Rainer Werner Fassbinder - Angst essen Seele auf (1974)

Todos nos llamamos Alí
TÍTULO ORIGINAL      Angst essen Seele auf
Alemàn/German I Subs:Castellano/English
93 min I Xvid 528x400 I 983 kb/s I 75 kb/s vbr mp3 I 23.97 fps
700 MB

La historia de amor entre un emigrante marroquí y una viuda alemana no es bien aceptada por la sociedad del momento, lo que crea numerosas tensiones en la vida de ambos. El mayor éxito de crítica y público del director R.W. Fassbinder, y una de las cintas más importantes y representativas de su carrera.

Emmi, viuda de sesenta años, es una empleada doméstica que se enamora de Alí, un inmigrante marroquí treinta años más joven que ella. La noche misma en que ambos se conocen, en un bar donde él se reúne con sus compatriotas, comienza una relación que despertará el rechazo virulento del entorno de Emmi, de sus vecinos, sus compañeras de trabajo y hasta el de sus propios hijos. Con esta historia trágica Fassbinder recuperaba, en la segunda generación de realizadores del nuevo cine alemán, el espíritu crítico de los cineastas de los años 60, el que impregnaba el Manifiesto de Oberhausen, y desvelaba así la permanencia de ideales tan abyectos como los que llevaron al desastre a la sociedad alemana 30 años atrás.El concepto de culpabilidad que atravesaba la obra de la primera generación, (Alexander Kluge, Edgar Reitz, Volker Schlöndorff...) da paso en Todos nos llamamos Alí a la crítica de una sociedad tan gris como decadente. El cuestionamiento de la historia alemana se mantiene pero esta vez la hipocresía y los prejuicios sociales sustituyen al fantasma del nazismo. La envidia de las amigas de Emmi, escondida tras supuestos valores, o el menosprecio por los inmigrantes, que se ve en todos lados, son aquí los blancos de la crítica cinematográfica. Todos nos llamamos Alí rescata el conflicto generacional de los años 60 infectado con valores y prejuicios de la Alemania nazi. Una sociedad aparentemente moderna, la de los años 70 en la República Federal Alemana, revela pronto albergar dentro de sí ideales heredados de aquel “padre”. De ahí que el hijo del propietario del edificio en el que vive Emmi, por ejemplo, aunque se esfuerce no alcance a ver “lo malo” de su relación con Alí. ¡Ni qué decir de lo terrorífico de ese esfuerzo!El Nuevo Cine Alemán hizo del cine metafórico un arte y un arma del cine moderno aportando films capitales como Una muchacha sin historia (Alexander Kluge, 1966), El joven Torless (Volker Schlöndorff, 1966) o, años después, la estremecedora Alemania, madre pálida (Helma Sanders-Brahms, 1980). Todos nos llamamos Alí no parece quedarse lejos y aprovecha la operación alegórica para revelar dos de los objetivos de la obra de Fassbinder: indagar en el pasado (reciente) de Alemania y sacudir (políticamente) al mayor número de espectadores. Esa exploración en la historia social del pueblo alemán se evidencia aquí en la aparición soterrada de un racismo exacerbado del que no se escapa ni el apellido polaco de Emmi. Es ella, una mujer maltratada por sus propios compatriotas, la que elige un inmigrante como esposo haciendo suya aquella premisa (la principal de Fassbinder) según la cual las decisiones personales son posicionamientos políticos. El deseo de Emmi es el de la nueva Alemania que ha de sustituir la vieja y prejuiciosa sociedad de posguerra.Antes habíamos mencionado a la segunda generación de cineastas alemanes. En ella, si Wim Wenders recuperaba el western y Werner Herzog el romanticismo de la épica del cine de aventuras, Fassbinder se sumerge en el melodrama tras descubrir el cine de Douglas Sirk. Todos ellos, a diferencia de los cineastas de la generación anterior, son pro-americanos pero muy a su manera. Cada uno reinterpreta el género con sus propios elementos. Esta recuperación se gesta en cada uno de forma muy personal, única. El legado del cine americano no se vehicula en la extrapolación del modelo de representación hollywoodiense sino más bien en la inspiración en la esencia del imaginario del género. Suerte de invocación cinematográfica (Wenders con la luz y el espacio, Herzog con la utopía y la locura), Todos nos llamamos Alí pone en primer plano el elemento clave del melodrama (hay muchos más, pero todos se organizan a través de éste), la circulación de los sentimientos.En Todos nos llamamos Alí Fassbinder rehace nuevamente el melodrama, inserta dentro de la matriz melodramática todo aquello que la asepsia hollywoodiense había desestimado: lo sucio, lo vomitivo, los cuerpos desencajados, los rostros descoloridos, lo feo y poco armonioso con los cánones del género. A la pregunta de cómo poner en escena el malestar del hombre moderno Fassbinder responde con una teatralidad del cuerpo que busca desesperadamente una catarsis dentro el cine. Los excesos (sexuales y alucinógenos) alrededor del grupo Action Theater de Munich, en el que Fassbinder encontró una troupe con la que prácticamente se chupaba la sangre, aporta una organicidad figurativa a la totalidad de su obra que no encaja con la norma tradicional del género. El trabajo (y el desenfreno) reiterado con los mismos actores y el mismo equipo técnico desbocan en el cine de Fassbinder en una reconstrucción del melodrama que se desentiende del refinamiento clásico.Si Todos nos llamamos Alí no es un melodrama en la forma clásica del término, ¿de dónde nace la emoción? De la estilización moderna, de la depuración del estilo, de la ausencia de marcas explícitas, de la contención del efecto lacrimógeno y de la magistral utilización de la música o de un movimiento de cámara (resulta inolvidable el travelling lateral, en mitad de la terraza de un restaurante vacío, donde la pareja protagonista se propone seguir adelante a pesar de todo y de todos). Fassbinder aplica una estética gélida (como el rostro de sus mujeres-actrices), una atmósfera “germana”, definiéndola con ayuda del estereotipo, a una historia trágica haciendo del film una obra arrebatadoramente poética. Cine de la “dosis justa”, la densidad dramática de Todos nos llamamos Alí es una soberbia demostración del perfeccionamiento del ritmo y el tono.Esta coherencia interna se refleja en la puesta en escena (las secuencias del bar resultan antológicas) alimentando aún más esa revitalización del género. Fassbinder dinamita el melodrama clásico pero encuentra al mismo tiempo otra forma de identificación entre el espectador y el personaje. Paradójicamente, los avatares de Emmi y Alí no son vistos con distancia aunque el análisis “frío” del film así lo sugiera. Esos elementos “vomitivos” dentro del film ayudan a que Fassbinder consiga que el espectador no sólo mire sino que se mire a sí mismo de otra manera y, al mismo tiempo, no son óbice para la implicación emocional del género. (Contrapicado)

Publicar un comentario

0 Comentarios