TRES PELÍCULAS QUE RETRATAN LA ITALIA DE LA DOLCE VITA

La dolce vita italiana de los años 60

Texto: Ercilia M. Perriere

Durante la década de los años 50 y sobre todo la de los 60, las influencias italianas llegaban al resto del mundo como una bocanada de aire fresco. Italia brillaba bajo los marcadores de tendencia, incluyendo diseñadores de moda, directores de cine o fabricantes de automóviles.



La industria del cine fue, en gran medida, responsable del nuevo interés del público en el modo de vida europeo. Filmes como La Dolce Vita (Federico Fellini, 1960),despertaron la fascinación en muchos por conseguir y emular ese mismo estilo de vida. La actitud despreocupada  como “despeinado al  viento”, subyugó a toda una época. El término Paparazzi”, hasta ese momento desconocido, surgió después de La Dolce Vita, y aún sigue vigente en nuestros días.

Entre los diseñadores de moda se destacaron Cassini, Pucci, Gucci o Givenchy, quienes crearon una gran demanda mundial, obtenida gracias a que  sus diseños que acompañaban a famosas actrices, primeras damas (Jackie Kennedy entre otras) o personajes de la Jet Set. Este nuevo estatus necesitaba coches rápidos y descapotables,  realizados por los fabricantes de automóviles italianos como Lamborghini, Ferrari, Lancia o Alfa Romeo. Pero más que los coches y mucho más que la ropa, las importaciones más significativas de Italia vinieron de la mano del celuloide, iconizando el cine italiano con mujeres sofisticadas, voluptuosas y sensuales y hombres románticos con pañuelos de seda que hablaban al oído con un acento cautivador.
Estas atractivas personalidades vinieron a nosotros en una variedad de tamaños, formas y alturas  pero ningún  espectador quedó exento del hechizo magnético que imantaban.
El glamour  italiano, con todo  lo que conlleva, fue una expresión codiciada por una generación que empezaba a disfrutar de una economía próspera y un estilo de vida que no pudo haber sido muy práctico pero si envidiable.
Para este bloque veraniego, elegimos tres cintas que retratan notablemente las principales distinciones de este álgido momento italiano:  “La notte” (Michelangelo Antonioni, 1961), “Il Sorpasso” (Dino Risi, 1962) y “Il Boom” (Vittorio de Sica, 1963).
http://elladrondebicicletas.wordpress.com/2011/08/29/la-dolce-vita-italiana-de-los-anos-60/

La escapada




Texto: Esteban Muñoz

La escapada (Il sorpasso, 1962) aglutina al dream team de la Commedia all’italiana en estado de combustión espontánea: el director y coguionista Dino Risi, Ettore Scola añadiendo mordiente al guión y un torbellino interpretativo llamado Vittorio Gassman.



En una Roma vacía por el éxodo vacacional y con temperaturas al rojo vivo, se encuentran por azar Bruno(Vittorio Gassman) y Roberto (Jean-Louis Trintignant). El primero es un juerguista indómito, un jeta con corazón de oro que vive de dinero prestado y observa el mundo a través del retrovisor de su descapotable Lancia, cigarrillo en mano y eterna sonrisa; el segundo, un jovenestudiante de Derecho, tímido y retraído, tanto que, en una ocasión que se queda encerrado en un wc, no pide ayuda por no molestar.

A regañadientes, Roberto acepta la invitación de Bruno de comer. ¿A dónde? Ni idea, ya veremos, lo que les lleva a una travesíasin mapa ni motivo alguno, por carreteras llenas de familias en sidecar y curas que solo hablan latín, haciendo paradas fugaces en verbenas rurales con campesinos bailando el twist, cócteles de gordos y maleducados ricachones, night clubs con conjuntos yeyé y desmadres playeros de adolescentes. Roberto insistirá durante toda la película que tiene que volver a casa a estudiar, y Bruno replicando que sí, que enseguida.
Comedia divertidísima, bien modulada por uncontrapunto agridulce e inesperadas punzadas de melancolía, Il sorpasso tiene como principales virtudesla extraordinaria caracterización de sus personajes, unos diálogos brillantes, un Vittorio Gassman tocado por la mano de Dios, un ritmo enfebrecido y un ojo, el de Dino Risi, capaz de capturar en un instante toda la complejidad, riqueza y miseria de su tiempo.
La escapada ilustra con una concisión remarcable la Italia chispeante de los primeros años sesenta, la del despegue económico. Una sociedad bailonga, promiscua y derrochadora, cuyo máximo ideal es el enriquecimiento rápido y como sea, que sin embargo, aún convive con valores firmemente arraigados, como la importancia del núcleo familiar y la fe cristiana.
Una sociedad de la que Bruno y Roberto, eternos e inconscientes outsiders, entran y salen por la escotilla, dándose de bruces con todo lo que encuentran: chicas en bikini, broncas de bar, yates, familias rotas, champán, noches al raso, sueños del pasado que no se cumplieron…
El final del filme puede parecer en exceso brusco y precipitado, tan acostumbrados como estamos a finales de clímax sostenido; pero es que es así, con esa rudeza, conese vértigo, como llegan las bonanzas económicas y, por supuesto (y para nuestra desgracia), así es como se van.

Il Boom

Texto: Ercilia M. Perriere

Il Boom (Vittorio de Sica,1963), en España bautizada con el título de  “El especulador”, se trata de un viaje al pasado absolutamente actual, planteado como una pantomima despiadada de la coyuntura italiana del momento. Los años 60 dieron paso a una serie de movimientos y cambios, cuestiones nuevas que afloraban en un estallido de contradicciones nunca antes vividas. El “Boom” económico, la entrada masiva de bienes de consumo, marcan el advenimiento de la sociedad de consumo, “el consumismo”. 



