La crisis de la ONU y el desorden del mundo

 Nueva Sociedad 321 / Enero - Febrero 2026

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) cumplió 80 años –y se apresta a elegir una nueva Secretaría General– en medio de una crisis del multilateralismo profundizada por el segundo gobierno de Donald Trump. Con una reducción presupuestaria producto de un recorte de las contribuciones de Washington y de otras potencias occidentales, muchos buscan que la ONU vuelva a tener una función restringida, como ocurría al momento de su creación.


Giancarlo Summa

El 24 de octubre de 2025 se cumplió el 80°aniversario de la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas, cuyos 111 artículos establecen los principios fundamentales y las principales normas de funcionamiento de la Organización de las Naciones Unidas (onu): algo así como la Constitución de una nación. Esta fecha se considera tradicionalmente la del nacimiento de la organización y, en un sentido más amplio, el del sistema multilateral contemporáneo. Se trata de un hito notable, al que casi ninguna otra organización internacional ha logrado llegar; la antecesora directa de la onu, la Sociedad de Naciones, por ejemplo, duró en la práctica menos de 20 años (de 1920 a 1939, aunque no se disolvió oficialmente hasta 1946). Pero, a diferencia de los aniversarios anteriores de 50, 60 y 70 años, esta vez el ambiente no fue festivo ni de celebración. El secretario general de la onu, el portugués António Guterres, grabó un mensaje de tono sombrío. «Llevamos 80 años trabajando para forjar la paz, combatir la pobreza y el hambre, promover los derechos humanos y construir un mundo más sostenible», dijo antes de añadir: «De cara al futuro, nos enfrentamos a desafíos de magnitud asombrosa: conflictos crecientes, caos climático, tecnologías desbocadas y amenazas al tejido mismo de nuestra institución»

Una semana antes, Guterres había sido aún más explícito. Hablando ante la Quinta Comisión de la Asamblea General de la onu, que se ocupa de la administración de la organización, había advertido que esta se encontraba en una «carrera hacia la quiebra»2. Se refería a una quiebra financiera. A lo largo de todo 2025, el congelamiento de las contribuciones de Estados Unidos, determinado tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, y el retraso en los pagos por parte de otros grandes países, como China y Rusia, crearon una falta de fondos dramática y sin precedentes en todo el llamado Sistema de las Naciones Unidas, el conjunto de cerca de 50 agencias, fondos, programas y oficinas especializadas que a lo largo de las décadas han surgido en torno de la Secretaría (la estructura central, con sede en Nueva York, que abriga al secretario general, a la Asamblea General y sus organismos, al Consejo de Seguridad y a los varios departamentos encargados de asuntos políticos y económicos, misiones de paz, comunicación, etc.). Sin embargo, la crisis más grave de la onu es sobre todo política, y en este caso la quiebra parece ser la de su legitimidad, hoy abiertamente cuestionada por eeuu, la superpotencia mundial que hace 80 años impulsó con más fuerza su creación. 

eeuu empezó a planificar una nueva organización internacional ya a finales de 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial acababa de comenzar y el país aún estaba lejos de entrar en guerra. El presidente Franklin D. Roosevelt autorizó al entonces secretario de Estado, Cordell Hull, a comenzar estudios secretos dentro del Departamento de Estado, con el objetivo de diseñar un nuevo sistema de seguridad internacional una vez finalizada la guerra. Un periodista y economista nacido en el antiguo Imperio Ruso en una familia judía antizarista que emigró a eeuu a principios del siglo xx, Leo Pasvolsky, fue el principal animador del proyecto secreto y quien redactó el borrador de la Carta fundacional. El nacimiento de la onu, en 1945, fue un «acto de creación» deliberado por parte de un pequeño grupo de responsables políticos estadounidenses y aliados que aprendió del fracaso de la Sociedad de Naciones y diseñó una institución que equilibraba los privilegios de las potencias vencedoras con una participación más amplia y formalmente igualitaria del resto de los países3. La Carta de la Naciones Unidas, aprobada en la Conferencia de San Francisco (abril-junio de 1945), resultó así de una mezcla de idealismo («preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra», afirmar los «derechos humanos fundamentales» y reconocer la «autodeterminación de los pueblos», lo cual facilitaría el camino a los procesos de descolonización) y realismo duro (principalmente, a través del derecho de veto garantizado a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: eeuu, la Unión Soviética, el Reino Unido, Francia y China). 

