Galeano, virtudes y arrepentimientos

 Una edición conmemora los 50 años de Las venas abiertas de América Latina, lectura de iniciación política en los 70 y clásico de la cultura de izquierda en un revival reciente.

Eduardo Galeano murió el 13 de abril de 2015


Lectura de iniciación política en los años 70, clásico de la cultura de izquierda redescubierto a principios del siglo XXI, Las venas abiertas de América Latina cumple cincuenta años de su aparición y vuelve a las librerías con una edición aniversario. En rigor el libro de Eduardo Galeano no dejó de circular desde su primera publicación, a pesar de las prohibiciones de gobiernos autoritarios, las críticas de especialistas y la propia valoración del autor, que hacia el final de su vida lo encontró aburrido. Concebido para intervenir en una coyuntura en que se avizoraban “tiempos de rebelión y de cambio”, sobrevivió a la clausura de esa etapa histórica y ofrece nuevas posibilidades de lectura desde el presente.

Dibujos de Rep para la reedición de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, en 2021.

Dibujos de Rep para la reedición de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, en 2021.

Galeano describió su libro como “una historia del saqueo” del continente y “de los mecanismos actuales del despojo”; la correlación del pasado y el presente y el modo en que se prefiguran las estructuras económicas y los modos de relación con los centros de poder son mecanismos de su argumentación. En “Siete años después” (1978), agregado como apéndice, acusó recibo de las primeras críticas y dijo que había escrito un manual de divulgación sobre economía política: un autor no especializado trataba de dirigirse al público común sin utilizar “el lenguaje hermético” de los especialistas –funcional en su opinión a la circulación restringida del conocimiento– y tampoco el de la propaganda revolucionaria.

Esa elección de estilo y el trabajo de escritura son claves de la vigencia de Las venas abiertas de América LatinaLas estadísticas sobre las que se apoya el libro pueden estar desactualizadas y su ambiciosa mirada panorámica sacrifica detalles y particularidades, pero el impulso narrativo del relato y la destreza en la selección del dato que patentiza el planteo y en el ordenamiento de la información sostienen la lectura e incluso preservan un carácter persuasivo más allá de que determinados análisis resulten simplificaciones.

Las reflexiones sobre el funcionamiento del Fondo Monetario Internacional, los mecanismos de la deuda externa y el sistema mundial de patentes, entre otros aspectos del libro, tienen particular actualidad. Pero si el libro se impuso al paso del tiempo fue ante todo porque Galeano no suscribió las certezas sobre el futuro de los movimientos insurreccionales de los años 70; no habla de revolución, palabra ausente en el libro, sino de un momento de cambio en que se impone la necesidad del conocimiento histórico. Encuentra un modelo en la Revolución Cubana, pero también valora experiencias tan distintas como el gobierno de Juan Velasco Alvarado en Perú o el de Salvador Allende en Chile.

Unidad latinoamericana

Su ideal es en todo caso el de la unidad latinoamericana y antes que a los pensadores del socialismo invoca a las figuras de Artigas y Bolívar. En última instancia no son la economía ni la política los ejes de su pensamiento, sino aquello que proviene de la poesía y la ficción: un concepto de esperanza que parece identificar con la misma condición humana –“en la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación”, es su declaración final– y las voces de testigos anónimos a los que otorga un estatuto comparable al de las fuentes bibliográficas y que aportan una especie de versión sensible de los procesos en cuestión.

Dibujos de Rep para la reedición de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, en 2021.

Dibujos de Rep para la reedición de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, en 2021.

La bibliografía citada es extensa, pero la base de la argumentación sobre el expolio del continente desde la colonización española hasta el siglo XX surge de las obras de un pequeño núcleo de historiadores, economistas y sociólogos: Sergio Bagú, Vivian Trías, Celso Furtado, André Gunder Frank, Darcy Ribeiro, René Dumont y antes que Marx, los estudios de Ernest Mandel. También acude a la literatura: las novelas de Jorge Amado, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias y otros autores de los 60 son leídas en clave documental.

Al mismo tiempo, se apoya en informes y cifras de organismos internacionales y gobiernos de distintos países que, por la forma de la cita, constituyen una especie de evidencia aluvional. Galeano usa y abusa de la estadística comparada con plena conciencia de sus efectos de persuasión –con frases del tipo “el ingreso promedio de un ciudadano norteamericano es siete veces mayor que el de un latinoamericano y aumenta a un ritmo diez veces más intenso”– y refuerza sus tesis con destacados en cursiva que resaltan las conclusiones y afirmaciones fuertemente asertivas en los subtítulos, un recurso que parece tomado del oficio de los tituleros de la prensa gráfica, capaces de capturar al lector con una frase deslumbrante: “El latifundio multiplica las bocas pero no los panes”, “La industrialización no altera la organización de la desigualdad en el mercado mundial”, y un largo etcétera.

Revisionismo

Galeano abrevó en el revisionismo histórico y le dio nuevo empuje con su concepción de las “historias oficiales” como representaciones engañosas e interesadas del pasado. De hecho, ese fue uno de sus intereses como director editorial de la revista Crisis entre 1973 y 1976. Los “sacrilegios” –es el término que recoge– más efectivos al orden discursivo convencional surgen sin embargo de otros recursos de lengua y de estilo: la ironía, el humor negro, las sentencias del lenguaje coloquial, incluso campesino (la Organización de los Estados Americanos, dice, “tiene la memoria del burro, porque no olvida nunca dónde come”) y sobre todo el uso de la primera persona, que introduce de manera sorpresiva como un factor disruptivo y a la vez de énfasis en lo que despliega como análisis económico.

