En términos médicos, se denomina presbiacusia y consiste simplemente en la pérdida gradual de audición asociada al envejecimiento, lo que dificulta la comprensión del habla. El 65 % de la población mayor de 60 años la padece, y quienes aún la consideran una simple alteración sensorial deberían reconsiderarlo. Diversos estudios sugieren que tiene repercusiones en el cerebro, y una investigación reciente, publicada en la revista eNeuro , no solo confirma la correlación con el deterioro cognitivo, sino que también ha puesto de relieve un probable vínculo neurobiológico: una compleja reorganización de las redes neuronales.
La relación función-estructura
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Tiangong y el Hospital Provincial de Shandong, tuvo como objetivo comprender cómo la presbiacusia, si la hay, afecta las capacidades cognitivas. Para ello, los investigadores reclutaron a 110 personas de entre 50 y 64 años, la mitad de las cuales padecía presbiacusia. Mediante técnicas avanzadas de resonancia magnética (RM), analizaron la estructura cerebral (es decir, el volumen de materia gris compuesta por neuronas) y su función (es decir, la actividad eléctrica de las células nerviosas). A partir de ahí, derivaron un nuevo parámetro que denominaron índice funcional-estructural (IFS), que mide, en cada área cerebral específica, la demanda de actividad neuronal por unidad de volumen de materia gris. Técnicamente, el IFS se calcula dividiendo la intensidad de la actividad neuronal espontánea entre el volumen de materia gris e indica cuánta actividad cerebral está en sintonía con la estructura física.
Cuando desaparecen los sonidos, el cerebro se reorganiza (mal).
Lo que los expertos observaron es que la relación entre función y estructura en personas con presbiacusia es significativamente menor que la calculada para individuos "sanos". En pocas palabras, es como si el equilibrio entre ambos componentes se viera alterado: la actividad neuronal ya no es proporcional a la integridad estructural. Este fenómeno, que los investigadores denominan "desacoplamiento", fue particularmente evidente en cuatro áreas del cerebro: el putamen y el giro fusiforme (responsables del procesamiento de sonidos y lenguaje), el precúneo y el giro frontal superior medial (implicados en la memoria y la toma de decisiones), que parecen estar menos conectadas a la red cerebral. De hecho, los investigadores también descubrieron que la reducción en los valores de FSR en personas con presbiacusia se corresponde con puntuaciones más bajas en las pruebas cognitivas, lo que sugiere que la privación sensorial obliga al cerebro a reorganizarse. Este proceso intenta compensar el déficit auditivo, pero a largo plazo, resulta insuficiente, si no perjudicial.
Las implicaciones para la salud pública
La investigación no solo confirma la necesidad de cuidar la audición para prevenir futuros déficits cognitivos, sino que también sugiere que la FSR podría ser un biomarcador diagnóstico. Su uso permitiría a los médicos identificar, incluso antes de que aparezcan síntomas cognitivos evidentes, a las personas con mayor riesgo de desarrollar algún tipo de demencia y realizar un seguimiento a lo largo del tiempo.
https://www.repubblica.it/salute/dossier/ospedali-di-eccellenza/2026/02/19/news/perdita-udito-demenza-cervello-425169631/?ref=RHRM-BG-P13-S2-T1-network
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