Pavese y los sacrificios humanos, por Italo Calvino Descargue libros de Pavese

 

La luna y los fuegos y Los diálogos con Leucó, de Cesare Pavese, fueron la base de la película de Jean.Marie Straub y Danièle Huillet, De la nube a la resistencia. Por ello me ha parecido que podía ser interesante releer lo que Italo Calvino escribiera sobre el primero de estos libros: 

 

Todas las novelas de Pavese giran en torno a un tema oculto, a algo no dicho que es lo que verdaderamente quiere decir y que sólo se puede decir callándolo. Alrededor se forma un tejido de signos visibles, de palabras pronunciadas: cada uno de esos signos tiene a su vez una faz secreta (un significado polivalente o incomunicable) que cuenta más que la faz evidente, pero su verdadero significado está en la relación que los vincula con lo no dicho.

La luna y las hogueras es la novela de Pavese más densa de signos emblemáticos, de motivos autobiográficos, de enunciaciones sentenciosas. Incluso demasiado: como si del característico modo de narrar pavesiano, reticente y elíptico, se desplegase de pronto esa prodigalidad de comunicación y de representación que permite al relato transformarse en novela. Pero la verdadera ambición de Pavese no estaba en ese objetivo novelesco: todo lo que nos dice converge en una sola dirección ,imágenes y analogías gravitan en torno a una preocupación obsesiva: los sacrificios humanos.

No era un interés del momento. Vincular la etnología y la mitología grecorromana con su autobiografía existencial y su construcción literaria había sido el programa constante de Pavese. En la base de su dedicación a los estudios de los etnólogos estaban las sugestiones de una lectura juvenil: La rama dorada de Frazer, una obra que ya había sido fundamental para Freud, para Lawrence, para Eliot. La rama dorada es una especie de vuelta al mundo en busca de los orígenes de los sacrificios humanos y de las fiestas del fuego. Temas que volverán en las evocaciones mitológicas de los Dialoghi con Leucò [Diálogos con Leuco], cuyas páginas sobre los ritos agrícolas y sobre las muertes rituales preparan La luna y las hogueras. Con esta novela concluye la exploración de Pavese: escrita entre septiembre y noviembre de 1949, se publicó en abril de 1950, cuatro meses antes de que el autor se quitase la vida, tras recordar en una carta los sacrificios humanos de los aztecas.

En La luna y las hogueras el personaje que dice «yo» vuelve a los viñedos del país natal después de hacer fortuna en Norteamérica; lo que busca no es sólo el recuerdo o la reinserción en una sociedad o el desquite de la miseria de su juventud; quiere saber por qué un país es un país, el secreto que vincula lugares y nombres y generaciones. No por azar es un «yo» sin nombre: un niño expósito, criado por agricultores pobres para quienes trabaja como peón con un salario ínfimo, que se ha hecho hombre emigrando a Estados Unidos, donde el presente tiene menos raíces, donde todos están de paso y nadie tiene que rendir cuentas de su nombre. Ahora, de vuelta al mundo inmóvil de su tierra, quiere conocer la sustancia última de esas imágenes que son la única realidad de sí mismo.

El sombrío fondo fatalista de Pavese es ideológico sólo como punto de llegada. La zona ondulada del Bajo Piamonte donde había nacido («la Langa») es famosa no sólo por sus vinos y sus trufas, sino también por las crisis de desesperación que aquejan endémicamente a las familias paisanas. Puede decirse que no hay semana en que los diarios de Turín no den la noticia de un agricultor que se ha ahorcado o se ha arrojado al pozo o bien (como en el episodio que es el centro de esta novela) ha prendido fuego a la casa estando él mismo, los animales y la familia dentro.

Desde luego, no sólo en la etnología busca Pavese la clave de esta desesperación autodestructora: el trasfondo social de los valles de una pequeña propiedad atrasada está representado aquí en sus diversas clases con el fin de dar un panorama completo propio de la novela naturalista (es decir de un tipo de literatura para Pavese tan opuesta a la suya, que se creía en condiciones de recorrer su territorio y apropiárselo). La juventud del expósito es la de un servitore di campagna (sirviente rural), expresión cuyo significado pocos italianos conocen, como no sea —esperamos que por poco tiempo— los habitantes de algunas zonas pobres del Piamonte: un escalón por debajo del asalariado, el mozo quetrabaja para una familia de pequeños propietarios o aparceros y recibe sólo alimento y el derecho de dormir en el henil o en el establo, más una mínima paga por estación o por año.