Galeano observa la ciudad de Potosí desde la azotea de una casa colonial, conversa con mineros en la profundidad de un yacimiento en Chile, asiste a la intimidad de la zafra en Cuba, comparte un viaje con un campesino guaraní en Paraguay. No se presenta como un frío analista; más bien es un testigo comprometido con lo que observa y con sus informantes, gente del pueblo a la que reviste de un aura (un viejo mendigo al que encuentra cerca de Ouro Preto “camina descalzo a mi lado, a pasos lentos bajo el tibio sol de la tarde”) y le atribuye frases reveladoras. También exhibe fuentes calificadas: “En 1964, en su despacho de La Habana –dice–, el Che Guevara me enseñó que la Cuba de Batista no era solo de azúcar”.

Dibujos de Rep para la reedición de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, en 2021.

Dibujos de Rep para la reedición de "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, en 2021.

En abril de 2014, Galeano dijo en Brasilia que Las venas abiertas de América Latina era un capítulo cerrado en su historia y que le habían faltado lecturas para la elaboración. A partir de entonces, surgió la leyenda de una autocrítica o de un arrepentimiento, a pesar de que en el mismo acto Galeano reivindicó la escritura. Lo cierto es que no se desentendió de la obra, sino que por el contrario introdujo correcciones y agregados en distintas reediciones. Las conclusiones apresuradas sobre aquellas declaraciones parecieron confirmar, antes que un viraje del autor, la incomodidad y la perturbación que provoca un libro, como virtudes intactas a medio siglo de su aparición.

Las venas abiertas de América Latina. Edición 50 aniversario
Eduardo Galeano
Siglo XXI
​352 págs.

https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/galeano-virtudes-arrepentimientos_0_BV88-_PTv.html

INCLUSO LA POESÍA PUEDE SALVAR TU VIDA

 




Puede parecer una paradoja pensar que Dante, hoy, puede salvarnos la vida. Pero si lo piensas, no solo es cierto, sino que es una afirmación que subyace a un orden complejo de razonamiento que es muy apropiado abordar. Enrico Castellli Gattinara lo hace sistemáticamente en su Cómo Dante puede salvar tu vida - Saber siempre marca la diferencia , editor Giunti. El autor parte de la idea generalizada de que la poesía no tiene poderes que vayan más allá del entretenimiento cultural: no cura enfermedades, no apaga incendios, no repara puentes. Y en caso de muerte, nadie estaría lo suficientemente loco como para llamar a un poeta para que lo ayude. En resumen, aparentemente la poesía es inútil.
Castelli Gattinara comienza recordando aquel extraordinario capítulo de Si esto es un hombreen el que Primo Levi cuenta cómo, en el horror del campo de exterminio, ante la petición de Pikolo, su compañero de prisionero francés, de enseñarle un poco de italiano, se le ocurre la idea de recitar la canción de Ulises. Y cómo el esfuerzo por recordar a Dante, por explicárselo a su compañero, lo arranca por un momento de las absurdas reglas del campo, de estar siempre suspendido de un hilo, de que la vida de la lager reduce al hombre a un instinto primitivo, sin verdadera conciencia de sí mismo, brutalizado hasta el punto de no saber más lo que uno es. Aquí, en el infierno de Auschwitz Dante, que "los hechos no fueron para vivir como brutos", puede arrancar la tentación de dejarse abrumar por la violencia que, ante todo, destruye la dignidad humana. Puede salvar.
 Castelli Gattinara continúa su reconocimiento buscando ejemplos en los que la música, la lectura de Pinocho , el arte, el estudio son herramientas que nos pueden sacar de la desesperación, del aislamiento, del desconcierto. Sucede que quien organiza una orquesta en la degradada situación de Venezuela logra restar  al llamado de los jóvenes trabajadores del inframundo que de otro modo no tendrían forma de escapar del reclutamiento criminal; Quien involucre a niños africanos que ya son víctimas de los narcotraficantes en una animación teatral, a partir de Collodi, puede ayudarlos a encontrar una salida a la marginación; que la fotografía, la pintura, el cine son muchas conexiones con el mundo de la expresión humana que, precisamente por ser inmaterial, puede salvar de la materialidad violenta de mundos que no dejan libertad de pensamiento y esperanza para la construcción de un futuro pacífico.
Si practicar las artes es una forma de acceder al conocimiento, si da conocimiento y conocimiento, puede salvar. Y no solo salva a quienes viven en situaciones de penuria muy grave, a los deportados y a los marginados; salva a quien corre el riesgo de ser, como alguien que ha sido privado de la dignidad humana, sin la capacidad de elegir, de conocer, de tener la autonomía de vivir las experiencias del mundo y de convertirlo en la base del pensamiento crítico y analítico. Concierne a todos, y especialmente a los jóvenes que estudian. Castelli Gattinara intentó preguntar a sus estudiantes adolescentes qué era más importante para ellos. "De 100 alumnos, motivados e interesados, inteligentes e implicados, nadie escribió una palabra que tuviera lo más mínimo que ver con la cultura". Y el énfasis es importante: no niños apáticos, apáticos e indolentes: estudiantes motivados e inteligentes. La experiencia del autor dice que a muchos niños les encanta leer y les apasiona escribir. Pero cuando hablan de ello entre ellos no aceptan que estos sean valores significativos. Las cosas importantes son la familia, los amigos, el amor. No poesía. Y un libro, sí, puede salvar vidas: pero solo si estás en una isla desierta y tienes un manual de supervivencia en tus manos.
Castelli Gattinara, hablando de Primo Levi, recuerda que en el campo de concentración los prisioneros que perdían la dignidad y la capacidad de reacción, el deseo de vivir y luchar eran llamados "musulmanes" (sin referencia al Islam). El primero en ceder y destinado a la cámara de gas. Creo que su libro quiere que reflexionemos sobre el hecho de que, incluso si no vivimos en un campo de concentración y ninguno de nosotros corre el riesgo de ser asesinado por un abominable proyecto de exterminio, podemos convertirnos en "musulmanes" incluso hoy, en un mundo libre. Podemos perder el valor de un pensamiento autónomo, podemos ceder al conformismo de masas, podemos renunciar al principio de solidaridad, la defensa de la dignidad humana. Déjate llevar por la corriente. No aceptes la lección de poesía, literatura, artes. La ausencia de cultura en el proyecto de vida de los jóvenes es un signo preocupante. Sin la aspiración al conocimiento, sólo puede existir el valor del instinto y la posesión. Y lamentablemente hay indicios de ello.
 En resumen, creo que debemos estar convencidos de que incluso hoy, en la batalla por un mundo más justo, Dante puede salvarnos la vida.