La inteligencia artificial y el nuevo espíritu del capitalismo

 septiembre 2025

La inteligencia artificial suele ser presentada como sinónimo de progreso y como una tecnología neutral y sofisticada. Sin embargo, en The AI Con [La estafa de la IA], la lingüista Emily M. Bender y la socióloga Alex Hanna revelan que detrás de estos modelos operan decisiones políticas, intereses corporativos y un discurso construido para desactivar la crítica.

Luke Munn



«Inteligencia artificial» (IA) es tanto un término de marketing como un conjunto diferenciado de arquitecturas y técnicas de computación. La IA se ha convertido en una fórmula mágica para que los emprendedores atraigan capital inicial para proyectos dudosos, un conjuro empleado por algunos gerentes con el fin de alcanzar instantáneamente el estatus de líderes visionarios.

Evoca, en tan solo dos letras, una imagen de fábricas automatizadas y jefes supremos robóticos, una utopía de ocio o una distopía de servidumbre, según el punto de vista. No se trata solo de tecnología, sino de una poderosa visión acerca de cómo debería funcionar la sociedad y cómo debería ser nuestro futuro.

En ese sentido, la IA no necesita funcionar para funcionar. La precisión de un modelo extenso de lenguaje puede ser dudosa, la productividad de un asistente administrativo hecho con IA puede ser más fácil de afirmar que de demostrar, pero este conjunto de tecnologías, empresas y afirmaciones aún puede alterar los ámbitos del periodismo, la educación, la atención médica, el sector de servicios y nuestro más amplio horizonte sociocultural.

¡Explota la burbuja!

Para Emily M. Bender y Alex Hanna, es necesario pinchar la burbuja publicitaria de la IA.

Bender es profesora de Lingüística en la Universidad de Washington y se ha convertido en una destacada crítica de la tecnología. Hanna es socióloga, ex-empleada de Google y actual directora de investigación en el Instituto de Investigación de IA Distribuida (DAIR, por sus siglas en inglés). Después de haberse unido para mofarse de los adeptos a la IA en su popular podcast Mystery AI Hype Theater 3000, han condensado sus ideas en un libro escrito para el público general. Enfrentan la fuerza imparable de la ola publicitaria de la IA con un escepticismo inquebrantable.

Sergio C. Fanjul «La nostalgia tiene que ver con el placer morboso de saber que has estado vivo»

 


Mariana Toro Nader


Cronofobia. Proveniente del griego ‘cronos’, que significa tiempo, y ‘fobos‘, que significa miedo. Es decir, miedo al paso del tiempo. O, como dice en el libro con ese mismo título el periodista Sergio C. Fanjul, «miedo al tiempo, porque el tiempo lo único que hace es pasar». Nos agobia la certeza del ‘tempus fugit’. Nuestra sociedad asimila mal la fugacidad del tiempo (y de la vida). De allí la nostalgia, la ansiedad, el ajetreo. O quizás tan solo el miedo a que la vida se acabe. A nuestra finitud.

En tiempos de expectativas imposibles, de insatisfacción y constante comparación con las vidas de otros, reina el pánico al envejecimiento y a la muerte. Si nuestra sociedad es, por naturaleza, cronófoba, ¿el miedo al paso del tiempo es en el fondo un miedo a nuestra propia finitud?

Lo que se esconde detrás de la cronofobia es una necrofobia. A mí me da miedo el paso del tiempo en sí mismo, porque me parece que todo va muy rápido. Pero, en el fondo, está el miedo a la muerte. En cambio, el miedo al envejecimiento no creo que tenga que estar tan relacionado. Yo conozco personas que dicen «yo no tengo mucho miedo a morirme, pero sí tengo miedo a envejecer, y sobre todo a envejecer mal». El miedo al envejecimiento puede tener más que ver con el miedo a no cumplir ciertas condiciones que la sociedad impone, desde el aspecto físico fundamentalmente. Y, hoy que la vida está tan laboralizada, cuando dejas de trabajar, mucha gente en vez de tomarlo como una oportunidad para dedicarse al descanso o a la lectura o a sí mismos, lo toman como haber sido expulsados a patadas del mundo productivo y pasar a ser un estorbo.

Los hogares de una sola persona ya casi son mayoría en España: ¿estamos preparados para lo que supone?

 En 13 años, uno de cada tres hogares tendrá un solo habitante. Detrás de este dato hay una sociedad cada vez más envejecida y longeva donde confluyen dos crisis paralelas: la de la vivienda y la de los cuidados. 

