¿Por qué leer a Manuel Sacristán? Juan Dal Maso

 


En 2025 se cumplieron cien años del nacimiento del filósofo y militante marxista español Manuel Sacristán. En estas líneas, una recomendación de lectura para la militancia revolucionaria.

Venimos de décadas de crisis y recomposición del marxismo y las ideas socialistas y comunistas. En ese marco, una referencia como la de Manuel Sacristán resulta significativa para pensar diversos problemas, especialmente para quienes dedican sus energías a la militancia revolucionaria, es decir, la militancia orientada a un proceso de ruptura con el sistema capitalista y no a su mantenimiento en condiciones menos perjudiciales. Por razones históricas, doctrinarias y de continuidad político-organizativa, una gran parte de esa militancia se referencia más o menos en el trotskismo. De allí que, sin referirme directamente a mi propia experiencia de lectura del pensamiento de Sacristán, varias de las cuestiones que señalaré como productivas de su rescate forman parte de ella. Empezaré por las cuestiones más políticas para ir luego a las de carácter filosófico o epistemológico.

Para una relectura del marxismo del siglo XX

Primera cuestión: la formación de nuestra generación militante (y posteriores) le debe mucho a Consideraciones sobre el marxismo occidental de Perry Anderson. Este trabajo tiene muchos méritos, pero también ciertas simplificaciones. La figura de Manuel Sacristán, imposible de clasificar como “marxista occidental” pero tampoco exactamente identificable como “marxista clásico” es un interesante indicio de otras trayectorias que se dieron y que permitieron, como en el caso de Sacristán, un proceso de renovación de ciertas ideas clásicas, vinculado a su vez a una militancia de base. Sacristán fue un académico, mayormente sin cátedra por las persecuciones del franquismo, traductor de significativas obras marxistas y otras como los tratados de Bunge o Quine, dirigente del PSUC/PCE, crítico del estalinismo y finalmente un militante sin partido, que intervino en diversos movimientos que tenían fuerza a fines de los años ’70 y principios de los ’80.
Segunda cuestión: la trayectoria de la intelectualidad marxista o de izquierda de los ’60 y ’70 se caracterizó, desde el eurocomunismo en Europa y las dictaduras en América Latina, por una creciente aceptación de los regímenes constitucionales burgueses (que por comodidad llamamos “democracia burguesa”) como única alternativa posible. Manuel Sacristán es uno de los casos que se pueden identificar como una clara contratendencia frente a esta posición. Criticó abiertamente al eurocomunismo como la política del PCE en la transición española y reivindicó la vigencia de la perspectiva revolucionaria, aunque sin hacerse ilusiones respecto de sus posibilidades inmediatas. Parafraseando su intervención sobre el eurocomunismo, podríamos sintetizar su perspectiva del siguiente modo: ni las “cuentas de la lechera” del reformismo, ni la “fe izquierdista” en la lotería histórica, centralidad de la lucha de clases y defensa del proyecto comunista (en el que se articulaban el movimiento obrero, el feminismo y el ecologismo). Al mismo tiempo, sus reflexiones buscaron actualizar las características y problemas que debería encarnar y asumir el socialismo del siglo XXI.

Socialismo, ecología, fuerzas productivas

La cuestión ecológica juega hoy un rol central en los debates sobre el futuro del capitalismo, como también en los intentos de repensar la actualidad del socialismo. Sin embargo, muchas veces puede aparecer como una temática de tipo movimientista a la que prestar atención para dialogar con un movimiento particular y convencerlo de que tenemos un enemigo común. Sacristán, claramente partidario de este diálogo necesario, brindó elementos para pensar más allá de una alianza elemental entre movimiento ecologista y movimiento obrero: intentó reformular cuestiones centrales del proyecto socialista y comunista a partir de verificar la centralidad que la problemática ecológica estaba adquiriendo a fines de los ’70 y comienzos de los ’80. Su principal aporte en este terreno consiste en la idea de que el capitalismo desarrolla las fuerzas productivas como fuerzas destructivas y que por ende el socialismo no se puede considerar como una radicalización del desarrollo capitalista, con sus mismos patrones de consumo. Su rescate de la máxima del oráculo de Delfos “de nada en demasía” sintetiza un poco su perspectiva, que va acompañada de una reflexión respecto de una política socialista de la ciencia, tendiente a modificar una de las principales características de la tecnociencia contemporánea: la subordinación de la investigación científica a la creación de tecnologías para el lucro capitalista. En la actualidad, los debates sobre socialismo decrecentista recogen estas problemáticas, pero de un modo mucho más unilateral que la reflexión de Sacristán. Recuperar su perspectiva, entonces, nos permite repensar el problema del socialismo.

