La irritante frivolidad de Donald Trump

 EDITORIAL

Bajo el desprecio a la OTAN y la indefinición respecto a Irán, emerge la realidad de que EE UU no tiene ningún plan en Oriente Próximo

EL PAÍS02 ABR 2026 - 

El presidente de Estados Unidos pronunció el miércoles por la noche un discurso a la nación ante la incertidumbre sobre el curso de la guerra que él mismo inició contra Irán hace seis semanas. Sus palabras consiguieron crear aún más intranquilidad mundial, como se demostró con la caída de los mercados financieros y la nueva subida del petróleo apenas horas después. Donald Trump afirma que la guerra puede durar dos o tres semanas más, que reabrir el estrecho de Ormuz para solucionar el bloqueo energético no es asunto suyo, que Irán quiere negociar, pero también que puede enviarlo “a la Edad de Piedra”. Quien estuviera esperando algo de claridad sobre el plan a seguir se dio cuenta de que no hay plan. Unas horas antes, había dicho que está pensando sacar a su país de la OTAN.

Este comentario es por sí solo representativo de hasta qué punto el país que construyó la arquitectura diplomática, militar y comercial de Occidente es hoy su principal agente desestabilizador. Trump no tiene autoridad para sacar a EE UU de la OTAN. Esa decisión depende del Congreso. Pero la ocurrencia revela que existe una conversación seria dentro de la Casa Blanca que pone en duda la lealtad de los aliados de EE UU solo porque se niegan a sumarse a una acción bélica caprichosa, sin objetivos y sin cobertura legal, ordenada y dirigida a golpe de tuit. Los rivales geoestratégicos de las democracias liberales que sostienen la Alianza Atlántica disfrutan del espectáculo.

El ciudadano corriente no está solo en su estupor. La irritación que produce la frivolidad de Trump ya no se disimula, como demuestra la elocuente reacción del presidente de Francia, Emmanuel Macron: “Esto no es un show. Estamos hablando de guerra, de paz, de las vidas de hombres y mujeres. Hay que ser serio y no decir un día lo contrario del día anterior”. Es importante empezar a hablar de Trump sin tapujos. También es una lección para aduladores como el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El hombre al que Rutte llama papi y cuyas ocurrencias aplaude acaba de decir que la OTAN es “un tigre de papel”.

Desde que EE UU e Israel atacaron Irán el 28 de febrero han muerto miles de personas en una docena de países, incluidos soldados norteamericanos y ciudadanos israelíes; hay casi un millón de desplazados en Líbano; Irán ha bombardeado infraestructuras críticas en toda la zona y ha provocado un shock mundial de petróleo. La respuesta de Trump ha sido culpar a sus aliados y desentenderse de las consecuencias de la guerra. Su confuso discurso transmite que no está buscando anular la capacidad militar del sanguinario régimen de Irán y garantizar la seguridad de Israel, objetivos ambos que comparte toda la OTAN. Cada vez está más claro que solo busca una salida que satisfaga su ego y no le haga quedar mal, porque las encuestas reflejan un rechazo abrumador de los norteamericanos a una guerra que, como el resto del mundo, no comprenden.

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