Italia brillaba con glamour, y bajo la mirada de dos gigantes del cine italiano, Vittorio de Sica (director) y Cezare Zavattini (guión), este film se centra en estos eventos. Una historia ágil, en la estela de la comedia italiana, en línea con otras películas que le preceden, para entretener, pero al mismo tiempo, para introducir en el espectador una profunda reflexión sobre temas actuales y urgentes.

Alberto Sordi interpreta a Giovanni Alberti, un hombre de negocios en el área de la construcción que lleva una vida social en las altas esferas, rodeado de hombres ricos y empresarios prolíferos con los que comparte el tiempo libre, fiestas elegantes a base de cocteles, champagne o discursos vacíos y patéticos. Pero él, no es como estas personas,  además de que su negocio no es muy auspicioso y las financiaciones son cada vez más escasas. Con su esposa Silvia (Gianna Maria Canale), una mujer de gustos sibaritas y banales, pretende actuar como si nada estuviera sucediendo, proporcionándole el lujo que esta le exige diariamente. Pero esta farsa no podía durar mucho y todos se enteran de que Alberti está hasta el cuello de deudas. La carrera sin aliento para  mantener un estilo de vida ahora incompatible con sus prácticamente inexistentes beneficios lo lleva al borde del abismo.  A partir de ese momento, comienza su calvario, su esposa lo abandona, llevándose consigo a su hijo pequeño, cayendo la ruina sobre él.
Completamente solo, a ciegas,  trata de encontrar una salida a esta compleja situación y la encuentra sorpresivamente. Una oferta a la que no puede resistirse,70 millones de liras a cambio de algo muy suyo. Viendo una solución rápida y eficaz a sus problemas, acepta.
La cinta, una comedia grotesca,  amarga y mordaz, no es una obra maestra pero si un buen producto de los sesenta. Nos muestra, en emergente bonanza económica,  la obsesión de Italia en esa época, de pertenecer a un segmento exclusivo de personas “respetables”, es decir, ser rico y formar parte de una clase media-alta, pero que solo los convertiría en “nuevos ricos”.
El filme contó con un guión incisivo y con un Alberto Sordi en plena forma. Sin embargo, su apagada realización depara un relato cansino y amorfo. De Sica tampoco supo controlar a su protagonista, que se libró a su habitual repertorio de tics histriónicos.


La noche

Texto: Esteban Muñoz

La notte (1961) formaría el núcleo central de esa hipotética trilogía, junto a La aventura (1960) y El eclipse(1962), consagrada a radiografiar la crisis de pareja y el tedio incurable del hombre y de la mujer contemporáneos. En ella, Michaelangelo Antonioni, director que no rueda historias sino estados del alma, echa un vistazo bajo la máscara sonriente de la boyante sociedad italiana de los primeros años sesenta.



La notte narra las tribulaciones de un matrimonio milanés, compuesto por Giovanni (Marcelo Mastroianni), escritor de éxito, y Lidia (Jeanne Moreau), a lo largo de una noche, comenzando por la visita vespertina a un viejo amigo moribundo en el hospital, y culminando en el amanecer del día siguiente.

Entremedias, la pareja asiste a la fiesta de presentación del último libro de Giovanni, se dejan caer por un night club subido de tono y acaban en la ostentosa fiesta de un empresario adinerado. A pesar de que Giovanni percibe el entorno como hortera y petulante, se siente halagado por la atención que le dispensan los asistentes e incluso considera la oferta de su anfitrión de escribir un libro sobre sus logros empresariales. Además, coquetea conValentina (Monica Vitti), la bellísima hija del magnate.
Lidia, en todo momento, permanece ausente y aprovecha la menor ocasión para salir inadvertidamente adeambular sin rumbo.
La notte es una lenta, minuciosa, crónica deldesmoronamiento sentimental y de la incapacidad (y falta de ganas) de los implicados para evitar la calamidad; del abismo que lenta y silenciosamente se abre entre la pareja, ante el cual uno no puede más que dejarse caer o salvarse, alejándose de puntillas hasta perder de vista a la persona querida.
El hastío, la soledad y la certidumbre de la muerteconforman en La notte el fulminante triángulo de las Bermudas a donde van a parar todos los goces y lujos a los que la pareja protagonista se entrega en el desesperado intento de recobrar la felicidad que los unió años atrás. Los cócteles, el glamour, las fiestas de alta sociedad, el intercambio de parejas y el éxito profesional y financiero no sólo no sirven, sino que ponen en evidencia la derrota o, peor aún, acentúan la banalidad de la lucha.
Por su difícil posición en la trilogía anteriormente mencionada, los logros de La notte suelen ser desdeñados en comparación con La aventura y sus inesperados giros de guión, o con la arriesgada apuesta estilística y la tendencia a la abstracción de El eclipse.
Sin embargo, La notte posee no pocas virtudes que la convierten en única: la electrizante química de Marcelo Mastroianni y Jeanne Moureau, unos ambientes y decorados que pretenden ser reflejo de lujo y diversión pero que no pueden evitar caer en lo grotesco y lo decadente, y una de las escenas (la lectura final de la carta) más bellas y desgarradoras de carrera de Antonioni, una carrera que si en algo es precisamente fértil es en escenas bellas y desgarradoras.



nguaje al cine italiano de principios de los sesenta. 



Imágenes del set de filmación. 







































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