Aforismos (*) Por E. M. CIORAN (1) Extremo pesimismo y nihilismo



Cuando se ha salido del círculo de errores y de ilusiones en el interior del cual se desarrollan los actos, tomar posición es casi imposible. Se necesita un mínimo de estupidez para todo, para afirmar e incluso para negar.

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Todo lo que me opone al mundo me es consustancial. La experiencia me ha enseñado pocas cosas. Mis decepciones me han precedido siempre.
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Para poder vislumbrar lo esencial no debe ejercerse ningún oficio. Hay que permanecer tumbado todo el día, y gemir...



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Existe un placer innegable en saber que lo que se hace no posee ninguna base real, que da lo mismo realizar un acto que no realizarlo. Sin embargo, en nuestros gestos cotidianos contemporizamos con la Vacuidad, es decir, alternativamente ya veces al mismo tiempo, consideramos este mundo como real e irreal. Mezclamos verdades puras con verdades sórdidas, y esa amalgama, vergüenza del pensador, es la revancha del ser normal.

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No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos qué forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el Tiempo.
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Imposible asistir más de un cuarto de hora sin impaciencia a la desesperación de alguien.

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La amistad sólo resulta interesante y profunda en la juventud. Es evidente que con la edad lo que más se teme es que nuestros amigos nos sobrevivan.
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Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos.

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Lo que aún me apega a las cosas es una sed heredada de antepasados que llevaron la curiosidad de existir hasta la ignominia.
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Cuánto debían detestarse los trogloditas en la oscuridad y la pestilencia de las cavernas. Es normal que los pintores que malvivían en ellas no hayan querido inmortalizar el rostro de sus semejantes y hayan preferido el de los animales.

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«Habiendo renunciado a la santidad...» -¡Pensar que he sido capaz de escribir semejante enormidad! Debo sin embargo tener alguna excusa y espero hallarla aún.
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Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.
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Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar.

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Tras una tarde con él quedaba extenuado, pues la necesidad de controlarme, de evitar la menor alusión susceptible de herirle (y todo le hería), me dejaba al final sin fuerzas, insatisfecho tanto de él como de mí mismo. Siempre acababa reprochándome haberle dado la razón en todo por escrúpulos llevados hasta la bajeza, me despreciaba por no haber reacciona- do, por no haber explotado, en lugar de haberme impuesto tan extenuante ejercicio de delicadeza.

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Nunca se dice de un perro o de una rata que es mortal. ¿Con qué derecho se ha arrogado el hombre ese privilegio? Después de todo, la muerte no es un descubrimiento suyo. ¡Qué fatuidad creerse su beneficiario exclusivo!

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A medida que perdemos la memoria los elogios que se nos han prodigado se borran, contrariamente a los reproches. y ello es justo: los primeros raramente se merecen, mientras que los segundos nos revelan aspectos de nosotros mismos que ignorábamos.
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Si yo hubiera nacido budista, lo sería aún; pero nací cristiano y dejé de serIo en la adolescencia, en una época en que mucho más que hoy hubiera podido exagerar, de haberla conocido, la blasfemia que Goethe escribió el mismo año de su muerte en una carta a Zelter: "La cruz es la imagen más odiosa que existe bajo el cielo".

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Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos.
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Lo caduco en Proust son sus futilidades cargadas de un vértigo prolijo, el regusto a estilo simbolista, la acumulación de efectos, la saturación poética. Es como si Saint-Simon hubiera sufrido la influencia de las Preciosas. Nadie le leería hoy.

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Una carta digna de ese nombre sólo puede escribirse bajo el efecto de la admiración o de la indignación, de la exageración en suma. De ahí que una carta sensata sea una carta inexistente.

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Quien esté considerado por sus amigos como alguien «extraordinario», no debe dar pruebas de lo contrario. Que evite dejar trazas y sobre todo que no escriba, si desea ser algún día para todos lo que fue para algunos solamente.

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Cambiar de idioma, para un escritor, es como escribir una carta de amor con un diccionario.

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«Creo que tú has llegado a detestar tanto lo que piensan los demás como lo que tú mismo piensas», me dijo aquella amiga poco después de vernos tras una larga separación. Más tarde, en el momento de despedirnos, me citó un apólogo chino del que podía deducirse que nada iguala el olvido de sí mismo. Ella, el ser más presente, el más rebosante de «yo» que pueda imaginarse, ¿por qué especie de malentendido preconiza ahora la renuncia hasta el punto de creer que ofrece el ejemplo perfecto?

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Incorrecto hasta lo intolerable, mezquino, desastrado, insolente, sutil, intrigante y calumniador, captaba los menores matices de todo, gritaba feliz ante una exageración o una broma... Todo en él era atrayente y repulsivo. Un canalla al que se echa de menos.

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Nuestra misión es realizar la mentira que encarnamos, lograr no ser más que una ilusión agotada.
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La lucidez: martirio permanente, inimaginable proeza.
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Sólo la música puede crear una complicidad indestructible entre dos seres. Una pasión es perecedera, se degrada como todo aquello que participa de la vida; mientras que la música pertenece a un orden superior a la vida y, por supuesto, a la muerte.



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Si no poseo el gusto del misterio es porque todo me parece inexplicable, o mejor dicho, porque lo inexplicable es mi único sustento y estoy harto de él.

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X. me reprocha que me comporte como un espectador, que no participe en nada, que lo nuevo me repugne. -"Pero si yo no quiero cambiar nada", le respondo. Sin embargo, no ha comprendido el sentido de mi respuesta: me cree modesto.

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Se ha señalado con razón que la jerga filosófica cambia tan rápidamente como el argot. ¿Las razones? La primera es demasiado artificial, el segundo demasiado vivo. Dos excesos desastrosos.