de "La imaginación", diciembre de 2019

Ayuda, llego tarde: no me di cuenta que las fiestas culturales son el opio del pueblo

 






¿Qué se entiende por cultura, para qué sirve, quién y cómo la transmite? Son preguntas legítimas, ya que las respuestas cambian a medida que cambian los medios de transmisión del conocimiento y los valores dominantes. Goffredo Fofi escribió sobre El opio del pueblo , publicado por Elèuthera: un panfleto muy controvertido, en el que señala como hoy "de la cultura como originalidad de pensamiento y de obras muy pocos hablan", de que los formadores de opinión juegan un papel desastroso para el la democracia y la inteligencia de nuestros compatriotas que han vuelto a ser - según Fofi - “un plebeyo indistinto”; y nuevamente de la imposibilidad de defenderse de la estupidez, del hecho de que ya no hay una conciencia colectiva y de que todos nos hemos convertido en una “pequeña burguesía genérica, dominada, condicionada y oprimida”.
Una alarma que siento en parte también, basada en un análisis parcialmente compartible. Sin embargo, hay en el libro una animada contestación de los acontecimientos que se han extendido en los últimos años y, en particular, de los festivales culturales y las "capitales de la cultura". Para Fofi, estas son oportunidades de autopromoción para concejales de cultura que solo están interesados ​​en entretener, simplificar y alentar. “Banquetes de cantautores, actores y escritores”, una sopa cuyo último ingrediente es la política, “que ciertamente no hará mejores nuestras ciudades y más justos a sus habitantes”. ¿Y si la cultura, se pregunta Fofi, no fuera más que "el instrumento privilegiado de la dominación, el instrumento que utiliza el poder para esclavizarnos, para hacernos aceptar lo inaceptable?".
No sigo a Fofi aquí. Porque si bien los festivales y capitales culturales ciertamente pueden ser explotados por administradores vulgares, hechos con fines comerciales y con personajes mediocres, estoy convencido de que si incluso uno de los que participan en ellos se inspira para un pensamiento, para un deseo de profundizar un problema. , por el deseo de leer un libro que de otra manera no habría leído, siguen siendo algo que todos necesitamos.
Es decir, en este sentido, la lectura   de Cielo y dinero, Periodismo cultural de práctica y teoría, Giorgio Zanchini, editor de Aras Se trata de un libro en el que el autor recoge la experiencia de siete ediciones del Festival de Periodismo Cultural de Urbino, Pesaro y Fano, que dirige junto a Lella Mazzoli, que también es el prefacio del volumen. E inmediatamente llama la atención, leyéndolo, cómo un festival también puede ser una herramienta para documentar y monitorear   el mundo de la cultura en nuestro país, una especie de encuentro anual para desarrollar una investigación sobre cómo cambia la relación entre producción cultural y comunicación. y cómo afectan los medios a los mensajes.
Empiezo con la segunda parte del volumen, en la que Zanchini hace un estudio cuidadoso y exhaustivo de los territorios del periodismo cultural en Italia. Un mapa preciso, muy útil para comprender cómo están cambiando las terceras páginas (donde todavía existen), cómo se están desarrollando los suplementos de los periódicos, cómo cambian las transmisiones de televisión cultural - hoy concentradas principalmente en canales dedicados - y cómo una red ha desarrollado una textura colorida de sitios culturales . Una transformación profunda, que también ve una fertilización cruzada de los medios. Si es cierto que los periódicos pierden ejemplares, es cierto que su audiencia coincide con la de consumidores de fuerte cultura, que sus versiones onlinecrecen y que los contenidos de los periódicos a menudo ingresan a la red de diversas maneras. E incluso las emisiones de televisión, que ni siquiera los jóvenes ven, todavía tienen la capacidad de estimular a un gran número de consumidores culturales.
Lo que parece evidente es la crisis del formulario-review, muchas veces sustituida - tanto en papel como en televisión y online - por entrevistas, breves reportajes o reseñas "no confiadas a críticos profesionales, más impresionistas que meditadas". Piezas, concluye Zanchini, “que no permiten ninguna elaboración real del pensamiento crítico”.
Vuelvo aquí a la primera parte del libro, en la que el autor da cuenta del debate que ha animado el festival a lo largo de los años. En este punto, es fundamental cuestionar a los intermediarios, la marginación de competencias. ¿Se puede detener la crisis del periodismo cultural tradicional? ¿Podría haber un nuevo modelo de intermediación? ¿Y no es la crisis actual un espejo de la crisis paralela de las estructuras políticas y sociales?
Avanzamos hacia una especie de "autocomunicación masiva", y se observa "Los lentos procesos de adquisición de conocimientos luchan por resistir". Cierto. Pero quizás debamos preguntarnos: ¿existen procesos de adquisición de conocimiento que no sean lentos? Ésta, quizás, sea la verdadera cuestión, y de ahí la apuesta de si el periodismo cultural puede tener futuro.



