
La continuidad de la fe: la religión
PRINCIPALES RELIGIONES DEL MUNDO
Animismo
Derivado de la palabra latina «animus», que significa «espíritu», el Animismo declara que todos los seres, objetos y fenómenos naturales tienen alma. Muchos consideran que el Animismo fue la primera religión y hoy en día aún se cree en ella, sobre todo el África, Sudamérica y partes de Asia. Se pueden discernir huellas de Animismo en muchas de las religiones «avanzadas» de nuestros tiempos.
Las creencias y formas de culto varían enormemente en cada lugar y en cada tribu.
Judaísmo
El Judaísmo, la religión de los judíos, es la más antigua de las religiones monoteístas (un solo Dios) y tanto el Cristianismo como el Islam se basan en sus principales dogmas. Las palabras «Judaísmo» y «Judío» vienen de «Judah», el antiguo reino de los judíos, situado en el sur de Palestina.
El Judaísmo fue fundado por Abraham quien acordó con Dios que él y sus descendientes, propagarían la doctrina de que sólo existe un Dios. En contrapartida, Dios prometió a Abraham la tierra de Canaan (Israel) para sus descendientes.
Los judíos se convirtieron por primera vez en nación en el siglo XIII a.C., cuando el profeta Moisés les envió fuera de Egipto, donde habían sido esclavos, hacia la tierra de Canaan. Desde aquel tiempo, el Judaísmo ha tenido que luchar para sobrevivir. Los judíos fueron prisioneros de los babilonios del 586 a.C. hasta el 5 37 a.C. y en el año 70 de nuestra Era, Jerusalén fue destruida por el ejército romano y los judíos fueron masacrados o bien dispersados. En los tiempos modernos, los judíos han recibido trato parecido a manos de los rusos, a finales del XVIII y principios del XIX, y de los alemanes entre 1930 y 1940. Sin embargo, en el año 1948 la nación de Israel fue restablecida. En la actualidad hay unos quince millones de judíos, esparcidos por todo el mundo; una tercera parte de ellos habita en los Estados Unidos, Israel y la Unión Soviética.
Los puntos básicos de la doctrina judaica son el amor por la sabiduría (en otros tiempos, en el primer día de escuela, a los niños se les daban pastelitos en forma de letras del abecedario, de modo que asociasen el aprender con la idea de cosa dulce, agradable); la adoración de Dios, basada en el amor, y no en el miedo; y la ejecución de buenas obras hechas de todo corazón, sin esperar recompensas.
El judaísmo se basa en dos textos fundamentalmente: la Biblia (que en judío significa Antiguo Testamento) y el Talmud, compendio de leyes, tradiciones, poesías, anécdotas, biografías y profecías de los antiguos judíos.
Hinduismo
La palabra «hinduismo» viene de «hindú», nombre de la India en el antiguo idioma persa. Describe el culto y las creencias, tanto religiosas como sociales, que el pueblo indio ha desarrollado durante más de cincuenta centurias. Uno de los elementos más distintivos del hinduismo es el sistema de castas. Históricamente, la India tiene cuatro castas principales o divisiones de la sociedad, cada una de ellas creada de partes anatómicas diferentes de Brahma, un Ser Infinito, que impregna toda realidad. La casta más elevada es la de los brahmanes, originados de la cara de Brahma; forman una casta de sacerdotes o intelectuales. La segunda casta, la de los Kshatriyas, fue creada a partir de los brazos de Brahma. Son los dirigentes y guerreros y gozan de los mismos privilegios que los brahmanes. El tercer grupo, el de los Vaysas, salió de las pantorrillas de Brahma. Son granjeros, artesanos y mercaderes. Los Sudras salieron de sus pies y su deber es servir a las tres castas que están sobre ellos. Mucho más abajo de las cuatro castas, se encuentran los parias o «intocables». Mahatma Gandhi rebautizó a los parias con el nombre de Harijans o «Hijos de Dios».
Aunque toda persona permanezca ligada a su casta durante su vida terrenal, no ocurre así en la eternidad. Los hindús creen que al morir el individuo, el alma se reencarna en una nueva vida; que ésta sea mejor o peor que la precedente depende del karma, que en sánscrito significa «trabajo» o «acción». El dogma del karma tiene su contrapartida en las religiones judeo-cristianas, expresado en la cita bíblica «Lo que el hombre siembre, aquello recogerá».
El Hinduismo es rico en sagradas escrituras tales como: l.° — los «Vedas», que datan del 2500 a.C., en dónde están incluidos los «Upanishads» («doctrina secreta»), que aportan la base para el desarrollo del hinduismo filosófico moderno, y 2.° — el «Mahabharata», que incluye el «Bhagavad-Gita», o «cantar del Señor», poema dramático en el cual se habla del asesinato, la salvación y la fidelidad.
Tres deidades dominan el Hinduismo popular: Brahma el Creador, Vishnu el Conservador, y Siva (shiva) el Destructor. Otros dioses populares son Kali, diosa de la muerte, esposa de Siva; Krhisna, dios del amor, encarnación de Vishnu; y Lakshmi, que trae buena suerte.
Actualmente, quinientos millones de hindús se agrupan bajo innumerables sectas y escuelas. Las diversas escuelas de Yoga («unión» en sánscrito) ejercen gran influencia en los países occidentales. Basado en los «Sutras» de Patanjali (s. II a.C.), el Yoga tiene como objetivo la liberación del individuo y la unión con Brahma.
Zoroastrismo
Religión de la antigua Persia que aún persiste en pequeña escala en la India y el Irán. Fue fundada por Zoroastro (Zarathustra en persa), quien a los 30 años empezó a tener una serie de revelaciones que lo llevaron a predicar la nueva fe. Una vez convertido el rey Vishtaspa, esta religión se expandió rápidamente, convirtiéndose en la oficial de la nación persa en el año 226 d.C. El surgimiento del Islam la eclipsó y actualmente existen menos de 200.000 personas practicantes del Zoroastrismo.
Taoísmo
Según la tradición China, el fundador del Taoísmo fue Lao-tzé («viejo maestro» o «viejo filósofo» en lengua china), quien vivió en el s. YI a.C. en la Provincia de Hona. Se llamaba Li Erh y fue astrólogo y bibliotecario en la corte de la dinastía Chou. La tradición cuenta que sostuvo una entrevista con Confucio, a quien criticó por su egoísmo y orgullo.
El texto principal del Taoísmo es el Tao-te-Ching, un libro de hermosa sencillez supuestamente escrito por Lao-tzé. Enseña que la paz sólo puede alcanzarse mediante el cultivo del optimismo, la humildad, la quietud y la calma interior. La vida ideal es simple y natural y la persona sensata tiende a llevar el ritmo tranquilo y sereno del universo.
El Taoísmo moderno se aparta bastante de las enseñanzas de Lao-tzé, habiendo acumulado una elaborada gama de dioses y ritos. Es difícil estimar cuántos individuos siguen esta religión en nuestro tiempo, ya que los comunistas prohibieron oficialmente el taoísmo cuando tomaron el poder en China, en el año 1949. Se cree que su número oscila entre treinta y cincuenta y cinco millones de seguidores.
Budismo
El Budismo es a la vez una filosofía ética y una religión que deriva de las enseñanzas de Gautama Buddha, en sánscrito, significa «el iluminado», nombre que se dio por primera vez a un filósofo indio llamado Siddhartha (563-483 a.C.) cuyo apellido era Gautama. Buddha nació al pie del Himalaya, en Lumbini, en la parte sur del Nepal. Era hijo de una rajá del clan Sakya y miembro de la segunda casta hindú, la de los Kshatriyas (guerreros y gobernantes). Se le profetizó que se convertiría en un Maestro o un gobernante de renombre universal. Para evitar que se convirtiera en Maestro, su padre le apartó de toda experiencia que le revelara la miseria del mundo. Sin embargo, a los 29 años, Buddha alcanzó a ver, en el parque real, a un cadáver, a un enfermo, a un anciano y a un monje vestido con una túnica amarilla que pedía caridad con un cuenco. Los tres primeros le revelaron la miseria del mundo, mientras que la paz del mendigo le sugirió un objetivo ideal para su vida. Abandonando a su mujer, a su hijo y a su herencia principesca, se convirtió en un ermitaño que deambulaba en busca de la iluminación interior.
Durante varios años, Buddha buscó sin encontrar. Por fin, se sentó bajo una higuera silvestre y decidió no moverse de allí hasta lograr entender la miseria humana. Pasó 49 días allí sentado venciendo las tentaciones de la Malvada Mara. Al cabo de este tiempo, alcanzó el nirvana, o la iluminación, al comprender que todo sufrimiento es el resultado del deseo y que superar el deseo hace cesar el sufrimiento. Predicó ese nuevo evangelio durante el resto de su vida, muriendo a la edad de 80 años.
Buddha enseñó una forma de vida a la que llamó el Sendero Intermedio porque evita los extremos de auto-negación y auto-complacencia. El objetivo del Budismo es alcanzar el nirvana, que en sánscrito significa «apagón». En el nirvana, la pasión, el deseo y el ego se apagan y el individuo alcanza el fin del sufrimiento —la serenidad de la extinción de lo externo.
El Budismo, en su forma primitiva, era una religión democrática c individualista en la que la salvación podía alcanzarse directamente, sin necesidad de intermediarios tales como dioses y sacerdotes. Sin embargo, al propagarse, le ocurrió lo mismo que a muchas religiones, se fue pareciendo cada vez más a las religiones que reemplazaba y Buddha, que era ateo, fue adorado como a un dios, rodeado de otros dioses y entronizado por una elaborada estructura de órdenes monásticas y sacerdotales, con templos y ritos.
Las dos escuelas principales de Budismo son Hinayana («el vehículo ínfimo») y Mahayana («el vehículo supremo»). Hinayana —o Theravada («la doctrina de los mayores»), nombre con el que también se la conoce— sostiene que cada individuo es responsable de su propia salvación. Esta escuela está extendida por Burma, Cambodia, Tailandia y Ceilán.
Mahayana, por el contrario, mantiene la teoría de la salvación universal, indicando que todos los seres se hallan unidos. Se arraigó en China, extendiéndose a Corea y Japón. De esta escuela se derivan una serie de sectas como Nichiren, Lamaísmo y Zen.
Nichiren es un fenómeno nativo del Japón. La secta fue fundada por Nichiren (1222-1282) cuando en el Japón gobernaban unos señores feudales. Adaptó el Budismo al culto guerrero Bushido, declarando que el estado y la religión deberían formar un solo cuerpo. El Lamaísmo, la religión del Tíbet y de las regiones circundantes, fundió las enseñanzas del Mahayana con el culto al demonio de los nativos con las prácticas eróticas del Tantrismo.
El Budismo Zen fue llevado a China desde la India, en el siglo VI, por el filósofo Bodhidharma. Esta doctrina da mucha importancia a la auto-confianza y a la meditación y busca sustituir el conocimiento intuitivo por el intelectual y la lógica. Su objetivo es adiestrar la mente para que vaya más allá de los límites del pensamiento, pasando del pensar al conocer.
Actualmente son cerca de 250 millones los budistas esparcidos por el mundo, pero la mayoría de ellos radican en Asia.
Cristianismo
Se considera que Jesucristo (4 a.C.-29 d.C.) fue el inspirador del cristianismo, aunque la palabra «cristiano» no se usaba cuando él se encuentra en el Nuevo Testamento, especialmente en los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y en los Actos de los Apóstoles. La arqueología bíblica no ha dado pruebas indiscutibles de su existencia, pero los historiadores no cristianos de aquellos tiempos, entre ellos Suetonio, Tácito y Josefo, mencionan a Jesucristo al referirse al movimiento cristiano que estaba naciendo. En realidad su nombre era Joshua, que en hebreo significa «Jehovah es la salvación»; Jesús es la traducción al griego de Joshua. Cristo viene de una palabra griega que significa «el ungido», y es la traducción de la palabra hebrea «Mesías».
Jesús nació en Belén de Judea y fue hijo de un carpintero, José, y de su esposa María. Según el Nuevo Testamento, su nacimiento fue anunciado por el arcángel Gabriel a la madre y tuvo un carácter milagroso. A los 30 años, Jesús fue bautizado por Juan Bautista y empezó su misión religiosa. Durante tres años predicó una doctrina basada en la caridad, el amor al prójimo y el arrepentimiento, prometiendo la salvación a los que en él creyesen. Se cuenta que durante su ministerio hizo varios milagros. Declaraba que era el Hijo de Dios y el Salvador de los judíos que habían anunciado los profetas hebreos, lo que le enemistó con los dirigentes del pueblo judío. Acusado de sedición y otros crímenes contra el estado, fue juzgado por Poncio Pilatos, el procurador romano de Judea, y fue sentenciado a morir crucificado. Sus discípulos señalan que resucitó al tercer día y se les apareció antes de ascender a los cielos. (Ver también Hitos en la Historia del Mundo, cap. 8.)
El Cristianismo, que fue primero una pequeña secta de palestinos judíos, se expandió por todo el Imperio Romano. Los cristianos fueron perseguidos durante casi 300 años por negarse a adorar al emperador romano como si fuera un dios. Al convertirse al Cristianismo el emperador Constantino en el año 312, la secta cristiana fue reconocida y tuvo libertad de practicar abiertamente sus creencias. A medida que sus miembros aumentaron en número, la Iglesia se vio desgarrada por controversias teológicas. Cuando surgieron diversas diferencias entre la Iglesia de Roma y el Patriarcado de Constantinopla, el Papa excomulgó al Patriarca (1054); las iglesias ortodoxas orientales datan de esa fecha. Quinientos años después, la Reforma Protestante, que fue un intento de reformar la Iglesia Romana, dio paso a otra división y a la creación, en consecuencia de más de 250 sectas de protestantes. Más de 200 de esas sectas están radicadas en los Estados Unidos.
En el siglo XIX se intentó, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, agrupar todas las iglesias protestantes del mundo. Dicho intento culminó con el movimiento ecuménico de nuestro siglo, cuyo objetivo más preciado es congregar en una a todas las iglesias cristianas. El Consejo Mundial de las Iglesias, organizado en Ámsterdam en 1948, logró un entendimiento fraterno entre más de 260 sectas ortodoxas y protestantes, con más de 400 millones de miembros, que actúan conjuntamente en asuntos de interés común. A pesar de no ser miembro del Consejo, la Iglesia Católica Romana colabora en algunas actividades.
El Cristianismo tiene actualmente más de mil millones de seguidores.
Catolicismo Romano
El Catolicismo Romano, que reconoce al Obispo de Roma, o Papa, como su cabeza visible, es la rama mayor de toda la cristiandad. Los orígenes de esta religión son los mismos que los del Cristianismo. Al paso de los siglos, la Iglesia adquirió gran cantidad de riquezas y vastas tierras en varios países de Europa, lo que provocó la envidia de gobernantes y dirigentes. Una lucha de más de 900 años comenzó cuando reyes y emperadores reclamaron el derecho a opinar sobre la designación de los obispos, a lo que los Papas se opusieron amenazándoles con la excomunión.
Durante el Renacimiento, la Iglesia fue acusada de extravagante y corrupta y de no hacer lo que predicaba. En toda Europa, se esparció una revolución teológica que dio nacimiento a las iglesias protestantes. A través de los siglos, el poder de la Iglesia se vio debilitado hasta que, en 1929, Benito Mussolini hizo las paces con la Iglesia, estableció el Catolicismo Romano como religión estatal de Italia y concedió al Papa la Ciudad del Vaticano.
Los católicos romanos creen que su religión es la única verdadera. Un buen católico es el que acepta las enseñanzas de Cristo reveladas en la Biblia, las leyes de la Iglesia y las encíclicas de los Papas (según el dogma de la infalibilidad papal de 1870, el Papa nunca puede caer en error en asuntos relativos a la fe y a la moral, cuando habla como cabeza de la Iglesia). Los católicos romanos creen en la Trinidad, manteniendo que sólo hay un Dios en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que son distintos uno del otro pero iguales a la vez. Según la doctrina del pecado original, Adán desobedeció a Dios en el Paraíso y todos sus descendientes llevan el estigma de ese pecado. Cristo vino a la Tierra para redimir a la Humanidad, sacrificándose en la Cruz. La bula pontificia (declaración oficial) de 1950 declaró dogma de fe que María, la madre de Cristo, ascendió en cuerpo y alma a los cielos.