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Tras quince años de soledad absoluta, San Serafín de Sarow recibía a quienes le visitaban exclamando: «¡Oh, qué alegría!»
¿Quién, que no haya dejado nunca de codearse con sus semejantes, sería lo suficientemente extravagante para saludarles así?

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Es preciso encontrarse en estado de receptividad, es decir, de debilidad física, para que las palabras nos lleguen, penetren en nosotros y comiencen en nuestro interior una especie de carrera.

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Deicida es el insulto más halagador que se le puede dirigir a un Individuo o a un pueblo.
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El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.
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Aquella mujer tenía un perfil de Cleopatra. Siete años después hubiera podido pedir limosna en una esquina. -Experiencia que debiera curarnos en el acto y para siempre de toda idolatría, de todo deseo de buscar lo insondable en unos ojos, en una sonrisa o en una voz.
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Seamos razonables: nadie puede estar completamente de vuelta de todo, y puesto que no existe una decepción universal, tampoco podría existir un conocimiento universal.

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Todo lo que no es desgarrador es superfluo -en música por lo menos.
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Brahms representa, según Nietzsche, die Melancholie des Unvermogens, la melancolía de la impotencia.
Semejante juicio, escrito el mismo año de su crisis, empaña como siempre el esplendor de su hundimiento.
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No haber hecho nunca nada y morir sin embargo extenuado
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Esos transeúntes idiotizados... -¿Pero cómo hemos podido caer tan bajo? ¿y cómo imaginar un espectáculo así en la Antigüedad, en Atenas por ejemplo? Basta un minuto de lucidez aguda en medio de esos condenados para que todas las ilusiones se derrumben.

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Cuanto más se detesta a los hombres, más maduro se está para Dios, para un diálogo con nadie.

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La fatiga extrema lleva tan lejos como el éxtasis, con la diferencia de que con ella se desciende hasta los límites del conocimiento.

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Igual que la aparición del Crucificado dividió la historia en dos, esta noche acaba de dividir en dos mi vida...
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Todo parece miserable e inútil en cuanto la música enmudece. Se comprende así que pueda ser odiada y se sientan tentaciones de considerar su absoluto como un fraude. Porque cuando se la ama demasiado hay que reaccionar contra ella como sea. Nadie percibió su peligro mejor que Tolstoi, pues sabía que podía dominarlo completamente. De ahí que comenzara a execrarla por miedo de convertirse en juguete suyo.

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La renuncia es la única variedad de acción no envilecedora.
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¿Es imaginable un ciudadano que no posea un alma de asesino?
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Apreciar solamente el pensamiento indefinido que no llega a la palabra y el pensamiento instantáneo que vive sólo gracias a ella. La divagación y la boutade.
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Un joven alemán me pide en la calle un franco. Converso con él y me cuenta que ha recorrido medio mundo y que ha estado en la India, país del que admira a los mendigos, a quienes se jacta de imitar. Sin embargo, no se pertenece impunemente a una nación didáctica. Le observé pedir: parecía haber recibido cursos de mendicidad.

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La naturaleza, buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie.
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Hay en Heráclito un lado Delfos y un lado manual escolar, una mezcla de ideas fulminantes y de rudimentos; fue un inspirado y un preceptor. Es una lástima que no hiciera abstracción de la ciencia, que no siempre pensara fuera de ella.
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He condenado con tanta frecuencia toda forma de acto, que manifestarme, de cualquier manera que sea, me parece una impostura, por no decir una traición. -Sin embargo continúa usted respiran- do. -Sí, hago como todo el mundo. Pero...

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iQué juicio sobre los seres vivos si es verdad, como alguien ha sostenido, que lo que perece nunca ha existido!
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Mientras me exponía sus proyectos, le escuchaba sin poder olvidar que no le quedaban más que unos días de vida. Qué locura la suya de hablar de futuro, de su futuro. Pero, ya en la calle, ¿ cómo no pensar que a fin de cuentas la diferencia no es tan grande entre un mortal y un moribundo ? Lo absurdo de hacer proyectos es sólo un poco más evidente en el segundo caso.

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Quedamos siempre anticuados por lo que admiramos. En cuanto citamos a alguien que no sea Homero o Shakespeare, corremos el riesgo de parecer pasados de moda o tocados de la cabeza.

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Como máximo, podemos imaginar a Dios hablando francés. Jamás al Cristo. Sus palabras pierden su encanto y su vigor en una lengua tan inadecuada para lo ingenuo o lo sublime.

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¡Interrogarse sobre el hombre durante tantos años! Imposible exagerar más el gusto por lo malsano.
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¿La rabia proviene de Dios o del Diablo ? -De los dos. ¿Cómo explicar si no que sueñe con galaxias para pulverizarlas y no pueda consolarse de tener únicamente a su alcance este pobre, este miserable planeta?
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¿Para qué nos agitamos tanto? Para volver a ser lo que éramos antes de ser.

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X., que ha fracasado en todo, se lamenta de no haber tenido un destino. -Todo lo contrario, le digo. La serie de tus fracasos es tan notable que parece revelar un designio providencial.



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La mujer fue importante mientras simuló pudor y reserva. iQué deficiencia demuestra empeñándose en dejar de jugar el juego! Ahora ya no vale nada, pues se asemeja a nosotros. Así desaparece una de las últimas mentiras que hacían tolerable la existencia.

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Amar al prójimo es algo inconcebible. ¿Acaso se le pide a un virus que ame a otro virus?

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Los únicos acontecimientos importantes de una vida son las rupturas. Ellas son también lo último que se borra de nuestra memoria.

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Cuando supe que era totalmente impermeable a Dostoievsky y a la Música, me negué, a pesar de sus grandes méritos, a conocerlo. Prefiero conversar con un retrasado mental sensible a cualquiera de los dos.
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El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.

