágica que hay que recuperar y en la que reside el instrumento para forjar el luminoso futuro. El grupo de intelectuales de la Thule que en los años veinte decide la transformación de la secta ocultista en partido político de masa cree profundamente estas cosas. Hay, pues, dos dinámicas: la profunda persuasión de los iniciados que trabajan en estos grupos y, al mismo tiempo, cierta influencia que, por motivos ya suficientemente estudiados, estos ejercen en ciertos momentos históricos en los movimientos políticos. Hitler, Himmler, Hess, Rosenberg, Frank: todos ellos se consideran herederos de una antigua sabiduría que les permitirá convertirse en los constructores de una nueva civilización. Hay que decir que incluso un historiador estimado y “tradicional” ha dado crédito a algunos de estos filones esotéricos: se trata de George Mosse, quien en los Origini culturali del Terzo Reich indica explícitamente en el esoterista Guido von List y en su simbología rúnica uno de los puntos de referencias de Hitler. De las runas estudiadas por Von List procede la sigla de las SS, las milicias que Himmler utilizará para realizar sus proyectos elaborados en el ámbito de la cultura ocultista.

Arriba, Adolf Hitler con Rudolf Hess en una foto de 1939; debajo, algunos militares ingleses quitan los restos del aeroplano con el que en mayo de 1941 Hess voló a Gran Bretaña para buscar un acuerdo poco antes de la invasión alemana de Rusia

Arriba, Adolf Hitler con Rudolf Hess en una foto de 1939; debajo, algunos militares ingleses quitan los restos del aeroplano con el que en mayo de 1941 Hess voló a Gran Bretaña para buscar un acuerdo poco antes de la invasión alemana de Rusia
A Hitler a veces se le describe como un hombre ignorante, un hombre sin cualidades. ¿Cómo consigue imponerse en el grupo esotérico del que formaba parte?
GALLI: La tendencia a pintarlo como un ignorante está muy difundida. También lo hace Joachim Fest, biógrafo del Führer, asesor de la última película sobre Hitler salida en Alemania, Der Untergang (La caída). Fest ha realizado una excelente biografía de Hitler, pero tiende a presentarlo como un líder de cantina y hombre de escasas lecturas, limitadas solo a opúsculos de propaganda antisemita. Esto no es exacto. Hitler había leído a Nietzsche y Schopenhauer. Destaca en el grupo de Rosenberg, Hess, Himmler, Frank porque posee dos características que pueden incluso prescindir de la cultura esotérica. Es un orador muy eficaz y un hábil organizador. Quizá aprendió del mago Hanussen la primera característica, esa forma casi hipnótica de comunicar. Sabemos con seguridad que Hitler tomaba clases de dicción de Hanussen. Pero de aquel mago aprendió algo más. Hanussen era un personaje dotado de capacidades hipnóticas, y el libro de Mel Gordon reconstruye bastante bien esto. En Mein Kampf Hitler propone, además de una ideología esotérica, también programas organizativos precisos, que dan la idea de haber sido elaborados por un buen político. Himmler, el burócrata del exterminio, posee características organizativas similares, pero no es para nada un buen comunicador. Como tampoco lo es Hess. Rosenberg es sólo un escritor muy eficaz… De este grupo ligado a la cultura esotérica ninguno tenía, en definitiva, las dos dotes específicas que poseía Hitler.
En Mein Kampf se indican los objetivos que Hitler se fijaba: la creación de una Eurasia de confines orientales indefinidos, un “condominio” mundial con Inglaterra…
GALLI: Sí, es una estrategia esotérica en la que se entrelazan ocultismo y geopolítica. Es Haushofer quien elabora las teorías sobre el “espacio vital”. Basándose en consideraciones místicas y espirituales según las cuales era la nación alemana el centro del mundo, pero también haciendo referencia a otros teóricos de geopolítica –como el inglés Halford John Mackinder, que había identificado el “corazón de la tierra” en Europa oriental y en la Rusia europea–, Haushofer está convencido de que para reconstituir la civilización aria es necesario construir una gran área que vaya desde Europa occidental hasta los Urales. El espacio vital –el Lebensraum– de la nueva civilización aria. Alemania es el fundamento de esta colocación política previa a la creación de una nueva civilización y un nuevo hombre que recupere las antiguas virtudes perdidas. Los judíos, que poseen un sueño de hegemonía mundial de signo contrapuesto, han de ser primero marginados, y luego eliminados. Por consiguiente, el Drang nach Osten nace de este proyecto de naturaleza esotérica.
Pero entre los altos cargos del Tercer Reich hay hombres que no comparten la cultura de Hitler y sus compañeros…
GALLI: Es cierto, pero también estos están influidos por el ocultismo: el pragmático Göring se interesa por la teoría de la “tierra hueca”, Goebbels siente curiosidad por Nostradamus… Y de todos modos Goebbels y Göring comparten el programa de Hitler precisamente porque están sugestionados por sus convicciones esotéricas.
Llegamos al viaje de Hess a Escocia en mayo de 1941. También inducido por una señal esotérica…
GALLI: El proyecto de condominio con Inglaterra sobre el Lebensraum como premisa para la construcción de una nueva humanidad no fue nunca abandonado, ni siquiera tras el comienzo de la guerra, cuando era evidente que la deseada neutralidad de Gran Bretaña no se había realizado. El “puente” estaba todavía en pie. Por lo demás, también el episodio de los tanques que se detuvieron en Dunkerque en el 40 permitiendo que huyeran los anglofranceses puede interpretarse en esta clave: el intento de alcanzar un acuerdo con interlocutores esotéricos presentes en la isla. El 10 de mayo de 1941 Hess vuela a Escocia para tratar de convencer a estos interlocutores de que no intervinieran en el momento de la invasión de la URSS. Probablemente quiere verse con los herederos de sociedades del tipo de la Golden Dawn, que tienen relaciones con la Casa real y con quienes se puede discutir. De todos modos, es al duque de Hamilton a quien busca Hess. Es una persona de confianza del rey de Inglaterra. Es filonazi y desde hace tiempo tiene relaciones con Hess y los altos mandos del Reich. La decisión de realizar este viaje nace probablemente tras un debate en el ámbito de los altos cargos esotéricos nazis, de modo que es plausible que Hitler estuviera al corriente. La operación fue cubierta por una impresionante operación de desinformación. Pero Hess y los nacionalsocialistas se hacen demasiadas ilusiones: este “puente” existe todavía, pero es ya demasiado débil para que pueda pasar sobre él una especie de acuerdo entre Alemania e Inglaterra sobre el Drang nach Osten. En mayo del 41 también los aristocráticos ingleses están ya “resignados” a tener que hacerle la guerra a Alemania.

