Cada año se registran al menos 14 millones de episodios de conductas autolesivas en todo el mundo, según una investigación de la revista 'The Lancet'.
La última encuesta del grupo de investigación COMKIDS revela que el 95% de los jóvenes defiende regular este tipo de contenidos en redes sociales.
Rocío Cruz
Claudia (nombre ficticio para conservar su anonimato) empezó a autolesionarse con seis años. Buscaba calmar un dolor mental que no sabía nombrar. Creía que "merecía" hacerse daño, que era una "mala" persona y una "mala" hija. A su alrededor, consideraban que su comportamiento era "cosa de niños". Con los años llegaron las redes sociales a su vida. Y con ellas, el algoritmo. Un día se topó con un vídeo sobre autolesiones en Instagram. Le dio a "me gusta". ¿El feedback? "Desde ese momento me empezaron a aparecer cada vez más publicaciones así: algunas decían que no era la solución, otras directamente las apoyaban. Me dejé llevar. Esos vídeos influyeron mucho en mi relación con la conducta autolesiva", confiesa a Público.
En internet descubrió un lenguaje propio, casi clandestino: sh (self-harm, autolesiones en inglés), códigos de barras que imitan cortes en la piel o el término "cebra" para referirse a quienes se autolesionan cortándose. "Hay vídeos de gente que intenta pedir ayuda sin decirlo abiertamente, con frases del tipo: En vez de llorar yo, que lloren mis brazos. Mis brazos decían lo que de mi boca no podía salir", explica. Como consumidora habitual de ese contenido, Claudia sentía alivio. No estaba sola. Había más personas con su mismo comportamiento. Hoy, con 16 años, dice sentirse atrapada en una adicción: la de las Autolesiones No Suicidas (ANS). "Desengancharse es muy difícil. Llevo seis años intentándolo y he recaído alguna que otra vez".
La exposición continuada a este tipo de publicaciones terminó por normalizar su conducta. Las autolesiones dejaron de parecerle un problema y pasaron a convertirse en su única vía de escape. Incluso, las llegó a percibir como algo "bueno" o "sano". "Está bien hablar del tema en redes sociales para generar conciencia, pero no incitar ni normalizar un problema así. Yo censuraría todo el contenido que apoye las autolesiones", incide. Para la menor, "la solución no son las autolesiones. Siempre hay otras formas de desahogarse: escuchar música, salir a correr o a caminar, dibujar, escribir...".
Claudia, menor con conductas autolesivas: "Censuraría todo el contenido que apoye las autolesiones en redes sociales"
Las cifras dan que pensar. El 17% de los jóvenes reconoce haber recibido alguna vez imágenes de conductas autolesivas en su teléfono y, de ellos, más de un tercio (37%) asegura que la experiencia le provocó miedo. TikTok y X (antes Twitter) se sitúan como las principales plataformas a las que acuden para buscar este tipo de contenido. Los jóvenes reclaman información y límites. El 77% considera que los medios de comunicación deberían abordar las autolesiones, mientras que un 95% defiende la necesidad de regular este tipo de contenidos en las redes sociales. Uno de los códigos más extendidos es el "código de barras": el 24% de los encuestados afirma conocer su significado, una metáfora que alude al aspecto de los cortes en la piel.
Todos estos porcentajes salen de la reciente encuesta del grupo de investigación COMKIDS, de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid. Elaboraron un cuestionario dirigido a 1.017 estudiantes de entre 18 y 30 años de universidades públicas y privadas de toda España. Esther Martínez, catedrática en el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la URJC, investigadora principal del estudio La representación mediática de las autolesiones de los menores en los medios de comunicación y redes e integrante del grupo COMKIDS, analiza con Público cómo se construye y circula el lenguaje de las autolesiones en internet.
Cuando el 'feed' habla de heridas
"De forma no explícita, los chicos y chicas utilizan las redes sociales para crear comunidades digitales y encontrar a otros jóvenes que comparten conductas autolesivas", detalla Martínez. "Buscan un espacio que perciben como seguro, donde puedan compartir inquietudes y dudas: desde cómo ocultar las heridas hasta cómo evitar una recaída", prosigue. Según la investigadora, la clave está en la necesidad de hablar sin miedo al juicio. "Quieren expresarse, como dicen ellos, sin ser juzgados ni estigmatizados, en un entorno digital con iguales que atraviesan la misma situación y sin sentirse vigilados por adultos". "No es algo que hagan de manera consciente", valora.
Esther Martínez, experta en comunicación y conductas autolesivas: "Si existieran apoyos sólidos, las redes serían espacios seguros"
La literatura académica, apunta la catedrática, se divide en dos grandes posiciones. Por un lado, quienes sostienen que la presencia de las autolesiones en redes sociales podría facilitar la intervención de adultos o profesionales y convertirse en una vía de ayuda. Por otro, quienes advierten de que estos contenidos tienden a retroalimentar la conducta, haciendo que el joven se adentre cada vez más en ella y que resulte más difícil salir. Martínez se inclina por esta segunda interpretación. "Si existieran apoyos sólidos por parte de las administraciones públicas o de asociaciones y profesionales de la salud, estos espacios podrían llegar a ser seguros. Pero, por lo que hemos podido comprobar y tras hablar con muchos profesionales, lo habitual es que no lo sean", deja caer. "Lo que acaban generando, como me decían algunos jóvenes entrevistados, son ganas de autolesionarse más".