Los católicos mantienen que el alma es inmortal. Después de morirse, cada hombre y cada mujer irán al cielo o al infierno, según los méritos que hicieron en vida y su obediencia a las leyes divinas. Antes de entrar en el cielo, muchas almas deben pasar algún tiempo en el purgatorio hasta alcanzar la pureza. Cristo vendrá a la Tierra por segunda vez y entonces todos los humanos resucitarán y Cristo se sentará entre ellos y les juzgará.
La Iglesia Católica Romana tiene más de 550 millones de fieles.
Iglesia Copta
Una controversia teológica del siglo V desembocó en la creación de la Iglesia Copta, iglesia cristiana originaria de Egipto. La Iglesia Católica declaraba que en Cristo hay dos naturalezas, una humana y otra divina. Los Coptos sostenían que Cristo tenía una sola naturaleza: la divina. Declarados herejes por la Iglesia de Roma, siguieron con sus propias creencias. Cerca de un millón de personas pertenecen a la Iglesia Copta, constituyendo alrededor de un 60% de todos los cristianos egipcios.
Ortodoxia Oriental
Las Iglesias Ortodoxas Orientales, vieron la luz como resultado de grandes diferencias teológicas, políticas y culturales con la Iglesia de Roma. La Iglesia Bizantina, la rama de la Iglesia Católica presidida por el Patriarca de Constantinopla, estaba en grave desacuerdo con los Papas respecto al uso de iconos; Roma favorecía el uso de imágenes para adoración, mientras que Constantinopla se oponía a ello (y sigue aún con el mismo criterio en lo que respecta a estatuas). Con el Papa Nicolás I, en el siglo IX, Roma sostuvo su posición soberana sobre todas las iglesias, pero el Patriarca insistió en el hecho de que tanto él como los jefes de sus principales divisiones —los Patriarcas de Siria, Antioquía y Jerusalén— tenían jurisdicción en su propio territorio. Sin embargo, el mayor motivo de irritación para los Bizantinos fue tal vez que el Papa coronó a Carlo- magno como Emperador del Oeste, en el año 800, en tanto que el emperador tradicional romano estaba reinando en Constantinopla. En el siglo XI las desavenencias entre el Este y el Oeste se desataron con renovada virulencia y el Papa León IX excomulgó al Patriarca Miguel Cerulario, en el año 1054. La ruptura fue mayor aun cuando los Cruzados tomaron Constantinopla en 1204, saquearon la Catedral de Santa Sofía, confiscaron los edificios pertenecientes a la iglesia y trataron de convertir a la fe romana a los ortodoxos.
Las Iglesias Ortodoxas Orientales tienen en común la creencia en la Trinidad, la naturaleza humana y divina de Cristo y otros dogmas establecidos por los primeros siete concilios de la iglesia, que tuvieron lugar entre el 325 d.C. y el 787 d.C. No obstante, la Comunión Oriental no acepta los más recientes dogmas católicos, entre ellos la infalibilidad del Papa y la Inmaculada Concepción, aunque reverencian a María como Madre de Cristo. Contrariamente a la creencia de los católicos romanos que afirman que el Espíritu Santo proviene de Dios y de Cristo, los ortodoxos creen que sólo proviene de Dios. Otras doctrinas ortodoxas no reconocidas por los católicos mantienen que Cristo es cabeza única de la Iglesia, que su autoridad está repartida entre sus miembros, «entre la totalidad del pueblo de Dios». La salvación sólo puede alcanzarse a través de la Iglesia, de buenas obras y de fe en Cristo. El cielo y el infierno son considerados como lugares existentes en la realidad.
La Comunión Oriental incluye, además de los Patriarcados de Constantinopla, Jerusalén, Antioquía y Alejandría (que cuentan con un pequeño número de fieles), las iglesias nacionales de Grecia, Rusia, Rumania, Chipre, Yugoslavia, Albania, Bulgaria, Georgia y Checoslovaquia. En América, los fieles de ese credo alcanzan los cuatro millones, siendo la mayoría ortodoxos griegos. Los fieles de las Iglesias Ortodoxas Orientales en todo el mundo suman alrededor de cien millones de personas.
Luteranismo
El Luteranismo, que es la rama mayor de la iglesia protestante, surgió a partir de las enseñanzas de Martín Lutero (1483-1546), un sacerdote protestante. Fue primero un monje asceta católico y luego profesor de teología. Después de estudiar las Escrituras, se convenció de que la salvación se obtenía a través de la gracia de Dios, y no por mediación de los sacerdotes. Ese principio entró en conflicto con la práctica fundamental de la Iglesia de vender indulgencias que redimían los pecados del que las compraba. Lutero atacó esa costumbre en sus 96 Tesis (1517) y al negarse a retirar sus acusaciones fue excomulgado (1521). (Ver también «Hitos de la Historia Universal».)
Ya desde el principio, Lutero y sus seguidores estuvieron en conflicto con Roma y sus fieles. Ello originó una lucha cruenta: de 1618 a 1648 los príncipes católicos y protestantes se enzarzaron en luchas religiosas y territoriales, a las que se denomina la Guerra de los Treinta Años, que asoló a toda Alemania.
El término «luterano» se empleó por primera vez como reproche en una bula pontificia. Lutero quiso llamar «evangelista» a su iglesia.
El principio luterano básico es la «justificación por la fe» que la fe en Dios, y no las buenas obras del hombre, conducen a la salvación. Si la gente tiene fe en Cristo, se arrepiente de sus pecados, estudia las Escrituras y recibe los sacramentos, su corazón cambiará y llevarán una verdadera vida cristiana. La Biblia es la única guía de los luteranos; aunque ordenan ministro de su religión, creen no obstante que cada persona es un sacerdote y que puede llegar a Dios directamente. Aceptan la Trinidad y el nacimiento virginal de Cristo.
Ochenta millones de personas son luteranas, perteneciendo a esta religión casi la mitad de la población de Alemania. Es la religión oficial de Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia, donde recibe ayuda del estado. En los Estados Unidos, los luteranos son más de ocho millones.
Anglicanismo
El Anglicanismo es una rama protestante del Cristianismo cuyas iglesias, esparcidas por el mundo, tienen el mismo culto que la Iglesia de Inglaterra. Los fieles americanos denominan su religión Iglesia Episcopal o Iglesia Episcopal Protestante. El término «Anglicanismo» viene de la palabra romana correspondiente a «inglés»; «Episcopal», proviene de «episkopos»; palabra griega cuyo significado es «obispo».
El Anglicanismo se creó cuando el rey Enrique VIH (1497-1547) declaró que sería el rey, y no el Papa, la cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. Aunque Enrique tomó esa decisión porque deseaba anular su matrimonio con Catalina de Aragón y el Papa se negó a anulárselo, la ruptura con Roma se produjo en realidad como culminación de más de cien años de protestas del pueblo inglés en contra de la autoridad del Papa y de la enorme carga económica que representaba el mantener a la Iglesia. Se nombró cabeza de la Iglesia de Inglaterra al Arzobispo de Canterbury quien preparó un libro de plegarias y estableció las bases de la doctrina (los 39 Artículos).
El Anglicanismo fue introducido en América en Jamestown, estado de Virginia, en el año 1607 y además muchos de los Padres Fundadores de los Estados Unidos fueron episcopalianos. El Anglicanismo, también denominado «iglesia puente» está de acuerdo con el Catolicismo Romano en la mayoría de los casos, pero al igual que otros grupos protestantes, niegan la autoridad de los Papas. Creen que la Biblia es la máxima declaración religiosa pero que no debe ser siempre interpretada literalmente. En general, los episcopalianos no creen en un cielo o en un infierno físicos y mantienen que Dios, después del Juicio Final, creará de nuevo al hombre con un «cuerpo espiritual»; no obstante, existen desavenencias entre los fieles en cuanto a la doctrina.
El Anglicanismo cuenta con 65 millones de fieles esparcidos por el mundo entero; en los Estados Unidos son más de tres millones.
Presbiterianismo
Esta religión fue inspirada en las enseñanzas del reformador protestante suizo Juan Calvino (1509-1564), quien creó un movimiento que se extendió por Francia, Alemania y otros países de Europa. La Iglesia Reformada nació como respuesta a su mensaje. El fogoso John Knox (1505?-1572), amigo de Calvino, introdujo la doctrina en Escocia. Cuando los puritanos llegaron al poder en Inglaterra, en el siglo XVII, los presbiterianos eran la facción más importante dentro del puritanismo.
El Presbiterianismo fue introducido en América por la iglesia reformada holandesa, en Nueva Ámsterdam y por los ingleses puritanos en Nueva Inglaterra. Gran número de emigrantes escoceses esparcieron la fe en las Colonias; en tiempos de la Revolución, los presbiterianos formaban un elemento importante en América.
La Confesión de Westminster (1645-1647), la declaración más famosa de la iglesia calvinista, es la base del credo presbiteriano. Los presbiterianos creen que las Escrituras son «la única regla infalible de fe y práctica». También creen en la Trinidad y en la existencia de cielo e infierno. La predestinación (que mantiene que Dios, y no el individuo, determina el destino del hombre), dogma calvinista antaño importante, se ha dejado de enfatizar. El gobierno de la iglesia es democrático. Cada iglesia está gobernada por una «sesión» que consiste en un «maestro» (un ministro ordenado) y unos «dignatarios» (miembros elegidos por la congregación). Se estiman en unos cuarenta millones los miembros de la Iglesia Presbiteriana en el mundo, de los cuales cuatro millones residen en los Estados Unidos. En Escocia, el Presbiterianismo es la religión oficial.
Baptistas
Es el grupo cristiano no-católico mayor en los Estados Unidos. Declaran que sólo los creyentes pueden ser bautizados (y no los niños) y que el bautismo debe ser administrado por inmersión (en vez de aspersión).
La Iglesia Baptista no tiene un fundador reconocido. Algunos buscan el origen directamente en Juan Bautista, otros de los Anabaptistas europeos del siglo XVI. Los primeros baptistas estaban divididos en dos grupos: los baptistas generales, que creían que Dios murió por todos los hombres, y los baptistas particulares, que sostenían la teoría calvinista de que Dios murió sólo por los elegidos. En 1608, un grupo de puritanos ingleses, escapando de la persecución a la que eran sometidos, se establecieron en Ámsterdam y fundaron la primera iglesia baptista. En el año 1611, algunos miembros de esa congregación volvieron a Inglaterra y establecieron allí la primera iglesia baptista inglesa. En los Estados Unidos, la primera iglesia baptista fue establecida por Roger Williams en Providence, estado de Rhode Island, en el año 1639, después de haber sido expulsado de la Colonia de la Bahía de Massachusetts.
Los baptistas manifiestan que la Biblia es la máxima autoridad en lo que respecta a la fe. Muchos son fundamentalistas: aceptan la Biblia como verdad indiscutible. Muchos creen que cielo e infierno existen realmente y que habrá una resurrección física de los muertos el día del Juicio Final. En general, admiten la Trinidad y el nacimiento virginal de Cristo. Según ellos, el individuo se salva por su fe en Cristo y por la gracia de Dios.
Alrededor de un 4/5 de los treinta y cinco millones de baptistas del mundo viven en los Estados Unidos.
Metodismo
Esta doctrina nació en Inglaterra a partir de las enseñanzas de un clérigo anglicano, John Wesley (1703-1791). La palabra «metodismo» fue originalmente empleada en son de mofa, burlándose del modo metódico con que Wesley y sus seguidores estudiaban y cumplían con sus deberes religiosos.
Wesley tuvo una profunda experiencia religiosa en Londres, en el año 1738: «He sentido que creía en Cristo, y sólo en El, para lograr la salvación», escribió en su «Diario». Había empezado como predicador evangelista, dando mayor importancia a la conversión y a todo lo sagrado, en vez del formalismo de la Iglesia de Inglaterra. Más tarde, buscó una nueva vida en la fe episcopal. A pesar de que se consideraba un anglicano leal, a menudo le prohibían predicar en iglesias anglicanas. A fines del siglo XVIII, su movimiento formaba florecientes sociedades en Gran Bretaña y Estados Unidos. Hacia 1850, los metodistas formaban el grupo más importante dentro de los protestantes de los Estados Unidos.
Aunque creen en la Trinidad y tienen el bautismo y la comunión, los metodistas declaran que el amor hacia Dios y la práctica religiosa individual tienen más valor que la doctrina misma. La salvación se alcanza llevando una vida pura, llena de fe y arrepentimiento, y está al alcance de todos. La mayoría cree en el juicio final después de la muerte, por el cual los buenos serán premiados y los malos castigados.
En 1972, el Centro Informativo del Consejo Nacional de las Iglesias llevó a cabo un estudio sobre las acciones bursátiles de iglesias agrupadas en corporaciones que trabajaban con contratos militares; el informe reveló que la Iglesia Metodista Unida tenía acciones por un valor de más de 5 9 millones de dólares. El segundo puesto de la lista de propietarios de acciones lo ocupaba la Iglesia Presbiteriana Unida, y asimismo, todos los grupos protestantes importantes estaban en la lista. El informe declaraba que «la iglesia no ha tenido en cuenta la ética ni la moral en su política inversionista ni en las responsabilidades adquiridas», y señala que varios grupos protestantes colaboraban en la fabricación de armamento para la destrucción masiva humana y del medio ambiente. No obstante, el informe no daba a entender que las iglesias actuaran de manera hipócrita al hacer sus inversiones.
Los metodistas alcanzan, en el mundo, la cifra de 16 millones de personas, de los cuales 1 3 millones viven en los Estados Unidos.
Los Santos de los Últimos Días (mormones)
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más comúnmente denominada Iglesia de los Mormones, fue fundada en los Estados Unidos el año 1830 en Fayetteville, estado de Nueva York. Su sede principal está actualmente radicada en Salt Lake City, estado de Utah.
Dos fueron los personajes que tuvieron papeles destacados en la fundación y desarrollo del mormonismo: Joseph Smith (1805-1844) y Brigham Young (1801-1877).
Smith, que era hijo de un pobre granjero de Nueva Inglaterra, declaró en 1827 que una visión le había hecho excavar hasta encontrar platos de oro con escritos sagrados. Tradujo esos escritos y los publicó bajo el título de «Libro del Mormón». Después de otras revelaciones, afirmó que había sido elegido sacerdote y que iba a fundar una nueva religión. Gran número de personas se le unieron pero la hostilidad de los vecinos fue varias veces obligándole a él y a sus seguidores en ese nuevo movimiento, a seguir avanzando, primero hasta Ohio, luego a Missouri y a Illinois. En el año 1844, después de haber introducido la poligamia en su doctrina, él y su hermano fueron asesinados por una turba de gentes. (Ver también: EE.UU. Año tras año.)
Brigham Young, un pintor y vidriero de Nueva York, fue elegido como cabeza de los mormones al morir Smith. Bajo el mandato de Young, los mormones emigraron hacia el Oeste, de 1846 a 1847, estableciéndose en Salt Lake City. Durante ese período la iglesia floreció y cuando el estado de Utah fue incorporado como Territorio Federal, Young fue el primer gobernador. Este, que siguió promoviendo la poligamia entre los mormones, tenía veintisiete esposas.
Los mormones creen en un universo trascendental, donde el hombre ha sido colocado con el propósito de parecerse a Dios mediante la fe y las buenas obras. Afirman que Dios fue hombre y que los hombres, a su vez, se convertirán en dioses. Creen que la Trinidad está formada por tres personas distintas y respetan el sacramento del bautismo. Dan mucha importancia a la catequización y se abstienen de beber café, té y alcohol.
Los miembros de la iglesia mormona alcanzan la cifra de cuatro millones, un 80% de los cuales reside en los Estados Unidos.
Los Testigos de Jehová
A pesar de tener menos fieles que muchas otras sectas cristianas, los testigos de Jehová son bien conocidos en razón de su enérgico proselitismo.
El movimiento fue fundado por Charles Taze Rusell (1852-1916), un maestro de escuela congregacionista de Allegheny, Pennsylvania. A sus seguidores se les llamó primero Russelistas, pero en el año 1931 se cambió el nombre por el de Testigos de Jehová. Creen que Cristo se convirtió en rey de los cielos en el año 1914 y desterró a Satanás, lo que produjo graves incidentes en la Tierra, cuyo punto culminante fue la Batalla de Armagedón y la destrucción de Satanás. Creen que sólo 144.000 personas irán al cielo en tanto que el resto de la humanidad vivirá en un paraíso en la Tierra. Según ellos, su fe es la única verdadera y el único camino para la salvación. Se niegan a saludar a las banderas y participar en guerras entre naciones.
