¿PELIGRO O ESPERANZA? CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

 “Quien se alimenta de esperanzas, puede morir de hambre”. Séneca


La filosofía y la sociología se acercan a la ciencia  política cuando abandonan el seudopositivismo de Marx o Comte, la noción de que los fenómenos atienden a “leyes” o “fuerzas históricas” que se nos imponen fuera de nuestro control. No existe tal determinación, sino que los acontecimientos son resultado de decisiones humanas de figuras históricas, como las exalta Carlyle cuando triunfan, y su contraparte, las que van al “basurero de la historia” al que Trotsky quiso enviar a Martov. Tampoco los fenómenos, entre ellos los fenómenos políticos, son avalanchas inexplicables de hechos caóticos, sino que están insertos en estructuras y sistemas comprensibles para la intuición a priori kantiana en estado puro de los decisores y por la investigación sistemática, una vez ocurridos. Las ciencias sociales durante el siglo XX, concluían que “existen condiciones para una revolución” en los países de alto desarrollo “capitalista”, para Marx “ley” del desarrollo social por la “depauperación absoluta y relativa”.

Hicieron esta predicción “dura” que nunca se cumplió, pero no avizoraron el derrumbe del comunismo, pese a ser de las peores experiencias humanas. Al final las “condiciones objetivas” importan alrededor de 0 y lo que decide es la acción de los protagonistas. La política se juega entre fuerzas entrópicas y negentròpicas conscientes y se impone finalmente la que sepa y pueda imponerse, la más apta. No hubiera existido Independencia sin George Washington, ni comunismo sin Lenin (“el marxismo sin Lenin era un bodrio más”, dice Berlin), ni democracia iberoamericana sin Betancourt, ni caída de la URSS sin Reagan y Gorbachev, acompañados, dirá Maquiavelo, por la diosa Fortuna. Lo que hacemos produce consecuencias que pagaremos o disfrutaremos. Las políticas acertadas no están ligadas a la ciencia, aunque esto decepcione. Son destreza de líderes que alcanzaron por sí mismos esa condición, y no la aprendieron en libros.

El dirigente decide con premura, a caballo sobre los hechos, sin tiempo para tamices científicos. Saberes, experiencia, asesoría, son valiosos recursos, pero la intuición, la capacidad para sintetizar en su mente lo que no es accesible a otros, construye la impredecible decisión triunfante. “Ver lo que todos ven y pensar lo que nadie piensa”, según la brillante frase de Szent-Georgy. En el desmelenado debate del Comité Central sobre el momento de la insurrección, Lenin afirmó contundente: “ni el 5 (nov) porque es muy temprano, ni el 7 porque es muy tarde: el 6”, según relata Isaac Deutscher. Asumió la responsabilidad drástica, convenció, y demostró que tenía razón. Tomar decisiones colegiadas con fuentes diversas y contrastes, es imprescindible para un líder moderno que trabaja con el máximo posible de variables en medio de humana y limitada información. Pero al final, él será responsable.

De allí que un líder real demuestra prudencia, audacia, razón para conducir al triunfo, no décadas de burralidad hasta que algún día le suene la flauta, que pasará a la Historia de la estupidez humana, el memorable libro de Paul Tabori. Como Aquiles derrotado por la tortuga de Zenòn, a lo largo de 27 años estuvieron lo menos en nueve ocasiones a un paso del poder, (la última se presentó en los prolegómenos del 3E) y sencillamente nunca tuvieron remota idea de lo que debían hacer ni de lo que pasaba. Así convencieron a sus mejores amigos en EE. UU de que eran un peligro y no una esperanza. Alborotos, bochinches, abstención electoral, denuncias de fraude, bloqueos de calles, invasiones, presidentes provisionales, clown advisors, incapacidad para construir partidos o cualquier cosa. Tres décadas de destruir y ahora el intento desenfrenado de descarrilar la transición

Usan la catástrofe del 24J para grueso oportunismo y pasan de adulancia extrema a confrontar con Trump y Rubio. Las agencias norteamericanas saben que somos charlatanes, mitómanos, pirómanos incapaces de construir o un arenero para gatos o poner un bombillo. Los gobiernos anteriores al 3E otorgaron todas las condiciones objetivas para el “cambio de régimen”: cerco internacional, sanciones, hiperinflación (tal vez la más prolongada de la historia) híper devaluación de 12 ceros, escasez de alimentos, bloqueo a las exportaciones petroleras, hostilidad directa de EE. UU y Europa, bloqueo marítimo y ni siquiera así pudimos, aunque fuera hacerle cosquillas, ni producir un dirigente. La oposición tuvo apoyo social masivo, internacional, recursos económicos (muchos se enriquecieron súbito), solidaridad internacional y fracasa infaliblemente. Tuvo que hacerlo Trump.

Sobraron zapateos, niñerías, malacrianzas, narcisismo, soberbia, brutalidad de la cabeza, dinero internacional y los norteamericanos se hastiaron de que encima fuéramos fuente de problemas. Apelaron a lo que en el mapa destilaba como una luciérnaga de sensatez y lo asumieron como la única solución posible. Profetas comediantes pronosticaban “fin de la coalición gobernante”para el 28J, luego del 3E que “no había transición” y un sin fin de piraterías impunes. El comportamiento local contra el proceso de transición es demasiado extraño, como imaginarnos al “enjambre” de Felipe González desprestigiar a Adolfo Suárez, Yeltsin a Gorbachev, Walesa a Jaruselsky, Sarney a Figuereido, Havel a Husak, una conducta picassiana, “cubista”.

Finalmente, en  política las cosas no pasan, los hombres las hacen y eso requiere un mínimo de capacidad. Quien pretenda ser líder no puede vivir 37 años “arrastrando” la materia de dirigir, repitiéndola hasta el día de hoy. La inenarrable ineptitud demostrada, logró el milagro de trasladarle a Delcy Rodríguez la confianza y el respaldo que alguna vez tuvo la oposición, pero que uno por uno de los que desfilaron como cabecillas convirtieron en ceniza. Solo nos queda que pase esta temporada de exhibiciones grotescas comenzadas el 24J y permitan una transición en paz, sin tanta miseria moral. No es lo mismo tener popularidad que ser líder. Ser popular implica una importante dosis de histrionismo; ser líder significa no sacrificar los esfuerzos de la gente y llevarla al triunfo, saber si cruza o no el puente a punto de colapsar.

@CarlosRaulHer 

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