ANTOLOGÍA GLOBALIZACION Edén Al Oeste - Costa-Gavras Drama sobre la inmigración.







Eden à l'Ouest
Año
Duración
110 min.
País
Francia Francia
Dirección
Guion
Costa-Gavras, Jean-Claude Grumberg
Música
Armand Amar
Fotografía
Patrick Blossier
Reparto
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Productora
Coproducción Francia-Grecia-Italia; KG Productions
Género
Drama | Inmigración
Web oficial
http://www.edenalouest-lefilm.com/
Sinopsis
Elías es un joven emigrante que debe afrontar numerosos contratiempos para entrar ilegalmente en la Unión Europea. Al igual que en "La Odisea", el Mar Egeo es el escenario de sus aventuras. Después de innumerables peripecias, de una escala en el paraíso y una estancia en el infierno, su periplo termina en París. Es un intento recrear el viaje de aquellos que cruzaronn tierras y océanos embravecidos a la búsqueda de un hogar. La historia de Elías no es la de Ulises, ni tampoco la de Jean-Claude ni la mía. Pero me veo reflejado en Elías, un extranjero que no me es extraño. (FILMAFFINITY)


EDÉN AL OESTE

 Sinopsis

 Elías está acostumbrado a huir. Las dificultades económicas y sociales le llevan a abandonar su tierra natal y atravesar el Mar Mediterráneo en busca de un mundo mejor. Su viaje está repleto de peligros (y no sólo los que tienen que ver con los elementos), pero el deseo por empezar de cero en París es más fuerte que todo ello. Esta es la historia de una odisea contemporánea que, aunque no está protagonizada por Ulises, se convierte en épica para todos los que cada día se deciden a emprenderla. Tras algunos años de silencio, el cineasta griego Constantin Costa-Gavras (La caja de música, Arcadia) vuelve a la dirección con un drama sobre la inmigración. "Edén al Oeste" retrata los sueños y temores de todos los que deciden abandonar sus raíces en busca de un futuro. Y lo hace comparándolo, en cierto modo, con la "Odisea" de Homero. El destino del protagonista, como en su día fue el del propio Costa-Gavras, es París, una ciudad que se muestra como un crisol cultural pero donde también se atisba cierta crítica social. Además del tono dramático, hay espacio para la ternura, el humor y la estética de documental. El italiano Riccardo Scamarcio, conocido a nivel internacional por "Mi hermano es hijo único", da vida a Elías, un inmigrante clandestino con un profundo miedo a los uniformes que se encuentra con personas más o menos tolerantes en su camino. 

Le acompañan Ulrich Tukur, al que veremos en la premiada "La cinta blanca", Juliane Köhler (El hundimiento), Eric Caravaca (La clienta) y Anny Duperey (Germinal), entre otros. Título V.O.: Eden à lOuest Año de producción: 2008 Distribuidora: Columbia Tristar Home Video Género: Drama Clasificación: No recomendada menores de 7 años Estreno: 23 de octubre de 2009 Director: Costa Gavras Guión: Costa Gavras, Jean-Claude Grumberg Música: Armand Amar Intérpretes: Antoine Monot (Karl), Constantinos Markoulakis (Yvan), Eric Caravaca (Jack), Juliane Köhler (Christina), Ricardo Scamarcio (Elías), Ulrich Tukur (Nick Nickelby)

https://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/30381/eden-al-oeste/


DANI RODRIK“Hemos ido muy lejos en muchas áreas de la globalización”

DANI RODRIK, ECONOMISTA Y PROFESOR DE POLÍTICA ECONÓMICA INTERNACIONAL EN HARVARD

“Hemos ido muy lejos en muchas áreas de la globalización”

Rodrik lleva años alertando de los riesgos de internacionalizar la economía sin reservar espacio para las políticas locales de desarrollo


Dani Rodrik es también presidente de International Economic Association. 


La economía es la ciencia de las soluciones intermedias, los extremos no sirven; ni la autarquía ni la integración económica total son económica o políticamente viables”, dice Dani Rodrik, el prestigioso economista de Harvard que, desde su libro ¿Ha ido la globalización demasiado lejos?’(1997), viene alertando de los riesgos de internacionalizar la economía sin reservar espacio para políticas locales de desarrollo ni compensar a los perdedores de la globalización. Rodrik ha publicado recientemente Straight Talk on Trade, en el que repasa los incentivos de los políticos para hacer las cosas bien; fundamenta la imposibilidad de trasplantar modelos económicos exitosos a países y épocas diferentes; y arremete contra los economistas que defendieron la globalización ignorando sus inconvenientes por el temor de que, si hablaban sobre ellos, provocarían una reacción proteccionista.
Pregunta. ¿Estamos al borde de una guerra comercial?
RespuestaTrump ha sido más agresivo en su política comercial de lo que yo esperaba, pero China ha respondido de una forma muy mesurada: tenían que hacer algo pero no creo que hayan empeorado el problema. Mantengo mi optimismo sobre que China y Estados Unidos encuentren una solución. No creo que se vaya a convertir en un evento catastrófico para la economía mundial.
P. Al margen del efecto global que generen en la economía, ¿los aranceles de Donald Trump servirán para recuperar empleos en la industria estadounidense?
R. Todo es un gran truco de ilusionista. Trump ha armado la alianza contra Chinajunto a empresas preocupadas por perder la supremacía tecnológica, con militares y funcionarios de Asuntos Exteriores que ven a China como un competidor estratégico. Y también, claro, junto a empresas y sindicatos preocupados por los puestos de trabajo. Pero yo no creo que estas políticas vayan a suponer una ganancia neta de empleos para Estados Unidos.
P. Ha defendido la necesidad de incorporar el dumping social como una cláusula a invocar cuando los productos se fabrican sin respetar derechos laborales que los trabajadores en los países importadores sí tienen, ¿cómo se implementaría?