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Habiendo vivido día tras día en compañía del Suicidio, sería injusto e ingrato que lo denigrara ahora. ¿Existe algo más sano, más natural ? Lo que no lo es, es el apetito rabioso de existir, tara grave, tara por excelencia, mi tara...



(*) Extraído del libro Ese maldito yo, publicado por Tusquets Editores en su colección "Marginales".


(1) Emil Michel Cioran nace en Rasinari, Rumania, en 1911, y muere en París, en 1995. Profesor de la Universidad de Bucarest, es una de las figuras más destacadas de su país, que abandonó en 1937 para establecerse en París. Su pensamiento, incluido en el campo existencialista y presentado por voluntad de su autor en forma fragmentaria y asistemática, es para muchos una incansable reflexión sobre el vacío y la desesperación, aunque para otros, incluido el propio Cioran, constituye una exaltación vital y casi salvaje. Su obra está escrita originalmente en francés, salvo un primer libro en rumano: En las cimas de las desesperación (1934). Obras: Breviario de podredumbre (1949), La tentación de existir (1956), Historia y Utopía (1960), La caída en el tiempo (1964), Del inconveniente de haber nacido (1973), El aciago Demiurgo (1974), Desgarradura (1979), Adiós a la filosofía y otros textos (1982) -textos seleccionados por Fernando Savater-, Contra la Historia (1983), Ensayo sobre el pensamiento reaccionario (1985), y este año Tusquets Editores ha publicado Cuadernos 1957-1972, selección de treinta y cuatro cuadernos manuscritos que dejó Cioran a su muerte, escritos desde el 26 de junio de 1957 hasta finales de 1972.



