ALEXANDRA KOLLONTAI

 


ALEXANDRA KOLLONTAI

«¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas?
Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza.
A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.» (1913)


«Clara Zetkin sostenía que el triunfo del socialismo era imposible sin la inclusión de amplias masas de mujeres en la lucha rev


olucionaria, pero, hasta cierto punto, su argumento era meramente cuantitativo: las mujeres suponen la mitad de la población y además constituyen la parte más «retrógrada» o conservadora del proletariado. Es difícil, por tanto, que se pueda vencer al capitalismo sin el esfuerzo activo -o más bien con la rémora- de la mitad del proletariado.
Desde nuestro punto de vista es la teórica rusa Alejandra Kollontay quien articuló de forma más racional y sistemática feminismo y marxismo (19). Kollontay no se limita a incluir a la mujer en la revolución socialista, sino que define el tipo de revolución que la mujer necesita. No basta con la abolición de la propiedad privada y con que la mujer se incorpore a la producción; es necesaria una revolución de la vida cotidiana y de las costumbres, forjar una nueva concepción del mundo y, muy especialmente, una nueva relación entre los sexos. Sin estos cambios, que contribuyen a la efectiva emancipación de la mujer, no podrá hablarse realmente de revolución socialista, por mucho que el proletariado haya conquistado el poder político. Por eso en su teoría no tiene sentido hablar de «un aplazamiento» de liberación de la mujer, en todo caso, habría que hablar de un aplazamiento de la revolución. De hecho, Kollontay tuvo numerosos enfrentamientos con sus camaradas varones y con todos los que, desde una hostil indiferencia, negaban la necesidad de una lucha específica y defendían que los cambios relativos a la emancipación de la mujer eran una simple cuestión de superestructura. Tal y como ha señalado Ann Foremann, Kollontay «fue la única de los dirigentes bolcheviques en integrar teóricamente los problemas de la sexualidad y la opresión de la mujer, dentro de la lucha revolucionaria.» (20)

La mujer nueva

Karl Marx señaló que para construir un mundo mejor, no bastaba con transformar las relaciones de producción, era también necesaria la aparición de un hombre nuevo. Kollontay se une apasionadamente a esta reivindicación -«la necesidad de la renovación psicológica de la humanidad»- a la que dedica buena parte de sus escritos. La nueva clase en ascenso, el proletariado, necesita una ideología propia, crear nuevos valores y nuevos hábitos de vida; y esta revolución humana, tal vez la más importante, no puede ser pospuesta a ningún triunfo político. De hecho ha comenzado ya y ha comenzado en la mujer, en la mujer nueva, aunque, «demasiado a menudo se olvida este importante factor»… el cambio de la psicología femenina. (21)

Para Kollontay el feminismo tiene su razón de ser en la aparición de esta mujer nueva, porque, en buena lógica marxista no basta con que la mujer esté oprimida sino que tiene que llegar a ser consciente de ello. Y es esta mujer nueva, o «mujer célibe», como le gusta llamarla también a Kollontay, quien va a vivir la impotencia y el desgarramiento de ser mujer en un mundo concebido en función del varón; es ella en definitiva quien se va a preguntar por las condiciones que han hecho posible su miserable situación a lo largo de la historia -la reconstrucción histórica de la opresión-, y es ella quién va a reconsiderar el camino, la estrategia a seguir para finalizar con su opresión.

La mejor manera de entender los rasgos psicológicos que caracterizan a la mujer nueva es confrontándolos con los de la mujer del pasado. ¿cómo es esta mujer? Según su análisis la vida de la mujer ha llegado a estar presidida por los sentimientos; en un orden político, social y económico en que ha sido relegada a esposa del varón, su vida se ha reducido al hecho de amarlo o de ser amada por éste:

«Hasta ahora el contenido fundamental de la vida de la mayoría de las heroínas se reducía a los sentimientos de amor. Si una mujer no amaba, la vida se le aparecía tan vacía como su corazón». (22)

Esta dependencia material, moral y sentimental choca con la independencia y la actitud del varón, para quién la mujer, el amor, no es más que una parte de su vida. Encuentra aquí Kollontay la causa de incontables tragedias en el alma femenina, en el alma de las mujeres de todas las clases sociales: los celos, la desconfianza, la soledad, el renunciamiento a sí mismas por adaptarse al ser amado, etc. En definitiva, la mujer se define socialmente por sus relaciones sexuales o sentimentales, y su individualidad no tiene ningún valor social. Sólo tienen valor las virtudes genéricamente femeninas: la pureza, la virtud sexual y sus opuestos. Al menos, así es definida por la literatura burguesa. Kollontay encuentra cuatro tipos fundamentales de heroínas en la literatura: las encantadoras y puras jovencitas, que contraen matrimonio al final de la novela; las esposas resignadas o casadas adúlteras; las solteronas y, finalmente, las «sacerdotisas del amor» o prostitutas, bien por su pobreza o bien por su naturaleza viciosa. Frente a esta heroínas ha aparecido, tanto en la vida como en la literatura femenina, un quinto tipo de heroína, es la mujer nueva. La mujer nueva en cuanto tipo psicológico opuesto a la mujer del pasado se encuentra en todas las clases sociales. Son todas aquellas que han dejado de ser un simple reflejo del varón:

«Se presentan a la vida con exigencias propias, heroínas que afirman su personalidad, heroínas que protestan de la servidumbre de la mujer dentro del estado, en el seno de la familia, en la sociedad, heroínas que saben luchar por sus derechos». (23)

