¿CÓMO DORMIR EN LA JAULA CON UN TIGRE? CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

 A la entrada de los 80, los países llegaron a niveles extremos de endeudamiento para mantener semejantes parásitos, con hiperinflaciones, hiperdevaluaciones, pobreza, desempleo, estancamiento

En el barrio Barra Funda de la atronadora Sao Paulo, se encuentra el Memorial de América Latina un gran auditorio para varias decenas de miles de personas, diseñado por Oscar Niemeyer. Al frente del Metro, la escultura de una mano gigante exhibe en la palma una mancha de sangre con la forma del mapa de Iberoamérica. Las venas abiertas de América Latina (1971) de Eduardo Galeano, seductoramente escrita, inspira esta versión de la historia. Es una antología de equivocaciones, mitos, fanatismo, resentimientos y distorsiones de la realidad, que lleva medio siglo de sembrar pobreza intelectual en las elites, y éstas, pobreza material en las mayorías. Aunque al final de su vida Galeano la repudió, es negocio para profesorsuchos universitarios e intelectuales de izquierda no darse por enterados. Es la pobretologia, la teoría de la dependencia, una falsedad autocompasiva, que culpa a EE. UU de nuestras incompetencias y nos incita a seguir el ejemplo de Cuba con la “ruptura de la relación neocolonial”.

EE. UU es primera potencia mundial en muchas áreas, como en otras épocas lo fueron Inglaterra, España, Roma, Egipto, los persas, los griegos y ahora China. Son un imperio, acumulación inusitada de poder político, militar, económico, tecnológico, cultural, social, que nadie les regaló, sino que lo conquistaron por hacer mejor lo que tenían que hacer. Dato: en la guerra norteamerico-mexicana (1846-48) la generalidad de los estudiosos daba ganador fácil a México frente aquel extraño y débil experimento democrático. Los norteamericanos no son buenos ni malos, sino incorregibles como decía Borges de los peronistas; y terriblemente peligrosos, como tener un tigre de mascota. Hasta ahora no conozco ningún estudio tan denso, profundo y completo sobre la historia y sociología de los imperios, como Imperiofobia de María Elvira Roca. Gracias a la existencia de éstos, la humanidad se ha desarrollado hasta donde está hoy ¿Cómo dormir en la jaula de un tigre?: con mucha preocupación.

Aprender esto nos ahorraría leer todos los tratados, porque cualquier político que no quiere sacrificar a sus ciudadanos, medianamente responsable, debe saber que la soberanía y la geopolítica mantienen una relación peligrosa. Cuando un país o generalmente el sujeto que lo dirige, pone en peligro la seguridad de otro, Ucrania, Irán, Venezuela, se impone la geopolítica ¿Por qué no invaden Chile, México, Cuba o Brasil? Porque el gobierno norteamericano no percibe que sean un peligro ¿Por qué hay un conflicto China-Taiwán? Porque China no puede aceptar una amenaza existencial a 130 kms. Por eso son tan tontos los discursos de soberanía hueca, oportunista, puras palabras facilonas cuando el mal está hecho. Hubo unos horrorizados porque EE. UU hizo maniobras aéreas sobre Caracas y para culpar a alguien usan la pregunta “irónica”: “¿cuándo se autorizaron esas operaciones aéreas?”.

Todos sabemos que esa “autorización” proviene del 3E, fecha en que se consagra la ineptitud para evitar el “Estado fallido”. Y entró papá. La hermana mayor de la teoría de la dependencia, nuestra desgracia, fue la Cepal, con varios puntos en común: repudio “administrado” a los capitales nacionales y extranjeros, que aceptaba con asco, mientras “la dependencia” los execraba. Ambas concebían que “el desarrollo” debía ser con capitales del Estado, empresas “estratégicas” bajo control nacional. Cepal recomendaba controles de cambio, precios y comercio exterior para subordinar las inversiones privadas, a regusto del populismo y el progresismo; y la segunda, manejo total de la economía por gobiernos revolucionarios. La sustitución de importaciones cepaliana, pretendía superar la exportación de productos primarios que había hecho de Iberoamérica una sociedad pujante.