Traducción: Rafael Panizo

Entrevista a Emil Cioran
por Hans-Jurgen Heinrichs

Magazine Littéraire No 373. Febrero 1999

Una leyenda tenaz dice que Cioran vivió al margen del mundo, sin relación con él. Si rechazaba las entrevistas en Francia, concedió sin embargo muchas, únicamente en el extranjero. Hace tres años, Gallimard publicó más de trescientas páginas de entrevistas del “gran ermitaño” con periodistas o escritores americanos, españoles o alemanes. Entonces, no es que Cioran rechazara hablar de su obra, sino que, por razones bastante contradictorias, reservaba esta eventualidad a publicaciones extranjeras. Casi cada mes, descubrimos así nuevas entrevistas.
Realizada en París en 1983, pero en alemán, por Hans-Jurgen Heinrichs, la entrevista de la cual presentamos estos extractos por temas, es sin duda una de aquellas en la que Cioran va más lejos en el análisis de su obra y de sus posiciones de fondo. Uno encontrará no solamente precisiones sobre su vínculo contradictorio con el francés y sus orígenes, sino también declaraciones sin ambigüedad sobre su rechazo a las etiquetas que han podido atribuirle. Contra el nihilismo y el pesimismo, de los cuales denuncia el carácter de “categorías escolares”, Cioran se afirma aquí antes que nada como el pensador por excelencia del antidogmatismo. Al leer esta larga entrevista la imagen que resulta del autor de los Silogismos de la amargura no es la de ese trovador de la nulidad y del suicidio que celebran a lo largo de clichés sus falsos admiradores y los diccionarios, sino la de un hombre que solamente ha procurado estar, tanto en su vida como en su obra, cada vez más cerca de sus sensaciones primarias, evolucionar lo más cerca de sí. Es decir: ante todo un escéptico, casi un pragmático, rechazando todas las ideas a priori, como lo indica cuando evoca, en términos duros pero justos, su rechazo final de una gran parte de la obra de Nietzsche, en provecho de un pensamiento inmediato de la vida, con sus contradicciones y, lógicamente, su placer de vivir: el autorretrato verídico de un hombre cuya única preocupación, idea fija, habrá sido intentar convertirse en un hombre libre. Nada más que eso, sino todo eso.
París. “Cuando llegué a París, de inmediato comprendí que el interés de esta ciudad, era la posibilidad que ella me ofrecía de vivir al lado de gente propiamente ociosa. Yo mismo soy un ejemplo de ocioso: nunca trabajé en mi vida, nunca tuve un oficio, salvo una vez, durante un año en Rumania, cuando enseñé Filosofía en Brasov. Fue insoportable. Y esa fue igualmente la razón por la cual vine a París. En su propio país, uno debe hacer algo, pero no necesariamente cuando uno vive en el extranjero. Yo he tenido la dicha de vivir más de cuarenta años de mi vida en la ociosidad y – ¿cómo le digo? – sin Estado. Lo que hay de interesante en París es, yo creo, que uno puede, que uno debe vivir como un extranjero radical, de modo que uno no pertenece a una nación, sino solamente a una ciudad. Yo me siento en cierta manera parisino, pero no francés – sobre todo no francés.
(...) Hay dos libros que, para mí, representan, expresan a París. De entrada ese libro de Rilke, Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge, y luego el primer libro de Henry Miller, Trópico de Cáncer, que muestra otro París diferente al de Rilke, inclusive contrario, el París de los burdeles, de las prostitutas y de los proxenetas, el París del fango. Y es también ese París que yo conocí: (...) el París de los hombres solos y de las prostitutas.
A decir verdad, ya había vivido la misma cosa en Rumania: la vida del burdel era muy intensa en los Balcanes. Y era también el caso de París, al menos antes de la guerra (...). Cuando llegué aquí, había tenido largas conversaciones con muchas de esas damas. Al principio de la guerra, yo vivía en un hotel no muy lejos del bulevar Saint-Michel y trabé amistad con una prostituta, una vieja dama de cabellos blancos. Llegamos a ser muy buenos amigos; quiero decir: ella era demasiado vieja para mí. Pero era una increíble comediante, con un talento para la tragedia. Yo me la encontraba casi cada noche hacia las dos o tres de la mañana, pues yo regresaba siempre muy tarde a mi hotel. Eso fue al principio de la guerra, en 1940 – o mejor dicho, fue antes de la guerra, ya que durante la guerra uno no podía salir después de la medianoche. Nosotros paseábamos juntos y ella me contaba su vida, toda su vida – y la forma en la que ella hablaba de todo eso, las palabras que utilizaba: ¡yo estaba fascinado!(...) Las experiencias que he tenido en mi vida con este tipo de personas me han enseñado más que los encuentros con intelectuales.”
La lengua francesa. “Mantengo una relación muy compleja con la lengua francesa. Cuando comencé a escribir en francés, me dije que esa no era una lengua para mí. Me sentía como en una camisa de fuerza. Pero ahora, desde hace algunos años, desde que la lengua francesa zozobra, me siento en cierto modo atado a la suerte de esta lengua desfalleciente. Los franceses no son, yo diría, indiferentes a la decadencia de su lengua, pero ellos la aceptan – yo no. Mientras más boicoteado es el francés por el mundo, más me siento cerca de él. La razón es quizá también que todo lo que se pierde, se desmorona y se oculta, ejerce sobre mí un gran poder de atracción. Este aislamiento del francés me fascina. El contacto con el francés fue para mí, al principio, infinitamente duro. (...) En Rumania, todo el mundo hablaba francés y otras lenguas, pero, en cambio, yo venía de Transilvania donde uno no habla más que alemán o húngaro. He tomado muy en serio este cambio de lengua y todo lo que he escrito en francés, lo he reescrito varias veces, por ejemplo, el Breviario de Podredumbre, lo retomé cuatro veces. Para mí, era verdaderamente un reto la idea de que debía escribir como un Francés, competir con los Franceses en el manejo de su propia lengua – idea que puede ser un poco loca (...) De temperamento, debería haber escrito más bien en español, en húngaro o en ruso. Porque el rigor del francés es incompatible con mi temperamento. Pero esto es precisamente lo que también me gusta de él...”
Las mujeres. “Tengo un punto en común con Sartre. Sartre dijo, poco antes de su muerte, que él se había entendido siempre mucho mejor con las mujeres que con los hombres. Este es también, mi caso: yo prefiero las mujeres a los hombres. ¿Sabe usted por qué? Porque la mujer es más desequilibrada que el hombre. Ella es un ser infinitamente más mórbido y enfermo que el hombre. Ella resiente más las cosas, que un hombre no puede siquiera, sentir. He observado que las mujeres estaban en general más cerca de mi manera de escribir que los hombres. Quedé muy impresionado cuando leí que Sartre había dicho que él prefería la conversación de las mujeres a la de los hombres.
Cuando me preguntaron un día, cómo había podido vivir sin ejercer un “oficio”, respondí: “porque era un proxeneta”. Es una ocurrencia, pero hay algo de verdadero detrás de esta afirmación. Para mí “proxeneta” es un concepto muy universal. Quiero decir que, cuando un escritor vive con una mujer que provee la vida de todos dos, entonces, este escritor es un proxeneta. La mayoría de los escritores respetables que conozco en París han vivido como parásitos de sus mujeres. En este sentido, aunque nunca me he casado, he sido también, un proxeneta...”