   De The Imagination , enero de 2020

ENCANTAMIENTO DIGITAL Y EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA

 




Como curiosa paradoja en Estados Unidos, el país que siempre ha estado a la vanguardia de las innovaciones tecnológicas y el desarrollo de los medios, se han extendido las críticas más radicales, ya menudo superficiales, a los procesos en marcha. Ya ni siquiera recordamos a los persuasores ocultos de Vance Packard, que a finales de la década de 1950 nos advirtió de las formas más sutiles de publicidad y sin embargo tuvo una gran difusión; los estudios apocalípticos sobre el desarrollo de la comunicación televisiva se han ido perdiendo con el tiempo, como Three Blind Mice de Ken Auletta; por venir hoy, ¿es de Estados Unidos de donde vienen las acusaciones más duras de la Web y sus efectos, empezando por las de Nicholas Carr, con su Internet volviéndonos estúpidos, para llegar a Proust y el calamar y el lector más reciente , Come Home , de Maryanne Wolf.
Se trata de libros que adolecen de un sesgo informativo que no pretende tanto investigar en profundidad, sino dirigirse hacia una crítica superficial y humoral. Un ensayo que tiene en cuenta sobre todo las posiciones tradicionalistas de los círculos académicos, y representa una sensibilidad conservadora, que tiene sus raíces en una lectura quizás algo aproximada de la escuela de Frankfurt.
Puede deberse a la sólida tradición humanista, que en Italia también informa la sociología de los estudios de la comunicación, pero es de nosotros de donde suelen llegar los trabajos más originales y actualizados sobre los nuevos medios. El más reciente es un libro coescrito por Giovanni Solimine y Giorgio Zanchini, La cultura horizontal , publicado por Laterza. Originalidad que comienza con el título, que representa la perspectiva con la que los autores miran la forma en que se organiza hoy la transmisión de la cultura y el conocimiento. Una transmisión horizontal, de hecho, sin intermediarios, que arrasó con las profesiones y competencias y “desquició el sistema de acceso al conocimiento al que estábamos acostumbrados”. Pero esto es un hecho, no un juicio, y el libro es una investigación sin prejuicios, que parte de un análisis objetivo de cómo ha cambiado el paradigma de los procesos de comunicación en la era de la comunicación digital, centrándose en particular en el comportamiento juvenil.  
Ante el extraordinario flujo de información que transmite la red, señalan los autores, hay que tener en cuenta por un lado el atraso de los intelectuales, encerrados en un conocimiento autorreferencial, y por otro lado  alfabetización inconclusa. A pesar del alto nivel de educación en el mundo, la ignorancia nunca ha ejercido tanto atractivo como lo hace hoy. ¿Es culpa de la red? También, pero también de una crisis de autoridad de las instituciones, que no han tenido la capacidad de captar los signos del cambio. Por tanto, la red pone a disposición una cantidad de datos inimaginables hasta ahora, engañosamente gratuitos, pero a los que a menudo se llega de forma involuntaria, y no es fácil disponer de las herramientas para descifrarlos, organizarlos y leerlos de forma competente. Por tanto, sigue siendo necesaria la mediación; porque la red es un espacio de gran libertad, pero "no predispuesta a igualdad de condiciones de partida". Y por tanto "quedará algo de la verticalidad", dicen los autores, porque adquirir información, ante el excedente cognitivo, requiere de un mediador, que permite "una apropiación controlada de formas culturales". Sin embargo, es difícil imaginar quiénes serán los mediadores del futuro. Ciertamente no los del pasado, y si los periodistas e intelectuales aún tienen un papel, hoy se encuentran en competencia con los nuevos actores de la cultura horizontal, desdeinfluencers a yuoutubers , desde bloggers hasta motores de búsqueda muy poderosos.
El libro ofrece un análisis en profundidad de cómo la comunicación digital está cambiando los diferentes sectores del consumo cultural: del libro a la televisión, de la música a los videojuegos, de la radio al cine. Las innovaciones más significativas me parecen surgir del análisis de la forma en que se obtiene la información en la era de la desintermediación. Aquí el periodismo tradicional se enfrenta a un sistema híbrido,   en el que las noticias pueden llegar -como anticipan los estudios de Lella Mazzoli- a  través de cross-media: de los medios más diversos y, a menudo, de fuentes no autorizadas, como los contenidos generados por los usuarios . Es un universo en el que el flujo de información se mezcla con las relaciones de las redes sociales., en un "círculo narcisista", una especie de conversación ininterrumpida. Interesante reflexión sobre el fenómeno de FoMo, Fear of Missing Out , el miedo a perder la conexión, que produce una especie de enfermedad conformista que obliga a la iteración de contactos entre usuarios que comparten los mismos intereses y valores.
Aunque Solimine y Zanchini han propuesto solo prácticas culturales en la web como área de investigación, con especial atención al comportamiento de los jóvenes, admiten que haber formado en el período pre-Internet les hace correr el riesgo de caer en trampas nostálgicas. Sin embargo, a pesar de la mirada objetiva, la conclusión no puede ser optimista. Si es cierto, como señalan los autores, que "el consumo crítico de información corre el riesgo de ser un privilegio de las minorías", la horizontalidad puede ser un fenómeno que "contrasta con el pluralismo que la red propaga como bandera", porque no supera la fuerte brecha entre quienes tienen y quienes no tienen las herramientas para orientarse en la redundancia de información. Aquí el libro nos enfrenta a un elemento de alarma que se ha repetido varias veces, en diversos contextos, en los últimos años: la correlación entre el uso de los nuevos medios y la creciente desconfianza en el sistema democrático, la política y las instituciones.  Tampoco es fácil imaginar quién puede presidir la reorganización del conocimiento y la certificación de la veracidad de la información en un universo que rechaza la mediación. y no reconoce las habilidades. Una preocupación que los autores atribuyen a los estudiosos del pensamiento clásico: que el encanto del mundo digital tiene "el efecto de inhibir el proceso de maduración que se produce en el continente profundo". Difícil no estar de acuerdo. El predominio de la mirada rápida y superficial ya está en su lugar. La red no solo cambia el flujo de comunicación; nos cambia a todos.

