Fragmento: La religión y la nada (Keiji Nishitani)

La religión y la nada es un ensayo escrito por el filósofo japonés Keiji Nishitani, nacido el 27 de febrero de 1900 y fallecido el 24 de noviembre de 1990 en Kioto. En esta obra Keiji pretende dilucidar un nuevo significado para la nada en nuestras vidas, entroncándolo con el pensamiento religioso y criticando la objetivación de la realidad humana a través de la ciencia moderna y la pretensión de ésta por abarcar toda explicación "racional" sin considerar sus límites explicativos, allí donde la filosofía o la religión tienen una cabida más pertinente para dar respuestas a los más íntimos problemas humanos. Para Keiji "la nada" no puede sustraerse de la existencia sino únicamente extraer o de este vacío las realidades religiosas que lo hacen trascender su animalidad. La nada no se opone a la realidad: es su fundamento primero


Keiji Nishitani fotografia en blanco y negro de él sentado con las piernas cruzadas
Keiji Nishitani

«Nos preguntamos ¿qué es la religión? o, si lo consideramos desde otra perspectiva, ¿qué fin tiene la religión para nosotros?, ¿por qué la necesitamos? La pregunta por la necesidad de la religión, aunque pueda ser corriente, contiene un problema. En un sentido, la religión parece ser algo que no necesita la persona que plantea la pregunta, el mero hecho de formularla equivale a admitir que no se ha convertido aún en una necesidad. Pero, en otro sentido, pertenece a la naturaleza de la religión el hecho de que esa persona la necesite. Dondequiera que se encuentren individuos planteando preguntas como éstas, ahí también emerge la necesidad de la religión. En suma, la relación que tenemos con la religión es contradictoria: para quienes no es una necesidad, precisamente por esa razón es una necesidad. De ninguna otra cosa puede decirse lo mismo.
 
A la pregunta ¿por qué necesitamos los conocimientos y las artes? podemos contestar que son necesarios para el progreso de la humanidad, para la felicidad de los hombres, para el cultivo de lo individual y así sucesivamente. Con todo, aunque digamos por qué los necesitamos eso no implica que no podamos pasar sin ellos. Los conocimientos y las artes pueden ser indispensables para vivir bien, pero no lo son para vivir. En este sentido, pueden ser considerados un lujo.
 
Por otra parte, el alimento es necesario para la vida. Nadie se dirigiría a otro para preguntarle por qué come. Bien, quizás un ángel o algún otro ser celestial que no tuviera necesidad de comer podría hacer esas preguntas, pero no los seres humanos. Obviamente la religión no es de la clase de necesidad del alimento, a juzgar por la mucha gente que en condiciones normales pasa sin ella, sin que esto signifique que sea meramente algo que necesitamos para vivir bien. La religión tiene que ver con la vida misma. El hecho de que nuestras vidas concluyan en la extinción o en la consecución de la vida eterna es un asunto de la máxima importancia para la vida misma. No puede decirse de la religión que es un lujo en ningún sentido porque, en efecto, es una necesidad indispensable para mucha gente que no la ve como tal. El rasgo distintivo de la religión reside en que se sitúa al margen de la mera vida de la naturaleza y de la cultura. Por tanto, decir por ejemplo que necesitamos la religión en aras del orden social, del bienestar humano o de la moral pública, es un error o, al menos, una confusión de prioridades. La religión no debe considerarse desde el punto de vista de la utilidad, sino de la vida. Una religión que se preocupa principalmente por su utilidad es testigo de su propia degeneración. Uno puede preguntarse por la utilidad de cosas como el alimento para la vida natural o los conocimientos y las artes para la cultura. De hecho, esta pregunta por la utilidad debería ser una preocupación constante en este tipo de cuestiones; nuestro modo de ser cotidiano se reduce a estos niveles de vida natural y cultural. Sin embargo, la necesidad de la religión, el hecho de que sea algo imprescindible para la vida humana consiste en que quiebra y trastoca el modo de ser cotidiano, además de devolvernos a la fuente elemental de la vida donde la vida misma es vista como inútil.
 
Sobre lo dicho deberían advertirse dos aspectos. Primero, la religión es siempre un asunto individual que afecta a la persona. Esto la sitúa al margen de cosas como la cultura que, aunque se relacione con lo individual, no tiene por qué afectar personalmente. De acuerdo con esto, no podemos entender la religión desde fuera de sí misma. La clave para entenderla es la búsqueda religiosa; no existe otra forma. Éste es el aspecto más importante a considerar en relación a la esencia de la religión. Segundo, desde el punto de vista de la esencia de la religión, preguntar cuál es su fin para nosotros es un error que delata claramente una actitud que intenta entenderla al margen de la búsqueda religiosa. Esta pregunta debe ser sustituida por otra que provenga del interior de la propia persona que la plantea: no hay otro camino que pueda conducir a una comprensión de la religión y al propósito que sirve. La pregunta de sentido opuesto que lleva a cabo esta sustitución es la que plantea "¿con qué fin existo?". Podemos preguntarnos de cualquier otra cosa qué fin tiene para nosotros, pero no de la religión. En lo que se refiere a las demás cosas podemos hacer de nosotros mismos un telos como individuos, como hombres o como humanidad y evaluarlas en función de nuestra vida y nuestra existencia. Podemos ponernos en el centro y medida del significado de todas las cosas como contenidos de nuestras vidas en tanto que individuos/hombre/humanidad. Sin embargo, la religión altera la postura desde la cual nos pensamos como telos y centro de todas las cosas, pues en lugar de eso plantea como punto de partida con qué fin existo.

