sábado, 22 de agosto de 2015

Alain Resnais está vivo


Se estrena ‘Amar, beber y cantar’, testamento artístico de uno de los gigantes del cine. Gran explorador, este revolucionario, enemigo de la norma, jugó hasta el final buscando siempre su propio gozo y el del público. “Mi placer es el único criterio que conozco”.  
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"Amar, beber y cantar" de Alain Resnais
MADRID.- Amar, beber y cantar. El título de la última película que hizo Alain Resnais, uno de los gigantes del cine, es toda una declaración de intenciones. Disfrazado de puro hedonismo, el cineasta –nonagenario cuando rodó este filme- escribió aquí un epitafio a medida de toda su obra. De aparente ligereza y cierta frivolidad, la película –que se estrena ahora en España, un año y medio después de su desaparición- es un juego de emociones profundas, donde el artista insiste en ‘sus’ obsesiones, en la memoria, la muerte, el amor… y en la vida como un teatro.

Protagonizada por los cómicos de su 
troupe –Resnais repetía con los intérpretes con los que le gustaba estar, como Sabine Azéma o André Dussollier-, la película es la última hazaña de un gran explorador del cine. “Se ha pasado la vida buscando y encontrando. Está vivo”, dijo Gilles Jacob, presidente de honor de Cannes, a su muerte.


Cómicos en la campiña inglesa
Ambientada en la campiña inglesa y con un juego de ilustraciones y de decorados teatrales, es la historia de la transformación de tres parejas a lo largo de tres estaciones del año. Cómicos de una obra de teatro con el grupo de aficionados de la zona, todo su mundo cambia por el comportamiento de uno de ellos, George, el protagonista que nunca aparece en pantalla.
Amar, beber y cantar termina con un entierro anunciado desde el principio. No es casualidad. Alain Resnais, que dejó muy claro hace tres años en el Festival de Cannes que no había hecho su penúltimo largometrajeVous n'avez encore rien vu, pensando en él como en un testamento, sí debió concebir éste como tal. Con él remata la última etapa de una trayectoria irrepetible e inclasificable, un último periodo de una engañosa levedad formal, un tono supuestamente menor para encerrar en él todo su universo.
Por un caramelo la pie qui chante
Premio FIPRESCI de la Crítica Internacional y Premio Alfred Bauer (reconoce la innovación en el cine) en el Festival de Berlín, la película es el adiós definitivo de un artista, considerado parte de la nouvelle vague, que investigó diferentes caminos en su cine. Aficionado a éste desde la infancia, Resnais contaba que comenzó “a jugar con el cine” por un caramelo La Pie Qui Chante. Con la golosina se regalaban cinco fotogramas de una película y con 50 centavos se podía comprar una caja de cartón con una lente para verla. “Así, después de un centenar de caramelos, llegué a tener 500 imágenes y me entretuve reconstruyendo la película”.

El perfecto inicio para un montador que después devino en guionista y director. Un cineasta que con sus primeros cortometrajes ya mostró sus cartas. 
En 1956, en Noche y niebla, comenzó un vínculo profesional con la literatura que mantendría posteriormente y le llevaría a trabajar con grandes autores. Fue también el inicio de su época más política. El poeta Jean Cayrol, que estuvo prisionero en un campo de concentración, fue su primer cómplice. Con él firmó aquel cortometraje documental en el que, en lugar de mostrar los horrores del Holocausto, apostó por denunciar el modo en que se mantuvo invisible el exterminio, las deportaciones realizadas casi en secreto, el silencio del pueblo alemán sobre lo que ocurría…
Una memoria política
Con Alain Robbe-Grillet, Marguerite Duras, Jorge Semprún… construyó desde el cine una memoria política. Con ellos habló de la bomba atómica, de la guerra y las torturas en Argelia, de la guerra en España… Y sobre sus textos creó películas formalmente revolucionarias que llegó incluso a envidiar el otro gran experimentador del cine de la época, Jean-Luc Godard.

El primer largometraje de Resnais, 
Hiroshima, mon amour (1959), rompió con la narración lineal y abrió un camino desconocido y apasionante. Ese año, con el estreno de aquella película y de Los 400 golpes, de François Truffaut, cambió el cine.
Muy interesado en la cultura popular –una tendencia que se aprecia especialmente a partir de los setenta-, 
Alain Resnais evolucionó finalmente hacia esa ilusoria ligereza que jamás envolvió ninguna insignificancia.