“Se puede terminar con la brecha social sin alcanzar un acuerdo global”

R. Tendría que formar parte de un convenio internacional, como el antidumping tradicional, que se rige por las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En política comercial siempre existen dos riesgos: uno es que los proteccionistas abusen del sistema. Pero el otro es el de tener a los puristas de la globalización firmando acuerdos políticamente insostenibles. En mi opinión, ese es el período que estamos transitando ahora, por no haber puesto suficientes salvaguardas en el régimen del comercio internacional. Y las consecuencias terminan siendo peores porque Trump y otros populistas construyen su discurso demagógico a partir de las reclamaciones y preocupaciones legítimas que genera este sistema de comercio.
P. ¿Ha cambiado tanto el clima para introducir el dumping social en las reglas de la OMC?
R. Desgraciadamente, me parece que estamos muy lejos del espíritu multilateral necesario para una reforma de las reglas de la OMC. Llevamos 30 años queriendo ir demasiado lejos con la globalización y ahora nos encontramos con que el régimen de comercio internacional se ha convertido en una palabrota en boca de los populistas. Ahora son los unilateralistas y proteccionistas como Trump los que se anotan los tantos. Así que desde un punto de vista práctico, no creo que mi propuesta vaya a pasar mañana por la OMC. Pero sí creo que tenemos que estar preparados y generar soluciones.
P. ¿Cómo habría que reaccionar?


“Recuperar la soberanía económica no es más que ponerla al servicio de la mayoría”

R. En un mundo dividido políticamente no se puede aspirar a una integración económica completa y hay que moderar las ambiciones sobre el nivel de globalización posible. El sistema tiene que funcionar para la mayoría de los votantes en las principales naciones comerciales. Los gobiernos necesitan margen de acción para mantener sus reglas y desarrollar su contrato social. Si aspiramos a tener todos los beneficios de la economía más abierta posible, nos quedamos sin el apoyo político necesario para una economía moderadamente abierta. Tal vez no perfecta, pero abierta.
P. “No alcanza con unos retoques en la desigualdad y unas compensaciones para los perdedores de la globalización, hace falta un nuevo Bretton Woods”, escribió…
R. Sí, pero no un Bretton Woods global. El que yo pienso es 80% doméstico y 20% internacional. Creo que lo más urgente ahora mismo es una nueva forma de comprender el mundo. En muchas áreas de la globalización hemos ido demasiado lejos y un poco de retirada sería lo más sensato. La globalización financiera es un ejemplo claro. Pero el verdadero desafío es doméstico, todo lo que los países pueden hacer por su cuenta sin necesidad de un acuerdo global. Terminar con esa brecha económica y social entre las élites y el resto de la sociedad es, en mi opinión, un desafío doméstico que puede lograrse sin acuerdos globales.
P. ¿Recuperar la soberanía en política económica?
R. No se trata de recuperarla porque los países nunca dejaron de tenerla. Lo que pasa es que no la usaron en beneficio de las mayorías. La élite tecnocrática hiperglobalizadora se apropió de esa soberanía convenciendo a grandes franjas de la intelectualidad liberal de que sólo había un camino para el desarrollo, el de este programa de la ultra globalización. En algún momento llegarían todos los beneficios y, si no ocurría así, de todos modos había que hacerlo porque no quedaba otra alternativa. Ese relato se ha estrellado. Recuperar la soberanía no es otra cosa que reubicarla para ponerla al servicio de las mayorías.
P. Avanzar en la unión política o retroceder en la integración económica, escribió, es la respuesta para el dilema europeo, ¿está inclinándose la balanza hacia la desintegración?
R. Eso parece y es algo que me preocupa y me hace ser muy pesimista por el futuro de la Unión. Ojalá que los partidos de centro izquierda y de centro derecha puedan decidirse y decir de forma inequívoca cuáles son sus objetivos. Emmanuel Macron ya lo ha hecho, al decir que quiere seguir avanzando en la integración fiscal y política. Pero los otros no son tan claros sobre la necesidad de crear instituciones representativas a nivel europeo, a las que ceder soberanía para mantener la integración económica. Por eso los populistas son atractivos. Al menos ellos son honestos cuando dicen que no quieren ceder soberanía y que están dispuestos a renunciar a Bruselas y a la integración económica europea. Pero incluso si un retroceso en la integración económica termina siendo el escenario, hay formas de hacerlo para que sea lo más inclusivo posible.
P. ¿Cómo sería un retroceso inclusivo de la integración económica de Europa?
R. Atacando el problema de la desigualdad económica y social, llevando el proceso político más cerca de la gente y usando la soberanía económica para lograr la integración doméstica. Quitar el foco de la integración económica internacional y ponerlo en la integración económica y social dentro de cada país.
https://elpais.com/economia/2018/10/31/actualidad/1541011177_878959.html