La finalidad de su vida no es el amor sino su «yo», su individualidad. El amor no es sino una etapa más en el camino de su vida, la pasión les sirve para encontrarse a sí mismas, para afirmar su personalidad y llegar a comprenderse mejor: «Esta finalidad de su vida es en general para la mujer moderna algo mucho más importante: un ideal social, el estudio de la ciencia, un vocación o el trabajo creador». (24)

Ahora bien, aunque la mujer nueva está en todas las clases sociales, la tesis de Kollontay ser que «la transformación de la mentalidad de la mujer, de su estructura interior espiritual y sentimental se realiza primero y principalmente en las capas más profundas de la sociedad, es decir allí donde se produce necesariamente la adaptación de la obrera a las condiciones radicalmente transformadas de su existencia». (25)

La mujer nueva como tipo generalizado es producto de la evolución de las relaciones de producción y de la incorporación de la fuerza de trabajo femenina al trabajo asalariado. Una vez más ser el capitalismo quien engendre el sujeto revolucionario que causar su destrucción; la mujer nueva como realidad cotidiana «ha nacido con el ruido infernal de las máquinas de las usinas y la sirena de llamada de las fábricas»; finalmente, y a pesar de que sus primeros análisis no apuntaban a ello, Kollontay mantendrá que la mujer nueva de la clase burguesa no deja de ser un tipo accidental. Por tanto son las obreras la auténtica vanguardia del movimiento de liberación de la mujer y quienes han puesto en el tapete «la cuestión femenina», cuestión que, sin embargo, pretenden apropiarse las igualitaristas. Kollontay señala indignada que las proletarias llevan ya años trabajando cuando sus compañeras burguesas reclaman como algo novedoso el trabajo para ellas, y no se dan cuenta de que, si pueden reivindicar el derecho al trabajo en profesiones liberales es gracias a que otras mujeres llevan años pudriéndose en las fábricas. De igual forma Kollontay señala cómo las proletarias llevan años ejerciendo el amor libre -y siendo calificadas de promiscuas- antes de que las burguesas lo asuman como «su» reivindicación.

La situación de la mujer en el capitalismo: La importancia de este análisis

Para Kollontay -frente a Engels y la postura hegemónica al respecto- no basta con descubrir el origen de la subordinación de la mujer para encontrar una estrategia de liberación. Adelantándose notablemente a su tiempo Kollontay podría hacer suya la tesis, más propia del neofeminismo de los años setenta, de que la anulación del origen de la opresión no tiene porqué eliminar la naturaleza de la opresión en su forma actual. (26)

Efectivamente, para Kollontay, cualquier estrategia dirigida a la efectiva emancipación de las mujeres ha de partir del análisis de la situación de la mujer en la sociedad actual. Su examen de la situación de la mujer en la sociedad capitalista aborda tres ámbitos importantes: el trabajo, la familia, y, fundamentalmente, el mundo personal, de las relaciones entre los sexos. Nos centraremos sólo en este último punto ya que es su aportación más original.

La crisis sexual

La conciencia de estar viviendo una época de crisis en la relaciones entre los sexos y de la injusticia que suponía la existencia de una doble moral, una para los varones y otra para las mujeres, se remonta en la tradición socialista a los llamados socialistas utópicos, especialmente a Fourier, también era denunciada por las sufragistas y quedaba ampliamente reflejada en la novela burguesa. Kollontay califica el problema como uno de los más importantes que acosan la inteligencia y el corazón de la humanidad, y en cierto modo, podemos afirmar que el tema del amor libre o la búsqueda de nuevas formas de relación sexual más satisfactorias, era uno de los temas de la época.

Kollontay critica explícitamente la postura marxista que mantiene que los problemas de amor son problemas de superestructura y que se solucionarán cuando cambie la base económica de la sociedad. Igualmente, desestima toda predicción optimista sobre la solución de la crisis sexual. Ser necesaria una larga lucha, y una lucha específica, para reeducar la psicología de la humanidad. Efectivamente, en este tema toma alas respecto a lo que por aquel entonces era la tradición marxista para adoptar una postura claramente feminista. Así, la contradicción que en otra esferas -como la del trabajo o la familia- aparecía entre los intereses de las mujeres burguesas y las mujeres proletarias desaparece, y pasa a un primer plano la contradicción varón-mujer. En este sentido, describe la crisis sexual tal y como la viven las mujeres y señala, muy especialmente, la imposibilidad de la «mujer nueva» de realizarse sentimentalmente en un mundo en que el varón todavía no ha cambiado. Debido a esto, Kollontay ir más allá de la tópica denuncia a la doble moral burguesa o de la reivindicación del derecho a amar libremente para las mujeres; porque, ¿qué ganar la mujer nueva con su recién estrenado derecho a amar mientras no exista un «varón nuevo» capaz de comprenderla?

