En sentido restringido y tópico, se entiende por New Ageesa corriente espiritualista super-optimista y bastante individualista que combina tradiciones diversas, orientales (sobre todo) y occidentales, y que se visibiliza en ciertas librerías en las que, además de libros, se venden objetos variopintos (cristales sanadores, gongs y carrillones, cuencos tibetanos, tarots y otros juegos de cartas adivinatorias...) y se anuncian cursos y conferencias sobre temas tales como la sanación espiritual, el recuerdo de vidas anteriores, los centros sutiles de energía (o chakras), etc.
En este mismo sentido, el término también se asocia con un género músical extremadamente suave y etéreo que confina a veces con algunas músicas étnicas (la celta sobre todo). Casi se podría decir que, en este sentido restringido y superficial, la New Age se reduce a poco más que una red comercial pintoresca.
A un nivel que se puede considerar intermedio, se asocia mucho la New Age al libro de Marilyn Ferguson La conspiración de Acuario, publicado en los Estados Unidos en 1980. Con el subtítulo “Hacia un nuevo paradigma”, jugó en cierto modo el papel de manifiesto del movimiento, además de exponer una hipótesis sobre su manera de expandirse.
La referencia al signo de Acuario tiene que ver con una teoría astrológica según la cual la constelación zodiacal en la que se encuentra el Punto Equinoccial Vernal define la cultura de una larga época (“Era Zodiacal”) de más de dosmil años de duración.
Dicha constelación ha sido la de Piscis desde el comienzo de la Era Cristiana, y -debido al fenómeno astronómico conocido como precesión de los equinoccios- pasará a ser la precedente, la del Aguador o Acuario, a partir de una fecha indeterminada pero cercana en todo caso.
Quizá interese señalar que, mientras que los que se ocupan de manera seria de la astrología coinciden de forma generalizada en que el significado de Piscis concuerda a la perfección con los valores y modos de vida cristianos, en positivo y en negativo, su acuerdo no es ni mucho menos unánime en lo que se refiere a la correspondencia de Acuario con la totalidad de los valores de la Nueva Era fergusoniana, que no integra lo suficiente el tecnologismo y la falta de calidez que se atribuyen al signo en la astrología contemporánea.
Apoyándose en una investigación de tipo encuesta que había llevado a cabo, la Ferguson aseguraba que se había constituido en los últimos tiempos, de forma espontánea, una red de millones de personas que, en ruptura clara con las ideas antiguas y dogmas en que habían sido educadas, compartían vivencialmente -y normalmente sin conocerse- una visión del mundo nueva que se orientaba a su propia transformación espiritual (Ferguson dice “de la conciencia”) y, a partir de ahí, a un cambio radical de la política, la economía y, en una palabra, de la sociedad a nivel mundial.
En sentido amplio, que es el que considero digno de auténtico interés y que será, por tanto, el que trataré aquí, la corriente New Age (que quizás sería mejor traducir al castellano como Nueva Era) es un movimiento filosófico y espiritual surgido en las últimas décadas, que posee la virtud de poner nerviosos e intrigar a la vez a las personas de orientación científica y a los creyentes de las religiones tradicionales.
Es plural, ciertamente, pero ni mucho menos tan incoherente como algunos afirman, ya que su sincretismo -que es uno de sus principales rasgos- incide especialmente en la detección de homologías entre tradiciones diversas. Homologías que vengan a apoyar ciertas intuiciones o, si se quiere, apuestas metafísicas que, pese al pluralismo intrínseco, comparten la gran mayoría de las personas afines al movimiento.
Entre esas intuiciones se pueden citar: la sacralidad de la Naturaleza, guardando estrecha relación con una idea de lo divino panteísta o panenteísta, la cual es a su vez compatible con la creencia -no general, pero sí muy extendida- en entidades personales -o que se manifiestan como si lo fueran- formando una jerarquía de seres; la creencia fundamental en el alma, no sólo humana sino presente universalmente, en su preexistencia y supervivencia, casi siempre a través de la reencarnación; la fundamentalidad de la consciencia (y no de la materia), considerada como esencial a -o incluso definitoria de- la Realidad; la creencia en las correspondencias universales, correlativa al principio de “todo está (o resuena) en todo”, lo que (ligado al punto anterior) explica la generalizada creencia en la astrología, así como en procedimientos oraculares (Tarot, I Ching, etc.) y en las sincronicidades; y asimismo la convicción de que la física cuántica lleva agua a su molino, convicción esta arraigadísima y que molesta sobremanera a una parte considerable del mundo científico..., en tanto que otra, minoritaria pero detectable, parece haber optado por la coexistencia incluso dialogante.
