viernes, 19 de mayo de 2017

CARLOS OROZA: IN MEMORIAM un anarquista, un beatnik, un rapsoda bárbaro,

HOY FIRMA: JOSÉ LUIS ZERÓN. "CARLOS OROZA: IN MEMORIAM".


CARLOS OROZA: IN MEMORIAM



El pasado 21 de noviembre falleció en Vigo, a los 92 años de edad, el poeta gallego Carlos Oroza, un icono de la poesía recitada y underground (fue fundador de la revista contracultural Tropos), que creía en la escritura, aunque llegó a publicar sus versos en unos pocos libros difíciles de hallar. Oroza era un poeta insólito de aliento chamánico, un artista de la voz y de la palabra que vivía un exilio voluntario en Galicia, muy lejos del mundanal ruido de los cenáculos literarios, para poder ubicarse en la memoria y reinventar la realidad lejos de la realidad convencional. Vivía el acto poético como una aventura incierta y su palabra discurría por los cauces de una semántica mística o visionaria. Carlos Oroza era considerado un anarquista, un beatnik, un rapsoda bárbaro, un repentista con una voz y un sentido musical privilegiados, pero sin duda, es también un considerable poeta literario, cuya singularidad, marginalidad y escasa estima a las letras y la filología  le alejó de los poetas que publican con frecuencia, ganan premios o de cuando en cuando salen en los medios de comunicación, si bien siempre fue respetado y, como todo autor de culto, hasta gozó de un grupo fiel de incondicionales. El poeta y periodista Antonio Lucas lo retrató acertadamente de esta manera en una entrevista: “Este hombre pertenece irremediablemente a un mundo que no existe. Y si existe es porque él lo ha habitado. Carlos Oroza es un poeta Universal del malditismo. Algo así como el druida de una civilización donde el rey es de sí mismo. Un gallego de Viveiro (Lugo), parido en casa en 1923. Un poeta huidizo y deslumbrante con perfil de bereber, ‘esqueletura’ de astilla y ese fulgor metálico en el mirar de quien ha probado el hambre y la sed, de quien ha visto demasiada noche (…), de quien se ha abrigado con todo el frío y a quien nunca le falta el adjetivo preciso para cada idiota que le sale al paso”. (1)


            Pero a veces el proceso de emancipación de un poeta va más allá de la rebeldía, de la propuesta revolucionaria o de la simple distinción. Hay poetas que se dedican a existir en la más completa soledad, que no crean escuela, que no son reconocidos como innovadores. Ellos mismos eluden hábilmente los reconocimientos, viven la ceremonia poética como una cosmovisión mágica acercándose a un estado primigenio, pues, como diría Julio Cortázar, “no trascienden de lo espiritual a lo fáctico”. Carlos Oroza era uno de esos poetas independientes -cada vez más escasos- que dedican su existencia a la poesía y se enorgullecen de su voz bárdica;  ”Bien, yo  no me quejo de mis penurias y no voy a pedir nada al estado. Si mi poesía se convierte en una pesadilla, no voy a buscar a un médico que me cure. Lo que no puede hacerse es subvencionar poemas. El poeta no debe recibir nada, que se joda, que sea poeta”.(2)

            Sin embargo, aunque se considerara “un salvaje contemplativo” y fuera un hombre pesimista, mordaz y hasta maledicente (conservo algunas cartas suyas en la que hace uso de una afiladísima ironía cuando se refiere al mundillo poético oficial), Oroza siguió manteniendo hasta el final de sus días contacto con el público, siguió dando recitales y atendiendo a sus admiradores, a decir del poeta, gente sencilla, de la calle; los no triunfadores, sobre todo jóvenes, pues a él siempre le horrorizó crear escuela o convertirse en el portavoz de unos gustos.


            Oroza era un poeta oral que escribió su poesía para ser escuchada y memorizada  y cuyas lecturas públicas solían ir acompañadas de una adecuada escenografía. Eran espectáculos corales en los que habitaban mágicamente la poesía, la pintura, la música y la danza. No estoy muy de acuerdo con las afirmaciones de algunos críticos empeñados en destacar de su poesía solamente la astucia del bohemio y la capacidad improvisadora del rapsoda. (3) Mucho se ha escrito acerca de su vida bohemia, y resulta difícil separar la leyenda de la verdad. Tras su muerte hemos leído en las numerosas necrológicas aparecidas en los medios de comunicación una profusión de anécdotas -algunas reales, otras cuestionables-,  acerca de la vida nómada de Oroza por el Madrid de los años 60 y 70, pero se ha hablado muy poco de su poesía Y es que la fama de del poeta gallego, no ha estado exenta de una topiquería exótica y chusca que ha dejado en un segundo plano su poesía, muy relacionada con el canto primitivo y con los versos que oralmente recitaron los bardos y trovadores de Occidente, que también bebe de numerosas fuentes de la poesía escrita, como veremos más adelante. No hay que olvidar, por otra parte, la popularidad de sus versos. Poemas de Oroza fueron musicados por conjuntos de rock, y su libro Cabalum (4) ha inspirado a compositores de música clásica contemporánea. Incluso el propio poeta llegó a grabar un disco. (5)

            Precisamente Carlos Oroza dejó un recuerdo imborrable en Orihuela. Fue en abril de 1986; invitado por la revista Empireuma, y con la colaboración del Ayuntamiento de la ciudad, el poeta gallego pasó una semana con nosotros. Se presentó de improviso con días de antelación, respecto a la fecha acordada, por lo que hubo de ser hospedado con urgencia en casa de mis padres los primeros días hasta que le buscamos un mejor acomodo en la vivienda del poeta Jorge Cuña, amigo común, quien nos facilitó el contacto preliminar con nuestro invitado. Se presentó de noche con sus rasgos de bereber y su figura de carrizo, portando una vieja maleta, y nos habló como si nos conociera de toda la vida. Traía un imponente catarro que apenas le dejó dormir durante un par de noches.

De aquellos días recordamos las tertulias improvisadas en cualquier lugar -al poeta le acompañábamos componentes del grupo Empireuma, algunos de nuestros familiares, y poetas y artistas vinculados a la revista-, los peregrinajes por la ciudad, con escalas en los principales bares y mesones. Las comidas en mi casa y Carlos alabando las dotes culinarias de mi madre. Para entonces la ciudad estaba llena de carteles que anunciaban el recital que llevaría a cabo el poeta gallego. Los fuimos colocando una noche por las calles de Orihuela, en compañía del propio Carlos. El inolvidable espectáculo se llevó a cabo en el abarrotado salón de actos del Instituto de Bachillerato Gabriel Miró. El acto fue presentado por el actor y director de teatro oriolano Trino Trives (amigo del poeta) y contó con la importantísima colaboración de los pintores José Aledo y Anselmo Mateo. El ritmo frenético de sus poemas embriagó al público.  Al finalizar el acto Oroza recitó un fragmento de su poema  Eléncar. En éste último surgió la sorpresa: las luces del escenario quedaron en penumbra, Pepe y Anselmo entraron en el escenario -invisibles bajo un sencillo efecto- y realizaron sobre un plástico unas pinturas con material reflectante: los trazos parecían surgir del aire, los colores, las formas y la música configuraban un clima mágico difícil de olvidar. Al finalizar el acto todos creíamos haber vivido una experiencia onírica.  
            Y si recuerdo aquel primer encuentro no es por un sentimiento puramente nostálgico, sino porque creo que es un obligado punto de referencia, ya que resultó decisivo para los responsables de la revista Empireuma, pues reafirmó nuestra vocación  de poetas y abrió nuevos caminos en nuestras respectivas e incipientes poéticas. Si bien no recogimos influencias directas, pues la poesía de Carlos Oroza no admite imitadores.

