En un descampado de arena, alguien asesinó a Pier Paolo Pasolini. TRES LIBROS

 La broma infinita



 

La noche del 2 de noviembre de 1975, en un descampado de arena, alguien asesinó a Pier Paolo Pasolini.
Su rostro estaba irreconocible.
Tenía múltiples fracturas.
Los testículos destruidos a golpes.
El cuerpo parcialmente quemado porque lo rociaron con nafta después de matarlo.
Tenía 53 años.
Y la noche anterior había terminado la última entrevista de su vida, donde le dijo a un periodista de La Stampa:
recibo llamadas de amenaza. Estoy preparado si quieren golpearme.
Ya algo se esperaba.
Un joven de diecisiete años con antecedentes penales, Giuseppe Pelosi, fue detenido esa madrugada conduciendo el Alfa Romeo de Pasolini a exceso de velocidad.
Confesó.
Fue condenado a nueve años y siete meses.
El caso se cerró como un crimen pasional entre un intelectual homosexual y un chapero romano.
Pero nadie quedó del todo convencido.
Treinta años después,
en 2005,
Pelosi se retractó de su confesión original.
Dijo que había mentido por miedo a represalias contra su familia.
Que aquella noche no estaban solos.
Que tres o cuatro hombres llegaron, sacaron a Pasolini del auto, y lo molieron a golpes mientras él miraba sin poder hacer nada.
Que escuchó los gritos pero no pudo moverse porque estaba petrificado del miedo.
En 2010 la policía científica italiana encontró restos de ADN en la ropa de Pasolini que no pertenecían ni a él ni a Pelosi.
En 2023 la Comisión Parlamentaria Antimafia italiana calificó oficialmente el caso como un crimen sin resolver y pidió la reapertura de la investigación.
La Fiscalía de Roma todavía no se ha pronunciado.
Casi medio siglo después,
nadie sabe exactamente quién mató a Pier Paolo Pasolini.
Aunque hay teorías que son eso, teorías,
que apuntan en una dirección que incomoda demasiado.
Porque Pasolini no era solo un artista.
Era un hombre que sabía demasiado y lo decía en voz alta.
En los meses previos a su muerte estaba terminando una novela titulada "Petróleo",
un texto que prometía revelar tramas de corrupción que llegaban a los niveles más altos del poder político y económico italiano:
el oligopolio petrolero,
la CIA,
la Mafia,
los servicios secretos.
La novela quedó incompleta.
El manuscrito apareció fragmentado.
Algunas páginas nunca aparecieron.
Hay quienes dicen que eso no fue accidental.
Pero para entender por qué eso importa hay que retroceder hasta el principio.
Pier Paolo Pasolini era hijo de un oficial del ejército italiano de familia aristocrática y de una maestra de primaria friulana que fue el amor de su vida.
La relación con su madre,
Susanna,
fue la más intensa y duradera de toda su existencia.
Cuando su hermano menor Guidalberto murió en combate durante la Segunda Guerra Mundial, fue Susanna quien recogió su cuerpo.
Pasolini lo vivió como una herida que nunca cerró del todo y que apareció de maneras distintas en casi toda su obra.
Creció moviéndose constantemente por italiana siguiendo los destinos militares de su padre.
Creció entre el dialecto friulano que hablaba con su madre y el italiano oficial que requería la escuela.
Esa tensión entre lengua culta y lengua popular, entre centro y periferia, entre poder e identidad, se convirtió en la tensión central de todo lo que escribió y filmó después.
A los diecinueve años publicó su primer poema en dialecta friulano.
A los veinte entró a la Universidad de Bologna a estudiar literatura.
En 1942, mientras Europa ardía, publicó su primera colección de poesía.
Y entonces llegó la posguerra.
En 1949 Pasolini fue expulsado del Partido Comunista Italiano.
La razón oficial fue un escándalo de conducta homosexual en una fiesta popular en Ramuscello.
El partido lo expulsó sin proceso,
sin defensa,
sin ningún tipo de procedimiento.
En la misma semana lo suspendieron de su cargo de maestro rural.
Su padre,
el oficial militar, dio una entrevista a la prensa local celebrando la expulsión de su hijo.
Ese año Pasolini y su madre huyeron a Roma con muy poco dinero.
Encontraron un cuarto en la periferia.
Y ahí,
en esa Roma de posguerra que todavía no había procesado del todo lo que le había pasado,
Pasolini encontró el mundo que iba a definir su obra:
el subproletariado urbano.
Los jóvenes de los barrios marginales
Los chaperos.
Los vendedores ambulantes.
Los que vivían en los márgenes exactos donde el milagro económico italiano no llegaba o llegaba deformado.
Los filmó. Los escribió. Los amó. Los convirtió en literatura y en cine.
En 1955 publicó
>>>"Ragazzi di vita"<<<
su primera novela, en el dialecto de los barrios bajos de Roma.
El Vaticano pidió que se prohibiera.
La Fiscalía lo procesó por obscenidad.