Significativamente, al tratar este tema, desaparecen de sus textos las citas de «los marxistas» y ceden su sitio a las de la literatura burguesa pero femenina. Kollontay reivindica el valor y la necesidad de las obras literarias de las mujeres, porque:

«No es posible comprender ni juzgar lo que pasa apoyándose tan sólo en la percepción que los hombres tienen de ello sobre todo cuando se trata de los problemas sexuales de ese misterio del amor.» (27)

Y en respuesta a una pregunta de una joven comunista sobre por qué sienten admiración por una poetisa «que no es en absoluto comunista» Kollontay responde convencida: «porque no hace pasar las emociones del alma femenina a través del prisma de la psicología masculina.» (28)

En su escrito La nueva moral sexual Kollontay sigue las tesis de Meisel Hess expuestas en la obra La crisis sexual, publicada en 1910. Esta autora planteaba que las normas morales que reglamentan la vida humana no pueden tener más que dos finalidades: asegurar a la humanidad una descendencia sana y contribuir al enriquecimiento de la psicología humana en el sentido de fomentar los sentimientos de solidaridad y camaradería. El propósito de Kollontay ser demostrar que las formas fundamentales de unión intersexual de su tiempo no sirven a la segunda finalidad señalada. Para ellos analiza el matrimonio legal, la prostitución y la unión libre y apunta a las diferencias entre la psicología del varón y de la mujer.

El matrimonio legal tiene en su base dos principios que lo envenenan y que afectan de igual forma a varones y mujeres. Estos principios son la indisolubilidad del matrimonio y la idea de propiedad respecto al cónyuge. La indisolubilidad del matrimonio que «se funda en la idea contraria a toda ciencia psicológica de la invariabilidad de la psicología humana en el curso de la vida» (29), impide que el alma humana se enriquezca con otras relaciones amorosas. Esto es tanto más grave en tanto que, como señalara Meisel Hess, «un corazón sano y rico capaz de amar, no es un pedazo de pan que mengüe a medida que nos lo comemos». Por el contrario, el amor es una fuerza creadora, que aumenta a medida que se prodiga. Por otro lado, el matrimonio legal se muestra capaz de estrangular la relación más apasionada. La idea de propiedad respecto al otro lleva a estrechar la vida en común hasta tal punto que «hasta el amor más ardiente se convierte en indiferencia». Y tampoco enriquece el alma humana en cuanto que no requiere «sino pocos esfuerzos psíquicos para conservar al compañero de vida, ligado por cadenas externas» (30).

La prostitución como forma de relación sexual tiene unos efectos mucho peores que el matrimonio legal en la psicología humana; en concreto, en la psicología del varón. A este respecto Engels había observado lo siguiente: «Entre las mujeres, no degrada sino a las infelices que caen en sus garras y aún a éstas en un grado mucho menor de lo que suele creerse. En cambio, envilece el carácter del sexo masculino entero.» (31) Kollontay está de acuerdo con la última frase del texto engelsiano pero, a su juicio, serán también todas las mujeres las que sufran los nefastos efectos de la prostitución sobre el varón. El problema reside en que con la prostitución, los varones establecen una relación con el sexo femenino en que sólo se disponen a recibir placer y no a darlo. Esta situación deforma profundamente la

conciencia de que el acto sexual es cosa de dos, y como afirma Kollontay: «Lleva al hombre a ignorar con sorprendente ingenuidad, las sensaciones fisiológicas de la mujer en el acto más íntimo» (32).

La prostitución deforma la conciencia erótica del varón y abre un abismo entre las expectativas de varones y mujeres en la relación sexual. El desencanto de la mujer en el acto sexual trae como consecuencia el desentendimiento y la incomprensión entre los sexos. Kollontay no sólo denuncia explícitamente el desconocimiento por parte de los varones de la sexualidad femenina, sino que acusa a la literatura masculina de silenciar esta insatisfacción sexual, cuando desde su punto de vista, es la causa de incontables dramas de «familia y amor».

La unión libre surge como alternativa al matrimonio legal y para muchos -el individualismo burgués- sería la solución a la crisis del matrimonio legal. Sin embargo, para Kollontay esta unión está irremediablemente condenada al fracaso mientras no cambie la psicología de los individuos. El siguiente texto nos parece sumamente interesante al respecto:

«¿Acaso la psicología del hombre de hoy está realmente dispuesta a admitir el principio del amor libre? ¿Y los celos, que arañan incluso a los espíritus mejores? ¿Y ese sentimiento, tan hondamente enraizado, del derecho de propiedad no sólo sobre el propio cuerpo, sino también sobre el alma del compañero? ¿Y la incapacidad de inclinarse con simpatía ante una manifestación de la individualidad de la otra persona, la costumbre bien de ‘dominar’ al ser amado o bien de hacerse su esclavo? ¿Y ese sentimiento amargo, mortalmente amargo de abandono y de infinita soledad que se apodera de uno cuando el ser amado ya no os quiere y os deja?» (33).

Kollontay entiende el amor libre como algo más que un mero cambio en los lazos formales o externos que unen a la pareja, no como un cambio en la forma de relación sino en el contenido de la misma. Se caracteriza por negar los supuestos derechos de propiedad que el amor burgués concedía sobre el cuerpo y el alma de la persona amada. Muy al contrario, la unión libre se basa en el mutuo respeto de la individualidad y de la libertad del otro. En este sentido entraña el rechazo de la subordinación de la mujer dentro de la pareja y de la hipocresía de la doble moral.