Advertimos la religión como necesidad o como algo imprescindible para la vida sólo en los momentos en los que todo pierde su necesidad y utilidad. ¿Después de todo, por qué existimos? ¿En última instancia, nuestra existencia y la vida humana carecen de sentido? O, ¿si todo tiene un sentido o un significado, dónde lo encontramos? La búsqueda religiosa se despierta en nuestro interior cuando empezamos a dudar de esta forma del sentido de nuestra existencia, cuando comenzamos a cuestionamos a nosotros mismos. Estas preguntas y la búsqueda se hacen patentes cuando se resquebraja nuestro modo de ser, según el cual pensamos y consideramos todo, y se trastoca el modo de vida que nos sitúa en el centro de todo. Por eso, la pregunta por la religión en la forma ¿por qué la necesitamos? oscurece desde el principio el camino a su propia respuesta, porque impide que lleguemos a cuestionarnos a nosotros mismos.
 
El momento en que las cosas necesarias para la vida, incluidos los conocimientos y las artes, pierden su necesidad y utilidad, aparece con los problemas personales acuciantes como la muerte, la nihilidad o el pecado, o en cualquiera de esas situaciones que suponen una negación fundamental de nuestra vida, existencia e ideales, y privan de arraigo a nuestra existencia poniendo en tela de juicio el sentido de la vida. Esto puede ocurrir cuando nos enfrentamos cara a cara con la muerte por una enfermedad o alguna otra cosa, o cuando el giro de los acontecimientos sustrae a la vida aquello que hacía que mereciera la pena.
 
Tomemos como ejemplo a alguien para quien la vida se convierte en sinsentido como resultado de la pérdida de un ser amado o por el fracaso de una empresa en la que lo había arriesgado todo. Todo aquello que una vez le había sido útil no sirve para nada. El mismo proceso tiene lugar cuando uno se encuentra cara a cara con la muerte y la propia existencia se pone de relieve contra el trasfondo de la nihilidad. Multitud de preguntas surgen a la vez: ¿por qué he estado vivo?, ¿de dónde vengo y adónde voy? Aquí aparece un vacío que nada en el mundo puede llenar, un amplio abismo se abre en el suelo sobre el que uno se sostiene. Frente a este abismo, ninguna de las cosas que constituían hasta entonces la sustancia de la vida conservan su utilidad.
 
De hecho este abismo se encuentra siempre a nuestros pies. En el caso de la muerte no nos encaramos a algo que nos espera en un futuro sino a algo que viene al mundo con nosotros desde nuestro nacimiento. Nuestra vida choca con la muerte a cada paso; todo el tiempo mantenemos un pie plantado en el valle de la muerte. Nuestra vida permanece en el borde del abismo de la nihilidad, al cual puede regresar en cualquier instante. Nuestra existencia es a la vez una no-existencia, oscila desde y hacia la nihilidad, feneciendo sin cesar y sin cesar recobrando su existencia. Esto es lo que se denomina el devenir incesante de la existencia.
 
La nihilidad se refiere a aquello que vuelve en sinsentido el sentido de la vida. Por eso, el que nos cuestionemos a nosotros mismos y el que surja el problema de por qué existimos quiere decir que la nihilidad ha emergido del fondo de nuestra existencia y que ésta se ha convertido en una cuestión relevante. La aparición de esta nihilidad indica nada menos que la conciencia de la propia existencia ha penetrado en nosotros con una profundidad extraordinaria.
 
Normalmente avanzamos en la vida con la mirada puesta en esto o en aquello, siempre preocupados por algo dentro o fuera de nosotros. Estas ocupaciones impiden que la conciencia se haga más profunda, bloquean el camino hacia la apertura de ese horizonte en el que aparece la nihilidad y en donde se cuestiona el propio ser. Esto sucede incluso con los conocimientos y las artes, y con todas las ocupaciones culturales. Sin embargo, cuando este horizonte se abre, en el fondo de esas ocupaciones que mantenían a la vida en movimiento continuo algo parece detenerse y permanecer ante nosotros. Ese algo es el sinsentido, que se mantiene a la espera, en el fondo de esas muchas ocupaciones que dan sentido a la vida. Éste es el punto en el que el sentimiento de la nihilidad, fiel sentimiento de "todo es lo mismo" que encontramos en Nietzsche y en Dostoievski, interrumpe el ritmo incesante de avance de la vida y lo hace retroceder. En un dicho zen, se dice que este sentimiento "arroja luz a lo que está directamente a nuestros pies". En el desarrollo de nuestra vida cotidiana, siempre queda atrás el suelo a nuestros pies, pues nos movemos ininterrumpidamente hacia adelante; lo pasamos por alto. Retroceder para arrojar luz sobre lo que está a los pies de uno mismo -"retroceder para llegar al sí mismo", como dice otro antiguo dicho zen- indica una conversión en la vida misma. Esta conversión fundamental en la vida está ocasionada por la apertura del horizonte de la nihilidad en el fundamento de nuestra vida, y representa nada menos que la conversión del modo de ser egocéntrico (o antropocéntrico), que siempre pregunta qué utilidad tienen las cosas para nosotros (o para los hombres) , a una actitud que pregunta con qué fin existimos. Hacemos nuestra realmente la pregunta "¿qué es religión?" sólo cuando nos encontramos en este viraje decisivo».