La provocadora y sorprendente 
El año pasado en Marienbad (1961, León de Oro en Venecia), Muriel (1963), la comprometida La guerra ha terminado (1966), Mi tío de América (1980), Mélo (1986), Smoking / No Smoking (1993), donde revelaba cómo un simple gesto podía cambiar la vida; la exitosa On connait la Chanson (1997), en la que la actriz de pronto cantaba con voz masculina y al contrario; Asuntos privados en lugares públicos (2006), Las malas hierbas (2009), recompensada con el Premio Excepcional del Jurado de Cannes… son solo algunos títulos de un maestro que no mostró nunca tener conciencia de serlo.

“Nunca fui un intelectual”, declaró al diario Clarín cuando estaba a punto de cumplir 90 años. “
A mí lo que más me disgusta son las normas –aseguró entonces-. Felizmente liberado de la presión de competir, soy libre de jugar con lo que Orson Welles denominaba el tren eléctrico más grande del mundo”.


Muere el cineasta francés

de la 'Nouvelle vague' Alain Resnais

EFE02.03.2014

El director de cine Alain Resnais, uno de los ilustres de la Nouvelle vague y autor de películas fundamentales de la historia del cine como 'Noche y niebla', 'Mi tío de América' o 'Hiroshima mon amour', falleció anoche en París a los 91 años, han informado sus allegados.
Resnais, nacido en la ciudad bretona de Vannes en 1922, falleció en la noche del sábado en París, rodeado de sus familiares. Francia perdió "a uno de sus cineastas más grandes", según las palabras del presidente, François Hollande, al conocer su deceso.
Prematuro, prolífico y audaz en sus 78 años de carrera, el último de sus veinte largometrajes, 'Aimer, boire et chanter' (2014), fue laureado con el Premio Alfred Bauer de la reciente edición de la Berlinale y con el Premio de la Crítica Internacional FIPRESCI de ese mismo certamen.
Son los dos últimos reconocimientos a una abrumadora trayectoria, nutrida con cinco premios César del cine francés (tres como mejor película y dos como mejor director), dos Osos de Plata de Berlín, tres galardones en la Mostra de Venecia, un BAFTA y un premio especial del jurado de Cannes, entre otros.
La esencia del cine de Resnais, el hijo de un farmacéutico acomodado de provincias al que se le recordará estilizado y con una poblada cabellera blanca, exploraba ritmos narrativos alternativos, montajes con cronología deconstruida e historias dentro de la historia, inspirada a menudo en la obra de un gran autor.
Compañero de viaje de François Truffaut y Jean-Luc Godard, se le considera un exponente de la Nueva Ola del cine francés, aunque el director nunca se identificó con ese movimiento pues, entre otras cosas, no aspiraba a cambiar los medios de producción en el cine.
Uno de los trabajos más aplaudidos de Resnais, que destacaba especialmente por su habilidad como montador, fue 'Noche y Niebla' (1956), un documental sobre los campos de concentración nazis de la II Guerra Mundial considerada pieza clave de la historia del cine.
Esa cinta es "una referencia para comprender el drama de la deportación" en aquella contienda bélica, según la ministra de Cultura de Francia, Aurelie Fillippetti.
El artista fue, en palabras del primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, el cineasta de "la reflexión, sobre la muerte y la resurrección, el amor y el deseo, la memoria y el recuerdo".
Resnais se compró su primera cámara a los 13 años e inició su carrera rodando retratos de artistas y piezas documentales que aún se consideran "modelos de análisis estético y de eficacia emocional", según el prestigioso crítico Jean-Loup Passek.
Su primer largometraje de ficción, 'Hiroshima mon amour' (1959), se inspira en un texto de Marguerite Duras para trazar una poética historia de amor y muerte que le consagró como cineasta cuando solo tenía 37 años.
Pese a ser reconocida como una obra maestra desde el primer momento, su reflexión sobre la primera bomba atómica lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima molestó a Estados Unidos y provocó su retirada de la Competición oficial del Festival de Cannes.
En 1966, fueron las autoridades franquistas quienes atacaron en Cannes la presencia de 'La guerra ha terminado', protagonizada por un comunista español cuyo guión escribió el ex comunista, antifranquista, figura de la resistencia a la ocupación nazi y futuro ministro socialista de Cultura Jorge Semprún.
Tras conocer la noticia de su muerte, el que será el próximo presidente del Festival de Cannes, Guilles Jacob, recordó en las redes sociales una frase del genial autor de filmes como 'El año pasado en Marienbad' (1961), "'tavisky' (1974), 'La vida es una novela' (1983), 'Smoking No smoking' (1997), 'On connaît la chanson' (2003), o 'Las malas hierbas' (2009).
"Hacer películas está bien, pero ver películas es mucho mejor", decía Resnais.

En lo personal, el director no se prodigaba en los medios de comunicación. Se casó en 1969 con la que entonces era su ayudante, Florence Malraux, y desde los años ochenta vivía con su musa Sabine Azéma, con quien se casó en 1998.

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