Hans Frank, gobernador de Polonia en los años del Tercer Reich, formó parte del grupo que giraba en torno a la asociación esotérica Thule Gesellschaft,
la matriz del grupo de intelectuales que dio vida al nazismo

Hans Frank, gobernador de Polonia en los años del Tercer Reich, formó parte del grupo que giraba en torno a la asociación esotérica Thule Gesellschaft, la matriz del grupo de intelectuales que dio vida al nazismo
En su libro explica usted que hasta el último momento Hitler trató de alcanzar un acuerdo con Inglaterra.
GALLI: Sí. Después de la derrota en Rusia, en vez de afrontar la contraofensiva rusa, Hitler traslada sus divisiones acorazadas al frente occidental. La táctica es siempre la misma: «Obligar a Inglaterra a la paz con la fuerza», como parece que dijo él mismo. Cree firmemente hasta el final que el “puente” esotérico puede reconstruirse.
¿Cómo es posible que de experiencias esotéricas se consiga alcanzar un poder tan grande como el que tuvieron Hitler y sus socios en Alemania?
GALLI: Yo he tratado siempre de evitar privilegiar exclusivamente la clave interpretativa del esoterismo para explicar ciertos hechos. Es, sin duda alguna, como ya he dicho, un aspecto importante y descuidado. Pero Hitler alcanza el poder por razones que la historiografía ha estudiado abundantemente ya, y que yo no pongo en discusión: la humillación alemana tras la Primera Guerra Mundial, las frustraciones derivadas de la derrota y del Tratado de Versailles, la crisis económica del 29 que produce 6 millones de parados, la política de Weimar que no consigue dar una respuesta eficaz a estos problemas. Estas son las razones principales que le permitieron a Hitler tomar el poder. Hitler consigue hacer frente al paro incluso antes del rearme, con las grandes obras públicas, aceptando los consejos del financiero y político Hjalmar Schacht, un keynesiano. Por lo demás, en Mein Kampf Hitler presenta un proyecto político que tiene puntos normales, como, por ejemplo, la lucha contra el desempleo.
August von Galen, obispo de Münster durante el período nazi, definido por el New York Times como «el opositor más empedernido del programa nacionalsocialista anticristiano», habló del nazismo como de un «engaño religioso»…
GALLI: En cierto modo lo es. Por lo demás, también Pío XI mostró su gran preocupación con la publicación de la Mit Brennender Sorge. Hablaba de neopaganismo. En realidad se puede hablar de algo más que de neopaganismo. Todas las ceremonias nacionalsocialistas calcan un modelo religioso: las luces, el Führer apareciendo como una mágica agnición. Todo tiene un carácter de liturgia mágica.
Parece que incluso Churchill, el gran opositor a los programas esotéricos del Führer, no desdeñaba la compañía de ocultistas…
GALLI: En mi libro La politica e i maghi [una nueva edición está a punto de ser publicada por la editorial Lindau, n. de la r.] explico que también Churchill recurría a los videntes. Churchill era un conservador absoluto y un anticomunista absoluto. No olvidemos que colaboró con el Popolo d’Italia de Mussolini. En su visión del mundo sólo los pueblos de lengua inglesa están a la altura de la democracia. Para los demás pueblos cualquier otra forma de gobierno está bien. Para él la historia de Occidente coincide con la historia de los pueblos anglófonos. Hitler, pues, también pudo gustarle, como les gustaba a ciertos sectores conservadores de la sociedad inglesa. Pero, en mi opinión, él tenía relaciones con sociedades esotéricas inglesas que le habían proporcionado información sobre la “contrainiciación del Führer”.

Karl Haushofer, fundador del Instituto de Geopolítica de Berlín y principal ideador de la teoría nazi del Lebensraum, el “espacio vital”

Karl Haushofer, fundador del Instituto de Geopolítica de Berlín y principal ideador de la teoría nazi del Lebensraum, el “espacio vital”
¿Es decir?
GALLI: En la cultura esotérica existe una diferencia fundamental entre “iniciación” y “contrainiciación”. La iniciación ­­–la masónica, para entendernos– es positiva. La contrainiciación, en cambio, tiene algo diabólico: Churchill había aprendido que Hitler era un “contrainiciado”. Por consiguiente, Churchill, estando al corriente de los precedentes “esotérico-diabólicos” de la contrainiciación de Hitler, temía que detrás de los objetivos negociables –mano libre en Europa y en el Este para Alemania y garantía de continuidad para el Imperio inglés–, que para él eran probablemente aceptables, hubiera finalidades no negociables: el imperio del mal. Hitler no quería sólo un imperio de tipo geopolítico. Quería un imperio sobre las conciencias, fundado en una serie de valores que incluso el conservador Churchill veía como negativos y no tratables. Lo cierto es que la profecía hitleriana sobre el final del imperio británico se realizó en lo esencial. Hitler profetizó que Churchill destruiría el imperio inglés y entregaría el trono imperial a Estados Unidos.
Una última pregunta, profesor. René Girard ha dicho recientemente en una entrevista que «el desprecio nazi por la ternura cristiana hacia las víctimas no ha salido de la historia». El profesor francés también ha afirmado que teme que «en el futuro alguien tratará de reformular el principio de manera más politically correct, a ser posible con visos de cristianismo». ¿Qué opina?
GALLI: Girard es un gran estudioso, documentado y con muchísimas intuiciones. Creo que es posible pensar en un nazismo “con visos de cristianismo”, porque además el nazismo con sus características específicas es irrepetible. Yo no creo que la democracia representativa pueda entrar en crisis debido a movimientos autoritarios como los de los años veinte y treinta. No serán declarados ilegales los partidos, quedarán garantizadas en cierta medida las libertades civiles pero, al mismo tiempo, podría correrse el riesgo de que de la democracia quedaran sólo las fórmulas y se perdieran las sustancias. Podría darse una no-democracia maquillada de democracia. Del mismo modo, la intuición de Girard es plausible: así como es posible que una antidemocracia se presente con modalidades aparentemente democráticas, también es posible que un anticristianismo que desprecia a las víctimas como hizo el nazismo en realidad pueda actuar arropado con formas cristianas. No quisiera adentrarme demasiado en un campo que no conozco, pero sé que existen, y están cada vez más difundidas, publicaciones que expresan tendencias que yo creo que pueden ser definidas de “integrismo apocalíptico”. Estas tendencias podrían de alguna manera conformar un riesgo como el referido por Girard. Algunas características aisladas que concurrieron a la difusión del nazismo podrían volver a aparecer en este contexto.

http://www.30giorni.it/articoli_id_5357_l2.htm

Luz sobre la New Age: ¿Por qué pone nerviosos a religiosos y científicos?