Pero identificarse con una experiencia tan diferente de la propia es para Pavese sólo una de las tantas metáforas de su tema lírico dominante: la de sentirse excluido. Los mejores capítulos del libro cuentan dos días de fiesta: uno vivido por el muchacho desesperado que se ha quedado en casa porque no tiene zapatos, el otro por el joven que debe conducir el coche de las hijas del amo. La carga existencial que en la fiesta se celebra y se desahoga, la humillación que busca su desquite, animan estas páginas en las que se funden los diversos planos de conocimiento en los que Pavese despliega su investigación.

Una necesidad de conocer había impulsado al protagonista a regresar a su tierra; y podríamos distinguir por lo menos tres niveles en los que se desarrolla su investigación: nivel de la memoria, nivel de la historia, nivel de la etnología. Hecho característico de la posición pavesiana es que en estos dos últimos niveles (histórico-político y etnológico) hay un solo personaje que hace de Virgilio para el narrador. El carpintero Nuto, clarinetista en la banda municipal, es el marxista de la aldea, el que conoce las injusticias del mundo y sabe que el mundo puede cambiar, pero es también el que continúa creyendo en las fases de la luna como condición de las diversas operaciones agrícolas y en las hogueras de San Juan que «despiertan la tierra». La historia revolucionaria y la anti historia mítico-ritual tienen en este libro la misma cara, hablan con la misma voz. Una voz que es sólo un refunfuño entre dientes: Nuto es la figura más cerrada y taciturna que quepa imaginar. Estamos en las antípodas de cualquier profesión de fe declarada: la novela consiste enteramente en los esfuerzos del protagonista por extraer a Nuto cuatro palabras. Pero sólo así Pavese habla verdaderamente.

El tono de Pavese cuando alude a la política es siempre quizá demasiado brusco y tajante, de encogimiento de hombros, como de quien lo ha entendido todo y no se molesta en gastar más palabras. Pero no había sido entendido nada. El punto de sutura entre su «comunismo» y su recuperación de un pasado prehistórico y atemporal del hombre está lejos de haber quedado claro. Pavese sabía bien cómo manejar los materiales más comprometidos con la cultura reaccionaria de nuestro siglo: sabía que hay algo con lo que no se puede bromear, y es el fuego.

El hombre que ha vuelto a su tierra después de la guerra registra imágenes, sigue un hilo invisible de analogías. Los signos de la historia (los cadáveres de partisanos y de fascistas que de vez en cuando todavía bajan las aguas del río) y los signos del rito (las hogueras de malezas que se encienden cada verano en lo alto de las colinas) han perdido su significado en la lábil memoria de los contemporáneos.

¿Cómo ha terminado Santina, la bella e imprudente hija de los amos? ¿Era verdaderamente una espía de los fascistas o estaba de acuerdo con los partisanos? Nadie puede decirlo con seguridad, porque lo que la guiaba era un oscuro abandonarse al vértigo de la guerra. Y es inútil buscar su tumba: después de fusilarla, los partisanos la habían envuelto en sarmientos de viña y habían prendido fuego al cadáver. «Al mediodía no era más que cenizas. El año pasado todavía quedaban las huellas, como las de una hoguera.»


Entre mujeres solas

Entre mujeres solas
 
   
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Publicada en 1949 junto con otras dos novelas cortas, «Entre mujeres solas» significó para Pavese el salto al éxito de crítica y público. En sus páginas se cuenta la historia de Clelia, una mujer madura, fría y bregada, que deja Roma y llega de vuelta a Turín, su ciudad natal, para abrir una tienda de modas. Su negocio la obliga a frecuentar la alta burguesía de la ciudad y a asistir como testigo a los viajes extravagantes, a los amores cansados y a los intentos de suicidio de unos jóvenes que ya no saben qué pedir a la vida. El brillo de los salones contrasta con las calles de la periferia donde Clelia pasó su infancia. Ahí quedan unos pocos conocidos, figuras patéticas que hacen de triste contrapunto al esnobismo burgués e intelectual de los que pasean por las avenidas del centro. Y la niebla, esa niebla turinesa que todo lo envuelve, cubre la desesperación de cada cual para que ciudad y ciudadanos sigan pareciendo tan honrados, laboriosos y discretos como manda la tradición.