La secta cuenta hoy en día con casi dos millones de miembros, todos ellos considerados ministros. Un 25% son americanos.
Ciencia Cristiana
La Ciencia Cristiana es un sistema de curación espiritual y una religión basada en los principios enseñados por Mary Baker Eddy (1821-1910). Ésta sufrió un accidente en 1866; experimentando luego una admirable recuperación que, según declaró, fue el resultado de haber leído en el Evangelio de San Mateo como Jesús curaba a los enfermos. En 1875 publicó «Ciencia y Salud con clave para la comprensión de las Escrituras» y cuatro años después fundó la Iglesia de Cristo, o Científica.
Según Eddy, creer en las verdades de la Biblia hace posible la curación de enfermedades del cuerpo. Dios es un espíritu y los humanos creados a imagen suya son también espíritus. La materia no existe, ni la enfermedad; son sólo ilusiones; un individuo puede vencer la enfermedad si su fe es muy fuerte. Lo que se llama «muerte», la Ciencia Cristiana declara que es «sólo un incidente en el sueño de la mortalidad».
Esta iglesia se niega a facilitar la cifra de sus seguidores.
Iglesia Unida de Cristo
Es uno de los grupos protestantes más nuevos de América. Fue creada en 1957 al unirse la Iglesia Evangélica Reformada con el Consejo General de las Iglesias Congregacionales de los Estados Unidos.
La Iglesia Evangélica Reformada fue creada por una previa unión de la Iglesia Reformada y el Sínodo Evangélico de Norteamérica. Ambos grupos derivaban del protestantismo europeo; la doctrina fue llevada a América por los emigrantes suizos y alemanes.
En cambio, el Consejo General de las Iglesias Congregacionales de los Estados Unidos tiene su raíz en el Congregacionismo. Esta doctrina surgió en Inglaterra, en el siglo XVI, dónde se la consideraba como movimiento separatista porque sus miembros querían romper con la Iglesia de Inglaterra, pues se oponían vehementemente a obispos y presbiterios. Después de exilarse en Holanda, un pequeño grupo de esos fieles, llamados los Peregrinos, emigraron a América, estableciendo la primera iglesia del Nuevo Mundo en Plymouth, Massachusetts, en el año 1620. El Congregacionismo fue la religión oficial de varias colonias. Fueron muy activos en el campo de la educación, fundando la Universidad de Harvard, la de Yale y muchos otros centros de enseñanza.
Los dos millones de miembros de la Iglesia Unida de Cristo pueden interpretar libremente la palabra de Dios, por lo que el rito varía según cada grupo eclesiástico.
Sintoísmo
Es la religión nativa del Japón. Se deriva de la antigua adoración de los antepasados y de las fuerzas naturales, pero se ha visto influenciado por el Confucionismo y el Budismo. La palabra china «shinto» (shin tao) significa «el camino de los dioses».
Cuando el Budismo se estableció en el Japón, eclipsó durante siglos al Sintoísmo. Sin embargo, en 1868, el emperador Meiji arrebató el poder a los «shogun» e hizo resurgir al Sintoísmo. Fue declarada religión oficial y se enseñó en las iglesias. Debido a que el Sintoísmo pregonaba el origen divino de la familia imperial, los militares japoneses lo promovieron y lo usaron para justificar sus ansias expansionistas. Después de la rendición del Japón en 1945, el General MacArthur terminó con el Sintoísmo como religión oficial. El emperador, renunciando a su origen divino, declaró que el trono dependía de la confianza y del afecto del pueblo, y no de un derecho divino.
Actualmente los seguidores del Sintoísmo son unos 65 millones, muchos de ellos siendo a la vez budistas practicantes. El Sintoísmo enfatiza la pureza física y mental.
Islam
La palabra «Islam» significa en árabe «sumisión» (a la voluntad de Dios), y los seguidores del Islam se denominan Musulmanes o Mahometanos (que en árabe significa «los que se someten»).
Mahoma (570-632), profeta y fundador del Islam, nació en La Mecca (en Arabia Saudita), donde pasó su juventud trabajando como pastor y comerciante. A los 24 años se casó con su patrona, Khadija, una rica viuda quince años mayor que él. Era un próspero comerciante de 40 años, cuando tuvo una visión en la que el arcángel Gabriel le reveló que había sido elegido como profeta y predicador del culto a un solo dios, Alá. En aquel entonces su pueblo adoraba ídolos y espíritus animísticos. Tuvo otras revelaciones, que más tarde fueron recopiladas en el Qu’an (Corán), el libro sagrado del Islam. Al predicar la nueva fe, Mahoma empezó a tener seguidores pero al mismo tiempo se levantaron hostilidades contra él en La Mecca, donde se adoraba una piedra negra muy antigua llamada Kaaba. En el año 622, Mahoma huyó a Yathrib (actualmente Medina) para escapar de un complot tramado para asesinarle. La era del Islam empieza en el año de su huida, denominada «hégira».
En el año 633 Mahoma y sus seguidores atacaron y conquistaron La Mecca; las batallas que sostuvo y los tratados con otras ciudades le hicieron poderoso en Arabia.
Predicó la guerra santa contra los no-creyentes, que sus seguidores llevaron a la práctica. Cien años después de su muerte, Egipto y Siria eran países musulmanes y la fe se había extendido hasta Algeria y Túnez. A través de los tiempos, las enseñanzas del Islam se han extendido por todo el mundo y es la religión predominante en más de veinte países. Actualmente, existe un nuevo resurgimiento de la religión en el Oriente Medio. La victoria de Israel sobre las tropas árabes en el año 1967 fue considerada por muchos árabes como un castigo de Alá por no haber escuchado a sus profetas, y gran número de musulmanes con dudas de fe se convirtieron a la religión ortodoxa. Las victorias árabes del año 1973 les llevaron a creer que habían recuperado el favor de Alá.
Los musulmanes expresan su creencia en un sólo dios mediante una confesión de fe oficial que dice «La ilaha illa Allah, wa Muhammadun rasulu Allu» («No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta»). Alá todopoderoso premia al bueno y castiga al pecador.
El Islam tiene veintiocho profetas, muchos de ellos pertenecen al Antiguo y Nuevo Testamento: entre ellos están Adán, Abraham (primer musulmán), Noah, Jacob, Moisés, David, Salomón, Elías, Jesús (que no murió en la cruz sino que fue elevado a los cielos por Alá) y Juan el Bautista. Otro profeta es Alejandro Magno. Todos estos profetas prepararon el camino para el profeta definitivo, Mahoma. Los mahometanos creen que cada uno de los profetas trajo revelaciones de Alá pero no fueron escuchados por los hombres, por lo que Dios mandó otros profetas para repetir Su mensaje. Las diferencias existentes entre la Biblia y el Corán son consideradas como errores en el texto bíblico.
Para ser un buen musulmán, se debe prestar obediencia a «los Cinco Pilares del Islam»: l.° repetir la confesión de fe cada día; 2.° orar cinco veces al día —al amanecer, al mediodía, a media tarde, al anochecer y entrada la noche. El fiel debe orar en dirección a la Sagrada Mezquita de La Mecca, bajando la cabeza hasta el suelo, y reconociendo así la grandeza de Alá; 3.° dar limosnas. El creyente está obligado a dar una cifra prescrita, tradicionalmente es la cuarentava parte de sus ingresos; 4.° ayunar. El ayuno es obligatorio durante todo el día en el mes de Ramadán, el noveno mes del calendario musulmán, que conmemora la primera revelación del Corán (la abstinencia sexual forma parte del ayuno); 5.° peregrinar a La Mecca por lo menos una vez en la vida, si la salud y la economía lo permiten. Allí, el fiel debe andar alrededor de la Sagrada Mezquita siete veces y besar la Piedra Kaaba.
De los 530 millones de creyentes del Islam, sólo uno de cada cuatro son árabes.
Una rama puramente americana del Islam es la formada por el movimiento nacionalista negro, denominado los Musulmanes Negros. Fue fundado en Detroit en 1930 por Wali Farad, al que sus seguidores llamaban «el Salvador» o «el gran Mahdi». Es un movimiento anti-integracionista, y los Musulmanes Negros se identifican con una antigua tribu perdida de musulmanes, los Shabazz. Sus miembros toman nombres musulmanes en vez de nombres occidentales y deben abandonar vicios como la bebida, la gula, el uso de narcóticos y la fornicación que, según declaran sus dirigentes, fueron introducidos entre los negros por sus amos blancos. A las mujeres se les enseñan las tareas domésticas, deben obedecer a sus maridos.
Tras la desaparición de Farad en el año 1934, le sucedió su discípulo Elias Muhammad. Con la ayuda de un prominente predicador llamado Malcom X, asesinado en 1965, la secta alcanzó la cifra de 100.000 seguidores.
Cientifismo (movimiento científico)
La palabra «ciencia» viene del Latín «sciens» que significa «conocimiento».
Los seguidores de esta doctrina son llamados «científicos», término que empleó William Whewell por primera vez en 1840. El estudio de la ciencia empezó como entretenimiento de los intelectuales griegos. Durante siglos enteros, los que adquirían conocimientos científicos los conservaban en secreto, y aunque esta práctica es menos corriente hoy en día, son aún muchos los científicos que creen que sus conocimientos podrían ser mal empleados si se pusieran al alcance de los no-iniciados. De pequeña secta, el cientifismo ha pasado a ser la cima de la respetabilidad y sus principios básicos son enseñados a los niños en edad escolar de todo el mundo.
Los científicos creen que el orden del universo puede ser determinado mediante un análisis y un estudio sistemáticos. Están convencidos de que su sendero es el único válido y que los otros son «meras supersticiones». A través de los años, el Cientifismo se ha dividido en más de 1.200 sectas diferentes, cada una con textos sagrados propios.
Se calcula que la comunidad científica mundial tiene más de tres millones de miembros, aunque el número de creyentes es mucho mayor.
Maoísmo
El Maoísmo (o «Pensamiento de Mao Tse-tung» como se le llama en China) está derivado del marxismo-leninismo que llegó a China desde la Unión Soviética en los años 20 de nuestro siglo. Su fundador, Mao Tse-tung (1893-1976) se alineó con los campesinos pobres de China y llegó al control del Partido Comunista chino en 1935. Cuando la República Popular China fue establecida en el año 1949, Mao era considerado como un héroe y el líder de la revolución y del nuevo gobierno.
En toda China se ven retratos de Mao y toda persona que sepa leer lee las «Citas del Presidente Mao Tse-tung»; el texto fundamental del Maoísmo y el segundo libro más distribuido del mundo. Los maoístas devotos consultan ese libro cuando les surge algún problema. Asegurán que siempre proporciona la cita inspiradora adecuada.
Los principios fundamentales del Maoísmo son la fe en el Partido Comunista, la fe en las masas y la trascendencia de los deseos personales con el fin de servir al pueblo como un todo.
Se estima que sólo en China son más de 800 millones los maoístas, aunque no todos siguen las mismas interpretaciones prácticas del texto maoísta.
P ROFETAS : PREDICADORES RENOMBRADOS . E VANGELISTAS
John Wesley (1703-1791)
La Historia recuerda a John Wesley como fundador de la iglesia Metodista. Pero fue asimismo el creador del evangelismo moderno.
Wesley abandonó las iglesias para predicar en las calles y en los campos. No creía en la predestinación y aseguraba que todos podían alcanzar la salvación con sólo tener fe. Dejaba de lado a los ricos para excitar a las masas con visiones de un Dios benévolo, ciego a las diferencias sociales.
Sus ideas exaltaban a las masas. La Inglaterra del siglo XVIII se encontraba en una fase de decadencia espiritual y moral. Los crímenes y desacatos a la ley alcanzaban un ritmo desenfrenado. El gobierno estaba corrompido. El juego florecía y todas las capas sociales se entregaban al consumo habitual de ginebra. La iglesia misma era estéril y decadente: los párrocos se dedicaban demasiado a la caza del zorro y el rector se ausentaba con frecuencia.
John Wesley apareció en escena como una tormenta de verano. Declaró que «nueve de cada diez ingleses eran tan religiosos como los caballos» y que el clero era «una plaga para el mundo cristiano, una pesadilla para la humanidad, una pestilencia para el olfato de Dios».
Wesley hablaba con conocimiento de causa. En su familia se contaban varios pastores de la Iglesia de Inglaterra. Su padre era un erudito rector de la parroquia de Epworth. Siguiendo la tradición de su familia, John cursó sus estudios en el colegio de Oxford Christ para tomar luego las órdenes sagradas.
En Oxford dirigía a un pequeño grupo de estudiantes en las prácticas religiosas y en la comunión frecuente. Algunos alumnos se mofaban de Wesley y sus amigos llamándoles «el Club Sagrado». Otros les daban el apodo de «metodistas» debido a su estricta disciplina o método, en su vida cristiana.
Después de ser ordenado, John Wesley se desplazó a la Colonia de Georgia, en América. Iba a ser el pastor de los colonos y los indios de allí. Por otro lado, esperaba que la estancia en aquellas tierras salvajes le ayudaría a esclarecer la confusión de sus creencias religiosas. En el barco que hacía la travesía encontró a un grupo de alemanes de Moravia que en una terrible tormenta en medio del océano, mostraron una impresionante calma interior. Esa paz espiritual es la que ansiaba Wesley. Más tarde, tomó como ejemplo la sencilla solemnidad del Dios personificado de los alemanes para su naciente teología.
Georgia fue un fracaso para él. Su rígida actitud de hombre de iglesia le separó de los indios. Además perdió la confianza de los colonos al mantener una extraña relación sentimental con la sobrina del magistrado supremo de Savannah.
De vuelta a Europa, visitó varias sociedades mora vitas del norte de Alemania y Holanda. Más tarde volvió a Inglaterra, decidido a promover un despertar religioso mediante la dinámica de grupo en pequeñas «sociedades de enlace». Fundó esa iglesia metodista cuando la Iglesia se cerró para él. El clero se negaba a facilitar un lugar para que Wesley predicara su evangelio basado en la salvación sólo a través de la fe, o para que divulgara sus nociones de cristianismo democrático, mordazmente extremistas.
En consecuencia se fue por caminos rurales para, según sus mismas palabras, «promover una religión práctica y vital y, con la gracia de Dios, engendrar, preservar y aumentar la vida divina en el alma de los hombres».
El admirable peregrinar de Wesley duró cincuenta años. Durante ese tiempo recorrió unas 250.000 millas, casi siempre a pie o a caballo. Predicaba cuatro o cinco veces al día, lo que da un total de 40 a 50.000 sermones. Aguantó la hostilidad de terratenientes y caciques rurales, quienes estaban a menudo en combinación con el clero local. A veces se llegaba incluso a la violencia, azuzando a las turbas en contra de Wesley. Según palabras de su biógrafo John Langley Hall, sabemos que: «Cuando le alcanzaba una pedrada, se limpiaba la sangre de la cara y seguía predicando. Las campanas de las iglesias tocaban atronadoramente para apagar su voz, le arrojaban bombas fétidas e incluso, un hombre fue una vez sobornado para que empezase a pregonar “Salmón fresco” con el fin de que esa deliciosa tentación apartase a los que le escuchaban.»
Engendrado durante la revolución industrial, el Metodismo que predicaba John Wesley era principalmente una religión para los pobres. Wesley evitaba las ciudades donde había una catedral y en cambio prefería las pequeñas poblaciones, que se estaban industrializando. Hizo que los pobres se sintieran importantes, tanto como lo eran los ricos. Hall relata que «los pobres se asombraban de ver a un hombre que hablaba con un acento culto de Oxford e interesándose por su alma».
Al morir Wesley, en Gran Bretaña se estaba dando un proceso que podría llamarse renacimiento de la moralidad. Se producían mejoras en la educación, en la medicina y en la legislación penal, todo aquello por lo que Wesley había luchado. Pocos años después de su muerte se abolió la esclavitud, otra causa que él había defendido. Las líneas divisorias entre las clases altas y las bajas eran menos evidentes y la vida religiosa volvía a ser excitante y creciente.
