"...no tengo nada en común con quienes temen a las quemaduras". (Guillaume Apollinaire)
20/09/2026El gobierno da pasos importantes, pero le falta presentar el proyecto estratégico de cambio social, un plan económico e institucional contundente. Tal vez por aún rendir culto a ídolos rotos no define un nuevo rumbo para las mayorías; y la imagen de la presidente es de eficiente tecnócrata stajanovista. Problemas gravísimos que enturbian nuestro futuro, no son de interés para EE. UU, ni en los cursos de plastilina II de la política local. Se trata de que, sin cambio social e institucional, el incremento de la renta petrolera no resolverá los desarreglos económicos sociales que el hiperpuntofijismo chavista exaspera. Entendemos puntofijismo (“clásico” u “ortodoxo”) como el ensamble de la democracia representativa constitucional con un Estado hipertrofiado, capitalismo de Estado o socialismo democrático.
Trump se reserva Rusia y Oriente Medio, delega Iberoamérica en Rubio, rodeado de potencialidades independientes de lo que pase en noviembre y presenta un balance exitoso para sus fines (Milei, Karst, Fujimori, de la Espriella, Asfura, Noboa, Venezuela, ¿Brasil?). En tanto el estamento político local se mueve entre la anodinia y el estupor, reciclan muertos-vivos, escombros políticos, vejestorios ideológicos, ripios. Sin nociones válidas y mucho menos un paradigma sustituto del que muere; dejan las “cosas serias” en manos de los mayores, los gringos, para jugar metras y papagayos. En el norte saben que somos “peligrosos para nosotros mismos” y para la estación de gasolina, auto colocamos sobre nuestras cabezas la espada de ¿Pericles? y si nos dejan, retomamos el Estado fallido.
Durante los quince años iniciales de la democracia el país se modernizó intensamente en lo económico y elevó su calidad de vida y modernidad, gracias al petróleo y la industrialización. De un Estado petrolero con dimensiones racionales y la sociedad en evolución, surge un milagro económico gradual. Pero una ola de cincuenta metros, un tsunami desarticula, colapsa, retuerce sus estructuras. La crisis del Medio Oriente sextuplicó violentamente la renta petrolera, de $3000 millones en 1972 a $19. 000 millones en 1981. El Estado concentra poderes y el gasto público crece en 600% para distribuirla, anillo al dedo de la ideología estatocéntrica de CEPAL: crear empresas del Estado para compensar la débil acumulación privada de capital. Aparecen rasgos populistas.
El Estado, dueño de los hidrocarburos y las minas, percibía 94% del ingreso y crece elefantiásico con empresas de bienes y servicios. Alguna vez escribí que un país tan estatizado podía pertenecer al Pacto de Varsovia. Hay una “ley” de proporcionalidad inversa del poder: mientras mayor control económico ejerce el gobierno sobre la sociedad, menor poder contralor, tiene la sociedad sobre el gobierno y los totalitarismos gemelos, socialista y nacionalsocialista son la indefensión máxima de los ciudadanos. Jean Francois Revel dice que en la URSS 94% de la mano de obra “trabajaba” para el Estado; y el despilfarro, la ineficiencia y la corrupción que la destruyeron no existían porque tampoco existía concepto de privado en una sociedad totalmente regida por funcionarios discrecionales.
También en nuestro trópico la corrupción prolifera con el gigantismo del Estado, que nadie podía embridar porque financiaba, controlaba y dirigía al minúsculo sector privado, la “economía civil”, planta de invernadero orientada solo al mercado interno, incapaz de competir internacionalmente y traer divisas, autofinanciarse. Por eso estalla en los 80 la catástrofe de la deuda externa. Nadábamos en dólares, aparece el Viernes Negro de 1983 y el gobierno refuerza el dominio por medio de controlar el cambio (tres tipos), precios, comercio exterior, divisas; cunde la inflación y se devalúa el bolívar 50%. El liderazgo no sabía cómo administrar ni la escasez ni la riqueza, pese a la consigna de “administrar la riqueza con criterio de escasez” y por eso Pérez Alfonso llamó al petróleo “excremento del diablo”.
El gasto-despilfarro, errores, corrupción, en las empresas del Estado, institutos autónomos, administración pública, se hizo incontrolable; e insuficiente cualquier monto de ingresos petroleros porque quedaba atrapado en las redes administrativas y el modelo agonizaba. En medio de la riqueza se desarrolla paradójicamente la marginalidad urbana traída por el desempleo y se envilece la vida en las ciudades. El puntofijismo ni siquiera entendió la autoconsunción-agotamiento del modelo, y cuando Carlos Andrés Pérez lo desentraña, propone el plan de reformas y asume el cambio en 1989, el sistema político lo aborta, descuartiza y asesina cívicamente. 1983 se reproduce en los 2000 en el hiperpuntofijismo. Con la mayor masa de ingresos de la historia Chávez hizo quebrar 80% de las empresas.
La herencia fue de inflación galopante a hiperinflación y hay que enderezar entuertos del hiperpuntofijismo obliga a romper decididamente las trabas al desarrollo de empresas privadas y desechar la idea cepaliano-dependentista de que “el motor” es el gobierno, aún conservada en formol. El problema más agudo, la inflación-devaluación, se mantiene por los nudos no cortados: retraso con la Ley del Trabajo y su leucemia, el sistema de prestaciones; mantener fuera de sus fosas las “empresas del Estado”, cuyo único producto es miseria. Parecen creer la sorprendente idea contrafáctica que tenerlas da poder y no debilidad, la verdad. La inflación-devaluación anula el intento de distribuir la riqueza porque los trabajadores de ingresos fijos son sus principales víctimas mientras los sectores altos e instruidos se defienden mejor.
@CarlosRaulHer
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