            Durante su visita a Orihuela estuvo sumamente cordial y agradecido. Ya no “era el césar Vallejo del café Gijón, una hilacha de surrealismo malvado y genial”, que retrató Francisco Umbral en uno de sus artículos.(6) A todos nos impresionó su “delgadez esencial”, como él mismo se refería a su enjuta figura cuando hablaba con nosotros, su forma intensa de vivir la vida, como un lujo , como una aventura, y también su pasión por la poesía, que le convertía en un crítico implacable cuando se refería a los poeta de moda. Afirmaba con rotundidad que no se leía poesía por culpa de los propios poetas y arremetía contra los académicos y letrados, si bien no se encontraba cómodo con la fama legendaria de poeta maldito que le acompañaba, e incluso renegaba de muchas de sus acciones de juventud. El Oroza maldito de los años sesenta y setenta, el bohemio por excelencia que vivió durante un tiempo en Estados y Unidos y Japón, el poeta urbano adicto al Café Gijón que escandalizaba a los burgueses fue serenándose con el paso del tiempo y se convirtió en un poeta contemplativo. Abandonó sus andanzas extravagantes y se aisló en Galicia. “Me fui de Madrid cuando empecé a sentir la decadencia de la ciudad, a ahogarme, a resentirme espiritualmente”. Y su poesía salió ganando. Oroza dio la espalda a la lírica mediterránea y se instaló en el Norte, en el bosque. Codiciaba lo lejano y le obsesionaba la luz de la imaginación, vivía la erótica del bosque, percibía su aroma pagano. En sus versos destaca una personalización de la naturaleza y una animación de los objetos.

A mediados de la década de 1970, publica su primer libro, Eléncar. (7) Hasta entonces solo había publicado en plaquetas, hojas volanderas y revistas contraculturales. Era conocido como poeta beatnik, considerado el “Allen Ginsberg español” (en esa época obtiene el Premio Beat de Poesía y el Premio Internacional de poesíaUnderground), y performer implicado radicalmente en la poesía fónica disidente; escribió algunos poemas míticos como “Se prohíbe el paso”, que un crítico bautizó como el mejor poema antifranquista y cuya última estrofa, ya legendaria, estaba en boca de estudiantes, poetas y artistas rebeldes:

Semáforo ¡cuidado!
 No saltes hermano de esta orilla a la otra orilla
 El cielo está al habla con la policía
 El cielo baja a los tejados para ametrallarte
No dejes que con tu limpia sangre con tu inmensa sangre roja limpien sus pálidos crepúsculos
Espera hermano espera
 El cielo está al habla con la policía
 El cielo baja a los tejados para ametrallarte (8)
E incluso llegó a hacer sus pinitos como actor al intervenir en una película de Manuel Summers. (9).

            Con su primer libro, Oroza deja de ser un rapsoda pintoresco y se convierte en un buen poeta. Le siguen el ya citado Cabalum –quizá su mejor poemario y el más conocido- y Alicia. (10) Aunque siguió ofreciendo charlas y recitales y de cuando en cuando entregaba a revistas literarias poemas inéditos, Carlos Oroza no volvió a publicar hasta pasados once años. Por entonces, sin Internet, muchos incondicionales de su poesía rastreábamos todo lo publicado sobre la misma, que no era mucho. Algunos críticos llegaron a lamentar públicamente el silencio del poeta gallego, pero como era de esperar la crítica oficial ignoraba a este “primitivo” al margen de toda preceptiva petrificante, enfrentado a cualquier sistema teórico, fascinado por los vislumbres de la inspiración y aspirante a una pureza ancestral que nada tuviera que ver con los amaneramientos de moda. En 1996 vio la luz en edición de autor Una porción de Tierra gris del Norte, uno de los poemas de Oroza más fascinantes, donde la relación  del poeta con la naturaleza es más profunda y su lenguaje adquiere un tono melancólico, evocador. Un extenso fragmento de este poema lo publicamos en el número 4 de la revista de creación Empireuma (Año II, abril de 1986). En 1998, también en edición de autor, aparecía en Lisboa  La llama prestada, en 2005 En el norte hay un mar que es más alto, una versión del corpus central de su obra, (11) y en 2013 la editorial Elvira recopiló toda la obra del autor. (12). A los muchos reconocimientos y homenajes que recibió Oroza en los últimos años de su vida  hay que destacar que un instituto de educación secundaria de Pontevedra lleve su nombre y la obtención en octubre del pasado año de la medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, máximo galardón que otorga esta institución, (13)


            En su primer libro de Oroza, Eléncar, ya está bien asentada la raíz de su escritura. Si bien su lenguaje es de filiación surrealista, ya se percibe el tono melancólico de sus libros posteriores y la naturaleza sigue siendo un referente. Se trata de una poesía insólita, muy sugestiva y de gran poderío musical. El lenguaje de Eléncar, como el de toda la poesía oroziana, es fundamentalmente canto. El verso es largo, libre, poderoso, y el verbo imaginativo. Como escribe acertadamente Ángel Gómez-Morán Santafé: “la poesía de Oroza es de verso libre y comúnmente sin rima, pese a que mientras se escucha parece (o da la sensación), de que estuviera perfectamente rimada. Ello, porque mientras la rapsodia va produciendo un ritmo a su poesía, nos obliga a ver en las síncopas y silencios que escuchamos, una consonancia sonora. Algo que es puro efecto del recitativo, siendo tanta la sensación acústica de rima, que al leer luego aquello que le hemos oído recitar, nos resulta de algún modo perfectamente sonante o consonante… Ya que fue de antemano unido por el poeta con el ritmo y la cadencia mística con la que recita”. (14)

El lenguaje le resulta a Carlos Oroza insuficiente para expresar lo inefable y necesita inventar vocablos de una gran musicalidad que nos transmiten el pálpito de lo lejano. Entre los numerosos neologismos que podemos encontrar en la producción oroziana abundan los sustantivos, verbos y adjetivos (fungí, onilios, omnima, ávea, Cabalum golosá, luctus, Marlaria, balamba, americar). También hay una vuelta de tuerca a la sintaxis y una extraña disposición gráfica del significante en la página en blanco: el concepto connota y denota lo que el poema celebra. Y sorprende en algunos poemas la escritura apaisada de los versos extensos y flexibles, escritos, sobre todo, para ser leídos. Asimismo la reiteración de vocablos sonoros y  recursos anafóricos, así como los numerosos obstinatos y ritornelos provocan una sostenida musicalidad ritual, una sonoridad arcaizante, un clamor persuasivo. Todo ello unido a la ausencia de signos de puntuación o a una disposición arbitraria de los mismos en función del ritmo. En ocasiones, se funden escritura, ecolalia y glosolalia. De esta manera Oroza se emparenta con otros autores que experimentaron con un lenguaje idiosincrásico como Jlébnicov, Apollinaire, Joyce, Huidobro, Artaud, Cirlot o Celan. Empleando palabras de Octavio Paz, “asistimos a una fusión entre el lenguaje y el ser”. (15) 
Veamos unos ejemplos tomados de Eléncar:

Oh Eva
évame malú
évame malú
Oh Eva
évame Eva
évame si me transito
(…)
Y corro corro corro por la playa hacia la casa abandonada
ómnima
ómnima
ómnima
(…)
demorando mis pasos por las sombras
una vez me escupiste ceniza en los ojos y yo te dije
sigue sigue sigue sigue
te me adelantaste
tengo miedo estás golpeando el mundo
Pero tú me das malú malú malú malú malú para llegar arriba

            Veamos a continuación estos hermosos versos finales de Cabalum, donde las aliteraciones crean una musicalidad inconfundible:


Y Poe estaba americando. Y Poe llevaba un bicho por su boca.
Y era Poe, Poe, Poe.
Poe haciendo ruidos con el agua, Poe besando por el alma de la playa (…)

O estos otros del poema “El edificio del frío”:(16)
Te pusiste extendida frente a mí
me tocaste con las plantas de tus pies en las puntas de mis pies.
Me dispusiste
me dispuse
me puse alto
(…)
inclínate
Penetra. Abre la boca. Levántate. Regresa y siéntate.
Ahora te toca a ti.
Levántate y marcha hacia la izquierda
Inclínate
Penetra
Abre la boca y extiéndeme los ojos. Tú vienes voy ¡subo! ¡subo! (…)

La sed de infinitos es otra constante en la obra oroziana presente en ese poema continuo que es Cabalum:
Necesito algo que no sea humano
 algo verdaderamente humano
algo verdaderamente inocente e imposible
(…)
Una ventana abierta en un día cualquiera de singular impulso.
La oscilante llama y los labios de tierra espléndidos
una extensión del regreso en un tramo de borrosos espacios
una parada en el bochorno.