El libro se vendió masivamente.
En 1961 dirigió "Accattone",
su primera película.
Otra vez los márgenes.
Otra vez los cuerpos que el sistema había descartado.
Otra vez la mirada de alguien que no romantizaba la pobreza pero tampoco la reducía a estadística.
En 1964 filmó "El Evangelio según San Mateo" en blanco y negro, con actores no profesionales, sin música de época, con jazz y blues en la banda sonora.
Un Jesús marxista en el sur de Italia.
Sin efectos especiales.
Sin grandilocuencia.
El Vaticano lo premió.
Pasolini era ateo y comunista.
La ironía no se le escapó a nadie ( hoy se dice que es la obra visual mas fiel)
El Partido Comunista lo había expulsado.
La Iglesia le daba premios.
La derecha fascista lo amenazaba.
La izquierda oficial lo miraba con desconfianza por demasiado heterodoxo.
No pertenecía a ningún bando del todo.
Y esa condición de no pertenencia total fue la que le permitió ver lo que los demás no querían mirar.
En 1973 empezó a publicar en el Corriere della Sera, el diario más importante de Italia, una serie de artículos que reunió bajo el título "Escritos corsarios".
Lo que escribió ahí en los dos últimos años de su vida es lo más profético e incómodo de toda su obra.
Pasolini argumentó que el consumismo había logrado lo que el fascismo nunca pudo.
sin necesidad de fuerza y, con solo seducción.
El fascismo de Mussolini había intentado homogeneizar culturalmente a los italianos con un modelo impuesto desde arriba que nunca llegó del todo a los márgenes, a los dialectos, a las culturas populares regionales.
La gente pobre del sur seguía siendo la gente pobre del sur.
La cultura campesina friulana seguía siendo friulana.
El poder central no había logrado borrar las identidades particulares porque la fuerza nunca llega a todas partes.
Pero el consumismo sí.
El televisor llegó a todos .
La publicidad llegó a todos los dialectos.
El modelo del Joven Hombre y la Joven Mujer que la televisión proponía llegó a cada rincón de Italia y empezó a reemplazar silenciosamente las identidades particulares con una identidad de masas construida en torno al deseo de consumir.
Pasolini lo llamó mutación antropológica.
No era un cambio de costumbres.
Era un cambio de especie.
Los italianos que veía a su alrededor a mediados de los años setenta no eran los mismos italianos que había conocido en su infancia friulana o en sus primeros años en la periferia romana.
Tenían los mismos cuerpos pero distintos deseos.
Distintas referencias.
Distinta manera de mirar el mundo.
Y lo peor,
argumentaba que esa mutación era invisible para quienes la estaban viviendo. [1]
Escribió también que el verdadero fascismo no era el que llevaba uniforme.
Era el que te convencía de que querías lo que él necesitaba que quisieras. [2]
Eso lo escribió en 1974.
pero aunque el personaje era un visionario con unas ideas complejas por demas brillantes hace falta realatar sus sombras que poco se mencionan.
Su relación con los jóvenes de los márgenes que documentaba y filmaba era compleja, ambigua y en algunos casos cruzaba líneas que sus biógrafos más críticos señalan sin llegar a conclusiones definitivas.
El propio escándalo de 1949 que lo expulsó del partido involucró a menores de edad.
A lo largo de su vida buscó sistemáticamente compañía sexual entre jóvenes de clase baja con los que la diferencia de poder, económico y cultural, era enorme.
Eso no cancela su obra.
Pero ignorarlo tampoco sería honesto de mi parte.
Porque Pasolini fue eso:
un hombre que vio el mundo con claridad y vivió con una contradicción que no siempre supo resolver.
criticó los mecanismos de poder tan bien que sigue siendo vigente cincuenta años después y que al mismo tiempo ejerció formas de poder sobre los más vulnerables que encontró.
Esa tensión sin resolver es parte de quién fue.
Y en sus últimos meses la intensidad de todo eso se aceleró de maneras que todavía no terminamos de entender.
Sabía que lo estaban siguiendo.
Sabía que los temas que tocaba en "Petróleo" lo ponían en peligro real.
La noche del 1 de noviembre de 1975 terminó la entrevista con La Stampa y fue a cenar con un amigo.
Furio Colombo, guionista y periodista, que años después recordó que esa noche Pasolini le habló de la muerte con una calma que no era resignación, sino algo más cercano a la certeza.
Le contó sobre el artículo que quería terminar. Sobre la novela incompleta. Sobre los enemigos que sabía que tenía.
Después salió.
Y no volvió.
Su madre Susanna, la mujer que había recogido el cuerpo de su otro hijo en la guerra, fue la que identificó su cuerpo en Ostia.
Tenía 84 años.
Sobrevivió a Pier Paolo once años más.