Claves sobre un movimiento filosófico y espiritual surgido en las últimas décadas




Suele entenderse por New Age a una corriente espiritualista super-optimista y bastante individualista que combina tradiciones diversas, orientales (sobre todo) y occidentales. Pero, ¿en qué consiste este fenómeno, en sentido amplio? La corriente New Age (que quizás sería mejor traducir al castellano como Nueva Era) es un movimiento filosófico y espiritual surgido en las últimas décadas, que posee la virtud de poner nerviosos e intrigar a la vez a las personas de orientación científica y a los creyentes de las religiones tradicionales, un tema, por tanto, nada frívolo. Por José Luis San Miguel de Pablos.



Stonehenge y otros lugares antiguos son reverenciados por muchos de los practicantes de la espiritualidad New Age. Fuente: Wikimedia Commons.
Stonehenge y otros lugares antiguos son reverenciados por muchos de los practicantes de la espiritualidad New Age. Fuente: Wikimedia Commons.
En sentido restringido y tópico, se entiende por New Ageesa corriente espiritualista super-optimista y bastante individualista que combina tradiciones diversas, orientales (sobre todo) y occidentales, y que se visibiliza en ciertas librerías en las que, además de libros, se venden objetos variopintos (cristales sanadores, gongs y carrillones, cuencos tibetanos, tarots y otros juegos de cartas adivinatorias...) y se anuncian cursos y conferencias sobre temas tales como la sanación espiritual, el recuerdo de vidas anteriores, los centros sutiles de energía (o chakras), etc. 

En este mismo sentido, el término también se asocia con un género músical extremadamente suave y etéreo que confina a veces con algunas músicas étnicas (la celta sobre todo). Casi se podría decir que, en este sentido restringido y superficial, la New Age se reduce a poco más que una red comercial pintoresca. 

A un nivel que se puede considerar intermedio, se asocia mucho la New Age al libro de Marilyn Ferguson La conspiración de Acuario, publicado en los Estados Unidos en 1980. Con el subtítulo “Hacia un nuevo paradigma”, jugó en cierto modo el papel de manifiesto del movimiento, además de exponer una hipótesis sobre su manera de expandirse. 

La referencia al signo de Acuario tiene que ver con una teoría astrológica según la cual la constelación zodiacal en la que se encuentra el Punto Equinoccial Vernal define la cultura de una larga época (“Era Zodiacal”) de más de dosmil años de duración. 

Dicha constelación ha sido la de Piscis desde el comienzo de la Era Cristiana, y -debido al fenómeno astronómico conocido como precesión de los equinoccios- pasará a ser la precedente, la del Aguador o Acuario, a partir de una fecha indeterminada pero cercana en todo caso. 

Quizá interese señalar que, mientras que los que se ocupan de manera seria de la astrología coinciden de forma generalizada en que el significado de Piscis concuerda a la perfección con los valores y modos de vida cristianos, en positivo y en negativo, su acuerdo no es ni mucho menos unánime en lo que se refiere a la correspondencia de Acuario con la totalidad de los valores de la Nueva Era fergusoniana, que no integra lo suficiente el tecnologismo y la falta de calidez que se atribuyen al signo en la astrología contemporánea. 

Apoyándose en una investigación de tipo encuesta que había llevado a cabo, la Ferguson aseguraba que se había constituido en los últimos tiempos, de forma espontánea, una red de millones de personas que, en ruptura clara con las ideas antiguas y dogmas en que habían sido educadas, compartían vivencialmente -y normalmente sin conocerse- una visión del mundo nueva que se orientaba a su propia transformación espiritual (Ferguson dice “de la conciencia”) y, a partir de ahí, a un cambio radical de la política, la economía y, en una palabra, de la sociedad a nivel mundial. 

En sentido amplio, que es el que considero digno de auténtico interés y que será, por tanto, el que trataré aquí, la corriente New Age (que quizás sería mejor traducir al castellano como Nueva Era) es un movimiento filosófico y espiritual surgido en las últimas décadas, que posee la virtud de poner nerviosos e intrigar a la vez a las personas de orientación científica y a los creyentes de las religiones tradicionales. 

Es plural, ciertamente, pero ni mucho menos tan incoherente como algunos afirman, ya que su sincretismo -que es uno de sus principales rasgos- incide especialmente en la detección de homologías entre tradiciones diversas. Homologías que vengan a apoyar ciertas intuiciones o, si se quiere, apuestas metafísicas que, pese al pluralismo intrínseco, comparten la gran mayoría de las personas afines al movimiento. 

Entre esas intuiciones se pueden citar: la sacralidad de la Naturaleza, guardando estrecha relación con una idea de lo divino panteísta o panenteísta, la cual es a su vez compatible con la creencia -no general, pero sí muy extendida- en entidades personales -o que se manifiestan como si lo fueran- formando una jerarquía de seres; la creencia fundamental en el alma, no sólo humana sino presente universalmente, en su preexistencia y supervivencia, casi siempre a través de la reencarnación; la fundamentalidad de la consciencia (y no de la materia), considerada como esencial a -o incluso definitoria de- la Realidad; la creencia en las correspondencias universales, correlativa al principio de “todo está (o resuena) en todo”, lo que (ligado al punto anterior) explica la generalizada creencia en la astrología, así como en procedimientos oraculares (Tarot, I Ching, etc.) y en las sincronicidades; y asimismo la convicción de que la física cuántica lleva agua a su molino, convicción esta arraigadísima y que molesta sobremanera a una parte considerable del mundo científico..., en tanto que otra, minoritaria pero detectable, parece haber optado por la coexistencia incluso dialogante. 

De hecho, pienso que el corpus de convicciones que mayoritariamente se comparten en el seno del movimiento New Age (en sentido amplio) posee en conjunto una notable coherencia. Hasta el punto de que si se tratase de un movimiento organizado, sin duda estaríamos ante una religión mundial de fuerza considerable, pero como no es algo centralizado sino plural y disperso, de lo que se puede hablar es de movimiento. No es menos fuerte, aunque lo parezca a primera vista. Y tiene la ventaja de fluir con mayor espontaneidad. 