El problema de la “cultura comunista”

En diversos trabajos, Manuel Sacristán hizo referencia a una idea de “cultura comunista”. Tomada en su sentido más preciso, no hace referencia a una hegemonía ideológica de la clase obrera sobre el conjunto de la sociedad (cuestión imposible por su propia definición), sino a la necesidad de un sustrato de ideas que sirva de base para el movimiento revolucionario, no solamente como universo teórico sino como un conjunto de prácticas y formas organizativas. De allí la importancia que, en su lectura de Gramsci, le asignara a la cuestión del “orden nuevo” y al señalamiento, planteado también por el comunista sardo en pleno proceso del bienio rojo, de que el orden nuevo surge en las entrañas del orden viejo. Esta concepción recoge la tradicional clasificación de Engels de la lucha teórica, política y económica, pero le da una mayor profundidad. La lucha por la conquista de la hegemonía de la clase trabajadora respecto del movimiento social de todos los sectores oprimidos no puede llevarse a cabo solamente con instrumentos políticos coyunturales, sino que requiere un nivel de profundidad en la batalla de ideas que solo puede otorgar la materialidad de la organización de un amplio entramado político-cultural. Como siempre el “culturalismo” estuvo asociado a perspectivas reformistas, asumir este tema resulta un poco tortuoso en buena parte de la militancia con aspiraciones revolucionarias. Sin embargo, no hay ninguna relación necesaria entre darle peso a este aspecto de la lucha y recaer en la perspectiva de cambio cultural sin revolución. Al mismo tiempo, como venimos de décadas de crisis subjetiva del movimiento obrero, poner todas las fichas a que la radicalización de la lucha de clases genere grandes cambios ideológicos, indispensable para cualquier cambio de las ideas predominantes a nivel masivo, tiene el problema de que subestima el trabajo preparatorio en el plano ideológico. Por el contrario, como demuestra la experiencia de Casas culturales y políticas que impulsamos desde el PTS y sus organizaciones hermanas en otros países como Brasil, Chile, Uruguay y próximamente Francia, ofrecer estos espacios de reflexión y organización permite generar una militancia mejor informada y formada, al mismo tiempo que abrir debates más allá de las fronteras de las propia organización, contribuyendo a crear las bases de una forma de pensar revolucionaria alternativa a las ideas dominantes.

Rigor lógico y teórico

Un poco fastidiado por el bajo nivel de sus oponentes y otro poco con espíritu de sorna, Trotsky tituló una vez uno de sus artículos con la frase “aprendan a pensar”. Efectivamente, pensar de manera articulada es algo que se aprende. En las diversas tradiciones marxistas suele pasar que muchas veces la reproducción de ciertas ideas que forman parte del canon se presenta de manera ritual, es decir, acrítica y poco fundamentada. En este marco, Manuel Sacristán aporta diversos puntos de apoyo para una perspectiva revolucionaria: un amplio conocimiento de los debates de la filosofía y la epistemología de Europa y el mundo anglosajón durante el siglo XX, un conocimiento sólido de la lógica formal que le permite identificar todo tipo de inconsistencias en los más variados debates y una perspectiva del marxismo como tradición capaz de ejercer no solo la crítica de otras posiciones sino también la propia autocrítica. Trabajos como los que analizan el Anti-Dühring, las intervenciones filosóficas de Lenin, la concepción de ciencia en Marx o la evolución filosófica de Wittgenstein (además de obras más “técnicas” como su tesis sobre Heidegger o su Introducción a la lógica y el análisis formal o sus clases de metodología de las ciencias sociales) ofrecen una perspectiva que va más allá de varias de las poco productivas antinomias que cruzaron al marxismo del siglo XX: hegelianos vs. antihegelianos, humanistas vs. antihumanistas, etc. Cabe destacar especialmente su tentativa de rescatar la dialéctica como procedimiento intelectual de totalización al mismo tiempo que limitar los intentos de presentarla como un conjunto de leyes universales de todos los procesos. Este aspecto de la contribución de Sacristán merece ser puesto de relieve, porque uno de los problemas que suelen aparecer con frecuencia en la militancia (que igualmente también está presente en la academia) es el del desinterés por la teoría. Se considera que la teoría ya está “hecha” o es patrimonio de algunos especialistas, pero no se pone en discusión. Sacristán muestra que sin esa capacidad de poner en discusión los propios presupuestos, es muy difícil avanzar en una política revolucionaria capaz de dar cuenta de los problemas del presente y que no sea una repetición de lo mismo de siempre. Al mismo tiempo, su énfasis de la claridad teórica y el rigor lógico permite salir al cruce de las “epistemologías de parte” tan de moda en esta época, como demuestra el auge de la confusión decolonial.

