domingo, 25 de marzo de 2018

CON LOS RETAZOS ARMARE TARDE O TEMPRANO UN FRANKENSTEIN(Un puzzle)

"Quizá lo más importante es lo que no recordamos de un modo preciso, quizás lo más importante lo recordamos de un modo inconsciente."
Jorge Luis Borges

Siempre he creído eso. 

El del Père Lachaise es el cementerio más popular, nutrido y extenso de París. 
"Los budistas creen que hemos vivido un número infinito de vidas, infinito en el sentido de número ilimitado en el sentido estricto de la palabra, un número sin principio ni fin, algo así como un número transfinito de las matemáticas modernas de Kantor. Estamos ahora en un centro —todos los momentos son «centros»— de ese tiempo infinito. Ahora estamos conversando nosotros, ustedes piensan lo que yo digo, están aprobándolo o rechazándolo."

"Has perdido el infinito pasado, ¿qué te importa perder el infinito futuro?"

"Puesto que leer es vivir, releer es volver a vivir, y no se trata de un ejercicio inocente. No podemos abordar de nuevo a los 40 años un texto que leímos cuando teníamos 18 sin que la vida y la experiencia contaminen las páginas. El lector ya no es el mismo y por tanto el libro también nos parece distinto."

"Dan ganas de subrayar esto: la lectura y la vida son inseparables. Y nuestras lecturas son parte muy importante de nuestra experiencia vital. Tal como explica más adelante Pairolí, a medida que nos adentramos en la relectura, vamos recordando cómo era nuestra vida cuando leímos ese libro por primera vez y van aflorando memorias no sólo de la historia narrada, sino también de nuestra propia historia."

"Entonces, cuando ha pasado tanto tiempo, ¿hemos de hablar de relectura o simplemente de lectura? Depende de la memoria de cada cual, pero en muchos casos quien regresa a La cartuja de Parma veinte años después de haberla leído por primera vez no sólo es otra persona, sino que además conserva únicamente una atmósfera, impresiones y escasos detalles de la historia de Fabrizio y de la Sanseverina. Y no hace falta decir que fue el propio Stendhal quien subrayó la importancia de los detalles en literatura. Por lo tanto, aquí no habría que hablar de relectura sino simplemente de lectura."

"Cuando la mano envejecida recupera del estante de la biblioteca aquel libro que dejó la mano joven, nunca se sabe qué puede pasar. Se puede reencontrar el placer, ciertamente, bajo una forma u otra, ya sea únicamente el placer de la memoria o el placer de la literatura o ambos, pero también se expone uno a sufrir un disgusto."

"Las palabras aún están allí, en la misma disposición precisa y eficaz en que fueron ordenadas por el autor y, si tenemos suerte, volverán a decirnos alguna cosa, pero será una cosa distinta; nos volveremos a emocionar, pero tal vez en otros pasajes, en otros detalles, por otros motivos."


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En su prólogo a las Crónicas Marcianas (1950) de Ray Bradbury, Jorge Luis Borges recuerda que el sueño repitente apareció en el siglo XVI del poeta italiano Ludovico Ariosto y en el siglo XVII del astrónomo Johannes Kepler y su Somnium Astronomicum. 
" a principios del siglo xvi, Ludovico Ariosto imaginó que un paladín descubre en la Luna todo lo que se pierde en la Tierra, las lágrimas y suspiros de los amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no saciados anhelos"

http://jorgeluisborges.gipuzkoakultura.net/jorge_luis_borges_bradbury_eu.php

"Yo he dedicado estos últimos veinte años a la poesía anglosajona, sé muchos poemas anglosajones de memoria. Lo único que no sé es el nombre de los poetas. ¿Pero qué importa eso? ¿Qué importa si yo, al repetir poemas del siglo IX estoy sintiendo algo que alguien sintió en ese siglo? El está viviendo en mí en ese momento, yo no soy ese muerto. Cada uno de nosotros es, de algún modo, todos los hombres que han muerto antes. No sólo los de nuestra sangre."
Borges 

En Viena (Austria 1959)



A la búsqueda del tiempo perdido A la busca del tiempo perdido (À la recherche du temps perdu, en francés) es una novela de Marcel Proust. Un autor comparable y lo supera en cierta temática(los celos)  a  ese genio universal de todos los tiempos Williams Shakespeare.   Es ampliamente considerada una de las cumbres de la literatura francesa y universal estos siete libros (tomos)  la memoria del narrador: sus recuerdos y los vínculos que crean es como una autobiografía, al igual que esa autobiografía de Gabriel García Márquez para situarnos más cerca de Venezuela y de nuestro tiempo en   Vivir Para Contarla que es la memoria de su infancia y juventud en uno de los mejores fabuladores del siglo XX-.


MORALEJA
Es posible que en Venezuela este año de 2018 no más de 10 venezolanos se lean completo el libro de Proust A la búsqueda del tiempo perdido o más de 100 ese hermoso libro de sus memorias de Gabriel García Márquez.

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“El verdadero significado de las cosas se encuentra al tratar de decir 
las mismas cosas con otras palabras”.

(Charles Chaplin)

Puede que esto sirva de algo

Desde hace 22 años he intentado escribir, pero siempre termino deshaciendo lo que garabateo. Hay urgencias que absorben mi tiempo  aunque desde hace pocos años releo libros que hace 60 y 54 años me apasionaron. Esos libros que leí entre la edad de los 11 años y los 23 dejaron huellas en mi carácter y manera de razonar, pero esos que leí en otro idioma marcaron mi vida con mayor fuerza indeleblemente y solo ahora tantos años más tarde me doy cuenta. Me da miedo releer a Jean Paul Sartre luego de haberlo hecho Ilia Ehrenburg  que hasta a la luz de las velas leí a 17 y 18 años  sus memoria con una pasión y fervor más nunca después  encontrado su libro GENTE, AÑOS, VIDA y frases que he repetido una y otra vez  a lo largo de estos 60 años donde he escrito más de 20.000 artículos/notas/conversaciones  fueron extraídas de esa lectura. Cuando relea Sartre encontrare otras frases y conceptos más y entonces me ver al espejo como un  Frankenstein  que “ es un personaje de ficción que apareció por primera vez en la novela de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo. Se trata de un ser creado a partir de partes diversas de cadáveres diseccionados, al cual le es otorgada la vida por Víctor Frankenstein (su creador) durante un experimento.”


Storia sociale dell'arte. III: Rococò - Neoclassicismo - Romanticismo.: hauser a.
En septiembre de 1958 comencé a leer los tomos de Arnold Hauser su libro publicado en 1951 que se convirtió en un clásico  Historia Social de la literatura y el arte. 

El arte y la literatura son un producto social y no pueden estudiarse sino en relación con los demás aspectos de la sociedad en que vive el artista: religión, economía, política es la esencia de ese libro y llegue a una conclusión mientras lo leía en ese en mi primer invierno en Roma  que el arte que sintetizaba todas las artes todo era el cine. Desde entonces hasta ahora he "devorado" cientos y cientos de películas.  Esa pasión fue al que me condujo a Madrid al inicio del año 1964. Leía detenidamente cada libro sobre Charles Chaplin que caí en mis manos llegando a la exageración en Madrid de ver diariamente cuatro a cinco películas de este autor. Podría sintetizar mi amor a Chaplin con estas palabras: ”El enternecedor cómico  que, en nuestro terrible siglo, ha intentado defender al risible pequeño hombre”.

Abrazando con  mi corazón de adolescente  a un autor que dejo huellas en mi forma de ver el mundo; Chejov supo mostrar muy bien a las personas que ofenden a otras, y en sus cuentos tampoco son ángeles ni mucho menos los ofendidos.”  Siempre me acompañado el Chejov que muy bien sintetiza Máximo Gorki que "era capaz de revelar el humor trágico presente en el tenue mar de la banalidad." Leyendo bajo esas noches de Roma considere a Chejov uno de los más grandes escritores de todos los siglos; hoy con orgullo constato que tenía razón.”   


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También he extraído algo de esa lectura que me ha seguido dice Ilia Erenburg: “ El diario de un oficial alemán ,me lo trajeron en el frente ,en 1943. El autor era estudiante, citaba a Hegel y a Nietzche,a Goethe y a Stephan George, estaba fascinado por las perspectivas de la física moderna, más aquí lo que escribió: ”Hoy, en Keltse hemos liquidado a cuatro niños judíos que se habían escondido debajo del tillado; y luego nos hemos reído ,satisfechos de saber aniquilar ratas….

Hoy en una Venezuela  polarizada políticamente/socialmente  con cientos miles de personas en las redes creando el ambiente cultural que sea propicio para que se cometan en el futuro hechos como esos. 

No es el odio el que lleva a cometer crímenes horrendos es el desprecio.


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Leyendo algunas memorias de la Guerra Civil española cultura que está muy cercana a la nuestra se describían casos de republicanos como de franquistas que una vez que asesinaban un enemigo le abrían el pecho y se comían  el corazón.


En cierta ocasión en 1964 en el Café Gijon había un periodista que había escrito un mediocre pero popular  libro de nombre pomposamente   guerrero Boca de mujeres, boca de fusiles y nos  contó la siguiente anécdota cuando siendo el jefe de un grupo que andaba buscando rojos(comunistas) para fusilarlos  por las calles de Madrid luego que esta capital cayo en manos de Franco en 1936 ,encontraron a un hombre humilde vestimenta, con cara de humilde borracho y le pidieron documentos y este enseño un carnet de la  UGT (La Unión General de Trabajadores ), el que contaba la historia para salvarle la vida le dijo  " no ese no," y el humilde madrileño saco otro y  este si sirve  insultando a gritos a  la patrulla le saco el Carnet del Partido Comunista; fue fusilado de inmediato en el sitio. Este periodista había pertenecido de la guardia personal de Francisco Franco  durante la Guerra Civil de sus experiencias había escrito un libro. 

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Me  es difícil no recordar cuando estuvo la famosa filosofa y politóloga judía  frente al acusado,” Arendt no se encontró con un monstruo, como habían supuesto ella misma y quizá los jueces, sino que se halló ante un hombre como muchos otros que participaron del genocidio: “Estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales” (La banalidad del mal, Editorial Lumen, p. 165).

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Para Arendt, lo más aterrador se encuentra en esta normalidad, a pesar de todas las atrocidades cometidas, pues esto implica un nuevo tipo de criminal ya que comete sus delitos “en circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de maldad” (p. 156).




Julio Cortázar - Hay que ser realmente idiota 


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Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.


Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.


Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforescente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso —lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad— yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es más que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epícteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con lo que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta “L’année dernière à Marienbad”, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.




En La vuelta al día en ochenta mundos (1967)
Imagen: Odille Montserrat

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Siempre he creído sobre todo en el año 1994 que en un sitio como Vargas un milagro como este sería posible e iluminaria toda Venezuela:


EL AGENTE PARA GRANJAS

 El simple, pero más importante evento económico de este siglo es ciertamente el alcance exponencial en la producción agrícola y la productividad agrícola mundial (con excepción por supuesto en la Unión Soviética). Esto sobrevino a través de una innovación social en los primeros años de este siglo y es: el agente agrícola o promotor.
Karl Marx, 100 años atrás, tuvo una buena razón en cuanto a su rechazo por el campesino por ser un ignorante e improductivo sin esperanza. Por cierto, prácticamente todo observador del siglo XIX compartía la opinión de Marx. Por 1880, serios trabajos científicos sistemáticos sobre métodos agrícolas y tecnología agrícola progresaron tras 200 años. Aunque el entrenamiento sistemático de granjeros y agronomistas en las universidades de agricultura, se había iniciado unos 100 años antes. Para entonces sólo unos pocos terratenientes prestaban atención al tema. La gran mayoría de los granjeros -prácticamente todos los granjeros americanos- para 1880 no operaban diferente, ni mejor ni producían ni más ni menos que sus ancestros, según lo venían haciendo por centurias. Veinte años después, alrededor de 1900, las cosas aún no habían cambiado.
De repente, en las proximidades de la Primera Guerra Mundial, quizás hasta un poco después, las cosas cambiaron drásticamente. El cambio se inició en los Estados Unidos. Hoy en día se ha extendido hacia todas partes; de hecho el surgimiento en la producción y productividad de las granjas se ha tornado aún más pronunciado en los países del Tercer  Mundo como la India.
Lo sucedido no es que los granjeros de repente hayan cambiado sus miras. Lo que ha ocurrido es una innovación social que puso un nuevo conocimiento agrícola al alcance de los granjeros. Julius Rosenwald, un alto ejecutivo de la compañía de ventas por correo, Sears Roebuck, siendo él un vendedor de ropa en Chicago y con astucia de gran ciudad, inventó lo que se denomina el Agente para las Granjas (por diez años él pagó de su bolsillo a agentes para granjas, hasta que el gobierno de los Estados Unidos asumió el Servicio de Extensión a Granjas). El no hizo esto por simple filantropía, sino que esencialmente creó el poder de compra entre los clientes de su compañía, el granjero norteamericano. El agente para granjas le proveía lo que al momento le faltaba; un encaminamiento desde el conocimiento evolutivo agrícola y la información relativa, hacia las prácticas en la granja. En muy pocos años el 'ignorante reaccionario, el campesino varado en la tradición' del tiempo de Marx se convirtió en un granjero tecnológico de la revolución científica granjera.


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Vivero en el estado Vargas 

Área donde ejercer una revolución científica granjera 

"Tenemos a parroquias agrícolas : Carayaca, Caruao ,El Junko y sectores como: Galipán en la Parroquia Macuto , Hoyo de La Cumbre en la Parroquia Maiquetía, La Alvareña en la Parroquia Naiguatá y otros sectores ,pequeños y medianos propietarios ,que ocupan el 58,8% de la superficie total del Estado o sea ochenta y ocho mil treinta y cuatro hectáreas (88.034 has) distribuidas en once (11) Asentamientos Campesinos con una superficie  de veinticinco mil doscientas  treinta y cuatro hectáreas ( 25.234 has).