Raíces y conexiones 

Las fuentes que alimentan un movimiento tan amplio como el de la Nueva Era son múltiples, pero si tengo que esquematizar y simplificar (cosa imprescindible en un artículo como este), las resumiré en cuatro: 1. El renacer del esoterismo que se produjo, con distintos matices, en Europa y América a partir de finales del siglo XIX; 2. El “descubrimiento” por Occidente del hinduismo, el budismo y el taoismo, que desde esa misma época ha conocido al menos dos momentos culminantes; 3. La renovación del interés por las tradiciones paganas europeas (griega y celta especialmente), así como por corrientes filosóficas como el Hermetismo y el Pitagorismo; 4. El interés, más reciente, por el chamanismo y las creencias animistas de los “pueblos primitivos”, en conexión con la alta valoración de lo natural y ecológico en versión espiritualista (que abarca desde una biofilia que parte de reconocer el alma en todos los seres vivos, hasta el apoyo a la concepción conocida como “Gaia fuerte” y el redescubrimiento del Alma del Mundo). 

Me referiré a ellas someramente. 

1. Inspiradas tanto en Oriente como en tradiciones filosófico-místicas occidentales, las sociedades esotéricas proliferaron -y lo hacen aun- en países como Francia (donde las referencias a “la Tradition” apuntan normalmente al tradicionalismo esotérico occidental y no al católico ultramontano, como en España), Inglaterra y los Estados Unidos, entre otros. Constituyen en conjunto un campo cuyas conexiones con la francmasonería de orientación espiritualista (que no incluye a la totalidad de las obediencias masónicas) son reales en algunos casos e inexistentes en la mayoría. 

Puede afirmarse sin lugar a dudas que las acusaciones de “satanismo” que a veces se lanzan sobre estas agrupacionas son calumnias burdas. Muy al contrario, sus integrantes son en general personas idealistas, quizás algo ingenuas, pero poseedoras en todo caso de una buena voluntad que a uno le gustaría encontrar también en sus acusadores. 

Es de todo punto imposible no mencionar la Sociedad Teosófica, fundada en 1875 por Helena Blavatsky y el coronel Olcott. Incluso antes de entrar en la descripción, necesariamente super-resumida, de sus contenidos doctrinales, quiero señalar que esta asociación y sus miembros y simpatizantes, los teósofos (también conocidos como teosofistas, sobre todo por sus adversarios), tuvo una implantación considerable en España hasta la Guerra Civil. 

Es este un dato de nuestra historia cultural que se conoce poco. Numerosos teósofos participaban asiduamente en los ateneos, incluidas sus juntas directivas; su presencia en la prensa era asimismo cosa común, y muchos de ellos estaban ligados a la Institución Libre de Enseñanza, ya que en cuanto a ideas metafísiscas de fondo, la Teosofía tenía bastante en común con el krausismo. 

Algunos estaban también vinculados a la francmasonería, y en particular a la Gran Logia, más espiritualista que el Gran Oriente. La heterodoxia de este grupo no sólo era muy mal vista por los católicos conservadores (que es tanto como decir la aplastante mayoría de los católicos de la época) sino también por los intelectuales materialistas, de modo que, pese a ser los teósofos españoles republicanos en su gran mayoría, se vieron en cierto modo obligados a formar parte de la “tercera España”. 

Pero eso se acabó de todos modos al acabar la Guerra Civil, cuando los vencedores fusilaron (hay varios casos), encarcelaron y persiguieron implacablemente a los teósofos, a los que asimilaron a los masones, además de catalogarlos en el ítem de “herejes peligrosos varios”. 

Por lo que se refiere a la parte doctrinal, la Sociedad Teosófica ha suministrado desde su fundación todo un catálogo de creencias espiritualistas alternativas a las cristianas tradicionales, en un contexto de enfrentamiento paralelo con el materialismo filosófico: la reencarnación tal vez como creencia axial, ligada a una versión simplificada de la doctrina del karma y apuntando a una evolución del espíritu individual (el “yo superior” o “mónada”), en lo que -junto a la inspiración hindú explícita- se aprecia una clara influencia neoplatónica; los diferentes planos del mundo, o “niveles de vibración”, cada uno de ellos vinculado a una función psíquica (en sentido prácticamente idéntico al de las cuatro funciones de Jung, que no era teósofo pero que sí es un gran referente para la New Age en su totalidad): plano físico ‒ sensaciones, plano astral ‒ emocionalidad, plano mental ‒ pensamiento, plano causal ‒ intuición. 

Las peticiones de principio fideístas siempre han sido notorias, especialmente en el primer medio siglo de la historia de la S.T., época en la que las “percepciones clarividentes” de miembros destacados de la Sociedad constituían una fuente sumamente importante de contenidos, y en la que el anuncio de la venida de un gran Instructor del Mundo, en la persona del joven Jiddu Krishnamurti [1], se convirtió durante algunos años en el eje principal de la actividad teosófica. 

No obstante lo cual, que pertenece al debe de la “teosofía”, ésta cuenta también con un haber innegable si se la considera con objetividad: los teósofos han mantenido siempre un compromiso firme a favor de la libertad religiosa y política en todas partes, incluida España, y se destacaron asimismo en el combate por la eliminación de las castas y el derecho a la independencia en la India, el país donde se encuentra su sede central. Allí, la histórica Annie Besant, secretaria general de la Sociedad e inglesa de nacimiento, lideró al lado de Gandhi la lucha contra el colonialismo en los años 20-30, lo que la hizo pasar por la cárcel y la llevó a asumir durante un cierto tiempo la dirección del Partido indio del Congreso. 

De la Sociedad Teosófica nacieron otras agrupaciones espiritualistas, de las que la principal es seguramente la Antroposofía de Rudolf Steiner, escritor, filósofo y pedagogo alemán. Steiner pone mayor énfasis que los teósofos clásicos en la figura y el papel de Jesús, y tiende en cierto modo puentes hacia el cristianismo sin renunciar al universalismo ecléctico, que es asimismo un rasgo básico tanto de la Teosofía blavatskiana como de la New Age. 

La concepción de Steiner, auténtica tesis teológica que expone en su libro El impulso del Cristo y la conciencia del Yo, es que un impulso trascendente orientado en último extremo a la elevación del nivel de consciencia de toda la Humanidad, fue recibido libremente por Jesús de Nazaret en el momento de su bautismo en el Jordán, que fue cuando, por así decir, se cristificó. 

