El Pelòn de Aquiles Carlos Raúl Hernandez

“Hasta cuándo vamos a odiarnos”. (Dinorah Figuera)


La operación Resolución absoluta del 3E nace de una razón fundamental con varias secundarias, al EE. UU confrontarse con una dadaísta perspectiva. No en su zona de influencias, sino a tres horas de vuelo de Mar-A-Lago, asoma el primer caso mundial de Estado petrolero fallido en las mayores reservas petroleras del planeta. Ni Tristán Tzara o Artaud conciben semejante jardín-traga-aviones. Ya Venezuela con Nigeria, aparecían en el nivel previo, Estado estresado o frágil, según el Found for peace y Foreign Policy. Y la peor noticia para Trump: lo que impedía ese desenlace, era la avanzada de sus contendores Rusia y China sobre esas reservas. La migración masiva perturbaba la región. Para la CIA y el gobierno gringo la oposición era un fardo costoso, incómodo, incapaz de autocorrección, que en tres décadas impulsó el caos, y desencajó las instituciones.

No estaban en el parlamento, las gobernaciones, alcaldías, legislaturas ni concejos municipales. Ni siquiera tenían un partido que mereciera ese nombre. El equipo de Marco Rubio sabe lo ocurrido en “crisis perpetuas” por carencia grave de liderazgo funcional: Bolivia y sus 40 golpes de Estado, once de ellos en los siglos XX-XXI; y Argentina, con 24 presidentes entre 1955-2003. En la URSS, España, Nicaragua, Ecuador, Brasil, Uruguay, etc., la transición democrática es una “evolución dentro de la situación”, en palabras de Juan Vicente Gómez, recambio en el seno del ancien régime, o “transición endógena”. “Solos no podíamos” Determinaron que entregarle el poder, equivalía a decretar la desestabilización, golpes militares, “el quiebre”, y una posible guerra civil, hacia el Estado fallido.

Tendrían que emprender una invasión terrestre, movilizar 500 mil marines y mantener tropas por tiempo indeterminado, con unas 50 mil bajas civiles de entrada. Delcy Rodríguez sobrevivió en sentido literal y, además, se mantiene en el poder y aplicaron el “método Rubio” que nos ahorró las bajas y la ocupación militar. “Nació de nuevo” ese día y con la posibilidad de reconstruirse ella misma y reconstruir lo que antes incendiaron. Abrir la industria petrolera estaba por encima de la comprensión de nuestro sistema político, como la Santísima Trinidad para él mismo, según Agustín, y fue posible por la abrupta entrada de los gringos. Ella lo asume desde en el vórtice, como mencionamos antes y era un pragmatismo de vida o muerte. Me preocupa su reticencia a hacer una reforma estructural de la economía para derrotar los dos enemigos en uno, inflación-devaluación.



La escasa capacidad de procesamiento opositor solo tiene a favor esa resistencia del gobierno. Sin tales reformas, no hay crecimiento económico que valga, como entendieron los chinos hace 40 años. Por casi tres décadas, desde el paro petrolero hasta hoy, escribimos, dijimos, explicamos en todos los lugares posibles, que radicalismo, abstencionismo, golpismo “de calle”, eran necedades infantiles (y trágicas) que atornillarían al gobierno y dejaban vacíos espacios de poder. Aun hoy, cuando tal cosa se demostró ampliamente, repiten las lenguaradas furiosas, y el gobierno norteamericano les presta la atención que merecen quienes tuvieron el poder en las manos repetidas veces y ni siquiera se dieron cuenta. Los anula la carencia de sentido estratégico, un plan de acciones concatenadas, que la dirección evalúe cuidadosamente, corrija y reajuste si acerca o no el objetivo de alcanzar el poder.

Hoy diríamos que la estrategia debe ser “inteligente”, “biunívoca”, se retroalimenta de sus propios resultados tácticos. En caso contrario, es una antiestrategia, un empeño de acciones voluntaristas que sustituyen la tenacidad por la terquedad, acciones ciegas y sordas a sus desastrosas consecuencias (guarimbas, paro petrolero, abstenciones, trancones, golpismo, “las salidas” de 2014-16-17, las abstenciones). La “estrategia” de la extrema izquierda en la Europa actual es muy creativa: devastación de espacios públicos y privados urbanos porque, revolucionarios, piensan que sí debilitan las instituciones y avanzarán en procesos electorales, pero la experiencia indica que la mayoría silenciosa trabaja, quiere normalidad y no simpatiza con la delincuencia callejera. En Europa parecen cansados de Sánchez, Mertz, Macron, y se disponen a entronizar “la derecha” (ojalá sirvieran)

En nuestro caso tropical, la oposición no fue capaz de autoevaluarse estratégica y tácticamente en 9720 días, 324 meses, 27 años. Es peor el balance porque casi gana las parlamentarias de 2010, lo hace en 2015 y lo hubiera hecho de participar en municipales, regionales y nacionales (16-17-18). Entonces algún menguado declaró “cerrada la vía electoral”. Como si no fuera suficiente, cabecillas notorios ahora incurren en escandalosos ridículos personales. Luego de la puerilidad, la desubicación, viene el torpe malentretenimiento de poner palos en las ruedas del cambio necesario que impulsa EE.UU. Contratan un par de gaznápiros para sostener que no había transición ni nada, aunque cada vez que les dolía la cabeza a Chávez o Maduro, anunciaban “la transición”. Antes decretaron la disolución del bloque dominante para el 28J, otro autoengaño estúpido.

Su escasa capacidad de procesamiento, solo tiene a favor la resistencia del gobierno a reformas estructurales de la economía para detener el monstruo bicéfalo inflación-devaluación, porque si lo hiciera, la dinámica cambiaría estratégicamente. Sin tales reformas, como entendieron los chinos hace 50 años, no hay crecimiento económico que valga. Ese es el Talòn de Aquiles de la transición, nubarrones en su futuro. Venezuela, como Ucrania, olvidaron que la geopolítica entra donde termina el Derecho internacional y peligra la seguridad nacional de una potencia.

El viejo chavismo sobrevivió hasta que se le ocurre la mentecatez de confiscar a Exxon, Total, Chevron, Conoco, BP, Statoil, Halmerich, Williams, ENI, Harvest, Repsol, Tidewater, Enaco, Halliburton, etc. en 2007. Ese adefesio trajo las sanciones contra petroleras de Obama en 2011, que completa Trump en 2017 y 2019. Venezuela está bajo dominio norteamericano producto del hipernacionalismo al crear la ilusión de control hostil de la industria petrolera contra la inversión global. Hoy somos el país más alineado y dependiente de USA en la región, sin capacidad de controversia con él porque no pudimos resolver nuestro el problema. No tuvimos Gorbachov-Yeltsin, Aylwin-Lagos y no pudimos solos. Hay que trabajar con paciencia para recuperar lo perdido.

@CarlosRaulHer

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