El Estado Vargas es uno de los principales productores de Verdes  como Brócoli, Cebollín  , Coliflor , Cilantro ,frutales como: Aguacate , Durazno , Cambur , Guayaba, hortalizas tales como: Zanahoria , remolacha , pimentón , tomates específicamente en la Parroquia Carayaca y el Junko, siendo el Estado  Primer productor de  Brócoli con un aporte Nacional del treinta y cuatro por ciento (34%), el Segundo productor de Cilantro con un doce por ciento (12%) y Aguacate con un catorce por ciento (14%), el Tercer productor de Durazno con el ocho por ciento(8%) una importante producción de Cambures , Guayaba , raíces y tubérculos como : yuca , ocumo , ñame, además es el Primer  productor  Nacional de carne de Pavos con el noventa por ciento(90%) y un gran aporte a la producción Nacional de Pollitos Bebés de engorde. Cuenta con una superficie aproximada Regada de Dos Mil  Ochocientas  Veinticinco hectáreas (2.825 has) y bajo Riego Tres Mil Doscientas Diecinueve hectáreas (3.219 has) siendo sus principales métodos de riego  por Gravedad y Aspersión  e igualmente  un potencial productor de cacao en los suelos aluvionales a las márgenes de los ríos de la Parroquia Caruao, hacia la proliferación de pequeñas Chocolateras en la zona. El Estado en sus comunidades pesqueras  aporta al consumo Estadal y Nacional  una importante  producción Pesquera de las especies; Pargo, Mero, Catacos, Jurel  Coro Coro  etc.etc .etc."


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   A MODO DE  EPILOGOS: 

"Es posible cambiar de modo de pensar , pero no de manera de ser"

Tratando entender el triunfo de Donald Trump en las pasadas elecciones norteamericanas por encima de todos los pronósticos un hombre que el común de los norteamericanos no se sienten identificados haya podido vencer todos los escollos que tenía en su camino; la casi totalidad de  los artistas de Hollywood en contra, todos los medios de comunicación del país, sus características  personales que eran rechazadas por la media de la moral norteamericana. Ante ese desconcierto   viene en mi ayuda algo que leí en 1959 :"Pero lo que a mí me ha estremecido no ha sido que apareciese Hitler en el tablado de la historia, sino la rapidez con que cambio la faz de la sociedad alemana; hombres con instrucción superior se convirtieron  en caníbales, los frenos de la civilización  han resultado endebles y han fallado a la primera prueba".

La cultura burguesa, la creada por la globalización, la de las universidades de USA y la de la izquierda norteamericana han sido un dique muy endeble y no por la fuerza de Trump sino por la debilidad de la esencia de  esas culturas.

¿Por qué el inesperado triunfo de Donald Trump, a pesar de toda la campaña en su contra por parte de la prensa, celebridades e influenciadores en Internet?

"La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales de #Estados Unidos era una posibilidad, pero, sin duda, la noticia conmocionó a medio mundo, incrédulo ante la realidad de que semejante personaje se alzase con el triunfo. Trump ganó contra todo pronóstico, pulverizando sondeos y encuestas que daban por ganadora a Hillary Clinton, la que hubiera podido ser la primera mujer presidenta del país. Pero así fue y ganó el discurso populista, racista, machista y repletos de frases rebosantes de ignorancia del señor Trump:

-"Podría disparar a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votos"

-"Pido el bloqueo completo y total a la entrada de musulmanes en EEUU"

-"Si gano las elecciones, devolveré a los refugiados sirios a casa"

-"Nunca he visto a una persona flaca bebiendo Coca-Cola de dieta"

-Sobre el calentamiento global, "El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense no competitiva"

-Sobre los inmigrantes mexicanos: "Están trayendo sus drogas, están trayendo su crimen.

Son violadores y algunos, asumo, son buenas personas"

-Ha dedicado a las mujeres calificativos como : "gordas, perras y animales desagradables"


 ¿Cuál fue la Estrategia Digital que le valió el triunfo al empresario?
- No podría decirse que mediante sus redes ganó Trump, al contrario de lo que había pasado con Obama. El encargado de Estrategia Digital del empresario Brad Parscale incluso no había tenido antes experiencia en Planificación de Comunicación Política para grandes líderes; pero fue muy inteligente: supo leer lo que nadie escribía en la red, y convenció a su jefe de invertir el mayor capital en Internet, no en los medios tradicionales.

- Usó “Big Data”, para geolocalizar sus anuncios en buscadores, páginas, redes; sostuvo una campaña de emails, (que aquí no usamos mucho) para enviar sus mensajes, propuestas y pedir pequeñas donaciones. Produjo videos que los distribuyó con los mensajes más potentes para los votantes más ignorados. Así llegó hasta ellos, y esa “mayoría silenciosa” le respondió. Y ganó.
- ¿Qué es lo que “no se puede leer en la red”?
- Hacer Estrategia Política, no sólo de Comunicación, exige que uno pise tierra. Que sepa lo que vive el pueblo, lo que sufre el común; sólo alguien que siente el día a día de un Juan Pueblo, podría saber cuáles son sus prioridades. Eso no lo leés en Twitter; lo vivís caminando en la calle. Algunos políticos suponen que por contratar agencias publicitarias carísimas, o asesores internacionales, tienen resuelto el tema. No. Si el equipo de comunicación no está formado por gente con experiencia electoral partidaria, política nacional, estado, y comunicación, tenemos comprobado: fracasan.
http://www.hoy.com.py/politica/ojo-paraguayo-desnuda-la-victoria-de-tump-claves-para-ganar-o-perder-votos
EXPLICACIÓN  APROXIMADA 


El sueño de Eichmann


Ficha: El sueño de Eichmann, Michel Onfray, editorial Gedisa, 92 páginas, ISBN: 9788497843157

En el número 9 de la revista "Filosofía Hoy" venía un artículo sobre Kant y varias recomendaciones de lectura en torno a este filósofo, una de ellas es el presente libro.

Cuando pensamos en un filósofo relacionado con el nazismo automáticamente viene a nuestra mente el nombre de Nietzsche, sus ideas sobre el "superhombre", el hecho de que su hermana militase en el partido nazi y que el mismo Hitler fuese a visitar su tumba y que tantos nazis se declarasen admiradores de su obra o lectores suyos, le han terminado colgando el "sanbenito" de nazi, aun cuando en vida fue un enemigo acérrimo del antisemitismo, detestaba el papel prepotente del estado, abominaba de la guerra como vía de solución a los conflictos y se fue de este mundo antes de que el partido nazi viese la luz. Una acusación que seguramente nunca podrá ser completamente borrada de su obra y que le acompañará para siempre.

Kant en cambio posee una aureola de "hombre de bien" de persona que buscaba la excelencia en su vida y sus costumbres, y que predicó aquella máxima de "actúa como si de tu comportamiento pudiera extraerse una ley universal" o "utiliza a los demás siempre como un fin en sí mismo, nunca como un medio para lograr tus fines". Pocos filósofos han escrito más sobre la rectitud, la virtud o el deber. 

Adolf Eichmann fue un teniente coronel de las SS que trabajó en la llamada "solución final" consistente en el exterminio del pueblo judío desde 1.942. Su participación se centró en organizar el transporte ferroviario de los deportados hacia los campos de concentración. Tras la guerra consiguió escapar de Alemania y huir a Argentina tras recorrer varios países. Allí lo encontró la organización de Simon Wiesenthal que pasó la información al Mosad israelí. Fue detenido por un grupo de agentes israelies que lo detuvieron ilegalmente, ya que su extradición hubiera sido imposible, y lo llevaron preso a Israel, donde fue juzgado y condenado a muerte. Lo ahorcaron el 31 de mayo de 1.962. 

La filósofa Anna Arendt escribió un libro sobre aquel proceso titulado "Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal", en una de sus páginas donde recoge las declaraciones de Eichmann durante el juicio comenta que este se declaró admirador de Nietzsche, algo típico entre muchos nazis, y sobre todo de Emmanuel Kant... sobre lo primero no comenta nada ya que la lectura parcial, errónea y sesgada del gran pensador alemán ha sido muy habitual, es un filósofo con el que es fácil equivocarse y como bien admite Savater es "un pensador sumamente estimulante y también, por qué no decirlo, peligroso." sin embargo Kant es el paradigma de la ilustración y del pensador racional, Anna Arendt viene a decir que la interpretación que de Kant hizo Eichmann es incorrecta... un punto en el que Michel Onfray no está de acuerdo, y ese es el gérmen que le hizo escribir este pequeño libro.

Publicado en 2.008 el libro causó cierto revuelo en los ambientes filosóficos debido a lo atrevido de su postulado, en Internet se puede consultar este vídeo donde en un programa de tertulias filosóficas Michel Onfray presenta su trabajo. Está compuesto de dos partes, en la primera tenemos una tésis que a modo de conferencia analiza la figura de Kant y su filosofía y la relación de la misma con este episodio del juicio de Eichmann. Onfray sostiene que el antiguo teniente coronel de las SS y organizador de la logística de los convoys de la muerte está en lo cierto y que su interpretación del sentido del deber y la obediencia a las leyes manifestada por Kant es más que correcta.


El filósofo defendía hipócritamente una doble moral, por un lado instaba a tener juicio propio y pensar por uno mismo, sin embargo ponía al deber con el país, con sus gobernantes y sus leyes por encima de la propia conciencia... debiendo reservar al ámbito privado todos aquellos pensamientos que choquen con lo establecido. Según el sabio de Konisberg hay que disentir en su fuero interno pero obedecer ya que llega a establecer un paralelismo igualitario entre legalidad y moralidad. Es más llegaría en alguna de sus obras a esgrimir el espeluznante argumento de que fuera de la legalidad no existe nada, defendiendo incluso el infanticidio en el caso de los hijos nacidos fuera del matrimonio y por lo tanto "jurídicamente inexistentes". Es un Kant desconocido para la mayoría de sus lectores que se han quedado en sus grandes obras como "La crítica de la razón pura" o "La crítica de la razón práctica".


La segunda parte consiste en una obra de teatro, una obra de teatro filosófica donde se nos muestra a un Eichmann durmiendo en su celda la noche antes de su ejecución, en sueños se le aparecen Kant y Nietzsche, el segundo solo será una presencia burlona que simplemente presencia el debate entre el primero y Eichmann. Kant se muestra horrorizado por las consecuencias de los actos de alguien que ha confesado obrar de acuerdo a su filosofía, Eichmann tal y como se manifestó en el juicio donde fue condenado a muerte se mostrará frío y para nada arrepentido de haber obrado como lo hizo. Asistiremos a un pulso dialéctico entre el ex-nazi y el filósofo que servirá de excusa para mostrarnos el viejo argumento de la "obediencia debida" tal y como la llamaron los militares argentinos en su particular encuentro con la justicia tras la dictadura. Onfray utiliza esta confrontación para hacernos reflexionar sobre el tema de la legalidad y la moralidad, y hasta donde llegan cada una de las mismas. Y también sobre el tema de hasta que punto es exigible una conducta moral virtuosa a los seres humanos y hasta donde se puede llegar en cumplimiento del deber... un debate que sigue abierto.


Lo mejor: Una ácida crítica a la filosofía de Kant y a todo sistema moral y ético que no tenga en cuenta la realidad del ser humano y que se esfuerce en pedirle lo imposible. Como no podía ser de otra forma en el caso del filósofo francés la iglesia y su moral no sale tampoco demasiado bien parada. No se si esta obrita de teatro se ha representado alguna vez... que buena idea sería verla representada, no dejaría a nadie indiferente.

Lo peor: Sin duda alguna su excesiva brevedad... aunque ya dice el refrán "si bueno y breve dos veces bueno" :-)

http://unlibroenmimochila.blogspot.com/2012/08/el-sueno-de-eichmann.html



Arendt en Jerusalén.
El episodio kantiano de Eichmann

Federico Donner
Pesquisador do Consejo Nacional de Investigaciones Científicas
y Técnicas, da Universidad Nacional de Rosario. Contato:
fededonner@gmail.com


RESUMEN:
En Opus Dei, Giorgio Agamben señala el reemplazo de la ontología clásica del acto y la potencia por el paradigma cristiano del officium, que separa al sujeto de los efectos de sus acciones. Este paradigma alcanza en la modernidad a la ética kantiana, a las figuras del militante político y del funcionario (a través de la noción weberiana de Beruf), y al concepto de adiaforización, acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman. Desde este enfoque, analizaremos un episodio del juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén, relatado por Hannah Arendt. Eichmann declaró haber actuado según la más estricta ética kantiana, lo que suscitó la indignación de Arendt. ¿Fue Eichmann un hombre sin capacidad de juicio, típico producto de un régimen totalitario? ¿O, quizás el encargado de las deportaciones en plena Solución Final no fue más que un obediente funcionario que permaneció aferrado kantianamente a su juramento?

1. Introducción

En Opus Dei. Arqueología del Oficio, Giorgio Agamben analiza uno
de los paradigmas decisivos de la praxis occidental. Este consistiría en
el paso de la ontología clásica del acto y la potencia, donde el ser se
presentaba bajo dos modos distintos pero homogéneos, al paradigma
cristiano de la liturgia, en el que dos elementos heterogéneos, el
ministerium (del sacerdote) y el effectus, definen el ser en términos de
su efectualidad (Wirklichkeit). Las consecuencias de este cambio de
paradigma implicaron que el ser sea comprendido como la efectividad
de una praxis, como obra.
El paradigma del oficio aún resuena no sólo a en la ética kantiana,
sino en la comprensión weberiana de Beruf (término que designa por
igual a la vocación religiosa como a la profesión) y tiene gran influencia
aún en el campo político moderno, sobre todo en las figuras del militante
y del funcionario (Weber, 2006; Agamben, 2006).
Desde allí, intentaremos analizar las dificultades que se suscitan a
partir de que Adolf Eichmann, una de las figuras que mejor encarna al
funcionario del paradigma burocrático y tanatopolítico del siglo XX, se
declarara un ferviente defensor de la ética kantiana durante la celebración
de su juicio en Jerusalén. Se trata de medir hasta qué punto podemos
afirmar, con Hannah Arendt, que Eichmann fue un hombre sin capacidad
de juicio, típico producto de un régimen totalitario o, por el contrario,
si su actuación como encargado de las deportaciones en plena Solución
Final no fue más que el adecuado comportamiento de un funcionario
que se inscribe en el paradigma del oficio y de la ética kantiana.