Permítame agregar mi reflejo. Me parece seguro que la horizontalización  no está allanando el camino para una nueva democracia de la cultura, sino que se corre el riesgo de que abra dos caminos, uno político y otro social, ambos recesivos. Por un lado, con la muerte de las ideologías y la crisis de los partidos tradicionales, parece surgir una clase política --no solo en Italia-- formada por sujetos que no tienen proyecto propio, sino que elaboran de manera oportunista sus propias estrategias electorales sobre el forma en que la opinión pública se reúne en torno a sensibilidades ocasionales, vinculadas a campañas de prensa a menudo basadas en noticias inexactas, si no falsas. Por otro lado, parece surgir un nuevo tribalismo, conformado por círculos restringidos, centrados en intereses particulares y en valores adquiridos acríticamente. Una fragmentación, un proceso de fragmentación social que no va en dirección a la modernidad,
En un momento en el que tenemos que proponernos salir de la gravísima crisis producida por la pandemia del coronavirus, necesitamos repensar profundamente nuestras relaciones con las instituciones y desarrollar un proyecto de empresa en el que invertir de futuro. Para ello, será necesario superar los tribalismos y oportunismos, porque la idea de que todo pueda volver a ser como antes es ilusoria, pero sobre todo peligrosa.
L'INCANTAMENTO DIGITALE
E IL FUTURO DELLA DEMOCRAZIA