Rumania, el lazo con los orígenes. “Me he desligado de mis orígenes. A pesar de ello, permanezco profundamente atraído por los Bogomilos, esos Maniqueos de los Balcanes, y por su idea de que el nacimiento es una catástrofe. Así que era casi fatal que regresara de manera inconsciente a mis orígenes. La idea de que no es Dios, sino Satán, un pequeño Satán, Satanael, quien ha creado el mundo, es una idea que siempre me atrajo. Es la razón por la que escribí un libro, El aciago demiurgo, que ha sido un poco inspirado en la teoría bogomila. Encuentro notable el hecho de que haya regresado, en París, después de tantos años, a mi patria fundamental, a ese mundo espiritual del Danubio, a los Cárpatos. La idea de una mística de lo prenatal pertenece a ese mundo: el Oriente. Aunque yo quise liberarme de mis orígenes, mis esfuerzos no tuvieron éxito realmente. Todas esas ideas, el Maniqueísmo y también la Gnosis, o al menos una Gnosis un poco degenerada, me vienen en parte de los Balcanes. Uno nunca se libera de su origen, de su comienzo. Yo he escrito mucho contra mi país natal. Por ejemplo: afirmé que ser rumano era irrisorio, pero debo reconocer al mismo tiempo que soy muy fatalista en la vida. El fatalismo es la religión natural en Rumania, todo el mundo es fatalista en la vida cotidiana y al respecto de todo. Así pues: uno no se libera jamás de uno mismo...”
Las contradicciones. “Siempre he vivido en contradicciones y nunca he sufrido. Si hubiera sido un ser sistemático, hubiera debido mentir para encontrar una solución. Ahora bien, no solamente acepté ese carácter insoluble de las cosas, sino que yo mismo encontré, debo decir, cierta voluptuosidad, la voluptuosidad de lo insoluble. Nunca he buscado nivelar, reunir o, como dicen los franceses, conciliar lo irreconciliable. Tomé siempre las contradicciones como ellas venían, tanto en mi vida privada como en la teórica. Nunca tuve metas, nunca pretendí encontrar ningún resultado. Creo que no puede haber, tanto en general como para sí, ni resultado ni meta. No es que todo sea sinsentido – la palabra me molesta un poco -, sino que todo es innecesario. (...)
Normalmente, si hubiera sido enteramente consecuente conmigo mismo, no habría podido hacer nada en absoluto. Haciendo a pesar de todo algo, me contradije, he vivido en la contradicción. Pero, toda vida, creo yo, está en el fondo condenada a la contradicción.
Deseo contar algo un poco idiota: cuando usted se encuentra en un cementerio – es un hecho banal -, y usted ve que un amigo, con quien ha reído hace dos o tres días, ha desaparecido sin rastro, ¿cómo puede uno aún después de aquello edificar un sistema? Para mí, ¡es inconcebible!. Uno de mis conocidos, a quien quise mucho, un judío polaco, hombre muy simpático e interesante, con quien me reía mucho de todo – era además más nihilista que yo – el hecho de estar ante su tumba, para mí era, ¿cómo decir...? Esto es banal, todo el mundo ha experimentado esta sensación... Pero cuando se traduce aquella experiencia en Filosofía - ¿cuál es la conclusión? La conclusión es esta: el mismo nihilismo es un dogma. Todo es ridículo, sin sustancia, pura ficción. He ahí por lo que no soy un nihilista, porque la nada es aún un programa. En la base, todo es sin importancia. Nada existe más que en la superficie, todo es posible, todo es drama.
Claro que existe el amor – soy a menudo cuestionado: ¿Cuándo todo ha sido adivinado, perforado con la mirada, cómo puede uno aún enamorarse de quien sea? No obstante, eso llega(...). Es lo mismo que hay de verdadero y de interesante en la vida. Deseo terminar esta reflexión con un toque optimista: la vida es realmente interesante y atractiva, porque, por debajo de todo, no tiene sentido. Y, a este respecto, yo doy siempre este ejemplo: uno puede dudar absolutamente de todo, afirmarse como un nihilista, y sin embargo caer enamorado como el más grande de los idiotas. Esta imposibilidad teórica de la pasión, que la vida real no cesa de burlar, hace que la vida tenga cierto encanto, indiscutible, irresistible. Uno sufre, uno se ríe de sus sufrimientos, uno hace lo que quiere, pero esta contradicción fundamental es quizá finalmente lo que hace que la vida valga aún la pena de ser vivida...”
El cinismo. “Nunca he escrito como autor; créame, yo no busco la gloria, no me tomo por un autor y no soporto esa parte de los otros. Jamás he tenido ninguna prudencia y simplemente he dicho lo que me pasaba por la mente. De cierta manera, he buscado desenmascarar la existencia, y es por ello que me consideran como un cínico. Pero si soy un cínico en mi expresión, no lo soy en general para todo en la vida. A pesar de ello, reconozco el valor del cinismo, como un punto de vista taxonómico. Siempre he dicho que uno debe escribir lo que en el momento uno vive como una verdad, inclusive lo que uno no debería decir, por muy doloroso, frívolo o insolente que pueda ser. Cuando escribo algo o cuando reflexiono, no impongo ningún límite a la expresión de sentimiento de la verdad. Yo nunca, nunca pensé en las consecuencias. Y ninguna persona se ha suicidado jamás a causa mía. Al contrario, conozco mucha gente que dice: gracias a usted, no cometí suicidio. Y quienes sufren de depresión, cuando me leen, comprenden que pueden hundirse aún más en ella. Para hablar como Kierkegaard, la depresión es una etapa sobre el camino de la vida. No tengo pues la impresión de que haya hecho una carrera “negativa”. Además, todo es en definitiva igual, ¿no es cierto?...”
El pesimismo. “Han dicho de mí que soy un pesimista – esto ¡no es cierto! Esas categorías escolares son grotescas. Yo sé exactamente lo que es el pesimismo. Pero, como usted acaba de decir: hay una diferencia fundamental entre el pesimismo como sistema y la experiencia cotidiana del pesimismo, que nace simplemente de la experiencia cotidiana de ser un ser vivo. Uno no puede ser pesimista en la vida, en cuanto uno vive: eso no tiene ningún sentido. Uno es como los otros y hablo aquí de las cosas vividas. Yo intento hacer la apología del escepticismo y también la del pesimismo, pero – eso no es importante. Lo que es importante, es lo que uno vive, lo que uno experimenta, y como uno lo siente.”
Nietzsche. “Nietzsche ejerció una influencia muy grande sobre mí en la juventud. Pero, hoy, me siento muy lejos de él. ¿Por qué? Porque él construyó su teoría. Nietzsche tiene un ideal, una idea de los hombres, de su valor, en función de lo cual escribió, dio forma, elaboró toda su obra. Así, la impresión que me ha venido progresivamente es que todo aquello era un poco falso. Como profeta o analista – es lo mismo, porque cuando se quiere analista, sigue siendo un profeta – Nietzsche quiere “aportar” algo de absoluto, crear algo, jugar un papel en la cultura, etc. Es lo que hace que yo no pueda hoy leer sus cartas, pues, en sus cartas aparece como lo contrario de lo que es en sus escritos. En sus cartas, uno ve a Nietzsche tal como era verdaderamente: un pobre tipo. Y todos esos héroes, esos héroes del pensamiento, que jugaban un papel en sus libros, esta gran ilusión me parece entonces falsa. Aunque él sea, sin ninguna duda, genial, Nietzsche no es, de cierta manera, verídico. Para mí el verdadero Nietzsche se encuentra en sus cartas, es en ellas donde es verdaderamente él mismo. Por ello me he apartado de una gran parte de su obra. Nietzsche está dotado él mismo de una Weltanschauung, de una concepción del mundo. Él no se liberó de sus ideas y proyectos, permaneció dependiente, esclavo de sus ideas. Para mí, él no llegó a ser un hombre libre, por lo menos en sus libros.(...) Puede que yo exagere un poco; pero tengo la impresión de que hay verdad en lo que expreso. Nietzsche fue el héroe de mi juventud; pero no lo es ahora: aunque genialmente mordaz y cínico, lo encuentro en lo sucesivo demasiado juvenil para mí, demasiado cándido...”