2. Sujeto y acción

El uso del término liturgia, que etimológicamente significa “servicio
público”, es bastante reciente, ya que hasta finales del siglo XIX el
vocablo más difundido era el latino officium. Se trata de un paradigma
para la acción humana que tiene su origen en los primeros siglos del
cristianismo, y que, bajo el nombre de Opus dei, designa la efectualidad
del obrar más allá de la cualidad ética del sujeto que lo lleva a cabo.
Se trata, por lo tanto, de la ruptura del nexo ético entre el sujeto y su
acción, ya que en el paradigma del oficio “lo determinante no es más
la recta intención del agente, sino sólo la función que cumple la acción
en tanto opus Dei”(Agamben, 2012a: 47).
El paradigma de la liturgia entiende que el Cristianismo es principalmente
una praxis más que un credo. La praxis litúrgica del sacerdote puede
comprenderse como opus operatum (la obra realizada) o como opus
operantis (la acción del que realiza la obra) (Ibíd.: 37). Esta distinción
surge de un debate teológico del siglo III en torno al bautismo.
Mientras que la opus operatum “nombra la acción sacramental en su
efectividad performativa, es decir, porque provocará ciertos efectos”, la
opus operantis “nombra el acto en la medida en que es realizado por un
determinado sujeto, un determinado agente, el sacerdote que tiene una
cierta cualidad moral y física” (Agamben, 2012b: 40).
Esta distinción buscaba solucionar el problema de la validez del bautismo
en caso de que fuera administrado por un sacerdote asesino, apóstata o con
algún carácter o intención inmoral. La Iglesia decidió que más allá de la
cualidad moral del agente, el bautismo es válido en todos los casos.
La misma lógica parece mostrar la teoría de Pedro de Poitier, quien
en el siglo XIII sostuvo que como el diablo es siervo de Dios, sus obras
son siempre malas en tanto opera operantia, pero Dios siempre aprueba
los efectos de su acción en tanto opera operata.
Tenemos entonces que la acción del sacerdote está dividida en dos
aspectos: el de su efectividad, su realización y, por otro lado, el del
modo del sujeto que realiza la acción. No sólo que el vínculo ético
entre sujeto y acción se ha cortado, sino que el status moral del agente
resulta por completo irrelevante (Agamben, 2012b: 41).
Si comparamos esta forma de entender la praxis con la ética aristotélica,
notaremos enseguida que los operadores conceptuales potencia y acto
(dýnamis y enérgeia), son dos modalidades diferentes de un mismo ser.
El pasaje de la una a la otra se da por medio del hábito, y la voluntad
juega un papel apenas discreto, en el sentido que existe una primacía
de lo ontológico, del ser, por sobre lo volitivo, el querer.
A partir de este cambio, el sujeto se transforma en una especie de
instrumento, una mera función. La verdadera causa de la efectividad de
ese obrar radica en Cristo, que garantiza la realización del sacramento.
El sacerdote debe “hacer las veces de” Cristo. Esto es lo que Tomás
de Aquino entiende por causa instrumental, según la cual el instrumento
no obra por su forma “sino en virtud de aquel por el que es movido”
(Agamben, 2012a: 89).
De ahí el concepto de vicariedad, que implica que el sacerdote
carezca de sustancia y que se defina en términos de la acción, pero de
una acción funcional, en la que cumple el mandato de un otro superior.
La función, por lo tanto, se realiza en nombre de una alteridad, y el ser
en cuestión se define en términos fácticos y funcionales, en constante
referencia a una praxis que lo define y lo realiza (Agamben, 2012a:
89–90).



3. Arendt en Jerusalén


En 1961 se llevó a cabo en Jerusalén el juicio contra el teniente
coronel de las SS Adolf Eichmann, que se encontraba viviendo en
Argentina bajo el seudónimo de Ricardo Klement y que fue capturado
por agentes del Mossad en 1960.
Hannah Arendt fue enviada como corresponsal de la revista The New
Yorker para cubrir el caso. Los informes que fue confeccionando durante
el proceso conformaron la base de su libro Eichmann en Jerusalén.
Un estudio sobre la banalidad del mal (2001), publicado en 1963. Este
texto les valió a Arendt y al historiador Raul Hilberg – autor de
La destrucción de los judíos europeos (2005), donde se documenta el
impresionante dispositivo burocrático e industrial de las matanzas durante
la Segunda Guerra Mundial –, la antipatía de Israel y, a modo de
coro, de los representantes de las organizaciones sionistas del mundo.
El supuesto pecado de ambos fue haber revelado el papel colaborador
de los dirigentes de las comunidades judías de Europa que integraron
los diferentes Judenräte, lo que en teoría implicaba una especie de
autoinculpación judía.
Los Judenräte eran los Consejos Judíos formados por los notables, por
disposición de los nazis, que se encargaban tanto de la administración
y gobierno de los guetos, así como de la implementación de todas
las medidas requeridas por los altos funcionarios del Reich, desde
confeccionar las listas de las deportaciones hasta coordinar la policía
judía que se encargaba de hacer cumplir todas las órdenes provenientes
de la Oficina Central del Reich.
El texto de Arendt recién fue traducido al hebreo en la década de
2000, luego de varios años en los que los llamados nuevos sociólogos
y nuevos historiadores israelíes recuperaron su figura a la vez que
enarbolaron un discurso crítico contra la narrativa oficial del estado
israelí respecto a la Shoah y a su uso en el conflicto con los palestinos.
Pese a todo, no sería arriesgado afirmar que tanto Arendt como Hilberg
adoptaron en sus escritos una actitud bastante comprensiva para con los
ex miembros de los Judenräte, ya que les sindicaron responsabilidad
política y no jurídica. Actitud bastante comprensiva al menos si se la
compara con el clima hostil que estos dirigentes comunitarios soportaron
en Israel desde su llegada. Lo que había cambiado, en realidad, era el
contexto político y la posición de los sobrevivientes de la Shoah en
Israel, pues éstos pasaron del oscurantismo a cobrar un rol protagónico
en el discurso oficial.
Hasta el juicio a Eichmann, que cambió para siempre la posición
internacional de Israel, el exterminio de los judíos europeos casi
no ocupaba lugar en la retórica oficial israelí ni en las principales
comunidades judías de occidente. En ese momento, el nuevo estado
israelí se empeñaba en construir una nueva imagen del judío sionista,
viril, trabajador y con un fusil en la mano, en contraste con la imagen
vergonzante de un supuesto judío europeo debilucho, humillado, que se
habría comportado como una oveja camino al matadero.1 Según el nuevo
relato oficial israelí, los únicos judíos heroicos que resistieron fueron los
jóvenes sionistas del Gueto de Varsovia. Esto es históricamente falso, ya
que los rebeldes no-sionistas eran más numerosos que los sionistas. Tal
es el caso de Marek Edelman, militante del Bund (organización judía
comunista, que se encontraba en las antípodas del movimiento sionista)
quien rehusó vivir en Israel luego de la guerra, y regresó definitivamente
a Polonia. Edelman fue opacado en la épica israelí de la rebelión del
Gueto por otras figuras identificadas con el sionismo, como Mordechai
Anilevitch. Cabe aclarar, que esto se debió en parte a la propia decisión
de Edelman, quien declaró varias veces no sentirse ningún héroe.2
Bien diferente era el panorama durante la década de 1950, en la que
se dio en Israel una especie de caza de brujas contra los dirigentes
acusados de colaborar en el exterminio de sus propias comunidades.

Tal fue el caso de Rudolf Kastner, dirigente de la comunidad judía de
Budapest, quien en su momento negoció con el mismísimo Eichmann la
vida de más de más de mil judíos que fueron enviados a Suiza en el
tren que luego fue conocido como tren Kastner. En la década de 1950,
Kastner era funcionario del Ministerio de Agricultura israelí, pero más
tarde fue juzgado por colaboracionismo con los nazis, ya que salvó a ese
puñado de judíos a cambio de no advertirle al resto de la población judía
húngara su destino final. Las actividades de Eichmann y sus colaboradores
comenzaron en abril de 1944. En menos de dos meses, 437.000 judíos
fueron enviados a Auschwitz. En 1957, Kastner fue asesinado en Tel-Aviv.

Los sobrevivientes de la Shoah, mal vistos por la propia sociedad
israelí que proyectaba sobre ellos la sospecha de colaboracionismo, fueron
sacralizados por la retórica nacional a partir del juicio a Eichmann. Ya
nadie quería oír hablar de colaboracionismo, ni del complejo papel de
los Judenräte. Eso explica en parte porqué personajes como Kastner
fueron condenados por la retórica oficial antes del juicio a Eichmann y
luego fueron esmerilados por la nueva retórica. Ya nadie quería escuchar
a una Arendt o a un Hilberg.3
Hacia finales de la década de 1990, el realizador israelí Eyal Sivan
halló las grabaciones fílmicas y sonoras del juicio a Eichmann. Sivan,
junto con Rony Brauman, editaron las más de 350 horas de material
original del juicio y dieron a luz el film Un spécialiste, portrait d’un
criminel moderne (El especialista) (1999), inspirado en el libro de Arendt,
aunque con una curiosa omisión que referiremos más adelante. Un
año más tarde, Sivan y Brauman publicaron en Francia Elogio de la
desobediencia (2000), libro que incluye el guión del film El especialista.
Tanto Elogio de la desobediencia, como los textos de Zertal (2010)
y de Finkelstein (2014) que hemos citado, muestran el contraste que
se da entre la ausencia de la Shoah en el discurso público israelí
hasta la década de 1960 y cómo luego del juicio a Eichmann, pero
fundamentalmente después de la Guerra de los Seis Días, la Shoah pasó
a ser el eje de la esencia nacional israelí:

Un estudio consagrado a este tema y que tiene por objeto
los manuales escolares del período 1967-1988 enumera cinco
libros –de alrededor de quinientas páginas– totalmente destinados
al genocidio y ciento treinta y dos páginas reservadas a la
Resistencia. El mismo estudio muestra que entre 1949 y 1967 los
trece manuales de historia judía sólo dedicaban algunas líneas, a
lo sumo dos o tres páginas, a la Shoah (Brauman y Sivan: 33).


Durante el juicio, se dio un curioso episodio. En una de sus

innumerables declaraciones, Eichmann le dijo al tribunal que toda su
vida había sido un kantiano consecuente en su obrar. La reacción de
Arendt fue escandalizarse, lo que contrasta notablemente con el tono del
resto del libro.
No puede dejar de llamar la atención que el texto de Arendt se
presenta como un estudio o un informe [ésta sería la traducción correcta
de report] sobre la banalidad del mal, cuestión difícil de hallar a lo
largo de toda la obra, que no es de una extensión menor. En segundo
término, llama la atención la falta de argumentos y el rechazo de plano
a la pretensión de Eichmann de ser un hombre que se rige por la más
estricta moral kantiana. Tampoco puede pasar desapercibido el hecho de
que tanto en el libro de Brauman y Sivan, que se presenta como una
defensa de la desobediencia, como en el guión de El especialista –que se
anuncia como un film basado en el texto de Arendt–, se hayan omitido
por completo el episodio kantiano del juicio de Eichmann.



4. ¿Informe o lección?


En el post-scriptum, Arendt aclara que la idea de banalidad del mal
es más una lección que una explicación del fenómeno del que pretendió
dar cuenta. Pese a que el subtítulo de la obra promete ser un informe
sobre la banalidad del mal, resulta difícil hallar tal cosa a lo largo del
volumen que se cierra así: “El objeto del presente informe ha sido
determinar hasta qué punto el tribunal de Jerusalén consiguió satisfacer
las exigencias de la justicia” (Arendt, 2001: 450).
El objeto del texto no es entonces un informe o un ensayo sobre la
banalidad del mal, sino medir hasta qué punto el tribunal israelí estuvo
a la altura del crimen que juzgaba. Esta es la única definición explícita
que da la filósofa sobre el concepto en cuestión:

También comprendo que el subtítulo de la presente obra puede
dar lugar a una auténtica controversia, ya que cuando hablo de
la banalidad del mal lo hago solamente a un nivel estrictamente
objetivo, y me limito a señalar un fenómeno que, en el curso
del juicio, resultó evidente. Eichmann no era un Yago ni era un
Macbeth, y nada pudo estar más lejos de sus intenciones que
«resultar un villano», al decir de Ricardo III. Eichmann carecía
de motivos, salvo aquellos demostrados por su extraordinaria
diligencia en orden a su personal progreso. Y, en sí misma, tal
diligencia no era criminal; Eichmann hubiera sido absolutamente
incapaz de asesinar a su superior para heredar su cargo. Para
expresarlo en palabras llanas, podemos decir que Eichmann,
sencillamente, no supo jamás lo que hacía […] No, Eichmann no
era estúpido. Únicamente la pura y simple irreflexión —que en
modo alguno podemos equiparar a la estupidez — fue lo que le
predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo. Y si
bien esto merece ser clasificado como «banalidad», e incluso
puede parecer cómico, y ni siquiera con la mejor voluntad cabe
atribuir a Eichmann diabólica profundidad, también es cierto que
tampoco podemos decir que sea algo normal o común4 (Arendt,
2001: 433–434).

La clave para comprender en qué consiste la banalidad del mal,
radicaría según Arendt en la incapacidad de Eichmann para reflexionar.
Este tipo de incapacidad se vería acentuada en los regímenes totalitarios,
que para la filósofa implican el derrumbe de toda moralidad, de todos
los mandatos y prohibiciones conocidos y la pérdida de todas las ideas
de libertad y justicia plasmadas en las relaciones sociales y en las
instituciones políticas (Arendt, 2005: 395). Esto, por supuesto, no exime
a Eichmann de su terrible responsabilidad política, ética y jurídica.
La banalidad del mal consiste, al menos según estas escuetas precisiones,
en la irreflexión de un burócrata que sólo procuraba ascender y que
en el cumplimiento de su deber nunca asume la responsabilidad de
estar enviando a la muerte a millones de personas. Parece que Arendt
se impresionó por la insoportable escrupulosidad e insignificancia de la
personalidad de Eichmann, quien no perdía oportunidad para corregir
al tribunal o al fiscal cada vez que se incurría en alguna imprecisión
respecto a detalles nimios de su trabajo como organizador de las
deportaciones.
La verdad inquietante que revela el libro de Arendt es que uno de
los peores crímenes de la historia de occidente tuvo como uno de sus
máximos responsables a un gris funcionario de mentalidad burocrática
al que no se le puede achacar una gran dosis de sadismo, ni una gran
ambición de poder y honores, y ni siquiera algún tipo de encarnizamiento
contra el pueblo judío. Pero precisamente, el aspecto más siniestro de
esa verdad queda de algún modo neutralizado o encapsulado cuando
Arendt dice que Eichmann era incapaz de reflexionar.
No era estúpido pero sí irreflexivo. Y sin embargo, Eichmann sabía
perfectamente qué era lo que estaba haciendo. Prueba de ello es su relato
sobre la Conferencia de Wannsee (incluido en el texto de Arendt), tras el
la cual confesó sentirse aliviado por no tener ninguna responsabilidad, ya
que sólo debía seguir ejecutando órdenes de sus superiores sin tener que
tomar ninguna iniciativa respecto a la política de evacuaciones. También
era un alivio para sus aspiraciones, ya que sus iniciativas previas para
trasladar todos los judíos europeos hacia Madagascar o Palestina habían
sido ignoradas por sus superiores.5
Durante el juicio, Eichmann relató sus cuatro viajes oficiales hacia
territorios del Reich para cumplir con diferentes órdenes. Vio las
cámaras de gas, y entre todos los horrores de los cuales fue testigo,
quedó impresionado por una imagen:

Pasé por un lugar donde habían sido fusilados judíos poco tiempo
antes y – probablemente como resultado de la presión de los
gases – la sangre surgía de la tierra como un chorro de agua.
Fueron los cuatro viajes oficiales que hice en servicio bajo
órdenes y en cuyo transcurso estuve en contacto directo con el
exterminio de los judíos. Eso lo viví contra mi voluntad. Debía
obedecer, debía hacerlo (Brauman y Sivan, 2000: 157).