Pero ese impulso debe alcanzar a la Humanidad entera, de modo que todos sus integrantes -y ella misma como un todo- tomen consciencia de su divinidad inmanente, una consciencia -necesariamente amorosa- de la que Jesús habría sido punta de lanza. Con ello su divinidad queda obviamente afirmada, pero ya no es exclusivamente suya sino algo a extender y a compartir con todos en la consciencia (pues en esencia ya se comparte). 

Rudolf Steiner fue además el creador de la pedagogía Waldorf, de la que Wikipedia: 

La pedagogía Waldorf tiene sus raíces en la investigación del esoterista y pensador austríaco Rudolf Steiner (1861-1925). La educación que recibieron los niños que acudieron a la primera escuela libre Waldorf (Stuttgart, 1919) fue tan innovadora y evolucionada que pronto comenzaron a surgir estas escuelas por toda Alemania, y luego el movimiento se extendió por el resto de Europa y el mundo. Durante el régimen nazi las escuelas Waldorf fueron prohibidas, pero volvieron a abrirse después de la Segunda Guerra Mundial, y hoy en día hay cerca de 3000 escuelas que aplican los métodos Waldorf en más de 90 países. La UNESCO apoya y promueve esta pedagogía, destacando positivamente una educación que se logra sin descuidar los aspectos relativos a la salud física y emocional. 

Al margen de las organizaciones cuya matriz es la Sociedad Teosófica, hay que destacar los grupos esotéricos franceses martinistas, que se reclaman herederos del legendario Claude de Saint-Martin, y las asociaciones Rosacruces, cuyas creencias -al igual que las de los anteriores- son indistinguibles de las teosóficas y que, con toda probabilidad, carecen de vínculo con el histórico a la vez que enigmático movimiento centroeuropeo del siglo XVII.

2. El hinduismo transmitido por la Sociedad Teosófica estuvo siempre un tanto simplificado y distorsionado. Pero en la última década del siglo XIX, un hindú auténtico, afín a la corriente yóguica y máximo exponente de lo que se conoce como neohinduísmo, asumió la tarea de dar a conocer la filosofía mística de los Vedas a los occidentales. 

Esa persona fue Vivekananda, discípulo del célebre místico Ramakrishna, el mismo que tras haber asumido temporalmente el Islam y el cristianismo, además de varias corrientes del hinduísmo, afirmaba que partiendo de no importa qué fe religiosa se puede alcanzar igualmente la Iluminación y la unión con lo Divino. 

La actividad divulgativa de Vivekananda se inició con su participación en el Congreso Mundial de las Religiones celebrado en Chicago en 1893, un acontecimiento de gran trascendencia que fue, de hecho, el punto de partida de todos los diálogos interreligiosos posteriores. Representó al hinduísmo, y sus intervenciones tuvieron un gran eco en la prensa estadounidense, que le definió como el orador más brillante e interesante de cuantos intervinieron. Al acabar el Congreso se quedó en Estados Unidos y no volvió a la India hasta 1897. Durante su estancia en América dio a conocer en profundidad las diferentes clases de yoga, así como la filosofía cumbre del hinduismo: la doctrina advaita (no dualidad). 

Nada más volver a India, Vivekananda fundó la Misión Ramakrishna, que sigue existiendo y tiene por objeto difundir por todo el mundo la filosofía hindú advaita así como los yoga de manera rigurosa, dentro del más estricto respeto a las fes diferentes, tal como siempre había recalcado Ramakrishna. Vivekananda falleció en 1902. En la India es considerado una gloria nacional, no sólo en los planos intelectual y espiritual, sino también en el político, ya que fue uno de los primeros en comprometerse activamente en el combate por la libertad nacional y contra la prevalencia de las castas, que su neohinduismo (el mismo de Gandhi) no admite en absoluto. 

A lo largo del siglo XX, un interés por el hinduismo que ya no era etnográfico y académico como lo había sido con anterioridad, sino de fondo, se intensificó en Occidente. Dos referentes clave de la primera mitad del siglo, muy distintos entre sí, son Ramana Maharshi -un místico genuino, que dio a conocer el escritor Paul Brunton- y Aurobindo, interesantísimo intelectual neohinduista preocupado por igual por la transformación espiritual del individuo y del mundo. 

Pero fue en los años 60 y 70 cuando se puso de moda espectacularmente la India de los gurús. En esa moda hubo de todo, superficialidad, frivolidad y fraude, como se ha repetido hasta la saciedad, y también interés auténtico e individuos valiosos (aunque no es fácil decir cuántos). Pero de lo que no cabe duda es de que en esos años se fijó la imagen orientalizante tópica de la New Age. 

¿Y el budismo? En contra de una opinión extendida, no creo que sea un componente relevante de lo que -yo al menos- entiendo por New Age. Diría que el budismo, que cada vez está más presente en Occidente, se lleva bien con la New Age (¡como con casi todo el mundo!), pero no es la New Age. Además la existencia del Dalai Lama le aporta un liderazgo. 

El budismo también es plural internamente, como es bien sabido, pero la versión de las corrientes Mahayana y Tantra que han llegado a Occidente son casi pura filosofía de vida, meditativa y ascética, con -por añadidura- un bagage conceptual y un lenguaje muy difíciles. Y la creencia compartida en la reencarnación y algunas cosas más no es suficiente para que converja con una concepción del mundo tan barroca y vitalista como la de la New Age, cuyos adeptos aman demasiado, me parece, la participación en la Naturaleza y sus procesos como para desear realmente abandonar la Rueda de Samsara [2]. Esto no es obstáculo, claro está, para que la meditación (pero casi nunca de tipo budista) y la propia imagen icónica del Buda no estén muy presentes. 

El Taoísmo viene a ser una filosofía mística de la naturaleza, y en este sentido conecta muy bien con la actitud espiritual Nueva Era. No es por casualidad que el primer libro exitoso de uno de los intelectuales con mayor vínculo con la New Age -y de gran valor por cierto-, Fritjof Capra, llevara por título El Tao de la Física. 

El Taoísmo le ha aportado algo sumamente valioso a la New Age: su propio símbolo, el yin yang. La verdad es que no se trata de un símbolo religioso (¿es el Taoísmo una religión?) sino puramente filosófico, y con una capacidad sintetizadora tal que Niels Bohr decidió adoptarlo como su emblema personal tras recibir el Nobel. Abarca los niveles metafísico y físico, y aunque concebido en Extremo Oriente, podría perfectamente servir para resumir no pocos sistemas filosóficos occidentales, de Empédocles a Hegel, pasando por el Aristóteles que definió la potencia y el acto. 