Los alemanes. “Nietzsche no expresó su experiencia de la vida, nunca tuvo más que una idea en mente: superar, superar, superar – que en el fondo es muy alemán. Quizá este sea precisamente el error fundamental de los alemanes y también del pensamiento alemán: hay que superar, hay que construir, hay que edificar. De allí que la historia alemana es un naufragio sin igual, una catástrofe, pues los alemanes han querido construir su historia. A los Alemanes les hace falta sabiduría; tienen algo de genio, pero ninguna sabiduría. No viven ni la historia ni la vida misma: quieren siempre aún construir, erigir. Y, en la Filosofía, eso no se puede hacer más que por el intermedio de un sistema. Que todo debe ser homogéneo es, yo diría, un pecado idiota, una tara. Los alemanes son demasiado sistemáticos, han experimentado y construido una historia sistemática y han pagado las consecuencias de eso. Los alemanes siempre han estado fuera de la vida. (...) Hay algo de irreal en todo el destino alemán. Son también, por consecuencia, un pueblo trágico, porque los alemanes han llegado a ser muy serios y nunca han logrado reírse de sí mismos: no hay ironía alemana. Los alemanes han escrito sobre la ironía, pero nunca la han experimentado o practicado en ellos mismos – no hacen más que hablar y pensar de manera abstracta en ella. Esto es el origen del naufragio alemán. Porque, al fin de cuentas, cuando uno piensa que la nación alemana era la más genial de Europa, o en todo caso la más dotada, es un gran fracaso que una nación de este orden pudiera caer tan bajo, un fracaso casi sin igual; y eso, no solamente durante la Segunda Guerra Mundial, sino también durante la Primera. La historia, el espíritu alemanes han ido de cierta manera más allá, porque ambos han sido pensados de manera demasiado sistemática, sin sabiduría...”
La ventaja de la inseguridad. “Distribuyendo toda su fortuna, Wittgenstein se salvó espiritualmente. Usted sabe, yo me encontraba mucho mejor desde un punto de vista espiritual, vivía de manera más intensa, cuando tenía solamente una pequeña maleta y no vestía todo el año más que dos trajes, aún uno solo. Ahora – no soy rico, pago pequeños impuestos, gasto muy poco, pero vivo bastante bien, puedo comer lo que quiera, puedo viajar, etc. – en resumen, mi vida ha llegado a ser de cierta forma más segura. Ello ha proyectado grandes sombras sobre mí – sombras espirituales. Antes, vivía un París del día a día. Pero yo era más fresco espiritualmente, más joven también, sin duda alguna: era otro hombre. No sabía nunca de qué estaba hecho el mañana. Yo viví veinticinco años en hoteles y fui siempre como un animal, como una bestia salvaje (...). La seguridad representa un peligro increíble sobre el plano espiritual, así como una salud perfecta es una catástrofe para el espíritu. (...) También, un intelectual, o diremos, un escritor, debe conservar el sentimiento de no tener suelo sobre el cual apoyarse. Si, al contrario, comienza a instalarse, a - ¿cómo le diría? – Establecerse, está perdido. Entonces, uno hace una obra, o uno se convierte – yo no lo soy – en gran escritor: en “alguien”. Pero todo aquello es deplorable. (...) La inseguridad es una necesidad absoluta: un escritor, cuya vida se convierte en algo seguro, es un escritor perdido.”
España. “He experimentado, debo decir, un profundo amor por España, el único país literalmente poseído por la obsesión de la decadencia. Y es, muy temprano, después de la Conquista, después de la gran época, al final de las conquistas. Después de aquello, vinieron dos, tres siglos dominados por la idea de la decadencia, que es devenido el concepto central de la historiografía española. Esta es la razón por la cual tengo una gran afición por España, el por qué España ejerce sobre mí tal fuerza de atracción. Antes de la guerra, yo quería irme con el fin de asistir a los cursos de Ortega y Gasset, y, quizá establecerme. Había hecho una demanda para obtener una beca española y esperaba una respuesta. Luego la guerra civil estalló y mi vida tomo otro curso. Quizá, sin la guerra, me habría convertido en un español y habría vivido el resto de mi vida en España. Lo que me llama mucho la atención es que un pueblo tan extraordinario como los Españoles sientan a este punto la conciencia de su decadencia. (...) Los pueblos que no han dejado escapar su destino siempre me han atraído prodigiosamente. Es el caso, también de los alemanes. Los alemanes no han tenido la historia que habrían podido merecer. Con un Bach, un Hegel, un Kant o aún un Holderlin, Alemania debió haber tenido otra historia. Pero ella ha errado su historia. Alemania no ha conseguido convertirse en lo que debía ser. Esta dimensión patética de la historia me gusta. Inglaterra jamás me interesó como destino – no tiene ningún destino, tal como, en el fondo, Francia. Pero Alemania ha sido su destino: como un genio que nunca se realizó...”
Heidegger. “Heidegger creyó demasiado en las palabras. (...) Las dificultades, él no las resolvió sino simplemente las superó con la ayuda de la creación de palabras. Yo considero eso como altamente deshonesto. Yo no discuto que Heidegger haya sido un genio, pero lo considero también como un estafador. En lugar de resolver las preguntas, él se contentó escribiendo, creando palabras, desplazando los problemas, respondiendo - ¿cómo le diría? – con una producción de vocabulario. (...) Para mí, Heidegger fue realmente demasiado ingenuo, aunque al mismo tiempo astuto como un campesino. (...) Fue un hombre, me atrevería a decir, inconscientemente villano...”
Los aforismos y la novela. “Todo lo que he escrito es un resultado – los aforismos no los escribo primero como aforismos:... escribo una página... luego tiro todo y comienzo de nuevo. Para escribir una novela, hay que elegir los detalles. Yo, en cambio, no me intereso por los detalles, voy de inmediato a la conclusión. Si escribiera una pieza de teatro, la comenzaría por el quinto acto, porque desde el comienzo de cualquier cosa, entreveo ya el final. Con tal concepción de las cosas, uno no puede ni escribir un libro, ni practicar las bellas letras, ni, en general, ningún género literario. Es por lo cual no soy un escritor, yo soy un... no sé... un hombre de fragmento...”
Entrevista: HANS-JURGEN HEINRICHS
Presentación: FABRICE ZIMMER
Traducción: JUAN CARLOS ENSUNCHO B.
Corrección: CAMILLE CROS