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Sobre el humor negro reaccionario en medios virtuales

 sábado, 10 de noviembre de 2018

Desde hace unos pocos años se viene instalando en las redes sociales un perfil de reaccionario que emplea el humor negro para hacer propaganda de su ideología. Y si bien constatar lo siguiente no es el objetivo primordial de este artículo, al menos no lo es personalmente, tengo la sensación de que usan el humor negro porque no son capaces de articular razonamientos más complejos ni de profundizar demasiado, por lo tanto, en las ideas que caricaturizan: que en el fondo creen agudas y cruciales las mistificaciones y simplificaciones de sus caricaturas cada vez más inoportunas e impotentes. No es sólo que su consustancial prepotencia humana ciegue sus consciencias sobre las mediocridades de sus palabras lo que, a fin de cuentas, nos sucede a todos de un modo u otro — lo advierte hasta la biblia, que en Mateo 7:5 dice: «saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano».— : es que además tienen miles de seguidores que aplauden por sistema su brutalidad.


autorretrato caricaturesco de goya
Autorretrato de Francisco de Goya donde
se caricaturiza a sí mismo como
a un Autor Importante.
 

La caricatura es, en sí misma, una herramienta de simplificación para la comedia. En esto consiste simplificar, consiste en extraer una imagen simplificada y en consecuencia ridícula de una realidad compleja. Allí donde el esperpento literario buscaba lo esencial mediante la deformación de la realidad, la caricatura virtual se confía a la mera propaganda de cualesquiera ideales que defienda en oposición al objeto de su caricaturización, usando el ridículo como medio humorístico —o más bien como remedio: la intención política es diáfana. El esperpento convertía en abominables diferentes rasgos de la realidad cotidiana que nos pasan desapercibidos no para hacer de ello un objeto de chiste, de entretenimiento lúdico y vacío, lo que sería legítimo, sino para aleccionar y comprender mejor detalles y matices concretos de esta realidad. Es así que mientras el esperpento esclarecía, la caricatura enfanga. No se trata aquí de situar uno sobre otro por los fines cómicos o literarios de sus pretensiones, puesto que se puede hacer estupenda literatura con la caricatura —qué es si no la sátira, Céline, Voltaire, Swift, S. Thompson…, además del ingenio y la sutileza que demuestran algunos caricaturistas gráficos, entre ellos el propio Goya, quien empleó estas técnicas de deformación de los rasgos en multitud de pinturas—, sino del modo en que operan sobre las ideas, la manera en que nos acercan o nos alejan de una comprensión pertinente quienes se excusan en el humor negro para ofrecer al mercado virtual falsas contradicciones internas y variopintas estupideces que deleiten al público conservador, todavía masivo.
 
La caricatura es, por lo tanto, una herramienta de simplificación en pos del ridículo. El problema  de la caricatura virtual es la manera en cómo toma los discursos minoritarios más bobos de los elementos más simples fingiéndolos una totalidad. Es de este modo como la caricatura troca en propaganda. El humor negro virtual usa, más concretamente, el recurso de la incoherencia como fin en sí mismo: mostrando las incoherencias conductuales de los elementos reprobados refutamos la teoría y mostramos a quienes la sostienen como seres ínfimos, ridículos, estúpidos. El ingenio que el reaccionario pueda tener no entra aquí en discusión: rara vez tienen verdadero ingenio, y cuando lo tienen, éste queda como decíamos en el primer párrafo opacado por una deficiente capacidad de comprensión. El problema, permítanos insistir, es que estas incoherencias sólo existen en la simplificación sofística del reaccionario: es una prueba de mala fe criticar una idea centrándose únicamente en sus puntos más endebles o insostenibles, en lugar de pretender una comprensión global del discurso tomando como referencia los argumentos más consistentes del oponente —cabe preguntarse aquí, lo admito, si acaso será posible hacer humor de otra forma. Si la filosofía no es, dicho gratuitamente, la sofisticación máxima del humor—. En otras ocasiones todavía menos legítimas, el recurso del reaccionario consistirá en la falsificación de las opiniones, en la invención de afirmaciones burdas que pueda burdamente denostar. Últimamente abundan, por ejemplo, distintas noticias falsas sobre diferentes movimientos sociales, donde se acusa al movimiento concreto que se pretenda escarmentar de toda clase de mezquindades e imbecilidades a fin de satisfacer a este público reaccionario hambriento de nuevos motivos para sentirse poseedores de una audacia que en absoluto poseen. Desde luego que este boom de las fake news atraviesa una guerra política encubierta donde todos los bandos partícipes y anhelantes de su ración de votantes buscan desacreditar al oponente mediante difamaciones pseudo-humorísticas; pero también es sencillo encontrar aquí los elementos acríticos mencionados anteriormente: la tentación de las fake news no sólo estriba en este anhelo de agresión y defensa, sino que del mismo modo señala y participa de la mediocridad general de las discusiones virtuales, donde los buenos argumentos son encubiertos por la inmundicia y las agudezas convertidas en pantomimas espeluznantes.

El humorista reaccionario virtual se sabe, pues, los eslóganes del oponente, de esto no cabe la menor duda. Y es de estos eslóganes de donde extrae, o mejor dicho, imaginar que extrae, el contenido torticero de sus burlas; es decir, que para el humorista reaccionario virtual el humor es una especie de eslogan a la inversa: troca el chiste en propaganda y, en un último estadio de inescrupuloso retorcimiento, la propaganda en chisme. Y si bien puede decirse, con cierta razón, que todo chiste es una forma de propaganda —o que toda propaganda es una forma de chisme— no todo chiste opera su propaganda de la misma forma, es decir, mediante el sistema de fingir crítica al pensamiento dominante por la higiene de un sarcasmo cuando se hace propaganda del mismo pensamiento dominante por otros medios.