Y alcanza su máxima expresión en Una porción de tierra gris del Norte:

las distancias e imagino otros puertos. Un lugar que responde al sentido
y a la luz de una nueva estatura. Las brillantes praderas del sueño
y los valles de Onilios
(,,,)
Era en el mar su tarde el infinito y, en el tiempo, había dos lunas
un espacio amarillo y una escalera blanca (…)

            La oralidad de Oroza le emparenta con los antiguos bardos y los trovadores y juglares de la edad Media, con Hölderlin, Edgar Poe, Whitman, Mayakovski, Ezra Pound, Dylan Thomas y los poetas de la Beat Generations. No en vano el gallego expresó en numerosas ocasiones su admiración por la poesía de estos autores. Pero también declaró su afinidad con otros poetas como Rimbaud, Rilke, García Lorca y Eliot.

            En la obra que nos ocupa también hay una parte críptica calificada por algunos críticos como, “esotérica” y que a mí me parece  que entra en el ámbito de la metapoesía. En algunos tramos de su obra, el poeta gallego, que tantas veces manifestó que escribía al dictado sus poemas, asiste perplejo a su propio actividad creativa, siendo al mismo tiempo el que crea y el que asiste como espectador a la ceremonia de la creación en un proceso de desdoblamiento cercano a la experiencia mística . Esta es la panorámica más compleja y sombría la obra oroziana y quizá el territorio menos hollado por los críticos, desconcertados ante un poeta eminentemente intuitivo y contradictorio que creía en la inspiración pero no dejaba de reflexionar sobre el hecho creador, inmerso en una constante revisión y reescritura de su obra. Como escribe José María Osorio, “la poesía de Oroza trasciende a lo irracional pero valiéndose de la razón, que se refleja en la palabra”. (17)
            Si  la poesía de Oroza establece una relación entre sujeto y objeto, también canta la desposesión. La poesía misma es sentida por el autor como una atracción fatal. El fugaz relumbrón de lo absoluto pierde su maravillosa evidencia en el momento en que se fija y encorseta en el lenguaje. Los primeros versos de Cabalum significan una advertencia, un aviso al lector, a la vez que, con nobleza, el propio autor reconoce su fracaso:

Cabalum será un poema que se pierda
sin embargo,
contaré hasta los tres de los onilios .un luctus
y una recta del ojo al pasado

La estancia es blanca
y la luz un lugar marginal en la memoria,
una pupila ardiente y una luz que se cambia (…)
una expectante espera de innominadas formas y de aves por venir.

En Una Porción de tierra gris del Norte:

La figura se siente llamada
se levanta
y en multitud de veces se ve la misma persona (…)
El cuerpo se divide en dos
se ensimisma y da la vuelta
se desvía envuelve y se envía
se tiende y se vuelve a sí mismo.

En otro fragmento del citado Cabalum se relata la experiencia en el mismo momento de la creación, durante ese vertiginoso desdoblamiento en que el poeta se interna en las luces y sombras de la palabra:

Me encuentro abierto y me siento flotar por la sombra del sueño.
La fatiga es intensa
y el sonido evoca en los huecos el volumen de seda.

Pues elevo al parecer una oscura semblanza
de perspectivas de lugares y formas que se cambian
y como si estuviera en el proceso más profundo del poema
me adentro en su viaje (…)
Me despierto y veo una lengua enorme que viene a respirarme (…)
           
El poeta, perdido en el laberinto de su memoria. Si en Cabalum escribe: estoy perdido y voy como una rueda por el centro del tumulto/ en cada cosa y cada cosa se me va un grito que se me queda en la conciencia, en Alicia (un extenso poema menos radical, con referencias más próximas y un lenguaje más directo y elaborado) leemos: He venido a verme. Quiero salir y no puedo entrar./ Paso de lado, simplemente y no me llaman.

Oroza era un poeta andarín que escribía mentalmente mientras caminaba; reflexionaba sobre la marcha y pocas veces permanecía en estado de reposo o sosegado.  Esa dinámica se refleja en una poesía poderosa, frenéticamente activa. Oroza corre, sube, avanza, cambia de sentido, se inclina  siempre hacia lo inabarcable en busca de las malezas del tiempo y el tiempo de los naufragios, como escribe en Una Porción de tierra gris del NorteMe pondría de parte de la inocencia/ y entre lo bello y lo animal/ un elemento activo y no un sujeto sería. En sus versos encontramos la relación terrible y a la vez gozosa del poeta con la escritura, paradójicamente reafirmada en la irresolución del conflicto El propio autor se manifiesta en contra de la poesía como cura y rechaza al poeta circunstancial, a la vez que reconoce el hecho literario como un acto de autoinmolación: “Cuando te dedicas a ella –se refiere a la poesía- te estás asesinando todos los días”. Vemos que la pasión y el fracaso constituyen los dos hemisferios del universo poético de Carlos Oroza.

            Sus detractores lo encuadran en un romanticismo trasnochado con tintes surrealistas y le reprochan un exceso verbal que raya en el delirio. También le acusan de ampararse en el hermetismo para encubrir carencias técnicas. Este poeta epidérmico, digámoslo claramente, despierta las simpatías de un sector de la crítica menos escrupuloso y más abierto y flexible, mientras que produce cierta aversión entre los académicos ambalsamadores, tasadores y demás fauna necrófila. De una manera o de otra siempre se le ha observado como un raro espécimen con el que no se sabe qué hacer y al que no se sabe cómo estudiar. Sin suda, él mismo se ganó a pulso la fama de inclasificable, pero también señaló un territorio para que sus lectores no se extravíen. Dichas claves demuestran, pese que Oroza siempre dijo que él no era un teórico (a mí particularmente me insistió en este hecho y me recordó la frase que escribiera Fernando Pessoa a través de su heterónimo A. Caeiro: “yo no tengo filosofía, tengo sentidos”), que era un poeta consciente de lo que escribía.  Y sí lo era. Era un rastreador que sabía lo que buscaba. Esta afirmación puede entrar en franca contradicción con esa sensación de fracaso que impregna su poética, pero es necesario repetir lo señalado antes: aquello que encuentra Oroza no es la totalidad de lo buscado, tan solo pequeños fragmentos que muchas veces se incendian al contacto con la realidad de la página en blanco, permaneciendo la ceniza de la pasión creadora, lo que obliga al poeta a volver a empezar su rastreo: recordemos el  paradójico “estoy libre y perdido” de Pessoa. (18)

Así pues, al hablar de Carlos Oroza convendría acabar de una vez por todas con la imagen de “buen salvaje”, de asceta iletrado pero inspirado en exceso; convendría revisar el mito del poeta romántico y bohemio si queremos rescatar a un buen poeta culto (destacaban sus conocimientos de pintura, arquitectura, cine y música) del limbo literario al que son arrojados los que no han sido bautizados en una de las muchas capillas donde surgen las tendencias dominantes. Sí es cierto que  hay en sus versos abigarramiento y desaliño formal, pero estos excesos también forman parte de los ingredientes dispuestos por el autor para lograr una obra poética inteligente y concebida principalmente para ser escuchada y que está en consonancia con lo que Valente pedía para la poesía: “la restauración de un lenguaje comunicativo deteriorado o corrupto, la posibilidad de dar un sentido más puro a las palabras de la tribu”(19)