Per un curioso paradosso negli Stati Uniti, il paese che è sempre stato in prima linea nelle innovazioni tecnologiche e nello sviluppo dei media, si sono diffuse le critiche più radicali – e spesso superficiali – dei processi in atto. Non ci ricordiamo nemmeno più dei Persuasori occulti, di Vance Packard, che alla fine degli anni Cinquanta ci metteva in guardia dalle forme più subdole di pubblicità e pure ha avuto grande diffusione; si sono persi nel tempo gli studi apocalittici sullo sviluppo della comunicazione televisiva, come i Tre topolini ciechi, di Ken Auletta; per venire a oggi, è dall’America che vengono i più duri atti d’accusa al Web e ai suoi effetti, a cominciare da quello di Nicholas Carr, col suo Internet ci rende stupidi? , per arrivare a Proust e il calamaro e il più recente Lettore, vieni a casa, di Maryanne Wolf.
Sono libri che soffrono di un taglio divulgativo che non si propone tanto di indagare in profondità, quanto di indirizzarsi piuttosto verso una critica superficiale e umorale. Un saggismo che tiene conto soprattutto delle posizioni tradizionalistiche degli ambienti accademici, e rappresenta una sensibilità conservatrice, che affonda le sue radici in una lettura forse un po’ approssimativa della scuola di Francoforte.
Sarà per la solida tradizione umanistica, che in Italia informa anche gli studi di sociologia della comunicazione, ma è da noi che, spesso, arrivano i lavori più originali e aggiornati sui nuovi media. Il più recente è un libro scritto a quattro mani da Giovanni Solimine e Giorgio Zanchini, La cultura orizzontale, edito da Laterza. Originalità che inizia dal titolo, che rappresenta la prospettiva con la quale gli autori guardano al modo in cui si organizza, oggi, la trasmissione delle cultura e del sapere. Una trasmissione ad andamento orizzontale, appunto, senza intermediazioni, che ha obliterato le professioni e le competenze e ha “scardinato il sistema di accesso alla conoscenza a cui eravamo abituati”. Ma questo è un dato di fatto, non un giudizio, e il libro è un’indagine senza pregiudizi, che parte da un’analisi obiettiva di come è cambiato il paradigma dei processi comunicativi nell’epoca della comunicazione digitale, focalizzata in particolare sui comportamenti giovanili.  
Di fronte allo straordinario flusso di informazioni veicolato dalla rete, notano gli autori, dobbiamo tener conto da un lato dell’arretratezza degli intellettuali, chiusi in un sapere autoreferenziale, e dall’altro di  un’alfabetizzazione incompiuta. Malgrado l’alto livello mondiale di scolarizzazione, l’ignoranza non ha mai esercitato tanto fascino come oggi. Colpa della rete? Anche, ma anche di una crisi di autorevolezza delle istituzioni, che non hanno avuto la capacità di cogliere i segnali di cambiamento. La rete dunque mette a disposizione una quantità di dati finora inimmaginabile, illusoriamente gratuiti, ma ai quali si arriva spesso in modo non intenzionale, e non è facile avere gli strumenti per decifrarli, organizzarli e leggerli con competenza. C’è ancora, dunque, la necessità di mediazione; perché la rete è un ambito di grande libertà, ma “non predisposto alla parità delle condizioni di partenza”. E quindi “qualcosa della verticalità rimarrà”, dicono gli autori, perché acquisire informazioni, di fronte al surplus cognitivo, necessita di un mediatore, che permetta “una appropriazione controllata delle forme culturali”. E’ difficile però immaginare chi saranno i mediatori del futuro. Certo non quelli del passato, e se i giornalisti e gli intellettuali hanno ancora un ruolo, oggi si trovano in competizione con i nuovi attori della cultura orizzontale, dagli influencers agli yuoutubers, dai bloggers agli stessi potentissimi motori di ricerca.
Il libro dà conto, con un’indagine approfondita, di come la comunicazione digitale sta cambiando i diversi comparti del consumo culturale: dal libro alla tv, dalla musica al videogioco, dalla radio al cinema. Le novità più significative mi pare emergano dall’analisi del modo in cui ci si informa nell’epoca della disintermediazione. Qui il giornalismo tradizionale si trova a confrontarsi con un sistema ibrido,  nel quale le notizie possono arrivare – come anticipato dagli studi di Lella Mazzoli -  attraverso la crossmedialità: dai mezzi più diversi e da fonti spesso non autorevoli, come lo user-generated content. E’ un universo in cui il flusso informativo si mescola con le relazioni dei social networks , in un “circolo narcisistico”, una sorta di conversazione ininterrotta. Interessante la riflessione sul fenomeno del FoMo, Fear of Missing Out, il timore di perdere la connessione, che produce una sorta di malattia conformistica che costringe all’iterazione di contatti tra fruitori che condividono gli stessi interessi e valori.
Solimine e Zanchini, pur essendosi proposti come ambito di ricerca solo le pratiche culturali in rete, con particolare attenzione ai comportamenti giovanili, ammettono che l’essersi formati in periodo pre-internettiano fa correre loro il rischio di cadere in trappole nostalgiche. Malgrado lo sguardo obiettivo, però, la conclusione non può essere ottimistica. Se è vero, come indicato dagli autori, che “il consumo critico di informazione rischia di essere un privilegio di minoranze”, l’orizzontalità può essere un  fenomeno che “stride con il pluralismo che la rete propaganda come sua bandiera”, perché non supera il forte iato tra chi ha e chi non ha gli strumenti per orientarsi nella ridondanza informativa. Qui il libro ci pone di fronte a un elemento di allarme che è ricorso a più riprese, in vari contesti, negli ultimi anni: le correlazione tra l’uso dei nuovi media e la crescente sfiducia nel sistema democratico, nella politica e nelle istituzioni.  Né è facile immaginare chi possa presiedere alla riorganizzazione dei saperi e alla certificazione della veridicità delle informazioni in un universo che rifiuta la mediazione e non riconosce le competenze. Una preoccupazione che gli autori attribuiscono agli studiosi del pensiero classico: che l’incantamento del mondo digitale abbia “l’effetto di inibire il processo di maturazione che avviene nel continente profondo”. Difficile non essere d’accordo. Il prevalere dello sguardo veloce e superficiale è già in atto. La rete non cambia solo il flusso della comunicazione; ci cambia dentro, tutti.

Mi permetto di aggiungere una mia riflessione. Mi pare certo è che l’orizzontalizzazione  non stia aprendo la strada di una nuova democrazia della cultura, ma che ci sia il rischio invece che apra due percorsi, uno politico e uno sociale, ambedue recessivi. Da un lato, con la morte delle ideologie e la crisi dei partiti tradizionali, sembra farsi avanti – non solo in Italia - una classe politica fatta di soggetti che non hanno un progetto proprio, ma elaborano opportunisticamente le proprie strategie elettorali sul modo in cui l’opinione pubblica si aggrega intorno a sensibilità occasionali, legate a campagne stampa spesso basate su notizie imprecise se non false. Dall’altro sembra delinearsi un nuovo tribalismo, costituito da circoli ristretti, concentrati su interessi particolari e su valori acquisiti acriticamente. Una frammentazione, un processo di parcellizzazione sociale che non va nella direzione della modernità, ma a spinte anarcoidi e a un ritorno a fenomeni di rifiuto del principio di responsabilità collettiva e di delega agli organismi costituzionali.
Nel momento in cui dobbiamo proporci di uscire dalla gravissima crisi prodotta dalla pandemia del coronavirus, abbiamo bisogno di ripensare in modo profondo i nostri rapporti con le istituzioni e di elaborare un progetto di società sul quale investire per il futuro. Per farlo, sarà necessario superare i tribalismi e gli opportunismi, perché l’idea che tutto possa tornare come prima è illusoria, ma soprattutto pericolosa.

http://poveroconiglio.blogspot.com/2020/







Releer hoy a Malraux

 





"Manuel se dio cuenta de que la guerra consiste en hacer lo imposible para que pedazos de hierro entren en la carne viva". La nueva, impecable traducción de Giovanni Pacchiano di Speranza , de Malraux, publicada por Bompiani, es una útil reseña de un pasaje histórico que ha tenido muchas versiones literarias, pero casi siempre filtrado por una visión heroico-hagiográfica que ha traicionado su realidad, no siempre claro.