RETAZOS DE REMEMBRANZAS (INICIOS DE LOS AÑOS 60); CANCIONES,FOTOS, VIDEOS, LA DOLCE VITA Y ROMA


Una época en la que "todo el mundo miró a Roma"

A 16 años durante los años 1959-1961  en Roma.

                     Roma

                       
                        George Daniell, Daniell Scotti, Starlet on Via Veneto, Rome, Italy, 1955

                        
                            Tazio Secchiaroli y el agente de prensa Enrico Lucherini en Vía Veneto. Roma, 1958

Fellini dijo:

"Creo que hice la película porque me enamoré de aquella niña-viejita, un poco loca, un poco santa, de aquel desordenado, gracioso, desgraciado y tiernísimo payaso que llamé Gelsomina y que todavía hoy consigue hacerme llorar de melancolía cuando oigo su sonido de trompeta".


"Cabiria es una prostituta que ejerce como tal en uno de los barrios más pobres de Roma. Sueña, sin embargo, con encontrar el amor verdadero, un hombre que la aparte de la calle y a quien pueda entregarse en cuerpo y alma. Su bondad y su ingenuidad la convierten en víctima propicia de sucesivos vividores que se aprovechan de ella, le roban y la golpean. A pesar de sus fracasos, recobra la esperanza una y otra vez. "



ROMA AÑO 1958 INICIO DE  LA DOLCE VITA 

"El 05 de noviembre 1958, en un club nocturno de histórico de Roma, el Rugantino, durante el festejo del cumpleaños de la condesa veneciana Olghina di Robilant, la bailarina Nanà comenzó a realizar un improvisado 'striptease' que llevó a un comisario presente a incautar las fotios. Pero un fotoperiodista, tal vez el primer papparazi del mundo, Tazio Secchiaroli, escondió el carrete de las fotos y las vendió al 'L'Espresso', quien tituló en tapa "La notte turca di Roma" con los pechos de nana, incurriendo así en la ira de las asociaciones católicas italianas.
Aunque Federico Fellini no estaba presente se inspiró para llevarlo a la secuencia de la fiesta final de 'La Dolce Vita', donde Anita Eckberg, quien sí estuvo presente de verdad en el evento, bailó descalza en el Rugantino, mientras el personaje de Paparazzo, interpretado por Marcello Mastroiani, se deleitaba bajo la luz de la luna romana.

                         
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Nana falleció arruinada ,pobre y sola el 29 de enero de 2014 en el hospital Aurelia de Roma."

 "Brigitte Bardot, Claudia Cardinale, Alain Delon, Burt Lancaster, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Grace Kelly, celebridades de las legendarias fiestas nocturnas de Roma, seducidas por una burguesía naciente y una aristocracia perdida."
                        
                  Ava Gardner y David Niven, en estudios Cineccitá durante un descanso del rodaje, 1958

                            
Charlton Heston y Elsa Martinelli en Piazza Navona en el decorado de la película, Pranzo di Pasqua. Octubre, 1961
Gigi Rizzi con Brigitte Bardot 

Entre 1955 y 1965, en la que Roma se convirtió en el centro del mundo del cine y fue el escenario de su estilo de vida despreocupado y hedonista
                              


Roma. Esther Williams, al Pincio, durante le riprese del film di Richard Wilson "Vento di passioni"
“La Dolce Vita representó el renacimiento de Roma tras la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, fue una ocasión para la ciudad de volver a tener protagonismo”


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En esos años eran habituales de Roma actrices y actores como Elizabeth Taylor, Sofia Loren, Gina Lollobrigida, Kirk Douglas, Richard Burton, Charlton Heston, Cary Grant, Clint Eastwood, Jane Fonda, Audrey Hepburn o  Gregory Peck.
Liz Taylor and husband Eddie Fisher being serenaded through a car window outside a restaurant in Rome.

                        
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‘Debemos vivir fuera de las pasiones, de los sentimientos. En la armonía de la obra de arte lograda, en ese orden encantado. Deberíamos amarnos tanto como para vivir fuera del tiempo… distantes’. – Steiner.
FINALIZA LA DOLCE VITA 

Para Marco Panella, la Dolce Vita se acabó con el filme "Il sorpasso" (La escapada) de Dino Risi (1962) con Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant, que clausura "la adolescencia colectiva del italiano de la postguerra, caracterizada por la energía y la voluntad de salir adelante"
                         
"la Italia de los sesenta. Esa Italia que empieza a resurgir de las cenizas, la importancia del turismo, la brecha entre el campo y la ciudad, lo moderno y lo tradicional… Conocemos los garitos, los restaurantes, las canciones que se oyen, los locales nocturnos, la importancia que va adquiriendo el ocio, las playas, las nuevas modas, los referentes culturales"

En la adolescencia-en esos años-sufríamos identificábamos  con los personajes de Herman Hesse u otros autores; a los 13 años  leí la Montaña Mágica de  Tomas Man  como su  protagonista, Hans Castorp  desee estar enfermo de tuberculosis. Hasta los 22 años intentaba entrar dentro de los personajes de películas, libros y pintores del pasado. Cuantas noches a la salida del cine paseaba hasta al amanecer por las calles  de antiguas ciudades europeas recreando en cada rincón escenas de las películas que me habían impactado. Hoy en día ese joven sensible, diría sensiblero era feliz y deseaba sufrir. Hoy en día siento que ese dolor, esa tristeza de mis deudos no me abandona.
Aquí están algunos retazos de las "cuitas" de esos años. 