Se crean industrias “nacionales dirigidas al mercado interno”, de laboratorio, no competitivas internacionalmente, ineficientes, subsidiadas del gobierno, incapaces de producir divisas, con monstruosos endeudamientos internacionales para sostenerlas. El modelo cepaliano produjo la deuda externa que colapsó en los 80. A la entrada de los 80, los países llegaron a niveles extremos de endeudamiento para mantener semejantes parásitos, con hiperinflaciones, hiperdevaluaciones, pobreza, desempleo, estancamiento. En 1982, México y luego Argentina y Brasil declaran default, bancarrota, y estalló un volcán que puso en peligro a la región y al sistema financiero mundial. Debían 330 mil millones de dólares, tres veces el valor de las exportaciones. Los irresponsables causantes del desastre, cuyos colosales errores crearon una crisis mundial, ahora se frotaban las manos por “el fin del capitalismo”.

Y se encubre atacando, atribuyen los daños, no a Cepal… ¡sino a los bomberos del FMI! que apagan el incendio. La izquierda crea su Golem, el “neoliberalismo”. El sabio Pablo Iglesias dijo que Galeano “le había dado voz a Latinoamérica”. Ciertamente, dejaron una huella profunda Darcy Ribeiro, Theotonio Dos Santos, Enzo Faletto, Ruy Mauro Marini, Octavio Ianni, Tomás Vasconi, André Gunder-Frank, Carlos Lesa, Aníbal Quijano, Vania Vambirra, Martha Harnecker, junto a Prebisch, Helio Jaguaribe, Oswaldo Sunkel, Celso Furtado y Alonso Aguilar. El 14 de noviembre de 1967, en un pequeño pueblo de Nueva York, Apalachin, se reunieron más de cien capos norteamericanos. Asistieron representantes de las cinco “familias” de New York y las de Boston, Detroit, Chicago, Cuba e incluso de la casa matriz, en Italia. El superpolicía Edgar Hoover negaba enfáticamente que hubiera un sindicato del crimen.

El meeting se debía a que Vito Genovese (no Corleone) quería asumirse capo de los capos, repartirse el negocio de las drogas, y también los hoteles y casinos en Cuba. Un policía local vio desusado lleno en el hotel y movida de autos de lujo en la mansión de un sospechoso de complicado prontuario, Joseph Bárbara, “Joe el Barbero” y montó un operativo de vigilancia. Cuando los caballeros se dieron cuenta, entraron en pánico, arrojaron grandes fajos de billetes al fuego y vestidos de seda corrieron a los bosques donde los esperaba la policía. Consultar El Padrino I, II, III, (Coppola) Mean Streets (Scorsese), Scarface, (De Palma), Erase una vez en América, (Leone), Goodfellas (Scorsese), Pulp Fiction (Tarantino), Donnie Brasco (Newell), Los infiltrados (Scorsese) Gángster americano (Scott), Los sopranos (Tv) Por fortuna, en Panamà durante una reciente “cumbre” no pasó nada.


Imperiofobia y leyenda negra

Imperiofobia y leyenda negra
 
   
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María Elvira Roca Barea acomete con rigor en este volumen la cuestión de delimitar las ideas de imperio, leyenda negra e imperiofobia. De esta manera podemos entender qué tienen en común los imperios y las leyendas negras que irremediablemente van unidas a ellos, cómo surgen creadas por intelectuales ligados a poderes locales y cómo los mismos imperios la asumen. El orgullo, la hybris, la envidia no son ajenos a la dinámica imperial. La autora se ocupa de la imperiofobia en los casos de Roma, los Estados Unidos y Rusia para analizar con más profundidad y mejor perspectiva el Imperio español. El lector descubrirá cómo el relato actual de la historia de España y de Europa se sustenta en ideas basadas más en sentimientos nacidos de la propaganda que en hechos reales.

La primera manifestación de hispanofobia en Italia surgió vinculada al desarrollo del humanismo, lo que dio a la leyenda negra un lustre intelectual del que todavía goza. Más tarde, la hispanofobia se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra. Roca Barea investiga las causas de la perdurabilidad de la hispanofobia, que, como ha probado su uso consciente y deliberado en la crisis de deuda, sigue resultando rentable a más de un país. Es un lugar común por todos asumido que el conocimiento de la historia es la mejor manera de comprender el presente y plantearse el futuro.

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