De hecho, pienso que el corpus de convicciones que mayoritariamente se comparten en el seno del movimiento New Age (en sentido amplio) posee en conjunto una notable coherencia. Hasta el punto de que si se tratase de un movimiento organizado, sin duda estaríamos ante una religión mundial de fuerza considerable, pero como no es algo centralizado sino plural y disperso, de lo que se puede hablar es de movimiento. No es menos fuerte, aunque lo parezca a primera vista. Y tiene la ventaja de fluir con mayor espontaneidad.
Raíces y conexiones
Las fuentes que alimentan un movimiento tan amplio como el de la Nueva Era son múltiples, pero si tengo que esquematizar y simplificar (cosa imprescindible en un artículo como este), las resumiré en cuatro: 1. El renacer del esoterismo que se produjo, con distintos matices, en Europa y América a partir de finales del siglo XIX; 2. El “descubrimiento” por Occidente del hinduismo, el budismo y el taoismo, que desde esa misma época ha conocido al menos dos momentos culminantes; 3. La renovación del interés por las tradiciones paganas europeas (griega y celta especialmente), así como por corrientes filosóficas como el Hermetismo y el Pitagorismo; 4. El interés, más reciente, por el chamanismo y las creencias animistas de los “pueblos primitivos”, en conexión con la alta valoración de lo natural y ecológico en versión espiritualista (que abarca desde una biofilia que parte de reconocer el alma en todos los seres vivos, hasta el apoyo a la concepción conocida como “Gaia fuerte” y el redescubrimiento del Alma del Mundo).
Me referiré a ellas someramente.
1. Inspiradas tanto en Oriente como en tradiciones filosófico-místicas occidentales, las sociedades esotéricas proliferaron -y lo hacen aun- en países como Francia (donde las referencias a “la Tradition” apuntan normalmente al tradicionalismo esotérico occidental y no al católico ultramontano, como en España), Inglaterra y los Estados Unidos, entre otros. Constituyen en conjunto un campo cuyas conexiones con la francmasonería de orientación espiritualista (que no incluye a la totalidad de las obediencias masónicas) son reales en algunos casos e inexistentes en la mayoría.
Puede afirmarse sin lugar a dudas que las acusaciones de “satanismo” que a veces se lanzan sobre estas agrupacionas son calumnias burdas. Muy al contrario, sus integrantes son en general personas idealistas, quizás algo ingenuas, pero poseedoras en todo caso de una buena voluntad que a uno le gustaría encontrar también en sus acusadores.
Es de todo punto imposible no mencionar la Sociedad Teosófica, fundada en 1875 por Helena Blavatsky y el coronel Olcott. Incluso antes de entrar en la descripción, necesariamente super-resumida, de sus contenidos doctrinales, quiero señalar que esta asociación y sus miembros y simpatizantes, los teósofos (también conocidos como teosofistas, sobre todo por sus adversarios), tuvo una implantación considerable en España hasta la Guerra Civil.
Es este un dato de nuestra historia cultural que se conoce poco. Numerosos teósofos participaban asiduamente en los ateneos, incluidas sus juntas directivas; su presencia en la prensa era asimismo cosa común, y muchos de ellos estaban ligados a la Institución Libre de Enseñanza, ya que en cuanto a ideas metafísiscas de fondo, la Teosofía tenía bastante en común con el krausismo.
Algunos estaban también vinculados a la francmasonería, y en particular a la Gran Logia, más espiritualista que el Gran Oriente. La heterodoxia de este grupo no sólo era muy mal vista por los católicos conservadores (que es tanto como decir la aplastante mayoría de los católicos de la época) sino también por los intelectuales materialistas, de modo que, pese a ser los teósofos españoles republicanos en su gran mayoría, se vieron en cierto modo obligados a formar parte de la “tercera España”.
Pero eso se acabó de todos modos al acabar la Guerra Civil, cuando los vencedores fusilaron (hay varios casos), encarcelaron y persiguieron implacablemente a los teósofos, a los que asimilaron a los masones, además de catalogarlos en el ítem de “herejes peligrosos varios”.