(1)“Yo soy un salvaje contemplativo”. Entrevista con Carlos Oroza. Antonio Lucas,www.elmundo.es.
(2)   Las declaraciones de Oroza entrecomilladas se han extraído de la enjundiosa entrevista al poeta aparecida en el volumen Ocho poetas raros (conversaciones y poemas, Ediciones Ardora, Madrid, 1992.
(3)   Ver por ejemplo, Javier Figuero, “Los últimos bohemios”, en semanario El País, 30 de agosto de 1987, o Mariano Tudela, Rincones y figurones, en la revista LEER, nº 31, febrero, 1991.
(4)   Ediciós do castro, poesía, La Coruña, 1980.
(5)   Malú (Grupo Eclipse, Ariola. Madrid, 1975). En su momento llegó a ocupar los primeros puestos en los “40 principales”, lista de éxitos de la Cadena SER.  En noviembre de 2013, el colectivo Seara records y la editorial Elvira publicaron un vinilo grabado en los estudios Pastora de Vigo, que recoge en la cara A el tema grabado en 1975 entre el grupo Eclipse y Carlos Oroza. La cara B es una reinterpretación del poema “Évame” por parte de Jay y Carlos Oroza.
(6) Umbral Francisco, “Carlos Oroza” (´Los iluminados’ en ABC Cultural, nº 99 pág.28, 24 de septiembre de 1993.
(7)   Tres Catorce Diecisiete, Madrid, 1974.
(8)  El poema  se titula realmente “En el rostro del pueblo que se limpia con el gesto del tiempo” y está incluido en Évame.
(9)   ¿Por qué te engaña tu marido? Director: Manuel Summers, 1969.
 (10)Editorial Cuévano, 1988
 (11) Servicio de Publicaciones de la Diputación de Pontevedra, 2005, con prólogo de César Molina.
 (12) Évame, Editorial Elvira, Vigo, 2015
 (13) Recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid el 21 de octubre de 2014. Por este motivo apareció en el n 24 de la revista Minerva, que edita esta institución, una enjundiosa entrevista de Antón Patiño al poeta gallego.
 (14) Gómez-Morán Santafé Ángel, “Carlos Oroza; de ‘poeta maldito’ a ‘poeta oculto’ (I: Encuentro tras cuarenta y tres años”, en recuerdosyanoranzas.blogspot.com/2011
(15) Paz Octavio, “Decir sin decir (Vicente Huidobro), Convergencias, Seix Barral, Biblioteca Breve. Barcelona, 1991.
(16) Las citas están extraídas de la versión publicada en la revista de creación Empireuma, Año IV, nº 13,Orihuela, septiembre de 1988.
(17) Introducción al programa de mano de Un poema continuo, recital ofrecido por Carlos Oroza al público oriolano el 30 de abril de 1986.
(18) Pessoa Fernando, El libro del desasosiego (fragmento 127), traducción de Ángel Crespo, Seix Barral, Biblioteca Breve, 1984.
(19) Valente, José Ángel, Las palabras de la tribu, colección Marginales, Tusquest Editores, Barcelona, 1994.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Gregory Bateson (1904-1980) Uno de los pensadores más relevantes del Siglo XX


PERFIL BIOGRÁFICO Y ACADÉMICO
Biólogo y antropólogo, con recorridos analíticos por la psiquiatría, la psicología, la sociología, la comunicación y la ecología. Nació en Grantchester, Reino Unido, en 1904, en el seno de una familia de científicos aristócratas. Su padre, un prestigioso investigador de la evolución genética (William Bateson, 1861-1926), había profundizado en las ideas de Mendel. Entre 1917 y 1921, estudió zoología en la Charterhouse School de Londres y, posteriormente, biología en el St. John’s College de Cambridge, estudios que combinó con sus primeros trabajos de campo en Nueva Guinea, que prosiguió más tarde en Bali, con la que durante un tiempo fue su mujer, Margaret Mead, prestigiosa antropóloga con quien publicó Balinese Carácter. A Photographic Analisy(Nueva York, 1942), un libro en el que ya hace un recorrido sobre el valor de los soportes de representación mediática como instrumentos para el ‘repensar’ analítico del investigador.
En 1939 se trasladó a Estados Unidos, donde vivió el resto de su vida, nacionalizándose como norteamericano en 1956. Trabajó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde analizó la propaganda nazi a través del cine. Después de numerosas investigaciones antropológicas en diversos lugares del mundo, viajó a California, donde se unió a la Escuela de Palo Alto ('el colegio invisible', como fue conocida) y al Mental Research Institut (MRI). Su personalidad científica fue pronto reconocida y, en 1942, participó en el foro de la Macy Conference, con la presencia de los abanderados de la innovación del pensamiento científico en los Estados Unidos. Trabajó inicialmente en la Langley-Porter Clinic de San Francisco como investigador asociado en Psiquiatría y Comunicaciones (1949), con especial atención a las relaciones entre la esquizofrenia y la comunicación (teoría del ‘doble vínculo’), al tiempo que publicaba con Jurgen Ruesch, estudioso de los fenómenos de realimentación (feedback), el libro Communication: The Social Matrix of Psychiatry(1951). Profesor de antropología en la Universidad de Stanford, profundiza en los mecanismos de la comunicación animal, con experiencias y estudios que ocuparán amplios periodos y distintas especies (pulpos, delfines, moluscos, etc). En 1959, trabaja para el Mental Research Institute de Palo Alto, fundado por Don Jackson. En 1964 se traslada a Hawai, donde es nombrado jefe del departamento de biología del Oceanic Institute de Waimanalo. Profesor de antropología y etnografía de la Universidad de California en Santa Cruz (1972-1978). Sus dos últimos años de vida los pasó en el Esalen Institute de California. 
 Bateson con Margaret Mead, en 1938.