COLECCIÓN DE FOTOGRAFÍAS DE ROBERT DOISNEAU


Robert Doisneau no es solo el hombre que inmortalizó a los amantes de la explanada del ayuntamiento de París, también es el de los trabajadores. Los de las fábricas de Renault de Boulogne-Billancourt (donde fue fotógrafo industrial de 1934 a 1939), los de talleres y las minas. Aquellos con condiciones de trabajo difíciles. Aquellos que a menudo son olvidados en las obras de arte. Es un fotógrafo comprometido, honrando, que rinde homenaje a los más pequeños y los olvidados. También es un Doisneau que, para el periódico de la CGT La Vie Ouvrière, dio su visión del mundo laboral. El libro recoge una amarga realidad que, más de cincuenta años después, sigue resonando en nuestra memoria y recuerda que incluso ahora, el mundo de los trabajadores no es fácil.

              

Cómo vivir solos: filosofía de la deserción // Peter Pal Pelbart

ANARQUÍA CORONADA

Cómo vivir solos: filosofía de la deserción // Peter Pal Pelbart

Publicada en 27 mayo, 2018

Este título es un juego de palabras a partir del Cómo vivir juntos de Roland Barthes, e inspirado en una escena de la que fui testigo, a comienzos de los años ochenta, en una clase de Deleuze en París. En una de tantas, uno de los asistentes, tal vez un paciente de Guattari de la clínica La Borde, interrumpió la disertación para preguntar por qué hoy en día se dejaba a las personas tan solas, por qué era tan difícil comunicarse. Deleuze respondió gentilmente: el problema no es que nos dejan solos, es que no nos dejan lo suficientemente solos. No puedo imaginarme qué provocó esta respuesta zen al afligido interlocutor. Venida, por otro lado, de alguien que definió el trabajo del profesor como el de reconciliar al alumno con su soledad. De cualquier modo, Deleuze no se cansó de escribir que sufrimos un exceso de comunicación, que estamos “atravesados de palabras inútiles, de una cantidad demente de palabras e imágenes”, y que sería mejor crear “vacuolas de soledad y de silencio” para que por fin se tenga algo que decir.(1) El hecho es que Deleuze nunca dejó de reivindicar la soledad absoluta. Incluso en los personajes que privilegia a lo largo de su obra, vemos con cuánta insistencia vuelve este tema. Tomemos el caso de Bartleby, el escribiente descrito por Melville, que ante cada orden de su patrón, responde: I Would prefer not to, “Preferiría no hacerlo”. Con esta frase lacónica alborota su entorno. El abogado oscila entre la piedad y el rechazo frente a este empleado plantado detrás del biombo, pálido y flaco, hecho un alma en pena, que por poco no habla, ni come, que nunca sale, al que es imposible sacar de ahí, y que sólo repite: preferiría no hacerlo. Con su pasividad desmonta los resortes del sentido que garantizan la dialéctica del mundo y hace que todo se ponga a correr, en una desterritorialización del lenguaje, de los lugares, de las funciones, de los hábitos. Desde el fondo de su soledad, dice Deleuze, tales individuos no revelan sólo el rechazo de una sociabilidad envenenada, sino que son un llamado a una solidaridad nueva, invocación de una comunidad por venir.
Cuántos lo intentaron, y por las vías más tortuosas. Dado que Roland Barthes, en su texto Cómo vivir juntos, se permitió revelar su fantasía personal de comunidad, a saber, el monasterio en el monte Athos, yo también me permito tomar un ejemplo demodé, venido del campo psiquiátrico. Reclusión por reclusión, cada uno con su fantasía.
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Pues bien, Jean Oury, que dirigió junto con Félix Guattari la clínica La Borde, prácticamente se internó con sus pacientes en ese castillo antiguo y decadente. La cuestión que lo asedió por el resto de su vida no es indiferente a los Bartlebys que cruzamos en cada esquina, este gran manicomio posmoderno que es el nuestro: ¿Cómo sostener un colectivo que preserve la dimensión de la singularidad? (2) ¿Cómo crear espacios heterogéneos, con tonalidades propias, atmósferas distintas, en los que cada uno se enganche a su modo? ¿Cómo mantener una disponibilidad que propicie los encuentros, pero que no los imponga, una atención que permita el contacto y preserve la alteridad? ¿Cómo dar lugar al azar, sin programarlo? ¿Cómo sostener una “gentileza” que permita la emergencia de un hablar allí donde crece el desierto afectivo?
Cuando describió La Borde, Marie Depuse se refirió a una comunidad hecha de suavidad, no obstante macerada en el roce con el dolor.