Wesley dejó tras de sí más de 600 predicadores laicos que siguieron su obras, y más de 200.000 personas convertidas al Metodismo. A pesar de ser leales a la Madre Iglesia hasta el máximo, los metodistas se separaron de la Iglesia de Inglaterra al poco tiempo de faltar Wesley. En América, el movimiento metodista cayó en terreno abonado.
Un presidente americano, Woodrow Wilson, dijo después de la muerte de Wesley: «La iglesia estaba muerta y Wesley la reavivó; el evangelio había caído en formulismos y Wesley lo levantó por el aire, usando el lenguaje de la gente común.»
Padre Dyer (1812-1901)
El clérigo metodista que andaba de sitio en sitio pronunciando sus sermones era una figura tan típica del Oeste como el cowboy o el pistolero. Un buen ejemplo fue John Lewis Dyer, conocido en la historia como el Padre Dyer, que llegó a ser casi un mito popular por sus proezas personales.
Dyer había pasado los 49 años, casi sin distinguirse, cuando abandonó las comodidades de Minnesota en la primavera de 1861 y siguió al grupo de buscadores de oro hacia Pikes Peak. Partió con su saco de viaje, la Biblia, su Himnario Metodista y 14,75 dólares, y acabó caminando la mayoría de las 1.000 millas que había hasta Buckskin Joe, un próspero campamento ubicado sobre la divisoria continental.
Durante los veintinueve años siguientes, el Padre recorrió arriba y abajo las montañas Rocosas de Colorado, con cualquier temperatura, predicando sobre el infierno en cualquier hogar, granero, salón, mina o casa lujosa existente en la frontera mejicana.
Después de su muerte, el Estado de Colorado puso con respeto su retrato en colores, debajo de la cúpula dorada del capitolio. En vida había estado acostumbrado a muchos menos lujos que en este momento.
Cuando tenía 6 años, se empleó como peón de granja por una copa de whisky y después de una gran borrachera en un campo de lino a los 9, juró no volver a hacerlo en su vida.
Luchó en la Guerra del Halcón Negro cuando era joven y más tarde arrendó y trabajó las minas de plomo de Wisconsin.
Su primera esposa murió dejándole con cinco niños para cuidar. Su desastroso segundo casamiento terminó tan pronto como John Lewis se enteró de que su mujer había olvidado concluir con su primera unión, convirtiéndolo en cómplice de una bigamia.
La totalidad de sus pecados le pesaba mucho. Un día, estando en las profundidades de un pozo minero, sintió que se estaba sofocando y escuchó la voz del Redentor. Dejó de lado su pico y su pala y salió de la mina hacia una nueva vida dedicada al Señor.
Había ya predicado bastante cuando se unió a una caravana, con la que esperaba encontrar a su hijo, que lo había abandonado el año anterior. Cabalgó hasta que su caballo se detuvo agotado, en Omaha. A partir de allí, caminó 750 millas hasta llegar a Buckskin Joe. Rebajó de 92 a 63 kilos de peso durante la caminata.
El Padre Dyer continuó luego caminando las desiertas Montañas Rocosas y predicando en cualquier lugar donde encontrara personas que lo escucharan, hasta que tuvo 79 años. Pudo ver a otros hombres que vinieron al Oeste tratando de emularlo, pero todos se dieron por vencidos en corto tiempo.
Hacía sus recorridos pastorales a través de los campamentos mineros tres veces a la semana y tres veces más cada domingo. Viajaba sobre un terreno escarpado y peligroso montado en muía o caballo cuando el tiempo se lo permitía y cuando no, desmontaba y continuaba su camino a pie. Si la nieve era profunda, utilizaba unos esquís de estilo noruego, que había fabricado con sus propias manos, y a los que llamaba «raquetas de nieve».
En una oportunidad debió sacar la nieve con una pala durante tres días porque debía viajar. Rápidamente se convirtió en una leyenda, cruzando la divisoria continental dos veces al día sobre sus toscas «raquetas».
Generalmente, Dyer entraba en los campamentos y soplaba su cuerno de hojalata para llamar a los mineros a rezar. Si ninguno acudía iba hasta donde la mayoría estaba reunida y así, algunas veces, predicó en los lugares más inverosímiles.
No le importaba entrar en una cantina y cuando lo hacía, gritaba: «Muchachos, ¿quieren dejar sus whiskys y apilar las fichas durante media hora, mientras predicamos un pequeño sermón?» Según la leyenda, nunca lo echaron de ningún lugar.
Pero era frecuentemente interrumpido con preguntas molestas y entonces él, grande, descarnado y peleador, no se privaba de detener el sermón lo suficiente como para hacer una apología del minero alborotador.
Cuando estaba fuera dormía donde la noche lo cogía: en un rancho, en un pueblo, sobre la nieve o sobre el suelo. Nunca portaba revólver, sólo una navaja y sus dos puños carnosos, podía ser una presa fácil para hombres y animales salvajes.
Como Dyer en muy raras ocasiones ganó lo suficiente como para vivir con su tarea religiosa, aumentó sus escasos ingresos trabajando como tasador, carpintero, vendedor de periódicos, buscador de oro y cartero. Buscó oro en el Paso del Mosquito, entre Buckskin Joe y Cache Creek, por una paga que correspondía a la cantidad de oro que entregaba.
En uno de estos viajes, cuando se aproximaba a la cresta de un paso de montaña, vio los contornos de una ventisca asesina que se dirigía en línea recta hacia él. Se echó al suelo con sus sacos de correspondencia y de polvo de oro, y estuvo cerca de ser arrojado a un precipicio y hundido en una capa de nieve muy profunda. Dyer se las ingenió para aferrarse al sendero y gritó: «Oh, Dios te confío mi alma, mi vida, mi integridad; te admiro a través de mi fe.»
Con esto, se dejó caer suavemente, abriendo en su camino huellas con sus esquíes. Se protegió de las ráfagas heladas de viento y se deslizó sobre la empinada pendiente hacia el fondo del cañón.
Sus pies se helaron terriblemente y perdió todas sus uñas y parte de su piel. Sin embargo, estuvo de regreso en el Paso en sólo tres semanas después.
Con sus andrajos, su sombrero de copa remendado con piel de antílope y sus zapatos de suela verde, Dyer inspiró una leyenda. Algunos lo vieron gritando las Escrituras y aullando los himnos mientras caminaba sobre pendientes nevadas, su voz de trueno que hacía precipitar ruidosamente la nieve de los riscos y de los picos.
El Padre juró que una vez mientras descendía a un escarpado precipicio sobre el lago Jefferson con mucho ímpetu, sus esquíes se prendieron fuego por la fricción con la nieve. Pisó con fuerza la superficie helada del lago y dejó que se extinguiera el fuego al estar en contacto con ella.
Dyer dio su último sermón el 22 de julio de 1890. Para esa época su majestuosa cadena de montañas había dejado de ser desierta y cuando murió en Denver, a los 90 años, la tierra salvaje que había ayudado a conquistar, era sólo un borroso recuerdo.
D. P. P.
D. L. Moody (1837-1899)
La figura inmensa y barbada de Dwight Lyman Moody aparece en el siglo XIX como un eslabón humano que une los campamentos de devotos calvinistas con la eficiencia de los servicios religiosos modernos.
Moody perteneció a una generación de jóvenes granjeros que se dirigieron a la gran ciudad en la época en que se daban extravagantes oportunidades a hombres con valor y energía. Como sus contemporáneos —McCormick, Armour, Morgan— se consagró a la lectura de la Biblia según la opinión de Horado Alger. Compartió sus convicciones y su visión del mundo, y adaptó sus técnicas para el negocio de salvar almas.
Sus biógrafos coinciden en señalar que sus cualidades más sobresalientes eran su sinceridad, su sencillez y la buena fe que ponía en hacer el trabajo de Dios. Otros serían los hombres que más tarde arruinarían el sermón con el sonido de la caja registradora.
El joven D. L. (odiaba sus dos nombres y nunca los usó) parecía destinado para cualquier cosa menos la gloria, en los primeros tiempos cuando vivía cerca de Northfield, Massachusetts. Su padre bebía mucho, trabajaba poco y murió cuando él tenía 4 años. La viuda y los nueve niños se enfrentaron a un mundo hostil con poco más que acreedores como compañía.
Moody tuvo que abandonar la escuela a los 10 años y buscó trabajo como peón de granja. A los 17 años hizo el inevitable viaje a Boston, donde un tío materno se encargó de enseñarle los detalles de la venta al por menor de zapatos. La condición para ser empleado fue que debía apartarse de las maldades del mundo y unirse a la Iglesia Congregacionista.
En los dos años siguientes se transformó en un excelente vendedor, prometió su vida a Cristo en la trastienda y partió para Chicago, donde había posibilidades de tener fortuna.
En la atmósfera lujuriosa de esta ciudad, su vida se desarrolló en dos sentidos. Por un lado, a través de la venta de zapatos, del cobro de deudas y de la especulación de la tierra, pronto estuvo en el camino que ambicionaba: ganar 100.000 dólares. ¡Una vez prestó 100 dólares a un hombre, a 17% de interés diario!
Por otro, crecía su vida como sacerdote. Desarrolló un notable ministerio como trabajador ambulante en las escuelas pobres de los alrededores de Chicago. Recorría con altivez los barrios de los lupanares y las chozas, los bolsillos llenos de confites para atraer hacia sus populares clases dominicales a los chicos sin futuro.
En esta tarea que Moody llamó más tarde «la más difícil lucha de mi vida», se desvió de sus negocios, dio su dinero por caridad y comenzó una febril búsqueda de «los corderos perdidos» del rebaño de Dios.
A pesar de sus críticas a las crueldades de la moderna vida industrial, Moody nunca fue un reformador socialista. Los horrores diarios sólo lo convencían más de la necesidad de sumisión del hombre ante Jesús.
Luego, durante la Guerra Civil, se desempeñó como misionero en el frente; dicen que él se movía entre los heridos preguntándole a cada uno: «¿Eres cristiano?»
Si se encontraba con un hombre ya «salvado», continuaba su camino, buscando a aquellos que necesitan permanecer con vida hasta ser convertidos. Su misión era recolectar almas para Cristo.
Después de doce años en Chicago, tenía su propia iglesia y una próspera escuela dominical y se había convertido en la fuerza directiva de la Asociación Cristiana de Jóvenes de la ciudad. Había suavizado su lengua materna para convertirse en un predicador imponente, cuyo sencillo y a la vez fuerte estilo cautivaba a grandes audiencias. Algunos sacerdotes, que conocían su poder sobre la gente, lo invitaron a hablar en las iglesias de todo Chicago. D. L. Moody se había convertido en un evangelista.
En 1780, durante una convención de la Asociación en Indianápolis, escuchó por primera vez a Ira D. Sankey, un cantante de salmos, que de lunes a viernes se desempeñaba como recaudador de impuestos.
Moody se aproximó a él, dejando de lado una introducción convencional: —¿Dónde vives? —le preguntó—. ¿Estás casado? ¿De qué te ocupas?
Sankey apenas tuvo oportunidad de contestarle, cuando el evangelista le dijo repentinamente: —Debes abandonar todo. Te he estado buscando durante ocho años, quiero que vengas a Chicago y me ayudes en mi trabajo.
La unión de estos dos hombres infundió un nuevo cariz a los servicios religiosos tradicionales. Los sermones de Moody satisfacían a su audiencia, que estaba compuesta por norteamericanos de fines de siglo, granjeros que luchaban para sobrevivir en un mundo industrial. El lenguaje rico y familiar que usaba para los antiguos relatos de la Biblia era irresistible para su rebaño. El hijo pródigo se transformaba en nada más que en un joven granjero seducido por la ciudad y que ahora retornaba con la cabeza inclinada. Entonces Moody concluía y Sankey cantaba: «Regresa a casa, oh hijo pródigo.» Los devotos se sentían conmovidos ante un pedido tan ajustado a su época, tan extravagantemente sentimental.
Sus prédicas carecían de citas literarias porque él creía que la literatura era inservible. Evitaba la poesía en los sermones porque no podía memorizar ni un verso; nunca pudo recitar el Padrenuestro sin tener el texto delante.
El impacto que produjo Moody fue enorme. Introdujo en el evangelismo las técnicas capitalistas de la época posterior a la Guerra Civil, usando anuncios publicitarios, relaciones públicas y una organización comercial que promocionaba el Mundo de Dios.
En 1783, él y su compañero recorrieron la Inglaterra victoriana con una cruzada evangelizadora a la que asistieron millones de personas. De regreso en U.S.A. montaron un triunfal servicio religioso en el Hipódromo de Nueva York, que se prolongó durante cuatro meses, dirigido a más o menos 11.000 feligreses cada noche.
En los cuatro años siguientes, aumentaron sus seguidores desde Boston a San Francisco. Durante uno de sus sermones en Filadelfia, el público incluyó al presidente Grant, la Corte Suprema de Justicia, el gobernador de Pennsylvania y varios congresales y senadores.
Moody fundó el Instituto Bíblico de Chicago (ahora el Instituto Moody), que ganó reputación como «el West Point de la cristiandad».
En el escenario de su pobre juventud, fundó el Seminario Northfield para mujeres en 1879 y dos años más tarde, la Escuela Mount Hermon para varones.
Pasó los últimos años de su vida alejado de su tarea evangelizadora, con la excepción de un descomunal servicio religioso debajo de una tienda de circo, en Chicago. Murió pacíficamente en su lecho, en Northfield, nueve días después del comienzo del siglo XX.
D. P. P.
Billy Sunday (1862-1935)
Billy Sunday gustaba de llamarse a sí mismo «el campesino de los campesinos», y también «el rústico entre los rústicos». Aunque la sección necrológica del New York. Times, estuvo más exacta en describirlo como el evangelista más enérgico y más convincente que él haya conocido en el mundo.
Era un jugador profesional de baseball convertido en predicador. Sus actuaciones teatrales y rimbombantes desterraron efectivamente toda la solemnidad y el freno de los servicios religiosos, en los que incluía música popular.
Su padre, el primer William Sunday, murió de neumonía un mes antes que naciera su tocayo. Siguiendo con las tragedias familiares, el niño fue criado por orfanatos y padres adoptivos; trabajó como mozo de cuadra, mandadero, mozo de granja, bombero y ayudante de una funeraria. En los enfrentamientos deportivos siempre se mostró como un atleta natural.
Mientras jugaba en un equipo local de baseball, fue «descubierto» por Pop Anson, manager del Chicago Whitestockings. Sunday era un mal bateador pero un jardinero muy capaz; mantuvo el récord de bases robadas hasta que lo superó Ty Cobb en 1915.
En una oportunidad, mientras estaba bebiendo sentado con sus colegas, Billy escuchó los acordes de una conocida melodía religiosa, que era ejecutada por una minúscula banda al otro lado de la calle.
Se puso de pie y dijo a sus compañeros: «No quiero ocuparme más de esto. Voy con Jesucristo.»
Renunció a sus pecaminosos hábitos y se dedicó a trabajar para la Asociación Cristiana de Jóvenes de Chicago, a la vez que continuaba jugando al baseball por otros cinco años. El podría haber pasado su vida haciendo estas pequeñas tareas pero su vida cambió cuando tuvo un encuentro fortuito con J. Wilbur Chapman, un popular evangelista. Este último necesitaba un hombre de avanzada y Billy estaba disponible.
Dos años más tarde, Chapman se preparó para retornar a una iglesia ubicada en Indiana. Sunday fue abandonado completamente; sin embargo, había aprendido todo lo referido al comercio del servicio religioso, desde pegar carteles hasta montar la tienda. Así que cuando los ministros en Garner, Iowa, le solicitaron que reemplazara a su maestro, Billy desempolvó el antiguo lema de la Asociación Cristiana, «Diligencia en la vida cristiana», y respondió al llamado.
Gradualmente, fue abandonando el decoro de su mentor y comenzó a interrumpir sus sermones con giros, gestos y floridos epítetos que lo convirtieron en algo sensacional. Podía saltar, correr y tirarse en el escenario imitando continuamente a borrachos, damas de sociedad, clérigos liberales y moralistas. Golpeaba el púlpito, rompía muebles y pateaba, con la transpiración corriendo sobre su cara llena de muecas. Luego, caminando agachado, después de haberse quitado su chaleco y su chaqueta, boxeaba con «el demonio».
Una de sus más recordadas representaciones fue aquélla en la que se deslizaba a un «puesto de meta»; así como el pecador trata de deslizarse al cielo, sólo para ser «retirado» por Dios, el árbitro.