Entre sus libros más destacados: Naven, Stanford University Press, Stanford, 1936; Communication: The Social Matrix of Psychiatry (con Jurgen Ruesch), Norton and Company, Nueva York, 1951; Steps to an Ecology of Mind, Ballantine Books, Nueva York, 1972, y Mind and Nature: A Necessary Unity, Bantam Books, Toronto, 1979. Libros póstumos, con trabajos y artículos significativos de su trayectoria intelectual:Angels Fear: Towards an Epistemology of the Sacred, Bantam Books, Toronto, 1987, y A Sacred Unity: Further Steps to an Ecology of Mind, Harper Collins Pub., Nueva York, 1991.
Han sido traducidos: Pasos hacia una ecología de la mente(ed.), Eds. Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1972; Espíritu y naturaleza, Amorrortu, Buenos Aires, 1982; Comunicación: la matriz social de la psiquiatría (con J. Ruesch), Paidós, Barcelona, 1984; A natureza e o espírito. Uma unidade necessária, Lisboa, Dom Quixote, Lisboa, 1987 (Francisco Alves, Rio de Janeiro, 1993); El temor de los ángeles. Epistemología de lo sagrado (con Mary Catherine Bateson), Gedisa, Barcelona, 1989; Naven, una ceremonia Iatmul, Jucar, Madrid, 1990; Una unidad sagrada. Nuevos pasos hacia una ecología de la mente, Barcelona, Gedisa, 1993.
PENSAMIENTO Y EXPRESIÓN CIENTÍFICA
Uno de los pensadores más relevantes del pasado siglo, si bien su proyección intelectual no se compadece con su reconocimiento académico. La tensión apasionada de su investigación se manifiesta en múltiples vertientes, tan amplias y varias como el espectro universalista que describe la formación de Bateson. Su obra, que tiene momentos de solidez fundacional, se basa más, sin embargo, en sugerencias brillantes, en planteamientos que no siempre abandonan el estadio de las hipótesis, en las intuiciones del sabio; en construcciones que no niegan las contradicciones, las dudas, el carácter relativo de la especulación teórica (hay aquí un anticipo del ‘descreimiento’ postmoderno). Bateson es un heterodoxo de un gran fortaleza creativa, por lo que muchos de sus planteamientos se abren paso, como claves interpretativas y herramientas metodológicas, en desarrollos teóricos que le suceden.
Incómodo entre los corsés rígidos de las disciplinas exclusivistas y excluyentes, predicó una epistemología evolutiva y transdisciplinaria. Huyó de las prisiones científicas del cartesianismo. Su personalidad fue una de las más relevantes de la ‘escuela invisible’ de Palo Alto, en el que se articuló la investigación coral de sociólogos, lingüistas, psicólogos, psiquiatras, biólogos en torno a un punto de encuentro transdisciplinario: la comunicación.
Para Bateson, la mente, el espíritu, el pensamiento, la comunicación –hay un todo envolvente que sobrepasa el recorrido semántico de cada uno de los sustantivos-, constituyen la dimensión externa del cuerpo, que forma parte de la realidad de cada individuo, del ser humano. El cuerpo traspasa el perímetro biológico a través de las extensiones de la mente, de su alcance comunicativo, y los efectos de esas extensiones, de sus trazos informativos, se convierten en instrumentos de cohesión psicológica y social, de interacción, identidad y pertenencia a un contexto dado.
Desde su percepción evolucionista, analizó las transformaciones sociales a partir del comportamiento, de las conductas. Confrontó la base pasional e intuitiva del ser humano con el orden y el conflicto, la estabilidad y el cambio; con la lógica de las construcciones culturales y sociales. La comunicación aparece aquí como un proceso determinante de la evolución.
A partir de la cibernética, que aparece en el centro de las seducciones intelectuales de su biografía (tuvo relación personal con Norbert Wiener desde 1947) y de las inquietudes fundacionales de la escuela de Palo Alto, la comunicación redobla su valor como instrumento de comprensión e intervención sobre la realidad en sus múltiples proyecciones. Mente y cuerpo tienen su paralelismo en el software y en el hardware, de modo que muchos de los procesos, pero también las patologías, pueden ser interpretados a partir del estado del cuerpo y de la información que circula a través las extensiones corporales.
A partir de la que denomina teoría del ‘doble vínculo’, analiza los problemas de las inducciones esquizoides derivadas de las contradicciones informativas bipolares en procesos de comunicación como los que se dan entre madre e hijo. Y, por consiguiente, mediante el análisis de los flujos informativos, las interacciones y retroalimentaciones, también intervenir terapéuticamente sobre el espacio de los actores de la comunicación. Vertientes de la neurolingüística o de la psicología comunicacional que abren con Bateson un campo experimental nuevo, al tiempo que una meta: la formulación de una teoría sistémica de la comunicación.
Concepciones y planteamientos a los que se les puede dar un claro alcance mediático (Bateson afirma que el concepto de comunicación "incluye todos los procesos a través de los cuales la gente se influye mutuamente"). Podría decirse que si para Bateson la comunicación hace posible la relación entre los seres humanos, los medios son instrumentos determinantes en la estructuración social. Se puede advertir asimismo un ‘doble vínculo’ en la acción comunicativa de la televisión, al menos por lo que al valor de nutrientes psicológicos tiene en la formación cognitiva. Aquí también se producen contradicciones entre un orden pregonado y un orden vulnerado, circunstancia que puede llegar a crear un ‘contexto patógeno’ a través de las experiencias repetidas y continuadas en los segmentos de audiencia más desprotegidos.
Para Bateson, la comunicación está determinada por el contexto en el que se produce. Toda comunicación, viene a decir, exige un contexto, porque sin contexto no hay significado, no hay valor diferencial que genere información (la información es una diferencia que hace la diferencia...). Bateson recrea una visión sistémica e interdisciplinaria de los procesos comunicativos. La ‘metacomunicación’ o el ‘metamensaje’ es la evolvente del conocimiento que da sentido, contextualiza, clasifica la comunicación o el mensaje; incluso, crea vínculos o estructuras de diálogo con otros ambientes o contextos. Bateson concibe los procesos comunicacionales con un carácter circular y evolutivo, donde el feedback tiene una importancia decisiva.
Su obra, en la que se encuentran huellas que van de Darwin a Russell, o de sus más cercanos Birdwhistell y Wiener, trata de esbozar una nueva teoría de la comunicación, con influencias sobre numerosos autores contemporáneos.
Resultado de imagen para Gregory Bateson (1904-1980)

LISTA ALFABÉTICA DE AUTORES
RECURSOS EN LA RED
The Gregory Bateson Archive  (guide, catalog).

Un hombre del Renacimiento por Pablo Campana.

Gregory Bateson, polígrafo por Alejandro Piscitelli.

Gregory Bateson por Alexandru Anton-Luca 

 Perfil biográfico y recursos.

Gregory Bateson's Theory of Mind: Practical Applications to Pedagogy por Lawrence S. Bale 


Gregory Bateson y el conocimiento del conocimiento por Roberto C. Frenquelli.

La perspectiva interactiva y el concepto de metacomunicación en la obra batesoniana. El discurso publicitario juvenil como ejemplo de doble vínculo por María José Lucerga Pérez.

Gregory Bateson: lectura en clave semiótica de una aventura epistemológica del siglo XX por María José Lucerga Pérez.

Gregory Bateson, rumo a uma epistemologia da comunicação por Etienne Samain.

Verso un Ecologia della Comunicazione por Vincent Kenny (en italiano).

Bateson e Maturana: verso una fondazione biologica delle scienze sociali por Paul F. Dell (en italiano).

Expo Margaret Mead.

Recursive Frame Analysis por R. J. Chenail 


TEXTOS

Mind and Nature. A Necessary Unity 

Mind and Body Dualismo 


Angels Fear. Towards an Epistemology of the Sacred (con Mary Catherine Batesosn).

Number is Different from Quantity 


GOOGLE ACADÉMICO (búsqueda autor)

lunes, 1 de mayo de 2017

Carl Schmitt y el concepto de lo político (I): "Amigo y enemigo".(VARIOS TEXTOS)

El Congreso en plena sesión plenaria

La edición manejada es la siguiente:
Carl Schmitt, EL CONCEPTO DE LO POLÍTICO (Texto de 1932). Ciencias Sociales, Alianza Editorial. Quinta reimpresión, 2009. Versión de Rafael Agapito

----------







Lo político puede extraer su fuerza de los ámbitos más diversos de la vida humana, de antagonismos religiosos, económicos, morales, etc. Por sí mismo lo político no acota un campo propio de la realidad, sino sólo un cierto grado de intensidad de la asociación o disociación de hombres. (…)
(Carl Schmitt)



I. EL ESTADO Y LO POLÍTICO


Para Schmitt “el Estado representa un determinado modo de estar con el pueblo” (Pág.49) para sostener posteriormente que “el Estado se muestra como algo político, pero a su vez lo político se muestra como algo estatal” (Pág. 50-51). Es por ello que si bien el Estado es el modo de estar con un pueblo, lo político es el modo de estar con un Estado o el Estado es el modo de estar concreto con lo político. Pero esta concepción un tanto reduccionista parece no ceñirse a la realidad democrática, donde Estado y Sociedad interactúan. El propio Schmitt diría: «Así ocurría allí donde, como en el siglo XVIII, el Estado no reconocía "sociedad" alguna como antagonista, o al menos donde (como en Alemania durante el XIX y parte del XX) el Estado, como poder estable y distinto, se encontraba por encima de la "sociedad"» (pág. 53).