La pregunta de Kollontay al respecto es la de si puede existir una relación tal en el «actual estado estacionario de la psicología de la humanidad». Según su análisis, la sociedad capitalista, basada en la lucha por la existencia, ha fomentado los hábitos y la mentalidad individualista e insolidaria entre las personas. Los seres humanos viven aislados, cuando no enfrentados con la comunidad; y es precisamente esta soledad moral en que viven varones y mujeres lo que «lleva a aferrarse con enfermiza avidez a un ser del sexo opuesto» y a «entrar a saco en el alma del otro». La idea de propiedad vicia inevitablemente hasta la unión que se pretende más libre. Lo que Kollontay plantea es que sólo en una sociedad basada en la solidaridad, el compañerismo y en la igualdad de los sexos, puede llegar a buen término la unión libre. Y en este preciso sentido afirma que la mujer nueva está poniendo las bases de una auténtica revolución sexual -y también de la revolución socialista- al poner en primer plano en las relaciones la no subordinación y el compañerismo. Y es que, el poner en primer plano la recíproca independencia y libertad, el respeto hacia la propia individualidad, se encuentra en clara contradicción con la idea de posesión exclusiva o propiedad respecto al otro.

Pero si las mujeres se están abriendo a una nueva manera de concebir la propia vida y las relaciones entre los sexos, no sucede lo mismo con los varones que siguen dominados por la ideología burguesa. Durante siglos, la cultura burguesa ha fomentado en el varón hábitos de autosatisfacción y egoísmo, y entre estos, el de someter el «yo» de la mujer. Y, reflexiona Kollontay, sea la unión intersexual legal o libre, el varón seguir viendo en la mujer «lo que tiene en común con su especie, su feminidad en general» (34). Además, como decíamos antes, Kollontay no se muestra optimista. Según ella, ha de pasar aún mucho tiempo antes de que nazca un hombre que sea capaz de ver en las mujeres algo más que las representantes de su sexo y que sepa que el primer puesto en las relaciones amorosas le corresponde a la amistad y camaradería.

La revolución que la mujer necesita

La mujer, con su cambio, está poniendo las bases para la transformación de la sociedad. Ahora bien, dicho cambio sólo podrá llegar a buen término en una sociedad comunista. Lo que nos lleva a ver qué tipo de revolución necesita la mujer. En primer lugar una revolución de la vida cotidiana y de las costumbres entre las que destaca la socialización del trabajo doméstico y del cuidado de los niños.

Para Kollontay el trabajo asalariado es condición necesaria -aunque no suficiente- de la emancipación. Y en la sociedad capitalista esta condición no puede resolverse. En primer lugar por su aceptación de la tesis de las crisis periódicas del capitalismo. En los momentos de crisis las mujeres serían las primeras en perder sus puestos de trabajo. Pero además está el problema de la doble jornada laboral de las mujeres, y Kollontay piensa que esto es irresoluble en el capitalismo. (La idea de que el varón pudiese realizar también los trabajos domésticos es muy reciente en la historia del feminismo). De ahí que la revolución que la mujer necesita incluye la socialización del trabajo doméstico y una nueva concepción de la maternidad. Las mujeres deben ser descargadas de los trabajos domésticos y hasta donde sea posible de la tarea social de la reproducción de la especie. Sólo así podrán, sin poner en peligro su salud, cumplir con su trabajo productivo de una forma satisfactoria y aspirar a promocionarse y ocupar trabajos cada vez más cualificados. Aquí resulta obligado señalar que Kollontay también habla del deber social de la maternidad, con lo que no queda muy claro hasta dónde puede colisionar este deber con el derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo.

En segundo lugar, la efectiva emancipación de las mujeres no podrá lograrse sin una completa revolución en las relaciones entre los sexos, sin el desarrollo de un nuevo concepto de amor: el amor camaradería. En este sentido ya hemos analizado la importancia que otorga a la crisis sexual y su aireamiento de temas hasta entonces silenciados como la insatisfacción sexual de la mujer; ahora analizaremos la estrategia que propone para solucionar dicha crisis, y su conexión con la revolución socialista.

Para Kollontay, sin una reeducación básica de nuestra psicología, el problema sexual no tiene solución. Sostiene, de acuerdo con los marxistas de su época, que el triunfo definitivo de esta reforma depender por entero de la reorganización radical de las relaciones socioeconómicas sobre bases comunistas, pero sostiene frente a aquellos la necesidad de una lucha específica contra la ideología tradicional. En consecuencia, critica lo que califica de «réplica estúpida» por parte de sus camaradas cuando mantienen que los problemas sexuales son problemas de superestructura, que encontrarán solución cuando la base económica de la sociedad se haya transformado. A esto responde:

«¡Como si la ideología de una clase cualquiera se forme únicamente cuando ya se ha producido el desbarajuste en las relaciones socioeconómicas que asegura el poder de esa clase!» (35).

Para Kollontay es en el proceso mismo revolucionario donde se conforma la ideología de la nueva clase, en el enfrentamiento con los viejos hábitos y mentalidades donde se va consolidando la nueva visión del mundo. Y, parte muy importante de la visión del mundo, es la que atañe a las relaciones entre los sexos y sería un gran error considerar esta cuestión como privada. El amor es una poderosa fuerza psíquico-social que la nueva clase hegemónica debe poner a su servicio. En este sentido, instaurar una nueva moral sexual, sin la que Kollontay estaba convencida de que la emancipación de la mujer no sería posible, es por un lado un deber de la clase obrera en su construcción de un mundo mejor,

pero también un poderoso instrumento para consolidar su poder. De hecho, según su análisis de la evolución del concepto de amor a través de la historia queda de manifiesto como las clases sociales ascendentes, modelan el concepto de amor en coherencia con las necesidades de su organización socioeconómica y de su visión del mundo. Así lo hicieron en su día la sociedad feudal y la burguesa. Hoy:

«Corresponde a la humanidad trabajadora, armada del método científico del marxismo y receptora de la experiencia del pasado, comprender esto: ¿Qué lugar debe reservar la nueva humanidad al amor en las relaciones sociales? ¿Cuál debe ser, por consiguiente el ideal amoroso que responda a los intereses de la clase que lucha por dominar tales relaciones sociales?» (36).