La audiencia escuchaba con la boca abierta al predicador que denunciaba a «un antiguo tabernero de nariz enrojecida, ojos lechosos, ceñudo, con cerebro de mosquito y nutrido en un establo»; o el relato de que David «golpeó a Goliath en el coco, entre los ojos, y bajó para esperar que contaran hasta diez». Pero cuando exigía contribuciones para Cristo, los asistentes se apretujaban en los pasillos espolvoreados con aserrín y tropezaban por docenas en el frente del tabernáculo. Esto se hizo conocido como «golpe contra el camino de aserrín» y fue la característica del suceso personal de Sunday.
Los clérigos tradicionalistas pudieron criticarlo por haber transformado el culto en un sainete, pero no pudieron negar sus resultados.
Sunday fue más crítico social que un predicador de la Biblia. Sus condenaciones del modernismo, de los borrachos, los extranjeros, el socialismo y la moda eran muy fogosas. Cuando EE.UU. entró en la Primera Guerra Mundial, tornó su hiriente verba hacia el Kaiser y sus hombres. Predicaba que el líder alemán «se irá al infierno con el resto de ellos» y pedía a Dios que «golpeara al hombre» que faltaba a su deber.
El momento en que realizaba uno de sus servicios religiosos en alguna ciudad, muy a menudo, coincidía astutamente con una huelga laboral o la aparición de un candidato prohibicionista en la papeleta local.
Billy alcanzó la cumbre en 1917 con un servicio en Nueva York que produjo 98.264 conversiones. Era ahora un millonario gracias a las numerosas «ofrendas voluntarias» que pasaban directamente a su propiedad.
Después de este éxito, no le quedaba otra cosa que comenzar a descender. La guerra había destruido la ingenuidad de los campesinos americanos, dejando atrás un mundo demasiado cansado de guerras santas que protegían el descanso dominical y la pureza de las mujeres. Casi en una noche, Billy Sunday estuvo dolorosamente fuera de época. Los norteamericanos se dejaron seducir gustosamente por la Era del Jazz y no estaban de humor para reformarse a sí mismos o hacerlo con sus vecinos.
Entonces se dedicó a desarrollar las técnicas de D. L. Moody en cuanto a anuncios y conducción de los servicios, pero con el fin de la guerra, se transformó en un anacronismo inmediato en un mundo revolucionado por la radio y el automovilismo.
Pasó sus últimos quince años de vida predicando en tiendas ubicadas en los mismos suburbios, donde lo habían hecho sus maestros.
D. P. P.
Padre Divino (1864?-1965)
Sus seguidores a menudo cantaban: «¡Él es Dios, él es Dios, él es Dios, Dios, Dios!» Las mujeres usaban suéteres con una letra V, que abreviaba la palabra «virgen»; y cantaban una tonada popular de la época, ligeramente modificada, en la que decían: «No te puedo dar más nada que amor, Padre...»
Él era un hombre pequeño (sólo medía 1,50 m, calvo y panzón que usaba trajes de seda de 500 dólares y volaba en su avión privado acompañado por un ejército de secretarias. La estructura montada por sus discípulos lo hicieron rico, pero no estaba permitido hacer nada por su propia voluntad; ni siquiera tenía una cuenta bancaria a su nombre.
Alimentaba, vestía y daba alojamiento a los pobres de todas las razas que lo seguían; ayudó a Fiorello La Guardia y a Franklin Roosevelt para que fueran elegidos, otorgándoles su apoyo; y consoló a miles que buscaban alguna fe que los sostuviera, durante la Gran Depresión.
Para algunos, el Padre Divino era un santo o un héroe folklórico, para otros, un oscuro Elmer Granty o P. T. Barnum. Cualquiera fuera el caso, él fue un fenómeno auténticamente norteamericano.
Afirmaba que había llegado a la Tierra en una nube de humo, «en tiempos de Abraham», para difundir un credo de paz; que buscaba la honestidad, la vida comunitaria, el celibato y la igualdad racial. Lo cierto es que nació en algún lugar de la isla Rutchinson, Georgia, entre 1864 y 1877, y que probablemente su verdadero nombre fue George Bajer.
Como era hijo de un antiguo esclavo, tuvo muy pocas oportunidades y, desde la niñez, trabajó en pequeñas tareas, entre ellas predicar en escuelas dominicales. Finalmente se convirtió en discípulo de Sam Morris, un negro a quien se le ocurrió la idea de que él era el «Padre Jehová». Luego se unió con un grupo llamado «Siempre vivo, nunca muerto». Todas estas prácticas le fueron dando la base para su propio movimiento y pronto se comenzó a promocionar a sí mismo siguiendo líneas similares a los anteriores. Esto no fue bien recibido por los funcionarios de Georgia, quienes lo trataron como un estorbo público, lo inscribieron como «John Doe, alias Dios» y le dieron la oportunidad de elegir entre ser internado en un asilo para alienados o abandonar el Estado.
Con el apoyo de unos pocos adherentes, optó por la segunda alternativa y se dirigió hacia el norte, donde se estableció en Harlem en 1915. Comenzó a persuadir a muchos de que él era Dios. Contribuía a esto, su lógica y su lenguaje que a menudo no eran de este planeta; decía tal sarta de tortuosidades que probablemente impresionaban y confundían a sus adeptos, llegando a convencerles de su origen divino.
El Padre Divino comenzó a construir la base financiera de su imperio y puso, entonces, a sus partidarios en empleos desde donde su doctrina recibiría apoyo. Pronto estuvo en condiciones de abrir su primer «Cielo», una vivienda comunitaria que estableció en 1919 en Sayville, Long Island. Se hizo popular y, a la vez, estaba bien dotada gracias a la filosofía y a la organización del movimiento del Reino de la Paz. Por ejemplo, él predicaba que aquellos que se unían a su reino entraban en una nueva vida y que nunca podrían morir mientras vivieran en él. En efecto, ningún asociado había muerto porque tan pronto como alguien caía con una enfermedad que podía ser fatal, era sacado afuera y el predicador podía decir sin mentir: «Ninguno muere en Mi casa.»
Los Cielos estaban provistos de piezas que sólo costaban 5 dólares, comidas por alrededor de 35 peniques (5 durante la Depresión), y los seguidores indigentes comían y dormían sin pagar.
En esta cooperativa o comunismo primitivo se respetaban algunas observancias, que estaban basadas en la Ultima Cena y si bien había cantos y sermones improvisados, no existían los servicios formales. Los discípulos, fueran ricos o pobres, negros o blancos, hombres o mujeres, comían de una mesa de banquete frecuentemente cargada con cincuenta platos diferentes. De acuerdo a las enseñanzas del Padre, ellos adoptaban nombres como Amor Positivo, Miss Caridad y Santa Quietud y descartaban sus apellidos.
El Padre Divino predicaba la pureza del cuerpo y de la mente, lo que incluía la abstinencia sexual y prohibición de beber, fumar, blasfemar, usar cosméticos, ir al cine o aceptar regalos o secretos.
La palabra «Paz» se transformó en el saludo común para todos los miembros.
A pesar de sus defectos, el Reino atrajo a millones de personas que deseaban encontrar la paz, que necesitaban creer que la vida era hermosa y que ellos podían ser virtuosos, honestos, confiables y limpios.
El movimiento ganó socios en todo el mundo, y llegó hasta atraer millonarios (uno le legó una herencia de 10 millones de dólares). Se establecieron setenta y cinco Cielos o más. Todos estaban unidos bajo el lema: «El Padre proveerá».
En realidad, él proveía, ya que el dinero entraba a montones. En efecto, en una oportunidad recogieron más de 500.000 dólares acumulados en viejas maletas y bolsas, y los enviaron a un banco de Filadelfia.
Con respecto a su divinidad, el Padre nunca la negó y los estandartes que estaban sobre las paredes de todas las misiones del movimiento decían: «El Padre Divino es Dios.»
La leyenda de sus conexiones extraterrestres creció cuando un juez, que lo había sentenciado a prisión por un cargo de mala conducta, cayó muerto pocos días después.
—Aborrezco actuar así —dijo el predicador desde su celda.
Más tarde afirmó que él había dado una mano en arrojar la primera bomba en Hiroshima. Concluyó: «Yo soy el autor y el que termina la energía atómica. Yo la he puesto en funcionamiento.»
En su única declaración pública sobre su divinidad dijo: «No tengo por qué decir que yo soy Dios, ni tampoco tengo por qué decir que no lo soy. Lo único que les digo es que hay miles de personas que me llaman así. Millones de ellas.
»Pero también hay millones que dicen que soy el Diablo y, sin embargo, yo no les digo que soy Dios ni que soy su enemigo. Yo represento a Dios y hago temblar la tierra con eso.»
Este predicador sin igual, ministro del despropósito, era evasivo con respecto al sexo, del que disfrutaba a fondo, a pesar que negaba sus placeres a sus discípulos.
Cuentan que una vez que estaba violando sus principios, le explicó a su compañera: «Estoy trayendo tu deseo hasta la superficie para poder eliminarlo.»
En 1946, el Padre Divino se casó con «Dulce Ángel», una canadiense de 22 años, que se llamaba realmente Edna Rose Kitchings. Ella se convirtió en la Madre Divina.
En este momento, él explicó que había transferido el espíritu de su primera esposa negra al cuerpo de la segunda, haciendo hincapié que eran una y la misma. Luego agregó que después de su «desaparición corporal» del mundo, su espíritu sería poseído por la Madre Divina.
Vivió con la «Virgen Sin Manchas» hasta su muerte, en 1965, cuando tenía entre 88 y más de 100 años. La fortuna de su movimiento fue estimada en ese entonces en más de 10 millones de dólares.
Dieciocho secretarias rodeaban el lecho mortuorio para grabar sus últimas palabras. Cuando sus ojos se cerraron, la Madre Divina anunció que no habría un período de luto sino que en su lugar, habría una serie de suntuosos festejos. El Padre, según ella explicó, no hubiera querido otra cosa... y quién lo podía saber mejor que ella.
R. H.
Evangeline Booth (1865-1950)
Aún a los 80 años, Evangeline Booth tenía todavía el valor y la energía de la joven y bella inglesa que convirtió en una institución norteamericana el Ejército de Salvación Londinense.
Hoy en día, esta agrupación afirma tener 27.000 funcionarios y cadetes en noventa y un países diferentes. El Ejército de Salvación es más que las bandas que se paran en las esquinas de las calles, es una organización multimillonaria que dirige una extensa red de hospitales, casas de beneficencia, hogares para madres solteras, agencias de empleos y clínicas. Sus caritativos trabajos para los pobres, los abandonados y los incrédulos son famosos en todo el mundo.
Pero en la mañana de la Navidad de 1865; todo esto no era más que una idea que se estaba formando en la cabeza de un poco convencional ministro metodista, llamado William Booth. En ese mismo día, su esposa dio a luz al octavo hijo del matrimonio, una niña.
Catherine Booth acababa de leer La Cabaña del tío Tom y quiso llamar al bebé Evita, pero su esposo vaciló en el momento de anotarla y escribió Evelyne en el certificado de nacimiento.
Años más tarde, estando en U.S.A., Evelyne fue persuadida por Francés Willard, fundador de la Unión de Templanza Cristiana Femenina, de que adoptara el nombre de Evangeline, ya que era más digno y cuadraba mejor con la jefe de las fuerzas salvacionistas norteamericanas.
Si bien todos los niños Booth aceptaron la idea de su padre de un movimiento cristiano con características militares, Evangeline se arrojó con valentía a perseguir esa causa cuando era muy joven- cita.
Con el fin de ganarse a las clases más bajas de la sociedad londinense, la familia prefería las esquinas antes que los interiores de las iglesias, e instrumentos de música popular como banjos, panderetas y tambores a los órganos.
Pero el Ejército fue muy perseguido en la Inglaterra victoriana; la violencia y el insulto seguían las pisadas de sus «soldados». Así como sus colegas, Evangeline aguantaba la hostilidad de los alborotadores callejeros, de los matones que abundaban en las tabernas y la indiferencia de las autoridades civiles.
A los 15 años, ella era un sargento que vendía el impreso del Ejército, Grito de guerra , en los barrios bajos de Londres. Apenas cumplió los 20, la ascendieron a capitán y su misión evangélica se centró en los barrios de mala vida. Pero ella temía no estar suficientemente sumergida en los bajos fondos sociales, entonces se vistió de harapos y se convirtió en una florista, que vendía en los escalones del Picadilly Circus, realizando de incógnito su labor entre alcohólicos, pordioseros y prostitutas. Más tarde fue comandante del destacamento londinense.
Una vez un grupo disidente en U.S.A., dirigido por su hermano Ballington Booth, intentó seducir a los calvacionistas americanos para que se alejaran de la asociación inglesa y se afiliaran a un grupo rival llamado Voluntarios de Norteamérica. Cuando Evangeline llegó a Nueva York, se encontró con que las puertas de la sede central de la calle 14 estaban cerradas. Sin amedrentarse, subió por la escalera de incendio y entró a través de una ventana posterior. Al verla, los disidentes silbaron y la abuchearon hasta que ella se envolvió en una bandera norteamericana que estaba allí y los desafió: «Sílbenle, si se atreven». En un silencio total, ella tocó su concertina y cantó: «Al otro lado del Jordán, sin temor.» La rebelión de Ballington había sido reprimida.
En otra ocasión, la ingeniosa muchachita bajó a una mina en un cubo y abrumó a los mineros cantando «Más cerca, Mi Dios, de Tí», mientras permanecía suspendida en la oscuridad.
Los cuarteles generales la asignaron a Canadá en 1894. Percibió el fenómeno de la época y rápidamente decidió seguir a la migración de exploradores hacia los pueblos de Yakon que estaban en bonanza. Allí estableció comedores de beneficencia, clínicas médicas y capillas provisorias.
Una noche, en las orillas del río Yukón, predicó para 25.000 mineros y convirtió a un forajido conocido como Soapy Smith. Él le dijo a la joven que se enmendaría, pero fue muerto por la policía antes que lo pudiera demostrar.
Cuando Evangeline fue nombrada comandante de la misión de U.S.A., ésta sufrió un cambio y comenzó a desarrollarse. Entre 1904 y 1934, se elevó el número de misiones norteamericanas desde 296 a 4.500 y pudo entregar a su sucesor 35 millones de dólares depositados en el banco y 48 millones en propiedades acumuladas.
Justo antes de que EE.UU. de América entrara en la Primera Guerra Mundial, ella organizó una campaña para juntar y esterilizar lienzos para hacer vendas. Después de 1917, envió cientos de sus «muchachitas» al frente para que sirvieran café caliente y rosquillas en las trincheras, cuidaran a los heridos y ayudaran a los nostálgicos jóvenes americanos a escribir cartas para enviar a sus hogares.
El coraje en el campo de batalla y la compasión de las misioneras alcanzaron mucha fama. En el décimo aniversario del Armisticio, mientras se celebraba una ceremonia conmemorativa, oró ante el Arco de Triunfo y fue escoltada por el general John J. Pershing y el mariscal Ferdinand Foch.
En 1934, la eligieron jefa del Ejército Mundial de Salvación. Retornó a U.S.A. y fue recibida en Nueva York por el mayor Fiorello La Guardia y se efectuó un desfile en su honor.
Evangeline permaneció notablemente activa en la administración de la empresa soñada por su padre hasta que murió, en 1950.
El día de su cumpleaños, concedía animadas entrevistas a los reporteros, y cada año, conmovió a su público cogiendo su caballo favorito para dar un rápido galope a través del campo.
D. P. P.
Aimee Semple McPherson (1890-1944)
Desde los hermanos Wesley en la década de 1750 hasta Billy Graham en 1970, los americanos han amado siempre a los evangelistas. Sin embargo, ningún predicador en toda la historia ha sido más admirado —o más desacreditado— que Aimee Semple Pherson, quien se transformó en una institución nacional en los años 20.
A pesar que en sus últimos años ganó millones con su prédica, su carrera tuvo un comienzo indigno de confianza. En 1907, cuando era una joven granjera de 17 años, se casó con un predicador ambulante llamado Robert Semple quien la llevó a China y murió poco después.
Después del nacimiento de su primer hijo, Aimee regresó a U.S.A., donde volvió a contraer matrimonio con Harold McPherson. Tuvo un segundo niño pero pronto la intranquilidad la venció. Cogió a su madre, a sus dos hijos y una gran tienda, y salió en un estropeado auto para cumplir su misión como predicadora ambulante.