Su humor, el humor del humorista reaccionario virtual, aunque en apariencia prepotente pertenece al ámbito de lo agónico, con un tufillo agrio o simplemente pasivo-agresivo. Es frecuente que el chiste consista en un hombre “conservador” corrigiendo a otro hombre o, como suele ser el caso, a una mujer “progresista” —categorías dicotómicas que empleo únicamente por utilitarismo— donde éste segundo hombre o esta mujer terminen acorralados por la retórica  —en el fondo mediocre— del primero y espetando, histéricos, alguna vaguedad injustificable. Son chistes esquemáticos, algunos más ingeniosos y otros menos, que dicen mucho sobre las necesidades afectivas y las ideologías de base de quienes los hacen.

Es una obviedad señalar que todo chiste necesita un aparato cultural que lo sustente, porque de otra forma no existirían chistes, como no existirían artes: no se puede, ni siquiera, hacer humor sin una preconcepción ideológica de la naturaleza. Esta cuestión es baladí, con la salvedad de su presunta negación: el humorista, no sólo aquí el reaccionario, se defiende a menudo negando que él esté reforzando o manipulando un estereotipo. Su humor es, entonces, un humor ex nihilo que sólo su mente demiúrgica engendra. O más que demiúrgica, porque el demiurgo platónico no era un creador, sino un arquitecto, un poeta del cosmos que empleaba material preexistente —la chóra— , se trataría de una mente divina en un sentido bastante solipsista. Esto no significa, por supuesto, que todo humor sea político en un sentido chato del término, sino que el humor recoge, manipula, reafirma o reniega de ideas que él no engendra: sobre las cuales él mismo es formado como individuo. Otro debate sería si el humorista reaccionario, por ejemplo, al menos del reaccionario inconsciente, refuerza las ideas conservadoras y los estereotipos, prejuicios, opresiones, etc., que utiliza en sus chistes o si, al contrario, alivia una tensión que existe más allá de sí y que sin este alivio explotaría por otro lado.

Cabe añadir, a este respecto, que el humor reaccionario no lo es porque escoja material, por ejemplo, misógino, sino porque los objetos de sus chistes son las mujeres violentadas: es de ellas de quienes se ríen. Se puede,  por último y como escribimos en un artículo anterior sobre el humor negro, hacer chistes donde el material del humor sean atentados, violaciones, maltratos, muertes grotescas, enfermedades, etc., sin que el objeto de nuestro chiste sean las víctimas de los mismos, sino los verdugos. Es importante destacar esta diferencia, a fin de comprender mejor de qué estamos hablando al referirnos al humor negro reaccionario. Luego puede parecerle, a cada cual, de mejor o peor gusto, de más o menos calidad; pero en ningún caso el mensaje es el mismo. Lo transgresor, en este caso, no es sólo invertir el objeto del chiste, como cuando se hacen chistes sobre blancos del mismo modo que sobre negros, sino también es subversivo cuando se modifica el objeto del chiste y se traslada éste al verdugo o a la propia situación dramática sin meramente invertirlo.

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Fragmento: La peste religiosa (Johann Most)

 Johann Most fue un militante anarquista alemán, periodista y alborotador terrorista nacido el 5 de febrero de 1846. Most fue teórico de la propaganda por el hecho, un militante radical que suscitaba muchas incomodidades por la brutalidad de sus expresiones y sus políticas.  Sus escritos más conocidos, junto a éste que les presentamos, fueron "Capital y trabajo", obra resumen de la obra de Marx "El capital" que éste y Engels corrigieron aunque ambos quedaron insatisfechos del trabajo, y "La bestia de la propiedad".  Al final de su vida, Most abandonó la política y se dedicó a la elaboración de tácticas terroristas. Johann Most falleció el 17 de marzo de 1906 de erisipela en Ohio, Estados Unidos.

 
Fotografía del anarquista Johann Most cuando apenas tendría unos treinta años.
Johann Most
 
A continuación, les ofrecemos un fragmento de su belicoso texto anti-religioso titulado "La peste religiosa" que pueden encontrar íntegro aquí
 

 
«Vencidos los déspotas de todos los países y de todos los tiempos, superados dichos tiranos por escogimiento y duración del castigo, este Dios, pues, es el monstruo más horroroso que uno pueda llegar a figurarse. Su conducta es aún más infame si se tiene en cuenta que en el mundo entero, toda la humanidad, tiene reguladas sus acciones por su divina providencia.
 
En consecuencia, él castiga las acciones de los hombres, de los cuales es el único inspirador. Los tiranos de la tierra de todos los tiempos, tanto pasados como presentes, son buenos y amables comparados con este monstruo. Pero si place a este Dios que alguien viva en su gracia, entonces le castiga antes y después de su muerte, puesto que el paraíso prometido es todavía más infernal que el infierno. No se tiene allá ninguna necesidad, antes al contrario, todos los deseos son satisfechos antes que la necesidad sea sentida.
 