El cruce de tradiciones es necesario

El trotskismo es, por lejos, la corriente antiestalinista militante que más continuidad tuvo entre el siglo XX y nuestro siglo. Con sus luces y sombras, el movimiento trotskista demostró capacidad de resistencia, pero también voluntad de recrear sus propias ideas (en algunos casos). La tarea de resistir y volver a las fuentes en los ’90 fue fundamental para poder pensar con más apertura posteriormente, porque para repensar el propio marco conceptual primero hay que conocerlo bien, lo cual es una obviedad pero no siempre se tiene en cuenta, como se puede ver en toda clase de posiciones eclécticas basadas, en última instancia, en un conocimiento superficial de aquellas ideas que se pretende criticar (por ejemplo, las diversas tentativas de “radicalización de los reformismos” presentadas como grandes novedades cuando son más viejas que la escarapela). El tema es que el pensamiento de Trotsky, multifacético y rico en sus alcances, no agota todos los problemas que tenemos que pensar en la actualidad. Por ejemplo, no dice nada especialmente destacado sobre la cuestión ecológica, no por desinterés de Trotsky sino porque en su tiempo no tenía el peso que sí tuvo cuando Sacristán se ocupó del tema. De allí que la incorporación de los pensamientos de Sacristán aporta a recrear, en nuevas condiciones, la propia tradición, con ideas que provienen de otro marco conceptual, aunque en muchos aspectos convergente con el de Trotsky (recordemos el apoyo de Sacristán a la Primavera de Praga y sus críticas al estalinismo). El fundador del Ejército Rojo no es muy querido por las academias, demasiado involucrado en el proceso real de la revolución, demasiado despectivo con sociólogos y filósofos, demasiado denostado por el estalinismo, como para sumarlo al panteón de referencias teóricas. En cambio, con Sacristán pasa algo parecido, más que por aversión, por desconocimiento. Pero un pensamiento alternativo convoca al otro y por lo tanto la convergencia es perfectamente posible. Al mismo tiempo, esta operación de crear una convergencia a partir de conectar obras diversas, puede y debe proyectarse a otros problemas. El trotskismo se enriquece si, en lugar de leer solamente a Trotsky, incorporamos a Gramsci, a Mariátegui, al propio Sacristán, a teóricas como Lise Vogel y Martha E. Giménez y largo etcétera. Este tipo de reflexión teórica permite pensar con más elementos los problemas de la estrategia (poco visitados por el propio Sacristán, dicho sea de paso) en la actualidad, pero, al mismo tiempo, buscar intersecciones para evitar las insuficientes alternativas de un “trotskismo identitario” (forzosamente esotérico) y un “marxismo genérico” (estratégicamente insuficiente). En el caso de Sacristán, la posibilidad de tomar con fuerza sus contribuciones se potencia por su defensa del horizonte revolucionario en medio de un vendaval de conversiones al reformismo y porque él mismo se preguntó sobre qué características asumiría el marxismo en el siglo XXI, adelantando varias de las cuestiones hoy vigentes, que son las que fuimos comentando en estas líneas.

Bibliografía

Sacristán, Manuel, El Orden y el Tiempo. Edición a cargo de Albert Domingo Curto, Madrid, Mínima Trotta, 1998.
Sacristán, Manuel, Las ideas gnoseológicas de Heidegger, Edición y prólogo de Francisco Fernández Buey, Barcelona, Crítica, 1995.
Sacristán, Manuel, Sobre Marx y marxismo. Panfletos y Materiales I, Barcelona, Icaria Editorial, 1983.
Sacristán, Manuel, Papeles de filosofía. Panfletos y Materiales II, Barcelona, Icaria Editorial, 1984.
Sacristán, Manuel, Intervenciones políticas. Panfletos y Materiales II, Barcelona, Icaria Editorial, 1985.
Sacristán, Manuel, Introducción a la Lógica y el análisis formal, Barcelona, Ariel, 1964,
Sacristán, Manuel Pacifismo, ecología y política alternativa, Barcelona, Icaria Editorial, 1987.
Sacristán, Manuel, Sobre Dialéctica, Barcelona, El Viejo Topo, 2009.
Petruccelli, Ariel y Dal Maso, Juan, Althusser y Sacristán. Itinerarios de dos comunistas críticos, Bs. As., Ediciones IPS, 2020 y segunda edición 100 años Manuel Sacristán, 2025.
Petruccelli, Ariel y López Arnal, Salvador, Antología (esencial) de Manuel Sacristán Luzón, Bs. As., Editorial Marat, 2021.

[Articulo publicado originalmente en la revista Corsario Rojo, segunda época, N.º 9, segundo semestre 2025.]

https://www.laizquierdadiario.mx/Por-que-leer-a-Manuel-Sacristan?fbclid=IwY2xjawPclftleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFSbGRybTU3a3VQa1hDbHVRc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHmE3npCUWdxWpic77Y68mq8NWeuielgo7eerARAscXiex8wsWdOpRutyFOqJ_aem_mVZKs48AX9FESeMMICHxjg

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