Obtuvo su primer gran éxito en el sur de California, donde tuvo campo fértil para propagar su visión optimista del Evangelio. En 1921, mientras estaba hablando en una reunión al aire libre en San Diego, una vieja inspirada se levantó de su sillón de ruedas y se dirigió tambaleando hacia el escenario. Fue seguida por cientos de otros lisiados, cuando la histeria barrió la arena. A partir de aquí, en una sola noche, la hermana Aimee ganó reputación nacional como curandera. Sin embargo, mantuvo una actitud modesta frente a los milagros.
—Yo no soy la que cura —dijo—. Es obra de Jesús. Yo soy sólo el mandadero que abre la puerta y dice «Entre».
Muy pronto, tuvo suficiente dinero como para abrir el Templo Angelus cerca del barrio céntrico de Los Angeles, que le sirvió como base permanente de sus actividades. Este edificio, cuya construcción costó 1.500.000 dólares (una suma considerable en 1923), fue rematado con una descomunal cruz rotativa encendida, que puede verse desde 50 millas de distancia. Hay también una estación radiodifusora que envía mensajes de la Hermana Aimee a todos los lugares del mundo. Y una especial «Habitación de los Milagros»; que muestra montones de muletas, sillas de ruedas y bastones, dejados por los creyentes que han sido curados.
El templo disponía de 5.000 sitios, que generalmente estaban ocupados en su totalidad cuando ella predicaba.
En lugar de la familiar fogosidad y acidez de los evangelistas tradicionales, la Hermana hacía hincapié en una forma menos exaltada de salvación, ya que enfatizaba más los placeres celestiales que los tormentos del infierno. En el escenario, aumentaba el poder de sus súplicas con su presencia dramática y su hermosa cabellera dorada, y sus apariciones tenían un buen montaje teatral. En el número «Arroje la cuerda salvavidas», una docena de doncellas vestidas de blanco se adherían desesperadamente a la Roca de la Eternidad, que estaba siendo castigada por la tormenta, mientras los hombres trabajaban con los efectos especiales para crear truenos, relámpagos y viento. Justo en el momento en que todo parecía perdido, aparecía Aimee con uniforme de almirante y ordenaba a una escuadra de marineros que las rescataran. Ellos arrojaban la bendita cuerda salvavidas, mientras un coro masculino, vestidos como guardacostas, simulaban el movimiento de las olas con los reflectores. Las vírgenes eran finalmente salvadas, sonaban las trompetas y la congregación aplaudía mientras una bandera americana flameaba sobre todos.
Pero desafortunadamente, ninguno fue capaz de rescatarla cuando ella lo necesitaba más. Después de alcanzar la cumbre en 1925, repitió el espectáculo aunque con un final menos feliz. A mediados de mayo de 1926, Aimee se dirigió a un hotel junto al Océano Pacífico, se puso su bañador y luego se sentó en la playa para preparar un sermón.
Su secretaria se alejó un momentito y cuando retornó, encontró que la predicadora había desaparecido. Se supuso que había ido a tomar un baño, sufrió un calambre o algo similar, y se ahogó.
Miles de sus seguidores acamparon a lo largo de las playas mientras los botes patrullaban buscando un indicio. Una joven muy afligida se suicidó; un jovencito saltó al agua, al tiempo que gritaba: «Me voy detrás de ella», y se ahogó; un buzo profesional murió de agotamiento.
Entretanto, los policías y los reporteros recorrían detenidamente el oeste sin resultado. Luego, en el treinta y un día de búsqueda, una nota de rescate fue entregada en el Templo Angelus. Afirmaba que la Hermana Aimee había sido secuestrada y sería devuelta a cambio de 500.000 dólares.
Al día siguiente —a la una de la madrugada, para ser exactos— la Hermana apareció repentinamente en la ciudad fronteriza mejicana de Agua Prieta. Ella confirmó que había sido raptada de la playa, y llevada prisionera a una lejana y solitaria choza, de donde había escapado a través de una ventana. Erró muchas millas en un desierto ardiente para poder salvarse finalmente.
La policía entró en sospechas, ella no mostraba ninguna evidencia de que había sido capturada, ni de su huida. Su vestido estaba pulcro, su pálida piel no había sido tocada por el sol del desierto.
Los reporteros, que también dudaban, comenzaron a indagar. Rápidamente se hizo evidente que la predicadora, que se había divorciado de su marido unos años antes, había estado viviendo un romance con un tal Kenneth Ormiston, el operador de su estación de radio. Coincidió que su amante había desaparecido de la vista el mismo día que Aimee se había desvanecido de la playa californiana.
Cuando el procurador del distrito de Los Angeles lanzó una investigación formal, saltó a la vista que durante el tiempo de su alegado cautiverio, la Hermana y su amante habían sido vistos juntos en varios hoteles y en una cabaña junto al mar.
Cuando se estaba por entablar un procedimiento criminal contra Aimee, su amigo William Randolph Hearst, un magnate de la industria periodística, intervino a su favor e hizo desaparecer los cargos.
En el momento en que se publicitaron los hechos reales, la popularidad de Aimee cayó dramáticamente. La gran evangelista aparecía ahora como «una mujer con pasado». No obstante, ella luchó para continuar su carrera y recuperar su imagen anterior.
A los 40 años se volvió a enamorar, pero dos días después de su boda con el regordete Dave Hutton, éste fue demandado por otra mujer por incumplimiento de su promesa matrimonial. Aimee se desmayó y cayó golpeándose la cabeza sobre la piedra. Cuando se recuperó, la pareja se divorció.
A pesar de todos estos problemas, un considerable número de fieles adeptos permanecieron al lado de la Hermana; sus servicios en el Templo Angelus continuaron presentando uno de los mejores espectáculos de la ciudad. Su popularidad, si bien había disminuido bastante, continuó en la década del 40.
En una tarde de septiembre de 1944, habló ante una entusiasmada multitud en Oakland, California. A la mañana siguiente fue encontrada inconsciente en la pieza del hotel y murió poco después. El veredicto del forense fue que había muerto por una sobredosis de somníferos.
M. S. M.
Charles E. Coughlin (1891-1974)
Charles E. Coughlin tenía 35 años la primera vez que habló por radio, en 1926. Era un sacerdote que presidía el Santuario de la Pequeña Flor, una pequeña iglesia de madera en Royal Oak, Michigan.
Él pensaba que sus sermones, a los que llamaba «Hora Dorada», atraerían nuevos feligreses a su lado.
Y así ocurrió. Recibió ocho cartas después de su primera presentación radial y otra, algunas semanas más tarde, trajo cien. En poco menos de una década, Coughlin se hizo famoso fuera de su parroquia y comenzó a difundir sus homilías sobre la cristiandad y la vida virtuosa, sazonándolas con apreciaciones mordaces sobre el estado de la economía y los defectos de estadistas, como los presidentes Roosevelt o Hoover.
En los primeros años de la década del 30, era escuchada su voz áspera y estridente todos los domingos a las cuatro de la tarde. Su público estaba compuesto por más de 30 millones de norteamericanos cansados de la Depresión, quienes le escribían 10.000 cartas diarias. Estas aumentaron en poco tiempo a un millón por semana y debió contratar a cuatro secretarias y ciento seis asistentes para que las contestaran.
Las palabras de Coughlin resumían el pensamiento común del hombre de la calle; estaban llenas de odio, fanatismo y de una total ignorancia de la economía y la política, pero alimentaban la cólera y la ansiedad de una nación que tenía 1 5 millones de ciudadanos sin empleo.
Una encuesta nacional en 1934 mostró que su programa, «Radio sacerdotal», tenía el segundo puesto en popularidad y que el primero correspondía a FDR, su archienemigo, a quien él llamaba «el gran mentiroso y traicionero» y «el presidente bribón». Las cartas de protesta de 1.250.000 defensores de Coughlin inundaron la CBS en 1936 cuando la red trató de suavizar una de sus transmisiones más vindicativas, un ataque al Tratado de Versailles.
Formó, junto con los demagogos Francis Towsend y Gerald L. K. Smith, el Partido Unión en 1936 que propuso sin éxito al congresal William Lemke para la presidencia. Poco después, la NBC y la CBS suprimieron sus programas pero Coughlin, totalmente furioso, fue lo suficientemente listo como para vender sus servicios a una pequeña red de cuarenta y siete estaciones de radios independientes y su influencia mantuvo el poder que ya poseía.
Durante una charla que dio desde los estudios de la WJR de Detroit, él afirmó que cincuenta y seis de los cincuenta y nueve miembros del Comité Central del Partido Comunista soviético eran judíos y que había sido el dinero judío el que había dado lugar a que se produjera la Revolución Rusa. Por lo tanto, judíos y comunistas eran una misma cosa, declaró; y los primeros estaban recibiendo lo merecido a través de las manos de Hitler. Dijo esto en 1938.
Una tormenta de controversias se desató después de esta transmisión y algunas de las estaciones cancelaron su contrato. Fuera de esto, su poder permaneció incólume.
En 1940, fue obligado por sus superiores eclesiásticos a abandonar la radio pero continuó adelante desde su pulpito en Michigan. El Gobierno Federal le obligó a suspender su revista, Justicia Social, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.
Se retiró a su hogar de Royal Uak en 1966, estaba afligido por las «enseñanzas ateas» de los Panteras Negras y por la legislación del aborto, la que consideraba un asesinato.
Estaba especialmente perturbado por las actividades de sacerdotes radicales como los Berrigans. «Están siempre hablando sobre los derechos del hombre», dijo, «nunca sobre los de Dios. Está de moda que los sacerdotes sean también activistas». Pero luego agregó casi como una idea tardía: «Creo que he sido un pionero.»
Murió en 1974 a los 83 años, de una enfermedad cardiaca.
B. F.
Carl Mclntire (n. 1906)
El reverendo Cari Mclntire ha estado amenazando al siglo XX cerca de cuarenta años, ganando de esta manera un lugar especial en los corazones de los derechistas de todo el mundo.
Durante muchos años, ha luchado contra los comunistas, católicos «apóstatas» cristianos, el movimiento de los derechos civiles norteamericanos, el existencialismo, el censo de 1970; el registro de armas y el reverendo Billy Graham, para nombrar algunos de sus enemigos.
El reverendo Mclntire acaparó la atención mundial en los primeros años de la década del 70 cuando alabó la causa de la guerra del Vietnam. También fue noticia cuando se enredó con la «libertad de expresión» de la Comisión de Comunicaciones Federales Americanas. Fracasó en este caso y perdió casi la mitad de las seiscientas estaciones que una vez habían transmitido su Hora para la Reforma del Siglo XX. También concluyeron con su influencia, los problemas con los impuestos y las disputas legales alrededor de sus propiedades de Nueva Jersey y Florida.
Pero el reverendo ya había perdido antes y sin embargo, la pérdida en una lucha nunca ha enfriado su gusto por el combate. En el 69 era todavía el decano indiscutible de los predicadores radiales.
Su ultraconservadurismo había aparecido cuando era aún joven. Mientras asistía al Seminario Teológico de Princeton en la década del 20, cayó bajo la influencia de un teólogo fundamentalista, J. Gresham Machen, quien desdeñando la tendencia «modernista» de Princeton, fundó el Seminario Westminster en Chestnut Hill, Pennsylvania. Mclntire fue uno de los reaccionarios que se trasladó allí.
Se ordenó en la iglesia presbiteriana en 1931; pero fue desahuciado cuatro años más tarde, por algunas desavenencias ideológicas con ella. Una corte eclesiástica lo encontró culpable de «causar disensión y refriegas» y «minar seriamente la paz de la Iglesia».
El expulsado se dedicó entonces a su Iglesia de la Biblia Presbiteriana en Collingswood, Nueva Jersey, donde preparó la base de un futuro grupo disidente. En 1941, se unió con otro protestante renegado para formar el Consejo Americano de Iglesias Cristianas, como la alternativa derechista del Consejo Nacional de Iglesias. Seis años más tarde, estableció con fines similares el Consejo Internacional de Iglesias Cristianas para hostigar al Consejo Mundial de Iglesias, al que catalogaba de «centro de infiltración comunista».
Comenzó su carrera en las reuniones de la NCC (Consejo Nacional de Iglesias) y en aquellas de otros grupos ecuménicos apoyado por su banda de intransigentes. En una oportunidad, estuvo cuatro noches parado en la nieve para protestar contra un Congreso Mundial de Evangelismo, que se realizaba en Berlín.
La protesta ha sido siempre el fin perseguido por Mclntire. Prestó particular atención en las décadas del 5 0 y del 60 a cualquier actitud dubitativa de U.S.A. frente a la guerra fría. Una delegación de eclesiásticos rusos o una visita de funcionarios soviéticos generaba una bienvenida poco amistosa de su parte.
Cuando Nixon comenzó a jugar con una «diplomacia ping-pong», él dio su respuesta: voló a Taiwán para reclutar un equipo anticomunista y cristiano de tenis de mesa, lo trajo a U.S.A. y solicitó que recibieran las mismas cortesías de la Casa Blanca que habían sido dadas al equipo de la China Roja. Como era usual, su pedido fue ignorado.
Airado, colocó el equipo al otro lado de la calle de la Casa Blanca y Organizó un torneo al alcance de la vista de la Oficina Oval. Luego, para seguir hasta el fin, junto con un ayudante, se concentró en una oscilante partida mientras la mesa de juego era transportada a lo largo de Pennsylvania Avenue.
Pero fue la guerra del Vietnam la que le brindó la gran oportunidad para hacer una demostración pública. Desde 1969 a 1972, organizó una serie de marchas de «La victoria en Vietnam» en Washington, Columbia. En algunas pocas oportunidades, fue capaz de reunir varios miles de intransigentes. Invitó por escrito al vicepresidente del Vietnam del sur, Nguyen Cao Ky, a una de sus reuniones a favor de la guerra pero los diplomáticos del Departamento de Estado convencieron a ésta de que su aparición en un mitin de este tipo, no beneficiaría en absoluto a la causa.
En general, estas marchas fracasaban lastimosamente. Cuando esto ocurría, Mclntire afirmaba que sus simpatizantes no habían concurrido por el mal tiempo o por «el temor a los hippies».
Las intervenciones de Mclntire en los asuntos públicos tienen como punto de partida los cuarteles generales de Collingswood. Allí, además de la iglesia y las oficinas del Centro para la Reforma del Siglo XX, él mantiene una estación de radiodifusión, una librería, una oficina postal, un centro de computación, un instituto de segunda enseñanza y oficinas del Consejo Internacional de Iglesias Cristianas.
En 1963, compró un hotel y otros edificios en la declinante ciudad veraniega de Cape May, Nueva Jersey, y construyó allí un balneario y un centro de conferencias para sus adeptos. Estableció también el Shelton College cerca de este lugar, donde enseñó durante cuatro años con su clásica visión ortodoxa.
En Cabo Cañaveral, Florida, después que declinaron los asuntos espaciales, planificó el multimillonario «Camino a las estrellas», un centro bíblico que constaba de un servicio regular de autobuses a Cape May. Compró el antiguo hotel Hilton y le cambió el nombre por el de Hotel Libertad, e instaló una maqueta del Templo de Jerusalén, que había conseguido en la exposición canadiense.
Luego surgieron contrariedades. En 1969, el Consejo Americano de Iglesias Cristianas suprimió a su fundador de la junta ejecutiva porque sus actitudes le estaban dando un mal nombre a los fundamentalistas. La Junta de Educación Superior de Nueva Jersey retiró la confianza al Shelton College. La ciudad de Cabo May lo penó con seis multas en concepto de embargo preventivo a los edificios que estaban en los terrenos del colegio. En Florida, enfrentó la pérdida de las opciones sobre la propiedad de Cabo Cañaveral y encontró su Camino a las Estrellas envuelto en una disputa judicial.
Pero el golpe más perjudicial, por lejos, fue librado por la Comisión de Comunicaciones Federales cuando revocó la licencia de transmisión de su estación de radio, WXUR, en Media, Pennsylvania. Mclntire había negado la intromisión de opiniones que se opusieran a las suyas en sus programas radiales y el gobierno intervino, ya que se violaba la libertad de expresión.