Contar la guerra en España, visto desde la perspectiva de las brigadas internacionales, significa en gran medida explicar lo que sucede cuando la persona que lucha no ha sido entrenada para ello y no es un soldado. Con los rasgos de heroísmo y conmovedor impulso ideal que caracterizan a quienes están convencidos de que están librando una guerra justa, aunque a menudo no comprendan bien lo que está sucediendo; y con los momentos de confusión, tanto militares como ideológicos, que caracterizan a un ejército recluso, en parte compuesto por españoles, en parte por extranjeros de diversos orígenes y  varios credos políticos, y en parte también por mercenarios. “¿Quién manda aquí?”, Pregunta en cierto momento el comandante García, intelectual, refinado e irónico, prestado a la guerra civil; "¿Quién quiere que yo dirija? ... Todos ... Nadie ...", se le responde. Y al capitán Hernández, uno de los pocos soldados de carrera, que observa que una barricada es demasiado baja, se le pregunta quién es; “No eres de la CNT [los comunistas estalinistas]. Entonces, ¿qué tienes que ver con mi barricada? ”.

Pero la guerra es violencia y muerte, y Malraux la describe con una prosa tumultuosa, a partir de las convulsivas conversaciones telefónicas iniciales, en las que las voces de los falangistas se cruzan paradójicamente con las de los milicianos, para llegar a algunos de los enfrentamientos más duros, todo asalto. con armas inadecuadas para los tanques alemanes, duelos aéreos con aviones italianos, superiores en número y potencia a la bandada de "pelícanos", los aviones parcheados mejor comandados por Magnin, el alter ego de Malraux.

Pero este "ejercicio del apocalipsis", que es la columna vertebral del libro, no requiere reflexión, porque las batallas, para los que no son expertos, son lo más difícil de comentar, mientras que es la prosa de tambores con que se describe que capta e involucra. Mientras que junto a los combates hay enfrentamientos políticos, celos entre los componentes de las milicias, la autoridad de los comisarios políticos comunistas y la esquiva indisciplina de los anarquistas. Porque la de España es guerra y revolución, y contiene dureza militar e impulsos ideales. "Barcelona estaba embarazada de todos los sueños de su vida". En un clima decididamente anticlerical, en contraposición al clericalismo de los fascistas, se propone permitir que las paredes se decoren como alguna vez se decoraron las catedrales. "Hay más hermandad aquí, en la calle, que en cualquier catedral del otro lado ". Y el conflicto entre comunistas y anarquistas está siempre abierto: “En un tiempo, los nuestros fueron disciplinados porque eran comunistas. Ahora muchos se vuelven comunistas porque son disciplinados ”. De fondo, la conciencia de que es una guerra que es casi imposible de ganar, pero que es sobre todo una batalla por la libertad, y que quienes la viven se encuentran en una situación de suspensión, como si el tiempo se hubiera detenido, porque no hay nada más que ese conflicto, ese ideal; y la vida diaria, con sus alegrías y aburrimiento, se suspende hasta nuevo aviso. "La revolución es unas vacaciones de la vida". Ahora muchos se vuelven comunistas porque son disciplinados ”. De fondo, la conciencia de que es una guerra que es casi imposible de ganar, pero que es sobre todo una batalla por la libertad, y que quienes la viven se encuentran en una situación de suspensión, como si el tiempo se hubiera detenido, porque no hay nada más que ese conflicto, ese ideal; y la vida diaria, con sus alegrías y aburrimiento, se suspende hasta nuevo aviso. "La revolución es unas vacaciones de la vida". Ahora muchos se vuelven comunistas porque son disciplinados ”. De fondo, la conciencia de que es una guerra casi imposible de ganar, pero que es sobre todo una batalla por la libertad, y que quienes la viven se encuentran en una situación de suspensión, como si el tiempo se hubiera detenido, porque no hay nada más que ese conflicto, ese ideal; y la vida diaria, con sus alegrías y aburrimiento, se suspende hasta nuevo aviso. "La revolución es unas vacaciones de la vida". está suspendido hasta nuevo aviso. "La revolución es unas vacaciones de la vida". está suspendido hasta nuevo aviso. "La revolución es unas vacaciones de la vida".

Sin embargo, estos hombres, que saben que están arriesgando mucho, viven momentos de poesía, reflexión y enfrentamiento, al tiempo que se dan cuenta de que la guerra es siempre trágica y nunca permite estar a gusto, vivir sin preocupaciones. Manuel, un músico, al encontrarse en una iglesia se pone al órgano y toca el Kyrie de Pierluigi da Palestrina. Pero luego se dice que ya no puede jugar. “Creo que para mí, con la lucha, ha comenzado otra vida; tanto como el que comenzó cuando me acosté por primera vez con una mujer. La guerra vuelve casta ”.

Y la esperanza del título se puede rastrear en los intersticios entre las batallas, que dejan espacio para retratos originales, como el de Hernández, que será capturado y fusilado por los falangistas. “En la vida todo puede tener su compensación; (…) Pero la tragedia de la muerte radica en esto: transforma la vida en destino, ya partir de aquí nada se compensa ”. Y el piloto mercenario Leclerc, sospechoso de cobardía, y se lanza a riña con Magnin: "Te orino"; "Estabas equivocado", dice Magnin. “Te orino. Eres un salami atado, cara de vaca ”. Y el italiano Scali (que parece estar inspirado en el personaje de Nicola Chiaromonte), un refinado historiador del arte que se encuentra manejando armas y soldados y una dimensión de sentimiento colectivo nunca experimentada. "Tú que eres el intérprete de Masaccio, de Piero della Francesca, ¿cómo aguanta este universo? ”, le preguntan. Y él, un intelectual acostumbrado no sólo a explicar, sino también a persuadir, responde: "Los hombres unidos a la vez por la esperanza y la pasión alcanzan, como hombres unidos por el amor, territorios a los que solos no llegarían jamás".     


