Quiénes son los 'Millonarios Patriotas', los ricos que usan Davos para pedir más impuestos y renegar del capitalismo
Una pancarta contra Trump en una casa de Davos.Romina Amato | REUTERS
Casi 400 millonarios de 24 países firman una carta abierta dirigida a las y los líderes mundiales reunidos en la ciudad suiza en la que critican "la extrema concentración de la riqueza" y el impacto negativo de Trump.
¿Por qué leer a Manuel Sacristán? Juan Dal Maso
En 2025 se cumplieron cien años del nacimiento del filósofo y militante marxista español Manuel Sacristán. En estas líneas, una recomendación de lectura para la militancia revolucionaria.
Venimos de décadas de crisis y recomposición del marxismo y las ideas socialistas y comunistas. En ese marco, una referencia como la de Manuel Sacristán resulta significativa para pensar diversos problemas, especialmente para quienes dedican sus energías a la militancia revolucionaria, es decir, la militancia orientada a un proceso de ruptura con el sistema capitalista y no a su mantenimiento en condiciones menos perjudiciales. Por razones históricas, doctrinarias y de continuidad político-organizativa, una gran parte de esa militancia se referencia más o menos en el trotskismo. De allí que, sin referirme directamente a mi propia experiencia de lectura del pensamiento de Sacristán, varias de las cuestiones que señalaré como productivas de su rescate forman parte de ella. Empezaré por las cuestiones más políticas para ir luego a las de carácter filosófico o epistemológico.
Para una relectura del marxismo del siglo XX
Socialismo, ecología, fuerzas productivas
La cuestión ecológica juega hoy un rol central en los debates sobre el futuro del capitalismo, como también en los intentos de repensar la actualidad del socialismo. Sin embargo, muchas veces puede aparecer como una temática de tipo movimientista a la que prestar atención para dialogar con un movimiento particular y convencerlo de que tenemos un enemigo común. Sacristán, claramente partidario de este diálogo necesario, brindó elementos para pensar más allá de una alianza elemental entre movimiento ecologista y movimiento obrero: intentó reformular cuestiones centrales del proyecto socialista y comunista a partir de verificar la centralidad que la problemática ecológica estaba adquiriendo a fines de los ’70 y comienzos de los ’80. Su principal aporte en este terreno consiste en la idea de que el capitalismo desarrolla las fuerzas productivas como fuerzas destructivas y que por ende el socialismo no se puede considerar como una radicalización del desarrollo capitalista, con sus mismos patrones de consumo. Su rescate de la máxima del oráculo de Delfos “de nada en demasía” sintetiza un poco su perspectiva, que va acompañada de una reflexión respecto de una política socialista de la ciencia, tendiente a modificar una de las principales características de la tecnociencia contemporánea: la subordinación de la investigación científica a la creación de tecnologías para el lucro capitalista. En la actualidad, los debates sobre socialismo decrecentista recogen estas problemáticas, pero de un modo mucho más unilateral que la reflexión de Sacristán. Recuperar su perspectiva, entonces, nos permite repensar el problema del socialismo.
El problema de la “cultura comunista”
En diversos trabajos, Manuel Sacristán hizo referencia a una idea de “cultura comunista”. Tomada en su sentido más preciso, no hace referencia a una hegemonía ideológica de la clase obrera sobre el conjunto de la sociedad (cuestión imposible por su propia definición), sino a la necesidad de un sustrato de ideas que sirva de base para el movimiento revolucionario, no solamente como universo teórico sino como un conjunto de prácticas y formas organizativas. De allí la importancia que, en su lectura de Gramsci, le asignara a la cuestión del “orden nuevo” y al señalamiento, planteado también por el comunista sardo en pleno proceso del bienio rojo, de que el orden nuevo surge en las entrañas del orden viejo. Esta concepción recoge la tradicional clasificación de Engels de la lucha teórica, política y económica, pero le da una mayor profundidad. La lucha por la conquista de la hegemonía de la clase trabajadora respecto del movimiento social de todos los sectores oprimidos no puede llevarse a cabo solamente con instrumentos políticos coyunturales, sino que requiere un nivel de profundidad en la batalla de ideas que solo puede otorgar la materialidad de la organización de un amplio entramado político-cultural. Como siempre el “culturalismo” estuvo asociado a perspectivas reformistas, asumir este tema resulta un poco tortuoso en buena parte de la militancia con aspiraciones revolucionarias. Sin embargo, no hay ninguna relación necesaria entre darle peso a este aspecto de la lucha y recaer en la perspectiva de cambio cultural sin revolución. Al mismo tiempo, como venimos de décadas de crisis subjetiva del movimiento obrero, poner todas las fichas a que la radicalización de la lucha de clases genere grandes cambios ideológicos, indispensable para cualquier cambio de las ideas predominantes a nivel masivo, tiene el problema de que subestima el trabajo preparatorio en el plano ideológico. Por el contrario, como demuestra la experiencia de Casas culturales y políticas que impulsamos desde el PTS y sus organizaciones hermanas en otros países como Brasil, Chile, Uruguay y próximamente Francia, ofrecer estos espacios de reflexión y organización permite generar una militancia mejor informada y formada, al mismo tiempo que abrir debates más allá de las fronteras de las propia organización, contribuyendo a crear las bases de una forma de pensar revolucionaria alternativa a las ideas dominantes.