Además la mentalidad New Age ha abierto de par en par las puertas de Occidente a las artes y prácticas chinas tradicionales que tienen la teoría energética del yin yang como fundamento: medicina tradicional, shiatsu, tai-chi, feng-shui... 

3. El neopaganismo, señalado con frecuencia como uno de los rasgos distintivos de la New Age, se matiza de dos maneras: es mucho más una simbología o una arquetipología psicológica que una componente religiosa (al menos como los creyentes “clásicos” entienden el término), y enlaza con la exaltación de la Naturaleza y de lo femenino, también en este caso más psicológica que biológicamente.

Al margen del movimiento New Age -aunque puede haber puentes, entre otras cosas porque es una gran verdad el principio de que “todo está conectado”- quedan los grupos religiosos neopaganos propiamente dichos, como por ejemplo los neodruidas, que existen sobre todo en Gran Bretaña desde el siglo XIX o puede que desde antes. Porque las dos matizaciones que acabo de señalar son, en efecto, determinantes. 

La primera significa que los dioses y diosas del paganismo son interpretados de forma generalizada en la New Age como arquetipos, lo que reincide en la asimilación de Jung por la New Age a la que ya me he referido, lo que -por supuesto- no quiere decir que todos los psicólogos jungianos, o todos aquellos a quienes interesa Jung, sean afines a esta corriente, como tampoco lo son todos los neohinduístas ¡ni todos los interesados por la física cuántica! 

Libros típicamente newager como Las diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre dan fe de lo que digo. Igualmente el interés por la astrología, reorientada hacia una astropsicología de matiz claramente jungiano [3] y no tanto centrada en la adivinación del futuro (puede leerse a este respecto Cosmos y Psique del filósofo norteamericano Richard Tarnas, afín al movimiento que nos ocupa). 

La verdad es que, tanto desde posiciones cercanas a la Nueva Era como desde otras que nada tienen que ver con ella, la idea de que los dioses del politeísmo son arquetipos psicológicos -que a veces poseen correspondencias con aspectos o dimensiones de la Naturaleza- ha sido sugerida por numerosas voces, de Mircea Eliade a Robert Graves, y de Joseph Campbell a la hermenéutica simbólica, incluso dejando aparte a Jung y los intelectuales cercanos a él, como Karl Kerenyi. 

Pero en el neopaganismo New Age está muy presente también ese segundo rasgo que se ha señalado: el de enfatizar fuertemente lo femenino. La Diosa (y las diosas) son más importantes que Dios (y que los dioses masculinos). 

Existe una indubable conexión entre la idiosincrasia y las creencias New Age y la corriente feminista que sus adversarias dentro del mundo plural que es también el feminismo, llaman despectivamente esencialista: entender “lo femenino” no como simplemente la mujer y lo relacionado con ella, sino como una fundamental raíz arquetípica que trasciende lo humano y conecta con los mitos primordiales.

Se postula con frecuencia una edad de oro de lo femenino, un matriarcado antiguo o prehistórico en el que se rendía culto a la Gran Diosa Madre. Además la Tierra, como la Naturaleza, es femenina, y aquí aparece el nexo con la “Gaia fuerte”: la diosa Gaia, la Madre Tierra viva y con alma como deidad principal del panteón “politeísta” Nueva Era. Por lo demás, la Luna, símbolo de la fertilidad, las emociones y el inconsciente, juega igualmente un gran papel, siendo una práctica muy común en la New Age marcar sus cuatro fases principales con meditaciones y pequeños rituales. 

4. La New Age mantiene una relación contradictoria con la vida moderna, que en el fondo no es muy distinta de la que numerosas personas de mente crítica mantienen hoy crecientemente, tanto si simpatizan como si no con dicha corriente. 

Por un lado, asume con entusiasmo la revolución de la Web y hace uso de ella asiduamente, y cosas como la cuántica y la cosmología científica la fascinan; por otro, vuelve la mirada hacia las sociedades arcaicas con mayor respeto y veneración todavía que los prerrománticos del dieciocho al evocar al bon sauvage. Los ritos y procesos de iniciación son especialmente echados en falta. Patrick Harpur dice, por ejemplo: 

Todas la sociedades desarrollaron los llamados ritos de paso para potenciar la muerte y el renacer metafóricos en momentos tales como la pubertad el matrimonio y la muerte. La cultura occidental suprimió los ritos formales, por lo que todas esas importantes iniciaciones deben reinventarse y ser experimentadas de manera informal. (...) La cultura occidental carece de ritos de paso, e incluso el reconocimiento de su necesidad por parte de la Iglesia ha caído en desuso o está en crisis. No es, pues, de sorprender que los adolescentes sean tan conflictivos. (...) Los jóvenes forman espontáneamente grupos de iniciación tribal [4]. 

La recuperación de la comunión con la Naturaleza -muy valorada ya por los románticos, que antecedieron a la New Age en este y otros aspectos-, la cual la perdido la Modernidad, es lo fundamental. Los últimos supervivientes de las etnias que no han pasado por el proceso civilizatorio, o que sólo lo han hecho superficialmente, son considerados depositarios de valores, visiones del mundo y prácticas que merece la pena conocer e incluso asumir. 

Un ejemplo paradigmático es el célebre chamán mexicano Don Juan, que convirtió primero a la concepción‒percepción chamánica de la realidad, e instruyó e inició después, al antropólogo racionalista Carlos Castaneda, cuya serie de libros constituye uno de los mayores bestsellers de la Nueva Era. Según ésta, el animismo es esencialmente verdadero, ya que como también dice Harpur: 

Es triste que hayamos transformado un cosmos vibrante y animado en un universo mecanizado y sin alma, como el invierno perpetuo sobre el que reina el herido Rey Pescador de la leyenda artúrica. Únicamente el Santo Grial puede curarle la herida y restituir la fertilidad a la tierra baldía. ¿Y qué es el Santo Grial? Nada menos que el Alma del Mundo [5]. 

Este párrafo refleja muy bien el hartazgo que produce hoy en día el mecanicismo, y también la nostalgia de una Naturaleza encantada. ¿Describe aquél mejor que ésta la realidad? Es bien conocido que hay científicos eminentes (Prigogine por ejemplo) que lo ponen en duda. Por otra parte, la fuerte revalorización de las antiguas tradiciones indígenas, especialmente en América Latina, no deja de tener puntos de encuentro con la Nueva Era, de hecho muy presente en esos países, como refleja -por ejemplo- la evocación de la Pacha Mama (Gaia) en algunas constituciones de reciente promulgación.