Rileggere Malraux oggi

 

“Manuel prendeva coscienza che la guerra consiste nel fare l’impossibile perché dei pezzi di ferro entrino nella carne viva”. La nuova, impeccabile traduzione fatta da Giovanni Pacchiano di Speranza, di Malraux, pubblicata da Bompiani, è un utile ripasso di un passaggio storico che ha avuto molte versioni letterarie, quasi sempre però filtrate da una visione eroico-agiografica che ne ha tradito la realtà, non sempre limpida.

Raccontare la guerra di Spagna, vista dalla prospettiva delle brigate internazionali, vuol dire, in gran parte, spiegare cosa succede quando chi combatte non è stato addestrato a farlo e non è un soldato. Con i tratti di eroismo e di commovente slancio ideale che caratterizzano chi è convinto di combattere una guerra giusta, anche se spesso non capisce bene cosa accade; e con i momenti di confusione, militare quanto ideologica, che caratterizzano un esercito raccogliticcio, in parte composto da spagnoli, in parte da stranieri di varie provenienze e  varie fedi politiche, e in parte anche da mercenari. “Chi comanda qui?”, chiede a un certo punto il comandante Garcìa, un intellettuale, raffinato e ironico, prestato alla guerra civile; “Chi vuole che comandi?.. Tutti… Nessuno…” gli viene risposto. E al capitano Hernàndez, uno dei pochi militari di carriera, che osserva che una barricata è troppo bassa, viene chiesto chi è; “Non sei della CNT [i comunisti stalinisti]. Allora, cosa c’entri con la mia barricata?”.

Ma la guerra è violenza e morte, e Malraux la descrive con una prosa tumultuosa, a partire dai convulsi dialoghi telefonici iniziali, in cui le voci dei falangisti si incrociano paradossalmente con quelle dei miliziani, per arrivare ad alcuni tra gli scontri più duri, all’assalto con armi inadatte ai carri armati tedeschi, ai duelli aerei con gli apparecchi italiani, superiori per numero e potenza allo scombinato stormo dei “pellicani”, gli aeroplani rappezzati alla meglio comandati da Magnin, l’alter ego di Malraux.

Ma questo “esercizio dell’apocalisse”, che è la spina dorsale del libro, non richiede riflessioni, perché le battaglie, per chi non sia un esperto, sono la cosa più difficile da commentare, mentre è la prosa tambureggiante con cui è descritto che cattura e coinvolge. Mentre insieme ai combattimenti ci sono gli scontri politici, le gelosia tra le componenti delle milizie, l’autorità dei commissari politici comunisti e l’inafferrabile indisciplina degli anarchici. Perché quella di Spagna è insieme guerra e rivoluzione, e contiene durezza militare e slanci ideali. “Barcellona era incinta di tutti i sogni della sua vita”. In un clima decisamente anticlericale, in contrapposizione al clericalismo dei fascisti, ci si propone di permettere di decorare i muri come una volta si decoravano le cattedrali. “C’è più fratellanza qui, per strada, che in qualsivoglia cattedrale dall’altra parte”. E il conflitto tra comunisti e anarchici è sempre aperto: “Un tempo, i nostri erano disciplinati perché comunisti. Adesso molti diventano comunisti perché sono disciplinati”. Sullo sfondo, la consapevolezza che si tratta di una guerra che è quasi impossibile vincere, ma che si tratta innanzitutto di una battaglia di libertà, e che chi la vive si trova in una situazione di sospensione, come se il tempo di fosse fermato, perché non c’è altro che quel conflitto, quell’ideale; e la vita quotidiana, con le sue gioie e il suo tedio, è sospesa fino a nuovo ordine. “La rivoluzione è una vacanza dalla vita”.

Pure, questi uomini, che sanno di rischiare moltissimo, vivono momenti di poesia, di riflessione e di confronto, pur rendendosi conto che la guerra è sempre tragica, e non permette mai di essere a proprio agio, di vivere spensieratamente. Manuel, musicista, trovandosi in una chiesa si mette all’organo e suona il Kyrie di Pierluigi da Palestrina. Ma poi si dice che non può più suonare. “Credo che per me, col combattimento, sia iniziata un’altra vita; quanto quella che è cominciata quando per la prima volta sono andato a letto con una donna. La guerra rende casti”.

E la speranza del titolo si può rintracciare negli interstizi tra le battaglie, che lasciano spazio a ritratti originali, come quello di Hernandez, che sarà catturato e fucilato dai falangisti. “Nella vita tutto può avere la sua compensazione; (…) Ma la tragedia della morte sta in questo: trasforma la vita in destino, e a partire di qui niente può più essere compensato”. E il pilota mercenario Leclerc, che viene sospettato di viltà, e si lancia in un diverbio con Magnin: “Ti piscio addosso”; “Hai sbagliato”, fa Magnin. “Ti piscio addosso. Sei un salame legato, una faccia di vacca”. E l’italiano Scali (che pare sia disegnato sul personaggio di Nicola Chiaromonte), un raffinato storico dell’arte che si trova a maneggiare armi e soldati e una dimensione di sentimento collettivo mai provato. “Lei che è l’interprete di Masaccio, di Piero della Francesca, come può sopportare questo universo?”, gli chiedono. E lui, un intellettuale che è abituato non solo a spiegare, ma anche a persuadere, risponde: “Gli uomini uniti allo stesso tempo dalla speranza e dalla passione raggiungono, come gli uomini uniti dall’amore, territori ai quali da soli non arriverebbero mai”.     


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