Rigor lógico y teórico
Un poco fastidiado por el bajo nivel de sus oponentes y otro poco con espíritu de sorna, Trotsky tituló una vez uno de sus artículos con la frase “aprendan a pensar”. Efectivamente, pensar de manera articulada es algo que se aprende. En las diversas tradiciones marxistas suele pasar que muchas veces la reproducción de ciertas ideas que forman parte del canon se presenta de manera ritual, es decir, acrítica y poco fundamentada. En este marco, Manuel Sacristán aporta diversos puntos de apoyo para una perspectiva revolucionaria: un amplio conocimiento de los debates de la filosofía y la epistemología de Europa y el mundo anglosajón durante el siglo XX, un conocimiento sólido de la lógica formal que le permite identificar todo tipo de inconsistencias en los más variados debates y una perspectiva del marxismo como tradición capaz de ejercer no solo la crítica de otras posiciones sino también la propia autocrítica. Trabajos como los que analizan el Anti-Dühring, las intervenciones filosóficas de Lenin, la concepción de ciencia en Marx o la evolución filosófica de Wittgenstein (además de obras más “técnicas” como su tesis sobre Heidegger o su Introducción a la lógica y el análisis formal o sus clases de metodología de las ciencias sociales) ofrecen una perspectiva que va más allá de varias de las poco productivas antinomias que cruzaron al marxismo del siglo XX: hegelianos vs. antihegelianos, humanistas vs. antihumanistas, etc. Cabe destacar especialmente su tentativa de rescatar la dialéctica como procedimiento intelectual de totalización al mismo tiempo que limitar los intentos de presentarla como un conjunto de leyes universales de todos los procesos. Este aspecto de la contribución de Sacristán merece ser puesto de relieve, porque uno de los problemas que suelen aparecer con frecuencia en la militancia (que igualmente también está presente en la academia) es el del desinterés por la teoría. Se considera que la teoría ya está “hecha” o es patrimonio de algunos especialistas, pero no se pone en discusión. Sacristán muestra que sin esa capacidad de poner en discusión los propios presupuestos, es muy difícil avanzar en una política revolucionaria capaz de dar cuenta de los problemas del presente y que no sea una repetición de lo mismo de siempre. Al mismo tiempo, su énfasis de la claridad teórica y el rigor lógico permite salir al cruce de las “epistemologías de parte” tan de moda en esta época, como demuestra el auge de la confusión decolonial.