Luego de haber observado con sus propios ojos todo lo que ya sabía
previamente, Eichmann adujo haberle solicitado a su superior, Müller,
que lo destinara a otra función, cuestión que, siempre según su versión,
le fue denegada. También dijo que si hubiera sido destinado a tareas en
algún campo de exterminio probablemente se habría suicidado por no
ser apto para soportar todo aquello.
Eichmann fue perfectamente conciente de lo que hacía, y sin embargo
mantuvo una y otra vez su inocencia desde el punto de vista jurídico.
¿Es posible, seguir sosteniendo con Arendt, que simplemente no sabía
lo que hacía?

Eichmann insistió una y otra vez en que él cumplía órdenes y que
debía lealtad a su juramento. No negaba ni afirmaba conocer lo que les
esperaba a los judíos que viajaban en los trenes que él organizaba. No
al menos hasta Wannsee. Y mucho menos luego de sus viajes hacia el
este. En ningún momento Eichmann justificó los asesinatos y se puede
decir que hasta los condenaba moralmente. Sin embargo, respecto a su
propia responsabilidad dentro de la gran organización burocrática del
Reich, Eichmann consideró que sólo cumplía su deber, aún cuando sabía
que dicho cumplimiento tenía consecuencias inaceptables desde el punto
de vista moral.
A lo largo de todo el texto, Arendt se muestra preocupada por
establecer el grado de responsabilidad jurídica de Eichmann, el tipo
de crimen que cometió y la capacidad del tribunal para hacer justicia.
Cuestiones que son expuestas en profundidad. Sin embargo, existe otra
cuestión a la que Arendt le confiere una importancia superior, pero
que lamentablemente queda apenas esbozada. Se trata de una pregunta
que a primera vista parecería de inspiración rousseauniana: ¿cómo es
posible que hombres de bien hayan vencido con tanta facilidad la natural
repugnancia al sufrimiento de otro ser vivo? Sin embargo, Arendt se
la formula kantianamente: ¿cuánto tiempo necesita una persona normal
para vencer la innata repugnancia hacia el delito? (Arendt, 2001: 143)
Sin embargo, Arendt no explora los problemas que presenta el paradigma
de la obediencia a la autoridad burocrática moderna. Prefiere hablar de
la irreflexividad de Eichmann y del derrumbe de los marcos tradicionales
producido por el totalitarismo, sin prestar atención a las diversas hipótesis
que desde la sociología, la historia, o la ciencia política, intentarían explicar
la marcada escisión entre racionalidad instrumental y responsabilidad moral
en el seno de las monstruosas burocracias del siglo XX.
El concepto de banalidad del mal, entonces, aparece no reemplazando
las teorías arriba mencionadas, sino como mera lección de la actuación
de Eichmann. Pero en realidad sí opera como explicación, ya que la
insistencia en la irreflexión de Eichmann es un modo de dar cuenta
de los motivos por los cuales pudo actuar de ese modo a pesar de los
grandes problemas de conciencia que adujo haber tenido.

5. Civilización versus moralidad

En Modernidad y Holocausto, Bauman (2006) sostiene que no casualmente
la SS reclutaban en sus filas personas con un perfil psicológico que se
alejaba del sádico y del antisemita furibundo, y que, por el contrario, se
inclinaban hacia personalidades como las de Eichmann. Para comprender
esa preferencia, el sociólogo polaco se apoya en su análisis de los
réditos políticos de la Kristallnacht, que de algún modo reproduce la
lógica del pogrom (Bauman, 2006: 98–99). Según este autor, la lógica
del pogrom es efímera, ya que se trata de una furia de tal intensidad que
no puede ser sostenida por mucho tiempo. En términos de racionalidad
instrumental, el pogrom es absolutamente ineficaz, ya que si bien el
número de víctimas puede llegar a ser elevado, no puede compararse
con las medidas que requirieron la precisa maquinaria burocrática e
industrial del encierro en guetos, las deportaciones, y finalmente las
matanzas masivas (primero fusilamientos por parte de los grupos móviles
de exterminio –Einsatzgruppen– luego los gaseamientos en camiones, y
finalmente las masivas cámaras de gas). Dicho de otro modo, lo que
necesitaban los nazis era un ejército de hombres obedientes, escrupulosos
y respetuosos de la ley, en lugar de individuos perversos. Esto contraría
el sentido común sociológico para el cual los procesos civilizatorios son
esencialmente moralizantes, mientras que la falta de moral se asocia con
un estado precario de civilización y de racionalidad (Bauman).
Contrariando ese sentido común, Bauman afirma que la moralidad
no es un producto de la sociedad, sino que los procesos societales
– es decir, institucionales, modernos, burocráticos, racionales, etc. –
mediatizan el hecho presocial del estar-con-otros. En convergencia con
ciertos planteos de Arendt en La condición humana y de Levinas, para
Bauman la moralidad es una condición originaria del hombre, previa
a los procesos societales. Los procesos societales, fundamentalmente a
partir del siglo XX, han mediatizado y adiaforizado el estar-con-otros,
separando las acciones de sus efectos visibles inmediatos.
En este sentido, cabe recordar la disconformidad de los dirigentes
nazis luego de la Kristallnacht. Al día siguiente, se pudo ver a muchos
ciudadanos alemanes que seguían comprando en los comercios atacados
e incluso muchos de los clientes ayudando a los dueños a recoger los
vidrios rotos. Desde este enfoque, resulta más adecuado adjudicar el
gradual apoyo de los alemanes a las políticas antijudías no tanto al
terror impuesto por la policía secreta, que al principio no era tal, sino el
paulatino aislamiento de los judíos del resto de la población. Eso ayudó
a zanjar el problema de que el judío de carne y hueso no se parecía al
estereotipo de la propaganda nazi. De hecho, a medida que los judíos
fueron siendo aislados y exterminados, los niveles de aprobación de las
políticas antijudías fueron creciendo.
La producción social de la distancia, la adiaforización, implica la
separación entre nuestras acciones y sus consecuencias. La moral presocial
es diluida a través de la distancia burocrático-organizacional que se
extiende entre el cumplimiento de una función y sus consecuencias. No
sólo se mediatiza la percepción del daño que se inflige a otros, sino que
se disipa la conciencia de la propia responsabilidad, que se volatiliza
vertical y horizontalmente a través de la red institucional. El famoso
experimento de Milgram (2002) es, en este sentido, revelador, ya que
vincula la percepción directa, sobre todo la visual, con el impulso moral
y la asunción de responsabilidad:
La responsabilidad, ese componente básico de todo comportamiento
moral, surge de la cercanía del otro. Cercanía significa
responsabilidad y responsabilidad cercanía. Discutir la prioridad
relativa de una u otra es evidentemente gratuito ya que ninguna de
las dos puede concebirse sola. Desactivar la responsabilidad y, así,
neutralizar el impulso moral que le sigue, implica necesariamente
(de hecho, es su sinónimo) sustituir la cercanía por la separación
física y espiritual (Bauman, 2006: 215).
La obstinación de la defensa en mostrar a Eichmann como una
mera ruedecilla en un gran engranaje, para dispensarlo de asumir la
responsabilidad por lo que les sucedió a los judíos que viajaron en
los transportes que él organizaba, de algún modo refuerza los enfoques
sociológicos que recoge Bauman de sus lecturas de Milgram y Zimbardo.
Con esto, insistimos, no se trata, como rechazaba Arendt, de acudir a
teorías que justifiquen ni legitimen los comportamientos asesinos en las
grandes matanzas administrativas del siglo XX. Pero sí se trata de ir
más allá de la postura establecida por la alemana respecto a la capacidad
de juicio. La incapacidad para reflexionar se presenta como una hipótesis
por lo menos insuficiente a la hora de analizar la participación de
individuos civilizados y racionales en asesinatos masivos burocráticos.
A la pregunta de Arendt sobre cuánto tiempo necesita una persona
normal para vencer la innata repugnancia hacia el delito, deberíamos
oponer la conocida sentencia de Dwight MacDonald que nos recuerda
Bauman: ahora debemos temer más a la persona que obedece la ley que
a quien la viola (Bauman, 2006: 180). Porque la repugnancia al delito
no es equivalente a la repugnancia hacia el sufrimiento ajeno. De
hecho, el caso Eichmann revela el aspecto siniestro de la repugnancia
al delito en una sociedad adiaforizada: Eichmann no violó ninguna ley
vigente en su momento. Eichmann no asesinó con sus propias manos a
ninguna persona. Eichmann obedeció a rajatabla las disposiciones de sus
superiores y permaneció fiel a su juramento.
El derrumbe que implicó el totalitarismo de todas nuestras tradiciones
políticas y éticas, como sostiene Arendt, no parece suficiente para dar
cuenta de la actuación de Eichmann. Por el contrario, lo que muestra
el caso Eichmann es que las estructuras societales, sobre todo en su
nivel institucional-burocrático, hacen del apego a la norma uno de los
elementos centrales de la adiaforización. La repugnancia al delito y el
asesinato masivo no son entonces opuestos que se excluyen. Por el
contrario, la obediencia a la jerarquía burocrática, hipótesis que Arendt
descarta o al menos desplaza como si fuera un asunto marginal, es
un elemento central en la comprensión de la perpetración de tamaños
crímenes.

6. Las reflexiones de un kantiano

Arendt relata cómo Eichmann, durante un interrogatorio policial,
remarcó que había vivido según los preceptos de la ética kantiana del
deber. Según Arendt, Eichmann tenía una vaga idea de tal noción:
Esta afirmación resultaba simplemente indignante, y también
incomprensible, ya que la filosofía moral de Kant está tan
estrechamente unida a la facultad humana de juzgar que elimina
en absoluto la obediencia ciega […] Ante la general sorpresa,
Eichmann dio una definición aproximadamente correcta del
imperativo categórico: «Con mis palabras acerca de Kant quise
decir que el principio de mi voluntad debe ser tal que pueda
devenir el principio de las leyes generales» (Arendt, 2001: 206–7).
Hay aquí tres afirmaciones fundamentales: 1) que la filosofía moral de
Kant está íntimamente unida a la facultad de juzgar, lo que eliminaría 2) la
obediencia ciega; y 3) que Eichmann da una definición aproximadamente
correcta del imperativo categórico.
En los tres libros donde trata problemas de ética, Kant prácticamente
no menciona el juicio reflexivo. El juicio reflexivo, que para Arendt es la
capacidad de juzgar lo singular, sin someterlo a criterios predeterminados,
como en el caso del juicio determinante, pertenece en Kant al dominio
de la estética. No resulta para nada evidente que “la filosofía moral de
Kant esté estrechamente ligada a la facultad de juzgar.” Además, Arendt
ni siquiera aclara que se esté refiriendo al juicio reflexivo de la tercera
crítica, sino apenas a un juicio sin epíteto (Onfray, 2009: 23).6
Arendt naturaliza su propia interpretación de la ética kantiana como
si fuera la más aceptada y difundida. Para comprender la interpretación
arendtiana del juicio reflexivo kantiano se precisaría contar con un grado
de conocimiento tal que no sólo no detentaba Eichmann, sino la mayor
parte del género humano.
Esto nos lleva aquí a la tercera cuestión: ¿resulta tan evidente que
Eichmann malinterpretó a Kant? ¿O acaso la imposibilidad de aceptar el
kantismo de un nazi revela un prejuicio propio que no nos permite ver
un problema más profundo e inquietante? La definición de Eichmann
del imperativo categórico no traiciona ninguna de las tres formulaciones
que da Kant del mismo.7
Sin ser literal, puede decirse que Eichmann no torció el espíritu del
imperativo en su definición. Quien sí torció los dichos de Eichmann fue
la propia Arendt. Eichmann sostuvo que luego de la Solución Final dejó
de vivir de acuerdo a los principios de la ética kantiana. Como esto no
le conformó a Arendt, entonces la filósofa imaginó qué es lo que pensó
Eichmann durante ese período:
Lo que Eichmann no explicó a sus jueces fue que, en aquel
«período de crímenes legalizados por el Estado», como él mismo
lo denominaba, no se había limitado a prescindir de la fórmula
kantiana por haber dejado de ser aplicable, sino que la había
modificado de manera que dijera: compórtate como si el principio
6 Nuestras intuiciones sobre el trasfondo de la indignación arendtiana frente a
Eichmann fueron reforzadas por el descubrimiento de este texto.
7 Cf. Kant (1967). Las tres definiciones kantianas en la Fundamentación rezan:
“Obra según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley
universal.” (1967: 71); “Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por
tu voluntad, ley universal de la naturaleza.” (1967: 72); y “Obra como si por medio
de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los
fines.” (1967: 92).
de tus actos fuese el mismo que el de los actos del legislador
o el de la ley común. O, según la fórmula del «imperativo
categórico del Tercer Reich», debida a Hans Franck, que quizá
Eichmann conociera: «Compórtate de tal manera, que si el Führer
te viera aprobara tus actos» (Arendt, 2001: 207).8
Arendt pretende claramente endilgarle a Eichmann sus propias
deducciones, para llevarlo a una reductio ad absurdum. Refuta afirmaciones
que Eichmann jamás pronunció, y reformula el imperativo que Eichmann
quizá conociera, lo que lo habría llevado a una inconsciente deformación
del imperativo que habría configurado la versión de Kant para uso
casero del hombre sin importancia (Ídem).
Sin embargo, Arendt termina reconociendo, casi sin percibirlo, que la
ética kantiana ha tenido un gran influjo en la mentalidad del burócrata
alemán promedio:
“Gran parte de la horrible y trabajosa perfección en la ejecución de
la Solución Final —una perfección que por lo general el observador
considera como típicamente alemana, o bien como obra característica
del perfecto burócrata— se debe a la extraña noción, muy difundida en
Alemania, de que cumplir las leyes no significa únicamente obedecerlas,
sino actuar como si uno fuera el autor de las leyes que obedece. De ahí la
convicción de que es preciso ir más allá del mero cumplimiento del
deber” (Ibídem: 208).
Esta rareza alemana es nada menos que el corazón de ética kantiana,
que hace de cada hombre una especie de legislador de la norma
universal que determina su voluntad. Recordemos la tercera formulación
del imperativo: Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un
miembro legislador en un reino universal de los fines.
Falta analizar el segundo elemento, a nuestro entender central. La ética
kantiana es de modo muy explícito una ética de la obediencia que, en
algunos casos (muy ilustrados, por cierto) les permite a los funcionarios
estatales discrepar con sus superiores, pero jamás la desobediencia. El
cumplimiento del deber es sin dudas un valor kantiano fundamental, que
se refuerza si es cumplido por apego al deber mismo (pese a que Arendt
considere esto como el uso casero para el hombre sin importancia, o
como una rareza alemana) y no por condiciones contingentes (imperativo
hipotético). Eichmann obedeció la ley, redoblando su apego a ella por
fidelidad a su juramento nazi, más allá del contenido de esa ley.
Por más que Arendt pretenda negar la obediencia ciega en Kant,
en ningún lugar de los escritos del filósofo éste sostiene que para
obedecer una ley debemos antes examinar su contenido. La ley moral
es independiente de la acción. La ley moral kantiana no se revela en
la singularidad del actuar humano, como pretende Arendt al introducir
al juicio estético en la filosofía moral. La obediencia a la ley funciona
siempre como un principio anterior y superior a cualquier acción
(Onfray: 24).
En “¿Qué es la ilustración?”, Kant sostiene claramente que a los
fines de la ilustración, se requiere libertad para el uso de la razón.
Pero se trata de una libertad para hacer un uso público de la razón y
no uno privado. El uso público se ejerce en calidad de maestro en la
república de las letras, mientras que el uso privado se hace en calidad
de funcionario: “sería muy perturbador que un oficial que recibe una
orden de sus superiores se pusiera a argumentar en el cuartel sobre la
pertinencia o utilidad de la orden: tiene que obedecer” (Kant, 1997: 28-
9). Y, más claramente: “razonad todo lo queráis y sobre lo que queráis,
pero obedeced!” (Ídem: 37).