Rupert Sheldrake. Fuente: Kairós.
Rupert Sheldrake. Fuente: Kairós.
La New Age y la ciencia 

Es pública y notoria la atención que presta la New Age a la física cuántica. Atención que, además, comparten desde las “bases” más ingenuas y científicamente menos preparadas del movimiento hasta pensadores de talla y auténticos cientificos, como Capra. Pero ¿a qué se debe? La respuesta la sugiere un biólogo cercano a la corriente, Rupert Sheldrake, cuando dice: 

Defiendo que la ciencia está reprimida por ciertos supuestos que tienen varios siglos de antigüedad y que se han consolidado como dogmas. Las ciencias estarían mejor sin ellos: serían más libres, más interesantes y más divertidas. (...) El sistema de creencias que gobierna el pensamiento científico convencional no es sino un acto de fe encallado en la ideología del siglo XIX [6]. 

La ideología a la que se refiere Sheldrake es la materialista, y todos en la New Age tienen a la física cuántica por superadora de esa ideología. De hecho, el propio Sheldrake parece creerlo así. Da igual que numerosos físicos -seguramente la gran mayoría- rechacen incluso con virulencia ese supuesto, desde el momento que hay algunos, aunque sean una minoría, que no lo rechazan, y que algunos hechos (que la mayoría prefiere no entrar a considerar en profundidad) dan la impresión de ser incompatibles con la filosofía materialista. 

Más allá de esta tesis compartida, el abordaje New Age de la cuántica no es homogéneo. Va desde interpretarla como un irrealismo radical en el que la subjetividad de los observadores lo produce absolutamente todo, como en el film delirante Y tú ¿qué sabes?, hasta saludarla esperanzadamente como la primera ventana de la física por la que se asoma la consciencia, lo que parece ser el caso según no pocos físicos. 

La cuántica no es el único tema científico que interesa, y mucho, en el seno de la New Age. Los newagers suelen seguir con atención otras noticias científicas, especialmente las pertenecientes a los ámbitos astronómico (por ejemplo, todo lo concerniente a la búsqueda de vida extraterrestre) y cosmológico (el big bang y “antes de”). 

Prestan también gran atención a los temas relacionados con la evolución, así como con la vitalidad y creatividad de la Naturaleza, a los indicios e investigaciones que apuntan a que la naturaleza, la Tierra y el universo están vivos —y “tienen alma”. ¿Era Prigogine un newager? ¿Lo es Lovelock? ¿Lo es Kauffman? No, pero... hay puentes. 

De lo que no cabe ninguna duda es del interés apasionado que manifiestan los seguidores de la New Age por la ciencia. Que ese interés esté segado en el sentido de pretender que “la ciencia diga cosas que no dice”, como denuncian numerosos científicos, es posible, pero no basta para descalificarlo, porque, si bien se mira, eso lo pretende muchísima más gente. Y no está mal que se interpreten determinados resultados de manera diferente a como los científicos con mayor poder institucional lo hacen habitualmente con el fin de apoyar sus apuestas metafísicas materialistas, como hace ver Sheldrake. 

No está mal que se examinen los resultados de las investigaciones partiendo de otros supuestos metafísicos, a condición de que para sostenerlos no se inventen resultados ni se distorsionen los disponibles, cosa que los newagers “de base” hacen con frecuencia, pero de lo que no creo que se pueda acusar a los intelectuales afines a la corriente, que más bien le aportan a la ciencia un pluralismo filosófico que necesitaba con urgencia. 

La New Age y la religión 

Desde la perspectiva de las religiones institucionalizadas, como la católica, la New Age no podía, de entrada, sino inquietar y ser percibida como un peligro, máxime cuando se estaba ante lo, en buena medida, desconocido. La reacción a la defensiva ha sido por tanto la que se podía esperar. Pero todo fluye, como decía Heráclito, y hasta “la piedra” acaba cambiando de estado. Es por ello que acaba por surgir el deseo -o la necesidad- de un conocimiento desprejuiciado. En eso se está. 

Pero, situándose en el punto de vista contrario, surge la cuestión de qué relación mantiene el movimiento New Age con las religiones. Uno se pregunta si hay newagers católicos, protestantes, judíos o musulmanes. Y, por supuesto, qué se piensa acerca de Dios en el mundillo de la Nueva Era. 

El pluralismo de la New Age se manifiesta al máximo en este campo. Hay newagers de todas las procedencias religiosas, y muchos mantienen, como es natural, un cordón umbilical afectivo o/y sociológico con sus orígenes. Por otra parte, aquí se plantea ya la cuestión que será tratada en el último apartado: ¿quién es o deja de ser newage, y en qué medida? 

Porque los sarcasmos sobre la religión a la carta han estado al orden del día durante años, pero han acabado por pasar de moda, y ello por la sencilla razón de que hoy son legión, y hasta diría yo que mayoría, las personas cuya religiosidad es personal y “a la carta”; y raro es que en el menú autocompuesto no estén incluidos elementos newagianos. 

¿Y cuál es, por lo demás, la alternativa? ¿La fe sin fisuras en una doctrina religiosa ortodoxa, definida por sus dogmas? ¿Alguien cree de verdad que eso es lo deseable en el siglo XXI? Contamos con el ejemplo-espejo del Islam fundamentalista y con arraigo de masas. ¿Nos gusta? Claro que está también el ateísmo-materialismo militante. Es otra fe ortodoxa y fuerte, en teoría susceptible de homogeneizar la sociedad, y desde luego tal cosa se ha intentado. ¿Quizá es preferible? 

Si lo central en las religiones del Libro es Dios, lo inmediato es preguntarse si lo es también en la New Age, y como lo conciben sus simpatizantes, si es que lo hacen. Ya se ha dicho que el panteismo es la manera más extendida de entender a Dios en la New Age [7]. Pero es compatible con enfoques devocionales y hasta con personalizaciones (¿proyectivas?). 

Además, la idiosincrasia de cada cual cuenta mucho, y también la tradición que prefiere. Es un hecho que la devocionalidad está muy extendida en la New Age más popular y menos intelectualizada, y que se enfoca de preferencia sobre “la Diosa” más que sobre Dios, como ya se ha dicho. 

La feminidad sagrada se personaliza en Ella, si bien más simbólica que literalmente. Ella puede ser Gaia o puede ser la Gran Madre cósmica, fundamental también en el hinduismo. En cuanto a Jesús, es sumamente respetado, como por lo demás yo diría que universalmente, pero los dogmas cristianos básicos referentes a él, en general no se asumen. Está claro que la New Age no es cristiana, aunque ello no implica que sea anticristiana. Tampoco creo que sea budista, aunque mucha gente piensa que sí, e igualmente Gautama el Buda es respetadísimo en su seno, al mismo nivel -ni más ni menos- que Jesús de Nazaret. 