La ecuación Estado=lo-Político carece de la variante “sociedad”, a pesar de ser evidente que en el mundo moderno la sociedad juega un papel político. No obstante, la ecuación de Schmitt adquiere toda su plenitud en el momento que se consigue que la sociedad se identifique plenamente con el Estado. De esta forma el Estado conforma la unidad política sin fisuras y obtiene la autosuficiencia y la capacidad para constituirse en fuerza capaz de determinar quiénes son “amigos” y “enemigos” (endógena y exógenamente) y emprender la “lucha”. Sin duda, esta concepción tiene connotaciones totalitarias y sin duda este texto de Schmitt parece un aporte teórico y doctrinal del totalitarismo en ciertos aspectos. Pero en realidad no es así del todo, por lo que categorizar que Schmitt fue un ideólogo del totalitarismo es una temeridad intelectual, pues como veremos, no hay que analizar el concepto de unidad política bajo la premisa de identificación radical de la sociedad con el estado, lo cual no se da en las democracias, siendo éstas un medio de participación de la sociedad en lo político (siempre que hablemos de democracias parlamentarias con derecho a voto, pues bien sabemos que existen diversos modelos de democracia, algunos calificados de antidemocráticos por lo políticamente correcto) que no propician la cohesión social, demostrándose ineficientes para el desarrllo de una nación, al propiciar el auge de intereses particulares. Podemos decir que la democracia que conocemos -por ejemplo- en lo que ha devenido como Occidente –o así lo llaman- hace muy complicada la unidad política (España es un ejemplo perfecto), mientras que otros sistemas puede que sean mucho más democráticos, como ciertos totalitarismos, donde la plenitud de la sociedad, el pueblo, se reconoce en su estado, por lo que el significado etimológico de democracia (poder del pueblo) alcanza, paradójicamente, un significado más justo, pues seamos realistas: democracia no es que el pueblo decide quién debe tener el poder, sino que el pueblo se atribuye el poder.

Aunque lea y parezca buen lector, no es nuestro amigo


II. LAS CATEGORÍAS POLÍTICAS: AMIGO Y ENEMIGO


Aunque lea y parezca buen lector, no es nuestro amigo
«Si se aspira a obtener una determinación del concepto de lo político, la única vía consiste en proceder a constatar y a poner de manifiesto cuáles son las categorías específicamente políticas. (…)

»Supongamos que en el dominio de lo moral la distinción dominio es la del bien y el mal; que en lo estético lo es la de lo bello y lo feo; en lo económico la de lo beneficioso o lo perjudicial, o tal vez de lo rentable y lo no rentable. El problema es si existe alguna distinción específica (…) que se imponga por sí misma como criterio simple de lo político; y si existe, ¿cuál es?

»Pues bien, la distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo. (…)

» Si la distinción entre el bien y el mal no puede ser identificada sin más con las de belleza y fealdad, o beneficio y perjuicio, ni ser reducida a ellas de una manera directa, mucho menos debe poder confundirse la oposición amigo-enemigo con aquéllas. (…) El enemigo político no necesita ser moralmente malo, ni estéticamente feo, no hace falta que se erija en competidor económico, e incluso puede tener sus ventajas hacer negocios con él. Simplemente es el otro, el extraño, y para determinar su esencia basta con que sea existencialmente distinto y extraño en un sentido particularmente intensivo. (…)» (págs. 56-57)

Carl Schmitt propone una concepción de lo político para su estudio y comprensión, pero sobre todo para clarificar y delimitar lo político. Schmitt quiere establecer los dominios de lo político y es ahí que lo encierra bajo el binomio amigo-enemigo. Y ¿qué es el enemigo?; bien claro lo deja Schmitt: lo extraño, lo diferente; simplemente eso, no es ni un competidor económico ni alguien moralmente malo. Analizando lo político desde esta perspectiva sin duda evitamos equiparar lo político a otro tipo de categorías, como las de bueno y malo, potestad de la moral. El análisis de lo político debe desmarcarse de lo emocional, no es un estado de ánimo ni forma parte del coto privado y personal (la política es cosa pública y por ello el enemigo es también público), sino que es aquello que establece y configura a diversos grupos de hombres en amigos y enemigos, ya surja esta confrontación de lo económico, de lo moral, de lo religioso... Es decir: sólo cuando un grupo de hombres consigue la suficiente fuerza como para poder organizarse en concepto de amigos y enemigos respecto a otros grupos de hombres análogos se alcanza la dimensión política; si por el contrario un grupo de hombres carece de la fuerza para confrontarse, para oponerse realmente a otra fuerza, la dimensión política no existe o al menos no es perceptible. Tal como explicaría el jurista prusiano sin circunloquios: “Todo antagonismo u oposición religiosa, moral, económica, étnica o de cualquier otra naturaleza se transforma en oposición política en cuanto gana la fuerza suficiente como para agrupar de un modo efectivo a los hombres en amigos y enemigos” (Pág. 67)

Sin embargo, es el concepto “enemigo”, más que el de amigo, el que marca la pauta de lo político, la posibilidad de una oposición: qué es la política sino oposición. Para Schmitt “es constitutivo del concepto de enemigo el que en el dominio de lo real se dé la eventualidad de una lucha”. Al incorporar en el terreno de lo político la “lucha” hacemos ya referencia al elemento volitivo de lo político, es decir, aquello que empuja a la acción. De esta forma podemos determinar que no existe lo político sin enemigos ni enemigos sin la posibilidad real de una lucha.

Imagen tomada tras finalizar la Guerra Civil española

III. LA UNIDAD POLÍTICA Y LA GUERRA


Imagen tomada tras finalizar la Guerra Civil española
«Guerra es una lucha armada entre unidades políticas organizadas, y guerra civil es una lucha armada en el seno de una unidad organizada (que sin embargo se vuelve justamente por ello problemática).» (Pág. 62)

“La Guerra procede de la enemista”, sentencia Schmitt. En la guerra el concepto enemigo tiene su significado y sentido obvio pero en la misma lo referente a la “lucha” alcanza un significado pleno.

Como se vislumbra en la cita de más arriba, Schmitt hace una distinción de la guerra. Habla de “guerra” a secas contra otra unidad política, pero también de “guerra civil” dentro de la propia unidad política, lo que es un contrasentido, pues si algo revela una guerra civil es la ausencia de unidad política. Sin embargo, las reflexiones al caso son acertadas y en este momento conviene que así sean para mi posterior reflexión. En la exposición de Schmitt se hace evidente cómo equipara radicalmente política con estado: lo político es el estado y el estado es algo político, podría parafrasearse. También puede deducirse, ya sin confusión, que es el estado la unidad política organizada. Pero lo más importante: en el seno de la unidad política suprema (el Estado) puede sucederse la antítesis amigo-enemigo, es decir, constituirse otras unidades.

Volviendo al principio, hay que reconocer que el hecho de que dentro de un estado pueda darse la lucha armada, es decir, la constitución de diversos grupos de hombres según amigos y enemigos, resulta algo problemático si tenemos en cuenta que todo ello concurre dentro de una misma unidad política, por lo que creo que este asunto es merecedor de su análisis. Si bien en una guerra civil lo que está en juego es el poder del Estado, podemos sacar dos conclusiones:

1. Los dos contendientes luchan por hacerse con la unidad política suprema: el Estado. Lo cual refrendaría la reflexión de Schmitt.

2. Cada uno de los contendientes se constituyen como unidades políticas independientes, es decir, como dos estados. La unidad política sigue existiendo, pero relativo a cada contendiente: los dos contendientes nunca formarán una sola unidad política. La derrota de una de las partes decidirá qué unidad política, es decir, qué forma de estado, prevalecerá, concluyendo así la guerra civil. 

-Imaginemos un púlpito sobre el que reposa una manzana. En el caso 1 dos contendientes luchan por hacerse con la manzana. En el caso 2 no hay manzana en el púlpito, cada contendiente tiene una manzana y luchan para que sea su manzana la que repose sobre el púlpìto. En el caso 1 el Estado parece inamovible, algo que siempre está ahí y que busca pretendiente. En el caso 2 el estado es algo mutable y sustituible por cualquier otro tipo de Estado. En el caso 1 luchan por hacerse con la manzana, en el caso 2 por su manzana.