Mas, como no puede haber ninguna satisfacción sin que haya deseo de algo, seguido del cumplimiento de éste, el cielo ha de ser bien monótono e insípido. Se está en el cielo eternamente ocupado en contemplar a Dios; se oyen siempre las mismas melodías tocadas con las mismas arpas; allí se canta continuamente el mismo cántico, que de tanto repetirse ha de hacer el efecto monótono del Mambrú se fue a la guerra. En fin, es la sosería y fastidio llegados al grado máximo. La estancia en una celda aislada, a nuestro modo de ver, sería preferible.
 
Nada de extraño hay en que los ricos y los poderosos se procuren el paraíso en la tierra y, burlándose del cielo digan, como el poeta Heine: Nosotros dejamos el paraíso a los ángeles y a los payasos.
 
Y, sin embargo, son justamente los ricos y los poderosos los que dan mayor brillo a la religión. Seguramente ésta forma parte de su oficio. Al mismo tiempo es una cuestión de vida o muerte para la clase explotadora, la burguesía, que el pueblo sea embrutecido por la religión; su poder aumenta o decrece según aumenta o disminuye la locura religiosa.
 
Cuanto más partidario de la religión es el hombre, más creyente es. Cuanto más cree, menos sabe. Cuanto menos sabe, es más bestia, y cuanto más bestia, más fácilmente se deja gobernar.
Esta lógica fue conocida por los tiranos de todos los tiempos y por eso hicieron alianza con el cura. Algunas divergencias ha habido entre estos enemigos de la libertad del género humano por recabar cada uno para sí la mayor suma del despotismo, pero no ha sido esto obstáculo para que vivieran unidos para embrutecer, oprimir y explotar el linaje humano.
 
Los curas saben perfectamente que su dominio sobre las conciencias se acabaría el día en que no le prestasen ayuda los tiranos y los ricos. Y los ricos y los poderosos no ignoran que su imperio desaparecería el día en que los curas no embruteciesen moral e intelectualmente a las multitudes. Todos los curas indistintamente, no importa la secta a que pertenezcan, han sembrado con feliz éxito en el seno de las masas la idea de que este mundo es un valle de lágrimas, le han infiltrado al mismo tiempo la idea de respetar y someterse a la autoridad, con la expectativa de una vida más feliz en el otro mundo».

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Fragmento: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (Charles Bukowski)

 El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco es un título póstumo del escritor norteamericano Charles Bukowski. Publicado en 1998, esta obra contiene anotaciones en forma de diario que el autor escribió desde 1991 hasta 1993, un año antes de su muerte por leucemia en 1994.


Charles Bukowski recitando mientras bebe alcohol
Charles Bukowski

Este fragmento pertenece a la anotación correspondiente al día 13 de septiembre de 1991 a las 17:28. En él Bukowski nos habla acerca de sus sentimientos después de haber conseguido la celebridad a partir de los cincuenta años:

En cuanto a la escritura, básicamente sigo escribiendo de la misma manera que hace 50 años; puede que un poco mejor, pero no mucho. ¿Por qué tuve que cumplir 51 antes de poder pagar el alquiler con lo que escribía? Quiero decir, si no estoy equivocado y mi escritura no ha cambiado, ¿por qué tardé tanto? ¿Tuve que esperar a que el mundo me alcanzara? Y ahora, si me ha alcanzado, ¿dónde estoy? Estoy jodido, eso ya lo sé. Pero no creo que se me haya subido a la cabeza la poca o mucha suerte que he tenido. ¿Se da cuenta uno, cuando se le suben las cosas a la cabeza? De todos modos, no he caído en la complacencia. Hay algo dentro de mí que no puedo controlar. Nunca puedo cruzar un puente con el coche sin pensar en el suicidio. Nunca puedo contemplar un lago o un océano sin pensar en el suicidio. Bueno, tampoco de doy demasiadas vueltas. Pero se me aparece de repente en la cabeza: SUICIDIO. Como una luz que se enciende. En la oscuridad. El hecho de que exista una salida te ayuda a quedarte dentro. ¿Me explico? De lo contrario, no quedaría más que la locura. Y eso no tiene gracia, amigo. Y terminar un buen poema es otra muleta que me ayuda a seguir adelante. No sé lo que le pasará a otra gente, pero yo, cuando me agacho para ponerme los zapatos por, la mañana, pienso: “Ah, Dios mío, ¿y ahora qué?” Estoy jodido por la vida, no nos entendemos. Tengo que darle bocados pequeños, no engullirla toda. Es como tratar cubos de mierda. Nunca me sorprende que los manicomios y las cárceles estén llenos, y que las calles estén llenas. Me gusta mirar a mis gatos, me relajan. Me hacen sentirme bien. Pero no me metáis en una sala llena de humanos. No me hagáis eso jamás. Sobre todo en un día de fiesta. No lo hagáis.

Me asusta pensar en tener un hijo ahora’: el descenso en la población global puede transformar el mundo

 

Menos llantos de bebés. Más casas abandonadas. Hacia mediados de este siglo, cuando las muertes empiecen a superar a los nacimientos, se producirán cambios difíciles de comprender.


New York Times














En todo el mundo, los países enfrentan un estancamiento poblacional y un descenso en la fertilidad, lo que representa un rápido retroceso sin precedentes en la historia que hará que las fiestas de primer cumpleaños serán más raras que los funerales y que las casas vacías lleguen a ser algo normal.

En Italia ya están cerrando salas de maternidad. En China están apareciendo ciudades fantasma en el noreste. Las universidades de Corea del Sur no encuentran suficientes alumnos y en Alemania cientos de miles de propiedades han sido demolidas y sus terrenos han sido convertidos en parques.

