El garbanzo dolarizado que eclipsó al sol Carlos Raul Hernández

Sería tan ocioso entre nosotros explicar qué es dolarización como ilustrar a un gato sobre qué es una gata. Es una política de indudables atractivos, liquida la inflación, la devaluación y el déficit fiscal, pero requiere un debate tecno-político


Cuestionaban el crecimiento económico durante el período democrático porque no “distribuía la riqueza” al estilo decimonónico, punitivo, que según la experiencia universal, solo distribuyó desgracias. Cuando sí lo hubo: expropiación de empresas petroleras, distribuidoras alimentarias, viviendas, la putrefacción se hizo símbolo (Pudreval). Con ingresos de 1 billón (1.000.000.000.000) de dólares entre 1999 y 2013 (FMI), debiéramos ser Suiza o Noruega. Comienza la rectificación y se abandona el socialismo, pero se necesitan bujías nuevas. Hoy el gobierno afortunadamente informa sobre 7 trimestres de crecimiento, el último a una tasa de 7% y celebremos porque crecer es beneficioso y plausible en toda circunstancia. Trae redistribución autónoma (no coactiva), creación de empleos, empresas y un círculo virtuoso.

Crecer trae inversión y reinversión, trabajo formal, consumo familiar, y mejores salarios. Pero sus efectos positivos tienen de enemigo un Frankenstein: las atrocidades de la triada populista: inflación, devaluación, prestaciones-rigidez del mercado laboral, creación del Estado. En una economía enferma, desequilibrada por la triada, crecer opera como paliativos en un enfermo terminal; y en un contexto rentista, el crecimiento oscilará con el enclave petrolero-minero y el sentido estratégico del Estado, muy en cuestión. La inflación-devaluación es el peor enemigo de los trabajadores de ingresos fijos, y anula lo positivo del crecimiento. Sirve poco crecer a 7 o a 10% cuando entre 1999-2026 la inflación acumulada (FMI) de 225 mil millones % (225.000. 000.000%). El bolívar se hizo ficción.

Luego de quitarle 14 ceros (BF 3, BS 5, BD, 6), un bolívar de hoy equivale a cien billones (100. 000.000.000.000) de 1999, cifra de delirios fantásticos. No creo que hubiera algo semejante en el planeta y horroriza que los políticos no estén en emergencia. Pero nuestra desaprehensión y cabeza de garbanzo no entiende este hueco negro, terrible y destructivo que nos deja sin futuro. Ya no hay hiperinflación, sino inflación galopante, en 2025 de 475% la más alta del mundo, y repetirá este año. Ascensos de precios a tan estúpido nivel, equivale a morirse de tuberculosis, parasitosis, cólera, tifoidea, cuartomundismo. No tengo claro que otro país haya soportado una tan larga y alta, cuando la solución es de librito y hay montones de experiencias exitosas, libres de anacronismos insepultos, cepalismos o socialismos.

Sospecho que no se enfrenta por efecto de asesorías jurásicas que por razones “ideológicas”, entorpecen medidas “neoliberales”. El drama devaluación-inflación termina solo con reformas estructurales que nos aterricen por fin en el siglo XXI. Un programa para racionalizar el gasto público, la impresión de moneda, eliminar empresas estatales cancerosas, facilitar emprendimientos y empresas productivas, acumular capitales nacionales e internacionales, multiplicar el crédito. Conviene buscar asesoría china, ruandesa, o vietnamita –hasta en Burundi- en vez de acudir a tristes historias de fracaso. Dolarizar suena como solución pret à porter, y conviene que en vez de debatir pazguatadas, examinemos el tema con el eminente Steve Hank por iniciativa de Antonio Ecarri.

Sería tan ocioso entre nosotros explicar qué es dolarización como ilustrar a un gato sobre qué es una gata. Es una política de indudables atractivos, liquida la inflación, la devaluación y el déficit fiscal, pero requiere un debate tecno-político sobre sus efectos colaterales. “Dolariza” el país que asume la moneda norteamericana para transar, proteger ahorros e ingresos y fijar precios. Y viene en tres presentaciones: de hecho-informal, absoluta-formal, y multimonetaria. La dolarización de hecho-informal implica que, en una amplia zona gris, parte de las transacciones se realiza en dólares y los ciudadanos acuden a ellos para huir de la ruina en moneda local. Genera precios diferenciales, reales y ficticios de la divisa con importantes distorsiones del mercado y “quema de divisas”.

Argentina se dolariza de hecho-informal por escasez de divisas, y Venezuela también, a trancas y barrancas. Aquí se redujeron en seis años (2020-2026) las transacciones en divisas de 73% a 25%, para fortalecer el bolívar, con resultados contrarios. Otra opción es la dolarización absoluta-formal: la república y Banco Central delegan la impresión de moneda en la Reserva Federal como hicieron tres pequeños países iberoamericanos. Panamá surge de una secesión (1904) de Colombia con apoyo gringo por los efectos devastadores del presidente Rafael Nuñez, la guerra de los mil días e inflación de 400%. La construcción del canal inunda de dólares al pequeño y nuevo país y es naturalmente su moneda con crecimiento sostenido hasta la Gran Depresión de 1929. Adoptan el modelo Ecuador (2000) y El Salvador (2001),

Hasta ahora superan la inflación, los problemas monetarios y fiscales, pero crecen poco. Salvo Puerto Rico, los demàs casos de dolarización absoluta-formal son microestados, Islas Marshall, Palaos, Kiribati, Guam de Micronesia; y en Asia, Timor oriental. Es un modelo, parece, para países pequeños. Comparativa, estadísticamente, el mejor sistema ha sido el multimonetario, con circulación legal, transacciones y apertura de cuentas en varias monedas. Presentan crecimiento, redistribución sin inflación (o moderada): Chile, Uruguay, Perú, Guatemala, Costa Rica, Rep. Dominicana, Paraguay, Camboya, Laos, Filipinas, Vietnam, los árabes. Surge en Honduras, y Bolivia, luego del evismo-leninismo. Otro camino es la reforma estructural con disciplinas fiscal y monetaria del Banco Central, crawling peg, para estimular exportaciones.

Con este esquema las monedas locales son fuertes en México, Brasil y Costa Rica; el presidente Sánchez de Losada bajó la inflación mensual en Bolivia de 8. 000% a 7% en ocho semanas e igual Cardoso en Brasil. La historia del desastre económico iberoamericano se resume así: el progresismo cepalista-socialistoide de posguerra nos arruina y produce la Crisis de la Deuda en los 80. Progresamos aceleradamente con las reformas aperturistas del FMI, pero el anacronismo socialista y la teoría de la dependencia salen de la tumba. A su nueva muerte, aparece la oleada de esperpentos, ahora de derecha. El gobierno elude al FMI para trazar el programa económico. Debería dejar de tapar el sol con un garbanzo y abrir el debate normal sobre inflación-devaluación-ingreso y rectificación.

@CarlosRaulHer

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