Pero... en este sistema “a la carta” que cada vez -guste o no- está más extendido, hay desde luego no pocas personas que se consideran católicas -o protestantes, o judías- y que tienen no sólo creencias concretas (en la reencarnación, por ejemplo) sino una cierta mentalidad o sensibilidad new age. Tiene que ver con una suerte de “ósmosis” que se está produciendo desde hace ya bastante tiempo, y que se parece, un poco, a lo que pasa con el ecologismo, que permea a la sociedad más allá de los ecologistas propiamente dichos. ¿Un signo de los tiempos? 

La New Age y la política 

La New Age tiene fama de escapista, en parte por su espiritualismo mucho más pendiente de “cosas extrañas” que de las realidades de cada día, y en parte por el individualismo y el irrealismo manifiestos de numerosas autoayudas emparentadas con la versión más simplona de la corriente. Sin embargo, es un hecho que a la hora de ubicar en el espectro político a la gente cercana a la New Age, uno encuentra de todo. 

Lo mismo se topa con newagers en ambientes neoliberales (y tal cosa es frecuentísima en la New Age anglosajona) que en el fragor del 15M, donde por cierto han tenido y tienen aun una presencia significativa. Si bien son muy escasos en la ultraderecha y la ultraizquierda clásicas [8]. 

La New Age es de facto transversal políticamente. Pero ¿todas las posiciones sociopolíticas son igualmente coherentes por igual con sus postulados? No es una pregunta que se plantee sólo en relación con el movimiento espiritualista que estamos tratando: la misma se les hace con frecuencia también a los cristianos y a los creyentes de otras religiones. Pero ciñéndonos a nuestro tema, es preciso analizar el corpus de las creencias básicas para poder llegar a alguna conclusión. 

A riesgo de introducir algún sesgo, debido a mis propias ideas de las que me es imposible desprenderme, voy a intentarlo. ¿Cuáles son, a mi modo de ver, las creencias esenciales, las principales de todas, que se comparten en la New Age? Yo destacaría dos: la primera, que el Alma, la consciencia, es lo fundamental y es -en sí- indestructible, y no la materia o las leyes físicas ciegas; la segunda, la concepción holística de la realidad, es decir, que todo está conectado e interrelacionado, tanto a nivel físico como a nivel de la consciencia, y que incluso todo está presente en todo. 

La conclusión que saco yo de ello es que ni el materialismo práctico ni el economicismo extremo ni el individualismo son verdaderamente coherentes con esas ideas. Pero es un hecho innegable que numerosos newagers son economicistas e individualistas, y hasta se citan a veces esos rasgos entre los más característicos. Sin embargo, teniendo en cuenta cuál se supone que es su concepción filosófica de fondo, estos a mí me producen la misma sensación de perplejidad que los muchos cristianos insolidarios o que no están precisamente dispuestos a compartir. 

Los confines de la New Age 

Precisamente porque la New Age no es en modo alguno una secta, sino un movimiento no estructurado de carácter metafísico, espiritual y existencial, con raíces y conexiones diversas, no es nada sencillo establecer quién o qué es parte de él, esto es, fijar sus límites precisos. Hay mucha gente actualmente con un pie (o medio pie) en la New Age y el otro fuera, es decir, pisando literalmente sus confines. Los cuales sí es posible enumerar, aunque no exhaustivamente: 

- La New Age limita con el esoterismo. 

- La New Age limita con el psicoanálisis. 

- .La New Age limita con el interés por la astrología. 

- La New Age limita con el interés por las artes adivinatorias oraculares. 

- La New Age limita con la teoría de Gaia. 

- La New Age limita con la deep ecology. 

- La New Age limita con la eco-teología de la liberación. 

- La New Age limita con el taoísmo. 

- La New Age limita con el neohinduismo. 

- La New Age limita con el chamanismo (tradicional y neo). 

- La New Age limita con la filosofía de la física y de la biología. 

- La New Age limita, más generalmente, con la filosofía de la Naturaleza. 

Y daré todavía un paso más, dado que pienso que también: 

- Limita con Plotino. 

- Limita con San Francisco de Asís 

- Limita con Nicolás de Cusa. 

- Limita con el Leibniz de la Monadología. 

- Limita con Jean-Jacques Rousseau. 

- Limita con Denis Diderot. 

- Limita con Lamarck. 

- Limita con Goethe. 

- Limita con Hegel. 

- Limita con Krause (ergo con el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza). 

- Limita con Bergson. 

- Limita con Jung. 

- Limita con Einstein y con los padres de la cuántica. 

- Limita con Teilhard de Chardin. 

- Limita con Leonardo Boff, etc. 

Reconozco que he compuesto una buena ensalada, pero no voy a “removerla”, es decir, a explicarla. La dejo tal cual, para inducir a la reflexión, y naturalmente también a la crítica y al debate, que es algo que echo bastante en falta, porque soy de los que creen que de la discusión sale la luz... 


Notas:

[1] Quien tras su ruptura con la S.T. en 1929 se convirtió en un filósofo independiente y ecléctico, cuya profundidad fascinó a numerosos intelectuales y científicos poco o nada religiosos.
[2] Y lo mismo podría decirse con respecto al transmundanismo cristiano tradicional.
[3] El mismo Jung admitió -en una entrevista concedida en 1954 y publicada quince años después- creer en la astrología y practicarla en su actividad clínica con fines de diagnóstico y seguimiento. En ella declaró: “La astrología consiste en configuraciones simbólicas, al igual que el Inconsciente Colectivo: los planetas son los “dioses”, símbolos de las potencias del inconsciente.”
[4] La tradición oculta del Alma, Atalanta, 2013, pp. 163 y 165.
[5] Ibid., p. 172.
[6] El espejismo de la ciencia, Kairós, 2013, pp. 15 y 16.
[7] Quizás sea más exacto decir el panenteísmo.
[8] Esto es verdad en términos generales, pero hay nazis “esoteroides” y anarquistas de tendencias newagianas.

José Luis San Migle de Pablos es doctor en Geología, profesor en la Universidad de Mayores de la UPComillas, y colaborador de la Cátedra CTR.

https://www.tendencias21.net/Luz-sobre-la-New-Age-Por-que-pone-nerviosos-a-religiosos-y-cientificos_a24041.html