Parece que las fuerzas demográficas —con una tendencia a que haya más decesos que nacimientos— se están expandiendo y acelerando como una avalancha. Pese a que algunos países siguen registrando crecimiento poblacional, sobre todo en África, las tasas de fertilidad están disminuyendo casi en todos los demás lugares. Ahora, los demógrafos pronostican que, en la segunda mitad del siglo o quizás antes, la población global va a iniciar por primera vez un descenso constante.

En un planeta con menos gente tal vez disminuya la presión por los recursos, se desacelere el impacto destructivo del cambio climático y se reduzca la carga familiar para las mujeres. Pero este mes, los informes de los censos de China y Estados Unidos, los cuales mostraron las tasas de crecimiento poblacional más lentas en décadas para ambos países, también indicaron que habrá ajustes difíciles de imaginar.

El hecho de que la gente viva más tiempo y la fertilidad sea baja, lo que causará que haya menos trabajadores y más personas jubiladas, amenaza con trastornar la forma en que las sociedades están organizadas, es decir, en torno a la idea de que el excedente de jóvenes impulsará las economías y ayudará a pagar los gastos de las personas mayores. Tal vez también se necesite redefinir los conceptos de familia y nación. Imaginen regiones enteras donde todos tengan 70 años o más. Imaginen que los gobiernos otorguen bonos enormes a los inmigrantes y a las madres que tengan muchos hijos. Imaginen una economía colaborativa llena de abuelos y que los anuncios del Supertazón promocionen la procreación.

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Hermanos en Seúl, Corea del Sur. La tasa de fertilidad del país es la más baja del mundo desarrollado.
Hermanos en Seúl, Corea del Sur. La tasa de fertilidad del país es la más baja del mundo desarrollado.
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Kim Hong-Ji/Reuters

“Se necesita un cambio de paradigma”, señaló Frank Swiaczny, un demógrafo alemán quien hasta el año pasado fue jefe de análisis y tendencias poblacionales en las Naciones Unidas. “Los países deben aprender a vivir con este descenso y adaptarse a él”.

Ya ha comenzado a haber repercusiones y respuestas, sobre todo en Asia Oriental y Europa. Desde Hungría hasta China y desde Suecia hasta Japón, los gobiernos están teniendo dificultades para equilibrar las exigencias de un grupo de personas de edad avanzada cada vez más grande con las necesidades de los jóvenes, cuyas decisiones más personales sobre la natalidad están siendo determinadas por factores tanto positivos (mayores oportunidades de empleo para las mujeres) como negativos (desigualdad de género y elevados costos de vida).

El siglo XX presentó un desafío muy diferente. La población global tuvo el mayor incremento de su historia (de 1600 millones de personas en 1900 a 6000 millones en el año 2000) gracias al aumento de la esperanza de vida y la disminución de la mortalidad infantil. En algunos países —que representan cerca de una tercera parte de la población mundial—, todavía está en juego esa dinámica de crecimiento. Es posible que, para fines del siglo, Nigeria supere la población de China; en toda el África subsahariana las familias siguen teniendo cuatro o cinco hijos.

No obstante, la era de la alta fertilidad está terminando en casi todos los demás lugares. Puesto que las mujeres han logrado tener un mayor acceso a la educación y la anticoncepción y las inquietudes asociadas con tener hijos han aumentado, cada vez más personas están postergando la paternidad, por lo que están naciendo menos bebés. Incluso en países donde durante mucho tiempo hubo un rápido crecimiento, como India y México, las tasas de natalidad ahora tienden a caer a la tasa de reemplazo —de 2,1 hijos por familia— o por debajo de ella.

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Un centro para personas mayores en Washington, D. C. El crecimiento de la población de EE. UU. se ha desacelerado hasta su tasa más baja en décadas.
Un centro para personas mayores en Washington, D. C. El crecimiento de la población de EE. UU. se ha desacelerado hasta su tasa más baja en décadas.
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Justin T. Gellerson para The New York Times

Es posible que este cambio tarde décadas, pero cuando comience, la espiral del descenso será exponencial (al igual que la del crecimiento). Si hay menos nacimientos, habrá menos niñas que tengan hijos cuando crezcan y, si tienen familias más pequeñas de las que tuvieron sus padres —cosa que está ocurriendo en decenas de países—, empezará a parecer que la disminución va en caída libre.

“Se vuelve un mecanismo cíclico”, señaló Stuart Gietel Basten, experto en la demografía de Asia y profesor de Ciencias Sociales y Política Pública en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong. “Es una fuerza demográfica”.

Algunos países, como Estados Unidos, Australia y Canadá, donde las tasas de natalidad se ubican entre 1,5 y 2, han atenuado el impacto gracias a los inmigrantes. Pero, en Europa del Este, la migración de la región ha agravado la disminución de la población y, en algunas partes de Asia, finalmente ha estallado la “bomba de tiempo demográfica” que hace algunas décadas se volvió tema de debate.

En 2019, la tasa de fertilidad de Corea del Sur se redujo a una cifra mínima histórica de 0,92, menos de un hijo por cada mujer, la tasa más baja en el mundo desarrollado. Durante cada uno de los últimos 59 meses, el número total de bebés nacidos en el país ha ido descendiendo a cifras históricas mínimas.