  • "El problema es que cada vez vivimos más, pero no vivimos mejor", sostiene Pau Miret, investigador del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Bernie Sanders No reinventó su discurso en la escena nacional; lo venía desarrollando desde que gobernaba una ciudad pequeña

 

Historia Incomprendida


🔥 En plena Guerra Fría, un alcalde de una ciudad de apenas 40,000 habitantes envió en 1981 una carta oficial al gobierno de China pidiendo desarme militar. No era un senador ni un gobernador: era Bernie Sanders, recién electo alcalde de Burlington, Vermont. Desde una posición municipal intentó influir en debates globales sobre militarismo y política internacional, algo casi inédito para un cargo local.
⚖️ Su llegada al poder fue igual de impactante: ganó la alcaldía por solo 10 votos en 1981, derrotando a un demócrata establecido. Ese margen microscópico cambió su vida y, años después, la política nacional. Gobernó durante 8 años (1981–1989) y convirtió la ciudad en un laboratorio.
🏙️ En lo local enfrentó problemas muy concretos: gestión de basura, desarrollo urbano y acceso público al lago Champlain. Impulsó la creación de una ciclovía frente al lago, defendió espacios públicos frente a intereses privados y promovió vivienda accesible. También ayudó a asegurar un equipo de béisbol de ligas menores para dinamizar la economía local.
🎭 Su mandato también tuvo un giro cultural inesperado: el poeta Allen Ginsberg escribió un poema dedicado a Burlington durante su gestión. Sanders promovió festivales y fortaleció la identidad artística de la ciudad, mezclando política municipal con vida cultural.
🤝 Las imágenes de la época muestran a un alcalde cercano: abrazando vecinos, caminando sin grandes dispositivos de seguridad, celebrando victorias en pequeños actos comunitarios. Construyó una reputación de político “de base” mucho antes de sus campañas presidenciales.
📜 Lo más revelador es que muchos de los temas que lo definirían décadas después — desigualdad económica, crítica al militarismo, justicia social — ya estaban presentes en documentos oficiales de los años 80. No reinventó su discurso en la escena nacional; lo venía desarrollando desde que gobernaba una ciudad pequeña con ambiciones sorprendentemente grandes.

TRANSICIÓN CONTRA HECATÓNQUIROS CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

 Las sentencias de la “derecha” y la “izquierda” (sic) contra Betancourt, cubren la década de los 60 de violencia. Para la primera, heredera del gomecismo, Betancourt es comunista (el término AD-CO viene de ahí)


22/02/2026

Producto de una persistente campaña de descrédito, se piensa que el Pacto de Puntofijo fue un mero arreglo burocrático entre Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (COPEI) para repartirse el poder a partir de 1959. Pero la coalición es apenas el tronco de una complejísima arboladura de acuerdos políticos sociales y económicos de gobernabilidad que permite a Betancourt superar un ciclo de máxima convulsión. Se crea lo que Arendt Lijphart (Patterns of Democracy: 1989) llama democracia consociacional, distinta de las democracias mayoritarias anglosajonas, que basa el nuevo proyecto de país en consensos estratégicos.

El quinquenio de Betancourt (59-64) transcurre en medio de una polimorfa crisis política que él derrota. A los golpes militares comentados más adelante, se añaden dos terremotos en AD: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria se separa en 1960 y se levanta en armas (aliado con el PCV). Y URD, controlado por la izquierda, se retira de la coalición y la pone en jaque. Luego vendrá la segunda fractura de AD, llamada ARS (o AD-Oposición). Una de las consignas contra Betancourt era “…este gobiernito”, en anuncio de su “debilidad” frente a tales turbulencias.

Las sentencias de la “derecha” y la “izquierda” (sic) contra Betancourt, cubren la década de los 60 de violencia. Para la primera, heredera del gomecismo, Betancourt es comunista (el término AD-CO viene de ahí). Ciertamente AD, URD, y en menor grado Copei, estaban influidos hasta la médula por el radicalismo revolucionario, pero Betancourt producía el antígeno gradualista. La “izquierda”, en contrario, asume esto como una traición “a la revolución”, y lo denuncian como “agente de la CIA” por antisoviético. Desde muy joven, en el Plan de Barranquilla, es socialdemócrata, y cuestiona la URSS, el stalinismo y los “procesos de Moscú”. Se esfuerza por acuerdos, porque conoce la precariedad militar del “experimento democrático”.