Por lo que se refiere a la parte doctrinal, la Sociedad Teosófica ha suministrado desde su fundación todo un catálogo de creencias espiritualistas alternativas a las cristianas tradicionales, en un contexto de enfrentamiento paralelo con el materialismo filosófico: la reencarnación tal vez como creencia axial, ligada a una versión simplificada de la doctrina del karma y apuntando a una evolución del espíritu individual (el “yo superior” o “mónada”), en lo que -junto a la inspiración hindú explícita- se aprecia una clara influencia neoplatónica; los diferentes planos del mundo, o “niveles de vibración”, cada uno de ellos vinculado a una función psíquica (en sentido prácticamente idéntico al de las cuatro funciones de Jung, que no era teósofo pero que sí es un gran referente para la New Age en su totalidad): plano físico ‒ sensaciones, plano astral ‒ emocionalidad, plano mental ‒ pensamiento, plano causal ‒ intuición.
Las peticiones de principio fideístas siempre han sido notorias, especialmente en el primer medio siglo de la historia de la S.T., época en la que las “percepciones clarividentes” de miembros destacados de la Sociedad constituían una fuente sumamente importante de contenidos, y en la que el anuncio de la venida de un gran Instructor del Mundo, en la persona del joven Jiddu Krishnamurti [1], se convirtió durante algunos años en el eje principal de la actividad teosófica.
No obstante lo cual, que pertenece al debe de la “teosofía”, ésta cuenta también con un haber innegable si se la considera con objetividad: los teósofos han mantenido siempre un compromiso firme a favor de la libertad religiosa y política en todas partes, incluida España, y se destacaron asimismo en el combate por la eliminación de las castas y el derecho a la independencia en la India, el país donde se encuentra su sede central. Allí, la histórica Annie Besant, secretaria general de la Sociedad e inglesa de nacimiento, lideró al lado de Gandhi la lucha contra el colonialismo en los años 20-30, lo que la hizo pasar por la cárcel y la llevó a asumir durante un cierto tiempo la dirección del Partido indio del Congreso.
De la Sociedad Teosófica nacieron otras agrupaciones espiritualistas, de las que la principal es seguramente la Antroposofía de Rudolf Steiner, escritor, filósofo y pedagogo alemán. Steiner pone mayor énfasis que los teósofos clásicos en la figura y el papel de Jesús, y tiende en cierto modo puentes hacia el cristianismo sin renunciar al universalismo ecléctico, que es asimismo un rasgo básico tanto de la Teosofía blavatskiana como de la New Age.
La concepción de Steiner, auténtica tesis teológica que expone en su libro El impulso del Cristo y la conciencia del Yo, es que un impulso trascendente orientado en último extremo a la elevación del nivel de consciencia de toda la Humanidad, fue recibido libremente por Jesús de Nazaret en el momento de su bautismo en el Jordán, que fue cuando, por así decir, se cristificó.
Pero ese impulso debe alcanzar a la Humanidad entera, de modo que todos sus integrantes -y ella misma como un todo- tomen consciencia de su divinidad inmanente, una consciencia -necesariamente amorosa- de la que Jesús habría sido punta de lanza. Con ello su divinidad queda obviamente afirmada, pero ya no es exclusivamente suya sino algo a extender y a compartir con todos en la consciencia (pues en esencia ya se comparte).
Rudolf Steiner fue además el creador de la pedagogía Waldorf, de la que Wikipedia:
La pedagogía Waldorf tiene sus raíces en la investigación del esoterista y pensador austríaco Rudolf Steiner (1861-1925). La educación que recibieron los niños que acudieron a la primera escuela libre Waldorf (Stuttgart, 1919) fue tan innovadora y evolucionada que pronto comenzaron a surgir estas escuelas por toda Alemania, y luego el movimiento se extendió por el resto de Europa y el mundo. Durante el régimen nazi las escuelas Waldorf fueron prohibidas, pero volvieron a abrirse después de la Segunda Guerra Mundial, y hoy en día hay cerca de 3000 escuelas que aplican los métodos Waldorf en más de 90 países. La UNESCO apoya y promueve esta pedagogía, destacando positivamente una educación que se logra sin descuidar los aspectos relativos a la salud física y emocional.
Al margen de las organizaciones cuya matriz es la Sociedad Teosófica, hay que destacar los grupos esotéricos franceses martinistas, que se reclaman herederos del legendario Claude de Saint-Martin, y las asociaciones Rosacruces, cuyas creencias -al igual que las de los anteriores- son indistinguibles de las teosóficas y que, con toda probabilidad, carecen de vínculo con el histórico a la vez que enigmático movimiento centroeuropeo del siglo XVII.