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Las familias del África subsahariana suelen seguir teniendo cuatro o cinco hijos. A finales de siglo, Nigeria podría superar a China en población.
Las familias del África subsahariana suelen seguir teniendo cuatro o cinco hijos. A finales de siglo, Nigeria podría superar a China en población.
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Luis Tato/Agence France-Presse — Getty Images

Ese índice de natalidad en descenso, junto con una rápida industrialización que ha obligado a la gente a trasladarse de las poblaciones rurales a las grandes ciudades, ha creado lo que se puede percibir como una sociedad de dos niveles. Mientras que las metrópolis importantes como Seúl siguen creciendo, lo cual ejerce muchísima presión en la infraestructura y la vivienda, es común encontrar en los pueblos escuelas cerradas y abandonadas, con los patios llenos de maleza debido a que no hay suficientes niños.

Las mujeres embarazadas en muchas áreas ya no logran encontrar obstetras ni centros de atención posnatal. Las universidades que no alcanzan un nivel de élite, sobre todo fuera de Seúl, tienen cada vez más dificultades para llenar sus aulas; el número de personas de 18 años en Corea del Sur ha disminuido de aproximadamente 900.000 en 1992 a 500.000 en la actualidad. Para atraer a los estudiantes, algunas escuelas han ofrecido becas e incluso iPhones.

Con el fin de estimular el índice de natalidad, el gobierno ha otorgado bonos por bebés. También aumentó los apoyos por hijo y los subsidios médicos para los tratamientos de fertilidad y embarazo. Las autoridades de salud han obsequiado a los recién nacidos carne de res, ropa para bebé y juguetes. El gobierno también está construyendo cientos de jardines de niños y guarderías. En Seúl, todos los autobuses y vagones del metro cuentan con asientos rosas reservados para las mujeres embarazadas.

Sin embargo, este mes, el vice primer ministro Hong Nam-ki reconoció que el gobierno —el cual ha gastado más de 178.000 millones de dólares en los últimos 15 años para alentar a las mujeres a tener más bebés— no ha logrado avances suficientes. En muchas familias, el cambio se percibe como algo cultural y permanente.

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La escuela de un pueblo del condado de Gangjin, Corea del Sur, ha matriculado a personas mayores analfabetas para poder seguir abierta, ya que el número de niños en la zona ha disminuido.
La escuela de un pueblo del condado de Gangjin, Corea del Sur, ha matriculado a personas mayores analfabetas para poder seguir abierta, ya que el número de niños en la zona ha disminuido.
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Chang W. Lee/The New York Times

“Mis abuelos tuvieron seis hijos y mis padres cinco porque sus generaciones creían que era bueno tener muchos hijos”, dijo Kim Mi-kyung, un ama de casa de 38 años. “Yo solo tengo un hijo. Para mi generación y para generaciones más jóvenes, en general, sencillamente no vale la pena tener tantos hijos”.

Esta opinión es similar en Italia, a miles de kilómetros de distancia, con un contexto diferente.

En Capracotta, una pequeña ciudad del sur de Italia, un letrero en letras rojas en un edificio de piedra del siglo XVIII con vistas a los montes Apeninos dice: “Hogar del preescolar”, pero hoy el edificio es una residencia de ancianos.

Los residentes toman su caldo de la noche sobre manteles encerados en la antigua sala de teatro.

“Había tantas familias, tantos niños”, dice Concetta D’Andrea, de 93 años, que fue alumna y profesora de la escuela y ahora es residente de la residencia de ancianos. “Ahora no hay nadie”.

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ncluso en países como India, que durante mucho tiempo se han asociado a un rápido crecimiento, las tasas de natalidad están cayendo, o ya están por debajo, de la tasa de reemplazo de 2,1 hijos por familia.
ncluso en países como India, que durante mucho tiempo se han asociado a un rápido crecimiento, las tasas de natalidad están cayendo, o ya están por debajo, de la tasa de reemplazo de 2,1 hijos por familia.
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Poras Chaudhary para The New York Times

La población de Capracotta ha envejecido y se ha contraído drásticamente: de unas 5000 personas a 800. Las carpinterías del pueblo han cerrado. Los organizadores de un torneo de fútbol tuvieron dificultades para formar siquiera un equipo.

A media hora de distancia, en la ciudad de Agnone, la maternidad cerró hace una década porque tenía menos de 500 nacimientos al año, el mínimo nacional para permanecer abierta. Este año han nacido seis bebés en Agnone.

“Antes se oía el llanto de los bebés en la sala de maternidad, y era como una música”, explica Enrica Sciullo, una enfermera que solía ayudar en los partos allí y que ahora se ocupa sobre todo de los pacientes mayores. “Ahora hay silencio y una sensación de vacío”.

En un discurso este mes durante una convención sobre la crisis de natalidad en Italia, el papa Francisco señaló que el “invierno demográfico” seguía siendo “frío y oscuro”.

Es probable que pronto más personas en más países busquen sus propias metáforas. Las proyecciones de natalidad casi siempre cambian con base en la forma en que responden los gobiernos y las familias, pero, de acuerdo con las proyecciones de un equipo internacional de científicos publicadas el año pasado en la revista The Lancet, para 2100, 183 países y territorios —de 195— tendrán tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo.