"Escritos corsarios",
el libro que reunía sus artículos más incómodos, se publicó de manera póstuma en noviembre de 1975.
Pasolini había corregido las pruebas de imprenta antes de morir.
El libro llegó a las librerías días después de su funeral.
Lo que dejó sigue siendo de las cosas más lúcidas que se escribieron sobre cómo el poder se vuelve invisible cuando deja de necesitar la fuerza para funcionar.
Y el enigma de quién lo mató y por qué sigue abierto.
Tal vez eso también era inevitable para alguien que pasó toda su vida incomodando a todos los poderes al mismo tiempo.
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Notas de autor ( yo pues)
[1] El concepto de mutación antropológica está desarrollado principalmente en tres artículos de "Scritti corsari":
el del 10 de junio de 1974 publicado en el Corriere della Sera como "Gli italiani non sono più quelli", el del 24 de junio del mismo año titulado originalmente "Il vero fascismo e quindi il vero antifascismo",
y el del 11 de julio en "Il Mondo".
Los tres juntos constituyen el análisis más sistemático que Pasolini hizo sobre el proceso de homogeneización cultural producido por el consumismo de masas.
Lo que describe en esos textos, la sustitución de identidades particulares por una identidad construida alrededor del deseo de consumir, es exactamente el mecanismo que los algoritmos de recomendación de hoy han llevado a una escala que Pasolini no podía imaginar pero que su análisis anticipó con inquietante precisión.
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[2] El artículo del 9 de diciembre de 1973 publicado en el Corriere della Sera es el primero de los "Scritti corsari" y probablemente el más citado.
En él Pasolini argumenta que el consumismo logró lo que el fascismo histórico nunca pudo porque opera a través de la seducción y no de la fuerza.
Esa distinción entre poder que obliga y poder que seduce conecta directamente con la tradición de pensamiento crítico que va de Gramsci a Foucault a la Escuela de Frankfurt, aunque Pasolini llegó a conclusiones similares desde una experiencia completamente distinta:
la observación directa del subproletariado urbano romano y la comparación con la cultura campesina de su infancia friulana.
el entendia que para un sector que no entiende de dialectica y argumentos intelectuales o la fuerza hacia falta algo mas metafisico y fue la cultura visual, ahi pudieron moldiar el inconciente colectivo mas resagado y, él se dió cuenta de eso.
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[3] La teoría de que Pasolini fue asesinado por razones políticas vinculadas con el contenido de "Petróleo" y su conocimiento de las tramas de la llamada Estrategia de la Tensión, la red de atentados de falsa bandera que operó en Italia durante los años setenta con participación de sectores del Estado,
los servicios secretos, la logia masónica P2 y la Banda della Magliana, es señalada por varios investigadores pero no ha sido probada judicialmente.
El informe de la Comisión Parlamentaria Antimafia de octubre de 2023 calificó el caso como crimen sin resolver y señaló como hipótesis más probable la participación de la Banda della Magliana.
La Fiscalía de Roma no ha reabierto la investigación.
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[4] "Petróleo" fue publicado póstumamente en 1992 por Einaudi, diecisiete años después de la muerte de Pasolini, en estado fragmentario.
El manuscrito original tenía páginas faltantes cuya desaparición nunca fue explicada satisfactoriamente.
La novela incluía un episodio denominado "Nota 21" que describía un crimen cometido por un político italiano que muchos lectores identificaron como una alusión directa a figuras reales del poder económico y petrolero italiano.
Ese episodio en particular fue objeto de debate judicial sobre si constituía una difamación a personas identificables.
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Fuentes
Pasolini, P. P. (1975). "Scritti corsari". Garzanti. [Ed. española: "Escritos corsarios". Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2009]
Pasolini, P. P. (1992). "Petrolio". Einaudi. [Ed. española: "Petróleo". Debate, 2006]
Schwartz, B. D. (1992). "Pasolini Requiem". Pantheon Books.
Lo Bianco, G. & Rizza, S. (2009). "Nero profondo". Chiarelettere.
Siciliano, E. (1978). "Vita di Pasolini". Rizzoli. [Ed. española: "Vida de Pasolini". Plaza y Janés, 1981]
Comisión Parlamentaria Antimafia italiana. (2023, octubre). "Informe sobre el caso Pasolini". Parlamento italiano.
Infobae. (2024, noviembre 2). El brutal y misterioso asesinato de Pier Paolo Pasolini.
Wikipedia. (2025). "Pier Paolo Pasolini".