Los jóvenes de AD (Moleiro, Martín, Pérez Marcano) se habían forjado en la lucha clandestina con sus compañeros comunistas, socialcristianos y urredistas en la Junta Patriótica. El PCV y el MIR en 1960 apuntan a “acelerar” la tensión entre perezjimenistas, izquierda y demócratas en las FF. AA, con una estrategia basculante entre putchismo y foquismo guerrillero. Durante el quinquenio de Betancourt izquierda y derecha encabezaron dos decenas de conatos o golpes militares. El general José María Castro León, nieto de Cipriano Castro, había sido jefe de la conspiración del 23 de enero y no Larrazábal, quien lo expulsa en 1958 por intentar derrocarlo, y comienzan los golpes militares. En 1961 Argimiro Gabaldón propone crear también frentes guerrilleros.

En abril de 1960, Castro León emprende una invasión por Cúcuta y apoyado en el dictador dominicano “Chapita” Trujillo, toma San Cristóbal por un día, al comienzo de “la década de la violencia”. El 24 de junio de 1960 es el atentado contra el presidente Betancourt en Los Próceres, también promovido por “Chapita”, donde muere el jefe de la Casa Militar. El presidente queda herido, con pérdida parcial de la vista y el oído, pero de inmediato en televisión ratifica que estaba al mando. En junio de 1961, El Barcelonazo, encabezado por los oficiales L.A. Vivas Ramírez, Massó Perdomo y T. Murillo, arrastra 30 muertes, 50 heridos y 100 detenciones.

El 28 de enero de 1962, la secuela viene con El Guairazo, un levantamiento de mandos medios, cuyas entretelas, según Agustín Blanco Muñoz, dirigen los oficiales Manuel Ponte Rodríguez y Pedro Medina Silva. En mayo de 1962 es El Carupanazo, insurrección comandada por los oficiales R. T. Molina Villegas, Vegas Castejón, Héctor Fleming y líderes de PCV y el MIR, con 50 muertes, 400 heridos y 400 detenidos. En junio 2 es El Porteñazo, encabezado por los mencionados Ponte, Medina, Víctor Hugo Morales y que costó 380 vidas en Carabobo. Según Ramón J. Velásquez, la autoridad de Betancourt era tan contundente que cuando había rumores de golpe, “convocaba” al Alto Mando a Miraflores alrededor de un mesón de comidas y bebidas.

El detalle es que ordenaba no salir del recinto hasta que terminara el conato. La democracia ya está consolidada en los 80, pero el radicalismo se mantiene beligerante. Arturo Sosa SJ y otros intelectuales, descalifican el proceso como “falsa democracia”, un mero “acuerdo de élites”, con un sentido contrario al concepto original de Barrington Moore. A finales de los 80, los antipuntofijismos se reencuentran en la persistencia insurreccional de Uslar Pietri, Marcel Granier, M.H. Otero, Jorge Olavarría, Douglas Bravo, y operadores menores, Pablo Medina, Napoleón Bravo, telenovelistas etc. Estigmatizan la democracia como un simple “populismo clientelar” y “corrupto”.

Un sesgo ideológico-pasional, porque Venezuela es uno de los pocos casos regionales donde el populismo fue marginal hasta comienzo de los 2000, precisamente gracias a la impronta de Betancourt. Hemos examinado Puntofijo como pacto de gobernabilidad pero una segunda aproximación permite verlo como pacto constitucional, que constituye al Estado Democrático de Derecho y Representativo, de los escombros de la dictadura. Nace en 1961 con una constitución moderna, bien escrita, por consenso cuantitativo-cualitativo, de mayorías calificadas-unanimidad en todas las instituciones legislativas. Toma en eso el modelo de la constitución de los EE. UU (1787 y 1789).

Asesoran su elaboración personalidades jurídicas y literarias internacionales. En un tercer sentido, el pacto de Puntofijo crea, decíamos, una democracia consociacional o consensual. Los mecanismos para designar las instituciones decisorias, son pluralistas (elección proporcional), tripartitas y conformadas en confluencia entre el sistema político, empresarios y sindicatos, no como en las anglosajonas de decisión mayoritaria. En este esquema socialdemócrata, se firma el Pacto de Avenimiento Obrero-patronal (24 de abril), entre CTV y Fedecámaras, para enfrentar los problemas salariales y de empleo.