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Una pareja en Acciaroli, Italia. La población de muchos pueblos italianos ha envejecido dramáticamente y ha disminuido en número.
Una pareja en Acciaroli, Italia. La población de muchos pueblos italianos ha envejecido dramáticamente y ha disminuido en número.
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Gianni Cipriano para The New York Times

Su modelo muestra un declive especialmente pronunciado para China, cuya población se espera que caiga de los 1410 millones actuales a unos 730 millones en 2100. Si esto ocurre, la pirámide de población se invertirá. En lugar de una base de trabajadores jóvenes que sostengan a una franja más estrecha de jubilados, China tendría tantos ancianos de 85 años como jóvenes de 18.

El cinturón del óxido de China, en el noreste, registró una caída poblacional de un 1,2 por ciento en la última década, según las cifras del censo, publicadas este mes. En 2016, la provincia de Heilongjiang se convirtió en la primera del país en la que su sistema de pensiones se quedó sin dinero. En Hegang, una “ciudad fantasma” de la provincia que ha perdido casi el diez por ciento de su población desde 2010, las viviendas cuestan tan poco que la gente las compara con una col.

Muchos países empiezan a aceptar la necesidad de adaptarse, no solo resistir. Corea del Sur está presionando para que las universidades se fusionen. En Japón, donde ahora las ventas de pañales para adultos superan las de pañales para bebé, se han unificado municipalidades a medida que envejece y disminuye la población en los pueblos. En Suecia, algunas ciudades han trasladado recursos de las escuelas a centros de atención para ancianos. Y casi en todos lados se le ha pedido a la gente mayor que siga trabajando. Alemania, que ya ha aumentado a 67 años la edad de jubilación, ahora está considerando elevarla a 69.

Con medidas más drásticas que muchos otros países, Alemania también ha ideado un programa de contracción urbana: desde 2002, se han demolido alrededor de 330.000 unidades del parque inmobiliario.

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Un juego billar en una comunidad de jubilados en Pekín. La rápida desaceleración del crecimiento demográfico de China planteará desafíos económicos.
Un juego billar en una comunidad de jubilados en Pekín. La rápida desaceleración del crecimiento demográfico de China planteará desafíos económicos.
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How Hwee Young/EPA vía Shutterstock

Además, si el objetivo es la reactivación, podemos encontrar unas cuantas señales esperanzadoras. Luego de ampliar el acceso a atención infantil costeable y las licencias de paternidad con goce de sueldo, ha aumentado la tasa de natalidad en Alemania de 1,3 en 2006 a 1,54 en fechas recientes. Leipzig, donde la población estaba menguando, ahora está volviendo a crecer después de reducir su parque inmobiliario y volverse más atractiva por su tamaño más manejable.

“El crecimiento es un desafío, al igual que la disminución”, dijo Swiaczny, quien ahora es investigador principal en el Instituto Federal para la Investigación Poblacional en Alemania.

Los demógrafos alertan contra considerar el descenso poblacional solo como un motivo de preocupación. Muchas mujeres tienen menos hijos porque es lo que desean. El hecho de que haya poblaciones más pequeñas podría implicar que los salarios sean más elevados, las sociedades más igualitarias, que haya menos emisiones de carbono y una mejor calidad de vida para los niños que nacen.

Sin embargo, Gietel Basten dijo citando a Casanova: “En realidad el destino no existe. Somos nosotros quienes le damos forma a nuestra vida”.

Los retos por venir siguen siendo un callejón sin salida; ningún país con una ralentización considerable del crecimiento poblacional ha logrado aumentar su tasa de fertilidad mucho más allá del leve repunte que ha logrado Alemania. Hay pocas señales de incrementos salariales en los países en que está disminuyendo la población y no hay garantías de que una población más pequeña implique menos presión para el medioambiente.

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Niños en Múnich, Alemania. La tasa de fertilidad en Alemania ha aumentado después de que el país ampliara el acceso a las guarderías y a las licencias de paternidad con goce de sueldo, pero sigue estando por debajo de la tasa de sustitución.
Niños en Múnich, Alemania. La tasa de fertilidad en Alemania ha aumentado después de que el país ampliara el acceso a las guarderías y a las licencias de paternidad con goce de sueldo, pero sigue estando por debajo de la tasa de sustitución.
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Laetitia Vancon para The New York Times

Muchos demógrafos sostienen que es posible que los futuros historiadores vean el momento actual como un periodo de transición o gestación en el que los seres humanos descubrieron cómo lograr que el mundo fuera más habitable (suficiente para que la gente formara la familia que deseaba) o no.

Las encuestas en muchos países muestran que a los jóvenes les gustaría tener más hijos, pero que enfrentan demasiados obstáculos.

Anna Parolini cuenta una historia común. Salió de su pequeño pueblo en el norte de Italia para buscar mejores oportunidades de empleo. Ahora que tiene 37 años, vive con su novio en Milán y no tiene la intención de tener hijos pronto.

Teme que su salario mensual, menor a 2000 euros, no sea suficiente para tener una familia. Además, sus padres siguen viviendo donde ella creció.

“Aquí no tengo a nadie que me ayude”, dijo. “Me asusta pensar en tener un hijo ahora”.

Elsie Chen, Christopher Schuetze y Benjamin Novak colaboraron en el reportaje.

Damien Cave es el jefe de la corresponsalía en Sídney, Australia. Anteriormente reporteó desde Ciudad de México, La Habana, Beirut y Bagdad. Desde que se unió al Times en 2004, también ha sido editor nacional adjunto, jefe de la corresponsalía de Miami y reportero de la sección Metro. @damiencave

Choe Sang-Hun es el jefe de la corresponsalía de The New York Times en Seúl, y se enfoca en noticias sobre Corea del Norte y Corea del Sur.