Estos sujetos necesitan hasta del polvillo para protegerse de la violencia del día. Por eso, cuando se barre, es preciso hacerlo despacito. “Es mientras se gira en torno a sus camas, que se recogen las migas, que se tocan sus sábanas, su cuerpo, que tienen lugar los diálogos más suaves, la conversación infinita entre aquellos que temen la luz y aquellos otros que toman sobre sí la miseria de la noche.” Ninguna utopía aséptica, tal vez porque el psicótico está ahí, feliz o infelizmente, para recordarnos que hay algo en el mundo empírico que gira en falso (Oury). (3) Es verdad que todo esto parece pertenecer a un pasado casi proustiano. Pero el propio Guattari nunca dejó de reconocer su deuda para con esa experiencia colectiva y su esfuerzo por conferir la “marca de singularidad a los mínimos gestos y encuentros”.(4) Hasta confiesa que, a partir de ese momento, pudo “soñar con aquello en lo que podría convertirse la vida en los conglomerados urbanos, en las escuelas, en los hospitales”,(5) si los agenciamientos colectivos fuesen sometidos a un “tratamiento barroco” semejante. Pero nuestro presente está lejos de seguir tal dirección, incluso y sobre todo en este capitalismo en red que enaltece al máximo las conexiones y las monitorea y modula con finalidades vampirescas. Aún así, deberíamos poder distinguir estas toneladas de “soledad negativa” producidas en gran escala, de aquello que Katz llamó “soledad positiva”, que consiste en resistir a un socialitarismo despótico, y desafiar la tiranía de los intercambios productivos y de la circulación social. En estos desenganches se esbozan, a veces, subjetividades precarias, máquinas célibes, gestos adversos a cualquier reinscripción social.
Me permito mencionar una anécdota de la Compañía Teatral Ueinzz, integrada por pacientes de salud mental y en ese momento de gira en el Festival de Teatro de Curitiba. Uno de los actores, instalado en el sofá del salón del lujoso hotel, posa su taza de café en la mesa y abre el diario. Yo lo observo de lejos, en ese contexto poco habitual de un Festival Internacional, y me digo: podría ser Artaud, o algún actor polaco leyendo en el diario la crítica sobre su obra. En eso, miro para abajo y veo en el dedo gordo de uno de sus pies un bloque de uña amarilla retorcida saltando fuera de la chancleta. Como quien dice: “no se acerquen”. Quizás quepa aquí la bella definición de Deleuze-Guattari: el territorio es primeramente la distancia crítica entre dos seres de la misma especie; marcar sus distancias.(6) El bloque animal y monstruoso, la uña indomable, signo de lo inhumano, es su distancia, su soledad, pero también su firma. Dejo para otro momento, claro, las uñas de Deleuze.
El dramaturgo argentino Eduardo Pavlovsky creó un personaje que ilustra con humor esta misma reivindicación. La preocupación constante de Poroto es saber cómo va a escapar de las situaciones que se presentan: dónde se va a sentar en una fiesta para poder escabullirse sin ser visto, qué coartada va a inventar para deshacerse de un conocido. (7) Y llega a exclamar esta frase implacable, verdadero puñetazo al estómago de muchos psicoanalistas:“…basta de vínculos, sólo contigüidad de velocidades”. ¿No tendremos ahí el esbozo de algo propio de nuestro universo, tan lejos de aquel otro en que todos interrumpían sus cosas para “discutir la relación”? Una subjetividad más esquizo, fluida, de vecindad y resonancia, de distancias y encuentros, más que de vinculación y pertenencia. Más propia, tal vez, de una sociedad de control y sus mecanismos flexibles de monitoreo, que de una sociedad disciplinaria y su lógica rígida de pertenencia y filiación.
En un pequeño libro titulado La comunidad que viene, (8) Agamben recoge un efecto de esta mutación. Evoca una resistencia proveniente, no como antes, de una clase, de un partido, de un sindicato, de un grupo, de una minoría, sino de una subjetividad cualquiera, de cualquiera, como aquel que desafía un tanque en la Plaza Tiananmen, que ya no se define por su pertenencia a una identidad específica, sea de un grupo político o de un movimiento social. Es lo que el estado no puede tolerar, dice, es la singularidad cualquiera, que no hace valer un lazo social, que declina toda pertenencia, pero que justamente por eso manifiesta su ser común. Es la condición, según Agamben, de toda política futura. TambiénChatelet reivindicaba el heroísmo del individuo cualquiera, el gesto excepcional del hombre común que impulsa en el colectivo individuaciones nuevas, en contraposición a la mediocridad del hombre medio, que Zizek llama Homo Otarius.
¿O habría que acompañar a Lazzarato en la definición que hace de nuestro presente no tanto por la hegemonía del trabajo inmaterial, como por la difusión, por la contaminación de los comportamientos minoritarios, de las prácticas de contra-conducta?(9) Lo cual engendra procesos de bifurcación en relación con la subjetividad dominante: singularizaciones inauditas, agenciamientos insólitos, tanto dentro como fuera de la red. Visto así, la naturaleza de la resistencia sería indisociable de la cooperación productiva contemporánea y de su proceso colectivo. En este sentido, puede tener razón Sloterdijk cuando sugiere que ya no giramos en torno a los términos de soledad y alistamiento, como hace unas décadas, sino a los de cooperación y comunicación. Es una lástima que cuando cuestiona nuestro solipsismo antropológico con su teorización de las esferas, para contestar al primado del individualismo ontológico, recurra a una metafísica del doble, del ser-dos. (10) Barthes, en el texto al que hice referencia antes, al menos deja su reflexión en suspenso, aunque siga siendo dicotómico. Puesto que cuando evoca lo colectivo, incluso depurado de colectivismo, recurre a la soledad que nos salvaría de la opresión comunitarista. Y cuando se apresta al escape solitario, evoca lo colectivo como una protección compensatoria: “Ser extranjero es inevitable, necesario, deseable, salvo cuando cae la noche”.(11) Como si el vivir-juntos sirviese sólo “para afrontar juntos la tristeza de la noche”. ¿Será así?