El cruce de tradiciones es necesario
El trotskismo es, por lejos, la corriente antiestalinista militante que más continuidad tuvo entre el siglo XX y nuestro siglo. Con sus luces y sombras, el movimiento trotskista demostró capacidad de resistencia, pero también voluntad de recrear sus propias ideas (en algunos casos). La tarea de resistir y volver a las fuentes en los ’90 fue fundamental para poder pensar con más apertura posteriormente, porque para repensar el propio marco conceptual primero hay que conocerlo bien, lo cual es una obviedad pero no siempre se tiene en cuenta, como se puede ver en toda clase de posiciones eclécticas basadas, en última instancia, en un conocimiento superficial de aquellas ideas que se pretende criticar (por ejemplo, las diversas tentativas de “radicalización de los reformismos” presentadas como grandes novedades cuando son más viejas que la escarapela). El tema es que el pensamiento de Trotsky, multifacético y rico en sus alcances, no agota todos los problemas que tenemos que pensar en la actualidad. Por ejemplo, no dice nada especialmente destacado sobre la cuestión ecológica, no por desinterés de Trotsky sino porque en su tiempo no tenía el peso que sí tuvo cuando Sacristán se ocupó del tema. De allí que la incorporación de los pensamientos de Sacristán aporta a recrear, en nuevas condiciones, la propia tradición, con ideas que provienen de otro marco conceptual, aunque en muchos aspectos convergente con el de Trotsky (recordemos el apoyo de Sacristán a la Primavera de Praga y sus críticas al estalinismo). El fundador del Ejército Rojo no es muy querido por las academias, demasiado involucrado en el proceso real de la revolución, demasiado despectivo con sociólogos y filósofos, demasiado denostado por el estalinismo, como para sumarlo al panteón de referencias teóricas. En cambio, con Sacristán pasa algo parecido, más que por aversión, por desconocimiento. Pero un pensamiento alternativo convoca al otro y por lo tanto la convergencia es perfectamente posible. Al mismo tiempo, esta operación de crear una convergencia a partir de conectar obras diversas, puede y debe proyectarse a otros problemas. El trotskismo se enriquece si, en lugar de leer solamente a Trotsky, incorporamos a Gramsci, a Mariátegui, al propio Sacristán, a teóricas como Lise Vogel y Martha E. Giménez y largo etcétera. Este tipo de reflexión teórica permite pensar con más elementos los problemas de la estrategia (poco visitados por el propio Sacristán, dicho sea de paso) en la actualidad, pero, al mismo tiempo, buscar intersecciones para evitar las insuficientes alternativas de un “trotskismo identitario” (forzosamente esotérico) y un “marxismo genérico” (estratégicamente insuficiente). En el caso de Sacristán, la posibilidad de tomar con fuerza sus contribuciones se potencia por su defensa del horizonte revolucionario en medio de un vendaval de conversiones al reformismo y porque él mismo se preguntó sobre qué características asumiría el marxismo en el siglo XXI, adelantando varias de las cuestiones hoy vigentes, que son las que fuimos comentando en estas líneas.
Bibliografía
Sacristán, Manuel, El Orden y el Tiempo. Edición a cargo de Albert Domingo Curto, Madrid, Mínima Trotta, 1998.
Sacristán, Manuel, Las ideas gnoseológicas de Heidegger, Edición y prólogo de Francisco Fernández Buey, Barcelona, Crítica, 1995.
Sacristán, Manuel, Sobre Marx y marxismo. Panfletos y Materiales I, Barcelona, Icaria Editorial, 1983.
Sacristán, Manuel, Papeles de filosofía. Panfletos y Materiales II, Barcelona, Icaria Editorial, 1984.
Sacristán, Manuel, Intervenciones políticas. Panfletos y Materiales II, Barcelona, Icaria Editorial, 1985.
Sacristán, Manuel, Introducción a la Lógica y el análisis formal, Barcelona, Ariel, 1964,
Sacristán, Manuel Pacifismo, ecología y política alternativa, Barcelona, Icaria Editorial, 1987.
Sacristán, Manuel, Sobre Dialéctica, Barcelona, El Viejo Topo, 2009.
Petruccelli, Ariel y Dal Maso, Juan, Althusser y Sacristán. Itinerarios de dos comunistas críticos, Bs. As., Ediciones IPS, 2020 y segunda edición 100 años Manuel Sacristán, 2025.
Petruccelli, Ariel y López Arnal, Salvador, Antología (esencial) de Manuel Sacristán Luzón, Bs. As., Editorial Marat, 2021.
[Articulo publicado originalmente en la revista Corsario Rojo, segunda época, N.º 9, segundo semestre 2025.]
https://www.laizquierdadiario.mx/Por-que-leer-a-Manuel-Sacristan?fbclid=IwY2xjawPclftleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFSbGRybTU3a3VQa1hDbHVRc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHmE3npCUWdxWpic77Y68mq8NWeuielgo7eerARAscXiex8wsWdOpRutyFOqJ_aem_mVZKs48AX9FESeMMICHxjg
Presidenta Encargada Delcy Rodríguez presentó su Mensaje Anual a la Nación
15 enero, 2026 •
La presidenta encargada Delcy Rodríguez, realizó el mensaje anual a la nación ante la Asamblea Nacional, evento que inició con un homenaje póstumo con un minuto de aplausos en homenaje a los fallecidos en el ataque del 3 de enero, durante la operación en la que el presidente Nicolás Maduro y su esposa, fueron secuestrados por Estados Unidos.