7. Voluntad de obedecer


El paradigma del oficio marcó la transformación de las categorías
de la ontología y de la praxis occidentales. Lo que el hombre es y lo
que éste hace, presentan una relación de circularidad al punto tal que
se produce una indistinción entre ser y obrar. Se es lo que se debe y
se debe ser lo que se es. Este paradigma reemplazó al de la filosofía
clásica (Agamben, 2012a: 9). Y lo hizo también en la relación entre
lenguaje y mundo. El paradigma clásico, apofántico, implica una relación
denotativa del lenguaje con el mundo: el conocimiento se dice en modo
indicativo.
El paradigma del oficio responde en realidad a otra tradición, en la
que están inscriptas el derecho y la religión. La relación entre la palabra
y el mundo pone su peso del lado de la palabra, bajo la forma de la
orden, en modo imperativo. Esta otra gran tradición ontológica no hace
hincapié en lo que las cosas son, sino en lo que deben ser. Es una
ontología del mando. Como en el derecho y en la religión, no se dice
“es” sino “que sea”.
La ontología del mando va ligada a la hipostatización del concepto
de voluntad. En general, la orden es definida como un acto de voluntad.
Y la voluntad es uno de los conceptos más difíciles de definir a lo
largo de toda la historia del pensamiento, ya que es precisamente lo que
viene a reemplazar aquello que en el pensamiento clásico era apenas un
pasaje de un estado a otro. Quien invierte esto es Nietzsche, diciendo
que querer no significa otra cosa que mandar: “Un hombre que realiza
una volición –es alguien que da una orden a algo que hay en él, lo
cual obedece, o él cree que obedece” (Nietzsche, 1986: 40).
Agamben señala claramente la inscripción en el paradigma de la
operatividad del vínculo entre deber y mando en la ética kantiana:
“En la forma del deber-ser, en Kant se cumple justamente la ontología
de la operatividad […] En ella, […] el ser y el obrar se indeterminan
y se contraen uno en el otro y el ser se vuelve algo que no es
simplemente, sino que debe ser obrado. Sin embargo, no es posible
entender la naturaleza y las características propias de la ontología de la
operatividad si no se comprende que, desde el comienzo y en la misma
medida, ella es una ontología del mando. La contracción de ser y de
deber-ser tiene la forma de un mando; es esencial y literalmente un
‘imperativo’” (Agamben, 2012a: 181).
La gris personalidad de Eichmann y su devoción por la moral
kantiana no deben ser tomadas a la ligera. La ética de la obediencia y
el apego ciego a la ley han configurado en la modernidad un tipo de
sujeto capaz de asesinar a millones de personas a distancia e incapaz
de ejercer la violencia física directa. La adiaforización que produce las
estructuras burocráticas societales hace que buenos padres de familia y
buenos ciudadanos participen en grandes genocidios desde sus oficinas,
sin experimentar el sufrimiento directo de las víctimas, invisibilización
que contribuye aun más a diluir la responsabilidad ya de por sí diluida
del reino de nadie que es la burocracia.
La potencia narcotizante de la obediencia kantiana ha sido galvanizada
por las gigantescas estructuras burocráticas del siglo XX – impensables
a finales del siglo XVIII. El apego a la ley, pero sobre todo a la
autoridad a la que se responde, junto con la hipermediatización de los
efectos de las acciones que se presentan como inofensivas, invisibilizan
el sufrimiento del Otro y facilitan las políticas de exterminio de franjas
completas de la población. El aislamiento de los indeseados, ya sea por
acción (traslados, confinamientos en guetos, etc.), o por omisión (retirada
del estado de ciertas zonas de marginalidad), sustrae del campo de
percepción directa de los sujetos integrados que, con facilidad, aceptan
la demonización de los invisibilizados, lo que allana el camino de los
funcionarios de las maquinarias de exterminio, pero también de los
empleados de empresas privadas cuyas acciones afectan la calidad de
vida de millones.
Lo inquietante del caso no es solamente que Eichmann sea un
kantiano consecuente, sino que sea el paradigma de esa ética.

1 Brauman y Sivan (2000: 33) lo describen muy claramente: “Considerados
prisioneros de su pasado, eran tachados de melancólicos, poco fiables, privados
de las cualidades humanas superiores de los sabras – los nativos de Palestina –.
Entre los sobrevivientes del genocidio y los israelíes se alzaba entonces lo que Ben
Gurion llamó ‘una barrera de sangre y de silencio, de angustia y de soledad’. Esos
judíos del exilio habían ido a los campos como ‘corderos al matadero’, según una
expresión ampliamente difundida en Israel. Llegaron después de la guerra como
refugiados, los sobrevivientes no estaban ahí por convicción ni por un ideal, sino
por necesidad. En la prensa, en los discursos políticos y en las conversaciones los
estereotipos antisemitas de la Europa de los años treinta traducían cotidianamente el
desdén de los pioneros por los ‘judíos de gueto’.”



2 Cf. Zertal (2010). Esta historiadora israelí dedica el último capítulo de su libro a

la figura de Arendt y sus relaciones conflictivas con la dirigencia sionista.



3 Además de los planteos de Zertal (2010), hemos seguido en este los aportes de

Norman Finkelstein (2014), intelectual norteamericano hijo de sobrevivientes de
Auschwitz.



4 El segundo subrayado es nuestro. Hemos modificado ligeramente la traducción

de este párrafo, ya que la frase subrayada de la traducción de Lumen era
“sencillamente, no supo jamás lo que se hacía”. Hay allí, a nuestro entender, un grave
error de traducción, ya que en la versión inglesa se lee “He merely, to put the
matter colloquially, never realized what he was doing.” Y no “what he was doing
to himself. 


5 “En verano de 1940, cuando sus actividades de emigración llegaron a una total

paralización, Eichmann fue requerido para que elaborara un plan detallado para la
evacuación de cuatro millones de judíos a Madagascar, y parece que este proyecto
ocupó la mayor parte de su tiempo hasta la invasión de Rusia un año después.
(Cuatro millones es una cifra sorprendentemente baja para hacer Europa judenrein.
Es evidente que no incluía los tres millones de judíos polacos que, como todos
sabemos, estaban siendo asesinados desde los primeros días de la guerra)” (Arendt,
2001:118).

Bibliografía
AGAMBEN, Giorgio (2006). El tiempo que resta. Comentario a la carta a los
romanos. Traducción de Antonio Piñero. Madrid: Trotta.
_____ (2012a). Opus Dei. Arqueología del oficio. Traducción de Mercedes
Ruvituso, Buenos Aires: Adriana Hidalgo.
_____ (2012b). Teología y lenguaje. Del poder de dios al juego de los niños.
Traducción de Matías Raia. Buenos Aires: Las Cuarenta.
ARENDT, Hannah (2001). Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad
del mal. Traducción de Carlos Ribalta. Barcelona: Lumen.
_____ (2005). Ensayos de comprensión, Madrid: Caparrós Editores.
BAUMAN, Zygmunt (2006). Modernidad y Holocausto. Traducción de Francisco
Ochoa de Michelena y Ana Mendoza. Madrid: Sequituur.
BRAUMAN, Rony, y SIVAN, Eyal (2000). Elogio de la desobediencia.
Traducción de Víctor Goldstein. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
FINKELSTEIN, Norman (2014). La industria del Holocausto. Reflexiones sobre
la explotación del sufrimiento judío. Traducción de María Corniero Fernández.
Madrid: Akal.
HILBERG, Raul (2005). La destrucción de los judíos europeos. Traducción de
Cristina Piña Aldao. Madrid: Akal.
KANT, Immanuel (1967). Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
Traducción de Manuel García Morente. Buenos Aires: Espasa Calpe.
_____ (1997). Filosofía de la historia. Traducción de Eugenio Ímaz. México:
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MILGRAM, Stanley (2002). Obediencia a la autoridad. Un punto de vista
experimental. Bilbao: Desclée de Brouwer.
NIETZSCHE, Friedrich (1986). Más allá del bien y del mal. Traducción de
Andrés Sánchez Pascual. México: Alianza Editorial.
ONFRAY, Michel (2009). El sueño de Eichmann. Precedido por Un kantiano
entre los nazis. Traducción de Alcira Bixio. Barcelona: Gedisa.
WEBER, Max (2006). La ética protestante y el espíritu del capitalismo.
Traducción de Luis L. Lacambra. La Plata: Terramar.
ZERTAL, Idith (2010). La nación y la muerte. La Shoá en el discurso y la
política de Israel. Traducción de Marta Pino Moreno. Madrid: Gredos.