Acusó valientemente a «la censura gubernamental» y compró un barreminas de la marina de guerra, que había sido usado en la Segunda Guerra Mundial, y que estaba equipado con un radio transmisor de 10.000 vatios. Pintó las palabras «Radio Libre de EE.UU.» en los lados del barco y partió del Cabo May con el plan de difundir su mensaje, pero la transmisión se intercaló con la de varias estaciones terrestres y además acarreó un entredicho con la corte federal.
Mclntire desembarcó, al fin sometido temporalmente a la voluntad del gobierno. Pero todo cambió, el congresal conservador John Rarick de Louisiana pidió a la Cámara de Representantes que se le restituyera la licencia a WXUR y le fue concedido. Senadores poderosos como Sam Ervin de Carolina del Norte y William Proxmire de Wisconsin comenzaron a cuestionar la justicia de la doctrina sostenida por la Comisión de Comunicaciones en el caso Mclntire.
Mientras tanto, el infatigable fundamentalista estaba sumergido en la discusión de un plan para ir al mar nuevamente, esta vez en un buque extranjero, uno no sujeto a los dictados de la justicia americana.
D. P. P.
Billy Graham (n. 1918)
Él es el Número Uno... año tras año en la Encuesta Gallup de «El norteamericano más admirado». Ha sido amigo y consejero espiritual de cinco presidentes, y acudieron a él reyes y Primeros Ministros. Es un hombre de negocios poderoso y se proclamó a sí mismo «ciudadano del cielo», es el Moisés de América Central, el Juan Bautista de la era electrónica. Su nombre es reverendo William Franklin Graham, Jr., pero el mundo lo llama Billy.
Cuando niño, en la granja de su padre ubicada en la zona sur de la ortodoxia protestante, era conocido como «el ordeñador más veloz del distrito de Mecklenburg»; más tarde se hizo famoso por ser el mejor vendedor de cepillos bataneros en toda Carolina del Norte. Y aún hoy tiene todas las características de un excelente vendedor: serio, seguro y convencido ardientemente de que está vendiendo el mejor producto del mundo.
Los Grahams eran presbiterianos reformados. Entre los buenos momentos vividos, ellos recordaban especialmente las salidas de la familia para ir a una tienda donde se celebraban servicios religiosos.
Su madre rogaba secretamente que su hijo creciera para cumplir con el trabajo del Señor, pero el jovencito sólo se hallaba a gusto jugando al baseball. Sin embargo, cuando tenía 16 años, un ardiente evangelista llamado Mordecai Ham, que pasó por la ciudad, cambió radicalmente su vida. Fue como si Billy hubiera nacido de nuevo.
Al año siguiente entró en el Bob Jones Bible College, pero lo abandonó después de un semestre, ya que se sentía sofocado por el ultrafundamentalismo de Jones. Reanudó sus estudios en el Instituto Protestante Florida de Tampa, donde presentó sus primeros sermones y ganó el apodo de «molino de viento» por todos los ademanes que realizaba mientras predicaba.
En 1939, siendo ya ministro bautista, se dirigió al Wheaton College en Illinois, donde consiguió el grado de bachiller en antropología y también una esposa, Ruth McCue Bell, la hija de un misionero. Graham se colocó como pastor en una pequeña ciudad de Illinois y tiempo después, dirigió un complejo de escuelas protestantes en Minneapolis.
Pero él estaba intranquilo. Se convirtió en un evangelista que deambulaba de aldea en aldea con la organización de la Juventud por Cristo y alcanzó un cambio repentino en Los Angeles en 1949. Poco después de haber abierto una tienda, donde prestó sus servicios durante ocho semanas, encontró periodistas hormigueando dentro de ella. Se le explicó que se había ganado el apoyo de William Randolph Hearst y que el potentado había mandado sus redactores a través del país para «exaltar a Graham».
Se entusiasmó con las expresiones de interés de los medios de comunicación y se excedió. Afirmó que en ocho semanas se habían convertido 3.000 personas en su tienda, incluyendo a un bandido local, a un héroe de guerra, un antiguo campeón olímpico que estaba arruinado y un vaquero alcohólico.
Las publicaciones Luce de la costa oriental se hicieron eco de esta situación, diciendo que Graham era el precursor de «un gran despertar espiritual» americano. Las asambleas del joven predicador se convirtieron en enormes sucesos, apoyados por los miles que ansiaban vislumbrar la posibilidad de crecimiento del evangelismo.
A pesar que el mensaje de Graham no es moderno, sus métodos seguramente lo son. En la década del 50, él desarrolló su instinto natural y usó una organización y una publicidad modernas, además de los medios de comunicación. Él era producto y expresión de una década.
En su camino, fue cuidadoso y no se inmiscuyó con la Iglesia Protestante; nunca compitió con las iglesias establecidas. Coordinó su tarea para ayudar a los miembros de la iglesia local. Las críticas dentro de la familia eclesiástica estuvieron en desacuerdo con su fundamentalismo y el escapismo de su sentimentalismo cristiano.
Los antiguos evangelistas organizaron campañas dentro de los límites de las ciudades, en cambio, Graham abarcó países, continentes y «áreas estratégicas». Dirigió cruzadas en África, Australia, Canadá, el Caribe, Inglaterra, Francia, Holanda, India, Japón, Corea, Sudamérica, Nueva Zelanda, Suiza y hasta Islandia.
Durante un viaje a Inglaterra, sugirió con poca delicadeza que el socialismo le había hecho más daño al reino de su majestad que todas las bombas de los nazis. Los ingleses estaban escandalizados y Fleet Street demandó su deportación por ser un extranjero indeseable. Su cruzada por este país casi fracasó por este comentario. Pero se disculpó personalmente ante la Cámara de Comunes y luego explicó el propósito de su ministerio. Concluyó ganando más de lo que perdió.
Nunca se permitiría tal torpeza en la actualidad. Veinte años han hecho de él una institución, la figura principal de la vida espiritual centroamericana. No usa más trajes de buena calidad ni corbatas pintadas a mano. No matiza más sus sermones con ataques contra la ONU y la Corte Suprema estadounidense.
El éxito también moderó su teología. El nunca más pintó tan vívidamente al infierno como lo solía hacer antes, ni tampoco que éste estaba precisamente a 2.500 kilómetros de la tierra. Sin embargo, es todavía un fundamentalista (aunque uno ilustrado, dicen ellos), que declara su creencia en «los diablos personales» y que sostiene que han sido observadas veintisiete señales que presagian el fin.
Graham es muy respetado ahora. Protege las colonias de vacaciones y el statu quo, y se ha convertido en el bálsamo de la Mayoría Silenciosa.
Nada ha ayudado más al crecimiento de Billy Graham que su amistad muy publicitada, con varios presidentes norteamericanos, después de Truman. A pesar que la intensidad de la relación fue diferente con cada uno de ellos (estuvo muy próximo a Nixon, por ejemplo, y mucho menos a Truman), todos han reconocido dos formas de beneficiarse en relación con el predicador.
El los hace sentirse conformes con sí mismos. Considera que los actos presidenciales son bondadosos y hace su justificación. A Lyn- don Johnson le gustaba la agradable charla del predicador pero eso no impidió que Graham permaneciera silencioso a su lado, en el momento en que la política presidencial en Vietnam inspiraba la condena moral del resto del mundo.
Pero los valores políticos del evangelista fueron explotados con más eficacia durante el gobierno de Nixon. Ambos tenían similares antecedentes y casi idénticos puntos de vista sobre los diferentes temas. Ellos eran amigos mucho antes que Nixon llegara a la presidencia. Cada vez que Nixon presentaba su candidatura, Billy se dedicaba a pensar largamente sobre cómo demostrar imparcialidad. Luego, de algún modo, él siempre se las ingeniaba para transmitir su preferencia en condiciones más claras.
Su inmensa popularidad fue usada para que desempeñara un papel clave en «la estrategia sureña» de Nixon, de 1968. Y el predicador estaba entre los asesores del futuro presidente la noche en que Spiro Agnew fue presentado a los norteamericanos, desde una habitación de un hotel de Miami. Sin embargo, debe notarse que Graham favorecía al senador Mark Hatfield de Oregón por su trayectoria de cristiano activo y por el equilibrio que brindaría a la candidatura del Partido Republicano.
El día de la toma de posesión, 1969, Graham pronunció el discurso de apertura, dando gracias a Dios «porque permites que Richard Nixon nos guíe en este trascendental momento de la Historia». Billy se convirtió en un accesorio familiar durante el primer gobierno de este presidente, junto con los astronautas que fueron a la luna y el montaje de la inolvidable ópera cómica de los guardias de la Casa Blanca.
Menos de tres semanas después de que cuatro estudiantes hubieran sido asesinados en el Estado de Kent, Nixon eligió una reunión de Graham para dirigirse al alumnado, en la conservadora Universidad de Tennessee. Mientras estaba cumpliendo con este cometido y hablaba de la necesidad de obedecer a la autoridad, cuarenta y siete muchachos que protestaban fueron arrestados por perturbar una asamblea religiosa, y un antiguo futbolista amenazaba a cualquier hippie que se atreviera a tocar la bandera.
Meses después, Graham alcanzó el pico de su carrera, como sumo sacerdote de hecho de la religión civil, hablando en el Día de las Américas, durante una reunión «sin fines políticos» que organizó junto con los compinches de Nixon, Bob Hope y J. Willard Marriott. De pie en las gradas del Lincoln Memorial, él pidió a la audiencia que honrara a la nación y sus instituciones, que se apartara del extremismo y que abrazara «el sueño norteamericano».
Cuando estalló el escándalo de Watergate, se negó con decisión arrojar una piedra a su antiguo amigo. Pero cuando las grabaciones de la Casa Blanca alcanzaron estado público, admitió que al escuchar las conversaciones del presidente había vivido «una experiencia decepcionante y que lo había perturbado profundamente», sin embargo, «no tengo intenciones de abandonarlo ahora».
Billy estuvo ostensiblemente ausente durante el agonizante último año de la presidencia de Nixon.
Aun sin el hechizo de presidentes y reyes, Graham es un gran negocio. La Asociación Evangélica Billy Graham opera con un presupuesto de 20 millones de dólares anuales, con su centro de dirección en Minneapolis y sucursales en París, Londres, Frankfurt, Sydney, Buenos Aires, Atlanta y Burbank, California.
Un tercio de este presupuesto se gasta en radio y en televisión. Son filmadas tres cruzadas anuales y luego se muestran como estreno en sindicatos. Otros siete millones o más se usan para publicar la revista Decisión , que tiene una circulación de tres a cinco millones en cinco lenguas. El programa semanal de radio, «La Hora de la Decisión», es escuchado en novecientas estaciones. Su Asociación Evangélica también es dueña de World Wide Pictures, que se encarga de filmar y distribuir películas, y la Compañía Grayson, que publica sus escritos.
En la central de Minneapolis, una hilera de computadoras engullen diez millas de papel cada mes. Su correo, que trabaja en tres turnos, distribuye ocho millones de envíos al año, y recibe un promedio de 50.000 cartas a la semana y, como una bien montada oficina para una campaña política, cada una es contestada con alguna de las respuestas impresas, de acuerdo al tema que se necesite.
Se calcula que este hombre ha enfrentado a 50 millones de personas en sus reuniones, a lo largo de los años, y que entre el 3,5 y el 4,5 por ciento de ese número se han «decidido» por Cristo.
Billy Graham hace cosas en gran escala. Tenía su pabellón en el New York World’s Fair, pero cuando las Líneas Cunard sacaron de circulación al Queen Mary, él se ofreció a comprarlo, ya que vio que lo podía convertir en un importante centro flotante de conferencias. Tal hombre está expuesto a numerosas críticas pero aquellos que están buscando un moderno Elmer Gantry, se han retirado decepcionados.
Recibe un sueldo anual de 24.500 dólares de la Asociación Evangélica Billy Graham; ésta es toda su renta.
No tiene relaciones con las ofrendas voluntarias ni con otros objetos tradicionales en el evangelismo. Las donaciones marchan directamente a la asociación, las cruzadas están cuidadosamente fiscalizadas y los derechos de sus películas y libros van a los fondos reservados para sus hijos.
En efecto, el reverendo Graham frustra todo tipo de críticas. Los periodistas que lo entrevistan invariablemente lo describen como un hombre cálido y ocupado, profundamente sincero y bien informado. Sea lo que sea lo que se piensa sobre su visión del mundo o su papel como protector de las políticas presidenciales, es casi imposible dejar de admirar la suavidad con la que funciona su inmensa organización, con la que evita cualquier choque.
Graham ha triunfado más allá de los fervientes sueños de otros evangelistas del pasado y del presente. A pesar de que sus raíces están en el fundamentalismo meridional, ha adaptado sus opiniones a los cambios sociales y políticos que ha sufrido América. En este camino, ganó el acceso a centros de poder y de influencia nunca imaginados por sus predecesores.
Los presidentes llegan y se van, pero Billy Graham, aferrado firmemente a los anhelos inconscientes de la psiquis de la clase media americana, sigue adelante.
D. P. P.
Oral Roberts (n. 1918)
Por el espacio de treinta años, Granville Oral Roberts ha soportado los veleidosos vaivenes de las curaciones por la fe hasta llegar a ser uno de los más conocidos líderes religiosos carismáticos de los U.S.A.
Atrás han quedado los tiempos del hombre milagroso de los montes que dejaba a su público de Pentecostés balbuceante y revolcándose en el polvo. Hoy por hoy se trata de un muy esterilizado
Oral Roberts el que llega a los millones de norteamericanos a través tic los principales espacios televisivos. Sus cruzadas trimestrales por este medio funden hábilmente una Cristiandad cosmética con la música popular, exudando todo el dinamismo emocional del Show de Lawrence Welk.
Hijo de un pobre agricultor de Oklahoma, Roberts encabeza una empresa evangelizadora multimillonaria a escala mundial. Retirado voluntariamente de un Colegio Bíblico, es presidente de su propia universidad —un ostentoso lugar cerca de Tulsa. Aunque fue un muchacho desmañado y torpe en su juventud, con un pronunciado defecto verbal, Oral Roberts es hoy superado sólo por Billy Graham en cuanto a su atractivo sobre las masas —y su influencia sigue creciendo.
En 1946, el joven predicador pudo ver claramente que sus colegas ijue hacían milagros eran mucho más populares que el clérigo que no efectuaba curaciones. En ese momento Dios le ordenó ir adelante, para curar al enfermo y desterrar al demonio. Una autobiografía temprana cuenta cómo —para su sorpresa— descubrió en él el poder de recomponer un pie humano destrozado por el simple hecho de tocarlo.
Roberts se trasladó a Tulsa, donde sustituyó por una semana a Steve Pringle, un popular revivalista de tienda. En su segunda noche un policía arrestó a un hombre por disparar su revólver sobre la tienda desde el otro lado de la calle. Aunque nunca se determinó el motivo, el incidente proporcionó al novel curandero la ganancia repentina de publicidad gratis.
Un año más tarde emitía un programa radial por dos estaciones urgiendo a sus oyentes a encontrar su «punto de contacto» con el Señor, con sólo posar sus manos sobre sus receptores. Constituyó la Healing Waters Inc., en 1948.
El reconocimiento del nombre de Roberts remontó vuelo después de confiar su carrera pública a las hábiles manos de L. «Pete» White, quien más tarde también rescataría de las sombras a Billy James Hargis. Pronto los medios informativos nacionales estarían «descubriendo» a este joven oscuramente guapo que noche a noche colmaba un auditorio de 10.000 plazas en Atlanta, Georgia. En 195 5, Healing Waters Inc. tuvo una entrada de tres millones de dólares. Un personal de 287 individuos trabajaba en la auditoría, contabilidad y venta de libros, folletos, películas y alfileres de solapa con la leyenda «¡Jesús cura!»
Gracias a las «ofrendas de amor» y a los derechos de autor sobre sus libros, Roberts pudo entonces ser también un «señor granjero»
Compró un rancho de 280 acres cerca de Tulsa, donde crio a su ganado de raza y guardaba en un hangar su avión de doce plazas. En Tulsa construyó el Edificio de la Vida Abundante, de siete pisos, donde funcionaba el cuartel general de la General Roberts Evangelistic Assoc. Inc., sucesora de la Healing Waters.
Entonces, a finales de la década del cincuenta, se levantó una reacción pública en contra de los practicantes de la cura por la fe. El reverendo Jack Coe, sólo superado por Roberts en este campo, fue encarcelado en Florida por ejercer la medicina sin licencia. En Detroit una mujer diabética concurrió a una función de Roberts y dejó de lado su insulina, creyéndose curada. Murió al cabo de tres días. Las curaciones de este tipo fueron denunciadas por las iglesias nacionales luterana y presbiteriana, y por la Asociación Médica norteamericana, entre otras.