La obra de Kollontay intentar responder todos estos interrogantes. En primer lugar, la tendencia actual del amor es la ambigüedad. El amor ha surgido del instinto biológico de la reproducción, pero, a través de milenios de vida social y cultural se ha «espiritualizado» para convertirse en un complejísimo estado emocional. El amor se puede presentar bajo la forma de pasión, de amistad, de ternura maternal, de inclinación amorosa, de comunidad de ideas, de piedad, de admiración, de costumbre y de cuantas maneras imaginemos. Es decir, la humanidad, en su constante evolución, ha ido enriqueciendo y diversificando los sentimientos amorosos hasta el punto de que no parece fácil que una sola persona pueda satisfacer la rica y multiforme capacidad de amar que late en cada ser humano. Kollontay describe así la situación:

«Una mujer ama a tal hombre con todo el alma, y los pensamientos de ambos, las aspiraciones, las voluntades están en armonía; pero la fuerza de las afinidades carnales la atrae irresistiblemente hacia otro. Un hombre experimenta por tal mujer un sentimiento de ternura lleno de atenciones, de compasión colmada de solicitud, a la par que haya en otra la comprensión y el sostén para las mejores aspiraciones de su yo. ¿A cuál de ambas debe consagrar la totalidad de Eros? ¿Y por qué habría de desgarrar, de mutilar su propia alma, si la plenitud de su individualidad no se realiza sino con uno y otro lazo?» (37).

Para Kollontay esta «ambigüedad» del amor choca con el ideal burgués de exclusividad, pero no con una supuesta esencia del amor, como pretendía Engels (38). El ideal de exclusividad en el amor se ha forjado históricamente, ligado a la ideología basada en la noción de propiedad. Sin embargo, el mundo que proyecta construir la clase proletaria no se funda en la propiedad y el individualismo, sino en la comunidad y en la camaradería; en consecuencia, esta «ambigüedad» del amor no tiene por qué encontrarse en contradicción con los intereses ideológicos del proletariado. La nueva sociedad de los trabajadores se construye a partir de la solidaridad de todos los varones y mujeres que la componen, así pues, al proletariado le interesa fomentar un concepto del amor que refuerce los sentimientos de simpatía y camaradería entre todos sus miembros. El amor exclusivo y absorbente, el amor que lleva a la pareja a aislarse de la colectividad, está en profunda contradicción con la ideología de la nueva clase y con la sociedad que pretende consolidar. Para la nueva clase ascendente:

«Cuantos más hilos haya tendidos de alma a alma, de corazón a corazón, de espíritu a espíritu, más se enraizará el espíritu de solidaridad y más fácil será la realización del ideal de la clase obrera: la camaradería y la unidad.» (39)

A la moral sexual proletaria no le interesa la forma externa del amor, sino el contenido del mismo. El proletariado admitir todo tipo de relación entre los sexos con tal de que se base en la reciprocidad, en el reconocimiento de la personalidad y los derechos del otro y en «la actitud para escuchar y comprender los movimientos anímicos del ser querido». Resulta obvio que relaciones tales como la prostitución, basada en la desigualdad de los sexos serán prohibidas por estar en contradicción con la ideología de la clase obrera. En realidad, el concepto de amor que debe fomentar el proletariado no es otro que el que propugnaba la mujer nueva: el amor camaradería. Queda así de manifiesto cómo las mujeres de todas las clases sociales contribuyen a la erosión de los valores de la ideología dominante y, una vez más, la relación entre la emancipación de la mujer y el triunfo de la revolución.

Más allá de la inexorable contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, esta es la predicción de Kollontay: cuando varones y mujeres lleguen a ser verdaderos compañeros y la solidaridad sea el auténtico motor de la sociedad, cuando desaparezca la fría soledad moral y afectiva que rodea a los seres humanos en el capitalismo, sólo entonces ser posible una auténtica revolución comunista.
Notas.-
19. A la obra de Kollontay hemos dedicado un estudio más detallado en Marxismo y Feminismo en Alejandra Kollontay, Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas-Universidad Complutense de Madrid, 1993.

20. Foremann, Ann, La femineidad como alienación: marxismo y psicoanálisis, Madrid, Debate, 1979, p. 43.

21. Kollontay, A., Marxismo y revolución sexual, Madrid, Castellote, 1976, p. 50.

22. Kollontay, A., La mujer nueva y la moral sexual, Madrid, Ayuso, 1977, p. 70.

23. Idem, p. 44.

24. Idem, p. 72.

25. Idem, p. 81.

26. Cfr. Weimbaun, op. cit., p. 10.

27. Kollontay, A., Marxismo y revolución sexual, p. 104.

28 Idem, p. 103.

29. Idem, p. 128.

30. Idem, p. 129.

31. Engels, F., op. cit., p. 75.

32. Kollontay, Marxismo y revolución sexual, p. 131.

33. Idem., p. 49.

34. Idem, p. 109.

35. Idem., p. 155.

36. Idem, p. 170.

37. Idem, pp. 174 y 175.

38. Para Engels el amor sexual es, por su propia naturaleza, exclusivista. Ann Foremann ha señalado al respecto que la postura de Engels es «profundamente no marxista en cuanto que proyecta sobre los hombres y las mujeres unas características esenciales, una sexualidad estable, inalterada por los cambios en las relaciones sociales.» Foreman, Ann, op. cit., p. 30.