"Las argucias para difundir la verdad entre muchos"
 Bertolt Brecht


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De ESCRITOS POLÍTICOS, (Ed. Tiempo Nuevo).
Muchos, orgullosos de poseer el valor de expresar la verdad, dichosos por haberla encontrado, fatigados quizás por el trabajo que cuesta presentarla en una forma manejable, esperando impacientes la intervención de aquellos cuyos intereses defienden, no consideran necesario además el empleo de argucias especiales en la difusión de la verdad. A menudo pierden así toda la eficacia de su trabajo. En todos los tiempos se empleó la argucia para la difusión de la verdad, cuando la misma era reprimida y ocultada. Confucio falsifica un viejo calendario histórico patriótico. Sólo modifica ciertas palabras. Donde decía: "El gobernador de Kun hizo matar al filósofo Wan por haber dicho tal y cual cosa", Confucio sustituyó "matar" por "asesinar". Si se decía que el tirano Fulano murió a causa de un atentado, él escribía "fue ejecutado". De esa manera, Confucio abrió el sendero de un nuevo modo de juzgar la historia.
Quien en nuestro tiempo diga población en lugar de pueblo y propiedad rural en lugar de tierra ya estará dejando de apoyar numerosas mentiras. La palabra pueblo implica una cierta homogeneidad y alude a intereses comunes, por lo cual sólo debería empleársela cuando se hable de varios pueblos, puesto que a lo sumo entonces cabe imaginar una comunidad de intereses. La población de una comarca tiene intereses diferentes, incluso mutuamente opuestos, y ésta es una verdad que se reprime. Así, aquel que dice "tierra" y describe los campos con destino a narices y ojos, al hablar de su olor a tierra y de su color, sostiene también las mentiras de los que mandan; pues lo que importa no es la fertilidad del suelo ni el amor que le tenga el hombre, ni su empeño, sino principalmente el precio del cereal y el precio del trabajo. Aquellos que extraen el lucro de la tierra no son los mismos que extraen de ella el cereal, y en las Bolsas se desconoce el olor de los terrones. Las Bolsas tienen otro olor. En cambio "la propiedad rural" es la expresión adecuada; con ella puede engañarse menos. Allí donde reina la opresión habría que elegir, a cambio de la palabra disciplina, la palabra obediencia, porque la disciplina también es posible sin gobernantes, por lo cual tiene en sí algo más noble que la obediencia. Y mejor que la palabra honor resulta la palabra dignidad humana. Con ella, el individuo no desaparece tan fácilmente del campo de observación. ¡Pues ya sabemos qué clase de canalla pugna por poder defender el honor de un pueblo! Y con qué derroche distribuyen el honor los saciados a quienes los sacian, al tiempo que ellos mismos pasan hambre. La argucia de Confucio aún puede emplearse hoy en día. Confucio sustituía juicios injustificados de procesos nacionales por otros justificados. En inglés Tomás Moro describió, en su Utopía, un país en el cual imperaban condiciones justas; tratábase de un país muy diferente al país en el que vivía, pero se le asemejaba mucho, salvo en esas condiciones.
Lenín, amenazado por la policía del zar, quiso describir la explotación y el sojuzgamiento de la isla Sajalin por la burguesía rusa. Cambió a Rusia por Japón y a Sajalin por Corea. Los métodos de la burguesía japonesa recordaron a todos los lectores los métodos rusos utilizados en Sajalin, pero ese escrito no fue prohibido ya que el Japón estaba enemistado con Rusia. Muchas cosas que en Alemania no pueden decirse sobre Alemania, sí pueden decirse referidas a Austria.
Existen variadas argucias mediante las cuales es posible engañar al receloso Estado.
Voltaire combatía la creencia en milagros de la Iglesia escribiendo un poema galante sobre la Doncella de Orleans. Describió los milagros que indudablemente debieron haber ocurrido para Juana siguiese siendo doncella en un ejército, en una corte y entre los monjes.
Mediante la elegancia de su estilo y describiendo aventuras eróticas, provenientes de la opulenta vida de los gobernantes, tentó a estos a abandonar una religión que les procuraba los medios para esa vida relajada. Más aún, de ese modo creó la posibilidad de que sus trabajos llegaran por vías ilegales hacia aquellos a quienes estaban destinados. Los poderosos de entre sus lectores fomentaban o toleraban su difusión. Abandonaban así a la policía que defendía sus diversiones. Y el gran Lucrecio subraya expresamente que mucho espera de la belleza de sus versos para la difusión del ateísmo epicúreo.
En efecto, un alto nivel literario puede servir de protección a un testimonio. Sin embargo, a menudo también despierta sospechas. Entonces puede ocurrir que se lo haga descender adrede. Ello sucede, por ejemplo, cuando se introducen de contrabando, en la forma desdeñada de la novela policial, descripciones de situaciones anómalas en lugares que no llamen la atención. Esta clase de descripciones justificarían por entero una novela policial.
Partiendo de consideraciones de mucha menor monta, el gran Shakespeare hizo descender el nivel cuando creó en forma intencionalmente carente de fuerza el parlamento de la madre de Coriolano con el que ésta enfrenta a su hijo que se dirige contra su ciudad patria, pues quería que lo que detuviera a Coriolano en su plan no fuesen razones verdaderas o una profunda emoción, sino una cierta inercia, con la cual se entregaba a una antigua costumbre. En Shakespeare encontramos también una muestra de difusión de la verdad mediante una argucia en el discurso de Antonio junto al cadáver de César. Antonio subraya incesantemente que Bruto, el asesino de César, es un hombre honorable, pero también describe su acción, y la descripción de esa acción es más impresionante que la de su autor; de este modo, el orador se deja vencer por los propios hechos; les confiere mayor elocuencia que "a sí mismo". (...)
En un folleto, Jonathan Swift propuso que, a fin de que el país llegara al bienestar, se ahumaran los brazos de los niños y se los vendiera como carne. Formuló cálculos exactos, que demostraban cuánto podía ahorrarse de no arredrarse ante nada.
Swift se hacía el tonto. Defendía una determinada manera de pensar, que le era odiosa, con mucho fuego y gran minuciosidad, en un problema en el cual todo el mundo podía reconocer claramente toda su infamia. Todo el mundo podía ser más inteligente, o cuando menos más humano que Swift, sobre todo quien hasta el momento no había examinado ciertos puntos de vista en cuanto a las consecuencias que de ellos resultaban.
La propaganda a favor del pensamiento, cualquiera sea el terreno en el que tenga lugar, resulta útil a la causa de los oprimidos. Una propaganda de esa índole es sumamente necesaria. Bajo gobiernos que sirven a la explotación, se considera como bajo al pensamiento.
Se considera bajo lo que es útil a quienes son mantenidos a bajo nivel. Se considera baja la preocupación constante por saciar el hambre; el desdén por los honores que se prometen a los defensores del país en el que pasan hambre; la duda respecto al líder, cuando éste nos lleva hacia la desgracia; la aversión al trabajo que no alimenta a quien lo realiza; la rebeldía contra la obligación de tener un comportamiento carente de sentido; la indiferencia hacia la familia, a la cual de nada sirve ya el propio interés. Se denuesta a los que pasan hambre llamándoselos glotones que nada tienen que defender, cobardes que dudan de su opresor, gentes que dudan de sus propias fuerzas, que pretenden un salario a cambio de su trabajo, haraganes, etc. Bajo esta clase de gobiernos, el pensar se considera en forma totalmente general como algo bajo y cae en descrédito. No se lo predica ya en ninguna parte, y se lo persigue allí donde se presente. Sin embargo, existen siempre terrenos en los cuales se puede señalar impunemente los resultados del pensamiento; se trata de aquellos terrenos en los cuales las dictaduras necesitan el pensamiento. Así, por ejemplo, es posible demostrar los resultados del pensamiento en el terreno de la ciencia y la técnica bélicas. También el racionamiento de las reservas de lana a cargo de organizaciones y el invento de sucedáneos requiere el pensamiento. El empeoramiento de los alimentos, la instrucción de los adolescentes para la guerra, todo ello requiere el pensamiento; es posible describirlo. Se puede eludir con argucias el elogio a la guerra, del fin impensado de ese pensamiento; de ese modo el pensamiento que surge de la cuestión acerca del mejor modo de llevar a cabo una guerra, puede llevar al interrogante de si esa guerra tiene sentido, y ser empleado en la cuestión acerca de la mejor manera de evitar una guerra sin sentido.
Desde luego, difícilmente pueda plantearse esta cuestión en forma abierta. Entonces, ¿no es posible aprovechar el pensamiento que se ha propagado, es decir no puede dársele una forma en la que intervenga? Es posible.
Para que en una época como la nuestra siga siendo posible la opresión que sirve a la explotación de una parte (mayor) de la población por parte de la otra parte (menor), se requiere una muy determinada posición fundamental de la población, que debe extenderse a todos los terrenos. Un descubrimiento en el terreno de la zoología, como el del inglés Darwin, súbitamente pudo volvérsele peligroso a la explotación; sin embargo, durante un tiempo sólo la Iglesia se preocupó por él, mientras que la policía nada advertía aún. Las investigaciones realizadas por los físicos durante los últimos años llevaron a conclusiones en el terreno de la lógica que, con todo, pudieron tornarse peligrosas para una serie de dogmas que sirven a la represión. El filósofo estatal prusiano Hegel, ocupado en complejas investigaciones en el terreno de la lógica, suministró a Marx y Lenín, los clásicos de la revolución proletaria, métodos de incalculable valor. El desarrollo de las ciencias tiene lugar en forma conexa pero despareja, y el Estado no está en condiciones de vigilarlo todo. Los adalides de la verdad pueden escoger sitios de combate relativamente no observados. Todo depende de que se predique un pensamiento correcto, un pensamiento que interrogue a todas las cosas y procesos acerca de su aspecto transitorio y modificable. Los dominadores tienen una gran aversión a las grandes modificaciones. Querrían que todo quedase tal cual, de ser posible durante mil años. Lo mejor sería que la luna se detuviese y que el sol cesara en su carrera. Entonces ya nadie tendría hambre ni querría comer por la noche. Una vez que han disparado querrían que el adversario ya no pudiese disparar; su propio disparo tendría que ser el último. Un enfoque que destaque especialmente lo transitorio es un buen medio para alentar a los oprimidos. También el hecho de que en cada cosa y en cada situación se anuncie y crezca una contradicción es cosa que debe oponerse a los vencedores. Un enfoque tal (como la dialéctica, la teoría del flujo de las cosas) puede practicarse en la investigación de objetos que se le escapan a los dominadores durante un tiempo. Se lo puede emplear en la biología o en la química. Pero también puede ser aplicado a la descripción de las vicisitudes de una familia, sin despertar demasiado la atención. La dependencia de todas las cosas con respecto a muchas otras que se modifican constantemente, es un pensamiento peligroso para las dictaduras y puede manifestarse en variadas formas sin ofrecer asidero a la policía. Una descripción completa de todas las circunstancias y procesos que afectan a un hombre que abre una venta de tabacos puede ser un rudo golpe a la dictadura. Todo aquel que reflexione un poco descubrirá por qué. Los gobiernos que conducen a las masas humanas hacia la miseria deben evitar que se piense en el gobierno en medio de la miseria. Hablan mucho acerca del destino. Este, y no ellos, es el culpable de la escasez. Quien investigue la causa de la escasez es arrestado antes de toparse con el gobierno. Pero es posible enfrentar en general el palabrerío acerca del destino; se puede mostrar que el hombre depara su destino al hombre.
A su vez, esto puede ocurrir de múltiples maneras. Por ejemplo, se puede relatar la historia de una granja, verbigracia una granja de Islandia. Toda la aldea comenta que una maldición flota sobre esa granja. Una campesina se ha arrojado al pozo y un campesino se ha ahorcado. Un día tiene lugar una boda; el hijo del campesino se casa con una muchacha que aporta algunos campos al matrimonio. La maldición se aleja de la granja. La aldea no se pone de acuerdo al juzgar el feliz viraje. Algunos se lo atribuyen a la radiante naturaleza del joven campesino, y otros a los campos aportados por la joven campesina, sólo gracias a los cuales la granja puede vivir. Pero incluso en un poema que describe un paisaje se puede lograr algo, cuando se le incorporan a la Naturaleza las cosas creadas por el hombre.
Se necesitan las argucias a fin de difundir la verdad.





ANEXOS: 









https://elpais.com/cultura/2013/01/28/actualidad/1359401307_892113.html

"Es posible cambiar de modo de pensar,pero no de manera de ser " 

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Edición italiana
Arnold Hauser

Arnold Hauser

HISTORIA SOCIAL DE LA LITERATURA Y EL ARTE



“El éxito del libro ha sido mundial verdaderamente. La Asociación de críticos alemanes, de Berlín, le concedió el premio literario de 1953-1954, considerándolo como “una de las más importantes creaciones intelectuales de mediados de nuestro siglo”. Thomas Mann, en 1952, escribió al editor norteamericano del libro lo siguiente: “Lo extenso de la erudición del autor es asombroso. A pesar de la necesidad de reducirse que le imponía la tremenda extensión del tema, más de una vez logra panoramas capitales en las descripciones de varios fenómenos con toda su complejidad y su contradicción. Su brillante estudio sobre Shakespeare y su retrato de Tolstoi, por ejemplo, están entre las mejores páginas que yo haya leído nunca sobre la compleja naturaleza del hombre de genio.”


Historia Social de la literatura y del arte - CEIPH


ceiphistorica.com/wp.../Hauser-Arnold-Historia-Social-de-la-literatura-y-el-arte.pdf

10 jul. 2014 - Arnold Hauser se constituyó en un clásico desde que apareció en 1951 su. Historia Social de la literatura y el arte. Pocos libros han tenido, en efecto, tal éxito de crítica y público en los últimos años. La perspectiva sociológica que. Hauser aplicó a la historia de la cultura es ya parte del sistema conceptual ...





Es en la adolescencia cuando los libros nos marcan para siempre. Desgraciadamente es el ocaso de nuestras vidas cuando la muerte nos acecha, hacemos un inventario de nuestros actos, entendemos la influencia que han tenido estos en nuestras acciones. Precisamente cuando nuestras lecturas no han impedido para nada que hayamos cometidos actos entre esos miles que tiene toda existencia que han sido mezquinos y dolorosos para los seres humanos que nos han acompañado en determinado momentos de nuestras vidas. Hay viejos que rumian sus arrepentimientos como dijo alguna vez el excelente poeta peruano Cesar Vallejo:




Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé.

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé!



Decía ese gran escritor Ernesto Sabato en su libro despedida ANTES DEL FIN:
 “Sí, escribo esto sobre todo para los adolescentes y jóvenes, pero también para los que, como yo, se acercan a la muerte, y se preguntan para qué y por qué hemos vivido y aguantado, soñado, escrito, pintado o, simplemente, esterillado sillas. De este modo, entre negativas a escribir estas páginas finales, lo estoy haciendo cuando mi yo más profundo, el más misterioso e irracional, me inclina a hacerlo. Quizás ayude a encontrar un sentido de trascendencia en este mundo plagado de horrores, de traiciones, de envidias; desamparos, torturas y genocidios. Pero también de pájaros que levantan mi ánimo cuando oigo sus cantos, al amanecer; o cuando mi vieja gatita viene a recostarse sobre mis rodillas; o cuando veo el color de las flores, a veces tan minúsculas que hay que observarlas desde muy cerca.”

Quisiera poder hacer lo mismo, pero el único medio que tengo para poder incidir sobre la realidad es la radio. Estos escritos intentan explicar  que ya no me obsesiona la ambición que me corroía cuando tenía 22 años de ser cineasta, ni cuando tenía a 17 años de ser escritor. Aunque dolorosamente en mi insensata búsqueda aparte -bruscamente por medio del olvido y de actos mezquinos- de mí lado personas que ame y me amaron.

Hubo momentos como un obseso emprendía actos que me hacían olvidar el ayer, tareas que hoy veo como insignificantes pero que sirvieron -en su momento-para opacar recuerdos que me podían hacer daño u olvidar la meta que perseguía como si una poderosa fuerza inconsciente que podríamos llamar destino me obligaba a realizar ciertas cosas, a cometer ciertos errores que hoy puedo dolorosamente entender que eran actos mezquinos o cosas como hacer un periódico, ir a un programa de radio, escribir en una revista  que borraban de mi meoria recuerdos del pasado. Pero años atrás cuándo no escribía en publicaciones ni iba a la radio sucedía lo mismo nimiedades obstaculizan mi memoria y dejaba atrás amigos, amigas, situaciones que rápidamente eran olvidadas y que hoy 65/55 años después  golpean mi vida como caídas hondas de los Cristos del alma de alguna fe adorable que el Destino blasfema. 
También para tratar de dibujar mi situación traeré un verso de Esenin que me conmovió intesamente en mi adolescencia:

“El canto de la perra”
Al alba, en el granero del centeno,
en un montón de áureas arpilleras,
parió la perra siete cachorrillos,
siete cachorros de color canela.
Estuvo todo el día acariciándolos,
les alisaba el pelo con la lengua,
y chorreaba nieve derretida
bajo su vientre de tibieza.
Y al caer la noche, cuando las gallinas
estercolan su pértiga,
apareció con mala cara el amo
y a los siete metió en una talega.
A la carrera por los ventisqueros,
sin perderlo de vista lo seguía.
La tersa faz del agua sin helar
un estremecimiento recorría.
Y cuando se arrastraba de regreso,
lamiéndose el sudor de las costillas,
creyó ver en la luna sobre el chozo
a una de sus crías.
Al cielo azul oscuro la mirada
levantaba, llamando y aullando,
pero la luna huía, adelgazada,
y se ocultó en un cerro por los campos.
Y mudamente, como cuando alguno
por ganas de jugar le tiraba una piedra,
lágrimas en la nieve como estrellas de oro
cayeron de los ojos de la perra.

Sergey Esenin


En esos años a los diecisiete que debería de ser feliz; tenía una hermosa mujer a mi lado pendiente de todo lo que necesitaba cuidándome como se cuida  a un hijo, pero tenía un pésimo carácter que explotaba de vez en cuándo irracionalmente por una nimiedad  y era realmente incongruente cuándo en esos momentos leía y una que otra lagrima se me escapaba leyendo los versos de ANNA AJMÁTOVA  :

anna-ajmc3a1tova

Me retorcía las manos

Me retorcía las manos
Me retorcía las manos bajo mi oscuro velo.
—¿Por qué estás pálida, qué te intranquiliza?
—Porque hice de mi amado un borracho
con una recóndita tristeza.