No obstante, el hecho de que en una misma unidad política pueda darse lugar a la configuración de grupos de hombres según amigos y enemigos, y ya dicho esto desde un plano no bélico, deriva inevitablemente al “problema democrático” (que es una guerra civil no-violenta), aunque bien sabemos que en los estados no-democráticos (en realidad me molesta utilizar la palabra democracia para referirme al significado que ha adquirido actualmente según la neolengua) también existen luchas intestinas y agrupaciones de hombres según amigos y enemigos, lo que considero algo muy natural: poco valor puede tener aquello que no genera opositores.

http://lanaciondigital.blogspot.com/2011/02/carl-schmitt-y-el-concepto-de-lo.html

Resultado de imagen para carl schmitt el concepto de lo politico resumen


Breve Análisis del concepto de lo político de Carl Schmitt

Por: Adriana G. Alonso Rivera

El concepto de Estado supone el de lo político, comienza enunciando Carl Schmitt en esta obra. A primera vista pareciera que lo político se equipara con lo estatal y viceversa, en una ecuación de igualdad. Un segundo intento de reflexión nos dice más bien que dicha ecuación es producto de la lógica que supone al Estado como única arena de actuación colectiva, en tanto espacio o unidad política constituida que no permite la existencia de grupos antagónicos existentes fuera de sus límites. Tal igualdad a decir de Schmitt no satisface a nadie, ya que lo político, excede en dimensión a lo estatal, debido a que el antagonismo, conflicto y distinción amigo-enemigo, (características esenciales de lo político) no solamente se da dentro de la dimensión institucional del Estado, sino que permea todas las capas del cuerpo social. Lo político puede apropiarse por sí mismo de cualquier espacio, y por lo tanto su especificidad no depende de la creación de uno propio para desarrollarse. Lo político además, precede al Estado ya que fue precisamente el conflicto u antagonismo lo que propició la creación de un ente extraordinario que regulara la convivencia entre los hombres.
De esta manera podemos deducir que lo político se encuentra inmerso dentro y fuera de los límites institucionales de toda organización política constituida y así, el concepto de lo político supone al del estado y al de lo social con todas sus implicaciones al mismo tiempo.
Cabe mencionar que si bien la distinción amigo-enemigo es característica esencial de lo político, en tanto nos muestra el grado máximo de intensidad de unión o separación, de asociación o disociación, según el autor, no todos los antagonismos o conflictos pueden catalogarse de políticos ; que estén politizados por acarrear consigo una confrontación hostil es otra cosa. Schmitt es muy claro al enunciar que por enemigo debe entenderse un conjunto de hombres que se opone combativamente a otro. Es decir, el conflicto político es siempre grupal y el enemigo entonces será el enemigo público, nunca el privado. Es por ello que el autor apunta a que solo debe verse al enemigo como el otro, el extraño, el distinto que en algún momento amenaza en términos existenciales al grupo al que se pertenece, es decir, con la objetividad necesaria para evitar asignarle juicios de valor innecesarios. Es aquí en donde Schmitt puntualiza también que no todos los grupos son políticos. Pueden encontrarse dentro de esta categoría solo aquellos que reúnen dos características: Autonomía decisional en cuanto a la elección de a quienes tratar como amigos o enemigos y el modo en el que habrá de enfrentarlos siempre y cuando esté dispuesto el grupo a hacerlo.
Siendo entonces la alteridad y la amenaza existencial del contrario sobre nosotros las características esenciales de nuestro oponente, es necesario valerse de una estrategia de enfrentamiento. Dicha estrategia según Schmitt debe tener por principal cometido combatir más que eliminar, ya que el enemigo posee un carácter funcional y al mismo tiempo no hay que olvidar que su condición de enemigo es puramente contingente o circunstancial. Pero entonces ¿de qué manera es que el enemigo sirve a su oponente? El enemigo define a la agrupación en principio, es decir, inyecta sin querer una gran dosis de identidad e instinto de pertenecía. El enemigo cohesiona, une, le recuerda a los miembros del grupo contrario porqué es que están unidos, porqué es necesario construir alianzas, les recuerda su causa.
De igual forma que Schmitt da tratamiento al enemigo lo hace con el amigo. Los amigos políticos no necesariamente son amigos en el ámbito privado, también son de carácter circunstancial y finalmente poseen de igual modo un valor funcional. Por lo tanto, así como el enemigo sirve para crear alianzas entre amigos, los amigos fortalecen las alianzas del enemigo. Se es amigo y enemigo al mismo tiempo porque en el enfrentamiento político no hay buenos ni malos, claro, si se mira desde afuera.
Por todo lo anterior es que Schmitt afirma que el intercambio o proceso político varía según las relaciones y reagrupamientos que existan entre grupos de amigos o enemigos. Es interesante como establece el autor hasta cierto punto un parámetro en el que afirma que cuanto más se acerque la oposición o antagonismo al punto extremo se aproximará más a lo político. ¿a qué le llama Schmitt punto extremo? A la guerra, y es justamente este argumento el que ha causado tanto revuelo alrededor de su obra. Es por ello necesario mencionar que no se trata de asignar un enfoque bélico a lo político ni uno mortal al enemigo como Chantal Mouffe apuntó en algún momento. La guerra es una posibilidad real y latente dentro del escenario del conflicto, no el fin último u objetivo. Lo político a su vez tampoco posee un afán pacificador, ya que el conflicto mismo y sus implicaciones lo impiden. ¿Cómo pensar en lo político en un escenario ajeno a la posibilidad de la lucha?
Por otra parte, los fenómenos políticos, como ya se ha visto, se apropian de cualquier espacio, es por ello que Schmitt afirma que lo político puede extraer su fuerza de todos los ámbitos de la vida humana, esto es, de antagonismos de índole diversa capaces de agrupar personas y formar distintas causas de combate.
Es por ello que los partidos políticos son solo un ejemplo de fenómeno político, el cual puede encontrarse dentro de los límites institucionales del estado o fuera de ellos, en lo que Schmitt denomina política interior o exterior. De esto podemos concluir que al ser la dimensión de lo político tan extensa, no se reduce solamente a la política de partidos, ya que comúnmente suelen equipararse estos dos conceptos también. Es necesario precisar que al ser la distinción amigo-enemigo inherente a toda conducta política, se verá inmiscuido dentro del ámbito político todo antagonismo capaz de agrupar para el combate a los miembros de la sociedad en grupos abanderados con una causa común. Lo político puede insertarse en lo económico, lo religioso, lo moral, lo filosófico, lo estatal etc. Basta pensar en las distintas causas generadoras de lucha común, como la defensa de los derechos de las minorías como ejemplo .
Intentar definir y establecer los límites de lo que lo político y la política representan no es tarea fácil y no me atrevería a catalogar como errores algunas inconsistencias en la obra de Schmitt. La primera de estas es sin duda al abordar la distinción amigo- enemigo, en la cual se menciona que lo político solo atañe al enemigo público. Me parece que en principio para que el conflicto adopte tintes políticos o grupales este debió haber comenzado sin duda en el ámbito privado, lo que hace a dicho ámbito importante para dar tratamiento a la fase posterior que es justamente el antagonismo político. Y lo que hace casi imposible mirar de manera objetiva al oponente, es decir, sin evitar descalificarle, odiarle y asignarle juicios de valor negativos. En resumen la manera en la que Carl Schmitt pretender abordar el conflicto peca de civilizada aunque acarreé consigo la posibilidad latente de la guerra ya que se aleja del enfoque pasional natural e inherente a las relaciones sociales. Esto es más bien la manera en la que debería concebirse a lo político y no una descripción de lo que comúnmente opera en esos términos.
Otra inconsistencia se deriva de la afirmación que propone que cuanto más se acerque el conflicto al “grado máximo” de disociación, más político ha de volverse. Eso me parece una contradicción, porque al asegurar Schmitt que la guerra no es el objeto, contenido o fin último de lo político deja de sostener el argumento anterior. Además un conflicto no se vuelve menos político al existir mecanismos de negociación para neutralizarlo, al contrario, pugna por el tratamiento civilizado al que Schmitt le apuesta.
Por otra parte, al analizar el proceso político Schmitt se centra demasiado en los elementos amigo, enemigo dejando de lado el objeto de la discordia o disputa. Es claro que el autor dedica una breve reflexión al tema de qué conflictos son políticos o no. Pero me parece que le hizo falta ahondar más en este tema para desdibujar las posibles lagunas que pudieran quedar al respecto.
Finalmente en el transcurso de la obra se homologan sin querer conceptos como político y política. Tal vez se deba a la traducción al español cuando hablamos de “relaciones políticas” o “política de partidos” por ejemplo. Sin embargo, cuando Schmitt habla de “política social”, es entonces que existe una confusión dado que la diferencia entre política y político radica en que el segundo concepto excede en dimensión al primero y además se inserta en él, entonces, la “política social” que Schmitt asegura se da fuera de los límites gubernamentales podría confundirse con la que se da dentro de la dimensión institucional.
Finalmente concluyo brevemente puntualizando que el concepto de lo político más que encontrar su esencia en las categorías de amigo o enemigo lo hace más bien en el proceso de distinción, es decir, el proceso que engloba no solamente el conflicto y la posibilidad siempre presente de la guerra, sino el cual en el que la agrupación decide por sí misma a quien tratar como amigo o enemigo, elije si enfrentar o no y la manera en la que habrá de hacerlo.
Sin duda un gran esfuerzo de abstracción intelectual que si bien no logra la pureza conceptual aspirada nos recuerda los límites a los que debemos sujetarnos los estudiosos de la realidad social en cuanto a la terminología que utilizamos al tratar de abordarla y explicarla.
Tal vez el concepto de lo político de Carl Schmitt pueda ganar terreno dentro de los clásicos de la filosofía política en tanto que asume el tan afamado “cambio invariable” propio del tiempo de la política, y es justamente la distinción amigo-enemigo el combustible de la invariabilidad necesaria para lograr este cometido.