Esa raíz consociacional, explica la Declaración de la XIV Asamblea de Fedecámaras en Barquisimeto (1958), que en medio de la crisis, adhiere plenamente al sistema democrático. En una quinta aproximación, el Pacto de Puntofijo contiene el Programa Mínimo de Gobierno, la plataforma de medidas que Betancourt, Larrazábal y Caldera, desarrollarían, cualquiera que triunfara. Y por último el Pacto, traerá la estrategia económica: industrialización por sustitución de importaciones, reforma agraria, democratización educativa y progresiva apropiación del petróleo y el gas, que en apenas quince años transforma aquel país campesino en moderno y urbano.

@CarlosRaulHer


https://www.eluniversal.com/el-universal/226863/transicion-contra-hecatonquiros

La conjura de los necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. LIBRO GRATIS

 


Escribió una de las novelas más brillantes del siglo XX. Ninguna editorial quiso publicarla.
Se suicidó sin verla impresa.
Once años después ganó el Pulitzer.
John Kennedy Toole escribió La conjura de los necios en 1962, cuando tenía 24 años. Pasó los siguientes años enviando el manuscrito a todas las editoriales que pudo. Una tras otra, todas lo rechazaron. Sin explicaciones de peso. Sin reconocer lo que tenían en las manos.
A los 31 años, sin haber conseguido publicarlo, se suic*dó. Y ahí podría haber terminado todo. Un escritor más que el sistema trituró en silencio. Un manuscrito más en un cajón.
Pero entonces entró su madre.Thelma Toole tomó el manuscrito de su hijo y siguió pateando puertas durante años. Hasta que logró que la Universidad Estatal de Luisiana lo editara. La conjura de los necios provocó un sismo en la crítica, ganó el Premio Pulitzer en 1981 y se convirtió en libro de culto de muchas generaciones.
La madre de John Kennedy se hizo millonaria, aunque el dinero nunca pudo pagar su enorme pena.
Hay algo que esta historia revela sobre la industria editorial que nadie quiere decir en voz alta. Las editoriales no buscan los mejores libros. Buscan los libros más seguros. Los que encajan en lo que ya funcionó antes. Los que no incomodan demasiado. Los que tienen un autor con plataforma, con contactos, con cara conocida.
Al joven García Márquez, cuando envió su primer manuscrito a la Editorial Losada de Buenos Aires, el editor le respondió en carta que se dedicara a cualquier otro oficio diferente de la literatura.
Al mismo Rulfo, mientras escribía Pedro Páramo, sus propios compañeros de taller le decían que no tenía hilo conductor y que no iba a ninguna parte.
Los editores que rechazaron a Toole, a García Márquez y a Rulfo no eran malvados. Eran personas tomando decisiones de negocio con miedo a equivocarse.
El problema es que ese miedo tiene consecuencias reales. Un escritor de 31 años que no pudo aguantar más. Un cajón cerrado. Una madre que tuvo que pelear sola por la obra de su hijo muerto.
La próxima vez que una editorial rechace algo, recuerda que los editores ya rechazaron a Proust, a Joyce, a Kafka, a Rulfo y a Toole. Su criterio no es infalible. Nunca lo fue.

Fuente: ARTE, HISTORIA, FILOSOFÍA, CINE, LITERATURA Y OTROS MENESTERES

La conjura de los necios

La conjura de los necios
 
   
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La conjura de los necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia. Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistral Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria. El autor, John K. Toole, consigue una crítica clase media. Logra mantener el interés del lector (incluso mayor en una segunda lectura que en la primera) con un abanico de personajes a cuál más desagradable. No deja títere con cabeza y, a través de la tortuosa y enrevesada personalidad de Ignatius, da un repaso a la época que le tocó vivir en un tono de burla que contrasta con la triste visión de las vidas de los personajes retratados. No encontramos únicamente una loca y angustiosa historia de crítica social, sino que el argumento engancha desde el comienzo. Momento en el que, como dice su protagonista, Fortuna hace girar su rueda hacia abajo y nunca sabemos cual es la desagradable sorpresa que nos depara el destino. A partir de aquí, unas situaciones enganchan con otras, al igual que lo van haciendo los personajes, y se va formando una enorme bola de nieve que terminará estallando al final de la novela. Tras terminar La onjura de los necios, a sus 32 años, el autor intentó infructuosamente que la publicasen. Ello derivó en una profunda depresión que le condujo al suicidio. Gracias a la tenacidad e insistencia de su madre hoy podemos disfrutar de esta deliciosa obra galardonada con el Premio Pulitzer. También podemos encontrar publicada La Biblia De Neón, novela escrita cuando el autor tenía 16 años.