Nuestra vida es un tejido entrelazado con el bien y el mal: nuestras virtudes serían admirables si no estuvieran contaminadas por nuestros defectos y nuestras flaquezas serían desesperantes si no se hallaran atemperadas por nuestras virtudes.
WILLIAM SHAKESPEARE
"En el viaje, desconocidos entre gente desconocida, aprendemos en sentido fuerte a no ser Nadie, comprendemos concretamente que no somos Nadie. Y precisamente, en un lugar querido que se ha trocado casi físicamente en una parte o una prolongación de la propia persona, esto permite decir, haciéndole eco a don Quijote: aquí yo sé quién soy."
El infinito viajar de Claudio Magris
Nuestra vida es un tejido entrelazado con el bien y el mal: nuestras virtudes serían admirables si no estuvieran contaminadas por nuestros defectos y nuestras flaquezas serían desesperantes si no se hallaran atemperadas por nuestras virtudes.
WILLIAM SHAKESPEARE
"En el viaje, desconocidos entre gente desconocida, aprendemos en sentido fuerte a no ser Nadie, comprendemos concretamente que no somos Nadie. Y precisamente, en un lugar querido que se ha trocado casi físicamente en una parte o una prolongación de la propia persona, esto permite decir, haciéndole eco a don Quijote: aquí yo sé quién soy."
El infinito viajar de Claudio Magris
El infinito viajar de Claudio Magris
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| . Quai de La Tournelle, Paris 1963 |
El infinito viajar de Claudio Magris
Un arquitecto español hijo de anticuarios de apellido Albarracín en 1964 en París unió dos apartamentos en el centro de Paris que había comprado un millonario japonés. Uno de los apartamentos había sido habitado durante muchos años hasta su muerte por un arqueólogo francés, sus herederos no lo habitaron durante muchos años; había cientos de fotos, libros y todo tipo de objetos que Albarracín me los obsequio; “todo lo que te lleves es tuyo”.
Fotos de mediados del 800 hasta los años veinte del siglo XX. Revise meticulosamente cada uno de los objetos de ese inmenso apartamento. En una vieja chimenea, detrás de la misma aparecieron unos cuadernos escritos con caligrafía nítida en tinta. Los recogí junto con algunos cuantos objetos y muchas fotos.
Si bien en aquella época tenía una mejor comprensión del francés busque quien los leyese y me los tradujese aunque en esta tarea inexplicablemente empleé varios meses. No tenía prisa ni curiosidad. Un pintor dominicano, Silvano Lora le interesó el contenido de lo que llamaríamos diarios; en esos años estaba leyendo a Jorge Luis Borges. Esos escritos eran de una “rarete irreductible” ,pero, no podían ser comparados con el fantástico genio argentino; así de necio era a los 23 años.
Mi hija Olga Franca en el año 1982 bota esas fotografías, esos diarios. Otros documentos entre ellos mi pasaporte con todos los sellos de entrada a los países que visite, muchas fotos en muchos sitios, libros de famosos autores con dedicatoria. Años después pienso que esas pérdidas de las pruebas de lo que voy o debo escribir y decir desaparecieron por alguna razón; obligarme hacer un esfuerzo muy grande para presentar todo y obtener credibilidad.
Mi hija Olga Franca en el año 1982 bota esas fotografías, esos diarios. Otros documentos entre ellos mi pasaporte con todos los sellos de entrada a los países que visite, muchas fotos en muchos sitios, libros de famosos autores con dedicatoria. Años después pienso que esas pérdidas de las pruebas de lo que voy o debo escribir y decir desaparecieron por alguna razón; obligarme hacer un esfuerzo muy grande para presentar todo y obtener credibilidad.
Cierta noche hace 30 años para entretenerme –sin poder conciliar el sueño-comencé a pensar en los diarios. Al pasar del tiempo –años después- las mil páginas de tanto recordarlas pasaban por mi mente en poco tiempo. No era que hacia un resumen ni los condesaba sino toda esa historia e historias habían adquirido en mis recuerdos una velocidad increíble. A dos horas diarias durante 30 años siempre necesite menos tiempo para recordar las mil páginas leídas.


Desde el año 1962 me he preocupado del insípido, mediocre presente que del pasado o de los hechos que convulsionan el mundo cuando una tarde caminado por las aceras de Londres leí una noticia en el diario el 22 de noviembre de 1963 en un Daily Mirror guindado en el kiosco KENNEDY SHOP DEAD, si bien la noticia desconcierta no sentí mayor sentimiento que otro título del diario PAESE SERA que vi en un quiosco de Roma en mayo de 1960 : CHESSMAN UCCISO .
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Un parpadear de un ser humano dura segundos pero un parpadear del universo puede durar mil millones de siglos.
s.