Bibliografía:Schmitt Carl, El concepto de lo político, Alianza Editorial, México, 1987
Mouffe Chantal, el retorno de lo político, Paidós, Barcelona 1999

Resultado de imagen para carl schmitt el concepto de lo politico resumen

POLÍTICAS DE LA “ENEMISTAD”: APROXIMACIÓN A CARL SCHMITT.

Para entender la forma en que Carl Schmitt desarrolla el concepto de lo Político a partir del Estado como Totalidad, es decir, como ente totalizador que se arroga para sí la posibilidad de distinguir entre “amigos” y “enemigos” tanto al interior como al exterior de sus alcances sociales, culturales y territoriales, es necesario remontarse a los orígenes históricos del denominado “Capitalismo Liberal” y a la forma en que, a través del Estado, la vida social (por ende, Política, económica y cultural) se regulaba de acuerdo con unas disposiciones de poder centralizadas. El Soberano, en tanto representante de los intereses de su Nación, tenía la libertad de “decidir” sobre las conveniencias adecuadas y los enemigos reales, además, dichas decisiones eran asumidas y respetadas por los ciudadanos de acuerdo con la legitimidad históricamente establecida del Poder soberano. Con el advenimiento y consolidación del laissez-faire, el Estado rompe con mucho de su poder sobre las relaciones políticas que, para esta época empiezan a ser consideradas como formas emergentes del liberalismo individual (de cuyos fundamentos doctrinarios, los desarrollos filosóficos de la modernidad empezaran a derivar el concepto político de la individualidad). Fue por tanto, solo hasta las crisis económicas del siglo veinte, cuando se reconsideró la necesidad del Estado como un organismo de Poder con mayores alcances en todas las esferas sociales; con base en estos nuevos pensamientos se establecieron en el viejo mundo las doctrinas políticas totalitarias como el Fascismo, y fue sobre este contexto histórico sobre el que escribió Schmitt. Como vemos, Schmitt parte su análisis de considerar el concepto de lo “político” como necesariamente vinculado con el Estado, “el concepto de Estado supone el de lo político” (Schmitt, 1928); y éste, como ente aglutinador de las consideraciones políticas de los individuos, es decir, como la materialización de la política a través de la distinción realizada entre los conceptos de amigo-enemigo. “pues bien -dice Schmitt- la distinción específica, aquella a la que pueden conducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo” (Ibíd.) En estos términos, vemos que, para Schmitt, el concepto de lo político y de su fundamento lógico (amigo-enemigo), se mueve por la posibilidad real de la guerra contra el Otro, contra aquél que está en contra de las decisiones tomadas por el Estado. Con esto, la democracia en Schmitt no puede considerarse como un “pluralismo”, en los términos en que conocemos actualmente la naturaleza del concepto, sino por el contrario, como la voluntad unitaria del pueblo (de sus individuos): debe considerarse aquí las posibilidades políticas que tiene el Estado para unificar los criterios y controlar la oposición a través del “uso legítimo de la violencia”.

El enemigo aparece pues, en esta teoría, como aquel conjunto de discrepancias políticas que puedan atentar contra la estabilidad del Estado y de sus individuos. Por tal motivo no puede considerarse al enemigo en términos morales, ideológicos o, en general, privados; por el contrario, cualquier consideración que caiga por fuera de los límites de la confrontación Estatal puede, como ya lo anotábamos, separarse de lo estrictamente político. Aun así, considera el autor, que pueden darse al interior del Estado discrepancias en cuanto a los criterios y decisiones del Estado. Tales fuerzas políticas pueden generar problemas de orden inestable que, de no ser contrarrestados por el uso de la violencia, pueden llevar a “guerras” internas o civiles que podrían establecer nuevos poderes estatales. Con todo, para Schmitt, el concepto de lo político, y con él el del Estado, están asociados siempre con el de la Guerra como su forma fáctica de realizarse. Es por esta misma unidad que el Estado tiene la posibilidad de determinar quien es el enemigo interno (público) y el enemigo externo (enemigo contra la soberanía); así como de disponer de la vida de sus individuos para acabar con las de sus enemigos. La guerra y la muerte del “otro” es la única forma de garantizar la fortaleza política del Estado y sus integrantes. Para Schmitt esto queda claro en los siguientes términos: “El Estado prohíbe al individuo el recurso a la injusticia, no para suprimir el recurso de ésta sino para asegurarse su monopolio”.

Según Schmitt, la validez de toda norma jurídica se apoya en la soberanía del Estado, el cual a su vez está legitimado para actuar ante la posibilidad de “situaciones” susceptibles de generar un conflicto crítico que no puede resolverse a partir de un sistema de normas preexistente, sino gracias a una decisión nueva y específica. La política, por tanto, se funda en la excepción, en el riesgo permanente de la guerra y en la distinción original entre “amigo” y “enemigo” ya mencionada, que paradójicamente crea las condiciones de “normalidad” en las que el Derecho adquiere eficacia.

POLÍTICAS DE LA ENEMISTAD: APROXIMACIÓN A CARL SCHMITT.
SOCIOLOGIA POLITICA I
UNIVERSIDAD DE CALDAS
DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA Y SOCIOLOGÍA
PROGRAMA SOCIOLOGIA
MANIZALES, JULIO DE 2008

Aquí es preciso anotar que, si bien Schmitt no usa el concepto de Totalidad para definir el Estado -como si lo haría, por ejemplo Lévinas desde una perspectiva ética del análisis político-, en El Concepto De Lo Político el Estado aparece como una fuerte maquinaria que define y decide sobre la naturaleza de sus enemigos, así como dispone de sus elementos de Poder para eliminarlos.


 http://html.rincondelvago.com/politicas-de-la-enemistad_aproximacion-a-carl-schmitt.html


Resultado de imagen para carl schmitt el concepto de lo politico resumen