Con su infalible sentido de la oportunidad, Roberts se retiró de la curación activa pública para concentrarse en la construcción de la Universidad Oral Roberts, cerca de Tulsa. En 1966, retiró sus programas televisivos de las 115 estaciones por las que se difundían. Un año más tarde ordenó desmontar la última de sus enormes tiendas de lona.
Aún otra inspiración divina aseguró su ascenso a la respetabilidad completa en abril de 1966. Dejó la fe de Pentecostés para unirse a la iglesia metodista. La tormenta que se desató a continuación redujo considerablemente su reputación popular y su apoyo financiero. Roberts se replegó para emerger más tarde con una nueva teoría que llamó «See-Faith» y que ayudaría a cualquier ser humano en tiempos de adversidad.
Escribió un libro sobre la nueva fe que superó en venta a todas sus obras anteriores. El dinero comenzó a fluir nuevamente. Pronto estuvo otra vez en televisión; ahora con esos espectáculos tachonados de estrellas que atraen a los americanos de clase media, en una forma en que sus reuniones televisadas en la tienda, nunca pudieron hacerlo.
En la turbulencia de finales de la década del 60 y principios del 70, muchos norteamericanos buscaron respuestas en el misticismo y en el antirracionalismo, dando de esta manera nueva vigencia a los líderes religiosos como Oral Roberts. Con un interés popular renovado, en lo que ahora se llama cura psíquica, curaciones paranormales, y ESP (poderes extra sensoriales), la estrella de este predicador reluce más brillante que nunca.
D. P. P.
Billy James Hargis (n. 1925)
«Mate un comunista por Cristo» puede haber parecido una acción macabra de ser ideado por la Nueva Izquierda de la década del 60, pero se podría casi creer que era un serio grito de batalla bajo la bandera de Billy James Hargis.
Como fundador y líder de la Cruzada Cristiana, el rotundo evangelizador de Oklahoma lucha contra las oscuras fuerzas del comunismo mundial en todas sus manifestaciones. Para la visión de Hargis, ésta incluyen en las Naciones Unidas, el Consejo Nacional de Iglesias, el rock and roll, la filosofía del playboy, el pelo largo, el arte moderno, los programas de salud mental, la educación sexual, y las revistas nacionales como Times y Saturday Evening Post. Dado que Hargis divide mentalmente a todo esfuerzo humano en dos campos —esto es, precristiano o precomunista— necesariamente amplía muchísimo la influencia del enemigo.
La Cruzada Cristiana, con sus cuarteles generales en Tulsa, Oklahoma, opera un complejo multimillonario de instituciones religiosas y educacionales, incluyendo dos campamentos juveniles y una agencia que ofrece viajes guiados a la Tierra Santa, Grecia y Rhodesia. El mensaje de extrema derecha de la Cruzada se difunde a través de libros, panfletos, una revista y una hoja de noticias semanal, y emisiones radiales grabadas transmitidas por más de cien estaciones. La mayor parte de sus ingresos, exentos de impuestos, se obtiene a través de pedidos postales directos enviados regularmente a una lista de 200.000 nombres, confeccionada con computadora.
El fundador de la Cruzada nació en Texarcana, Texas. Hargis aparentemente creció en un medio pobre y lleno de un fundamentalismo rural tan inflamado y tempestuoso como una tormenta de polvo de Oklahoma. Cuando era un chaval de 10 años, el futuro fogoso evangelizador prometió su vida al Señor si su madre sobrevivía una seria operación. El Señor aceptó el trato y Billy James mantuvo su palabra.
Después de la escuela secundaria, Hargis ingresó en el Ozark Bible College en Bentonville, Arkansas. El abandonar esta institución al cabo de poco más de un año, no le impidió ser ordenado en la iglesia cristiana de Rose Hill, a los 18 años. Por un tiempo fue pastor en pequeñas congregaciones rurales en Missouri y Oklahoma. Entonces, dio con su verdadera vocación —aquél que lo haría rico y famoso— la lucha contra el «comunismo ateo».
«Yo preferiría ganar almas para Cristo en lugar de luchar para el comunismo, día tras día», explicaba, «pero un hombre debe hacer aquello para lo cual ha sido llamado por Dios...»
Hargis se ganó el beneplácito de la extrema derecha al principio de la década del 50, trabajando con el reverendo Cari Mclntire en el Proyecto Globo Bíblico. Hargis supervisó el lanzamiento de miles de globos inflados con gas que volaban a través de las fronteras de la Europa oriental y los países satélites de la Unión Soviética. Cada globo era portador de un versículo bíblico, seleccionado y traducido a siete idiomas con los que se intentaba «socorrer a los espiritualmente famélicos cautivos del comunismo».
Unos años más tarde, Hargis fue mencionado como un experto en comunismo en un manual oficial de la Fuerza Aérea Norteamericana para suboficiales. El cruzado de Tulsa aprovechó la oportunidad para denunciar las «traiciones» del Consejo Nacional de Iglesias. La entidad se quejó amargamente ante el pentágono y el reverendo Hargis se encontró una vez más en medio del saludable esplendor de la publicidad nacional.
Aun cuando su política es al menos lo más «exótica», en relación a las principales corrientes norteamericanas, cuenta entre sus partidarios con un número de congresistas, gobernadores y mili tares de alta graduación entre sus partidarios.
El espíritu que anima a Hargis se manifiesta en los informes de la 11. a Conferencia Anual de la Cruzada Cristiana, desarrollada en Tulsa en 1969. El gobernador de Alabama, George C. Wallace, elogió a los delegados por su trabajo «contra los elementos subversivos». El brigadier general retirado Clyde G. Watts anunció que hay «una o más células comunistas en cada institución importante de U.S.A.» Y el comandante general retirado Edwian Walker, desde hace tiempo íntimo de Hargis, expresó llanamente que el presidente Nixon estaba «financiando revolucionarios en casa» mientras «viajaba como un hada por el Asia».
El reverendo Hargis, un graduado de la escuela «grite y salte» del evangelismo sureño, quedó bien parado en medio de la atmósfera rarificada de la derecha marginal. En 1965, la catedral de la Cruzada Cristiana fue construida en Tulsa por 750.000 dólares. Aloja una capilla, oficinas administrativas, instalaciones apropiadas para publicidad y emisiones radiales, un auditorio y un museo de arte y artefactos cristianos. Más tarde se agregaron un equipo de procesamiento de datos, una biblioteca y un puesto de venta de libros.
Entretanto, el reverendo permutó una vivienda de 40.000 dólares que según él era «sólo una cabaña para el standard de vida americano». En 1971, el Oklahoma Journal informó que la Iglesia de la Cruzada Cristiana había adquirido una vivienda en la cima de una colina para la familia Hargis, en los «solares de ejecutivos» de Tulsa. La nueva finca había salido a la venta por 500.000 dólares, pero habría sido vendida al predicador probablemente por un precio algo menor. Su exterior es de mármol blanco. Sus 9.900 metros cuadrados incluyen una piscina climatizada, una sala de juegos, un solario, un refugio antiradioactivo y noventa tomas de teléfono.
Billy Hargis ha «llegado», al fin.
D.
P. P.
Reverendo Ike (n. 1935)
Los evangelizadores cristianos tienen un problema con el dinero. Mientras extraen regularmente billetes de la mina de oro que son sus fieles, muchos se esfuerzan, al menos, en dar una apariencia de humildad personal.
El reverendo Ike no es uno de ellos. No con sus ostentosas casas en Nueva York y Hollywood, dos Rolls-Royce, dos Mercedes, un Bentley, gavetas llenas de joyas y un vestuario estilo Liberace que cuesta a sus seguidores unos 1.000 dólares por semana. Pero el reverendo Dr. Frederick O. Eikerenkoetter II (graciosamente sintetizado en reverendo Ike) no busca ningún premio a la humildad. Lejos de ser un embarazoso efecto secundario de su rimbombante ministerio, el dinero que ingresa a raudales es el punto clave de toda la cuestión.
Desde sus solapas espejadas de lentejuelas hasta sus plataformas de cuero patentadas, Ike es la virtual personificación de su propio tema: el que sostiene que el consumismo, a pesar de lo que pueda escucharse sobre el mismo, está realmente cerca de la santidad. Olvidaos de la mansedumbre y el arrepentimiento, aconseja a su público predominantemente negro de clase media, a cuando os arrodilláis para orar, adoptáis una posición óptima para ser pateados en el trasero».
Este tipo de discurso, junto con su estilo chillón y deslumbrante, ha sacado al nada feo evangelizador mulato, del gris y monótono mundo de las iglesias negras de Nueva York y Boston para lanzarlo a la popularidad y al rutilante éxito, a escala nacional. Hijo de un ministro bautista de Carolina del Sur, de extracción holando-indonesia, el reverendo Ike es hoy el predicador radial negro más calificado; emite un mensaje de 1 5 minutos sobre la lujuria positiva del dinero y la divinidad instantánea por ochenta estaciones.
Cuando cambió el fundamentalismo por los placeres mundanos en 1965, inventó el Plan Bendición. El plan es la simplicidad misma: Dad todo lo que podáis al reverendo Ike y ello retornará —con intereses— a aquellos que tienen fe suficiente.
«¡Depositad al menos 100 dólares!», comienza diciendo,
«¡Pedid prestado si es necesario. La gente pide prestado para acudir al médico o al abogado y ahorra para el sepulturero, pero roban a Dios! NO DEJÉIS QUE ESTO OCURRA CON VOSOTROS. Enviad una ofrenda extra y creed en bendiciones extras.» Para hacerlo aún más fácil, Ike admite el sistema de cuotas para las bendiciones, ya sea mensuales o semanales.
Un año después de su conversión a Mammón, los frutos del Plan Bendición permitió al reverendo comprar una sala de cine de 6.000 dólares en plena ciudad, en el área de Washington Heights de Manhattan. El plan también le proporcionó los medios para volcar un millón de dólares para remodelar la sala y convertirla en el United Palace, con un auditorio de 5.000 plazas, oficinas para su Asociación Evangelista Cristiana Unida y cuarteles generales del Instituto para la Ciencia de la Vida.
En los últimos años de la década del 60, el reverendo se lanzó a los caminos. En Los Angeles anunció que «la falta de dinero es la verdadera raíz de todo mal». En Houston, se dirigió a una multitud de 5.000 personas diciendo «Puedo amar al Señor mucho mejor cuando tengo dinero en el bolsillo. Bendecid al dinero. ¡El dinero es Dios en acción!»
El Miami News describió a Ike pasando un platillo en el Miami Beach Convention Hall y diciendo: «Todo aquel que pueda dar 100 dólares llega al frente del altar... y aquellos que no pueden darlos, tomad 50 dólares y ofrecedlo... y si no tenéis eso, entonces coged 10 o 5... Monedas no, por favor... Levantad esos billetes, quiero que todos veáis vuestra fe.»
En San Francisco alquiló el Cow Palace, por una noche, en 25.000 dólares. Un observador destacó que la inclinación por el dinero del reverendo Ike, haría parecer tímida a la difunta Hermana Aimee y que sus demostraciones de cura dignificarían a Oral Roberts. De vuelta en Nueva York, colmó el Madison Square Garden, instruyendo a 20.000 adoradores ojiabiertos: «No esperéis recibir vuestro pastel en el cielo. ¡Yo quiero mi pastel AHORA, y lo quiero con un helado encima!»
Si para algunos el reverendo Ike parece ser un blasfemo y un radical, no significa ninguna amenaza para las instituciones establecidas. Por el contrario, con su desprecio por los militantes negros, jugadores y personas emprendedoras, y su gusto por el mundo del bienestar, podría ser el símbolo ideal del capitalismo negro en la religión.
Desempeñando ese papel, aparece a la luz de los reflectores en su United Palace Auditorium, como la encarnación de todo lo que sus seguidores quisieran ser: triunfador, bien parecido, próspero, y salvajemente complacido consigo mismo. Y ellos continuarán llegando a su altar, apretando con fuerza sus ansiosas ofrendas.
D. P. P.
Marjoe Gortner (n. 1943)
Marjoe Gortner no fue la primera persona en hacer que la religión se vuelva en un juego en contra. Pero fue el primero en exponerse a sí mismo y a todos los trucos cursis de su oficio, en una película de largometraje.
Su confesión cinematográfica, publicada a mediados de 1972, fue una momentánea cause célebre del nuevo periodismo fílmico. Pero en la más larga tradición del revivalismo protestante norteamericano, Marjoe probablemente será mejor recordado por su escandalosa partida del circuito de la salvación.
Su temprano ministerio fue suficientemente extravagante. Sus padres fueron evangelizadores de California y supieron desde el principio que tenían en sus manos a una potencial superestrella de la prédica. Le impusieron a su hijo el nombre de Marjoe: una contracción de María y José. A los 3 años de edad fue ordenado en la Iglesia de la Fe de los Viejos Tiempos en Long Beach. A los 4 y medio, contrajo su primer matrimonio, causando un doblez legal y eventualmente un cambio en la ley californiana que requiere que el ministro contrayente cuente al menos con 21 años de edad.
De acuerdo con su auto-exposición filmada, los padres de Marjoe le condujeron implacablemente hacia un éxito aún más deslumbrante. En los diez años siguientes, fue llevado por las iglesias independientes de Pentecostés y a las reuniones, celebradas en tiendas a través de todo el sud y medio oeste.
En el escenario era una marioneta vestida, de ojos azules y voz aflautada, animada por inspiración divina, o al menos así lo creía fervientemente su estático y absorto público campesino. En la trastienda, era un pequeño y asustado muchacho, cuidadosamente dirigido por sus padres, que a veces sumergían en agua su cabeza para disciplinarlo y hacerle aprender sus textos.
A los 14 años se escapó y fue recogido por una mujer mayor que se convirtió a la vez en madre sustituía y amante. Le proporcionó un hogar mientras éste concurría a la escuela secundaria en Santa Cruz y trabajaba como buhonero a la orilla del mar, y como subastador y músico de rock de poca monta. En el Colegio Estatal se inició en los derechos civiles, la revolución de la juventud y la psicodelia.
Resolvió volver a la predicación. Esta vez, sin embargo, sermonearía sobre el Dios interior. El fabuloso Marjoe retomaría a sus vulnerables cristianos de los montes, usando el pulpito para encenderlos con el cambio social y la nueva conciencia de los últimos años 60.
Fue un fracaso colosal. Los fieles permanecían inmóviles bajo la tienda de lona. Las multitudes disminuían. Los pastores anfitriones preguntaban: «¿Cuándo vas a predicar sobre la sangre, Marjoe? ¿Cuándo predicarás sobre el fuego?» Frustrado por el fracaso de su reanimación radical, Marjoe decidió cruelmente darles lo que querían.
Calculando el efecto de su cuerpo y su voz sobre las emociones, se contonearía, saltaría y se crisparía en frenesí religioso. Copió directamente el jactancioso contoneo con la mano sobre la cadera del Rolling Stone, Mick Jagger; Marjoe electrizó a los adoradores, muchos de los cuales creían sin duda que el rock and roll era obra del demonio. Como una especie de Elmer Gantry, era el alma de la hipocresía. Dólares duramente ganados se apilaban sobre el escenario. El Hermano Marjoe, radiante de gracia celestial, barría con ellos.
Cuatro años y medio más tarde quiso auto-descubrirse. También quiso ser una estrella del cine; hizo de ambos deseos una realidad, al protagonizar un «film verité» de 83 minutos sobre sí mismo y sus trapisondas. En 1972-1973, Marjoe, la película, se expuso ante decenas de miles de norteamericanos, muchos de los cuales nunca hubieran soñado con presenciar un «revival».
Los predicadores fundamentalistas dijeron que el hombre que los había engañado estaba controlado obviamente por Satanás. Los sofisticados puntualizaron que ellos habían dicho siempre que tales personas eran normalmente unos charlatanes.
En lo que a Marjoe concierne, comenzó a preguntarse sobre el valor a largo plazo que significaba el hecho de ser el centro de las reuniones elegantes del este; se preguntaba también si su novel carrera como actor le permitiría alguna vez librarse de los papeles que lo estereotiparon como un clérigo díscolo.
D. P. P.
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