39. Kollontay, op. cit., p. 175.


fuente: Ana de Miguel Álvarez: «El conflicto clase-sexo-género en la tradición socialista» (fragmento)

Adiós al filósofo Gianni Vattimo: su actividad académica y compromiso con la política

 


El mundo de la cultura está de luto: el filósofo Gianni Vattimo falleció a los 87 años . Llevaba días hospitalizado en el hospital de Rivoli, en la zona de Turín. Nacido en Turín en 1936, Vattimo fue profesor en la Universidad de la capital piamontesa: en 1964 se convirtió en catedrático, primero como profesor de estética y luego, en 1982, como profesor de filosofía teórica. Vattimo , exponente del posmodernismo filosófico, vinculó su fama al concepto de "pensamiento débil" que le dio fama mundial.

La noticia fue anunciada en una publicación en Facebook por Simone Caminada, de 38 años, asistente y pareja del filósofo desde hace 14 años. En los últimos años, esta misma historia había acabado en las noticias judiciales. A Vattimo le hubiera gustado unirse civilmente a Caminada, pero la Fiscalía de Turín suspendió la unión a la espera de la sentencia: según estableció el Tribunal de Turín, el socio del filósofo habría intentado obtener la herencia, aislando al intelectual y haciéndose con el control de su herencia. Vattimo, nacido en Turín el 4 de enero de 1936, era hijo de un policía originario de Calabria, que murió cuando sólo tenía un año y medio. Fue miembro activo de la Juventud Estudiantil de Acción Católica y colaboró ​​en la revista Quartodora, demostrando desde entonces su espíritu crítico y profundo compromiso social. Se le puede considerar el mayor analista del pensamiento de Martien Heidegger, habiendo estudiado con maestros como Karl Löwith y Hans Georg Gadamer. Antidogmático, firme creyente en que el auténtico orden de las cosas no puede describirse de manera filosófica o científica, criticó toda posición metafísica. Con Pier Aldo Rovatti editó en 1983 una colección de ensayos sobre el pensamiento débil, de la que fue considerado el máximo exponente. Siempre ha tratado de hacer accesibles sus teorías incluso al público menos culto, con una redacción muy sencilla y clara. Se declaró comunista pero "no en el antiguo sentido marxista" y era muy religioso. Se definió como "homosexual y cristiano" y fue considerado un precursor de las cuestiones LGBT. Además de ser profesor en la Universidad de Turín, también enseñó en el extranjero y recibió títulos honoríficos de prestigiosas universidades internacionales. También fue miembro del Parlamento Europeo durante dos legislaturas, primero por el Partido Demócrata de izquierda en 1999 y luego por Italia dei Valori de Di Pietro en 2009, y contribuyó a la difusión de la filosofía presentando programas de televisión para la Rai con sus amigos Furio. Colombo y Umberto Eco y colaborando con La Stampa.

OpenAI y Jony Ive, diseñador de iPhone, trabajando en un teléfono inteligente con IA. SoftBank dispuesto a invertir mil millones

 | di Mateo Lirosi | 0 

Según se informa, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, está en conversaciones avanzadas con el ex diseñador de Apple, Sir Jony Ive, y Masayoshi Son, director ejecutivo de SoftBank, para crear "el iPhone de la inteligencia artificial". Mil millones de dólares listos por parte del gigante japonés. LoveFrom, la empresa de Ive, encargada del diseño

OpenAI y Jony Ive, diseñador de iPhone, trabajando en un teléfono inteligente con IA. SoftBank dispuesto a invertir mil millones

OpenAI está listo para sorprender nuevamente. Después Creó y desarrolló ChatGPT., la compañía pretende revolucionar el mundo de la telefonía, creando una Smartphone equipado con inteligencia artificial..

Según el Financial Times, OpenAI estaría, de hecho, en negociaciones avanzadas ex diseñador de Apple señor Jony Ive e Hijo de Masayoshi, el director general de SoftBank para crear “el iPhone de la inteligencia artificial”, un proyecto valorado en más de mil millones de dólares que sería financiado por el conglomerado japonés.

Sam Altman, CEO de OpenAI, habría designado la empresa a Ive, LoveFrom, para desarrollar el primer dispositivo dirigido al mercado de consumo masivo.

Jony Ive: del iPhone al “Smartphone AI”

LoveFrom es una empresa de diseño y creatividad fundada por Sir Jony Ive, mejor conocido por ser el director de diseño de Apple.

Jony Ive fue uno de los cLos colaboradores más cercanos de Steve Jobs y ha desempeñado un papel crucial en Apple durante casi tres décadas contribuyendo significativamente a la creación de productos icónicos como el iPhone, iPad y .MacBook

Después de dejar Apple en 2019, He empezado LoveFrom como firma propia de diseño y consultoría. La empresa se centra en proyectos de diseño industriales, experiencias de usuario e innovaciones tecnológicas para una variedad de clientes e industrias. LoveFrom ha estado involucrado en diversos proyectos de diseño, incluidos productos físicos, interfaces de usuario digitales y más.

Sam Altman y Sir Jony Ive tuvieron sesiones de lluvia de ideas en el estudio de diseño de Ive en San Francisco para diseñar un nuevo producto de consumo basado en la tecnología OpenAI. Su objetivo es crear unExperiencia de usuario más natural e intuitiva en la interacción. con inteligencia artificial, similar al efecto revolucionario que las innovaciones del iPhone han tenido en la pantalla táctil, liberando el potencial masivo de Internet móvil.