Nunca lo olvidaré. Salió tambaleándose:
su boca torcida, desolada…
Corrí por las escaleras, sin tocar los barandales.
tras él, hasta la puerta.

Y le grité, conmocionada: —Todo lo decía
en broma, no me dejes, o moriré de pena.
Me sonrió, terriblemente despacio

y exclamó: —¿Por qué no te quitas de la lluvia?


Y una que otra vez entre dintes murmuraba otra verso de ANNA AJMÁTOVA   : 

Todo me ha sido arrebatado: el amor y la fuerza.
Mi cuerpo, precipitado dentro de una ciudad que detesto,
no se alegra ni con el sol. Siento que mi sangre
congelada está.

Pero era que buscaba/deseaba  sentir el sufrimiento;  quería sufrir y la único padecimiento  real, palpable era que había días en que sin dinero amanecía con hambre, pero era por pocos momentos, ya que ella legaba amorosamente con mi desayuno-almuerzo y me lo entregaba con devoción como si me estuviese dando una hostia –consagrando un amor, su amor-pienso hoy en día a 60 años despues. Pero en ese entonces mi egoísmo me impedía verlo de esa manera. Ese  no darse cuenta de la devocion de un  amor, en pequeñas acciones que podrian parecer usuales pero son los verdaderos rituales de sentimientos profundos. Nunca en su momento comprendimos eso. Ella fue la primera de muchas otras. 




En Urbino;italia en 1966 meses despues regresaria a Venezuela. 


FRAGMENTOS DISPERSOS DE UNA MUERTE Y UN NACIMIENTO (Textos Vídeos )



"Quizá lo más importante es lo que no recordamos de un modo preciso, quizás lo más importante lo recordamos de un modo inconsciente."
"Cómo nos damos o evitamos darnos cuenta de las cosas. "

"Pero es el destino humano tan solo un episodio entre dos olvidos? 

Tan misterioso es el llegar a ser como el dejar de ser con la muerte. Por consiguiente,¿no cabe alguna esperanza del hecho que nuestra ignorancia sobre nuestro origen se corresponde con la referente de nuestro destino?  (Eccles)


"Debemos insistir, por más evidente y claro que pueda parecer, en que el conocimiento aislado obtenido por especialistas en un campo limitado del saber carece en sí de todo valor. Su único valor posible radica en su integración con el resto del saber y en la medida en que nos ayuda a responder a la más acuciante de las preguntas: ¿Quién soy yo? "
ERWIN SCHRODINGER




 "nuestra propia mente es capaz, a través del procesamiento inconsciente, de procesar una cantidad infinitamente mayor de información e incluso, si es necesario, lo hace organizándola en unidades con significado para que pueda ser utilizada por la consciencia. Mandler (1992) 
                                    El inconsciente desde el punto de vista cognitivo
                                                                               Juan Pedro Núñez





“La facilidad con que una sociedad desprecia, y hasta sepulta, las visiones discrepantes depende evidentemente del conjunto de lagunas compartidas por sus ciudadanos. No nos damos cuenta de lo que nos desagrada ver y tampoco nos damos cuenta de que no nos damos cuenta.” 
Daniel Goleman

 
El único interés al escribir sobre estas experiencia/hechos  es presentar como un libro, un fragmento musical, una película puede transformar totalmente una determinada existencia. También  necesariamente no debes entender a cabalidad lo que lees, ves o escuchas; existe una fuerza/hecho inexplicable que nos hace entenderinconscientemente  totalmente,adecuadamente,profundamente e influenciar nuestra vida sin que necesariamente podamos explicar lo leído, visto o escuchado, ni mucho menos creamos que hemos comprendido el libro,el segmento musical o una determinada película.  

1962 Urbino 

"Fissa cose che sfuggono all' occhio e alla parola: quello che Walter Benjamin chiamava l' inconscio ottico. "
Tres hechos que cambiaron mi vida iniciando un camino que hoy a tantos años retomo y trato de analizar. En ese momento leí velozmente el libro de Musil "El hombre sin cualidades" oyendo con frecuencia mvt 3 de   Symphony No 3 de Brahms . El impacto que significo la película Jules e Jim ; ninguno de estos tres hechos fueron realmente  algo mas que una lectura,una audición, una vision; no estaba para nada consciente de lo que significarían esas tres obras de arte en mi vida. 

Flaubert  Dios está en los detalles


Symphony No 3 Brahms mvt 3



"Brahms tiene la melancolía de la incapacidad; no crea 
desde la plenitud ansia  plenitud"
R, Musil

«De hecho –según afirma el neurocientífico Monte Buchsbaum–, una de las funciones más importantes del córtex cerebral consiste en seleccionar y filtrar el abrumador exceso de información que el ojo, el oído y el resto de los sentidos pueden llegar a verter sobre el sistema nervioso central.»
                                                 *
55 años después entiendo que "Brahms tiene la melancolía de la incapacidad; no crea desde la plenitud ansia  plenitud" y en Musil “la ironía no es un gesto de superioridad sino una forma de lucha”,leyendo a Paul Mommaers "El hombre sin atributos, "es una novela de amor que se presenta explícitamente como una aventura mística, una mística sin Dios, en la que los amantes se unen conjuntamente con la naturaleza".


"Quizá lo más importante es lo que no recordamos de un modo preciso, quizás lo más importante lo recordamos de un modo inconsciente."

Puedo decir como otros parrafeando: DESTINO, que Musil llegara a mis manos a los diecinueve años. En el momento de mi evolución. En momentos que su mundo me sirvió para ocultar/evadir/mitigar  el sufrimiento que padecía. No fue una lectura concienzuda más bien ligera, pero cada palabra de las miles que contenían sus 1.600 páginas fueron esculpidas en  mí ser. desde entonces a  cada momento comenzaron a brotar en mis juicios, pensamientos y escritos, sin saber de donde provenían.

Hoy a 75 años leyendo los Diarios de Robert Musil y otros textos entro en la profundidad tanto de la película Jules e Jim y el romance de Musil. La película despertó  sentimiento estéticos, me gustaba su belleza pero no entendía que a través de esa contemplación  absorbía  lo que provenía de la obra maestra de Truffaut  como de  Henri-Pierre Roché  un autor capaz de escribir ardientemente sobre una pasión cincuenta años después de los acontecimientos, que narra la relación que el mismo escritor (Jim) mantuvo con Franz Hessel (Jules) y su mujer Helen Grund (Catherine). En la vida real, Franz y Helen no tuvieron una hija, sino un hijo. 
No recuerdo haber leído ni escuchado:“ Mi pequeña Catherine. A veces me haces pensar en una obra china que vi antes de la guerra. Al alzarse el telón, el emperador se inclina hacia el público y le confiesa: "están viendo al hombre más desdichado del mundo porque tengo dos esposas. La primera esposa y la segunda". Hoy puedo entender eso. En ese momento era imposible. Ni esta definición de sus películas” “No hago mis películas pensando en un público intelectual; son películas para todo el mundo, creo. Son películas que pretenden ser populares; intentan interesar al espectador por cosas pertenecientes al ámbito de los sentimientos, de las emociones y de la afectividad.

No siempre podemos imponer lo quesabemos sobre lo que decimos. Losmedios de la expresión pertenecen al mundo en que nos encontramos viviendo.Por eso, “el mundo en que nací” es el tema más abarcante que uno puede plantearse.

Hans Blumenberg Conceptos en historias.



¿UNA MUESTRA DEL DESTINO QUE LE ESPERABA A HOPPER?

Una frase un tanto coloquial asegura que “infancia es destino”, y aunque la afirmación merece discutirse y matizarse, lleva algo de razón. Durante esos primeros años de nuestra vida se sientan las bases de mucho de lo que después tomará forma en actos concretos, en decisiones que creemos tomar conscientemente, en equívocos y tropiezos pero también en logros y alegrías. Y quizá lo más paradójico de este proceso es que nunca se sabe. Por más que desde hace unos años existe una amplia aprehensión en torno a la “crianza” y la educación de los hijos, lo cierto es que nunca se sabe: la coincidencia de circunstancias en la vida de una persona es tan amplia, tan azarosa, que nunca se sabe.

Con esta breve reflexión quisimos acompañar la reproducción digital de este boceto, un dibujo sumamente elocuente que si bien pertenece a un “gran artista”, sorprende aún más por el momento en que fue realizado: nada menos que cuando ese gran artista tenía apenas 9 años y tomó su boleta de calificaciones, la volteó y comenzó a dibujar. Un niño como él quizá, un niño como el adulto que sin saber sería después, atraído por la soledad y la tristeza, por esos vagabundos del dharma que cenan solos en un merendero cualquiera en plena madrugada, que pasan sus domingos mirando por la ventana del cuarto donde viven o que comparten con otros sus penas de amor pero siempre desde un aislamiento que parece imbatible.

EDWARD HOPPER HIZO ESTE DIBUJO A LOS 9 AÑOS, AL REVERSO DE SU BOLETA DE CALIFICACIONES



¿Infancia es destino? Quizá queremos decir que no podemos saberlo porque, en el fondo, estamos seguros de que es así, pero preferimos pensar que las cosas serán diferentes.

El dibujo es parte de un archivo de más de mil piezas que hace unas semanas recibió la Edward Hopper House, la casa-museo en Nyack, Nueva York, donde el pintor nació y creció y que desde hace varios años se habilitó como museo, tanto para dar a conocer como para difundir la vida y obra del pintor.
http://pijamasurf.com/2018/01/edward_hopper_hizo_este_dibujo_a_los_9_anos_al_reverso_de_su_boleta_de_calificaciones/



Al respecto señala Claudio Magris: «El estilo de la decadencia, o sea —en el contexto de la frase de Nietzsche [se refiere a la frase nietzscheana según la cual la vida ya no reside en la totalidad]— de la modernidad, es sentido por Musil como una expresión fragmentaria, adecuada a una vida que no conoce ya unidad alguna. La palabra que se emancipa de la frase, la frase que se libera de la página y la página que se rebela ante el conjunto de la obra obedecen, también para Musil a aquella demanda de «iguales derechos para todos» que reivindica cada detalle del bullicio vital contra todo proyecto unitario de la razón y la voluntad, contra todo intento de imponer una unidad de sentido y de valor, y por lo tanto un orden, a la multiplicidad e indeterminación de la vida, contra toda tentativa de constreñir la ilimitación informe de ésta a un entero dotado de confines precisos.»,
 C. Magris (1993), p. 240. 





Truffaut parla del film Jules et Jim, sub Ita




Sobre la disolución del hombre en la modernidad y la reflexión de Musil afirma Josep Casals: «Agarrotada por la osificación burocrática, en el momento presente «la democracia no es soberanía del demos sino la de sus organizaciones parciales»; lo que se expresa en ella ya no es la voz de los ciudadanos sino una voz anónima y condicionada por la burocracia, las leyes, los periódicos, las instituciones económicas... El individuo, apurado en un tejido tan compacto que inmoviliza toda voluntad individual, desplaza a una organización o al Estado «la carga de la propia dignidad», y el Estado responde tratando de modo puramente administrativo los problemas humanos. El dossier y el fichero, las herramientas de los periodistas y burócratas, son los símbolos de esta actitud que reduce los problemas a formulismos y que erradica toda sombra de complejidad espiritual. La época desvaloriza al individuo ¿nos dice Musil en Der Mann ohne Eigenschaften? «sin poder resarcir la pérdida mediante nuevas aportaciones de orden comunitario.» El resultado de todo es la serialización.», J. Casals (2003), pp. 328-329.


 De este modo, cuando Ulrich acomete el asunto de la santidad y del misticismo desde una visión irónica, como nos informa el narrador, leemos: «—Los santos dicen: antes estaba encerrado, luego me arranqué de mí mismo y, sin conocimiento, me sumí en la divinidad. Los emperadores, al ir de caza (como nos decían nuestros libros de lectura), lo describen de otra forma: cuentan que se les apareció un ciervo con una cruz en la cornamenta, y que entonces el venablo asesino se les cayó de las manos; y luego mandaron construir una capilla en aquel lugar, para poder así continuar cazando. Y las damas inteligentes y ricas que yo frecuento, si se te ocurriera preguntárselo, te contestarían inmediatamente que el último que pintó tales experiencias fue Van Gogh. Puede que, en lugar de hablar de un pintor, te mencionen a Rilke; pero en general prefieren a Van Gogh, que supone una magnífica inversión y que se cortó la oreja porque su pintura le parecía insuficiente al lado del fervor de las cosas. Por el contrario, en nuestro pueblo, la mayor parte de la gente diría que cortarse la oreja no es expresión de un sentimiento alemán, sino que más bien lo sería el inconfundible vacío de la visión desde lo alto, sentido cuando uno se sube a la cumbre de una montaña. Para ellos, la soledad, las florecillas y los riachuelos rumorosos son la suma y el compendio de la elevación humana. E incluso en esta disposición noblemente bovina del goce de la naturaleza en crudo reside la última y mal comprendida consecuencia de una segunda vida misteriosa que, después de todo, tiene que existir o haber existido realmente. — En este caso, sería mejor que no te burlaras —objetó Agathe, sombría por el afán de saber y radiante de impaciencia. —Sólo me burlo porque lo amo —replicó brevemente Ulrich.»36 Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica 123 2004, 22 109-128 Mauro Jiménez La novela filosófica a propósito de El hombre sin atributos de Rober Musil 36 R. Musil (2001), vol. 2, pp. 99-100
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Jorge Luis Borges y el amor 
Libro de Arena, publicado en 1975, y que contiene un cuento singular: Ulrica, del cual el mismo Borges dijera poco antes de morir (1985) que era su cuento preferido.
"Una de sus singularidades es que se trata del único cuento explícito de amor de Borges, escrito ya en la última etapa de su vida y en el cual la figura femenina adquiere una relevancia que no se manifiesta en otros relatos."
“Borges triunfó y se vio envuelto en el esplendor de la fama, de los halagos, de los premios. Eso
lo hizo feliz. Y, sin embargo, fue incapaz de lograr un amor entero en el momento adecuado. Más
allá del esplendor, encontró la derrota.
(María Esther Vázquez Borges: Esplendor y Derrota )

Ulrike von Külmann, que Borges conoció en 1950, era una verdadera valquiria, rubia, aventurera y rica. Tenía doce años menos que él. Fue Sábato quien se la presentó. 

¿Por qué Borges habló del amor solo en un cuento titulado "Ulrica"?