Que drama es comparable al pensar que hemos podido desaparecer unas cuantas veces en estos últimos 550.000 millones de años y en unos pocos millones de años volver a florecer en el universo como humanos. Nadie se acordaría de los universos anteriores.


Que engreídos somos al creen que en un universo de miles de millones de planetas somos los únicos seres pensantes.

¿Quién puede negar que en un universo civilizado este terminantemente prohibido influenciar en planetas de seres atrasados tecnológicamente y culturalmente?


Como ustedes saben, hay dos religiones en el Japón, las enseñanzas del Buda que ellos llaman Hotoke y una religión mas primitiva, una suerte de panteísmo con 8 millones de divinidades errantes.
¿8 millones?
JLB: Sí; creo que son 8 millones de divinidades. Pues bien, el emperador profesa esas dos religiones y, en general, se entiende que el hecho de convertirse a una religión no significa desconvertirse de otra; se entiende que todas las religiones vienen a ser facetas de una misma verdad. Y creo que hay un libro de Huxley sobre eso, en él se afirma que todos los místicos de todas las religiones están de acuerdo. Me parece haber leído que, hace tiempo, hubo una suerte de polémica entre misioneros anglicanos, misioneros católicos y misioneros evangelistas luteranos sobre los conversos que cada uno de estos cultos había hecho y, luego, cuando se investigó un poco el asunto, se supo que todos los conversos eran los mismos; se habían convertido a esas diversas creencias cristianas sin dejar de ser, por lo demás, budistas o hinduistas. Bueno, he vuelto con la mejor impresión de Japón. Una cosa que ustedes habrán observado es que, aquí –y esto confirma lo que digo acerca de su sentido estético–, los japoneses son tintoreros, horticultores, jardineros; es decir, todos oficios relacionados con la forma y con el color. Yo debo haber ido a Japón a causa del azar, aunque no sé si existen azares.
POST DATA
El infinito viajar
Autor: Claudio Magris
El infinito viajar reúne cerca de cuarenta crónicas de viaje publicadas en el Corriere della Sera, e incluye un prefacio donde Magris contrapone dos formas de entender el viaje en nuestra cultura: la concepción clásica del viaje circular, que implica el retorno final, y la moderna, en la que el desplazamiento es rectilíneo y cuya meta no es otra que la muerte. Muerte que se intenta diferir mediante «vivir, viajar y escribir», tres facetas de una experiencia que está en el origen de una nueva forma de la literatura donde se diluyen las fronteras entre relato, ensayo y libro de viajes. Los textos abarcan un amplio espectro geográfico, empezando en España hasta China, Irán o Vietnam, y en ellos se conjura la indiferencia con una curiosidad que es afán de conocimiento.
Enrique de Ofterdingen
Autor: Novalis
Enrique de Ofterdingen, joven adolescente de 20 años de edad, comienza a ser asaltado en sueños por imágenes desconocidas e ininteligibles que él intuye ocultan un significado real. Las imágenes del sueño se traducen para Enrique en revelaciones interiores: poesía, contemplación, recuerdos, despiertan en él sensaciones desconocidas, cuya fuerza lo desconcierta, pero frente a las cuales no quiere resistirse. Con la afirmación de la realidad del sueño, la existencia de Enrique se orientará hacia la búsqueda del reino de la «flor azul».
En 1799, después de concluir Novalis su fragmento científico en forma de relato Los discípulos en Sais, comienza Enrique de Ofterdingen, su obra más ambiciosa y profunda. En la primera parte de la novela introduce tres grandes sueños, como una gran poesía inspirada en la «técnica de imaginación» propia del sueño. Sin embargo no se sentía satisfecho. Le parecía que estos tres sueños formaban en la novela como tres islas separadas. Quiso escribir una segunda parte, como una narración en la que sueño y realidad estuvieran ligados entre sí, mezclados de tal manera que ya fuera imposible distinguirlos. Pero nunca escribió ese segundo tomo. La muerte le impidió terminarla, y Ludwig Tieck se cuidó de su edición póstuma.
En 1799, después de concluir Novalis su fragmento científico en forma de relato Los discípulos en Sais, comienza Enrique de Ofterdingen, su obra más ambiciosa y profunda. En la primera parte de la novela introduce tres grandes sueños, como una gran poesía inspirada en la «técnica de imaginación» propia del sueño. Sin embargo no se sentía satisfecho. Le parecía que estos tres sueños formaban en la novela como tres islas separadas. Quiso escribir una segunda parte, como una narración en la que sueño y realidad estuvieran ligados entre sí, mezclados de tal manera que ya fuera imposible distinguirlos. Pero nunca escribió ese segundo tomo. La muerte le impidió terminarla, y Ludwig Tieck se cuidó de su edición póstuma.

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