Pasolini. El último profeta

Pasolini. El último profeta
 
   
Generos:    
 
Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922 - Roma, 1975) fue poeta, narrador, ensayista, crítico literario y, como cineasta, autor de películas fundamentales como Teorema (1968), El Decamerón (1971) o la controvertida Saló o los 120 días de Sodoma (1975). Tras una difícil niñez y adolescencia, enfrentado a un padre tiránico y a los fantasmas de una homosexualidad incompatible con los cánones de la época, Pasolini ejerció como maestro rural en su Friuli natal; en los años cincuenta inició en Roma una valiosa aunque poco conocida trayectoria literaria en la que se refleja su temprano compromiso social y político con los más desfavorecidos y vulnerables, y que pronto fue respaldada por Natalia Ginzburg. Su filmografía, lírica y polémica a partes iguales, obtuvo muy pronto el respaldo de los grandes maestros del cine italiano.
Con un pulso narrativo sostenido de principio a fin, Miguel Dalmau narra los claroscuros y contradicciones de este gran intelectual europeo a los cien años de su nacimiento, y nos brinda las claves para entender una vida traspasada por una pulsión trágica —que terminó en su brutal asesinato en las playas de Ostia— y una obra literaria y fílmica que mantiene su plena vigencia en nuestros días

Cartas luteranas

Cartas luteranas
 
   
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Durante el último año de su vida, Pier Paolo Pasolini desarrolló una penetrante requisitoria contra los rasgos que había adquirido la sociedad italiana, a la que veía tan destruida como en 1945. Cartas luteranas contiene así los últimos trabajos del autor en materia de crítica social.
Pasolini parte de las mutaciones culturales que el desarrollo de la producción masiva y las nuevas tecnologías de la comunicación han suscitado en Italia para revelar los signos de la degradación de la sociedad y de la cultura. Y, aunque circunscribe su análisis al concreto caso italiano, halla categorías metafóricas fundamentales para una crítica de izquierda a la modernidad y a las insuficiencias de la razón progresista.
No es cierto que la pobreza sea el peor de los males. No es cierto que la historia vaya siempre hacia adelante: hay períodos en que se producen súbitas involuciones y se desvanecen en el aire conquistas históricas de la humanidad.
Por si fuera poco, Cartas luteranas incluye uno de los textos más bellos de Pasolini: «Gennariello», un tratadillo pedagógico (inconcluso) que, además de ser una obra maestra literaria, resulta único en el género. Al poner al descubierto piezas del sistema socializador real (como el «lenguaje pedagógico de las cosas»), resulta imprescindible para comprender las raíces del conformismo contemporáneo.

Escritos corsarios (trad. D. Paradela)

Escritos corsarios (trad. D. Paradela)
 
   
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Escritos corsarios recoge los artículos que Pier Paolo Pasolini publicó desde 1973 hasta su asesinato en 1975. Publicado póstumamente, Pasolini todavía pudo organizar el libro, revisar las pruebas y redactar la nota introductoria. Tomando a Italia como modelo de cualquier país occidental, Pasolini analiza la degradación de una sociedad volcada en el consumismo, la creciente homogeneización cultural, la invisible revolución del conformismo, la mercantilización total de lo humano, aspectos que hoy siguen marcando nuestras sociedades. Pensador a contracorriente, con una energía salvaje y lanzado a una crítica radical, denuncia una uniformidad de pesadilla en la que solo hay espacio para el convencionalismo consumista y la idolatría de la mercancía, que hoy vemos repetirse en la sumisión irreflexiva a la tecnología. Este ensayismo político de urgencia es la verdadera invención literaria de los últimos años de Pasolini, mientras asistía a la desaparición de su mundo. Como afirma Alfonso Berardinelli, «la fuerza de los Escritos corsarios reside, ante todo, en la realidad emotiva y moral de su luto».

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