El diablo sobre las colinas

El diablo sobre las colinas
 
   
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El ambiente provincial de la Italia de la posguerra configura la atmósfera de esta novela de Pavese. Tres jóvenes de Turín, «pobretones y burgueses», durante sus vacaciones en una provincia italiana arriban al Greppo invitados por Poli, un joven y acaudalado representante de la oligarquía rural. En ese lugar, de la mano de Gabriela, la sensual esposa de Poli, la narración se enmarca en una relación pasional en la que está involucrado uno de los jóvenes. Pero más allá de eso, lo que en apariencia es una juvenil narración llena de fiestas, mujeres ligeras de ropa y conversaciones cotidianas, deviene en crítica desencantada a las costumbres y valores de una época y Pavese, partiendo de elementos de cotidianidad, traza el cuadro complejo de la relación entre las diferentes clases sociales.


El bello verano

El bello verano
 
   
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El bello verano se publicó en 1949. Pavese (1908-1950), ganó con esta obra el Premio Strega. En esta novela, llena de contrastes, palpita la alegría, el júbilo y el renacer del verano y la nostalgia, el dolor y tristeza de la vida cotidiana cuando ya no es el sol y el aire libre los que dominan la historia.
Ese hermoso verano que relata Pavese es el de la despedida de la adolescencia, del descubrimiento de una vida distinta a la que modula el día a día –trabajo, tranvía, tareas caseras, amigas, paseos, diversión–; del entusiasmo hacia la vida bohemia; del amor y su amargo final; de la añoranza, la madurez. Con ese comienzo recordando que en aquellos tiempos siempre era fiesta, el autor abre paso a un mundo de ilusiones evanescentes y de esperanzas fallidas y descubre el choque entre la ciudad, símbolo de la soledad, y los espacios abiertos, pura libertad. Todo transcurre en una ciudad, Turín, gris, triste, en el ambiente de una clase trabajadora y una bohemia alejada de la moral, que termina con la inocencia de una adolescente.

La playa

La playa
 
   
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Cesare Pavese ofrece en La playa un pequeño manual de introspección psicológica, una gramática de los sentimientos en conflicto. Lo hace a través de la mirada del personaje narrador, un joven profesor universitario que cuenta la imposible recuperación de una amistad de juventud. Tras años de distanciamiento, el narrador recupera el contacto con su viejo amigo Doro. Juntos vuelven a su tierra y viven momentos como los de antaño, plenos de alegría despreocupada y de diversión. Pero el reencuentro es solo una ilusión. Reanudan la convivencia cuando el narrador acepta pasar las vacaciones con Doro en algún lugar de la costa de Liguria. Conocerá a Clelia, la joven y hermosa esposa de Doro y a los amigos genoveses de ambos. El narrador advertirá pronto una soterrada tensión en el joven matrimonio. Un Doro distante, esquivo y una Clelia tensa, retraída en medio del descanso y las diversiones del verano, siempre en compañía de amigos, ofrecen al narrador un constante motivo de preocupación. Un narrador cuyo perfil de hombre inadaptado, aislado entre los demás, atento a la belleza y al encanto femeninos pero nunca amado, tanto se parece al del propio Pavese.


El oficio de vivir

El oficio de vivir
 
   
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El oficio de vivir, diario de Cesare Pavese, fue publicado por primera vez en italiano en 1952, la obra alcanzó extraordinaria resonancia entre varias generaciones sucesivas de lectores en todo el mundo; pero sólo en 1990 apareció en italiano finalmente esta nueva edición, basada en el manuscrito autógrafo que se conserva en la Universidad de Turín, que enmienda numerosos errores de la transcripción de las ediciones anteriores y restituye más de treinta pasajes omitidos total o parcialmente en ellas, por hacer referencia a personas vivas o por juzgarse su contenido «demasiado íntimo y sensible».

Llevada a cabo con el máximo rigor erudito y filológico, la presente edición procura el óptimo acceso a una creación esencial de la cultura contemporánea, traducida por el relevante poeta y traductor Ángel Crespo. Una de las reflexiones más lúcidas y desgarradas sobre la literatura y la vida, la historia y el sexo.

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