Texto: Últimas Noticias / Fotos: Prensa Presidencial
El discurso de Rodríguez, el cual destacó por ser breve y conciso, destacó el llamado al diálogo y a “torcer el ejercicio antipolítico”, el cual a su juicio degeneró en una competencia por determinar “quien se arrastraba más”.
“El pueblo está esperando tolerancia y respeto”, acotó.
Delcy Rodríguez, Mensaje Anual a la Nación 2026 (Memoria y Cuenta) de la Presidenta Encargada
KICOSIS GV | Entrevista a Manuel Felipe Sierra
¿Qué es la LEY DE MURPHY? La ley de Murphy es un enunciado que se basa en tratar de explicar el por qué el universo nos odia. El concepto principal que presenta esta ley es que si algo puede salir mal, maldrá sal.
Realmente no queremos la vida lenta.
Necesitamos extender nuestro tiempo. Ya sea esperando el último episodio de "Stranger Things" o el nuevo caso de Stefano Nazzi en "Indagini". La Generación Z, e incluso nosotros, los desafortunados Millennials, parecemos haber redescubierto el valor de la espera. Esto lo demuestran algunas tendencias de 2025, que probablemente seguiremos con nosotros en 2026, un año que para muchos marcará un claro abandono de lo digital. Como las cámaras analógicas desechables: un pequeño gato de Schrödinger de 25 €, que te obliga a descubrir solo unos días después si has malgastado dinero en fotos quemadas o si has creado recuerdos auténticos, para conservar en un álbum físico, para explorar en el mundo real.
A esto se suma la obsesión, un legado inevitable de la COVID, por los productos fermentados. Solo ahora puedo verlos como lo que realmente son: no son concursos para conseguir la focaccia más ligera, sino prácticas de paciencia. Algo construido desde cero, algo que no cabe en 15 segundos de TikTok ni en las cuatro horas de navegación intensiva que siguen, pero que requiere cuidado, plegado y atención. Y luego están el bordado, el crochet y el tejido. Actividades que no prometen resultados inmediatos, que se realizan mediante gestos repetidos y a menudo invisibles. Una puntada a la vez, deshaciendo y rehaciendo, sin aceleración posible. No para producir, sino para permanecer en el tiempo, en el aquí y ahora que nuestros terapeutas siguen recomendando.
Tolkien, Gramsci y Pasolini no fueron suficientes: ahora Meloni también se hace cargo de Zalone
UMBERTO ECO GENIO DEL SIGLO XX Bajar libros gratis
Biblioteca de Umberto Eco
"La desaparición de Umberto Eco nos privó del único titán del pensamiento actual que coleccionaba en su cabeza la suficiente variedad de instrumentos cognoscitivos, históricos sociológicos, semiológicos, éticos, para develar los secretos del alma colectiva. Hoy estaría descubriendo las profundas, oscuras y viscosas grietas de la condición humana que afloran ante la irrupción de Donald Trump. Que un personaje de complicadas relaciones con pedófilos, sospechoso de estafa, acoso sexual, mentira, violencia, vínculos con la mafia, trampas y aparentes disfunciones emocionales, haya ganado la presidencia y cuente con fans en el mundo entero, sería un tema para Eco."
( Carlos Raul Hernández )
Lo que nadie esperó del algoritmo en redes: "Salía cada vez más contenido de autolesiones y caí en una adicción"
Cada año se registran al menos 14 millones de episodios de conductas autolesivas en todo el mundo, según una investigación de la revista 'The Lancet'.
La última encuesta del grupo de investigación COMKIDS revela que el 95% de los jóvenes defiende regular este tipo de contenidos en redes sociales.
Rocío Cruz
Claudia (nombre ficticio para conservar su anonimato) empezó a autolesionarse con seis años. Buscaba calmar un dolor mental que no sabía nombrar. Creía que "merecía" hacerse daño, que era una "mala" persona y una "mala" hija. A su alrededor, consideraban que su comportamiento era "cosa de niños". Con los años llegaron las redes sociales a su vida. Y con ellas, el algoritmo. Un día se topó con un vídeo sobre autolesiones en Instagram. Le dio a "me gusta". ¿El feedback? "Desde ese momento me empezaron a aparecer cada vez más publicaciones así: algunas decían que no era la solución, otras directamente las apoyaban. Me dejé llevar. Esos vídeos influyeron mucho en mi relación con la conducta autolesiva", confiesa a Público.
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