El pasado octubre, la URJC, junto con la agencia especializada en comunicación y marketing para el sector salud VML Health, lanzaron la campaña Sounds Of Silence (SOS). ¿Su objetivo? Dar visibilidad a las conductas autolesivas en jóvenes y ofrecer herramientas para reconocer sus señales. En este enlace se pueden escuchar los testimonios de adolescentes que comparten sus experiencias, como Ana, Paula, Iván, Eva y Carmen.
Mensajes ocultos
Hace unos meses, Pilar Cruz, ayudante de investigación del grupo COMKIDS, comenzó a analizar la presencia de las conductas autolesivas en Instagram. Lo que encontró la sorprendió desde el primer momento. "No esperaba encontrarme con todo esto. Soy usuaria habitual de la red y en mi cuenta personal nunca había visto nada parecido", dice al otro lado del teléfono. La explicación, puntualiza, está en el propio funcionamiento de la plataforma. "Es el algoritmo el que acaba empujándote hacia este contenido. Muchas veces ni siquiera utilizan hashtags, pero aun así te aparece", concreta. En su rastreo detectó desde publicaciones explícitas hasta memes o contenidos más íntimos. "Sobre todo adolescentes que muestran su cara acompañada de textos con los que intentan expresar su dolor, con referencias constantes a las autolesiones".
Pilar Cruz, miembro de COMKIDS: "En las redes, casi nunca aparecen mensajes de precaución o apoyo para las conductas autolesivas"
Otro elemento que le llamó la atención fue el nivel de interacción. "Hay muchísimos comentarios, me gusta y compartidos. He llegado a ver publicaciones con más de 127.000 likes", corrobora. Las cuentas que difunden este material suelen ser perfiles secundarios, anónimos, que no revelan la identidad de quién está detrás. También es habitual el uso de sonidos o canciones como hilo conductor. "Te metes en una canción y automáticamente te aparece todo el contenido de personas que hablan de autolesiones. Es una forma muy fácil de llegar a él". Cruz recalca, además, la escasa presencia de advertencias. "Solo en dos ocasiones vi un aviso de contenido sensible", dice. Frente a la abundancia de publicaciones de este tipo, el contenido preventivo es prácticamente inexistente. "No aparecen mensajes de precaución, de apoyo o de contacto. Casi nunca".
En ese ecosistema digital, las autolesiones conviven además con referencias a otras adicciones, desde las drogas o el tabaco hasta el sexo. Y en ocasiones el mensaje se construye a través de contrastes visuales. "Vi una publicación que decía la niña que era antes, con emoticonos positivos: flores, ositos, corazones. Y después la niña en la que me estoy convirtiendo, acompañada de un cuchillo, una gota de sangre, una tirita o el icono de batería baja". ¿Se está romantizando el dolor en las redes sociales? La investigadora aclara: "Puede parecerlo, pero creo que lo fundamental es entender que son personas que necesitan ayuda y que, de alguna manera, están pidiendo auxilio como saben y como pueden". A su juicio, no hay una intención consciente de embellecer el sufrimiento. "Más bien todo lo contrario".
Una cuestión de salud pública
La cosa no termina aquí. Existen más datos. Según la revista The Lancet, cada año se registran al menos 14 millones de episodios de autolesión en todo el mundo, lo que supone una tasa global de 60 casos por cada 100.000 personas. Los expertos advierten, además, de que estas estadísticas solo recogen a quienes acuden a los servicios sanitarios, por lo que la dimensión real del problema podría ser muy superior. En la península, la tendencia es preocupante. La Fundación ANAR ha detectado que los casos de autolesiones atendidos se han multiplicado por 56 en los últimos 13 años: de 57 a 3.200.
Los casos de autolesiones atendidos se han disparado de 57 a 3.200 en solo 13 años, multiplicándose por 56, según la Fundación ANAR
A ello se suman los datos de la Fundación Manantial, que en 2023 situó en el 11,7% el porcentaje de jóvenes de entre 16 y 24 años que se autolesionan de forma repetida, mientras que un 10% reconoce haberlo hecho al menos una vez. La Asociación Española de Pediatría, en un informe de 2022, estimó una prevalencia del 27,6% y alertó de que la adolescencia es una etapa de especial vulnerabilidad. La entidad calificó las autolesiones como "un grave problema de salud pública" y reclamó una "respuesta coordinada" que vaya más allá del ámbito sanitario.
El Teléfono de la Esperanza (717 003 717) atiende las 24 horas del día en las principales poblaciones del país. La Fundación ANAR ofrece apoyo específico a niños y adolescentes a través de la Línea Ayuda a Menores (900 20 20 10). En la Comunidad de Madrid, el 012 es un servicio gratuito atendido por psicólogos para situaciones de crisis. Y ante una urgencia vital, los servicios de emergencia están disponibles en los teléfonos 061 y 112.
También se puede contactar con los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Si no es posible realizar una llamada, existe la aplicación ALERTCOPS, que permite enviar una señal de alerta con geolocalización a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
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