Es raro descubrir esta duda en un Borges de cincuenta años, el momento más afortunado de su creación. La carta sigue: "Querida y admirable Ulrike, algún día escribiré una historia, si los dioses lo desean, y trataré de decirte cómo te pienso. ¨Imaginaba ya Jorge Luis Borges el cuento "Ulrica"? Se despide con una confesión conmovedora: "No soy feliz ni infeliz; solo vivo perplejo y activo (...). Tuyo, siempre tuyo". 





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Ulrica

Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, lo cual es lo mismo. Los hechos ocurrieron hace muy poco, pero sé que el hábito literario es asimismo el hábito de intercalar rasgos circunstanciales y de acentuar los énfasis. Quiero narrar mi encuentro con Ulrica (no supe su apellido y tal vez no lo sabré nunca) en la ciudad de York. La crónica abarcará una noche y una mañana.
Nada me costaría referir que la vi por primera vez junto a las Cinco Hermanas de York, esos vitrales puros de toda imagen que respetaron los iconoclastas de Cromwell, pero el hecho es que nos conocimos en la salita del Northern Inn, que está del otro lado de las murallas. Éramos pocos y ella estaba de espaldas. Alguien le ofreció una copa y rehusó.
—Soy feminista —dijo—. No quiero remedar a los hombres. Me desagradan su tabaco y su alcohol.
La frase quería ser ingeniosa y adiviné que no era la primera vez que la pronunciaba. Supe después que no era característica de ella, pero lo que decimos no siempre se parece a nosotros.
Refirió que había llegado tarde al museo, pero que la dejaron entrar cuando supieron que era noruega.
Uno de los presentes comentó:
—No es la primera vez que los noruegos entran en York.
—Así es —dijo ella—. Inglaterra fue nuestra y la perdimos, si alguien puede tener algo o algo puede perderse.
Fue entonces cuando la miré. Una línea de William Blake habla de muchachas de suave plata o furioso oro, pero en Ulrica estaban el oro y la suavidad. Era ligera y alta, de rasgos afilados y de ojos grises. Menos que su rostro me impresionó su aire de tranquilo misterio. Sonreía fácilmente y la sonrisa parecía alejarla. Vestía de negro, lo cual es raro en tierras del Norte, que tratan de alegrar con colores lo apagado del ámbito. Hablaba un inglés nítido y preciso y acentuaba levemente las erres. No soy observador; esas cosas las descubrí poco a poco.
Nos presentaron. Le dije que era profesor en la Universidad de los Andes en Bogotá. Aclaré que era colombiano.
Me preguntó de un modo pensativo:
—¿Qué es ser colombiano?
—No sé —le respondí—. Es un acto de fe.
—Como ser noruega —asintió.
Nada más puedo recordar de lo que se dijo esa noche. Al día siguiente bajé temprano al comedor. Por los cristales vi que había nevado; los páramos se perdían en la mañana. No había nadie más. Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.
Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
—A mí también. Podemos salir los dos.
Nos alejamos de la casa, sobre la nieve joven.
No había un alma en los campos. Le propuse que fuéramos a Thorgate, que queda río abajo, a unas millas. Sé que ya estaba enamorado de Ulrica; no hubiera deseado a mi lado ninguna otra persona.
Oí de pronto el lejano aullido de un lobo. No he oído nunca aullar a un lobo, pero sé que era un lobo. Ulrica no se inmutó.
Al rato dijo como si pensara en voz alta:
—Las pocas y pobres espadas que vi ayer en York Minster me han conmovido más que las grandes naves del museo de Oslo.
Nuestros caminos se cruzaban. Ulrica, esa tarde, proseguiría el viaje hacia Londres; yo, hacia Edimburgo.
—En Oxford Street —me dijo— repetiré los pasos de Quincey, que buscaba a su Anna perdida entre las muchedumbres de Londres.
—Quincey —respondí— dejó de buscarla. Yo, a lo largo del tiempo, sigo buscándola.
—Tal vez —dijo en voz baja— la has encontrado.
Comprendí que una cosa inesperada no me estaba prohibida y le besé la boca y los ojos.
Me apartó con suave firmeza y luego declaró:
—Seré tuya en la posada de Thorgate. Te pido mientras tanto, que no me toques. Es mejor que así sea.
Para un hombre célibe entrado en años, el ofrecido amor es un don que ya no se espera. El milagro tiene derecho a imponer condiciones. Pensé en mis mocedades de Popayán y en una muchacha de Texas, clara y esbelta como Ulrica que me había negado su amor.
No incurrí en el error de preguntarle si me quería. Comprendí que no era el primero y que no sería el último. Esa aventura, acaso la postrera para mí, sería una de tantas para esa resplandeciente y resuelta discípula de Ibsen.
Tomados de la mano seguimos.
—Todo esto es como un sueño —dije— y yo nunca sueño.
—Como aquel rey —replicó Ulrica— que no soñó hasta que un hechicero lo hizo dormir en una pocilga.
Agregó después.
—Oye bien. Un pájaro está por cantar.
Al poco rato oímos el canto.
—En estas tierras —dije—, piensan que quien está por morir prevé el futuro.
Y yo estoy por morir —dijo ella.
La miré atónito.
—Cortemos por el bosque —la urgí—. Arribaremos más pronto a Thorgate.
—El bosque es peligroso —replicó.
Seguimos por los páramos.
—Yo querría que este momento durara siempre —murmuré.
—Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres —afirmó Ulrica y, para aminorar el énfasis, me pidió que le repitiera mi nombre, que no había oído bien.
—Javier Otálora —le dije.
Quiso repetirlo y no pudo. Yo fracasé, parejamente, con el nombre de Ulrikke.
—Te llamaré Sigurd —declaró con una sonrisa.
—Si soy Sigurd —le repliqué— tú serás Brynhild.
Había demorado el paso.
—¿Conoces la saga? —le pregunté.
—Por supuesto —me dijo—. La trágica historia que los alemanes echaron a perder con sus tardíos Nibelungos.
No quise discutir y le respondí:
—Brynhild, caminas como si quisieras que entre los dos hubiera una espada en el lecho.
Estábamos de golpe ante la posada. No me sorprendió que se llamara, como la otra, el Northern Inn.
Desde lo alto de la escalinata, Ulrica me gritó:
—¿Oíste el lobo? Ya no quedan lobos en Inglaterra. Apresúrate.
Al subir al piso alto, noté que las paredes estaban empapeladas a la manera de William Morris, de un rojo muy profundo, con entrelazados frutos y pájaros. Ulrica entró primero. El aposento oscuro era bajo, con un techo a dos aguas. El esperado lecho se duplicaba en un vago cristal y la bruñida caoba me recordó el espejo de la Escritura. Ulrica ya se había desvestido. Me llamó por mi verdadero nombre, Javier. Sentí que la nieve arreciaba. Ya no quedaban muebles ni espejos. No había una espada entre los dos. Como la arena se iba el tiempo. Secular en la sombra fluyó el amor y poseí por primera y última vez la imagen de Ulrica.
Jorge Luis Borges (1889-1986) escribió poesía, cuentos y ensayos. Personaje controvertido por sus ideas políticas es, sin embargo, un maestro cuya erudición y fervor por la literatura se refleja en sus textos de marcado carácter metafísico.

Han pasado diez años de la desaparición física de Borges y él sigue dándonos pequeñas sorpresas, algunas más íntimas que literarias, como si todavía estuviera entre nosotros atento a un mundo de voces y sonidos, de luces y de sombras, sonriente, irónico, algo cansado, casi inmaterial.


El destino acaba de poner en mis manos tres cartas que nos muestran un Borges insólito. Las escribió en inglés, entre 1948 y 1949, a la "inolvidable, luminosa, delicada y valiente Ulrike".


La receptora de las cartas, Ulrike von Kçulhmann, había abandonado Buenos Aires y vivía en Nueva York. Puedo, observando las fotografías de la época, darme cuenta de por qué la sentía inolvidable, luminosa y delicada. No imagino cuáles fueron las razones para admirar su valentía. Es probable que nunca lo sepa.


En la carta fechada en febrero (quizá del 49) le confiesa que ella es una de las personas más brillantes existentes sobre la Tierra. Le cuenta cómo trabaja en "El zahir", y agrega: "Te mando un cuento al que honra una mirada fugaz sobre ti (en el texto Ulrike es mencionada, al pasar, con nombre y apellido); es la historia de un hombre ignorante y con un determinado objetivo. A través de un esfuerzo ciego y continuado cambia su pasado y muere en 1946, en una olvidada batalla de 1904. (En mayo este cuento aparecerá en un libro -`El aleph'-, lo llamaré `La otra muerte', un título mejor, creo)".


El relato se había publicado el 9 de enero de 1949 en el diario "La Nación". Se llamaba "La redención". Borges adjunta el recorte a la carta, que continúa: "En la segunda quincena de marzo estaré tartamudeando en mi estilo, a lo largo de una serie de conferencias (...) sobre los problemas de la novela o alguna otra basura parecida". (No da la impresión de tomar muy en serio los temas que abordaba, rasgo que lo diferencia de muchos de sus colegas.)


En el último párrafo le advierte: "Una y otra vez veo a Mastronardi o a Xul; el propósito más profundo (...) es recordarte en compañía y no en soledad. Tuyo siempre...".


En otra carta le confiesa que ella le gusta casi demasiado. Enseguida se interna en confidencias increíbles para quien le escribe a una mujer que dice amar: "Un tiempo después de que nos dejaras, una joven dama que salió de mi vida en el mes de abril, volvió a entrar en ella con la seguridad de que había roto con su amante y que era yo el único hombre (...) Pasamos ocho o nueve días muy excitantes entre los planes y las expectativas propias de los enamorados. Se la presenté a Ema Risso Platero. Mi pueril vanidad se conmovió por el duro enfrentamiento que protagonizaron".


La relación con la "joven dama" se interrumpe y Borges confiesa: "Tuve la inteligencia de caer enfermo con fiebre muy alta. Eso me ayudó a vivir en medio de los peores días".


En la carta de octubre de 1949, asegura: "Disfruto dando conferencias, a pesar de saber que es una ocupación frívola (...). El próximo año publicaré un libro de ensayos sobre `La divina comedia'. Fueron escritos hace algún tiempo, parezco estar perdiendo el don (si es que alguna vez lo tuve) de expresarme en forma directa".


Es raro descubrir esta duda en un Borges de cincuenta años, el momento más afortunado de su creación. La carta sigue: "Querida y admirable Ulrike, algún día escribiré una historia, si los dioses lo desean, y trataré de decirte cómo te pienso. ¨Imaginaba ya Jorge Luis Borges el cuento "Ulrica"? Se despide con una confesión conmovedora: "No soy feliz ni infeliz; solo vivo perplejo y activo (...). Tuyo, siempre tuyo".
           http://edant.clarin.com/diario/especiales/Borges/html/Vazquez.html

          

        
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EPÍLOGOS 
































Afiche 
Irma y Aldo son una pareja de amantes que viven juntos en pecado en un
pequeño pueblo de Italia, ya que el marido de ella lleva años trabajando
en Australia. Cuando éste muere, Irma le confiesa a Aldo que no quiere
casarse con él sino con otro hombre. Éste se siente traicionado
y abandona el pueblo en compañía de su pequeña hija sin
ningún rumbo concreto.
Aunque no se suele enmarcar dentro de la trilogía de la incomunicación
de Antonioni (que comprende La Aventura, La Noche y El Eclipse),
El Grito presenta ya muchos de los rasgos y temas que aparecerían
en sus posteriores obras y podría decirse que sirve como bisagra
entre su primera etapa y la que inició en los años 60. La principal
diferencia respecto a la famosa trilogía se encuentra en primer
lugar en que aquí el director italiano muestra a sus personajes
en paisajes y ambientes rurales y humildes, en contraste
con los burgueses acomodados y urbanitas de sus posteriores
 películas.
Este hecho, que puede parecer anecdótico, cobra una gran
importancia por la forma como Antonioni ubica a los personajes
 en esos paisajes. Los planos del pueblo medio oculto por
la niebla y los extensos parajes desiertos en que solo se adivina
una solitaria figura que navega sin rumbo sirven para dar
a entender la situación en que se encuentran los personajes
y expresar su estado emocional. Y es que una de las
grandes virtudes de Antonioni es que sus films consiguen
dar a entender visualmente esa sensación de malestar o
desamparo de sus personajes pero sin hacerlo del todo
explícito. Hay algo aterrador oculto en esas imágenes
que transmite esa sensación de incomodidad y de
inquietud, lo cual se manifestaría en su máxima expresión
en el famoso y magistral final de El Eclipse, uno de los momentos
más cautivadores y extraños de la historia del cine.












A lo largo de este viaje a la deriva, Aldo se encuentra con diferentes
prototipos de mujer con las que intenta establecer una relación
que no acaba funcionando: su antigua novia, una mujer que posee
 una gasolinera y vive con su anciano padre y una prostituta. Lo
interesante se trata de la forma como Antonioni muestra esas
rupturas sin hacer referencia a hechos concretos. No sabemos
exactamente qué le lleva a Aldo por ejemplo a abandonar a
la mujer de la gasolinera, y más después de que tuviera que separarse
de su hija para poder vivir con ella. Sencillamente es una relación
 que no funciona, cuando Aldo acude a un bar a recoger a Irma
repentinamente se lo piensa mejor y decide irse a seguir
su camino. Una de las grandes contribuciones de Antonioni y
que lo sitúan por entonces ya entre los grandes autores de la
modernidad fue el acabar con esa simplificación de las relaciones
humanas basadas en una causa y consecuencia y en elementos
 racionales. Aldo seguramente tampoco sabe por qué no quiere
 seguir con ella, pero simplemente es así, por ello sigue adelante.
Este viaje no tiene además una moraleja o conclusión sobre
las relaciones humanas que se muestran, sino que el pobre
Aldo acaba volviendo sobre sus pasos como último recurso,
regresando al pueblo del que escapó. Ahí se dirige a casa
de Irma y observa a través de la ventana cómo ella sostiene
felizmente al bebé de su segundo matrimonio. Ha comprendido
que no le necesita, que ella ha encontrado ese algo en la vida
que él ha sido incapaz de hallar. Algo tan terrible como darse
cuenta de que es prescindible, que él la necesita pero que ella
 es feliz sin él.
Antonioni aquí aún deja intuir levemente sus orígenes neorrealistas
en el retrato de esos pueblos pequeños y desamparados, pero se
 nota que su mirada ya estaba puesta en otra temática que
exploraría más a fondo en sus siguientes obras, las cuales
constituirían el punto cumbre de su carrera.