Las sentencias de la “derecha” y la “izquierda” (sic) contra Betancourt, cubren la década de los 60 de violencia. Para la primera, heredera del gomecismo, Betancourt es comunista (el término AD-CO viene de ahí)
22/02/2026
Producto de una persistente campaña de descrédito, se piensa que el Pacto de Puntofijo fue un mero arreglo burocrático entre Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (COPEI) para repartirse el poder a partir de 1959. Pero la coalición es apenas el tronco de una complejísima arboladura de acuerdos políticos sociales y económicos de gobernabilidad que permite a Betancourt superar un ciclo de máxima convulsión. Se crea lo que Arendt Lijphart (Patterns of Democracy: 1989) llama democracia consociacional, distinta de las democracias mayoritarias anglosajonas, que basa el nuevo proyecto de país en consensos estratégicos.
El quinquenio de Betancourt (59-64) transcurre en medio de una polimorfa crisis política que él derrota. A los golpes militares comentados más adelante, se añaden dos terremotos en AD: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria se separa en 1960 y se levanta en armas (aliado con el PCV). Y URD, controlado por la izquierda, se retira de la coalición y la pone en jaque. Luego vendrá la segunda fractura de AD, llamada ARS (o AD-Oposición). Una de las consignas contra Betancourt era “…este gobiernito”, en anuncio de su “debilidad” frente a tales turbulencias.
Las sentencias de la “derecha” y la “izquierda” (sic) contra Betancourt, cubren la década de los 60 de violencia. Para la primera, heredera del gomecismo, Betancourt es comunista (el término AD-CO viene de ahí). Ciertamente AD, URD, y en menor grado Copei, estaban influidos hasta la médula por el radicalismo revolucionario, pero Betancourt producía el antígeno gradualista. La “izquierda”, en contrario, asume esto como una traición “a la revolución”, y lo denuncian como “agente de la CIA” por antisoviético. Desde muy joven, en el Plan de Barranquilla, es socialdemócrata, y cuestiona la URSS, el stalinismo y los “procesos de Moscú”. Se esfuerza por acuerdos, porque conoce la precariedad militar del “experimento democrático”.
Los jóvenes de AD (Moleiro, Martín, Pérez Marcano) se habían forjado en la lucha clandestina con sus compañeros comunistas, socialcristianos y urredistas en la Junta Patriótica. El PCV y el MIR en 1960 apuntan a “acelerar” la tensión entre perezjimenistas, izquierda y demócratas en las FF. AA, con una estrategia basculante entre putchismo y foquismo guerrillero. Durante el quinquenio de Betancourt izquierda y derecha encabezaron dos decenas de conatos o golpes militares. El general José María Castro León, nieto de Cipriano Castro, había sido jefe de la conspiración del 23 de enero y no Larrazábal, quien lo expulsa en 1958 por intentar derrocarlo, y comienzan los golpes militares. En 1961 Argimiro Gabaldón propone crear también frentes guerrilleros.
En abril de 1960, Castro León emprende una invasión por Cúcuta y apoyado en el dictador dominicano “Chapita” Trujillo, toma San Cristóbal por un día, al comienzo de “la década de la violencia”. El 24 de junio de 1960 es el atentado contra el presidente Betancourt en Los Próceres, también promovido por “Chapita”, donde muere el jefe de la Casa Militar. El presidente queda herido, con pérdida parcial de la vista y el oído, pero de inmediato en televisión ratifica que estaba al mando. En junio de 1961, El Barcelonazo, encabezado por los oficiales L.A. Vivas Ramírez, Massó Perdomo y T. Murillo, arrastra 30 muertes, 50 heridos y 100 detenciones.
El 28 de enero de 1962, la secuela viene con El Guairazo, un levantamiento de mandos medios, cuyas entretelas, según Agustín Blanco Muñoz, dirigen los oficiales Manuel Ponte Rodríguez y Pedro Medina Silva. En mayo de 1962 es El Carupanazo, insurrección comandada por los oficiales R. T. Molina Villegas, Vegas Castejón, Héctor Fleming y líderes de PCV y el MIR, con 50 muertes, 400 heridos y 400 detenidos. En junio 2 es El Porteñazo, encabezado por los mencionados Ponte, Medina, Víctor Hugo Morales y que costó 380 vidas en Carabobo. Según Ramón J. Velásquez, la autoridad de Betancourt era tan contundente que cuando había rumores de golpe, “convocaba” al Alto Mando a Miraflores alrededor de un mesón de comidas y bebidas.
El detalle es que ordenaba no salir del recinto hasta que terminara el conato. La democracia ya está consolidada en los 80, pero el radicalismo se mantiene beligerante. Arturo Sosa SJ y otros intelectuales, descalifican el proceso como “falsa democracia”, un mero “acuerdo de élites”, con un sentido contrario al concepto original de Barrington Moore. A finales de los 80, los antipuntofijismos se reencuentran en la persistencia insurreccional de Uslar Pietri, Marcel Granier, M.H. Otero, Jorge Olavarría, Douglas Bravo, y operadores menores, Pablo Medina, Napoleón Bravo, telenovelistas etc. Estigmatizan la democracia como un simple “populismo clientelar” y “corrupto”.
Un sesgo ideológico-pasional, porque Venezuela es uno de los pocos casos regionales donde el populismo fue marginal hasta comienzo de los 2000, precisamente gracias a la impronta de Betancourt. Hemos examinado Puntofijo como pacto de gobernabilidad pero una segunda aproximación permite verlo como pacto constitucional, que constituye al Estado Democrático de Derecho y Representativo, de los escombros de la dictadura. Nace en 1961 con una constitución moderna, bien escrita, por consenso cuantitativo-cualitativo, de mayorías calificadas-unanimidad en todas las instituciones legislativas. Toma en eso el modelo de la constitución de los EE. UU (1787 y 1789).
Asesoran su elaboración personalidades jurídicas y literarias internacionales. En un tercer sentido, el pacto de Puntofijo crea, decíamos, una democracia consociacional o consensual. Los mecanismos para designar las instituciones decisorias, son pluralistas (elección proporcional), tripartitas y conformadas en confluencia entre el sistema político, empresarios y sindicatos, no como en las anglosajonas de decisión mayoritaria. En este esquema socialdemócrata, se firma el Pacto de Avenimiento Obrero-patronal (24 de abril), entre CTV y Fedecámaras, para enfrentar los problemas salariales y de empleo.
Esa raíz consociacional, explica la Declaración de la XIV Asamblea de Fedecámaras en Barquisimeto (1958), que en medio de la crisis, adhiere plenamente al sistema democrático. En una quinta aproximación, el Pacto de Puntofijo contiene el Programa Mínimo de Gobierno, la plataforma de medidas que Betancourt, Larrazábal y Caldera, desarrollarían, cualquiera que triunfara. Y por último el Pacto, traerá la estrategia económica: industrialización por sustitución de importaciones, reforma agraria, democratización educativa y progresiva apropiación del petróleo y el gas, que en apenas quince años transforma aquel país campesino en moderno y urbano.
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