Es hora de volver a Deleuze. ¿Qué soledad absoluta es esa que reivindica, por ejemplo, cuando se refiere a Nietzsche, a Kafka, a Godard? Es la soledad más poblada del mundo.(12) Lo que importa es que desde el fondo de ella se puedan multiplicar los encuentros. No necesariamente con personas, sino con movimientos, ideas, acontecimientos, entidades. “Somos desiertos, pero poblados de tribus… Pasamos nuestro tiempo acomodando esas tribus, disponiéndolas de otro modo, eliminando algunas de ellas, haciendo prosperar otras. Y todas estas poblaciones, todas estas multitudes no impiden el desierto, que es nuestra propia ascesis; al contrario, ellas lo habitan, pasan por él, sobre él […] El desierto, la experimentación sobre sí mismo, es nuestra única identidad, nuestra única alternativa para todas las combinaciones que nos habitan.”(13)
Cuánta fascinación ejercían sobre él estos tipos solitarios, y al mismo tiempo hombres de grupo, de banda… Aún cuando lleven un nombre propio, este nombre designa primero un agenciamiento colectivo. El punto más singular abriéndose a la mayor multiplicidad: rizoma. Por eso cabe salir del “agujero negro de nuestro Yo” donde nos alojamos con nuestros sentimientos y pasiones, deshacer el rostro, tornarse imperceptible, y pintarse con los colores del mundo (14) (Lawrence)… La soledad más absoluta, a favor de la despersonalización más radical, para establecer otra conexión con los flujos del mundo… “El máximo de soledad deseante y el máximo de socius”. (15) O como en Godard: estar solo pero ser parte de una asociación de malhechores; en cualquier caso, la deserción, la traición (a la familia, a la clase, a la patria, a la condición de autor), se sirve de la soledad como de un medio de encuentro, en una línea de fuga creadora.(16) Así, tal soledad es cualquier cosa menos un solipsismo: es la forma por la cual se deserta a la forma del yo y sus compromisos infames, a favor de otra conexión con el socius y el cosmos. De modo que el desafío del solitario, contrariamente a cualquier reclusión autista, aún cuando se llame Poroto o Bartleby, incluso cuando termine en un hospicio, es siempre encontrar o reencontrar un máximo de conexiones, extender lo más lejos posible el hilo de sus “simpatías” vivas (Lawrence).(17)
Tal vez todo esto dependa, en el fondo, de una rara teoría del encuentro. Incluso en el extremo de la soledad, encontrarse no es chocar extrínsecamente con otro, sino experimentar la distancia que nos separa de él, y sobrevolar esta distancia en un ir-y-venir loco: “Yo soy Apis, Yo soy un egipcio, un indio piel-roja, un negro, un chino, un japonés, un extranjero, un desconocido, yo soy un pájaro del mar y el que sobrevuela tierra firme, yo soy el árbol de Tolstoi con sus raíces”,(18) dice Nijinski. Encontrar puede ser, también, envolver aquello o a aquél que uno se encuentra, de donde la pregunta de Deleuze: “¿Cómo puede un ser apoderarse de otro en su mundo, conservando o respetando, sin embargo, las relaciones y mundos que le son propios?”.(19) A partir de esta distancia, que Deleuze llamó “cortesía”, Oury “gentileza”, Barthes “delicadeza”, Guattari “suavidad”, hay al mismo tiempo separación, ir-y-venir, sobrevuelo, contaminación, envolvimiento mutuo, devenir recíproco.(20) También podría llamársela simpatía: una acción a distancia de una fuerza sobre otra.(21) Ni fusión, ni dialéctica intersubjetiva, ni metafísica de la alteridad, sino distancias, resonancias, síntesis disyuntivas. Con esto Deleuze relanza el vivir-solo en una dirección inusitada. Una ecología subjetiva precisaría sostener tal disparidad de mundos, de puntos de vista, de modo tal que cada singularidad preservase, no sólo su inoperancia, sino también su potencia de afectar y de envolver en el inmenso juego del mundo. Sin lo cual cada ser zozobra en el agujero negro de su soledad, privado de sus conexiones y de la simpatía que lo hace vivir.
Como se ve, a pesar de lo extravagante del título de este texto, no pretendí presentar un manual de autoayuda sobre cómo vivir solos en tiempos sombríos. Quería partir de las vidas precarias, de los desertores anónimos, de los suicidados de la sociedad para problematizar sus soledades y también, desde el fondo de éstas, los gestos evanescentes que inventan una simpatía y hasta una solidaridad, en el contexto biopolítico contemporáneo. Entre un Bartleby, un Poroto o uno de nuestros locos, veo a veces esbozos de lo que podría llamarse una comunidad incierta, no sin conexión con eso que obsesionó a la segunda mitad del siglo XX, de Bataille a Agamben, a saber: la comunidad de los que no tienen comunidad, la comunidad de los solteros, la comunidad inoperante, la comunidad imposible, la comunidad del juego, la comunidad que viene. Lo que Barthes llamó “socialismo de las distancias”, o un socialismo (palabra caída en desuso) tal como Chatêlet redefinió: “…a cada cual según su singularidad”. Una cosa es segura: frente a la comunidad terrible que se propagó por el planeta, hecha de vigilancia recíproca y frivolidad, estos seres necesitan de su soledad para ensayar su bifurcación loca, y conquistar el lugar de sus simpatías.