Nada bien definido todavía, explica el Financial Times, dado que el proceso de definición del diseño o dispositivo todavía está en sus primeras etapas y hay varias ideas en discusión.

El interés de Softbank en el proyecto

El financiador del proyecto sería SoftBank, listo para invertir mil millones de dólares en el proyecto. Se abren negociaciones entre el CEO del gigante japonés, Masayoshi Son y el dúo Sam Altman y Sir Jony Ive.

El sector de la inteligencia artificial también representa una importante oportunidad para SoftBank, especialmente después del notable éxito de brazo subsidiario (del cual posee aproximadamente el 90%), que registró un entrada récord en el Nasdaq: Valoración de 52 mil millones en vísperas de la negociación, la mayor oferta pública inicial de 2023.


Inteligencia artificial en marcha: ¿estamos preparados? Friedman y Harari dan la alarma, asegura Krugman

| di equipo de libros electrónicos de goWare | 0 

La IA generativa preocupa a Friedman y Harari, que hacen sonar la alarma. Frenos Nobel Krugman: tenemos tiempo para defendernos

Inteligencia artificial en marcha: ¿estamos preparados? Friedman y Harari dan la alarma, asegura Krugman

“Hemos entrado en un momento prometeico”, escribe Thomas L. Friedman, el principal columnista del "New York Times" también muy leído por el líder chino Xi Jinping quien sabe ingles. 

¿Qué significa estar en un momento que hace referencia al titán astuto de la mitología griega que robó, en un acto audaz y fatal, el fuego de los dioses? Significa que estamos entrando en una fase de colosal destrucción creativa que se expande universalmente la teoria de schumpeter, más allá de la propia medida concebida por su autor.Nuevamente, según Friedman, es algo más grande que la invención de la imprenta, la máquina de vapor, la revolución de la computadora personal e Internet. Lo que pasa es que las aplicaciones de inteligencia artificial aprendizaje automático generativo. 


Es algo que realmente está poniendo patas arriba no sólo el acceso al conocimiento y su uso, sino la propia forma de ser de nuestras relaciones.

Esto es lo que escribe Friedman y lo que leyó Xi-jinping:

“Estamos a punto de ser golpeados por un tornado. Hemos entrado en un momento prometeico, uno de esos momentos de la historia en los que aparecen nuevas herramientas, formas de pensar o fuentes de energía que suponen un paso tan adelante respecto a lo que existía antes, que no se puede cambiar sólo una cosa, sino que todo tiene que cambiar. Es decir, cómo crear, cómo competir, cómo colaborar, cómo trabajar, cómo aprender, cómo gobernar y, sí, cómo engañar a los demás, se cometen crímenes y se libran guerras.

Tomado de: The New York Times

En el depósito de chatarra de Wall-E

Y ya estamos empezando a ver algo. El modelo de búsqueda de Google, asistentes de voz como Alexa, Siri, cordana y la misma forma en que nos informamos parece desafiada irremediablemente por esta innovación y pronto enviada al vertedero de Wall-E. Por ejemplo, Amazon está reduciendo drásticamente su inversión en Alexa. 

Satya Nadella, Jefe de Microsoft el más rápido en montar esta nueva ola, ha definido a los asistentes de voz y la forma misma de buscar en Internet como "estúpidos como una piedra" en comparación con los motores de IA generativa  como CapGPT. 

A Google, durante meses ha sido código rojo y lectura obligatoria para todos los empleados es The Innovator's Dilemma del difunto Clayton M. Christensen, una especie de "Viejo Testamento" de Silicon Valley.

También ha salido estos días un estudio que realmente deja boquiabierto y que podría parecer un April Fool's si no llevara el logo de Goldman Sachs.

Según una investigación del banco de inversión, los últimos avances en inteligencia artificial podrían llevar a la automatización de una cuarta parte del trabajo realizado en EE. UU. y la Eurozona.

300 millones de empleos se van volando

Goldman Sachs ha declarado que los sistemas de inteligencia artificial generativa como ChatGPT, capaces de crear contenidos indistinguibles de los producidos por las personas, podrían desencadenar un auge de la productividad lo que terminaría aumentando el producto interno bruto mundial anual en un 7% durante un período de 10 años. Esta cosa es genial. Pero, tómese un momento para gritar victoria.

Según los autores de la investigación, si la tecnología cumple sus promesas, habría una gran conmoción en el mercado laboral: 300 millones (sí, millones) de trabajadores a tiempo completo podrían quedar despedidos. Dos tercios de los empleos en los EE. UU. y Europa se incendiarían.

Son predicciones verdaderamente aterradoras, pero que también parecen encontrar confirmación en observadores atentos como el mencionado Thomas Friedman y no solo en él. 

Un intelectual público mundial como Yuval Noah Harari y tecnólogos como Elon Musk, Steve Wozniak y otras 2000 personas destacadas firmaron una carta abierta, Pausar experimento gigante de IA: una carta abierta, que pide una moratoria sobre las aplicaciones de inteligencia artificial que están saliendo a raudales de los laboratorios.

¿Estamos preparados para la inteligencia artificial?

La pregunta que se hacen explícitamente los firmantes de la carta y el propio Friedman es si “estamos preparados” para esta masificación de la IA.