                             
Durante los años 60 y 61 Cesare Pavese y el Placido Don  de Mikhail Sholokhov nos  acompañaban, más tarde  Robert Musil,Anna Ajmátova, Esenin y una sucesión interminable de autores . Pero Cesare Pavese está  ligado a mi adolescencia igual que la película de Antonioni Il Grido y los personajes de Fellini  ,Gelsomina y Cabiria. Inolvidables.

"Pavese quería darnos con su diario un testimonio del antiguo lado trágico de la vida humana
del cual nadie escapa",
 Calvino.
 "Todo el problema de la vida es éste: cómo romper la propia soledad, cómo comunicarse con otros",
C.Pavese
                                 

                              


                               


                             

                            

                              
                              

Más conocido como cantante -tal vez fuera la figura más compleja no ya de la canción francesa, sino de la universal- Leo Ferré fue también el último de los poetas malditos que diera la lengua de Baudelaire, además de un estimable novelista en títulos como la autobiográfica 'Benoît Misère'. No es en modo alguno baladí que Alain Verjat lo incluyera en el capítulo dedicado a la literatura gala de postguerra de la "Historia universal de la literatura" o que Raymond Queneau escribiera sobre él, y el resto de los cantantes que animaban los establecimientos donde bebían los existencialistas"
http://www.elmundo.es/elmundolibro/2002/10/20/anticuario/1034959929.html








13 de febrero 1961 : en Congo Belga, el gobierno de Katanga 
comunica el asesinato de Patrice Lumumba. 


  • 14 de mayo 1951: cerca de Anniston (Alabama): el ómnibus de los Freedom Riders es incendiado, y los defensores de los derechos civiles son golpeados por una multitud de estadounidenses racistas.

    • 1961 Se suicida el famoso escritor estadounidense Ernest Hemingway 
    • a la edad de 61 años.

    • En Francia causa sensación la película  El año pasado en Marienbad,  de Alain Resnais.
"El año pasado en Marienbad, pero resulta que la película no trata de eso, de hecho la película no se sustenta sobre su argumento, solo sería un referente sobre el que se construye, quizás, la película que puede resultar más enigmática de la historia del cine. Resulta enigmática sobre todo por el fascinante juego que presenta, puede que sea una de las películas más activas para quienes se adentren en sus entrañas.
Es una película que crea miles de interpretaciones, depende de quien la vea y el momento en que la vea la experiencia puede ser distinta, siempre se pueden descubrir nuevas cosas. Se podría decir que El año pasado en Marienbad es la película perfecta, porque puede tratar sobre lo que quieras, aunque en mi opinión, la película trata sobre la incertidumbre."
Lo cierto es que no resulta una película convencional, tiene más de cincuenta años, pero sigue siendo tan moderna que resulta difícil de abarcar. En su momento estuvo adelantada a su tiempo, pero es como si aún estuviera adelantada al tiempo, pero...

http://www.loscriticonos.com/2012/01/el-ano-pasado-en-marienbad.html
    • 1961 URSS - Primer vuelo espacial tripulado. Yuri Gagarin.

                        




                             


-"La voz de la canción popular" italiana, de 63 años, se arrojó desde un balcón y murió al ser trasladada en helicóptero hacia el hospital-
 3 de abril de 2004

                               

                                



"Pero el abandono a la voluntad de azar es costoso; ganamos el contacto con la existencia, nos perdemos a nosotros mismos. Jimmy lo dirá en algún momento, hablando de su vida romana:
Durante mucho tiempo, mi vida errante, o más bien la complacencia con la que me presté a ella, me habían separado tanto de mí que ya no sabía quién era. Al ganar el universo, había perdido mi alma. (p.186)

 Oltre mezzo secolo fa, Alexis de Curvè (autore delittuosamente dimenticato) scrisse “Tempo di Roma”, romanzo autobiografico, toccante: uno dei “canti” più sublimi levati in onore di Roma, della Roma da lui conosciuta grosso modo fra il 1946 e il 1950.
«La vida es dura para quien lo recuerda todo»

¿Seria de algún interés la descripción  de un alma y de una época ?


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Stazione Termini (Roma, 1959)
Llegue a Roma a la Stazioni Termini ese año y cerca también me despedí  en 1966 imaginando que era la ultima vez. Y lo fue. 

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William Klein, Roma,1959

Al  inicio el otoño de 1959 llegue Roma, no encontré mientras durante horas caminaba por esa hermosa urbe a Henri Cartier-Bresson cuando inmortalizaba en su futuro libro Roma 1959/Rome, 1959. No lo hubiese reconocido, hubiese pensado que era uno de esos miles de turistas que a cada momento con una cámara fotográfica  en las manos retrataban cualquier cosa de  la ciudad eterna. Roma   con el tiempo crecería dentro de mi hasta ser hoy a 59 años de esa época las añoranza que me producen una profunda tristeza que es la penitencia que paga por no haber sabido vivir en esos años donde fascinado se me presentaba todo en su primera vez. Pero vi  muchachas como las que fijo en el tiempo  ese gran fotógrafo que fue William Klein