Notas:

(1). Gilles Deleuze, Conversaciones, Valencia, Pre-Textos, 1995, p. 275.
(2). Jean Oury, Seminaire de Sainte Anne, París, Du Scarabée, 1986, p. 9.
(3). J. Oury, Seminaire, op. cit., p. 41.
(4). Félix Guattari, Caosmosis, Buenos Aires, Manantial, 1996: “Está claro, acá, que no propongo la Clínica La Borde como un modelo ideal. Pero creo que esa experiencia, a pesar de sus defectos y sus insuficiencias, tuvo y todavía tiene el mérito de colocar problemas y de indicar direcciones axiológicas por las cuales la psiquiatría puede redefinir su especificidad”.
(5). F. Guattari, Ibíd.
(6). G. Deleuze y F. Guattari, Mil Mesetas, Valencia, Pre-Textos, 2002.
(7). Eduardo Pavlovsky, Poroto, Buenos Aires, Búsqueda de Ayllu, 1996.
(8). Giorgio Agamben, La comunidad que viene, Valencia, Pre-Textos, 2006.
(9). Maurizio Lazzarato, Políticas del acontecimiento, Buenos Aires, Tinta Limón, 2006.
(10). Peter Sloterdijk, Esferas I, Madrid, Siruela, 2009.
(11). Roland Barthes, Cómo vivir juntos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.
(12). G. Deleuze, Diálogos, Valencia, Pre-Textos, 1980, p. 10.
(13). G. Deleuze, Ibíd., pp. 15-16.
(14). G. Deleuze, Ibíd., pp. 55-56.
(15). F. Guatari, Écrits pour l’Anti-Oedipe, París, Lignes & Manifestes, 2004, p. 446.
(16). G. Deleuze, Diálogos, op. cit., p. 14.
(17). G. Deleuze, Crítica y clínica, Barcelona, Anagrama, 1996, p. 67. [Traducción ligeramente modificada].
(18). Vaslav Nijinsky, Diario, citado en El Anti-Edipo, Barcelona, Paidós, 1995, p. 83.
(19). G. Deleuze, Spinoza: filosofía práctica, Buenos Aires, Tusquets, 2004.
(20). François Zourabichvili, Deleuze, una filosofía del acontecimiento, Buenos Aires, Amorrortu, 2004, p. 138. “Devenir”: “La gran idea es, por lo tanto, que los puntos de vista no divergen sin implicarse mutuamente, sin que cada uno ‘devenga’ el otro en un intercambio desigual que no equivale a una permutación”.
(21). M. Lazzaratto, Puissances de l’invention, París, Seuil, 2002, p. 98.