O si el principio hipocrático de abstenerse de dañar el sistema también debe aplicarse en el campo de esta poderosa metatecnología. ¿Cómo podemos evitar la ventaja de los "malvados" sobre los "benignos", ambos inquilinos del edificio AI? ¿Y además hacerlo para no tirar al bebé con el agua del baño?

Friedman lo ve de esta manera. Escribe:

“La inteligencia artificial ha sido creada por empresas privadas con fines de lucro que están creciendo en poder todos los días. Ahora deberíamos desarrollar lo que yo llamo 'coaliciones adaptativas complejas', donde las empresas, el gobierno, los emprendedores sociales, los educadores, las superpotencias en competencia y los filósofos morales se unen para definir cómo sacar lo mejor de la IA y evitar lo peor. Ningún actor de esta coalición puede resolver el problema por sí solo. Requiere un modelo de gobierno que es muy diferente de la política tradicional de izquierda a derecha”.

Tomado de: The New York Times

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análisis de Harari

Esencialmente de acuerdo con este análisis está Yuval Noah Harari. Según Harari, los sistemas de inteligencia artificial como GPT-4 no deberían llegar a la vida de miles de millones de personas a un ritmo más rápido de lo que las culturas y la política pueden absorber de manera segura. La carrera por dominar el mercado no debe dar paso también a la difusión masiva de una tecnología tan importante para la humanidad.

El aspecto que parece preocupar más al académico israelí es la capacidad de la IA para manipular y generar lenguaje, con palabras, sonidos o imágenes. Escribe:

"En el principio era la palabra. El lenguaje es el sistema operativo de la cultura humana. Del lenguaje surgen el mito y la ley, los dioses y el dinero, el arte y la ciencia, las amistades y las naciones y el código informático. El dominio del lenguaje de la IA significa que ahora puede piratear y manipular el sistema operativo de la civilización. Al obtener este dominio, la IA toma posesión de la llave maestra de la civilización, desde las bóvedas de los bancos hasta los santuarios sagrados”.

Tomado de: The New York Times

Puede ocurrir así que vivamos, en un futuro no tan lejano como el 2028 por ejemplo (dice Harari), en un mundo donde la cultura, la religión y la política están moldeadas por una inteligencia omnisciente no humana. Todo esto se puede lograr simplemente a través de control de idioma sin necesidad de un mundo tipo Matrix para implantar ningún chip debajo de la piel o en el cerebro.

La experiencia con las redes sociales

La inteligencia artificial primitiva de las redes sociales, argumenta Harari, fue suficiente para aumentar la conflictividad de la sociedad, socavar nuestra salud mental y socavar la democracia tanto es así que en Estados Unidos, la nación con la tecnología más avanzada del mundo, todavía no todos los ciudadanos se ponen de acuerdo sobre quién ganó las elecciones presidenciales ahora que vienen más.

Para no repetir la experiencia de redes sociales en presencia de una herramienta inmensamente más poderosa y astuta, ahora que todavía tenemos tiempo, los líderes mundiales deberían, según Harari, responder de tal manera que estén a la altura de lo que está en juego. Concluye así:

“El primer paso es ganar tiempo para actualizar nuestras instituciones del siglo XIX por un mundo donde la IA sea omnipresente y aprender a gobernarla antes de que nos domine”.

Una conclusión sensata que, sin embargo, asigna una ardua tarea a los líderes mundiales, quizás excediendo sus propias capacidades y posibilidades. 

En este punto me pregunto, frente a este gigantesco toque de trompetas, si las apuestas detrás de laIA generativa. ¿Pero no estamos apenas en los primeros movimientos? Antes de ponerle el arnés, que nadie sabe qué puede ser, esperemos a que al menos dé sus primeros pasos. Tal vez ella no es exactamente la bebé de Rosemary, como les parece a muchos.

Tal vez tenga razón Paul Krugman, que desde hace un tiempo nos lleva como ocurría con las criptomonedas, en decir que elLa IA generativa no cambiará la economía, y el resto también, de un día para otro. Tomará tiempo y mientras tanto podemos organizarnos.

fuentes:

Yuval Harari, Tristan Harris y Aza Raskin, Puede tomar la píldora azul o la píldora roja, y nos quedamos sin píldoras azules, The New York Times, 24 de marzo de 2023

Thomas L. Friedman, Nuestro nuevo momento prometeico, The New York Times, 21 de marzo de 2023

Pablo Krugman, La IA no va a rehacer la economía de la noche a la mañana, The New York Times, 31 de marzo de 2023

Delphine Strauss, La IA generativa afectará a 300 millones de puestos de trabajo en las principales economías, The Financial Times, 27 de marzo de 2023

kevin roose, ¿Cómo funciona realmente ChatGPT?, The New York Times, 28 de marzo de 2023

billy ferrigo, Elon Musk firma una carta abierta instando a los laboratorios de IA a pisar el frenoRevista Time, 29 de marzo de 2003

Pausar experimentos gigantes de IA: una carta abierta, futuro de la vida

Brian X. Chen, Nico Grant y Karen Weise, Cómo Siri, Alexa y Google Assistant perdieron la carrera de IA, The New York Times, 15 de marzo de 2023

Brian X Chen, Cómo se desempeñaron ChatGPT y Bard como mis asistentes ejecutivos, The New York Times, 15 de marzo de 2023


https://www.firstonline.info/es/inteligencia-artificial-go-go-estamos-listos-friedman-y-harari-hacen-sonar-la-alarma-krugman-tranquiliza/