http://lobosuelto.com/?p=19831








Generación Viagra


Generación Viagra: cómo son los infieles mayores de 65 años

Según una encuesta realizada por la red social para infieles www.AshleyMadison.com, el 84,2% de los hombres mayores a 65 años tienen aventuras extramatrimoniales con mujeres al menos 10 años menores.
Esto se desprende de un sondeo realizado entre 13,256 hombres mayores de 65 años que actualmente son usuarios activos en Ashley Madison. La encuesta reveló que estos hombres denominados “Generación Viagra”, y a diferencia de lo que sucedía varios años atrás, son sumamente activos.
De hecho, el 63% de ellos son emprendedores, comerciantes o dueños de su propia empresa. Sólo el 10% está jubilado. Cuando se les consultó por la actividad sexual dentro e sus hogares, el 89% de ellos confesó tener relaciones sexuales con sus mujeres menos de cuatro veces por mes.
Según explicó Francisco Goic, director regional de la red social “los hombres de la “Generación Viagra” se siguen fanatizando con el sexo y buscan alternativas fuera de sus casas ya que sus esposas que no suelen tener interés en mantener la actividad. Es por eso que la gran mayoría de ellos se acuestan con mujeres mucho más jóvenes: además de placer, encuentran una cuota de rejuvenecimiento que ayuda a levantar la autoestima”.
Del mismo modo, se justifican ellos: un 69% de los encuestados confesó que la falta de sexo en su matrimonio es la principal causa para cometer una infdelidad y el 41% aseguró ser infiel en búsqueda de alguna motivación o para escapar por un rato de la rutina.
Finalmente, Goic agregó que “en lugar de estar condenados a un matrimonio sin sexo, estos hombres están usando plataformas digitales como la de AshleyMadison.com para encontrar una relación extra marital que se adapte a sus necesidades, y como son personas autosuficientes, con buenos trabajos y alto nivel adquisitivo, no tienen ningún reparo en buscar soluciones prácticas a sus problemas, incluso cuando de sexo se trata”.


La "renovada" actividad sexual de los hombres que toman la pastilla azul reveló que 8 de cada 10 personas tienen aventuras extramatrimoniales. Muchos buscan mujeres al menos diez años más jóvenes.
La denominada "Generación Viagra", los hombres mayores de 65 años que gozan de una vida sexual activa, es una de las franjas etarias más infieles según una encuesta que reveló que el 84,2 por ciento de los mayores a 65 años tienen aventuras extramatrimoniales con mujeres al menos diez años menores.
El sondeo, realizado por la red social para infieles AshleyMadison.com, incluyó el testimonio de 13.256 hombres mayores de 65 años que actualmente son usuarios activos en este portal de internet.
En este marco, la encuesta detalló que los integrantes de la "Generación Viagra" a diferencia de lo que sucedía varios años atrás, son sumamente activos en su vida. De hecho, el 63 por ciento de ellos son emprendedores, comerciantes o dueños de su propia empresa; sólo el 10 por ciento está jubilado.
Al ser consultados por la actividad sexual dentro de sus hogares, el 89 por ciento de los adultos mayores confesó tener relaciones sexuales con sus mujeres menos de cuatro veces por mes.
Rejuvenecimiento

Según explicó Francisco Goic, director regional de la red social, "los hombres de la 'Generación Viagra' se siguen fanatizando con el sexo y buscan alternativas fuera de sus casas ya que sus esposas que no suelen tener interés en mantener la actividad. Es por eso que la gran mayoría de ellos se acuestan con mujeres mucho más jóvenes: además de placer, encuentran una cuota de rejuvenecimiento que ayuda a levantar la autoestima".
En esta misma línea de razonamiento opinaron los encuestados: un 69 por ciento de los consultados confesó que la falta de sexo en su matrimonio es la principal causa para cometer una infidelidad y el 41 por ciento aseguró ser infiel en búsqueda de alguna motivación o para escapar por un rato de la rutina.
Finalmente, Goic remarcó que "en lugar de estar condenados a un matrimonio sin sexo, estos hombres están usando plataformas digitales como la de AshleyMadison.com para encontrar una relación extra marital que se adapte a sus necesidades, y como son personas autosuficientes, con buenos trabajos y alto nivel adquisitivo, no tienen ningún reparo en buscar soluciones prácticas a sus problemas, incluso cuando de sexo se trata".
Por otra parte, la red social de infieles consultó a sus usuarios, sin distinción de sexo, sobre sus actividades laborales. En este sentido, Goic contó que "otro dato por demás llamativo es el relacionado a los ingresos familiares: el 54% de las mujeres infieles ganan más que sus maridos. Y, en esa lógica, y de forma contundente, el 82% de los piratas confesaron ganar más plata que sus mujeres. O sea, tanto de un lado como del otro, los infieles ganan más dinero que sus parejas."
Siguiendo esa línea, se les consultó a los usuarios específicamente acerca de qué tipo de infidelidad les parecía peor: si la infidelidad sexual, la infidelidad económica - que gasten más dinero del debido en sus amantes - o la infidelidad emocional - estar pensando o sintiendo ganas de estar con otra persona aunque aún no haya sucedido nada-. Mientras que ellos creen que es peor la infidelidad cuando la cama está de por medio (36%), ellas, pareciendo cuidar la economía familiar, dicen que les resulta mucho peor la infidelidad económica (34%). 

https://www.diariopopular.com.ar/general/la-generacion-viagra-al-frente-la-infidelidad-n205105
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Generación Viagra (2)

Hace unas semanas un señor de la tercera edad acosó a una amiga de nuestra columnista. Ahora, ella nos cuenta el final de la historia.


6 SEPTIEMBRE 2009 Revista Mujer


Recapitulemos.Un señor de las ocho décadas intentó seducir a Ximena, de 38 años, con la chiva de que los presentaron en un entierro.

Esta situación llevó a Ximena a plantearse una serie de preguntas, todas inquietantes: ¿Me llegó, acaso, el viejazo? ¿Es el Viagra responsable de que los abuelos salgan a poncear a la salida de las farmacias?

–¿Tiene usted algún tipo de compromiso? –insistió el galán volviendo a Ximena a la realidad.

–Sí. Me esperan en mi casa.

–¿Es usted casada?

–Por supuesto.

–Felicitaciones entonces.

–Muchas gracias, señor.

–No la felicito a usted. Felicito a sumarido –en ese momento, el veterano se sacó el sombrero y continuó su marcha enclenque, pero segura, más allá de la farmacia Galénica.

Un par de primaveras atrás, había vivido una situación parecida. Esa vez, Ximena estaba decidida a enfrentar el verano “en forma” y se inscribió en un gimnasio muy chic para practicar Pilates. El problema fue que, por dárselas de gimnasta olímpica, al mes estaba en la consulta del traumatólogo.

Por suerte, a unas cuadras se había instalado un centro de medicina cubana llamado Servirep. En un comienzo el nombre no le pareció muy atractivo: Ser-vi-rep sonaba demasiado a servicio de reparaciones. Pero el dolor a la espalda pudo más.

¡Qué diferencia pasar del glamour del centro de Pilates al austero ambiente de Servirep! Si al gimnasio llegaban alumnas regias y en tenidas deportivas ultra sexies, al centro médico acudía un público mayoritariamente masculino, pensionado y tullido en distintos grados. Ximena y su buzo elasticado causaban furor.

Por las mañanas comenzaba su rutina sobre una colchoneta ochentera. “Arriba, abajo.Mueva la pierna para un lado y ahora para el otro. ¡Muy bien señorita!…”, la animaba el instructor con acento caribeño.

Hasta que un día se dio cuenta de que su performance provocaba estragos en el resto de los pacientes del centro. Las muletas quedaban a un lado y hasta el más damnificado por la artritis alargaba el pescuezo para observar a la pinturita. Claro que transformarse en el objeto del deseo de la tercera edad le causó cierto desasosiego y, apenas se sintió mejor, Ximena abandonó el lugar.


Todo esto lo recordaba mientras veía alejarse por Providencia al maduro galán. Ahora Ximena entendía todo: no los habían presentado en un entierro. Seguro se conocieron en Servirep.

http://www.revistamujer.cl/2009/09/06/01/contenido/3_428_9.shtml/


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"Generación viagra": El 88% de los varones mayores a 65 años buscan amantes jóvenes para aventuras
Sitio de citas extramaritales comprobó además que ellos superan a las mujeres de la misma edad en el portal.
Por El Dínamo 4 de septiembre de 2014

De acuerdo al último estudio del portal de infieles AshleyMadison.com un porcentaje récord de hombres mayores de 65 años están buscando citas para tener aventuras. A nivel mundial, estos adultos mayores comprenden el 1,4% de más de 28 millones de miembros del sitio.

Noel Biderman, CEO y fundador de AshleyMadison.com, explica la popularidad de la página web con este grupo etáreo: “Muchos hombres mayores de 65 años, o la ‘Generación Viagra’ como cariñosamente los llamamos, todavía fantasean tener sexo con la frecuencia de sus contrapartes más jóvenes, debido a que sus mujeres ya no demuestran el mismo interés, y por eso muchos maridos optan por encontrar satisfacción fuera del matrimonio”, asegura.

La encuesta se realizó a más de 13 mil usuarios varones de más de 65 años de edad en AshleyMadison.com y reveló además los siguientes datos:

-87.8% de los hombres en la “Generación Viagra” tiene aventuras con mujeres de al menos 10 años menores.

-Sólo el 8,6% de estos hombres son jubilados, y de los que aún trabajan, el 69,1% son empresarios.

-Las motivaciones más comunes para buscar aventuras son: estar en un matrimonio sin sexo (67%) y en busca de emociones (39%)

En el caso de los usuarios chilenos, el estudio arrojó las siguientes cifras:

-88,2% de los hombres chilenos mayores de 65 años tiene relaciones amorosas con mujeres de al menos 10 años menor.

-9.3% de estos hombres son jubilados, y de los que aún tienen empleo, el 60,5% son empresarios que dirigen sus propias empresas.

-Las principales motivaciones para ser infiel son, estar en un matrimonio sin sexo (70%) y en busca de emociones (34%)

El fundador del sitio de citas concluyó que “en lugar de ser condenado a un matrimonio sin sexo, estos hombres están optando por utilizar AshleyMadison.com como una manera de encontrar una pareja extramatrimonial que coincida con su estilo de vida y necesidades”.

https://www.eldinamo.cl/d-mujer/2014/09/04/generacion-viagra-el-88-de-los-varones-mayores-a-65-anos-buscan-amantes-jovenes-para-aventuras/